LAS GUERRAS
NAPOLEÓNICAS
Las Guerras Napoleónicas, también llamadas guerras de la Coalición, fueron una serie de conflictos militares que tuvieron lugar durante el periodo de gobierno de Napoleón Bonaparte en Francia, desde finales del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX. Estas guerras involucraron a gran parte de Europa y tuvieron un impacto significativo en la historia del continente. Durante este periodo, Napoleón Bonaparte se convirtió en una figura central en la política europea y su ambición de expandir el Imperio Francés llevó a numerosas invasiones, conquistas y batallas en toda Europa. Dirigió los destinos del país y llevó a Francia a ejercer la hegemonía europea tras una serie de brillantes campañas militares por las que ha sido considerado uno de los mejores estrategas de todos los tiempos. Las campañas militares que tuvieron a Napoleón como protagonista contra otras naciones europeas son puestas como ejemplo de brillantez e ingenio. Las guerras napoleónicas se desarrollaron principalmente en Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia. También se llamaron guerras de coalición por las alianzas realizadas entre estos países. Estos enfrentamientos comenzaron en 1799 tras el golpe de estado dado por Napoleón, pero su origen se remonta unos años antes del estallido de la Revolución francesa. Las guerras llegaron a su fin en julio de 1815 con la batalla de Waterloo, durante la cual la Séptima Coalición logró derrotar a Napoleón, que fue apresado y confinado en la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.
General
francés de origen corso y proclamado Emperador de los franceses, Napoleón
Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, capital de la actual
Córcega, poco después de su anexión por Francia. En 1779 ingresó en la escuela
militar de Brienne y posteriormente estudió en la Escuela Militar de París. e
especializó en artillería y obtuvo el grado de subteniente en 1785. Lector de
historia, geografía y pensamiento político, encontró en la Revolución francesa
de 1789 oportunidades de ascenso que el ejército del Antiguo Régimen
difícilmente le habría ofrecido. Su carrera adquirió impulso durante el sitio
de Tolón, en 1793, cuando su actuación artillera contribuyó a recuperar el
puerto ocupado por fuerzas británicas y sus aliados. Ascendido a general de
brigada, a los 24 años, consolidó su posición en octubre de 1795 al reprimir
una insurrección realista en París.
Campaña de
Italia de 1796-1797
En 1796 recibió el mando del Ejército de Italia. Durante aquella campaña derrotó repetidamente a las fuerzas austríacas mediante movimientos rápidos, concentración de tropas y ataques sobre puntos vulnerables. Bonaparte consiguió ganar las batallas que se libraron en Mantua, Castiglione, Arcole, Bassano y finalmente en Rivoli, en 1797. Con esa victoria contra los austríacos logró expulsarlos de las tierras italianas. Sus victorias lo transformaron en una figura de prestigio nacional. Los franceses perdieron 5.000 hombres, mientras que las bajas austríacas ascendían a 14.000. Los italianos recibían a las tropas de Francia como a libertadores. Napoleón consiguió firmar un acuerdo con Austria,r conocido como el Tratado de Campo Formio.
Campaña de Egipto y Siria (1798-1801)
En 1798
emprendió la expedición a Egipto con el propósito de perjudicar los intereses
británicos y amenazar indirectamente sus comunicaciones con la India. Llegó a
Alejandría el 1 de julio de 1798, donde venció a los mamelucos en la batalla de
Shubra Khit y luego en la batalla de las Pirámides, en las que los franceses
solo perdieron 29 vidas, mientras que los egipcios cerca de 2.000 hombres. Pero
el furor de la victoria terminó cuando Horacio Nelson destruyó la flota
francesa en la batalla del Nilo a mediados de 1798. Al año siguiente, Napoleón
se dirigió a Damasco, controlada por el Imperio otomano. Conquistaron Jaffa,
Haifa, Gaza y El Arish, pero no pudieron someter Acre.
Consulado e Imperio
En 1799 Napoleón abandonó Egipto y regresó a Francia, mientras el ejército quedó bajo el mando de Jean-Baptiste Kléber. El 9 de noviembre de 1799, el 18 de brumario del calendario revolucionario, participó en el golpe de Estado que derribó al Directorio. La nueva Constitución estableció un Consulado de tres miembros, aunque el poder efectivo quedó concentrado en Napoleón como Primer Cónsul. Con el ascenso, Napoleón no solo edificó un aparato militar formidable, sino que impulsó una serie de reformas administrativas y legales que buscaban modernizar el Estado. En 1802 fue proclamado cónsul vitalicio. Dos años después, el Senado aprobó el establecimiento del Imperio hereditario. El 2 de diciembre de 1804 fue coronado emperador de los franceses en Notre Dame de París, en presencia del papa Pío VII.
Guerra de la
Primera Coalición (1792-1797)
La Primera
Coalición (1792-1797) de Austria, Prusia, el Reino Unido de la Gran Bretaña,
España y el Piamonte (Italia) contra Francia fue el primer intento para acabar
con el republicanismo. La coalición fue derrotada por los franceses debido a
una movilización general, levas en masa, reformas en el ejército y una guerra
absoluta.
Guerra de la
Segunda Coalición (1798-1801)
La Segunda Coalición (1798-1801), formada por el Imperio ruso, Reino Unido, Imperio austríaco, Imperio otomano, Reino de Portugal, Reino de Nápoles y los Estados Papales contra Francia, fue al principio más efectiva que la primera.
La batalla
de Marengo tuvo lugar cerca de la ciudad de Alessandria, en el Piamonte, al
noroeste de Italia el 14 de junio de 1800, durante la guerra de la Segunda
Coalición. Concluyó con una victoria francesa y con la retirada de las tropas
austríacas de la mayor parte del territorio italiano.
Guerra de la
Tercera Coalición (1805-1806)
La Tercera
Coalición fue una alianza militar creada en 1805 por el Reino Unido, Imperio
austríaco, Rusia, Nápoles y Suecia contra Francia con el fin de derrocar a
Napoleón del poder y disolver la influencia militar francesa en el continente
europeo. Napoleón planeaba la invasión de las islas británicas y reunió 180 000
soldados en Boulogne. Sin embargo, necesitaba conseguir antes la superioridad
naval para llevarla a cabo, o al menos, alejar a la flota británica del canal
de la Mancha.
La batalla de Trafalgar fue una batalla naval que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805, en el marco de la Tercera Coalición. La batalla de Trafalgar se produjo frente a la costa española del cabo de Trafalgar, en Los Caños de Meca, localidad del municipio gaditano de Barbate, en aquella época perteneciente a Vejer de la Frontera. En ella se enfrentaron los aliados Francia y España (al mando del vicealmirante francés Pierre Villeneuve, bajo cuyo mando estaba por parte española el teniente general del mar Federico Gravina) contra la Armada británica al mando del vicealmirante Horatio Nelson, quien obtuvo la victoria.
La batalla
de Austerlitz, también conocida como la batalla de los Tres Emperadores,
enfrentó el 2 de diciembre de 1805 a un ejército francés encabezado por el
emperador Napoleón I contra las fuerzas combinadas ruso-austríacas del zar ruso
Alejandro I y el emperador austríaco Francisco I. Fue una de las mayores
victorias de Napoleón, pues el Primer Imperio francés aplastó definitivamente a
la Tercera Coalición tras casi nueve horas de difícil combate.
Guerra de la
Cuarta Coalición (1806-1807)
La Cuarta
Coalición (1806-1807) de Prusia, Sajonia y Rusia contra Francia se formó solo
unos meses después del colapso de la coalición precedente. En julio de 1806, el
Emperador de Francia había creado la Confederación del Rin, ignorando a los
minúsculos Estados alemanes del valle del Rin y del interior de Alemania.
La batalla
de Jena se libró el 14 de octubre de 1806 y enfrentó al ejército francés bajo
el mando de Napoleón contra el segundo ejército prusiano comandado por Federico
Guillermo III de Prusia. Esta batalla, junto a la batalla de Auerstädt,
significó la derrota de Prusia y su salida de las guerras napoleónicas hasta
1813.
La batalla de Eylau se libró del 7 de febrero al 8 de febrero de 1807, y fue un sangriento choque entre las fuerzas del Emperador Napoleón I de Francia y la mayor parte del ejército ruso al mando del general Bennigsen.
Por el
posterior Tratado de Tilsit, en julio de 1807, Francia hizo la paz con Rusia y
forzó a Prusia a ceder la mitad de sus territorios a Francia, al Reino de
Westfalia de Jerónimo Bonaparte y al )nuevo Gran Ducado de Varsovia.
Invasión de
España (1808-1814)
La Invasión
Napoleónica a España tuvo lugar entre 1808 y 1814, durante las Guerras Napoleónicas. Carlos IV de España abdicó
en favor de su hijo Fernando VII debido a las tensiones internas en la corte.
Sin embargo, Napoleón Bonaparte aprovechó esta oportunidad para intervenir en
los asuntos españoles y colocar en el trono a su propio hermano, José
Bonaparte. Además, el Tratado de Fontainebleau, firmado en 1807, permitía la
entrada de tropas francesas en territorio español con el objetivo de invadir
Portugal, aliado de Inglaterra. La invasión napoleónica a España se caracterizó
por una intensa lucha entre las tropas francesas y los guerrilleros españoles,
quienes se organizaron en pequeñas unidades de combate y llevaron a cabo
tácticas de guerrilla para enfrentarse al ejército invasor. Fue un episodio
crucial en la historia de España, que
tuvo un impacto duradero en su política, sociedad y cultura. Este evento marcó
el fin del Antiguo Régimen y el comienzo de la
Guerra de Independencia Española, donde el pueblo español se levantó
contra la ocupación francesa en busca de su libertad y soberanía.
La batalla de Bailén se libró durante la guerra de la Independencia española y supuso la primera derrota en campo abierto de la historia del ejército napoleónico. Tuvo lugar el 19 de julio de 1808 junto a la ciudad jienense de Bailén. Enfrentó a un ejército francés de unos 22 000 soldados al mando del general Dupont con otro español más numeroso (unos 29 770) a las órdenes del general Teodoro Reding, aunque el general en jefe del llamado Ejército de Andalucía era el general Castaños.
Guerra de la
Quinta Coalición (1809)
La Quinta
Coalición (1809) del Reino Unido y Austria contra Francia se formó mientras
España se enfrentaba con Francia en la guerra de la Independencia española. Francia
contó con el apoyo de sus estados satélite: el Reino de Italia, la
Confederación del Rin y el Ducado de Varsovia. Austria, por su parte, fue
apoyada por la Quinta Coalición, integrada por el Reino Unido, Portugal, España
y los reinos de Cerdeña y Sicilia, aunque estos dos últimos no participaron en
los combates.
La batalla de Wagram (5 al 6 de julio de 1809) enfrentó a los ejércitos franceses de Napoleón contra el austriaco del archiduque Carlos en la localidad de Wagram (actualmente en Austria). El resultado final de este combate fue la retirada austriaca, para volver a enfrentarse a los franceses en Znaim los días 10 y 11 de julio de 1809. La guerra de la Quinta Coalición terminó con el Tratado de Schönbrunn, el 14 de octubre de 1809.
Invasión
napoleónica de Rusia
La invasión napoleónica de Rusia en 1812, una de las campañas militares más ambiciosas y desastrosas de la historia, marcó un punto de inflexión en las Guerras Napoleónicas y, en última instancia, contribuyó significativamente a la caída del imperio napoleónico. A pesar de la magnitud del riesgo, Napoleón Bonaparte, en el apogeo de su poder, se lanzó a la conquista de un vasto territorio, enfrentándose a un enemigo implacable: el invierno ruso. A pesar de su genio militar, Napoleón cometió graves errores de cálculo al planificar la invasión de Rusia. Subestimó la distancia, el clima y la capacidad de resistencia del ejército ruso. La logística se convirtió en una pesadilla, con líneas de suministro sobreextendidas y vulnerables a los ataques de los cosacos y los partisanos rusos.
La batalla
de Borodinó tuvo lugar el 7 de septiembre de 1812 (26 de agosto según el
antiguo calendario juliano). Es también conocida como la batalla del río
Moscova, y fue una de las mayores y más sangrientas batallas de las guerras
napoleónicas, enfrentando a cerca de un cuarto de millón de hombres.
Guerra de la
Sexta Coalición (1812-1814)
La Sexta
Coalición (1812-1814) consistió en la alianza del Reino Unido, Rusia, España,
Prusia, Suecia, Austria y cierto número de estados alemanes contra Francia.
La batalla de Lützen (2 de mayo de 1813) se libró durante la guerra de la Sexta Coalición de las guerras napoleónicas, enfrentando al ejército francés contra un combinado ruso-prusiano. Después de un día de intensos combates, el combinado de Prusia y Rusia se retiró, pero los franceses no pudieron perseguir al enemigo derrotado por carecer de caballería.
La batalla de Leipzig (16 al 19 de octubre de 1813), también llamada batalla de las Naciones, fue el mayor enfrentamiento armado de todas las guerras napoleónicas y la batalla más importante perdida por Napoleón Bonaparte. La Grande Armée, bajo el mando de Napoleón, se encontraba en un estado debilitado. Los aliados terminaron ocupando París el 31 de marzo de 1814. Los mariscales franceses se negaron a seguir luchando y forzaron al emperador a abdicar. Napoleón debió abdicar en 1814 y fue enviado como exiliado a la isla de Elba. Esto posibilitó la restauración del absolutismo borbónico en Europa.
Guerra de la
Séptima Coalición (1815)
La Séptima
Coalición fue la última alianza militar de las potencias europeas contra el
emperador francés Napoleón Bonaparte. Esta fue preparada apresuradamente tras
el regreso de Napoleón desde su exilio en Elba y su aclamada entrada en París. La
campaña, también conocida como "Los Cien Días", fue la fase final de
las Guerras napoleónicas y puso fin al reinado de Napoleón, quien fue forzado a
abdicar nuevamente tras su derrota en la batalla de Waterloo. Los Cien
Días se refieren al segundo reino del emperador francés Napoleón I, quien
volvió del exilio de forma inesperada para reclamar el trono francés. Abarca el
retorno triunfante de Napoleón a París el 20 de marzo de 1815, su culminante
derrota en la batalla de Waterloo el 18 de junio y la restauración del rey Luis
XVIII el 8 de julio: un período de 110 días.
La batalla de Waterloo se libró el domingo 18 de junio de 1815, cerca de Waterloo. El Ejército Imperial Francés, bajo el mando de Napoleón I, fue derrotado por dos ejércitos de la Séptima Coalición. Uno era una fuerza liderada por los británicos, con unidades del Reino Unido, los Países Bajos, Hannover, Brunswick y Nassau, bajo el mando del mariscal de campo Arthur Wellesley, duque de Wellington. El otro estaba compuesto por tres cuerpos del ejército prusiano bajo el mando del mariscal de campo Gebhard von Blücher. La victoria de los coaligados significó el fin del Imperio napoleónico y derivo en la reclusión de Bonaparte en la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.
LA
REVOLUCIÓN HAITIANA
La Revolución haitiana fue un movimiento revolucionario surgido en las colonias francesas entre 1791 y 1803 que resultó en la abolición de la esclavitud en Saint-Domingue en 1793 y la proclamación del Primer Imperio de Haití en 1804. La Revolución haitiana fue la primera insurrección de esclavos afro-americanos, y a su vez, el primer movimiento independentista de América Latina. El proceso fue precedido por la guerra de independencia de Estados Unidos y precedió a los movimientos independentistas de Hispanoamérica.
Tras varias
semanas de organización en secreto, la rebelión se inicia la noche del 21 al 22
de agosto de 1791 cuando miles de esclavos en la colonia francesa de
Saint-Domingue comienzan a asesinar a sus amos durante horas de la noche,
sumergiendo a la isla en una guerra civil. Durante los siguientes diez días los
esclavos tomaron el control de la provincia del norte. A mediados de septiembre
todo el norte estaba en llamas, los blancos sobrevivientes tuvieron que
atrincherarse en algunas guarniciones aisladas.
La isla de
Haití, entonces conocida como Saint-Domingue, fue una de las colonias más ricas
del mundo en el siglo XVIII. Su prosperidad se basaba en la producción masiva
de azúcar, un producto de alta demanda en Europa, y esta producción dependía
enteramente de la mano de obra esclava.
Las causas
de la revolución de Haití fueron las siguientes.
Al igual que gran parte de las islas del Caribe, en Haití la economía se basaba en el esclavismo, siendo esencial para la producción de productos como el azúcar, el cacao o el café. En esta, situación Haití se convirtió en una de las colonias más rentables del mundo, causando que los esclavos tuvieran cada vez más trabajo y su situación fuera más complicada y dura.
La grave
crisis de los esclavos hizo que muchos de estos huyeron a la selva y se
convirtieran en los llamados cimarrones, siendo esclavos rebeldes que vivían
como podían y que en ocasiones atacaban a los esclavistas para conseguir
alimentos y suministros.
La necesidad
de mano de obra para seguir produciendo el azúcar necesario para su venta a
Europa hizo que la población esclava aumentara a gran velocidad, causando que
en poco tiempo fueran mucho mayor su número que el de esclavistas.
Otra de las causas de la revolución de Haití es la gran desigualdad social que existía. A mediados del siglo XVIII, los propietarios de las tierras iniciaron a crear un sistema rígido de clases sociales para que los negros y mulatos no fueran igual ante la ley que los blancos, causando una enorme contradicción en cuanto a las razas, ya que a veces no estaba del todo claro la diferenciación entre determinadas clases.
Poco tiempo
antes del inicio de la revolución de Haití había tenido lugar en Francia la
llamada Revolución Francesa, siendo una revolución liberal que al haber tenido
lugar en la metrópoli de Haití tuvo una enorme influencia en el pensamiento de
la colonia.
La primera etapa inició con el estallido de los grandes levantamientos de esclavos negros en el norte de la colonia en 1791. La segunda está marcada por el intento de ocupación de los británicos entre 1793 y 1798, quienes fueron vencidos y debieron retirarse. La tercera por el dominio del caudillo negro Toussaint Louverture, quien venció a sus rivales del sur en 1800 y ocupó el Santo Domingo español en 1801, unificando La Española. Entre 1802 y 1803 se dio la última etapa, cuando el Primer Cónsul Napoleón Bonaparte intentó recuperar el dominio de la isla, enviando a su cuñado Charles Victoire Emmanuel Leclerc a cargo de una expedición que fracasó.
La chispa
que encendió la revolución fue la rebelión de esclavos en la plantación de
Laboule, liderada por el esclavista francés Jean-François, que se convirtió en
un símbolo de la resistencia. Esta rebelión, que resultó en la muerte de
cientos de esclavos, desencadenó una serie de levantamientos en toda la isla,
que rápidamente se extendieron a otras plantaciones. La participación de los
mulatos en la rebelión fue crucial, ya que aportaron su propia experiencia de
discriminación y su deseo de igualdad. Dutty Boukman, esclavo y sacerdote vudu,
fue uno de los primeros lideres y mártires del movimiento. Una pequeña revuelta
estalló el 24 de enero de 1791 en Port-Salut, cerca de Les Cayes. Los 200
rebeldes son rápidamente vencidos, pero al mismo tiempo se organiza una
guerrilla de mulatos al mando de André Rigaud.
La invasión
de fuerzas españolas y británicas durante la Revolución Francesa exacerbó la
situación, ya que estas potencias europeas buscaron aprovecharse de la
inestabilidad en Haití para establecer su propio control sobre la isla. La
guerra entre Francia, España y Gran Bretaña, que se libró en Haití, proporcionó
a los esclavos y mulatos la oportunidad de organizarse y luchar por su
libertad.
Toussaint
Louverture y Jean-Jacques Dessalines, desempeñaron un papel fundamental en el
desarrollo de la Revolución Haitiana.
Louverture se unió a la rebelión de esclavos, pero rápidamente se convirtió se convirtió en uno de los caudillos del movimiento insurgente. Louverture logró unificar a las diferentes facciones revolucionarias y establecer un gobierno provisional en Haití. Organizó la isla como un estado semiautónomo, con una Constitución (1801), redujo los focos rebeldes de mulatos y colonos franceses, rechazó el intento de invasión británica de 1798. Proclamado gobernador vitalicio de la isla. Napoleón envió en 1802 al general Leclerc. Éste sometió a Louverture y le asignó un espléndido retiro, pero al poco tiempo lo apresó y envió a Francia, donde al año siguiente murió en prisión a causa de una enfermedad y la falta de asistencia médica.
Jean-Jacques Dessalines participó en las
revueltas de los esclavos de la colonia francesa de Saint Domingue. Al servicio
de Toussaint Louverture alcanzó el grado de general. En 1802 un ejército
enviado por Napoleón, bajo el mando del general francés Charles Leclerc,
derrocó a Toussaint Louverture. Dessalines hubo de aceptar la deposición y
deportación de Toussaint Louverture y rendirse a Leclerc, quien le confió el
mando del sector sur de la isla. Dessalines organizó en octubre de 1802 un
amotinamiento contra las fuerzas francesas a las que enfrentó en una sangrienta
lucha. Finalmente, venció a los franceses en la batalla de Vertières en 1803 y
los expulsó de la isla. Proclamado luego gobernador general, el 1 de enero de
1804 declaró la independencia de la isla, a la que devolvió su nombre en lengua
arahuaca, Haití. Para asegurar la supervivencia del nuevo estado, Dessalines,
que en septiembre de 1804 se proclamó emperador con el nombre de Jacques I,
reprimió durante su breve reinado a la población blanca. Falleció al poco
tiempo en 1806.
La Independencia de Haití es un evento histórico de trascendental importancia, que representa un triunfo de la resistencia y la lucha por la libertad. El proceso revolucionario, liderado por figuras como Toussaint Louverture y Jean-Jacques Dessalines, sentó un precedente para movimientos de liberación en otras partes del mundo.
LAS INVASIONES INGLESAS AL RÍO DE LA PLATA
Las Invasiones Inglesas fueron dos expediciones militares llevadas a cabo por el Reino Unido en el territorio del Virreinato del Río de la Plata en los años 1806 y 1807, a principios del siglo XIX, durante el periodo de la colonia en América. En el contexto de las guerras napoleónicas, después de vencer a las fuerzas franco españolas en la batalla de Trafalgar, Gran Bretaña consiguió el dominio del espacio atlántico. Sin embargo, el bloqueo continental impuesto por el emperador francés Napoleón Bonaparte le impedía comerciar con los países europeos. En consecuencia, los británicos iniciaron una política agresiva en busca de nuevos mercados donde proveerse de materias primas y vender su creciente producción industrial. En 1806, ocuparon Cabo de Buena Esperanza, una colonia holandesa ubicada en el sur de África. El éxito de esta acción los alentó a intentar la conquista del Río de la Plata, aunque fracasarían en este intento.
Imposibilitado de cruzar el Canal de la Mancha, Napoleón desarrolló una nueva estrategia: para debilitar a la economía industrial británica, decretó el bloqueo continental, que prohibía a los países europeos comprar productos ingleses. Esta prohibición obligó a los británicos a lanzarse a la búsqueda de nuevos mercados donde vender su producción industrial. Las colonias españolas en América eran una posibilidad muy tentadora. Pero a través del monopolio, España prohibía que sus colonias comerciaran con potencias extranjeras.
Fue entonces
que un grupo de oficiales británicos, que acaba de conquistar la colonia
holandesa de El Cabo, decidió atacar Buenos Aires, para abrir el mercado
rioplatense a los productos de su país. Al momento de tomar esta decisión
tomaron en cuenta que Buenos Aires tenía un puerto por el que pasaban la gran
mayoría de los productos que ingresaban al Virreinato del Río de la Plata.
Primera
invasión inglesa 25 de junio de 1806 – 20 de agosto de 1806.
En 1806, una
fuerza británica bajo el mando del general William Carr Beresford desembarcó en
Argentina con el objetivo de tomar Buenos Aires. Esta acción formaba parte de
un plan más amplio que incluía la ocupación de Valparaíso y apoyo a Francisco
de Miranda para invadir Venezuela. Los británicos, confiando en su superioridad
militar y subestimando la capacidad defensiva local, avanzaron hacia Buenos
Aires sin encontrar una resistencia significativa inicialmente, ya que el
virrey Rafael de Sobremonte había huido hacia Córdoba. Sin embargo, las
milicias locales lideradas por Santiago de Liniers organizaron rápidamente una
respuesta eficaz. A pesar del desventajoso número de tropas y equipamiento, los
defensores argentinos lograron forzar la retirada británica después de un breve
pero intenso enfrentamiento que incluyó el asedio a Montevideo. Cincuenta y
seis días después, el miércoles 20 de agosto de 1806, William Carr Beresford se
rendía tras ser derrotado por las fuerzas comandadas por Santiago de Liniers y
Martín de Álzaga.
Segunda invasión inglesa 28 de junio de 1807 – 7 de julio de 1807.
En 1807,
tras su fracaso inicial en Buenos Aires y Montevideo un año antes, los
británicos volvieron a intentar tomar el virreinato del Río de la Plata. Esta
vez, bajo el mando del general John Whitelocke, una nueva fuerza militar
desembarcó cerca de Buenos Aires con la intención de apropiarse del tesoro
acumulado por España y abrir el puerto al comercio británico. Los invasores,
confiados en su superioridad militar y subestimando a las milicias locales,
avanzaron rápidamente hacia la capital. Sin embargo, esta vez encontraron una
resistencia más fuerte que la esperada.
Las tropas
argentinas, lideradas por el virrey Santiago de Liniers, junto con las milicias
criollas, lograron detener el avance británico y obligarlos a retroceder. La
lucha culminó en un enfrentamiento directo dentro de Buenos Aires, donde la
defensa local resultó ser más efectiva que lo anticipado por los invasores. El
7 de julio de 1807, tras haber pasado horas acorralados en la iglesia de Santo
Domingo, el general británico Robert Craufurd se rindió y aceptó la
capitulación propuesta por el virrey Santiago de Liniers.
Las consecuencias de las invasiones inglesas fueron significativas para Argentina. Estos ataques despertaron un sentimiento nacionalista y fortalecieron la idea de la independencia del dominio español. Además, la resistencia de los argentinos demostró que el territorio no estaba indefenso y que estaba dispuesto a luchar por su libertad.
LA GUERRA DE
INDEPENDENCIA ESPAÑOLA
La guerra de la Independencia española fue un conflicto bélico que se dio entre 1808 y 1814, dentro del contexto de las guerras napoleónicas, que enfrentó a las potencias aliadas de España, Reino Unido y Portugal contra Napoleón Bonaparte, cuya pretensión era, tras las abdicaciones de Bayona, la de instalar en el trono español a su hermano, José Bonaparte, y constituir España como Estado satélite del Primer Imperio francés. La Guerra de la Independencia española (1808–1814) fue el conflicto que enfrentó al pueblo español contra la ocupación napoleónica y que marcó el nacimiento de la España contemporánea. Lo que comenzó como un levantamiento popular el 2 de mayo de 1808 en Madrid se convirtió en una guerra total que combinó batallas convencionales, guerrilla y resistencia popular, y que paralizó a 300.000 soldados franceses durante seis años. La guerra española fue la primera gran derrota estratégica de Napoleón y la palabra «guerrilla» —invento español— entró en todos los idiomas del mundo.
Pero la
guerra fue mucho más que un conflicto militar: mientras el pueblo combatía, las
Cortes de Cádiz (1810–1814) redactaron la primera constitución liberal de
España (la «Pepa», de 1812), que proclamaba la soberanía nacional, la división
de poderes y los derechos individuales. Al mismo tiempo, los cabildos
americanos aprovecharon el vacío de poder para iniciar los procesos de
independencia que, en una generación, desmembrarían el Imperio español.
La
Revolución francesa provocó la caída de la monarquía en Francia y luego el
ascenso de Napoleón Bonaparte al poder. Éste quiso acabar con la flota
británica para así poder invadir el Reino Unido, de ahí que llegara a una
alianza con Carlos IV de España, quien a su vez buscaba recuperar Gibraltar y
mantener las posesiones españolas en América.
Se dejó de lado, pues, la enemistad que se mantuvo con Francia hasta el año 1796, dando el primer ministro Manuel Godoy un completo cambio a la política exterior española con la firma del tratado de San Ildefonso. Esto provocó un primer enfrentamiento entre España y Portugal, puesto que esta última apoyaba al Reino Unido. La guerra de las Naranjas, acontecida en 1801, se saldó con la victoria española.
Tratado de
Fontainebleau
El 27 de
octubre de 1807, Carlos IV y Manuel Godoy, por aquel entonces hombre fuerte en
la sombra, firmaron con Napoleón Bonaparte el tratado de Fontainebleau. En él
se acordó la invasión de Portugal, nación que mantenía una alianza con el Reino
Unido y que no cumplía el Bloqueo Continental impuesto por el emperador
francés. Tras la derrota en Trafalgar de las tropas francesas y españolas ante
el poderío naval de Gran Bretaña, se produjo una serie de hechos que
propiciarían que el reino de España cayera en dependencia de la Francia
napoleónica. Esto quedaría refrendado tras el tratado de Fointaineblau por el
que España permitía el paso de las tropas francesas por el territorio español
para conquistar el reino vecino de Portugal.
Gracias a dicho pacto, las tropas francesas recibieron la autorización para entrar en la península ibérica con el objetivo de atacar a Portugal y bloquear sus puertos. Sin embargo, Napoleón aprovechó la situación para de paso ocupar múltiples ciudades españolas. En marzo de 1808, 100.000 soldados galos permanecían dentro de la península ibérica. Ante el rechazo del bloqueo por la dinastía de Braganza, Napoleón decidió invadir Portugal. Napoleón obtuvo el permiso para atravesar el suelo español, a cambio de la entrega de territorios portugueses tanto a la Corona hispánica como al propio Godoy y su familia.
Motín de
Aranjuez
18 y 19 de marzo de 1808. El tratado anterior y la reciente invasión francesa de la Península Ibérica provocó el descontento de la población española. El pueblo español, harto de la opresión y la inoperancia de sus gobernantes, vio en la abdicación forzosa de Carlos IV en su hijo Fernando VII la oportunidad de liberarse del yugo francés y recuperar el control de su destino. El Motín de Aranjuez fue un levantamiento popular que tuvo lugar entre el 18 y el 19 de marzo de 1808 en la localidad madrileña de Aranjuez. Tuvo como principales consecuencias la destitución del primer ministro Manuel Godoy y la abdicación del rey Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII. Carlos IV se arrepintió de esta renuncia, motivo por el cual escribió a Napoleón y solicitó su ayuda para recuperar el trono. El emperador francés convocó entonces a Carlos IV y a Fernando VII en Bayona para, en teoría, resolver las diferencias que existían entre ambos.
Levantamiento
del 2 de mayo de 1808
2 de mayo de
1808 se produjo en Madrid un levantamiento popular en contra de los franceses.
Fue algo espontáneo y sin participación militar, a excepción de algunos
oficiales de artillería. La muchedumbre se dirigió al Parque de Artillería de
Monteleón, a fin de recabar armas con las que poder enfrentarse a los franceses,
dando inicio a un episodio clave de la historia nacional: la Guerra de la
Independencia Española. Los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde son las
figuras más emblemáticas del 2 de mayo, como caudillos y mártires, ambos
cayeron en combate. 7
Rápidamente el levantamiento fue detenido por el ejército napoleónico, el cual estaba muy bien pertrechado, haciendo imposible que los exaltados ciudadanos tuvieran mucho que hacer. Así el día 3 de mayo de 1808 se producían los famosos fusilamientos, los cuales quedaron reflejados en las pinturas de Francisco de Goya, en estas fueron asesinados un gran número de españoles.
Abdicaciones
de Bayona
4 de mayo de 1808, Napoleón convenció a Carlos IV de que lo mejor era que le cediese el trono de España hasta que la situación se normalizase. Al día siguiente, obligó a Fernando VII a que abdicara en favor de su padre, quien previamente había renunciado a la corona. Las conocidas como abdicaciones de Bayona crearon una suerte de vacío de poder que Napoleón aprovechó para nombrar a su hermano José I Bonaparte como rey de España.
8 de junio
de 1808 llegaban a Córdoba las tropas francesas, la cual fue brutalmente
saqueada. Estando las tropas francesas aún en la antigua capital califal, le
fue anunciada la rendición de la escuadra francesa apostada en Cádiz,
La Junta
Suprema de España e Indias y la Junta de Granada realizarían de manera conjunta
la creación de dos ejércitos, cuyo objetivo era expulsar a los franceses del
territorio español. Así aparecían en escena el ejercito de Andalucía y el
regimiento suizo de Reding.
Batalla de
Bailén
19 de julio
de 1808. El general español Francisco Javier Castaños, al mando de un ejército
de unos 27.000 hombres (muchos de ellos reclutas y milicianos improvisados),
rodeó y obligó a la rendición incondicional del cuerpo de ejército francés del
general Pierre Dupont de l’Étang, con unos 18.000 soldados de línea, incluidos
veteranos de Austerlitz y Marengo. La batalla de Bailén, librada en los llanos
de Bailén (Jaén), fue la primera derrota en campo abierto de un ejército
napoleónico desde que Bonaparte tomó el poder en 1799 y una de las mayores
humillaciones militares de la Francia imperial. La victoria dio un fuerte
respiro a las Juntas que se habían creado en España, además de dar un toque de
atención al emperador, que, al enterarse de la derrota, hubo de tomar cartas en
el asunto. Entre junio y noviembre de 1808, los franceses fueron sufriendo una
serie de derrotas como ocurrió en el Sitio de Zaragoza que duró entre el 15 de
junio al 15 de agosto, o la entrada en Madrid del general Castaños el 5 de
septiembre.
En 1808 Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, fue puesto al mando del ejército que Gran Bretaña envió a Portugal para combatir contra la ocupación francesa de la península Ibérica y continuó la dirección de la Guerra de la Independencia española (1808-1814), en España.
Primer sitio
de Zaragoza
15 de junio
a 14 de agosto de 1808, donde la población colaboró de forma heroica con las
tropas de los defensores, a las órdenes de José de Palafox, y resultó en la
retirada de las tropas francesas el 14 de agosto.
Debido a esto, el ejército napoleónico junto con José I fue obligado a desplazarse al norte del Ebro donde aguardaron la llegada del emperador con la Grande Armée (250.000 efectivos muy bien pertrechados).
2 de
noviembre de 1808 llegaba Napoleón a Bayona, donde reagrupó y reorganizó a las
tropas, además de traerse consigo a lo mejor de su ejército, al cual dividió en
dos para tomar España y Portugal de norte a sur, eliminando a su paso toda
resistencia.
Batalla de
Talavera
27 de julio
de 1809. En Talavera, un ejército británico al mando de Arthur Wellesley (duque
de Wellington), junto con un ejército español al mando del general Gregorio
García de la Cuesta, combatieron contra los ejércitos napoleónicos de Francia,
que ocupaban Madrid.
Cortes de
Cádiz
29 de enero de 1810, las Cortes de Cádiz fueron una asamblea legislativa y constituyente que se formó en respuesta al vacío de autoridad generado por la ocupación napoleónica de España en 1810, proclamó la soberanía de las Cortes y reconoció a Fernando VII como rey legítimo de España, anulando cualquier renuncia previa a la Corona. Fueron convocadas inicialmente por la Junta Suprema Central de Sevilla, que desconocía la autoridad del José I (hermano de Napoleón Bonaparte, nombrado rey de España por el emperador francés). La principal actividad de las Cortes de Cádiz fue la redacción de una constitución liberal para España, promulgada el 19 de marzo de 1812. Las Cortes de Cádiz sesionaron hasta el regreso al trono de España de Fernando VII, quien las disolvió y restableció el absolutismo en mayo de 1814.
Batalla de
los Arapiles
22 de julio
de 1812. En verano de 1812 se produjo la batalla de los Aralipes, que obligó a
José I a marchar a Madrid, perdiendo el control de Andalucía. Una de las
batallas más decisivas de la Guerra de la Independencia se libró a muy pocos
kilómetros de la capital salmantina, entre las localidades de Arapiles, Las
Torres, Calvarrasa de Arriba, Aldeatejada y Miranda de Azán. La jornada
concluyó con la aplastante derrota del mariscal francés Marmont a manos de la
fuerza aliada comandada por Lord Wellington. El rey José I Bonaparte tuvo que
huir a Valencia, dejando la capital de España como escenario para la entrada
triunfal de Lord Wellington. La batalla de Los Arapiles privó a los franceses
de las bases y los arsenales que necesitaban para llevar a cabo la invasión de
Portugal, imprescindible para librarse de la constante amenaza que constituía
el ejército aliado comandado por Lord Wellington.
Batalla de
Vitoria
21 de junio de 1813, fue un enfrentamiento en el marco de la Guerra de la Independencia Española entre las fuerzas francesas que escoltaban a José Bonaparte durante su huida, y un contingente combinado de tropas españolas, británicas y portuguesas, concluyendo con la expulsión de los franceses.
El fin de la
dominación francesa
Tras la
batalla de Aralipes, la entrada en acción de las fuerzas conjuntas entre
británicos, portugueses y españoles contra los franceses fue decisiva para la
expulsión de estos. Poco a poco fueron perdiendo todas las plazas que tenían en
España, siendo la última batalla la acontecida en Vitoria, tras la victoria de
las tropas españolas, los franceses y José I fueron expulsados de la Península.
En octubre de 1813 los aliados cruzaron los Pirineos. La guerra prosiguió en el
sur de Francia. Hubo combates en el río Nivelle, Bayona, Garris, Orthez,
Toulouse y de nuevo en Bayona entre el ejército aliado formado por españoles,
portugueses e ingleses contra franceses. Finalmente, Napoleón pidió la paz. Fernando
VII pudo finalmente regresar a España el 22 de marzo de 1814.
La Guerra provocó la muerte de más de 600.000 personas y una evidente caída demográfica, tanto por las muertes directas de la contienda como por la hambruna que ésta generó. Supuso un duro varapalo económico para España, afectando de manera especial a la agricultura, que se quedó sin mano de obra, y a la industria, destrozada por las tropas francesas y británicas. La monarquía española perdió el prestigio del que gozaba en el ámbito internacional. Arrancó un primer periodo liberal en España gracias al fin del Antiguo Régimen y a la implantación del liberalismo.
LA INDEPENDENCIA
HISPANOAMERICANA
La independencia de América Hispánica o Hispanoamérica es un proceso histórico clave que abarcó desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, en el cual las colonias españolas en América se emanciparon de sus metrópolis europeas. Este fenómeno no solo transformó la geografía política del continente, sino que también sentó las bases para la formación de identidades nacionales y la búsqueda de soberanía. Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados ocurridos a principios del siglo XIX, entre los años 1809 y 1829, que afectaron a todo el Imperio españo y en los cuales se enfrentaron el bando a favor de mantener la autoridad de la Monarquía española, que fue derrotado y se conocería más tarde como «realista» o «virreinal», contra el bando a favor de la independencia o secesión de nuevos estados americanos, que triunfó y fue denominado posteriormente «revolucionario» o «patriota».
Las guerras
de independencia hispanoamericanas constituyen uno de los procesos más
trascendentales en la historia de América Latina y del mundo occidental. Entre
1809 y 1826, los territorios que conformaban el Imperio español en América
iniciaron un largo y complejo camino hacia su emancipación, uniendo en un mismo
horizonte el anhelo de libertad, la defensa de identidades regionales y la
búsqueda de nuevas formas de organización política. El largo proceso de las
guerras de independencia de las distintas regiones que conformarán lo que hoy
llamamos América Latina, nació de revoluciones locales y juntas patrióticas
hasta derivar en decisivas batallas “internacionalistas” como fueron Boyacá,
Pichincha, Junín y Ayacucho, que consiguieron la definitiva emancipación.
Durante los siglos XVI al XVIII, América Latina fue colonizada por potencias europeas, principalmente España y Portugal. Las colonias estaban organizadas en virreinatos y capitanías generales, y su economía estaba basada en la explotación de recursos naturales y mano de obra indígena y africana. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, varios factores comenzaron a gestar un clima de descontento que propició el movimiento independentista:
Ilustración:
Las ideas de la Ilustración, que promovían la libertad, igualdad y derechos
humanos, influyeron fuertemente en las élites criollas.
Independencia
Americana y Revolución Francesa: Estos movimientos inspiraron a los colonos
latinoamericanos a buscar su propia autonomía.
Desigualdad
Social: La jerarquía social en las colonias, donde los criollos eran
discriminados frente a los peninsulares, generó resentimiento.
En 1808, el
emperador francés Napoleón Bonaparte en el curso de su estrategia de Bloqueo
Continental contra el Reino Unido, forzó a los reyes españoles a renunciar a
los derechos sobre la Corona española en las abdicaciones de Bayona (Francia) e
impuso el Estatuto de Bayona y a su hermano José I como rey de España. Estos
sucesos, que terminaron con el Antiguo Régimen, fueron considerados ilegítimos
por los españoles europeos y americanos y condujeron a un vacío de poder.
En 1810, se inició una ola de movimientos más organizados que darían inicio formal a las guerras de independencia. En ciudades como Caracas, Buenos Aires, Bogotá y Santiago se formaron juntas de gobierno que declaraban actuar en nombre de Fernando VII, pero que en la práctica inauguraban una etapa de autogobierno. Estos movimientos tuvieron una fuerte influencia de las élites criollas, aunque en muchos casos también contaron con el apoyo de sectores populares que veían en el cambio una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida.
Independencia
de México:
La independencia de México estuvo marcada por la guerra de independencia que duró de 1810 a 1821. La independencia mexicanafue la consecuencia de un proceso político y social resuelto por las armas, que puso fin al dominio español y desintegró el virreinato de Nueva España y dio paso al Primer Imperio mexicano. La pérdida de esta posesión tuvo una importancia decisiva para la economía del Imperio español, ya que los ingresos mexicanos representaban el ochenta por ciento del total de los caudales americanos al final del periodo colonial.
El
movimiento que condujo a la independencia de México comenzó con el alzamiento
armado conocido como Grito de Dolores el 16 de septiembre de 1810. Liderada por
el sacerdote Miguel Hidalgo e Ignacio Allende, la lucha por la independencia
mexicana fue influenciada por las ideas de la Ilustración y la Revolución
Francesa. Algunos insurgentes proponían la independencia, mientras que otros
defendían al rey de España, Fernando VII, pero reclamaban mayor autonomía para
los dirigentes americanos.
En la Batalla del Monte de las Cruces ocurrió el 30 de octubre de 1810, en el actual Estado de México, las fuerzas de Miguel Hidalgo enfrentaron a las tropas realistas bajo el mando de Torcuato Trujillo, terminó con la retirada realista. Pero en la Batalla del Puente de Calderón (17 de enero de 1811), en las cercanías de Zapotlanejo, Jalisco. Las fuerzas insurgentes se enfrentaron con un Ejército Realista con mayor disciplina y capacidad militar, terminó con una derrota severa para los insurgentes. El resultado afectó la capacidad de las fuerzas de Hidalgo y Allende, que poco después emprendieron la retirada hacia el norte. Ambos fueron capturados y ejecutados por los realistas el 30 de julio de 1811.
A partir de
1811, las fuerzas insurgentes se reorganizaron y se concentraron en un fin
claro: la independencia de México. José María Morelos pasó a ser uno de los
principales líderes de la causa independentista tras la muerte de Hidalgo. Luego
de una etapa de triunfos militares, que permitieron tomar el control de gran
parte del centro y sur de México (Toma de Oaxaca ocurrida el 25 de noviembre de
1812), las tropas de Morelos sufrieron diversas derrotas y el líder insurgente
fue capturado por los realistas. Fue ejecutado el 22 de diciembre de 1815.
Tras el asesinato de Morelos, los insurgentes se desorganizaron y sus actividades militares se dispersaron en una especie de guerra de guerrillas. Sin embargo, en esta etapa se destacaron figuras como la del insurgente Vicente Guerrero y el militar español Francisco Javier Mina, quien colaboró con la causa independentista al mando de una expedición que amenazó seriamente a los realistas pero fue finalmente vencida. Mina fue fusilado en noviembre de 1817.
La
independencia de México se alcanzó luego de que las tropas realistas del
militar Agustín de Iturbide se unieron a los insurgentes, formularon el Plan de
Iguala en febrero de 1821 y formaron el Ejército Trigarante que entró en la
Ciudad de México en septiembre de 1821. Tras la victoria contra los realistas
en la Batalla de Azcapotzalco (19 de agosto de 1821). El 28 de septiembre de
1821 se firmó el acta de independencia. Una vez que se alcanzó la
independencia, la forma de gobierno que debía adquirir el Estado mexicano fue
motivo de conflictos. La declaración de la independencia consagró a México como
un imperio y, poco después, Iturbide fue proclamado emperador, coronado con el
nombre de Agustín I el 21 de julio de 1822.
Sin embargo, en marzo de 1823 Iturbide se vio obligado a abdicar y en 1824 se aprobó una Constitución federal que instauró una república, llamada Estados Unidos Mexicanos. Sucedido por un Gobierno provisional del Supremo Poder Ejecutivo de la Nación Mexicana, hasta el 10 de octubre de 1824 con el inicio de la presidencia de Guadalupe Victoria y, con ello, de la Primera República Federal. José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, conocido como Guadalupe Victoria, se desempeñó como el primer presidente de México entre el 10 de octubre de 1824 al 31 de marzo de 1829. Se consolidó como una importante figura en la fase de resistencia de la Guerra de Independencia de México. Sin embargo, España no reconoció la independencia de México hasta 1836.
Independencia
de Venezuela:
La
Independencia de Venezuela fue un proceso largo y complejo, que se extendió a
lo largo de más de dos décadas. La lucha por la independencia se llevó a cabo a
través de movimientos armados y liderazgo militar, destacando la participación
de figuras clave como Simón Bolívar, Francisco de Miranda y José Antonio Páez,
El 19 de Abril de 1810, un grupo de criollos caraqueños aprovecharon la situación de España para convocar un Cabildo Abierto durante el cual se proclamaría una Junta de Gobierno independiente, que cuidaría los intereses de Fernando VII hasta que éste volviera al trono de España.
El 5 de
julio de 1811, se firmó el Acta de la Declaración de Independencia de
Venezuela, en la cual se proclamaba la separación de la Capitanía General de
Venezuela de la corona española. Este acontecimiento marcó el inicio de la
guerra de independencia en el país. La falta de consenso entre los líderes y
las luchas por el poder generaron tensiones y divisiones en la sociedad
venezolana.
La Primera
República de Venezuela se inició el 5 de julio de 1810, en la Plaza Mayor de
Caracas. Este día, un grupo de criollos, liderados por figuras como Juan Germán
y Cristóbal Mendoza, organizaron un cabildo que proclamó la formación de la
Junta Suprema de Caracas, encargada de gobernar el territorio en nombre del
pueblo.
La Segunda
República de Venezuela se inició en 1813, tras la derrota realista en la
Batalla de Puerto Cabello. Esta batalla, que resultó en la captura del
almirante Francisco de Miranda, permitió a los patriotas recuperar el control
de Caracas y a establecer un nuevo gobierno. Simón Bolívar fue nombrado
Comandante General de las Armadas del Lago de Maracaibo, con la misión de
liberar Nueva Granada (actual Colombia) y Venezuela.
La Tercera
República de Venezuela (1817-1819) surgió tras la caída de la Segunda
República. La situación política y militar era caótica, y los patriotas estaban
dispersos y desorganizados. Santiago Mariño logró reorganizar a los patriotas
en las islas del Caribe, especialmente en Cuba y Puerto Rico, donde estableció
bases de operaciones. También creó la Ley Fundamental de 1817, que unió
Venezuela y Nueva Granada (actual Colombia) en la Gran Colombia, un proyecto
que buscaba crear una potencia americana independiente.
La guerra de independencia de Venezuela fue un
conflicto armado que tuvo lugar entre 1810 y 1823, y que culminó con la
separación de Venezuela del dominio español. Este proceso de independencia se
desarrolló en diferentes etapas, marcadas por distintas acciones y eventos
relevantes. A lo largo de la guerra, las fuerzas independentistas lideradas por
figuras como Simón Bolívar y José Antonio Páez se enfrentaron a las tropas
realistas españolas en diferentes batallas y escaramuzas.
Uno de los
momentos más destacados de la guerra de independencia en Venezuela fue la
Campaña Admirable, liderada por Simón Bolívar. En esta campaña, Bolívar y sus
tropas atravesaron los Andes y liberaron varias ciudades venezolanas,
incluyendo Caracas, lo que permitió consolidar el proceso de independencia en
el país.
El 09 de
abril de 1815, desembarcó en Pampatar el General Pablo Morillo, quien fue
enviado por el rey para reconquistar sus colonias. Morillo llegó acompañado de
10.000 soldados que le ayudaron a recuperar todo el país.
La Guerra de
Independencia se desarrolló entre 1810 y 1821 y estuvo marcada por diversos
conflictos y batallas significativas que definieron el rumbo del país. Entre
las batallas más destacadas se encuentran:
El 3 febrero de 1814, Boves derrotó a Vicente Campo Elías, en la Batalla de La Puerta. Sin embargo, el 12 de febrero en la Batalla de La Victoria, donde José Félix Ribas, al mando de unos jóvenes estudiantes se enfrentó a los realistas en una de las batallas más conmemoradas de la historia.
El año 1819
estuvo marcado por la victoria decisiva del ejército patriota, bajo el mando de
Bolívar, en la Batalla de Boyacá, que se consideró un punto de inflexión en el
conflicto. Este triunfo no solo fue significativo para la independencia de
Venezuela, sino también para la liberación de Colombia y otros territorios
sudamericanos de las fuerzas españolas, lo que permitió un mayor
fortalecimiento entre los movimientos independentistas en todo el continente.
Batalla de
Carabobo (1821): Este enfrentamiento crucial significó una victoria decisiva
para las fuerzas patriotas, ya que aseguró el control de Caracas y expuso la
debilidad de las tropas realistas.
Batalla de
Ayacucho (1824): Aunque contada fuera de la frontera venezolana, esta batalla
fue relevante al consolidar la independencia de las colonias sudamericanas
frente a España.
Finalmente,
el 5 de julio de 1821, se considera cuando Venezuela, tras la Guerra de
Independencia, consolidó oficialmente su independencia. Este año también fue
testigo de la Convención de Ocumare y la Batalla de Carabobo, que selló el
destino de los patriotas.
Tras la
independencia, Venezuela se unió a Colombia, Ecuador y Panamá para formar la
Gran Colombia (1819-1830). Esta unión fue liderada por Bolívar y buscaba la
integración y la consolidación de los nuevos países independientes de América
Latina. La unión entre las regiones para la Gran Colombia fue corta, ya que las
tensiones internas entre ellas y la muerte de Bolívar terminó haciendo que en
1830 Colombia, Venezuela y Ecuador se separaran e independizan unas de otras.
Finalmente, en el año 1830 se define la creación de la República de Venezuela, cuando se cristaliza el sueño de muchos líderes independentistas y sus luchas. Este establecimiento marca el cierre de un proceso que se había extendido por más de dos décadas.
Independencia
de Argentina:
La
Independencia Argentina fue el proceso histórico mediante el cual las
Provincias Unidas del Río de la Plata decidieron romper sus vínculos políticos
con la corona española. La lucha por la independencia argentina fue liderada en
gran parte por ejércitos regionales, conocidos como 'caudillos', y marcada por
conflictos regionales y luchas internas.
La
Revolución de Mayo fue el primer paso. La Revolución de Mayo fue una serie de
acontecimientos revolucionarios ocurridos en la ciudad de Buenos Aires, capital
del virreinato del Río de la Plata, dependiente del rey de España, que
sucedieron durante la llamada Semana de Mayo, entre el 18 de mayo de 1810,
fecha en la que se publicaron noticias de la caída de la Junta Suprema Central,
y el 25 de mayo, fecha en que juró la Primera Junta de gobierno.
La Primera
Junta de Gobierno, oficialmente Junta Provisional Gubernativa de las Provincias
del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII, fue la Junta de
gobierno surgida el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, capital del Virreinato
del Río de la Plata, como consecuencia del triunfo de la Revolución de Mayo que
destituyó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. La Junta nombró a Cornelio
Saavedra como presidente de la Primera Junta de las Provincias Unidas del Río
de la Plata y fijó su sede del gobierno en el Fuerte de Buenos Aires.
La llamada Junta Grande fue el gobierno que el 18 de diciembre de 1810 sucedió, en las Provincias Unidas del Río de la Plata, a la llamada Primera Junta, con la incorporación de los diputados provenientes de las provincias que se habían adherido al gobierno de Buenos Aires.
El Primer
Triunvirato fue el órgano ejecutivo, integrado por tres miembros que gobernó
las Provincias Unidas del Río de la Plata entre el 23 de septiembre de 1811 y
el 8 de octubre de 1812. Fue establecido después de que el Cabildo de Buenos
Aires derrocara a la Junta Grande, a fin de volver a las tendencias
centralistas de la Primera Junta. La Revolución del 8 de octubre de 1812
produjo su derrocamiento y dio lugar al surgimiento del Segundo Triunvirato (entre
el 8 de octubre de 1812 y el 31 de enero de 1814).
En varios
puntos de Sudamérica los nuevos gobiernos debieron enfrentar la resistencia
contrarrevolucionaria de los ejércitos realistas, que intentaban restaurar la
autoridad de la monarquía española en la región. Comenzaron las guerras por la
independencia. Algunos de los principales comandantes fueron Manuel Belgrano,
al mando del Ejército del Norte, José de San Martín, creador del Ejército de
los Andes, Martín Miguel de Güemes, organizador de la guerra gaucha y Juana
Azurduy, comandante de la guerra de guerrillas en Charcas. El Estado argentino
considera a San Martín como el mayor héroe militar de su independencia y lo
honra con el título de «Padre de la Patria».
La
independencia de Argentina no se logró sin luchar. Durante la década de 1810,
se libraron numerosas batallas entre las fuerzas independentistas y los
realistas españoles. Algunas de las batallas más importantes fueron:
La batalla de Tucumán (1812): En esta batalla, el ejército argentino, liderado por Manuel Belgrano , logró una victoria decisiva sobre las fuerzas realistas, marcando un punto de inflexión en la guerra por la independencia.
La batalla
de Salta (1813): En esta batalla, el ejército argentino, comandado por Martín
Miguel de Güemes , logró repeler un ataque realista, consolidando la
independencia en el norte del país.
La batalla
de San Lorenzo (1813): En esta batalla, José de San Martín , uno de los líderes
más importantes de la independencia, logró una victoria sobre las fuerzas
realistas, consolidando su posición como estratega militar.
La batalla
de Cepeda (1820): Esta batalla marcó un momento crucial en la guerra por la
independencia. Las fuerzas de José Gervasio Artigas , líder de la independencia
en Uruguay, se enfrentaron a las fuerzas de Juan Martín de Pueyrredón , quien
buscaba unificar el país bajo el control de Buenos Aires. La victoria de
Artigas debilitó la posición de Buenos Aires y llevó a la fragmentación del
país.
La batalla de Maipú (1818): Esta batalla, librada en Chile, fue una victoria decisiva para las fuerzas independentistas lideradas por José de San Martín . La derrota de las fuerzas realistas en Chile abrió el camino para la independencia de Argentina
El Congreso
de Tucumán dio inicio de sus sesiones el día 24 de marzo de 1816 con tan solo
33 diputados, en el cual se nombró como Director Supremo de las Provincias
Unidas de Río Negro de la Plata a Juan Martín de Pueyrredón, un general activo.
El 9 de
julio de 1816, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, reunido el congreso de
diputados de las provincias del noroeste y centro-oeste del país y de la de
Buenos Aires, junto con algunos diputados exiliados de Charcas, proclamó la
independencia de las Provincias Unidas en Sud América.
La guerra de
la independencia continuó hasta el año 1825, pero se luchó preferentemente en
la frontera norte y en el Perú. Mientras tanto, la Provincia Oriental fue
invadida por el reino de Portugal, de quien pasó al Imperio del Brasil. La
consecuente guerra del Brasil culminó con la Convención Preliminar de Paz de
1828, que declaró independiente al territorio en disputa, con el nombre de
Estado Oriental del Uruguay. Poco antes, en 1825, Charcas se conformó como la
República de Bolivia y al año siguiente le fue agregada la ciudad de Tarija y
su jurisdicción.
El 4 de enero de 1831, las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos suscribieron al Pacto Federal, garantizar la defensa común y sentar las bases de un sistema confederal, transformando la denominación del país a la de Confederación Argentina.
Independencia
de Chile:
El proceso
de la Independencia de Chile, es decir, de su separación de la monarquía
española y su constitución como república independiente, se desarrolló entre
1810 y 1823, iniciándose con la creación de la Junta Provisional Gubernativa y
concluyendo con la renuncia de Bernardo O’Higgins a su cargo de Director
Supremo en 1823. El proceso independentista Concluyó con la firma del Tratado
de Tantauco, que en 1826 puso fin a la guerra entre patriotas y realistas.
Luego de
conocerse en América la noticia de la disolución de la Junta Central de
Sevilla, los patriotas chilenos formaron la Primera Junta Nacional de Gobierno,
el 18 de septiembre de 1810. Francisco Antonio García Carrasco fue nombrado
gobernador de Chile en 1808, pero su mala gestión y enfrentamiento con otros
poderes locales provocó un levantamiento social que llevó a su destitución el
16 de julio de 1810, siendo sustituido por Mateo del Toro y Zambrano, un
destacado miembro de la aristocracia local.
El 18 de septiembre de 1810 se estableció por los criollos chilenos la Primera Junta de Gobierno, que desplazó del poder a los funcionarios españoles, a pesar de que formalmente aún mantenía lealtad hacia el rey cautivo, Fernando VII. Esta junta, liderada por figuras como Mateo de Toro y Zambrano y Juan Martínez de Rozas, buscaba establecer un gobierno autónomo frente al control español.
Se inició
así una dinámica política en la que iban ganando terreno los partidarios de una
ruptura completa con España y que culminaría con el enfrentamiento de tropas
realistas y patriotas en la Plaza de Armas de Santiago, el 1° de abril de 1811,
el llamado Motín de Figueroa, primer hecho de armas de la guerra de
independencia de este país.
El 4 de
septiembre de 1811 el líder criollo radical, José Miguel Carrera, lideró un
golpe de Estado con el fin de convocar a un congreso que proclamará la
independencia y rompiera vínculos con España, que ahonda el proceso
independentista y alarma al virrey del Perú, que envía tropas realistas a
Chile. El gobierno entrega el mando del ejército de Carrera a Bernardo
O'Higgins.
En los
siguientes años se dan varios enfrentamientos, como las batallas de Cancha
Rayada (29 de marzo de 1814) y las 3 Acequias (26 de agosto de 1814). Luego de
varios enfrentamientos armados, en mayo de 1814, patriotas y realistas firmaron
el Tratado de Lircay, según el cual el Virreinato del Perú dejaría de
intervenir en Chile, a cambio de que el gobierno patriota reconociera lealtad a
Fernando VII y enviara representantes a las Cortes de Cádiz, que habían
sancionado la Constitución española de 1812.
Pero finalmente los patriotas comandados por O’Higgins son derrotados por tropas realistas al mando de Mariano Osorio, en la batalla de Rancagua, el 1 y 2 de octubre de 1814. A raíz de la derrota de Rancagua, con los realistas bajo el liderazgo de Osorio, gran parte de los patriotas se ven obligados a buscar refugio al otro lado de la cordillera, en Mendoza y San Juan, mientras los realistas ocupan Santiago y restauran el poder colonial. Durante la reconquista realista, se restableció el pleno domino español, por lo que las libertades conquistadas desde 1810 fueron suprimidas.
Mientras
grupos comandados por Manuel Rodríguez Erdoíza y José Miguel Neira llevaban a
cabo una guerra de guerrillas contra las fuerzas realistas, los refugiados
chilenos se unían al Ejército de los Andes, que estaba organizando el general
argentino José de San Martín y cuyo objetivo era liberar a Chile y Perú. Los
chilenos irían comandados por el general Bernardo O’Higgins. En total, lograron
reclutar aproximadamente 5.000 hombres. En enero de 1817, las tropas se
dirigieron a Chile llevando a cabo el Cruce de los Andes, el cual fue culminado
con éxito 8 de febrero en el poblado de Curimón.
El 12 de
febrero de 1817 el Ejército Libertador de los Andes, liderado por O’Higgins y
San Martín, se enfrentó y derrotó a las tropas realistas conformada por 2.000
hombres bajo el mando del brigadier Rafael Maroto, en la Batalla de Chacabuco. El
14 de febrero, San Martín y O'Higgins entraron a Santiago, donde fueron
recibidos triunfalmente. Los habitantes habían decidido unánimemente nombrar a
San Martín como en nuevo Director Supremo del Estado de Chile, pero éste
rechazo y recomendó a O'Higgins para el cargo, lo que fue aceptado.
Tras la histórica victoria patriota en Chacabuco en
1817, liderada por Bernardo O'Higgins y José de San Martín, se logró la
independencia de facto de Chile. Sin embargo, las fuerzas realistas no se
rindieron fácilmente y la lucha continuó durante varios años más.
-El 1 de
enero de 1818, se proclamó por primera vez oralmente la voluntad de
Independencia en la ciudad de Concepción, sin embargo, no hay registros de un
Acta formal. El 12 de febrero de 1818, se produce la firma y juramento
definitivo del Acta de Declaración de Independencia, formalizando la ruptura de
la dependencia colonial respecto de España.
EL 5 de abril de 1818 en los Cerrillos del Maipo (batalla de Maipú), en las cercanías de Santiago, el Ejército Unido Libertador comandado por el general San Martín y O'Higgins logró derrotar definitivamente al Ejército Real de Chile: comandado por el general Osorio, defendía la continuidad del Imperio español en América. Esto tenía como objetivo expulsar a las tropas realistas del territorio y consolidar la liberación.
San Martín y
O'Higgins coincidían en que el peligro continuaría mientras el Virreinato del
Perú existiera. Es por eso que San Martín junto al marino británico Lord Thomas
Cochrane emprende la Expedición Libertadora del Perú en 1820.
Tras la
independencia, se inició el proceso de construcción de un nuevo Estado y la
redacción de una Constitución que estableciera las bases del gobierno
republicano. O'Higgins, como Director Supremo, implementó reformas para
fortalecer la administración y la economía, pero su gobierno fue marcado por la
inestabilidad política y la oposición de algunos sectores de la sociedad. En
1823, O'Higgins renunció al cargo y se exilió en Perú. Su partida marcó el fin
de una etapa en la historia de Chile,
pero también abrió el camino para un nuevo periodo de construcción nacional
La principal consecuencia que tuvo el proceso independentista de Chile fue la independencia de región chilena y por lo tanto el nacimiento de una nueva nación que recibió el nombre de Chile.
Independencia del Perú:
La Independencia del Perú fue un proceso histórico que tuvo lugar en el siglo XIX y que culminó con la emancipación del país respecto al dominio español, que marcó un hito en la historia de Perú y de América Latina, y sentó las bases para la conformación de la República del Perú. Dada su condición de bastión militar del realismo en Sudamérica, la independencia peruana demandó la confluencia de las dos grandes corrientes libertadoras del continente, combinada con un decisivo y constante respaldo de los patriotas locales.
En la etapa
de la Preindependencia, que abarcó desde finales del siglo XVIII hasta
principios del siglo XIX, surgieron los primeros movimientos que buscaban la
autonomía y la independencia del Perú respecto al dominio español. Entre los
acontecimientos más destacados de esta etapa se encuentran la revolución de
Túpac Amaru II en 1780 y la revolución de los comuneros en 1781.
Revolución
de Túpac Amaru II (1780-1783). Esta etapa se caracterizó por la rebelión
liderada por José Gabriel Condorcanqui, conocido como Túpac Amaru II. Su
levantamiento buscaba la abolición de la esclavitud y la igualdad de derechos
para los indígenas peruanos. Aunque esta revolución fue sofocada por las
autoridades coloniales, sentó las bases para futuras luchas por la
independencia.
Revolución
de los Comuneros (1812-1815). En esta etapa, los comuneros peruanos se alzaron
contra el dominio español en diferentes regiones del país. Liderados por
figuras como José Manuel Ubalde y Mateo Pumacahua, los comuneros buscaban la
independencia y la construcción de un gobierno propio. Sin embargo, la
revolución fue aplastada por las fuerzas coloniales.
En 1811, se
levantó en armas la provincia de Huánuco, liderada por José Gabriel Cisneros,
quien proclamó la independencia y estableció un gobierno provisional. Este
levantamiento, que contó con el apoyo de otras provincias de la región,
representó el inicio de una serie de conflictos armados que se extendieron por
gran parte del territorio peruano. Posteriormente, en 1812, se produjo un
levantamiento similar en la provincia de Tacna, donde se proclamó la
independencia y se estableció un gobierno autónomo. En 1813, se produjo un
levantamiento en la provincia de Cusco, liderado por Mariano Salinas, que
también proclamó la independencia y estableció un gobierno autónomo. Estos
movimientos, aunque no lograron establecer un gobierno estable, demostraron la
creciente desarticulación del poder colonial y la determinación de los criollos
de luchar por su independencia.
Campaña de la Sierra y la Selva (1814-1820). Esta etapa se caracterizó por la resistencia de los patriotas peruanos en la sierra y la selva del país. Liderados por figuras como Francisco de Zela, Mateo Pumacahua y Andrés Rázuri, los patriotas enfrentaron a las fuerzas realistas y lograron importantes victorias en la lucha por la independencia. La represión española, que se hizo aún más brutal tras estos levantamientos, contribuyó a radicalizar la lucha y a aumentar el número de partidarios de la independencia.
Expedición
Libertadora del Perú (1820-1824). Era necesario que desde Chile se enviara una
expedición por mar con un ejército capaz de adentrarse en pleno territorio
peruano y conquistar el principal enclave que tenía el Rey de España en América
del Sur. La Expedición Libertadora del Perú fue una fuerza militar naval y
terrestre creada en 1820 por el gobierno de Chile con el objetivo de
desarrollar el plan del libertador rioplatense José de San Martín para lograr
la independencia del Perú y de esta manera consolidar la independencia del
resto de países de América del Sur. La escuadra estaba compuesta por 25 naves
(mayormente chilenas), de las cuales 8 eran buques de guerra y 17 de
transporte. Todos izaron en su mástil la bandera de Chile. El mando de la
escuadra recayó en el vicealmirante lord Thomas Alexander Cochrane británico al
servicio de Chile. El ejército constaba de 4642 hombres: aproximadamente 4000
chilenos y 600 argentinos. El General en Jefe del Ejército era el general José
de San Martín, quien ostentaba el grado de capitán general del Ejército de
Chile. El 20 de agosto de 1820, zarpó a la mar una poderosa fuerza naval de 25
navíos con 6.030 almas a bordo desde Valparaiso, rumbo al Perú. Finalmente, en
la mañana del 8 de septiembre de 1820, el Ejército Expedicionario desembarcó en
la playa de Paracas, localidad cercana a la ciudad de Pisco.
Del puerto
de Pisco pasó a Huaura, y desde allí se dirigió a Lima, de la que los realistas
se retiraron sin ofrecer resistencia. San Martín entra en Lima el 12 julio de
1821.
El 28 de julio de 1821, San Martín proclamó oficialmente la Independencia del Perú y es nombrado Protector del Perú. Los realistas, al mando del virrey de la Serna, se refugiaron en las sierras peruanas, de donde varias expediciones enviadas por San Martín no lograron desalojarlos.
En julio de
1822 San Martin se entrevistó con Bolívar en Guayaquil para discutir la manera
más conveniente de finalizar la guerra contra los realistas. Como no pudo
alcanzar ningún acuerdo, San Martín decidió renunciar al cargo de Protector del
Perú y retirarse de la vida política.
El 9 de diciembre de 1824 se enfrentaron en la batalla de Ayacucho, las tropas libertadoras al mando del general Antonio José de Sucre, lugarteniente de Bolivar, y los realistas al mando de José de De la Serna, siendo derrotadas estas últimas. La victoria patriota significó el fin del Virreinato del Perú y la consolidación de la independencia proclamada por San Martín en 1821. Los últimos reductos de la resistencia realista capitularon formalmente con la caída de las fortalezas del Callao en enero de 1826.
Independencia
de Uruguay:
La
independencia de Uruguay fue un proceso histórico que se llevó a cabo a
principios del siglo XIX y que marcó el surgimiento de un nuevo país en América
del Sur. Durante muchos años, Uruguay fue parte del Virreinato del Río de la
Plata, pero a medida que crecían los movimientos independentistas en la región,
surgió la necesidad de definir su propio destino.
El camino hacia la independencia de Uruguay no fue fácil y estuvo influenciado por una serie de factores internos y externos. Durante el periodo colonial, el territorio uruguayo fue parte del Virreinato del Río de la Plata, un dominio español que, a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX, comenzó a ver signos de descontento por parte de sus colonos.
La
Revolución Oriental (1811). El 28 de febrero de 1811, en el actual departamento
de Soriano, a orillas del arroyo Asencio, un grupo de orientales se levantó en
rechazo a las órdenes de Montevideo españolista. Desde la capital se exigía a
la campaña el sustento de los ejércitos que luchaban contra la revolución
instalada en Buenos Aires. En la campaña la opinión general apoyaba a Buenos
Aires. Por eso el descontento con Montevideo fue cada vez mayor hasta estallar
en la movilización que dio inicio a la Revolución oriental. Se considera el
primer gran acontecimiento a favor de la independencia de Uruguay. Este
levantamiento fue liderado por José Gervasio Artigas, uno de los principales
exponentes de la lucha por la independencia de Uruguay. Artigas buscó emancipar
no solo a Uruguay, sino también a las provincias del Río de la Plata,
unificando esfuerzos por la libertad y la justicia social. En 1815 José
Gervasio Artigas venció a las fuerzas centralistas, tomó Montevideo y organizó
un gobierno federalista en Santa Fe. Resistió hasta 1820, año en que sus tropas
fueron vencidas por las portuguesas, deseosas de hacerse con el control de la
Banda Oriental.
La Anexión a
Brasil: Provincia Cisplatina (1821). A pesar del impulso inicial de la
Revolución Oriental, la lucha se tornó complicada debido a la intervención de
Brasil. El 31 de julio de 1821 la Provincia Oriental del Río de la Plata y la
Banda Oriental es anexada a Brasil por Portugal y pasa a llamarse Provincia
Cisplatina y posteriormente pasó a integrar el Imperio del Brasil.
Este cambio de dominio representó un giro inesperado para los uruguayos que ya habían luchado por su independencia. La anexión por parte de Brasil fue vista por muchos como una traición a la lucha independentista. Artigas, que se había convertido en el líder del movimiento independentista, se encontró despojado de su poder y obligado a refugiarse en el exilio.
La Guerra
del Brasil (1825-1828) se desató como una reacción a la anexión de la Provincia
Cisplatina.
Los “Treinta
y Tres Orientales” (1825). Un grupo de patriotas uruguayos, liderados por Juan
Antonio Lavalleja, se organizó en 1825 para movilizar un ejército y luchar por
la independencia. El 19 de abril de 1825, desembarcaron en la playa de la
Agraciada. Este periodo de conflicto se caracterizó por la unión de fuerzas de
diferentes sectores de la población que se unieron bajo un mismo objetivo:
restablecer la libertad de Uruguay. El apoyo de las Provincias Unidas fue
crucial para el avance de las tropas patriotas. Las victorias de los orientales
en batallas como la de Rincón de las Gallinas y Sarandí demostraron la fuerza
de su resistencia y la determinación de alcanzar la independencia.
Finalmente, la lucha por la independencia culminó con la proclamación de independencia el 25 de agosto de 1825. Este evento marcó un hito en la historia uruguaya, cuando los líderes del movimiento patriota, después de varios años de conflicto y resistencia, lograron establecer un nuevo Estado nacional. Este día marca el nacimiento de la República Oriental del Uruguay, una nación libre e independiente.
LA GUERRA DEL
BRASIL
La guerra
del Brasil o guerra argentino-brasileña o guerra rioplatense-brasilera (Guerra
da Cisplatina en portugués) fue un conflicto armado entre las Provincias Unidas
del Río de la Plata y el Imperio del Brasil por la posesión de los territorios
que corresponden a la actual República Oriental del Uruguay y parte del actual
estado brasileño de Río Grande del Sur y que tuvo lugar entre 1825 y 1828.
En 1816, numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve comenzaron la invasión luso-brasileña de la Provincia Oriental —anteriormente llamada la Banda Oriental— y de la casi totalidad de Misiones, realizando también incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos. En 1821 la Provincia Oriental, tras ser derrotado José Gervasio Artigas el año anterior en la Batalla de Tacuarembó, fue anexada al Brasil con el nombre de Provincia Cisplatina. Brasil controlaba Montevideo, Maldonado y Colonia y, muy pronto, su flota bloqueó el Río de la Plata.
El 10 de
diciembre de 1825 el Imperio del Brasil declaró la guerra a las entonces
Provincias Unidas del Río de la Plata y, días después, el 22 de diciembre,
procedió al bloqueo del puerto de Buenos Aires -una de la fuente de ingresos
económicos más significativa para el país-, que con avances y retrocesos,
continuó hasta el final de la contienda.
Cinco años
después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales
y de otras provincias, llamado los Treinta y Tres Orientales y liderado por
Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los
ocupantes brasileños. Con la posterior ayuda de Fructuoso Rivera, en pocos
meses logró retirar al ejército brasileño y el 25 de agosto, en el Congreso de
Florida, declaró la independencia de la Provincia Oriental del Brasil y su
unificación con las demás provincias que conformaban las Provincias Unidas del
Río de la Plata o Argentina. Brasil declaró la guerra a Argentina.
Los 33
orientales lograron la participación de casi todos los habitantes del Uruguay,
llegando sus tropas pocos días después a Montevideo, iniciando el sitio de la
ciudad desde el Cerrito.
La batalla
del Rincón, del Rincón de las Gallinas o del Rincón de Haedo (24 de septiembre
de 1825) fue el primer encuentro militar entre las tropas revolucionarias
comandadas por Fructuoso Rivera y las tropas de origen portugués fieles al
Imperio del Brasil del comandante João Propício Mena Barreto, siendo vencedor
Rivera y los revolucionarios.
La batalla de Sarandí fue un enfrentamiento militar producido el 12 de octubre de 1825 dentro del contexto de la llamada Cruzada Libertadora entre las milicias independentistas orientales y las tropas del Imperio del Brasil, con victoria de las primeras.
La Batalla
de Ituzaingó o Batalla del Paso de Rosario (en portugués: Batalha do Passo do
Rosário)[7] fue un enfrentamiento ocurrido el 20 de febrero de 1827, que se
desarrolló en lo que actualmente es el centro-oeste del estado de Río Grande
del Sur[8] y durante el transcurso de la Guerra del Brasil, en el que las
tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata vencieron a las tropas del
Imperio del Brasil. Fue una victoria táctica del ejército republicano que
contribuyó a la Convención Preliminar de Paz que se firmó en 1828 y que culminó
con el reconocimiento del Estado Oriental (hoy Uruguay) como estado,
independiente.
El general
Fructuoso Rivera conquistó las Misiones Orientales para las Provincias Unidas
del Río de la Plata en una rápida campaña durante el año 1828,
Sitio de
Montevideo (1825-1828): sitio por los orientales y argentinos contra la ciudad
ocupada por Brasil. Mediante la Convención Preliminar de Paz (1828), la ciudad
pasa a ser la capital del independiente Estado Oriental del Uruguay.
El conflicto continuó hasta el 27 de agosto de 1828, cuando los representantes del gobierno de la provincia de Buenos Aires, en nombre de la República de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y los del Emperador del Brasil, Pedro I, firmaron la Convención Preliminar de Paz de 1828, que acordó la independencia de la Provincia Oriental o Cisplatina, con el nombre de Estado Oriental del Uruguay, y el cese de las hostilidades.
LA GUERRA DE
INDEPENDENCIA DE GRECIA
La Guerra de Independencia griega, también conocida como la Revolución griega o la Revolución griega de 1821, fue una exitosa guerra de independencia de los revolucionarios griegos contra el Imperio Otomano entre 1821 y 1829. Los griegos fueron posteriormente asistidos por el Imperio Británico, Reino de Francia., y el Imperio ruso, mientras que los otomanos fueron ayudados por sus vasallos del norte de África, en particular el eyalet de Egipto. La guerra condujo a la formación de la Grecia moderna.
Grecia, con la excepción de las islas Jónicas, quedó bajo el dominio otomano en el siglo XV, en las décadas anteriores y posteriores a la caída de Constantinopla. A comienzos del siglo XIX, el Imperio Otomano todavía mantenía el control directo sobre los Balcanes; aunque algunos territorios contaban con regímenes autónomos pese al estar dentro del Imperio (véase como ejemplos Moldavia y Valaquia). Las estructuras socioeconómicas estaban muy desfasadas y militarmente había problemas graves que influían en la política (especialmente con los jenízaros, las fuerzas de élite imperiales que se mostraban reacios a cualquier cambio estructural que implicara perder sus privilegios). Así pues, Selim III (1789-1807), Mustafa IV (1807-1808) y Mahmûd II (1808-1839) iniciarían paulatinamente un programa completo de reformas.
Los turcos aplastaron una primera sublevación, dirigida por Alejandro Ypsilantis, patriota griego, príncipe griego de Constantinopla y general del ejército ruso, líder de la Filiki Etaireia, una organización secreta que coordinó el inicio de la Guerra de Independencia griega, que cruzó el río Prut hacia Moldavia el 22 de febrero de 1821 y llamó a los griegos a las armas. Su campaña fracasó, pero fue la chispa de la guerra de independencia griega. Pero la siguiente, iniciada por Germanos, arzobispo de Patras, en el monasterio de Aghia Lavra (situado en el Peloponeso) el 25 de marzo de 1821, no tardó en triunfar. Además de su rol espiritual como arzobispo, su influencia se extendió más allá de las fronteras de la Iglesia, contribuyendo de manera significativa al renacimiento y la organización del nuevo Estado griego después de la independencia.
La masacre
de Quíos de 1822 fue quizás la peor atrocidad llevada a cabo por los otomanos
en contra de los griegos durante la Guerra de Independencia griega. Aproximadamente
tres cuartas partes de la población de 120.000 murieron después de que miles de
tropas turcas desembarcaron en la isla del este del Egeo para sofocar una
rebelión contra el dominio otomano.
La guerra se caracterizó por una serie de batallas sangrientas y heroicas, en las que los griegos, a pesar de estar en inferioridad numérica y armamentística, lucharon con valentía y determinación. Entre los líderes más importantes de la guerra se encuentran Theodoros Kolokotronis, un general de origen campesino, y Alexandros Mavrokordatos, un estadista y diplomático. Kolokotronis, con su experiencia militar y su conocimiento del terreno, dirigió la lucha en el Peloponeso, mientras que Mavrokordatos, con su habilidad política y diplomática, buscó el apoyo internacional para la causa griega.
Los turcos
respondieron a esta insurrección ahorcando al patriarca de Constantinopla,
Georgios, y aplastaron a los rebeldes en Tesalia, Macedonia y el monte Athos;
no obstante, los griegos contaban con la ventaja de su superioridad naval, por
lo que la rebelión continuó, aunque con graves conflictos dentro de sus propias
filas. En 1822, ya existían dos gobiernos griegos, uno en el continente y otro
en la isla de Hidra; de forma que, en 1824, los rebeldes luchaban entre sí,
además de combatir a los turcos.
El sultán
otomano llamó a su vasallo Muhammad Ali de Egipto, quien acordó enviar a su
hijo Ibrahim Pasha a Grecia con un ejército para reprimir la revuelta a cambio
de ganancias territoriales. Ibrahim desembarcó en el Peloponeso en febrero de
1825 y puso la mayor parte de la península bajo control egipcio a finales de
ese año. La ciudad de Missolonghi cayó en abril de 1826 después de un asedio de
un año por parte de los turcos. A pesar de una invasión fallida de Mani, Atenas
también cayó y la revolución parecía casi perdida.
En ese momento, las tres grandes potencias (Rusia, Gran Bretaña y Francia) decidieron intervenir y enviaron sus escuadrones navales a Grecia en 1827. Tras la noticia de que la flota combinada otomano-egipcia iba a atacar la isla de Hydra, los aliados europeos Las flotas interceptaron a la marina otomana en Navarino (20 de octubre de 1827). Después de un tenso enfrentamiento de una semana, la Batalla de Navarino condujo a la destrucción de la flota otomano-egipcia y cambió el rumbo a favor de los revolucionarios. Esta victoria decisiva marcó un punto de inflexión en la guerra, debilitando al Imperio Otomano y allanando el camino para la independencia griega. Los combates entre griegos y otomanos continuaron, pero estos perdieron el apoyo logístico de la Armada.
En 1828, el ejército egipcio se retiró bajo la presión de una fuerza expedicionaria francesa. Las guarniciones otomanas en el Peloponeso se rindieron y los revolucionarios griegos procedieron a retomar el centro de Grecia. Rusia invadió el Imperio Otomano y lo obligó a aceptar la autonomía griega en el Tratado de Adrianópolis (1829). Después de nueve años de guerra, Grecia fue finalmente reconocida como un estado independiente bajo el Protocolo de Londres de febrero de 1830. Negociaciones adicionales en 1832 llevaron a la Conferencia de Londres y al Tratado de Constantinopla; estos definieron las fronteras finales del nuevo estado y establecieron al príncipe Otto de Baviera como el primer rey de Grecia.
LA GUERRA ANGLO-AMERICANA DE 1812
La Guerra de 1812 enfrentó a los Estados Unidos de América y a Gran Bretaña y sus colonias canadienses. Pese a que en inglés se suele hacer referencia a ella como “War of 1812”, en español la conocemos por la guerra anglo-estadounidense, Guerra Anglo-Americana de 1812, o Segunda Guerra Anglo-Americana (pues la primera fue la de la Independencia). Se desarrolló entre 1812 y 1815, e incluyó además a los aborígenes nativos de varias tribus (notablemente, el jefe Tecumseh), en el contexto de la supervivencia indígena ante la conquista del territorio por uno u otro de los demás bandos. Los enfrentamientos se dieron por tierra y por mar. La guerra tuvo lugar en momentos en que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda soportaban un gran esfuerzo de guerra contra la Francia Napoleónica. Si bien se acordaron términos de paz en el Tratado de Gante de diciembre de 1814, la guerra no terminó oficialmente hasta que el Congreso de Estados Unidos ratificó el tratado de paz el 17 de febrero de 1815.
La causa de
la guerra hay que buscar en el deseo estadounidense en defender su presumible
derecho de comercial libremente con cualquier nación, incluso en épocas de
guerra. Las guerras entre Gran Bretaña y Francia durante la época napoleónica
resultaron en un embargo británico al comercio americano con Francia, que acabó
derivando en guerra abierta.
Ese camino hacia la guerra comenzó en 1794, cuando la marina británica secuestró más de 250 mercantes americanos que se dirigían las Indias Francesas. Aunque los franceses también atacaron a los americanos, éstos entraron en cólera por la mayor cantidad de barcos perdidos a manos de Gran Bretaña, y por la costumbre de los ingleses de secuestrar también a la tripulación de los mismos. Muchos americanos, de hecho, abogaron desde ese momento por declarar la guerra a Gran Bretaña, recordando las heridas aun no cerradas de la Guerra de la Independencia. Para intentar arreglar el entuerto, el Presidente George Washington envió a Londres a John Jay, con el fin de cerrar un acuerdo que contentara a todas las partes. El Tratado de Jay, como se le llamó, previno la guerra, pero no hizo mucho por proteger los intereses norteamericanos. La facción jeffersoniana, la más intransigente con los británicos, se opuso directamente al acuerdo.
Las
tensiones angloamericanas se originaron en antiguas diferencias sobre la
expansión territorial en Norteamérica y el apoyo británico a la Confederación
de Tecumseh, que se oponía al asentamiento colonial estadounidense en el
Noroeste. En 1807, estas tensiones se intensificaron después de que la Marina
Real británica comenzara a imponer restricciones más severas al comercio
estadounidense con Francia y reclutara a la fuerza a marineros que
originalmente eran súbditos británicos, incluso a aquellos que habían adquirido
la ciudadanía estadounidense.
En alta mar,
la Marina Real británica impuso un bloqueo efectivo al comercio marítimo
estadounidense, mientras que entre 1812 y 1814, las tropas regulares británicas
y la milicia colonial repelieron una serie de invasiones estadounidenses en el
Alto Canadá.
En agosto de 1814, las tropas británicas capturaron Washington, antes de que las victorias estadounidenses en Baltimore y en Plattsburgh en septiembre pusieran fin a los combates en el norte. En el sureste de Estados Unidos, las fuerzas estadounidenses y sus aliados indígenas derrotaron a una facción antiestadounidense de los Muscogee. El Tratado de Gante se firmó en diciembre de 1814, aunque no fue hasta febrero que la noticia llegó a Estados Unidos y el tratado fue ratificado en su totalidad. Mientras tanto, las tropas estadounidenses, lideradas por Andrew Jackson, repelieron un importante ataque británico contra Nueva Orleans.
Durante los
años 1810-1812, los barcos de la armada estadounidense se dividieron en dos
escuadrones principales, con la "división norte", con base en Nueva
York, comandada por el comodoro John Rodgers, y la "división sur",
con base en Norfolk, comandada por el comodoro Stephen. Decatur.
El Ejército de los Estados Unidos era inicialmente mucho más grande que el Ejército británico en América del Norte. El Congreso era hostil a un ejército permanente y el gobierno llamó a 450.000 hombres de las milicias estatales durante la guerra.
Estados
Unidos estuvo involucrado en operaciones contra Gran Bretaña y sus aliados
nativos americanos durante más de dos años que abarcan una serie de
enfrentamientos terrestres y navales. Las principales batallas de la Guerra de
1812 fueron la Batalla de Queenston Heights, la Batalla del lago Erie, la
Batalla del Támesis, la Batalla de Horseshoe Bend y la Batalla de Nueva
Orleans.
La batalla de Queenston Heights (13 de octubre de 1812) cuando las fuerzas estadounidenses intentaron cruzar el río Niágara y establecerse en territorio canadiense, fue una de las primeras grandes batallas de la Guerra de 1812. La batalla fue una victoria decisiva para las fuerzas británicas y les ayudó a mantener el control del este de Canadá durante la guerra. Los británicos repelieron una mayor invasión estadounidense sin grandes pérdidas.
La batalla
del Lago Erie tuvo lugar el 10 de septiembre de 1813 enfrentó a una armada
estadounidense al mando de Oliver Hazard Perry que contaba con nueve
embarcaciones y 54 cañones contra una flota británica de seis barcos con 63
cañones al mando del Comodoro Robert Heriot Barclay. La batalla terminó con la
victoria estadounidense.
La batalla del Támesis fue un enfrentamiento, el día 5 de octubre de 1813 y que finalizó con una victoria decisiva de los Estados Unidos sobre Gran Bretaña.
La Batalla
del Lago Erie y la Batalla del Támesis fueron las dos principales batallas que
resultaron en que Estados Unidos cortara suministros y refuerzos para los
británicos y sus aliados nativos americanos, y condujo a la eventual derrota de
los británicos en el teatro occidental.
La Batalla de Horseshoe Bend fue un enfrentamiento que tuvo lugar el 27 de marzo de 1814 en el centro de Alabama y puso fin a la Guerra Creek. Esta batalla tuvo lugar como parte de una campaña más amplia en respuesta a la masacre de Fort Mims. Un ejército comandado por Andrew Jackson persiguió y se derrotó a los Red Sticks, un grupo de creeks que se oponían a la expansión estadounidense, en un asentamiento fortificado a lo largo del río Tallapoosa.
La última de
las grandes batallas de la Guerra de 1812 tuvo lugar después de que Estados
Unidos y Gran Bretaña firmaron un tratado de paz que puso fin efectivamente a
la guerra. Las noticias del tratado no llegaron a los combatientes de Europa
hasta después de que terminó la Batalla de Nueva Orleans, ocurrida entre el 23
de diciembre de 1814 y el 8 de enero de 1815. Durante esta batalla, una gran
fuerza de tropas británicas intentó apoderarse de la ciudad de Nueva Orleans y
obtener acceso al río Mississippi. Si bien los británicos tuvieron éxito
temprano en el desembarco y el establecimiento de una guarnición, no pudieron
avanzar contra las fuerzas estadounidenses y finalmente se vieron obligados a
retirarse. Esta batalla fue uno de los enfrentamientos más exitosos de Estados
Unidos contra los británicos durante la guerra.
El Tratado de Gante, (en inglés Treaty of Ghent) firmado el 24 de diciembre de 1814 en Gante (en Bélgica, en la actualidad), fue la paz que dio fin a la guerra anglo-estadounidense de 1812 entre los Estados Unidos y el Reino Unido. El tratado restauró en su mayor parte las relaciones entre los dos países al statu quo ante bellum.
LA GUERRA DE
TEXAS
La Guerra de Texas, también conocida como la Revolución de Texas o Guerra de la Independencia de Texas, fue un conflicto armado que tuvo lugar entre 1835 y 1836, culminando con la independencia de Texas de México. Este periodo marcó un punto de inflexión en la historia de ambos países, dejando una huella imborrable en la geopolítica de América del Norte. Las partes en conflicto fueron el gobierno de la República de México y los colonos anglosajones de la provincia de Texas, perteneciente jurídicamente por aquel entonces al estado mexicano de Coahuila y Texas. La Revolución de Texas en el para entonces estado mexicano de Texas, que concluyó con el Tratado de Velazco y la creación de la República de Texas, una nación independiente que existió entre 1836 y 1845 cuando fue anexada a los Estados Unidos.
La provincia de Texas pertenecía jurídicamente al estado mexicano de Coahuila y Texas antes de la revuelta de 1835. Texas era un estado escasamente poblado. Una importante colonia de estadounidenses angloparlantes se encontraba asentada en el territorio gracias a un proyecto diseñado en 1819 por Moses Austin, un banquero estadounidense originario de Virginia, durante una grave depresión económica en Estados Unidos y antes de la conclusión de la Guerra de independencia de México. Para 1834 había un estimado de 30.000 angloparlantes en Texas, en contraste con los 7.800 residentes nacionales mexicanos. Los colonos, muchos de los cuales eran inmigrantes de Estados Unidos, buscaban mayores libertades políticas y económicas.
La guerra
por la independencia de Texas se inició tras la derogación de la Constitución
mexicana de 1824, de carácter federal, y la instauración de un sistema político
centralista. El gobierno mexicano, bajo el liderazgo de Antonio López de Santa
Anna, adoptó una política centralista que limitaba la autonomía de los estados,
lo que generó descontento entre los colonos. Los colonos estadounidenses que
habitaban Texas no estuvieron de acuerdo con este cambio de status, por lo que
comenzaron a deliberar para decidir que les convenía hacer. Al inicio de estas
discusiones, había discrepancias sobre el alcance que debía tener la rebelión.
Algunos solo querían que se restableciera la Constitución de 1824, mientras que
otros exigían la ruptura de los vínculos con México. Estas discrepancias se
resolvieron el 2 de marzo de 1836, cuando una convención de delegados texanos
decidió proclamar la Independencia. La emancipación de Texas no fue reconocida
por el gobierno mexicano, que envío un ejército que logró derrotar a los
rebeldes y penetrar en territorio texano.
La guerra en Texas estalló en 2 de octubre de 1835 con la Batalla de González, considerada el inicio del conflicto, que fue una escaramuza significativa donde los colonos se negaron a devolver un cañón a las autoridades mexicanas. Las fuerzas insurgentes tomaron rápidamente La Bahía y San Antonio Béjar (actual San Antonio, también conocida como Ciudad del Álamo). Sin embargo, las fuerzas mexicanas —superiores en número— asestaron varias derrotas a los texanos.
Entre el 23
de febrero y el 6 de marzo de 1836 se llevó a cabo la Batalla de El Álamo,
donde unos 1.500 soldados mexicanos arrasaron por completo unos 250 soldados
texanos atrincherados en la Misión de El Álamo, en San Antonio. Enfrentó al
ejército de México, encabezado por el presidente Antonio López de Santa Anna,
contra una milicia de secesionistas texanos, en su mayoría inmigrantes estadounidenses, dirigidos eventualmente por los comandantes
James Bowie, William Barret Travis y Davy Crockett. Consciente de que su
guarnición no podía resistir el ataque de una fuerza tan grande, Travis
escribió varias cartas pidiendo más hombres y suministros, pero solamente
llegaron menos de 100 refuerzos. Tras 13 días, el fuerte fue tomado, y todos
los defensores fueron asesinados, lo que se convirtió en un símbolo de
resistencia para los texanos. La crueldad mostrada por los mexicanos y por
Santa Anna durante la Batalla de El Álamo llevó a numerosos colonos texanos y
estadounidenses a unirse al ejército de Texas, inspirados por el deseo de
venganza.
Tras el triunfo mexicano en la batalla de El Álamo, las fuerzas texanas habían sido obligadas a replegarse continuamente, en tanto las tropas mexicanas obtenían nuevos triunfos en la batalla de Refugio (15 de marzo de 1836) y otra victoria pocos días después en la batalla de Coleto (el 20 de marzo).
La guerra concluyó abruptamente con la Batalla de San Jacinto el 21 de abril de 1836. Bajo el mando del General Samuel Houston, el ejército texano sorprendió y diezmó en medio de una siesta al ejército mexicano comandado por el general Antonio López de Santa Anna. Los texanos capturaron y obligaron al presidente Santa Anna a firmar el cese de hostilidades y a reconocer la independencia de la República de Texas mediante el Tratado de Velasco el 21 de mayo de 1836. El Congreso mexicano destituyó a Santa Anna y se negó a ratificar el Tratado de Velasco alegando que carecía del validez por haber sido firmado por el presidente de México siendo un prisionero de guerra. La independencia de Texas nunca fue legitimada por México, pero en 1848 se reconoció la secesión de Texas y su anexión a los Estados Unidos con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, al final de la Guerra de Estados Unidos y México.
LA GUERRA DE
LOS PASTELES
La primera
intervención francesa en México, también conocida como la guerra de los
Pasteles o primera guerra franco-mexicana, fue el primer conflicto bélico entre
México y Francia. Tuvo lugar del 16 de abril de 1838 al 9 de marzo de 1839. Este
curioso nombre se debe a la denuncia de varios comerciantes franceses de no
recibir el pago por sus servicios por parte de algunos oficiales mexicanos,
aunque en realidad el problema estuvo causado por la negativa de México a pagar
a Francia una indemnización que esta le exigía.
Una vez culminada la Guerra de independencia de México frente a España en 1821 se produjeron constantes pugnas internas entre las facciones que competían por el control político. En 1928 estalló un conflicto entre el entonces presidente Guadalupe Victoria y el gobernador Lorenzo de Zavala, que culminó con la victoria de Zavala y la instalación de un nuevo presidente, Vicente Guerrero. Eran frecuentes los conflictos y disturbios que solían estar acompañados de daños materiales a mexicanos o extranjeros que quedaban sin compensación. La monarquía francesa había recibido numerosos reclamos de sus ciudadanos residenciados en México. Las reclamaciones francesas no fueron atendidas satisfactoriamente por el gobierno mexicano, lo que condujo a tensiones diplomáticas.
El conflicto
se conoce como Guerra de los pasteles debido a que entre las reclamaciones de
los ciudadanos franceses se encontraba el reclamo de un pastelero francés de
nombre Remontel cuyo negocio en Tacubaya, Ciudad de México, había sido saqueado
y arruinado en 1828 (10 años antes) por oficiales mexicanos durante el gobierno
de Santa Anna. Remontel apeló al rey Luis Felipe quien reclamó al gobierno
mexicano una indemnización de 600.000 pesos (una enorme suma para la época)
como motivo de los diversos reclamos por perjuicios a nacionales franceses.
Ante la negativa del gobierno mexicano, encabezado por el presidente Anastasio Bustamante, a pagar las indemnizaciones exigidas, Francia decidió recurrir a la fuerza. En marzo de 1838, una flota francesa, al mando del contraalmirante Charles Baudin, llegó a las costas de Veracruz para presionar al gobierno mexicano.
Al no lograr
un acuerdo, las fuerzas francesas iniciaron el bloqueo de los puertos mexicanos
en abril de 1838, afectando gravemente la economía del país. Posteriormente, en
noviembre de 1838, la flota francesa bombardeó y tomó la fortaleza de San Juan
de Ulúa en Veracruz, seguida por la ocupación de la ciudad.
En este
punto, el general Antonio López de Santa Anna, quien se encontraba retirado,
regresó al escenario militar para defender Veracruz. Durante un enfrentamiento
con las tropas francesas, Santa Anna resultó herido en una pierna, la cual tuvo
que ser amputada. A pesar de la superioridad militar francesa, las fuerzas
mexicanas resistieron en varias batallas, como la Batalla de Veracruz y la
Batalla de Puebla.
La
intervención británica, a través de la mediación del cónsul Richard Pakenham,
fue crucial para poner fin al conflicto. Finalmente, el 9 de marzo de 1839, se
firmó un tratado de paz en Veracruz. México aceptó pagar una indemnización de
600 mil pesos a Francia por las reclamaciones de los ciudadanos franceses. A
cambio, Francia retiró su flota y devolvió las naves mexicanas que habían sido
apresadas.
La Guerra de los Pasteles representó la primera intervención militar de Francia en México y evidenció la fragilidad del joven estado mexicano y su incapacidad para defenderse eficazmente. Tuvo un alto costo económico para México debido al bloqueo comercial y la indemnización pagada.
LAS GUERRAS
CARLISTAS
Las guerras carlistas fueron una serie de contiendas civiles que tuvieron lugar en España a lo largo del siglo XIX. Se debieron, por un lado, a una disputa por el trono, y, por el otro, a un enfrentamiento entre principios políticos opuestos. Los carlistas, que luchaban bajo el lema de «Dios, Patria y Rey», encarnaban una oposición reaccionaria al liberalismo y defendían la monarquía tradicional, los derechos de la Iglesia y los fueros, mientras que los liberales exigían hondas reformas políticas por medio de un gobierno constitucional y parlamentario. Las guerras carlistas enfrentaron en tres oportunidades distintas a los partidarios de los pretendientes carlistas (Carlos V, Carlos VI y Carlos VII) en contra de los defensores del recién instaurado status quo liberal, democrático y parlamentario de España. El carlismo fue un movimiento político y social que defendía la monarquía tradicional frente al liberalismo. Su nombre proviene de Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey Fernando VII, que reclamó el trono cuando este murió en 1833.
Todo empezó
con una cuestión sucesoria. Fernando VII, sin hijos varones, derogó la ley que
apartaba a las mujeres del trono para que heredara su hija Isabel, de tres
años. Gracias a la promulgación de la Pragmática Sanción, un edicto emitido por
el rey de España Fernando VII el 31 de marzo de 1830, Isabel, la hija de
Fernando VII y María Cristina, pudo convertirse en la heredera legítima del
trono de España. El bando isabelino contaba con el respaldo de la alta nobleza,
los mandos del ejército, la jerarquía eclesiástica y los empleados públicos;
incluso la incipiente clase política liberal decidió unirse a este grupo, ya
que veían en la persona de Isabel II una forma de acabar con el Antiguo
Régimen.
Así pues, mientras los partidarios de Isabel apelaron a la Pragmática para legitimar su sucesión, los partidarios del hermano de Fernando VII, don Carlos María Isidro de Borbón, se ampararon en la ley sálica para validar su reclamo del trono de España. La pretensión al trono de don Carlos fue respaldada por la baja nobleza, el bajo clero de la Iglesia y pequeños propietarios rurales de la zona de Castilla, Galicia, Cataluña, País Vasco y Navarra.
Los
isabelinos contemplaban la esperanza de que las políticas empleadas por Isabel
II y su madre, la regente María Cristina, permitiesen una sana transición entre
el Antiguo Régimen y una monarquía menos centralizada, más parlamentaria y
mucho más democrática. Para los carlistas el rey tiene el poder por derecho
divino, sin limitaciones constitucionales (Monarquía absoluta). Para los
liberales o isabelinos el poder reside en la Nación, no en el rey (Soberanía nacional) y la ley fundamental que limita el poder
del monarca y reconoce derechos.
El estallido de la primera guerra carlista, el 2 de octubre de 1833, no solo polarizó a España, sino también a las grandes potencias europeas, quienes tomaron partido apoyando cada uno a su heredero al trono predilecto. Mientras las potencias europeas más occidentales, como Francia, Inglaterra y Portugal, decidieron apoyar a los isabelinos, las potencias europeas más orientales, como Austria, Prusia y Rusia, se decantaron por apoyar al bando carlista.
Primera
Guerra Carlista (1833-1840)
Comenzó con la muerte de Fernando VII y el ascenso de Isabel II (con solo 3 años) bajo la regencia de su madre María Cristina. Fue la más larga y sangrienta — en torno a 150.000 muertos, proporcionalmente una de las guerras más letales de la Europa del siglo. Los líderes carlistas fueron los generales Tomás de Zumalacárregui, Rafael Maroto, Ramón Cabrera, el «Tigre del Maestrazgo», y el propio Carlos María Isidro. Mientras los lideres liberales (isabelinos) fueron los generales Baldomero Espartero, Leopoldo O'Donnell y Ramón María Narváez. El genio militar carlista fue de Zumalacárregui, un guipuzcoano que convirtió partidas de voluntarios en un ejército capaz de humillar una y otra vez a los generales isabelinos en las montañas del norte.
El Primer
Sitio de Bilbao fue un intento de los carlistas de conquistar la ciudad de
Bilbao en 1835. Los carlistas buscaban controlar una ciudad grande para ganar
más apoyo y prestigio. Sin embargo, los defensores de Bilbao, que apoyaban a la
reina Isabel II, lograron mantener la ciudad bajo su control. La muerte de
Zumalacárregui durante el sitio fue un golpe muy duro para la moral de las
tropas carlistas.
La batalla
de Mendigorría fue una batalla que se libró el 15 de julio de 1835, durante la
primera guerra carlista. Tuvo lugar en los campos situados al sur de la
localidad navarra de Mendigorría, cuya victoria fue para el bando liberal, que
frenó el avance carlista hacia el sur.
La batalla
de Luchana que tuvio lugar durante los días 1 al 25 de diciembre de 1836, el
ejército isabelino al mando de Espartero, partiendo desde su base en
Portugalete, consiguió arrollar a las fuerzas carlistas que asediaban Bilbao
desde el 25 de octubre.
Siguieron años de desgaste, expediciones fallidas sobre Madrid y atrocidades en ambos bandos (los fusilamientos de prisioneros fueron moneda corriente), hasta que en 1839 el general carlista Maroto y el isabelino Espartero sellaron la paz en el Abrazo de Vergara: los oficiales carlistas conservarían sus grados y se prometía respetar los fueros. El Tigre del Maestrazgo, el general Cabrera, rechazó el abrazo y resistió en el este hasta 1840.
Segunda
Guerra Carlista (1846-1849)
Fue un conflicto de menor intensidad, concentrado en Cataluña y el Maestrazgo. Se le llamó «guerra dels matiners» (de los madrugadores) porque las partidas carlistas atacaban al amanecer. Fue un conflicto menor centrado en Cataluña, mezclado con el malestar agrario. Fue el intento frustrado de casar a Isabel II con un príncipe carlista, Carlos Luis de Borbón y Braganza, hijo de Carlos María Isidro, y resolver así el pleito dinástico. El descontento por la moderación del régimen liberal.
La guerra se
prolongó hasta el 26 y 27 de enero de 1849 en que ocurrió la acción del
Pastoral, en la que fue derrotado y herido Cabrera, luego desterrado, y la
guerra terminó sin grandes cambios territoriales.
Tercera Guerra Carlista (1872-1876)
La última gran rebelión. Fue la más larga después de la primera, y se produjo en el contexto de la Primera República española (1873-1874). La guerra se desencadenó por la caída de D. Baldomero Espartero del gobierno y por la proclamación de Alfonso XII como rey, hijo de Isabel II. Los carlistas, liderados por Don Carlos de Borbón y Austria-Este, pretendiente carlista al trono de España bajo el nombre de Carlos VII, y nieto del primero, vieron en la caída de Isabel II una oportunidad para restaurar la legitimidad de su candidato al trono. La guerra se desarrolló principalmente en Navarra, donde los carlistas lograron establecer un reino independiente, pero fueron derrotados en la batalla de Viguera por las fuerzas del ejército liberal. Aprovechando el caos del Sexenio—, Carlos VII, levantó un auténtico Estado carlista en el norte, con capital en Estella, universidad y hasta sellos propios.
La batalla de Oroquieta (4 de mayo de 1872) fue un enfrentamiento entre carlistas y liberales durante la tercera guerra carlista. El pretendiente carlista Carlos VII fue derrotado por el general liberal Francisco Serrano y a punto estuvo de ser capturado, teniendo que huir del país.
La batalla
de Lácar o sorpresa de Lácar fue una batalla que tuvo lugar durante la tercera
guerra carlista. Teniendo los liberales tomado el pueblo de Lácar y otras
localidades vecinas en el valle de Yerri (Navarra) la tarde del 3 de febrero de
1875 los carlistas asaltaron el pueblo por sorpresa, capitaneados por el propio
pretendiente Don Carlos.
En la batalla
de Treviño (1875) los liberales, ya con Alfonso XII como rey, comenzaron la
contraofensiva.
La segunda
batalla de Montejurra (17 de febrero de 1876), sería el enfrentamiento
definitivo de la tercera guerra carlista, entre los carlistas al mando de Torcuato
Mendiry y los alfonsinos al mando de Domingo Moriones y el general Serrano,
resultando victorioso el bando alfonsino, que puso fin a la guerra.
La derrota de Don Carlos de Borbón y la muerte de Isabel II en 1884, marcaron el fin del carlismo y la restauración de la monarquía borbónica con Alfonso XII, consolidando el poder de la monarquía y poniendo fin a las Guerras Carlistas.
LA GUERRA DE LA CONFEDERACIÓN
La Guerra de la Confederación o Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana fue el enfrentamiento bélico desatado entre 1836 y 1837 entre la Confederación Perú-boliviana, contra la coalición formada por el Ejército Restaurador del Perú, el Ejército de Chile y por la Confederación Argentina. La Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana surgió debido al descontento popular y político hacia Andrés de Santa Cruz, quien había establecido una unión entre Perú y Bolivia como Protector. Este conflicto militar enfrentó a las fuerzas confederadas comandadas por Santa Cruz con tropas peruanas y chilenas que aspiraban a disolver la alianza. Las batallas claves incluyeron Paucarpata y Yungay, donde las tropas de Santa Cruz sufrieron derrotas decisivas.
La temprana consolidación de su régimen político e institucional en relación al resto de las repúblicas hispanoamericanas, permitió a Chile alcanzar una importante primacía comercial en el continente. Esta posición comenzó a ser amagada por la unificación de Perú y Bolivia en un Estado bajo la conducción del mariscal Andrés de Santa Cruz. La Confederación Perú-Boliviana fue creada en 1836 por Andrés de Santa Cruz, un destacado líder militar boliviano, quien, tras tomar el control de Bolivia, unió a dicho país con el sur del Perú. El proyecto de Santa Cruz se basaba en la creación de un Estado federal que incluyera tanto Bolivia como el sur de Perú. Sin embargo, su proyecto fue visto con recelo por los países vecinos, especialmente Chile, que temía el poderío que podía tener esta unión, y Argentina, que también veía con desconfianza el control de Santa Cruz sobre el territorio peruano. Santa Cruz utilizó una serie de medidas políticas y militares para consolidar su poder, lo que provocó el rechazo de diversas facciones en el Perú. La Confederación Perú-Boliviana estaba compuesta por tres departamentos: La Paz, Cuzco y Arequipa, los cuales fueron incorporados a la federación bajo el control de Santa Cruz. Esto generó una grave preocupación en Chile, ya que el poder militar de Santa Cruz amenazaba el equilibrio regional, especialmente tras las Guerras de Independencia y los recientes enfrentamientos con las potencias coloniales. El ministro del Interior chileno Diego Portales, que deseaba la hegemonía de Chile en el Pacífico, vio con preocupación el nacimiento de la confederación Perú-Boliviana. La decisión de declarar la guerra a la Confederación tenía muchos enemigos, ni el mismo presidente estaba convencido, pero para Portales era razón de supervivencia de Chile.
El Ejército
Confederado Perú-Boliviano (compuesto por bolivianos y peruanos), comandado por
el Protector de la Confederación Perú-Boliviana Andrés de Santa Cruz, por un lado. El Ejército Unido Restaurador
(compuesto por chilenos y peruanos), comandado por Manuel Blanco Encalada
(1836-1837) y Manuel Bulnes (1837-1839), y, por otro lado, la Confederación
Argentina, comandada por Juan Manuel de Rosas.
La guerra
comenzó formalmente en 1836, cuando las fuerzas chilenas y peruanas se aliaron
contra la Confederación Perú-Boliviana. José de los Reyes y Ramón Freire fueron
algunos de los líderes militares destacados de Chile durante este conflicto. En
el lado de la Confederación, Santa Cruz logró algunas victorias iniciales,
consolidando aún más su control sobre los territorios del sur del Perú. Sin
embargo, la coalición de Chile y Perú no tardó en reagruparse y emprender una
ofensiva.
La batalla
más importante de la guerra fue la batalla de Yungay (20 de enero de 1839), en
la que las fuerzas de la Confederación Perú-Boliviana fueron derrotadas de
manera decisiva. Esta contienda puso fin a la breve pero conflictiva alianza
entre Perú y Bolivia que había sido establecida por Andrés de Santa Cruz. El 20
de enero de 1839, las tropas restauradoras asaltaron las posiciones
confederadas desde los cerros Pan de Azúcar y Punyán. A medida que el combate
se intensificaba, Bulnes y Castilla tomaron decisiones estratégicas decisivas
que influyeron en la derrota del Ejército Confederado.
La victoria del Ejército Restaurador significó el fin definitivo de la Confederación Perú-Boliviana y sentó las bases para un nuevo orden político en la región. Como resultado directo, Santa Cruz abandonó sus ambiciones políticas y militares, mientras que Bulnes consolidaba su posición como héroe nacional en Chile. La batalla marcó un punto de inflexión decisivo no solo en los conflictos regionales sino también en el equilibrio del poder político y militar en Sudamérica durante la primera mitad del siglo XIX.
LAS GUERRAS DEL OPIO
Las guerras del Opio o Guerras anglo-chinas fueron un conflicto bélico que enfrentó a China (Qing) y Reino Unido de Gran Bretaña. Primero entre 1839 y 1842 y, más tarde, entre 1856 y 1860. Estas guerras se originaron a raíz de la disputa comercial entre ambas potencias y el control del comercio del opio en China. China estaba intentando prohibir el consumo de drogas, particularmente del destructivo opio que generaba fuertes adicciones entre su población con las graves consecuencias sociales y económicas mientras que Gran Bretaña contrabandeaba el opio procedente de la India británica y lo introducía en China. Las Guerras del Opio constituyen uno de los episodios más decisivos y traumáticos de la historia moderna de China y de las relaciones internacionales del siglo XIX. Estos conflictos, ocurridos entre China y potencias occidentales —principalmente el Reino Unido— no fueron simples enfrentamientos militares, sino expresiones profundas del choque entre dos modelos civilizatorios, económicos y políticos radicalmente distintos: el imperio chino tradicional y las potencias industriales europeas. Estas guerras no solo marcaron un periodo de crisis para China, sino que también fueron un reflejo del surgimiento del imperialismo occidental y sus consecuencias en el ámbito global. Las repercusiones de estos eventos aún son estudiadas para entender el impacto a largo plazo en las relaciones entre Oriente y Occidente. Las Guerras del Opio marcaron el inicio del llamado “Siglo de la Humillación” china, un período caracterizado por la pérdida de soberanía, la imposición de tratados desiguales y la apertura forzada al comercio extranjero.
Los antecedentes de esta guerra hay que buscarlos en las rutas comerciales abiertas entre China y Occidente siglos antes. Con el paso del tiempo y con las tendencias aislacionistas de los emperadores chinos, la balanza comercial empezó a perjudicar mucho a los europeos. Una de las principales causas de las Guerras del Opio fue el desequilibrio en el comercio entre China y Reino Unido. Mientras que China exportaba grandes cantidades de seda, porcelana y té, el Reino Unido tenía una demanda cada vez mayor de productos chinos. Sin embargo, China se negaba a abrir sus puertas al comercio exterior y limitaba las importaciones, lo que generaba un déficit comercial para el Reino Unido.
Las
principales causas de las Guerras del Opio están relacionadas con el
desequilibrio comercial entre China y los países occidentales. El comercio de
opio, que era ilegal en China, se convirtió en una fuente de ingresos
significativa para los comerciantes británicos, quienes contrabandeaban grandes
cantidades de opio desde la India británica hacia China. Ante la creciente
adicción y los problemas sociales que esto generaba, el gobierno chino intentó
frenar el comercio de opio, confiscando y destruyendo grandes cantidades de
esta droga.
La sustancia,
el opio, que se solía fumar mezclada con tabaco, no era desconocida en China,
ya que se cultivaba allí desde el siglo XV. Ante el aumento del consumo que se
estaba produciendo, ya en 1729 el emperador Yongzheng prohibió su comercio.
Esto no sentó nada bien a los británicos, ya que las ganancias generadas eran
de un 400 %. A pesar de esa
prohibición, la droga continuó introduciéndose en el país, aunque fuera de
forma ilegal por el contrabando auspiciado por los ingleses.
1839: La
Prohibición del Opio
En marzo de 1839, Lin Zexu, un funcionario imperial, fue nombrado para abordar el problema del opio. Su enfoque en erradicar la adicción llevó a la confiscación de más de 1,000 toneladas de opio en Cantón. La respuesta británica ante esta prohibición fue vehemente, pues el comercio del opio era una importante fuente de ingresos para Gran Bretaña.
Primera
Guerra del Opio:
La tensión creciente entre China y Gran Bretaña resultó en el estallido de la primera guerra del opio en 1839. Las causas de las Guerras del Opio se vincularon al deseo británico de mantener el lucrativo comercio del opio con China, incluso ante los intentos chinos de prohibir la droga.Este conflicto se debió, en gran parte, a las repercusiones de la prohibición y a la insistencia británica en continuar el comercio del opio. Las hostilidades iniciaron en junio de 1839, cuando Gran Bretaña decidió enviar fuerzas militares a la región, marcando el comienzo de una guerra que se extendería por tres años. Las tropas británicas, mejor armadas y entrenadas, lograron varias victorias, capturando ciudades costeras y bien defendidas, así como el importante puerto de Cantón. En 1842, tras una serie de derrotas chinas, el conflicto culminó con la firma del Tratado de Nankín.
El Tratado
de Nankín, firmado en 1842, representó un punto de inflexión en las relaciones
anglo-chinas. Este acuerdo tuvo múltiples consecuencias que impactarían la historia de China. Gran Bretaña obtuvo la
cesión de Hong Kong, dándole un control estratégico sobre el comercio en la
región. El tratado obligó a China a abrir cinco puertos al comercio británico,
eliminando tarifas aduaneras y permitiendo el libre comercio, incluyendo el
opio. Se impuso una indemnización monetaria significativa a China, afectando
aún más su economía y autoridad política.
Segunda
Guerra del Opio:
La segunda
guerra tuvo su inicio en 1856 y acabó en 1860, siendo más global al intervenir
otras naciones como Francia. A pesar de los términos impuestos por el Tratado
de Nankín, las tensiones entre China y las potencias occidentales continuaron
aumentando, lo que eventualmente llevó a la segunda guerra del opio. El
sentimiento de humillación de China dio lugar a varias escaramuzas; sin
embargo, el estallido de la llamada Segunda Guerra del Opio tuvo una excusa
bastante débil. Un terrible incidente con un barco registrado en Hong Kong
provocó que los británicos volvieran a declarar la guerra. El barco fue
abordado por funcionarios chinos y doce tripulantes (también chinos) fueron
arrestados por piratería y contrabando. Los británicos decidieron atacar varias
posiciones en el país asiático. Los franceses pronto se unieron a ellos,
alegando el asesinato de un misionero en la región como justificación. El
conflicto estalló nuevamente en 1856, impulsado por motivos como disputas
comerciales y la insistencia británica en seguir comercializando el opio. La
alianza anglo-francesa se formó en este periodo, motivada por la búsqueda de
mayores concesiones y la expansión territorial en China. Las fuerzas británicas
y francesas lograron entrar a Beijing, causando una devastación significativa
en la capital china.
El Tratado de Tientsin de 1856 resultó en concesiones aún más amplias para las potencias occidentales y consolidó el comercio del opio en China.
LA UNIFICACIÓN
ITALIANA
La unificación de Italia (Risorgimento) fue el proceso mediante el que los distintos Estados que existían en la península italiana acabaron formando un solo país. Tuvo lugar durante el siglo XIX, en un contexto histórico marcado por la aparición del Romanticismo y el nacionalismo, corrientes ideológicas que defendían el concepto de Estado-nación. Durante siglos, la península itálica estuvo fragmentada en diversos estados y territorios, gobernados por distintas dinastías y potencias extranjeras. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, se dio un movimiento de unificación que buscaba consolidar un único Estado italiano, con un gobierno centralizado y soberano.
La
unificación italiana fue un proceso complejo que se desarrolló en varias
etapas. En primer lugar, se caracterizó por una serie de movimientos
revolucionarios y guerras de independencia que tuvieron lugar en distintas
partes de Italia. Estas luchas estaban motivadas por el deseo de liberarse del
dominio extranjero y de establecer un Estado italiano unificado.
Posteriormente, se sucedieron una serie de negociaciones políticas y acuerdos
diplomáticos que permitieron la unificación de los distintos territorios
italianos bajo un único gobierno. Gracias a estos esfuerzos, en 1861 se
proclamó el Reino de Italia, con Víctor Manuel II como rey.
Desde la caída del Imperio romano, Italia estuvo dividida entre distintas naciones. Algunas tuvieron momentos de gran esplendor, como la República de Venecia o la de Génova, pero siempre como países independientes. Al comenzar el proceso de unificación, en el siglo XIX, el Congreso de Viena había dividido la península itálica en siete Estados.
La
unificación, conocida en Italia como el Resurgimiento (Risorgimento en
italiano), cobró impulso cuando el conde de Cavour, ministro del Reino de
Cerdeña, convenció al emperador francés Napoleón III de que ayudara a crear un
solo Estado en la península. Este accedió, principalmente porque era una manera
de debilitar al Imperio austriaco.
El resultado
de este proceso fue la creación del Reino de Italia. Además del conde de
Cavour, otros personajes destacaron por sus actuaciones, como el rey Víctor
Manuel II, Giusseppe Garibaldi y Giuseppe Mazzini.
Con el paso
del tiempo, algunos de esos Estados fueron gobernados por dinastías
consideradas extranjeras, como los Borbones y los Habsburgo. La caída de
Napoleón llevó a que las potencias europeas rediseñaran el mapa de Europa,
quedando Italia dividida en diversos Estados:
Piamonte-Cerdeña
(monarquía liberal. capital Turín).
Toscana,
Parma y Módena (Estados aliados de Austria).
Estados
Pontificios (en poder del papado).
Reino
Lombardo-Véneto (parte del Imperio austriaco).
Reino de
Nápoles y las Dos Sicilias (monarquía absoluta).
El resentimiento contra la ocupación napoleónica y el posterior retorno al imperio austríaco caló entre una parte de los intelectuales del norte itálico, principalmente lombardos y piamonteses. Alimentados también por el movimiento romántico y el recuerdo lejano del Imperio Romano, soñaban con materializar esas aspiraciones en una nueva Italia unida, heredera de las glorias del pasado. Contra todo pronóstico y jugando hábilmente sus cartas, el Reino de Cerdeña navegó entre las aguas tortuosas de la diplomacia europea y logró hacerse, uno tras otro, con casi todos los territorios itálicos: pero Italia tardaría mucho más en formarse y sería a menudo de un modo doloroso.
Risorgimento
«Giovine Italia»
Durante el
siglo XIX, algunos patriotas sintieron la necesidad de unir toda la península
y crear una única nación dando inicio a
la fase histórica conocida como Risorgimento (Resurgimiento). Entre estos
patriotas se encontraba Giuseppe Mazzini, fundador de la organización «Giovine
Italia» (Joven Italia), una asociación política que tenía como objetivo
transformar Italia en una república democrática unitaria, según los principios
de libertad e independencia.
Primera
Guerra de Independencia
1847: Se
compuso el canto nacional de los italianos, más conocido como Inno di Mameli
(Himno de Mameli) por el nombre del autor Goffredo Mameli, quien se hizo
popular durante las guerras de independencia. (Todavía es el himno oficial del
Estado italiano)
1848:
estalló la Primera Guerra de Independencia, cuando, después de varias
insurrecciones anti-hasburgas en las ciudades más importantes del dopo
Lombardo-Véneto (Padua, Milán e Venecia), Carlo Alberto de Saboya se puso al
mando de una coalición de estados italianos y le declaró la guerra a Austria,
con la intención de conquistar el Reino Lombardo-Véneto. Aunque al principio
resultó vencedor, Carlo Alberto fue derrotado y obligado a entregar el reino a
su hijo Víctor Manuel II.
La batalla de Custoza fue un enfrentamiento militar ocurrido entre los días 24 y 25 de julio de 1848 entre los ejércitos del Imperio austríaco, dirigido por el mariscal Joseph Radetzky, y los del Reino de Cerdeña, encabezado por el rey Carlos Alberto de Piamonte, en el contexto de la primera guerra de Independencia italiana que se saldó con una victoria austriaca.
La batalla
de Novara o batalla de Bicocca fue un enfrentamiento armado entre el Imperio
austríaco y el Reino de Cerdeña. Se produjo entre el 22 y el 23 de marzo de
1849 y supuso una fuerte derrota para el ejército sardo.
1852:
Camillo Benso Conde de Cavour se convirtió en el primer ministro del Reino de Cerdeña
y empezó a planificar nuevas e innovadoras estrategias para unificar la
península.
De hecho,
Cavour se dio cuenta en seguida de que sin el apoyo de una potencia europea
nunca habría sido posible vencer a los Hasburgo, así que, mediante una serie de
maniobras diplomáticas, consiguió obtener el respaldo de la Francia de Napoleón
III.
Segunda
Guerra de Independencia (Expedición de los Mil)
1859:
estalló la Segunda Guerra de Independencia: el Reino de Cerdeña, respaldado por
Francia, consiguió hacerse con Lombardia, acontecimiento que también llevó como
resultado a la anexión al Reino de Cerdeña de la Toscana, Parma, Módena y parte
de la Emilia-Romaña, gobernada por el Estado Pontificio.
La batalla
de Montebello se libró el 20 de mayo de 1859 en Montebello al norte de Italia.
Fue el primer gran enfrentamiento de la Segunda Guerra de Independencia de
Italia tras la invasión austriaca del Piamonte, entre las tropas austriacas,
comandadas por el mariscal de campo Philipp von Stadion und Thannhausen, contra
la caballería piamontesa y la infantería francesa, al mando del general Élie
Frédéric Forey.
La batalla de Magenta se inició el 4 de junio de 1859, durante la segunda guerra de independencia italiana, acabando en una victoria sardo-francesa bajo el mando de Napoleón III y en la derrota de los austriacos, bajo el mando de Ferencz Gyulai.
La batalla
de Solferino tuvo lugar el 24 de junio de 1859, en la localidad de Solferino en
Italia. El ejército austriaco, al mando de Francisco José I, de unos 100 000
hombres, fue derrotado por los ejércitos de Napoleón III de Francia y del Reino
de Cerdeña, comandado por Víctor Manuel II, con una fuerza aproximada de 118
600 hombres.
La
Expedición de los Mil (también llamada expedición de los camisas rojas) es un
famoso episodio del Risorgimento italiano que ocurrió en 1860. La expedición
consistió en un contingente de poco más de mil hombres bajo el mando de
Giuseppe Garibaldi y enviados por el Reino de Cerdeña.
1860: Giuseppe Garibaldi, un general, patriota y líder italiano, famoso tanto en Europa como en la América meridional por sus logros que hicieron que fuera conocido como “eroe dei due mondi” (héroe de los dos mundos), partió en barco con aproximadamente mil hombres a su cargo desde Quarto, en los alrededores de Génova, hasta Marsala, en Sicilia.
En 1860,
Garibaldi lideró la Expedición de los Mil, un ejército de voluntarios que
desembarcó en Sicilia con el objetivo de liberar el sur de Italia del dominio
de los Borbones. Garibaldi y sus hombres lucharon valientemente y rápidamente
tomaron control de Sicilia y luego avanzaron hacia el continente, tomando
Nápoles y unificando el sur de Italia bajo el gobierno de Víctor Manuel II. Desde
Sicilia, después de combatir contra el ejército borbónico, los Mil conquistaron
toda la isla y empezaron a subir hacia al Norte, victoria tras victoria, hasta
llegar a Nápoles. La campaña militar de Garibaldi fue una de las más exitosas
de la historia italiana y fue un paso importante hacia la unificación total del
país.
Esas mismas semanas, el rey Víctor Manuel II movió el ejército para conquistar las Marcas y Umbria, regiones controladas por el Estado Pontificio y, evitando el Lacio, bajo con los soldados hasta Campania.
1860 (26 de
octubre): Víctor Manuel II se reunió con Giuseppe Garibaldi en Teano, cerca de
Caserta, logrando juntar de este modo la península.
1861 (17 de
marzo): Víctor Manuel II declaró el nacimiento del Reino de Italia y Turín como
capital. Víctor Manuel II asumió el
título de rey de Italia el 17 de mayo de 1861.
El Reino de
Cerdeña se convirtió en el Reino de Italia en marzo de 1861. Por el hecho de
ser el primer rey de una Italia unida y por ser muy popular en la población,
Víctor Manuel II fue apodado el "Padre de la Patria" (italiano: Padre
della Patria).
Tercera
Guerra de la Independencia
1866: Italia
aún no estaba del todo unido y liberada… De hecho, aún faltaban el Lacio y el
Véneto, pero este último fue liberado Vittorio Emanuele con la Tercera Guerra
de Independencia. Roma estaba protegida por los franceses y Venecia todavía
estaba bajo control austriaco. El conflicto fue paralelo a la guerra
austro-prusiana. Víctor Manuel II logró establecer una alianza adecuada con
Prusia luego de una de las batallas de los cuales Prusia salió vencedora, la
nación se encargó de hacerle Austria le devolviera a Italia la ciudad de
Venecia.
La batalla
de Lissa se libró el 20 de julio de 1866 entre la armada austriaca y la armada
italiana, cerca de la isla de Lissa (actual Vis), en el mar Adriático, en el
marco de la guerra austro-prusiana. Fue una victoria decisiva de la fuerza
austriaca frente a una escuadra italiana muy superior en número.
Incorporación de Roma. Con este proceso se logró concluir la unificación italiana pues con ello se incorporaban los Estados de la Iglesia principalmente la ciudad de Roma. Víctor Manuel II había tomado el compromiso con Napoleón III de mantener los dominios del Papa en la capital del catolicismo. Primeramente, Garibaldi intentó tomar la ciudad pero fue rechazado por el ejército sardo y luego, con la guerra franco-prusiana, Napoleón III retiró el ejército que mantenía en Roma. Entonces, Víctor Manuel II le ordenó a las tropas italianas ocupar la ciudad de Roma sin importar la resistencia que presentaba la guarnición papal o las protestas que hizo el mismo Sumo Pontífice.
1870: los
bersaglieri (cuerpo de infantería del Ejército italiano) del rey llegaron a
Roma, donde abrieron una brecha en la muralla y entraron a la ciudad
(acontecimiento que se recordará la Breccia di Porta Pia), poniendo fin al
poder del Papa. De hecho, a este último se le concedieron solo el Palacio
Pontificio, los palacios del Vaticano y una indemnización anual en metálico.
La ciudad leonina, excluyendo el Vaticano, sede del papa, fue ocupada por soldados italianos el 21 de septiembre. Víctor Manuel se instaló en el Palacio del Quirinal. El 9 de octubre, un decreto real estableció la incorporación de la ciudad y la región de Lazio al Reino de Italia. Además, el gobierno tenía la intención de dar a Pío la soberanía sobre la Ciudad Leonina, pero el Papa aún no estaba de acuerdo porque no estaba dispuesto a renunciar a sus reclamos por un territorio más amplio.
1871: Roma
se convierte en la capital del Reino de Italia. Víctor Manuel logró entonces
instalarse en el Palacio del Quirinal y posteriormente declaró a Roma como la
capital del Reino de Italia. El 13 de mayo de 1871 se aprobó la Ley de
Garantías, que otorgaba al Papa amplias prerrogativas. Aunque los países
católicos estaban satisfechos con esta medida, el Papa se negó a aceptarla y se
consideró un “prisionero en el Vaticano”. Durante casi 60 años después de la
Toma de Roma, el estatus del Papa se conoció como la “Cuestión romana”, asunto
que se resolvió con la firma de los Pactos de Letrán en 1929.
La principal importancia de la unificación italiana fue que, por medio del proceso, se logró finalmente crear el Reino de Italia. Se logró además, anexar varios Estados al territorio y con ello se aumentó la extensión territorial. Italia, luego de la unificación, logró experimentar un importante desarrollo y crecimiento en cuanto a la economía y finalmente, se convirtió a Italia en una gran potencia política y militar a lo largo de Europa.
LA REBELIÓN
TAIPING
La Rebelión Taiping (1850-1864) fue uno de los conflictos armados más devastadores de la historia de la humanidad. Se trató de una guerra civil, con grandes connotaciones religiosas y sociales, que enfrentó a la dinastía manchú Qing, gobernante de China desde 1644, contra el Reino Celestial de la Gran Paz (Taiping Tianguo), un Estado disidente liderado por Hong Xiuquan que llegó a controlar amplias regiones del sur y centro del país durante más de una década. Entre 1851 y 1864, Hong Xiuquan, un campesino y estudiante fracasado, se alzó contra el Imperio Qing con el objetivo de instaurar el Reino de Dios en nombre del cristianismo. La Rebelión de Taiping liderada por Hong Xiuquan golpeó la economía de los funcionarios, los notables y los terratenientes de la dinastía Qing , alteró las relaciones agrarias feudales, debilitó el poder imperial de la corte Qing, cambió la distribución del poder a finales de la dinastía Qing y sacudió la ideología feudal.
A mediados
del siglo XIX, la dinastía Qing atravesaba una profunda decadencia. La derrota
en la Primera Guerra del Opio (1839-1842) a manos de Gran Bretaña había
revelado la debilidad militar del Imperio y obligado a China a abrir puertos al
comercio extranjero mediante el Tratado de Nankín. Las importaciones masivas de
opio arruinaban a familias enteras, el erario imperial se vaciaba y las
autoridades locales aumentaban los impuestos para compensar. En las provincias
del sur, especialmente en Guangdong y Guangxi, la pobreza campesina se
agudizaba mientras la corrupción burocrática crecía. La población hakka —un
grupo étnico chino con identidad propia— sufría además discriminación por parte
de la mayoría Han local, lo que alimentaba un malestar adicional sobre el que
prendería la chispa de la rebelión.
Hong Xiuquan era hijo de campesinos y maestro en un pequeño pueblo. Se consideraba a sí mismo como el "hermano menor de Jesús", haciendo una interpretación propia de la Biblia. Tras fracasar reprobar repetidamente los exámenes imperiales estuvo delirando por días y soñó que visitó el Cielo y descubrió que poseía una familia celestial. Después de eso, dijo que se le había encomendado la misión de limpiar China de la corrupción manchú, devolver el poder a los Han, restaurar la fe en el Emperador Supremo, su padre celestial, y en el Shenismo. Hong Xiuquan creía que Dios le había encargado instaurar el Reino de Dios en la Tierra. A partir de 1850 pasó a liderar la Rebelión Taiping contra el poder imperial manchú, estableciendo el llamado "Reino Celestial de la Gran Paz" en varias regiones del sur y centro de China, nombrándose a sí mismo "Rey Celestial". Estableció su capital en Nankín, provincia de Jiangsu, manteniendo su reino hasta 1864, cuando no pudo resistir la ofensiva de las tropas imperiales.
Hong Xiuquan
inició su primera revuelta el 11 de enero de 1851, en Jintian (actual ciudad de
Guiping), al este de la provincia de Guangxi. Esta acción, conocida como el
Levantamiento de Jintian, movilizó a una fuerza de diez mil hombres al mando de
Xiuquan, que lograron someter a las fuerzas imperiales en dicha ciudad. Este
movimiento desencadenó el inicio formal de la Rebelión Taiping. Poco después,
en agosto de 1851, se proclama el Reino Celestial de la Gran Paz, y Xiuquan
sería el líder absoluto con el título de Rey Celestial (天王). En 1856 estalló el Incidente de Tianjing; el Taiping
Tianguo pasó de su apogeo a la decadencia; él promovió a comandantes como Chen
Yucheng y Li Xiucheng, y aprobó el Nuevo Tratado de Gobierno de Hong Rengan.
En la batalla de Ruizhou los rebeldes taiping fueron aplastados por el ejército imperial. Lo que había empezado como una pequeña revuelta local en el sur de China se transformó rápidamente en una rebelión a escala imperial que puso en evidencia la incapacidad de la administración Qing para controlar el país.
El Asedio de
Tianjin por las tropas imperiales de la dinastía Qing en 1864. Las tropas
imperiales consiguieron poner cerco a su capital, Tianjin, pero la resistencia
de los rebeldes y el estallido de la segunda guerra del opio entre la China
Qing e Inglaterra y Francia impidieron que el gobierno imperial pudiera sofocar
la rebelión.
Hong Xiuquan se quitó la vida el 1 de junio de ese año mediante ingesta de veneno, siendo sucedido por Hong Tianguifu. Tras la ejecución de su hijo el 18 de noviembre, el Reino Celestial de la Gran Paz de Taiping que él mismo había instaurado fue destruido y disuelto.
Las estimaciones sobre el número de muertos oscilan entre 20 y 70 millones de personas, entre combates, hambrunas y epidemias, lo que convierte a este conflicto en el más letal de todo el siglo XIX y una de las guerras civiles más mortíferas registradas.






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