La Guerra de
1812 enfrentó a los Estados Unidos de América y a Gran Bretaña y sus colonias canadienses. Pese a
que en inglés se suele hacer referencia a ella como “War of 1812”, en español
la conocemos por la guerra anglo-estadounidense, Guerra Anglo-Americana de 1812,
o Segunda Guerra Anglo-Americana (pues la primera fue la de la Independencia). Se
desarrolló entre 1812 y 1815, e incluyó además a los aborígenes nativos de
varias tribus (notablemente, el jefe Tecumseh), en el contexto de la
supervivencia indígena ante la conquista del territorio por uno u otro de los
demás bandos. Los enfrentamientos se dieron por tierra y por mar. La guerra
tuvo lugar en momentos en que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda
soportaban un gran esfuerzo de guerra contra la Francia Napoleónica. Si bien se
acordaron términos de paz en el Tratado de Gante de diciembre de 1814, la
guerra no terminó oficialmente hasta que el Congreso de Estados Unidos ratificó
el tratado de paz el 17 de febrero de 1815.

La causa de
la guerra hay que buscar en el deseo estadounidense en defender su presumible
derecho de comercial libremente con cualquier nación, incluso en épocas de
guerra. Las guerras entre Gran Bretaña y Francia durante la época napoleónica
resultaron en un embargo británico al comercio americano con Francia, que acabó
derivando en guerra abierta.
Ese camino
hacia la guerra comenzó en 1794, cuando la marina británica secuestró más de
250 mercantes americanos que se dirigían las Indias Francesas. Aunque los
franceses también atacaron a los americanos, éstos entraron en cólera por la
mayor cantidad de barcos perdidos a manos de Gran Bretaña, y por la costumbre
de los ingleses de secuestrar también a la tripulación de los mismos. Muchos
americanos, de hecho, abogaron desde ese momento por declarar la guerra a Gran
Bretaña, recordando las heridas aun no cerradas de la Guerra de la
Independencia. Para intentar arreglar el entuerto, el Presidente George
Washington envió a Londres a John Jay, con el fin de cerrar un acuerdo que
contentara a todas las partes. El Tratado de Jay, como se le llamó, previno la
guerra, pero no hizo mucho por proteger los intereses norteamericanos. La
facción jeffersoniana, la más intransigente con los británicos, se opuso
directamente al acuerdo.

Las
tensiones angloamericanas se originaron en antiguas diferencias sobre la
expansión territorial en Norteamérica y el apoyo británico a la Confederación
de Tecumseh, que se oponía al asentamiento colonial estadounidense en el
Noroeste. En 1807, estas tensiones se intensificaron después de que la Marina
Real británica comenzara a imponer restricciones más severas al comercio
estadounidense con Francia y reclutara a la fuerza a marineros que
originalmente eran súbditos británicos, incluso a aquellos que habían adquirido
la ciudadanía estadounidense.
En alta mar,
la Marina Real británica impuso un bloqueo efectivo al comercio marítimo
estadounidense, mientras que entre 1812 y 1814, las tropas regulares británicas
y la milicia colonial repelieron una serie de invasiones estadounidenses en el
Alto Canadá.
En agosto de
1814, las tropas británicas capturaron Washington, antes de que las victorias
estadounidenses en Baltimore y en Plattsburgh en septiembre pusieran fin a los
combates en el norte. En el sureste de Estados Unidos, las fuerzas
estadounidenses y sus aliados indígenas derrotaron a una facción
antiestadounidense de los Muscogee. El Tratado de Gante se firmó en diciembre
de 1814, aunque no fue hasta febrero que la noticia llegó a Estados Unidos y el
tratado fue ratificado en su totalidad. Mientras tanto, las tropas
estadounidenses, lideradas por Andrew Jackson, repelieron un importante ataque
británico contra Nueva Orleans.
Durante los
años 1810-1812, los barcos de la armada estadounidense se dividieron en dos
escuadrones principales, con la "división norte", con base en Nueva
York, comandada por el comodoro John Rodgers, y la "división sur",
con base en Norfolk, comandada por el comodoro Stephen. Decatur.
El Ejército
de los Estados Unidos era inicialmente mucho más grande que el Ejército
británico en América del Norte. El Congreso era hostil a un ejército permanente
y el gobierno llamó a 450.000 hombres de las milicias estatales durante la
guerra.
Estados
Unidos estuvo involucrado en operaciones contra Gran Bretaña y sus aliados
nativos americanos durante más de dos años que abarcan una serie de
enfrentamientos terrestres y navales. Las principales batallas de la Guerra de
1812 fueron la Batalla de Queenston Heights, la Batalla del lago Erie, la
Batalla del Támesis, la Batalla de Horseshoe Bend y la Batalla de Nueva
Orleans.
La batalla
de Queenston Heights (13 de octubre de 1812) cuando las fuerzas estadounidenses
intentaron cruzar el río Niágara y establecerse en territorio canadiense, fue
una de las primeras grandes batallas de la Guerra de 1812. La batalla fue una
victoria decisiva para las fuerzas británicas y les ayudó a mantener el control
del este de Canadá durante la guerra. Los británicos repelieron una mayor
invasión estadounidense sin grandes pérdidas.
La batalla
del Lago Erie tuvo lugar el 10 de septiembre de 1813 enfrentó a una armada
estadounidense al mando de Oliver Hazard Perry que contaba con nueve
embarcaciones y 54 cañones contra una flota británica de seis barcos con 63
cañones al mando del Comodoro Robert Heriot Barclay. La batalla terminó con la
victoria estadounidense.
La batalla
del Támesis fue un enfrentamiento, el día 5 de octubre de 1813 y que finalizó
con una victoria decisiva de los Estados Unidos sobre Gran Bretaña.
La Batalla
del Lago Erie y la Batalla del Támesis fueron las dos principales batallas que
resultaron en que Estados Unidos cortara suministros y refuerzos para los
británicos y sus aliados nativos americanos, y condujo a la eventual derrota de
los británicos en el teatro occidental.
La Batalla
de Horseshoe Bend fue un enfrentamiento que tuvo lugar el 27 de marzo de 1814
en el centro de Alabama y puso fin a la Guerra Creek. Esta batalla tuvo lugar
como parte de una campaña más amplia en respuesta a la masacre de Fort Mims. Un
ejército comandado por Andrew Jackson persiguió y se derrotó a los Red Sticks,
un grupo de creeks que se oponían a la expansión estadounidense, en un
asentamiento fortificado a lo largo del río Tallapoosa.
La última de
las grandes batallas de la Guerra de 1812 tuvo lugar después de que Estados
Unidos y Gran Bretaña firmaron un tratado de paz que puso fin efectivamente a
la guerra. Las noticias del tratado no llegaron a los combatientes de Europa
hasta después de que terminó la Batalla de Nueva Orleans, ocurrida entre el 23
de diciembre de 1814 y el 8 de enero de 1815. Durante esta batalla, una gran
fuerza de tropas británicas intentó apoderarse de la ciudad de Nueva Orleans y
obtener acceso al río Mississippi. Si bien los británicos tuvieron éxito
temprano en el desembarco y el establecimiento de una guarnición, no pudieron
avanzar contra las fuerzas estadounidenses y finalmente se vieron obligados a
retirarse. Esta batalla fue uno de los enfrentamientos más exitosos de Estados
Unidos contra los británicos durante la guerra.
El Tratado
de Gante, (en inglés Treaty of Ghent) firmado el 24 de diciembre de 1814 en
Gante (en Bélgica, en la actualidad), fue la paz que dio fin a la guerra
anglo-estadounidense de 1812 entre los Estados Unidos y el Reino Unido. El
tratado restauró en su mayor parte las relaciones entre los dos países al statu
quo ante bellum.

LA GUERRA DE
TEXAS
La Guerra de
Texas, también conocida como la Revolución de Texas o Guerra de la
Independencia de Texas, fue un conflicto armado que tuvo lugar entre 1835 y
1836, culminando con la independencia de Texas de México. Este periodo marcó un
punto de inflexión en la historia de ambos países, dejando una huella
imborrable en la geopolítica de América del Norte. Las partes en conflicto
fueron el gobierno de la República de México y los colonos anglosajones de la
provincia de Texas, perteneciente jurídicamente por aquel entonces al estado
mexicano de Coahuila y Texas. La Revolución de Texas en el para entonces estado
mexicano de Texas, que concluyó con el Tratado de Velazco y la creación de la
República de Texas, una nación independiente que existió entre 1836 y 1845
cuando fue anexada a los Estados Unidos.

La provincia
de Texas pertenecía jurídicamente al estado mexicano de Coahuila y Texas antes
de la revuelta de 1835. Texas era un estado escasamente poblado. Una importante
colonia de estadounidenses angloparlantes se encontraba asentada en el
territorio gracias a un proyecto diseñado en 1819 por Moses Austin, un banquero
estadounidense originario de Virginia, durante una grave depresión económica en
Estados Unidos y antes de la conclusión de la Guerra de independencia de
México. Para 1834 había un estimado de 30.000 angloparlantes en Texas, en
contraste con los 7.800 residentes nacionales mexicanos. Los colonos, muchos de
los cuales eran inmigrantes de Estados Unidos, buscaban mayores libertades
políticas y económicas.

La guerra
por la independencia de Texas se inició tras la derogación de la Constitución
mexicana de 1824, de carácter federal, y la instauración de un sistema político
centralista. El gobierno mexicano, bajo el liderazgo de Antonio López de Santa
Anna, adoptó una política centralista que limitaba la autonomía de los estados,
lo que generó descontento entre los colonos. Los colonos estadounidenses que
habitaban Texas no estuvieron de acuerdo con este cambio de status, por lo que
comenzaron a deliberar para decidir que les convenía hacer. Al inicio de estas
discusiones, había discrepancias sobre el alcance que debía tener la rebelión.
Algunos solo querían que se restableciera la Constitución de 1824, mientras que
otros exigían la ruptura de los vínculos con México. Estas discrepancias se
resolvieron el 2 de marzo de 1836, cuando una convención de delegados texanos
decidió proclamar la Independencia. La emancipación de Texas no fue reconocida
por el gobierno mexicano, que envío un ejército que logró derrotar a los
rebeldes y penetrar en territorio texano.
La guerra en
Texas estalló en 2 de octubre de 1835 con la Batalla de González, considerada
el inicio del conflicto, que fue una escaramuza significativa donde los colonos
se negaron a devolver un cañón a las autoridades mexicanas. Las fuerzas
insurgentes tomaron rápidamente La Bahía y San Antonio Béjar (actual San
Antonio, también conocida como Ciudad del Álamo). Sin embargo, las fuerzas
mexicanas —superiores en número— asestaron varias derrotas a los texanos.

Entre el 23
de febrero y el 6 de marzo de 1836 se llevó a cabo la Batalla de El Álamo,
donde unos 1.500 soldados mexicanos arrasaron por completo unos 250 soldados
texanos atrincherados en la Misión de El Álamo, en San Antonio. Enfrentó al
ejército de México, encabezado por el presidente Antonio López de Santa Anna,
contra una milicia de secesionistas texanos, en su mayoría inmigrantes estadounidenses, dirigidos eventualmente por los comandantes
James Bowie, William Barret Travis y Davy Crockett. Consciente de que su
guarnición no podía resistir el ataque de una fuerza tan grande, Travis
escribió varias cartas pidiendo más hombres y suministros, pero solamente
llegaron menos de 100 refuerzos. Tras 13 días, el fuerte fue tomado, y todos
los defensores fueron asesinados, lo que se convirtió en un símbolo de
resistencia para los texanos. La crueldad mostrada por los mexicanos y por
Santa Anna durante la Batalla de El Álamo llevó a numerosos colonos texanos y
estadounidenses a unirse al ejército de Texas, inspirados por el deseo de
venganza.
Tras el
triunfo mexicano en la batalla de El Álamo, las fuerzas texanas habían sido
obligadas a replegarse continuamente, en tanto las tropas mexicanas obtenían
nuevos triunfos en la batalla de Refugio (15 de marzo de 1836) y otra victoria
pocos días después en la batalla de Coleto (el 20 de marzo).

La guerra
concluyó abruptamente con la Batalla de San Jacinto el 21 de abril de 1836. Bajo
el mando del General Samuel Houston, el ejército texano sorprendió y diezmó en
medio de una siesta al ejército mexicano comandado por el general Antonio López
de Santa Anna. Los texanos capturaron y obligaron al presidente Santa Anna a
firmar el cese de hostilidades y a reconocer la independencia de la República
de Texas mediante el Tratado de Velasco el 21 de mayo de 1836. El Congreso
mexicano destituyó a Santa Anna y se negó a ratificar el Tratado de Velasco
alegando que carecía del validez por haber sido firmado por el presidente de
México siendo un prisionero de guerra. La independencia de Texas nunca fue
legitimada por México, pero en 1848 se reconoció la secesión de Texas y su
anexión a los Estados Unidos con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, al final de
la Guerra de Estados Unidos y México.
LA GUERRA DE
LOS PASTELES
La primera
intervención francesa en México, también conocida como la guerra de los
Pasteles o primera guerra franco-mexicana, fue el primer conflicto bélico entre
México y Francia. Tuvo lugar del 16 de abril de 1838 al 9 de marzo de 1839. Este
curioso nombre se debe a la denuncia de varios comerciantes franceses de no
recibir el pago por sus servicios por parte de algunos oficiales mexicanos,
aunque en realidad el problema estuvo causado por la negativa de México a pagar
a Francia una indemnización que esta le exigía.
Una vez
culminada la Guerra de independencia de México frente a España en 1821 se
produjeron constantes pugnas internas entre las facciones que competían por el
control político. En 1928 estalló un conflicto entre el entonces presidente
Guadalupe Victoria y el gobernador Lorenzo de Zavala, que culminó con la
victoria de Zavala y la instalación de un nuevo presidente, Vicente Guerrero.
Eran frecuentes los conflictos y disturbios que solían estar acompañados de
daños materiales a mexicanos o extranjeros que quedaban sin compensación. La
monarquía francesa había recibido numerosos reclamos de sus ciudadanos
residenciados en México. Las reclamaciones francesas no fueron atendidas
satisfactoriamente por el gobierno mexicano, lo que condujo a tensiones
diplomáticas.

El conflicto
se conoce como Guerra de los pasteles debido a que entre las reclamaciones de
los ciudadanos franceses se encontraba el reclamo de un pastelero francés de
nombre Remontel cuyo negocio en Tacubaya, Ciudad de México, había sido saqueado
y arruinado en 1828 (10 años antes) por oficiales mexicanos durante el gobierno
de Santa Anna. Remontel apeló al rey Luis Felipe quien reclamó al gobierno
mexicano una indemnización de 600.000 pesos (una enorme suma para la época)
como motivo de los diversos reclamos por perjuicios a nacionales franceses.
Ante la
negativa del gobierno mexicano, encabezado por el presidente Anastasio
Bustamante, a pagar las indemnizaciones exigidas, Francia decidió recurrir a la
fuerza. En marzo de 1838, una flota francesa, al mando del contraalmirante
Charles Baudin, llegó a las costas de Veracruz para presionar al gobierno
mexicano.
Al no lograr
un acuerdo, las fuerzas francesas iniciaron el bloqueo de los puertos mexicanos
en abril de 1838, afectando gravemente la economía del país. Posteriormente, en
noviembre de 1838, la flota francesa bombardeó y tomó la fortaleza de San Juan
de Ulúa en Veracruz, seguida por la ocupación de la ciudad.
En este
punto, el general Antonio López de Santa Anna, quien se encontraba retirado,
regresó al escenario militar para defender Veracruz. Durante un enfrentamiento
con las tropas francesas, Santa Anna resultó herido en una pierna, la cual tuvo
que ser amputada. A pesar de la superioridad militar francesa, las fuerzas
mexicanas resistieron en varias batallas, como la Batalla de Veracruz y la
Batalla de Puebla.
La
intervención británica, a través de la mediación del cónsul Richard Pakenham,
fue crucial para poner fin al conflicto. Finalmente, el 9 de marzo de 1839, se
firmó un tratado de paz en Veracruz. México aceptó pagar una indemnización de
600 mil pesos a Francia por las reclamaciones de los ciudadanos franceses. A
cambio, Francia retiró su flota y devolvió las naves mexicanas que habían sido
apresadas.
La Guerra de
los Pasteles representó la primera intervención militar de Francia en México y
evidenció la fragilidad del joven estado mexicano y su incapacidad para
defenderse eficazmente. Tuvo un alto costo económico para México debido al
bloqueo comercial y la indemnización pagada.
LAS GUERRAS
CARLISTAS

Las guerras
carlistas fueron una serie de contiendas civiles que tuvieron lugar en España a
lo largo del siglo XIX. Se debieron, por un lado, a una disputa por el trono,
y, por el otro, a un enfrentamiento entre principios políticos opuestos. Los
carlistas, que luchaban bajo el lema de «Dios, Patria y Rey», encarnaban una
oposición reaccionaria al liberalismo y defendían la monarquía tradicional, los
derechos de la Iglesia y los fueros, mientras que los liberales exigían hondas
reformas políticas por medio de un gobierno constitucional y parlamentario. Las
guerras carlistas enfrentaron en tres oportunidades distintas a los partidarios
de los pretendientes carlistas (Carlos V, Carlos VI y Carlos VII) en contra de
los defensores del recién instaurado status quo liberal, democrático y
parlamentario de España. El carlismo fue un movimiento político y social que
defendía la monarquía tradicional frente al liberalismo. Su nombre proviene de
Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey Fernando VII, que reclamó el
trono cuando este murió en 1833.

Todo empezó
con una cuestión sucesoria. Fernando VII, sin hijos varones, derogó la ley que
apartaba a las mujeres del trono para que heredara su hija Isabel, de tres
años. Gracias a la promulgación de la Pragmática Sanción, un edicto emitido por
el rey de España Fernando VII el 31 de marzo de 1830, Isabel, la hija de
Fernando VII y María Cristina, pudo convertirse en la heredera legítima del
trono de España. El bando isabelino contaba con el respaldo de la alta nobleza,
los mandos del ejército, la jerarquía eclesiástica y los empleados públicos;
incluso la incipiente clase política liberal decidió unirse a este grupo, ya
que veían en la persona de Isabel II una forma de acabar con el Antiguo
Régimen.
Así pues,
mientras los partidarios de Isabel apelaron a la Pragmática para legitimar su
sucesión, los partidarios del hermano de Fernando VII, don Carlos María Isidro
de Borbón, se ampararon en la ley sálica para validar su reclamo del trono de
España. La pretensión al trono de don Carlos fue respaldada por la baja
nobleza, el bajo clero de la Iglesia y pequeños propietarios rurales de la zona
de Castilla, Galicia, Cataluña, País Vasco y Navarra.
Los
isabelinos contemplaban la esperanza de que las políticas empleadas por Isabel
II y su madre, la regente María Cristina, permitiesen una sana transición entre
el Antiguo Régimen y una monarquía menos centralizada, más parlamentaria y
mucho más democrática. Para los carlistas el rey tiene el poder por derecho
divino, sin limitaciones constitucionales (Monarquía absoluta). Para los
liberales o isabelinos el poder reside en la Nación, no en el rey (Soberanía nacional) y la ley fundamental que limita el poder
del monarca y reconoce derechos.
El estallido
de la primera guerra carlista, el 2 de octubre de 1833, no solo polarizó a
España, sino también a las grandes potencias europeas, quienes tomaron partido
apoyando cada uno a su heredero al trono predilecto. Mientras las potencias
europeas más occidentales, como Francia, Inglaterra y Portugal, decidieron
apoyar a los isabelinos, las potencias europeas más orientales, como Austria,
Prusia y Rusia, se decantaron por apoyar al bando carlista.
Primera
Guerra Carlista (1833-1840)
Comenzó con
la muerte de Fernando VII y el ascenso de Isabel II (con solo 3 años) bajo la
regencia de su madre María Cristina. Fue la más larga y sangrienta — en torno a
150.000 muertos, proporcionalmente una de las guerras más letales de la Europa
del siglo. Los líderes carlistas fueron los generales Tomás de Zumalacárregui, Rafael
Maroto, Ramón Cabrera, el «Tigre del Maestrazgo», y el propio Carlos María
Isidro. Mientras los lideres liberales (isabelinos) fueron los generales Baldomero
Espartero, Leopoldo O'Donnell y Ramón María Narváez. El genio militar carlista
fue de Zumalacárregui, un guipuzcoano que convirtió partidas de voluntarios en
un ejército capaz de humillar una y otra vez a los generales isabelinos en las
montañas del norte.

El Primer
Sitio de Bilbao fue un intento de los carlistas de conquistar la ciudad de
Bilbao en 1835. Los carlistas buscaban controlar una ciudad grande para ganar
más apoyo y prestigio. Sin embargo, los defensores de Bilbao, que apoyaban a la
reina Isabel II, lograron mantener la ciudad bajo su control. La muerte de
Zumalacárregui durante el sitio fue un golpe muy duro para la moral de las
tropas carlistas.
La batalla
de Mendigorría fue una batalla que se libró el 15 de julio de 1835, durante la
primera guerra carlista. Tuvo lugar en los campos situados al sur de la
localidad navarra de Mendigorría, cuya victoria fue para el bando liberal, que
frenó el avance carlista hacia el sur.
La batalla
de Luchana que tuvio lugar durante los días 1 al 25 de diciembre de 1836, el
ejército isabelino al mando de Espartero, partiendo desde su base en
Portugalete, consiguió arrollar a las fuerzas carlistas que asediaban Bilbao
desde el 25 de octubre.
Siguieron
años de desgaste, expediciones fallidas sobre Madrid y atrocidades en ambos
bandos (los fusilamientos de prisioneros fueron moneda corriente), hasta que en
1839 el general carlista Maroto y el isabelino Espartero sellaron la paz en el
Abrazo de Vergara: los oficiales carlistas conservarían sus grados y se
prometía respetar los fueros. El Tigre del Maestrazgo, el general Cabrera,
rechazó el abrazo y resistió en el este hasta 1840.
Segunda
Guerra Carlista (1846-1849)
Fue un
conflicto de menor intensidad, concentrado en Cataluña y el Maestrazgo. Se le
llamó «guerra dels matiners» (de los madrugadores) porque las partidas
carlistas atacaban al amanecer. Fue un conflicto menor centrado en Cataluña,
mezclado con el malestar agrario. Fue el intento frustrado de casar a Isabel II
con un príncipe carlista, Carlos Luis de Borbón y Braganza, hijo de Carlos
María Isidro, y resolver así el pleito dinástico. El descontento por la
moderación del régimen liberal.
La guerra se
prolongó hasta el 26 y 27 de enero de 1849 en que ocurrió la acción del
Pastoral, en la que fue derrotado y herido Cabrera, luego desterrado, y la
guerra terminó sin grandes cambios territoriales.
Tercera
Guerra Carlista (1872-1876)
La última
gran rebelión. Fue la más larga después de la primera, y se produjo en el
contexto de la Primera República española (1873-1874). La guerra se desencadenó
por la caída de D. Baldomero Espartero del gobierno y por la proclamación de
Alfonso XII como rey, hijo de Isabel II. Los carlistas, liderados por Don
Carlos de Borbón y Austria-Este, pretendiente carlista al trono de España bajo
el nombre de Carlos VII, y nieto del primero, vieron en la caída de Isabel II
una oportunidad para restaurar la legitimidad de su candidato al trono. La
guerra se desarrolló principalmente en Navarra, donde los carlistas lograron
establecer un reino independiente, pero fueron derrotados en la batalla de
Viguera por las fuerzas del ejército liberal. Aprovechando el caos del Sexenio—,
Carlos VII, levantó un auténtico Estado carlista en el norte, con capital en
Estella, universidad y hasta sellos propios.

La batalla
de Oroquieta (4 de mayo de 1872) fue un enfrentamiento entre carlistas y
liberales durante la tercera guerra carlista. El pretendiente carlista Carlos
VII fue derrotado por el general liberal Francisco Serrano y a punto estuvo de
ser capturado, teniendo que huir del país.
La batalla
de Lácar o sorpresa de Lácar fue una batalla que tuvo lugar durante la tercera
guerra carlista. Teniendo los liberales tomado el pueblo de Lácar y otras
localidades vecinas en el valle de Yerri (Navarra) la tarde del 3 de febrero de
1875 los carlistas asaltaron el pueblo por sorpresa, capitaneados por el propio
pretendiente Don Carlos.
En la batalla
de Treviño (1875) los liberales, ya con Alfonso XII como rey, comenzaron la
contraofensiva.
La segunda
batalla de Montejurra (17 de febrero de 1876), sería el enfrentamiento
definitivo de la tercera guerra carlista, entre los carlistas al mando de Torcuato
Mendiry y los alfonsinos al mando de Domingo Moriones y el general Serrano,
resultando victorioso el bando alfonsino, que puso fin a la guerra.
La derrota
de Don Carlos de Borbón y la muerte de Isabel II en 1884, marcaron el fin del
carlismo y la restauración de la monarquía borbónica con Alfonso XII,
consolidando el poder de la monarquía y poniendo fin a las Guerras Carlistas.
LA GUERRA DE LA CONFEDERACIÓN
La Guerra de
la Confederación o Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana fue el
enfrentamiento bélico desatado entre 1836 y 1837 entre la Confederación Perú-boliviana,
contra la coalición formada por el Ejército Restaurador del Perú, el Ejército
de Chile y por la Confederación Argentina. La Guerra contra la Confederación
Perú-Boliviana surgió debido al descontento popular y político hacia Andrés de
Santa Cruz, quien había establecido una unión entre Perú y Bolivia como
Protector. Este conflicto militar enfrentó a las fuerzas confederadas
comandadas por Santa Cruz con tropas peruanas y chilenas que aspiraban a
disolver la alianza. Las batallas claves incluyeron Paucarpata y Yungay, donde
las tropas de Santa Cruz sufrieron derrotas decisivas.

La temprana consolidación de su régimen político e
institucional en relación al resto de las repúblicas hispanoamericanas,
permitió a Chile alcanzar una importante primacía comercial en el continente.
Esta posición comenzó a ser amagada por la unificación de Perú y Bolivia en un
Estado bajo la conducción del mariscal Andrés de Santa Cruz. La Confederación
Perú-Boliviana fue creada en 1836 por Andrés de Santa Cruz, un destacado líder
militar boliviano, quien, tras tomar el control de Bolivia, unió a dicho país
con el sur del Perú. El proyecto de Santa Cruz se basaba en la creación de un
Estado federal que incluyera tanto Bolivia como el sur de Perú. Sin embargo, su
proyecto fue visto con recelo por los países vecinos, especialmente Chile, que
temía el poderío que podía tener esta unión, y Argentina, que también veía con
desconfianza el control de Santa Cruz sobre el territorio peruano. Santa Cruz
utilizó una serie de medidas políticas y militares para consolidar su poder, lo
que provocó el rechazo de diversas facciones en el Perú. La Confederación
Perú-Boliviana estaba compuesta por tres departamentos: La Paz, Cuzco y
Arequipa, los cuales fueron incorporados a la federación bajo el control de
Santa Cruz. Esto generó una grave preocupación en Chile, ya que el poder
militar de Santa Cruz amenazaba el equilibrio regional, especialmente tras las
Guerras de Independencia y los recientes enfrentamientos con las potencias
coloniales. El ministro del Interior chileno Diego Portales, que deseaba la
hegemonía de Chile en el Pacífico, vio con preocupación el nacimiento de la
confederación Perú-Boliviana. La decisión de declarar la guerra a la
Confederación tenía muchos enemigos, ni el mismo presidente estaba convencido,
pero para Portales era razón de supervivencia de Chile.
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El Ejército
Confederado Perú-Boliviano (compuesto por bolivianos y peruanos), comandado por
el Protector de la Confederación Perú-Boliviana Andrés de Santa Cruz, por un lado. El Ejército Unido Restaurador
(compuesto por chilenos y peruanos), comandado por Manuel Blanco Encalada
(1836-1837) y Manuel Bulnes (1837-1839), y, por otro lado, la Confederación
Argentina, comandada por Juan Manuel de Rosas.
La guerra
comenzó formalmente en 1836, cuando las fuerzas chilenas y peruanas se aliaron
contra la Confederación Perú-Boliviana. José de los Reyes y Ramón Freire fueron
algunos de los líderes militares destacados de Chile durante este conflicto. En
el lado de la Confederación, Santa Cruz logró algunas victorias iniciales,
consolidando aún más su control sobre los territorios del sur del Perú. Sin
embargo, la coalición de Chile y Perú no tardó en reagruparse y emprender una
ofensiva.
La batalla
más importante de la guerra fue la batalla de Yungay (20 de enero de 1839), en
la que las fuerzas de la Confederación Perú-Boliviana fueron derrotadas de
manera decisiva. Esta contienda puso fin a la breve pero conflictiva alianza
entre Perú y Bolivia que había sido establecida por Andrés de Santa Cruz. El 20
de enero de 1839, las tropas restauradoras asaltaron las posiciones
confederadas desde los cerros Pan de Azúcar y Punyán. A medida que el combate
se intensificaba, Bulnes y Castilla tomaron decisiones estratégicas decisivas
que influyeron en la derrota del Ejército Confederado.
La victoria
del Ejército Restaurador significó el fin definitivo de la Confederación
Perú-Boliviana y sentó las bases para un nuevo orden político en la región.
Como resultado directo, Santa Cruz abandonó sus ambiciones políticas y
militares, mientras que Bulnes consolidaba su posición como héroe nacional en
Chile. La batalla marcó un punto de inflexión decisivo no solo en los
conflictos regionales sino también en el equilibrio del poder político y
militar en Sudamérica durante la primera mitad del siglo XIX.
LAS GUERRAS
DEL OPIO

Las guerras
del Opio o Guerras anglo-chinas fueron un conflicto bélico que enfrentó a China
(Qing) y Reino Unido de Gran Bretaña. Primero entre 1839 y 1842 y, más tarde,
entre 1856 y 1860. Estas guerras se originaron a raíz de la disputa comercial
entre ambas potencias y el control del comercio del opio en China. China estaba
intentando prohibir el consumo de drogas, particularmente del destructivo opio
que generaba fuertes adicciones entre su población con las graves consecuencias
sociales y económicas mientras que Gran Bretaña contrabandeaba el opio
procedente de la India británica y lo introducía en China. Las Guerras del Opio
constituyen uno de los episodios más decisivos y traumáticos de la historia
moderna de China y de las relaciones internacionales del siglo XIX. Estos
conflictos, ocurridos entre China y potencias occidentales —principalmente el
Reino Unido— no fueron simples enfrentamientos militares, sino expresiones
profundas del choque entre dos modelos civilizatorios, económicos y políticos
radicalmente distintos: el imperio chino tradicional y las potencias
industriales europeas. Estas guerras no solo marcaron un periodo de crisis para
China, sino que también fueron un reflejo del surgimiento del imperialismo
occidental y sus consecuencias en el ámbito global. Las repercusiones de estos
eventos aún son estudiadas para entender el impacto a largo plazo en las
relaciones entre Oriente y Occidente. Las Guerras del Opio marcaron el inicio
del llamado “Siglo de la Humillación” china, un período caracterizado por la
pérdida de soberanía, la imposición de tratados desiguales y la apertura
forzada al comercio extranjero.

Los
antecedentes de esta guerra hay que buscarlos en las rutas comerciales abiertas
entre China y Occidente siglos antes. Con el paso del tiempo y con las
tendencias aislacionistas de los emperadores chinos, la balanza comercial
empezó a perjudicar mucho a los europeos. Una de las principales causas de las
Guerras del Opio fue el desequilibrio en el comercio entre China y Reino Unido.
Mientras que China exportaba grandes cantidades de seda, porcelana y té, el
Reino Unido tenía una demanda cada vez mayor de productos chinos. Sin embargo,
China se negaba a abrir sus puertas al comercio exterior y limitaba las
importaciones, lo que generaba un déficit comercial para el Reino Unido.

Las
principales causas de las Guerras del Opio están relacionadas con el
desequilibrio comercial entre China y los países occidentales. El comercio de
opio, que era ilegal en China, se convirtió en una fuente de ingresos
significativa para los comerciantes británicos, quienes contrabandeaban grandes
cantidades de opio desde la India británica hacia China. Ante la creciente
adicción y los problemas sociales que esto generaba, el gobierno chino intentó
frenar el comercio de opio, confiscando y destruyendo grandes cantidades de
esta droga.
La sustancia,
el opio, que se solía fumar mezclada con tabaco, no era desconocida en China,
ya que se cultivaba allí desde el siglo XV. Ante el aumento del consumo que se
estaba produciendo, ya en 1729 el emperador Yongzheng prohibió su comercio.
Esto no sentó nada bien a los británicos, ya que las ganancias generadas eran
de un 400 %. A pesar de esa
prohibición, la droga continuó introduciéndose en el país, aunque fuera de
forma ilegal por el contrabando auspiciado por los ingleses.
1839: La
Prohibición del Opio
En marzo de
1839, Lin Zexu, un funcionario imperial, fue nombrado para abordar el problema
del opio. Su enfoque en erradicar la adicción llevó a la confiscación de más de
1,000 toneladas de opio en Cantón. La respuesta británica ante esta prohibición
fue vehemente, pues el comercio del opio era una importante fuente de ingresos
para Gran Bretaña.
Primera
Guerra del Opio:
La tensión
creciente entre China y Gran Bretaña resultó en el estallido de la primera
guerra del opio en 1839. Las causas de las Guerras del Opio se vincularon al
deseo británico de mantener el lucrativo comercio del opio con China, incluso
ante los intentos chinos de prohibir la droga.Este conflicto se debió, en gran
parte, a las repercusiones de la prohibición y a la insistencia británica en
continuar el comercio del opio. Las hostilidades iniciaron en junio de 1839,
cuando Gran Bretaña decidió enviar fuerzas militares a la región, marcando el
comienzo de una guerra que se extendería por tres años. Las tropas británicas,
mejor armadas y entrenadas, lograron varias victorias, capturando ciudades
costeras y bien defendidas, así como el importante puerto de Cantón. En 1842,
tras una serie de derrotas chinas, el conflicto culminó con la firma del
Tratado de Nankín.

El Tratado
de Nankín, firmado en 1842, representó un punto de inflexión en las relaciones
anglo-chinas. Este acuerdo tuvo múltiples consecuencias que impactarían la historia de China. Gran Bretaña obtuvo la
cesión de Hong Kong, dándole un control estratégico sobre el comercio en la
región. El tratado obligó a China a abrir cinco puertos al comercio británico,
eliminando tarifas aduaneras y permitiendo el libre comercio, incluyendo el
opio. Se impuso una indemnización monetaria significativa a China, afectando
aún más su economía y autoridad política.
Segunda
Guerra del Opio:
La segunda
guerra tuvo su inicio en 1856 y acabó en 1860, siendo más global al intervenir
otras naciones como Francia. A pesar de los términos impuestos por el Tratado
de Nankín, las tensiones entre China y las potencias occidentales continuaron
aumentando, lo que eventualmente llevó a la segunda guerra del opio. El
sentimiento de humillación de China dio lugar a varias escaramuzas; sin
embargo, el estallido de la llamada Segunda Guerra del Opio tuvo una excusa
bastante débil. Un terrible incidente con un barco registrado en Hong Kong
provocó que los británicos volvieran a declarar la guerra. El barco fue
abordado por funcionarios chinos y doce tripulantes (también chinos) fueron
arrestados por piratería y contrabando. Los británicos decidieron atacar varias
posiciones en el país asiático. Los franceses pronto se unieron a ellos,
alegando el asesinato de un misionero en la región como justificación. El
conflicto estalló nuevamente en 1856, impulsado por motivos como disputas
comerciales y la insistencia británica en seguir comercializando el opio. La
alianza anglo-francesa se formó en este periodo, motivada por la búsqueda de
mayores concesiones y la expansión territorial en China. Las fuerzas británicas
y francesas lograron entrar a Beijing, causando una devastación significativa
en la capital china.
El Tratado
de Tientsin de 1856 resultó en concesiones aún más amplias para las potencias
occidentales y consolidó el comercio del opio en China.
LA REVOLUCIÓN
DE 1820
La Revolución
de 1820 o Ciclo pre revolucionario de 1820 son los nombres con que la historiografía
ha designado al conjunto de procesos revolucionarios que tuvieron lugar en
Europa alrededor de 1820. Fue la primera de las llamadas oleadas o ciclos revolucionarios
que sacudieron Europa con posterioridad a las Guerras Napoleónicas y que se
repitieron sucesivamente en las de 1830 y las de 1848. La Revolución de 1820,
también conocida como la Revolución del Sur de Europa, tuvo lugar en países
como España, Italia y Portugal. Fue el inicio del cambio liberal en Europa y
supuso la caída de los sistemas absolutistas en estos países.
Sus ejes
ideológicos fueron el liberalismo y el nacionalismo. Las Revoluciones de 1820
fueron una serie de levantamientos populares que tuvieron lugar en varios
países europeos, entre ellos España, Portugal, Nápoles y Piamonte-Saboya. Estas
revoluciones fueron motivadas por la insatisfacción popular con los gobiernos
absolutistas y el deseo de mayores libertades políticas y económicas.
Las
revoluciones de 1820 surgieron como reacción a la Restauración, que se produjo
como consecuencia de la derrota de la Francia revolucionaria, y que suponía el
restablecimiento del Antiguo Régimen y la aplicación de los principios
legitimistas del Congreso de Viena de 1815, confiados a la fuerza y
determinación intervencionista de la Santa Alianza. Esta alianza de las
monarquías absolutas finalmente consiguió evitar la posibilidad de una
generalización del contagio revolucionario y sofocó los focos revolucionarios.
Las causas
de las Revoluciones de 1820 fueron diversas y variaban de país en país. Algunas
de las principales causas incluyeron:
La
insatisfacción popular con los gobiernos absolutistas y la falta de libertades
políticas.
El deseo de
mayores libertades económicas, como la abolición del feudalismo y el
establecimiento de una economía más libre.
La
influencia de la Revolución Francesa y las ideas liberales de la Ilustración.
La creciente
desigualdad social y económica en algunos países europeos.
Las
consecuencias de las Revoluciones de 1820 fueron significativas y variaron de
país en país. Algunas de las principales consecuencias incluyeron:
La
promulgación de nuevas constituciones y la creación de sistemas políticos más
liberales.
El
fortalecimiento del movimiento liberal en Europa y la lucha por mayores
libertades políticas y económicas.
El aumento
de la conciencia nacional y la lucha por la independencia en algunos países,
como Grecia y Bélgica.
La represión
violenta de algunos movimientos revolucionarios, como en España y Nápoles.
Pronunciamiento
de Riego
El
pronunciamiento de Riego fue un alzamiento militar encabezado por el teniente
coronel Rafael del Riego que tuvo lugar en España en 1820, durante el reinado
de Fernando VII, y que fue el detonante de la Revolución de 1820. El comienzo
de esta oleada tuvo lugar en España, cuando Riego se levantó contra Fernando
VII y lo obligó a jurar la Constitución de 1812. Se inició así el Trienio
Liberal en que España estuvo regida por una monarquía constitucional. Rafael
del Riego fue ascendido a general y se convirtió en un mito de la España
liberal.
El Trienio
Liberal o Trienio Constitucional es el periodo de la historia contemporánea de
España que transcurre entre 1820 y 1823, y que constituye la etapa intermedia
de las tres en que se divide convencionalmente el reinado de Fernando VII,
siendo posterior al Sexenio Absolutista (1814-1820) y anterior a la Década
Ominosa (1823-1833). El Trienio se inició el 1 de enero de 1820 con el
pronunciamiento de Riego, que obligó al rey absoluto Fernando VII a restablecer
el 9 de marzo la Constitución de Cádiz de 1812. Se abrió así un periodo de
monarquía constitucional (el Trienio Constitucional de 1820-23), enormemente
difícil por la deslealtad del rey al régimen que le habían impuesto los
liberales. El propio Riego se convirtió en símbolo del liberalismo radical y colaboró
con los gobiernos liberales como capitán general de Galicia y de Aragón y
presidente de las Cortes (1822).
El resultado
fue el Trienio Liberal, que acabó con la petición de ayuda del rey a las
potencias aliadas, que enviaron a los llamados Cien Mil Hijos de San Luis para
restaurar el absolutismo. Cuando se produjo la invasión francesa de los «Cien
mil hijos de San Luis», que venía a restablecer el absolutismo, Riego encabezó
la resistencia en Andalucía (1823); pero fue derrotado. Riego murió ahorcado
tras la restauración del absolutismo que puso fin al Trienio Liberal
(1820-1823).
Otros
lugares en los que se vivieron intentos similares fueron en Portugal y Nápoles.
En esta última, los carbonarios consiguieron que el rey aceptara una
Constitución. Los austriacos se encargaron de acabar con esta experiencia.
Revolución
liberal de Oporto
La
Revolución liberal de Oporto, que comenzó el 24 de agosto de 1820 en Oporto,
inició el movimiento liberal que se extendió por todo el Reino de Portugal y
que puso fin a la monarquía absoluta. Se convocaron Cortes constituyentes que
aprobaron la Constitución portuguesa de 1822, inspirada en la española
Constitución de Cádiz. En ese contexto se produjo la independencia de Brasil. Manuel
Fernandes Tomás, líder de o Sinédrio, el grupo impulsor de la Revolución de
Oporto que desencadenó el fin de la monarquía absoluta en Portugal.
Nápoles y Piamonte
Siguiendo el
ejemplo de todo lo que sucedió en España, en Italia hubo una situación
parecida. Aunque no existía el “Reino de Italia” como tal, sí que hubo dos
grandes reinos que participaron en las Revoluciones de 1820: el Reino de
Nápoles y el Reino de Piamonte. Sin embargo, la mayoría de los movimientos
revolucionarios fueron impulsados por sociedades secretas, como la carbonería. En
julio de 1820, estalló una revuelta en la ciudad de Nápoles. El alzamiento
había sido preparado por los carbonarios, un grupo nacionalista italiano y
liberal liderado por Guglielmo Pepe, quien tenía como objetivo la unificación
de la península itálica. El movimiento fue un éxito y Fernando I se vio
obligado a firmar la Constitución que le propusieron los sublevados. Se trataba
de una carta magna muy similar a la Constitución Española de 1812.
El Reino de
Piamonte también fue uno de los más afectados, puesto que se encontraba en el
epicentro del nacionalismo italiano. Estaba controlado por Víctor Manuel I,
miembro de la Casa de Saboya y defensor del Antiguo Régimen. El monarca llevaba
en el trono sólo 6 años, ya que regresó a Turín en 1814 debido a la derrota de
Napoleón. Desde su retorno, varias facciones dentro del país abogaban por
realizar una unificación de todos los reinos italianos. La inestable situación
de su vecino, el Reino de Nápoles, provocó que los carbonarios dentro de
Piamonte se sublevaran en marzo de 1821. El rey Víctor Manuel I, incapaz de
controlar la situación, abdicó en su hermano Carlos Félix. El nuevo monarca
firmó la constitución que elaboraron los sublevados liberales y así comenzó la
breve etapa liberal dentro del Reino de Piamonte. Ambas revueltas, la de
Nápoles y la de Piamonte acabaron por fracasar debido a la intervención
extranjera.
En el Reino
Unido de Gran Bretaña e Irlanda, el movimiento radical que pretendía la
transformación democrática de la «monarquía limitada» británica tuvo su
episodio más violento en la Masacre de Peterloo del 16 de agosto de 1819.
También en
Rusia —con una rebelión de parte del ejército contra el Zar en 1825— y en
Grecia se produjeron levantamientos. Mientras que en la primera fracasó, en la
segunda desembocó en una guerra de independencia contra el Imperio otomano y
con la recuperación de su soberanía.
También en
América tuvieron lugar revoluciones durante esa década. Con diferentes
resultados, los criollos de Argentina (que triunfaron) y los de México (que
fracasaron) se levantaron contra la Corona española. Siguiendo el impulso, en
pocos años Colombia, Venezuela, Ecuador, Chile, México, Perú y Bolivia
consiguieron la independencia.
LA REVOLUCIÓN
DE 1830
La
Revolución de 1830 fue un importante acontecimiento histórico que tuvo lugar en
Europa durante el siglo XIX. Fue un movimiento revolucionario que se inició en
Francia y que posteriormente se extendió a otros países como Bélgica, Polonia e
Italia. Esta revolución marcó un hito en la lucha por la democracia y los derechos
civiles, así como en la consolidación de los nacionalismos en Europa. La
Revolución de 1830 fue la segunda oleada revolucionaria durante la primera
mitad del siglo XIX en Europa. Junto con la de 1820 y la de 1848, forma las
denominadas Revoluciones burguesas de carácter liberal. Aunque cada una tuvo
particularidades propias, todas coincidieron en su lucha contra la vuelta del
absolutismo.
Después de
la derrota de Napoleón Bonaparte, las potencias vencedoras se reunieron en el
Congreso de Viena para diseñar una Europa donde las ideas de la Ilustración y
del liberalismo estuvieran ausentes. Sin embargo, parte de la población
reaccionó levantándose contra los gobiernos que se formaron.
La
Revolución de 1830 tuvo su origen en Francia. Allí, el rey trató de promulgar
algunas leyes para regresar a un sistema de gobierno absolutista. La reacción
callejera provocó su renuncia. En las semanas siguientes, los levantamientos se
extendieron por buena parte del continente.
En 1830,
aparte de la lucha a favor de la libertad y la igualdad propia del liberalismo
de la época, otro factor que movió a los revolucionarios fue un nacionalismo
muy influido por las ideas del romanticismo.
· La derrota de Napoleón hizo que se
organizaran las monarquías y tratasen de volver al absolutismo. Sin embargo,
las ideas ilustradas y liberales no habían desaparecido. 10 años antes se
produjo el primer levantamiento en España, Nápoles, Grecia y Portugal, todos
con la característica común de ir contra las monarquías autoritarias. Los
líderes de estas revoluciones procedían, en su mayor parte, de la burguesía.
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· En 1825 comenzó una grave crisis
económica. Primero afectó a Inglaterra y, después, se extendió por el resto del
continente. Las actividades mercantiles y la producción industrial
disminuyeron. En Francia, los obreros convocaron varias huelgas en protesta por
sus condiciones laborales y la penuria en la que vivían. Tres años después,
pareció que Europa superaba las dificultades. Sin embargo, en 1828 la crisis se
recrudeció. En esta ocasión, también afectó a la agricultura. Las malas
cosechas aumentaron los precios y la escasez en los mercados. Las clases
populares vieron disminuidos su salario y, en consecuencia, las ventas
disminuyeron. Todo eso provocó que la pobreza aumentara.

· A pesar de
los esfuerzos de la Santa Alianza por mantener el absolutismo en toda Europa,
la derrota de Napoléon no llevó estabilidad política al continente. La
creciente fortaleza de la burguesía había hecho que se enfrentara a la nobleza
para arrebatarle parte de su poder. Ideológicamente, esta burguesía se basaba
en el liberalismo, económico y social.
En algunas
zonas de Europa, además de los factores ideológicos, una de las causas de las
revoluciones fue el fortalecimiento del nacionalismo. En algunos casos, como en
Italia, se trataba de movimientos que deseaban unificar el país y acabar con el
control austriaco sobre algunos de sus territorios.
A diferencia
de lo que ocurría con los sistemas absolutistas, el liberalismo defendía la
importancia de la razón y la ciencia frente a los dogmas religiosos. Además, la
Ilustración establecía la igualdad entre los seres humanos sin importar su
origen social.
Revolución
de Julio de 1830 (Francia)
La
Revolución Francesa de 1830, también conocida como Revolución de Julio, fue la
segunda Revolución Francesa tras la primera de 1789. Provocó el derrocamiento
del rey Carlos X de Francia y el ascenso de su primo Luis Felipe, duque de
Orleans. La Revolución de 1830, surgió en Francia, principalmente, como una
reacción contra las medidas antiliberales adoptadas por el rey Carlos X,
sucesor de Luis XVIII, soberano éste que había sido restituido después de
Waterloo, es decir, después del derrumbe napoleónico. Francia se hallaba regida
por una monarquía constitucional, con Carlos X como soberano. A mediados de
1830, dicho rey suprimió la libertad de prensa, a la vez que modificó el
sistema electoral al establecer que solamente podían ser electores quienes pagaban
una renta al Estado.

La chispa
que encendió la Revolución de Julio se produjo el 27 de julio de 1830. Los días
27, 28 y 29 de Julio de 1830, "Los Tres Gloriosos", el pueblo de
París se sublevó contra el Rey consiguiendo finalmente triunfar. La revuelta
comenzó en París, con la toma de las calles por parte de estudiantes, obreros y
miembros de la clase media. Las protestas se extendieron rápidamente por toda
Francia, y en pocos días se formaron comités revolucionarios en diversas
ciudades del país. La Revolución fue liderada en gran medida por la burguesía
liberal, que buscaba derrocar a la monarquía absolutista y establecer un
régimen más democrático y representativo. A medida que las protestas se
intensificaban, el rey se vio obligado a abdicar y exiliarse, lo que marcó el
fin de la Casa de Borbón en Francia. Se formó, entonces, un gobierno
provisional que desconoció a Carlos X, se proclamó una monarquía constitucional
y se nombró como rey a Luis Felipe de Orleans, quien adoptó el título de rey de
los franceses.
Revolución
belga
En la
Revolución belga de 1830 se alzaron los habitantes predominantemente católicos
de las provincias del sur del Reino Unido de los Países Bajos contra la
superioridad de las provincias norteñas, mayoritariamente protestantes. Un mes
después del movimiento francés, estalló una revolución nacionalista en
Bruselas, a la que se adhirió el resto de Bélgica. El congreso de Viena había
fusionado, en 1815, a Bélgica con Holanda, formando el reino de los Países
Bajos. Las diferencias entre belgas y holandeses eran fundamentalmente
confesionales: los primeros eran católicos y los últimos eran calvinistas. Los
insurrectos declararon su separación de Holanda y la constitución del reino
independiente de Bélgica. Bélgica emprendió un movimiento revolucionario de
liberación nacional. La desigual representación de los belgas en el Parlamento
de los Países Bajos, la intervención holandesa en la Iglesia católica belga y
la enseñanza, fueron los motivos de la sublevación de los belgas. Con la
Constitución de 1831, Bélgica alcanzaba la independencia y se convertía en una
monarquía constitucional.

Levantamiento
de Noviembre (Polonia)
El
Levantamiento de Noviembre, también conocido como el levantamiento de Varsovia
de 1830 o como la Revolución de los Cadetes, fue una rebelión armada de carácter
nacionalista contra el dominio ruso en la Polonia del Congreso. Se incluye
dentro del ciclo revolucionario europeo, iniciado en las tres jornadas de julio
en Francia, que se conoce como Revolución de 1830.
Polonia
había desaparecido como Estado en los tres repartos realizados por Austria,
Prusia y Rusia en la segunda mitad del siglo XVIII. El congreso de Viena los
ratificó, y Rusia fue dueña de la mayor parte de aquella nación. El gobierno
despótico del zar Nicolás I soliviantó a los nacionalistas polacos, quienes,
entusiasmados por el movimiento francés, iniciaron una revolución en la ciudad
de Varsovia.

La
revolución polaca comenzó el 29 de noviembre de 1830 en Varsovia, protagonizada
por un grupo de jóvenes conspiradores de la escuela de oficiales del ejército
que pronto fueron respaldados por buena parte de la sociedad polaca. Estos se
sublevaron contra la denominación extranjera y, luego, proclamaron su
independencia, pero fueron pronto debelados en forma sangrienta por el Zar y
sometidos nuevamente a Rusia, perdiendo, así, su condición de pueblo libre y
soberano. El levantamiento, convertido en una verdadera guerra ruso-polaca, fue
finalmente aplastado por el ejército ruso, numéricamente superior, al mando de
Iván Paskévich en la batalla de Ostrołęka y en la batalla de Varsovia. Los
principales dirigentes fueron ejecutados, otros pudieron refugiarse en Francia
y en Inglaterra. El idioma ruso fue restablecido como único y obligatorio;
Polonia quedó convertida en una provincia rusa.
Italia (Giovane
Italia)
En Italia
fueron los Estados del centro los que iniciaron la revolución que fue aplastada
por las tropas austriacas. A raíz de este fracaso los nacionalistas se
integraron en la organización “Joven Italia”, dirigida por Mazzini. Aunque no
estuvo exenta de reivindicaciones liberales, la revolución en Italia tuvo un
componente marcadamente nacionalista. Los carbonarios, una sociedad secreta,
fue la impulsora de las revueltas.
Alemania
Alemania
también estaba en pleno proceso de unificación. En esos momentos, ya había
creado un gran mercado único que abarcaba los territorios del que fue el Sacro
Imperio Romano. En 1830 se produjeron algunos levantamientos protagonizados,
sobre todo, por estudiantes. La mayoría de las exigencias eran de carácter
nacionalista. Los ejércitos de Prusia y Austria actuaron unidos y acabaron con
las protestas antes de que fueran a más.
Este
movimiento revolucionario estuvo marcado por importantes cambios políticos y
sociales que transformaron la estructura de poder y las dinámicas sociales de
la época. Estos eventos marcaron el inicio de un periodo de cambios políticos y
sociales en Europa. La Revolución de 1830 sentó las bases para futuros
movimientos revolucionarios y contribuyó al desarrollo de ideas políticas y
sociales que influyeron en el devenir de la historia.
LA REVOLUCIÓN
DE 1848
La
Revolución de 1848, también conocida como la “Primavera de los Pueblos” (Año de
las Revoluciones) fue un periodo de agitación política y social que tuvo lugar
en Europa en el año 1848. Fue un movimiento revolucionario que se extendió por
varios países del continente, con el objetivo de derrocar los regímenes
absolutistas y promover reformas políticas y sociales. Históricamente, se
enmarcan en las denominadas Revoluciones burguesas, que incluyen las oleadas de
1820 y de 1830.
Aunque hubo
diferentes razones por las que los distintos grupos sociales participaron en
las revoluciones, el objetivo común era acabar con la Europa de la
Restauración, el sistema político establecido por el Congreso de Viena y que
pretendía volver al absolutismo después de la derrota de Napoleón.
Francia fue
el primer país en el que estalló la revolución en 1848. Luego, las
insurrecciones se extendieron por la mayor parte de Europa Central e Italia. En
algunas zonas, el nacionalismo estuvo muy presente en el ánimo de los
revolucionarios.
Las
principales causas de esta revolución fueron:
Descontento
social: La desigualdad y la pobreza eran problemas recurrentes en la sociedad
europea de la época. La mayoría de la población vivía en condiciones precarias
mientras que una minoría disfrutaba de privilegios y riquezas.
Nacionalismo:
El sentimiento de pertenencia a una nación y el deseo de independencia y
autogobierno se propagaron por toda Europa. Muchos grupos étnicos y regionales
lucharon por su emancipación y por la formación de Estados nacionales.
Liberalismo:
Las ideas liberales en materia política y económica se difundieron ampliamente
durante el siglo XIX. La demanda de mayores derechos y libertades individuales,
así como de una economía más justa y abierta, fue uno de los motores de la
Revolución de 1848.
Lucha contra
el absolutismo: Aunque las revoluciones de 1830 generaron algunas concesiones
de las monarquías absolutistas, fueron insuficientes para buena parte de la
población. Las revoluciones de 1848 se convirtieron en un enfrentamiento entre
el sistema liberal y el absolutista.
Represión y
censura: Los gobiernos autoritarios y monárquicos de la época ejercían una
fuerte represión sobre la población y controlaban la información a través de la
censura. Esto generó un sentimiento de frustración y deseo de cambio entre la
gente.
Crisis
económicas: La década de 1840 estuvo marcada por una serie de crisis económicas
que afectaron a gran parte de Europa. El desempleo, la inflación y la escasez
de alimentos fueron problemas recurrentes que contribuyeron al descontento
generalizado.
Revolución
de 1848 en Francia
En Francia
la revolución de 1848 fue un triple enfrentamiento entre la burguesía
tradicional, la pequeña burguesía que quería tener mayor influencia, y la clase
obrera que consideraba que no contaba con los suficientes derechos. La
revolución tuvo tanta influencia que trajo el nacimiento de la Segunda
República Francesa, y el final de Luis Felipe I como rey, siendo el último
monarca de los franceses.
El rey Luis
Felipe de Orleans había favorecido a la alta burguesía hasta el punto de que
esta se mostraba partidaria del Antiguo Régimen. Esta clase social no tenía
intención de compartir sus privilegios con la pequeña burguesía o los obreros.
Fueron estos últimos, junto con los estudiantes, quienes comenzaron la
revolución. Se inició en París el 22 de febrero. Durante las jornadas
siguientes, los revolucionarios recibieron el apoyo de la Guardia Nacional. El
24 de ese mismo mes, el rey abdicó. Al día siguiente fue proclamada la II
República. Entre las leyes aprobadas estaban el sufragio universal (solo
masculino) y las libertades de prensa y asociación. En el gobierno de la II
República participaron simpatizantes socialistas, algo inédito hasta el momento.
A los pocos meses, ante la radicalización de algunos revolucionarios, la
pequeña burguesía optó por aliarse con la alta burguesía. A partir de junio,
más de 1.500 personas fueron ejecutadas. Tras esos días de represión y
violencia, los franceses optaron por un régimen más moderado. El sobrino de
Napoleón, Luis Napoleón Bonaparte, fue elegido presidente. En 1852, siguiendo
el camino emprendido por su tío, se declaró emperador y eliminó las leyes
surgidas de la Revolución.

Revolución
de 1848 en Alemania
Alemania en
1848 estaba conformada por numerosos estados que se hacían llamar Confederación
Germánica. Durante esta etapa la mayor parte de los estados alemanes comenzaban
a usar gobiernos liberales, y nacieron las primeras ideas nacionalistas de que
todos debían unirse en una única nación alemana.
A principios
del XIX, el antiguo Sacro Imperio Germánico se convirtió en la Confederación
Germánica. En 1848, las revoluciones que estallaron allí tuvieron un marcado
acento nacionalista, con muchos grupos luchando por la unificación. En ese
lugar, las revoluciones ocurrieron en marzo. A resultas de estas insurrecciones
se conformaron gobiernos de carácter liberal en los diferentes territorios que
componían la Confederación. El Parlamento Federal se reunió el 10 de marzo para
iniciar la redacción de una Constitución. Diez días más tarde, el mismo
Parlamento pidió a los diferentes Estados que celebraran elecciones para elegir
un Congreso Constituyente. En Prusia, por su parte, también estallaron
disturbios en las calles. Esto llevó a que su Asamblea Nacional preparase una
Constitución para el reino. El Parlamento de Frankfurt elaboró su propia
Constitución, aprobada al año siguiente. Este texto hablaba de una Alemania
unificada gobernada por una monarquía constitucional. Sin embargo, ninguno de
los príncipes gobernantes en la Confederación aceptó esta Carta Magna. La
primera reacción de los absolutistas tuvo lugar en Prusia. Allí, en 1850, el
ejército acabó con los movimientos liberales. Pronto, ese ejemplo se extendió
por toda la Confederación. La revolución en Alemania se considera que fue un
fracaso, no logrando sus objetivos, aunque sí sentó las bases para que unos
años después las regiones se unificaran (Unificación alemana).

Revolución
de 1848 en Italia
En esta
época Italia no existía como tal, sino que estaba dividida en numerosos estados
muy distintos. Aún así en 1848 todos los estados italianos comenzaron una
revolución liberal, incluso en la zona perteneciente al Papado. A este evento
se le llama la Primera Guerra de Independencia Italiana, y aunque no lograron
su independencia, si sentó las bases para el nacimiento de Italia unos años
después.
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Como ocurrió
en la Confederación Germánica, las revoluciones en los Estados Italianos
combinaban la causa liberal con el deseo de unificación territorial. En las
zonas de la península itálica controladas por los austriacos, estas insurrecciones
se convirtieron también en un movimiento de liberación. En un primer momento,
los revolucionarios obligaron al rey de Nápoles a crear un Parlamento,
expulsaros a los austriacos de Lombardía-Venecia y lograron que el rey del
Piamonte aprobara una Constitución. El propio papa Pío IX, que gobernaba sobre
Roma, tuvo que huir de la ciudad acosado por Mazzini. Este acabó proclamando
una república. Pero estos logros duraron unos meses. Austria envió un poderoso
ejército que fue derrotando a los revolucionarios. En Roma, Luis Napoleón
acudió a socorrer al papa. Solo en Piamonte, con el rey Víctor Manuel, el
sistema liberal permaneció vigente.
Revolución
de 1848 en Estados Austriacos
El
nacionalismo también fue un factor importante en las revoluciones que se
desarrollaron en el Imperio austriaco. Este, conformado por territorios
diversos, no tuvo más remedio que cambiar algunas de sus políticas. Lo mismo
ocurrió en otras zonas gobernadas por los Habsburgo, como el norte de Italia o
Bohemia. A diferencia de lo que pasaba en otras partes del continente, la
burguesía apenas existía en estos Estados. Por ese motivo, quien inició las
revueltas fue la aristocracia media y baja, donde había muchos intelectuales
seguidores de las ideas de la Ilustración. Entre las insurrecciones más
importantes ocurridas en esta zona están la proclamación de independencia de
Hungría, aunque fue de nuevo anexionada por los austriacos. Igualmente, Bohemia
logró incrementar su autonomía, lo que fue respondido por Austria con un
bombardeo sobre Praga. Las revoluciones que tuvieron lugar en el Imperio
provocaron que Metternich perdiera su cargo. Fernando I, el emperador, tuvo que
convocar una Asamblea para redactar una Constitución. A los liberales se les
unieron los nacionalistas húngaros y checos, que aumentaron las competencias
legales propias.

Revolución
de 1848 en España
En España
tuvo lugar un levantamiento liberal contra el gobierno de Narváez, ya que
consideraban que era demasiado moderado. La revolución fue un fracaso, y los
liberales no pudieron tomar el poder, dividiéndose y formando partidos
diferentes hasta finalmente tomar el poder unos años después.
La
Revolución de 1848 dejó un legado histórico significativo. Marcó el comienzo de
una era de agitación política y social en Europa y sentó las bases para futuros
movimientos revolucionarios. Además, la revolución también tuvo un impacto en
la formación de la identidad nacional en muchos países europeos, ya que
despertó un sentido de solidaridad y conciencia nacional entre los pueblos
oprimidos.
LA UNIFICACIÓN
ITALIANA
La
unificación de Italia (Risorgimento) fue el proceso mediante el que los
distintos Estados que existían en la península italiana acabaron formando un
solo país. Tuvo lugar durante el siglo XIX, en un contexto histórico marcado
por la aparición del Romanticismo y el nacionalismo, corrientes ideológicas que
defendían el concepto de Estado-nación. Durante siglos, la península itálica
estuvo fragmentada en diversos estados y territorios, gobernados por distintas
dinastías y potencias extranjeras. Sin embargo, a partir de la segunda mitad
del siglo XIX, se dio un movimiento de unificación que buscaba consolidar un
único Estado italiano, con un gobierno centralizado y soberano.

La
unificación italiana fue un proceso complejo que se desarrolló en varias
etapas. En primer lugar, se caracterizó por una serie de movimientos
revolucionarios y guerras de independencia que tuvieron lugar en distintas
partes de Italia. Estas luchas estaban motivadas por el deseo de liberarse del
dominio extranjero y de establecer un Estado italiano unificado.
Posteriormente, se sucedieron una serie de negociaciones políticas y acuerdos
diplomáticos que permitieron la unificación de los distintos territorios
italianos bajo un único gobierno. Gracias a estos esfuerzos, en 1861 se
proclamó el Reino de Italia, con Víctor Manuel II como rey.
Desde la
caída del Imperio romano, Italia estuvo dividida entre distintas naciones.
Algunas tuvieron momentos de gran esplendor, como la República de Venecia o la
de Génova, pero siempre como países independientes. Al comenzar el proceso de
unificación, en el siglo XIX, el Congreso de Viena había dividido la península
itálica en siete Estados.
La
unificación, conocida en Italia como el Resurgimiento (Risorgimento en
italiano), cobró impulso cuando el conde de Cavour, ministro del Reino de
Cerdeña, convenció al emperador francés Napoleón III de que ayudara a crear un
solo Estado en la península. Este accedió, principalmente porque era una manera
de debilitar al Imperio austriaco.
El resultado
de este proceso fue la creación del Reino de Italia. Además del conde de
Cavour, otros personajes destacaron por sus actuaciones, como el rey Víctor
Manuel II, Giusseppe Garibaldi y Giuseppe Mazzini.
Con el paso
del tiempo, algunos de esos Estados fueron gobernados por dinastías
consideradas extranjeras, como los Borbones y los Habsburgo. La caída de
Napoleón llevó a que las potencias europeas rediseñaran el mapa de Europa,
quedando Italia dividida en diversos Estados:
Piamonte-Cerdeña
(monarquía liberal. capital Turín).
Toscana,
Parma y Módena (Estados aliados de Austria).
Estados
Pontificios (en poder del papado).
Reino
Lombardo-Véneto (parte del Imperio austriaco).
Reino de
Nápoles y las Dos Sicilias (monarquía absoluta).
El
resentimiento contra la ocupación napoleónica y el posterior retorno al imperio
austríaco caló entre una parte de los intelectuales del norte itálico,
principalmente lombardos y piamonteses. Alimentados también por el movimiento
romántico y el recuerdo lejano del Imperio Romano, soñaban con materializar
esas aspiraciones en una nueva Italia unida, heredera de las glorias del
pasado. Contra todo pronóstico y jugando hábilmente sus cartas, el Reino de
Cerdeña navegó entre las aguas tortuosas de la diplomacia europea y logró
hacerse, uno tras otro, con casi todos los territorios itálicos: pero Italia
tardaría mucho más en formarse y sería a menudo de un modo doloroso.
Risorgimento
«Giovine Italia»
Durante el
siglo XIX, algunos patriotas sintieron la necesidad de unir toda la península
y crear una única nación dando inicio a
la fase histórica conocida como Risorgimento (Resurgimiento). Entre estos
patriotas se encontraba Giuseppe Mazzini, fundador de la organización «Giovine
Italia» (Joven Italia), una asociación política que tenía como objetivo
transformar Italia en una república democrática unitaria, según los principios
de libertad e independencia.
Primera
Guerra de Independencia
1847: Se
compuso el canto nacional de los italianos, más conocido como Inno di Mameli
(Himno de Mameli) por el nombre del autor Goffredo Mameli, quien se hizo
popular durante las guerras de independencia. (Todavía es el himno oficial del
Estado italiano)
1848:
estalló la Primera Guerra de Independencia, cuando, después de varias
insurrecciones anti-hasburgas en las ciudades más importantes del dopo
Lombardo-Véneto (Padua, Milán e Venecia), Carlo Alberto de Saboya se puso al
mando de una coalición de estados italianos y le declaró la guerra a Austria,
con la intención de conquistar el Reino Lombardo-Véneto. Aunque al principio
resultó vencedor, Carlo Alberto fue derrotado y obligado a entregar el reino a
su hijo Víctor Manuel II.
La batalla
de Custoza fue un enfrentamiento militar ocurrido entre los días 24 y 25 de
julio de 1848 entre los ejércitos del Imperio austríaco, dirigido por el
mariscal Joseph Radetzky, y los del Reino de Cerdeña, encabezado por el rey
Carlos Alberto de Piamonte, en el contexto de la primera guerra de
Independencia italiana que se saldó con una victoria austriaca.
La batalla
de Novara o batalla de Bicocca fue un enfrentamiento armado entre el Imperio
austríaco y el Reino de Cerdeña. Se produjo entre el 22 y el 23 de marzo de
1849 y supuso una fuerte derrota para el ejército sardo.
1852:
Camillo Benso Conde de Cavour se convirtió en el primer ministro del Reino de Cerdeña
y empezó a planificar nuevas e innovadoras estrategias para unificar la
península.
De hecho,
Cavour se dio cuenta en seguida de que sin el apoyo de una potencia europea
nunca habría sido posible vencer a los Hasburgo, así que, mediante una serie de
maniobras diplomáticas, consiguió obtener el respaldo de la Francia de Napoleón
III.
Segunda
Guerra de Independencia (Expedición de los Mil)
1859:
estalló la Segunda Guerra de Independencia: el Reino de Cerdeña, respaldado por
Francia, consiguió hacerse con Lombardia, acontecimiento que también llevó como
resultado a la anexión al Reino de Cerdeña de la Toscana, Parma, Módena y parte
de la Emilia-Romaña, gobernada por el Estado Pontificio.
La batalla
de Montebello se libró el 20 de mayo de 1859 en Montebello al norte de Italia.
Fue el primer gran enfrentamiento de la Segunda Guerra de Independencia de
Italia tras la invasión austriaca del Piamonte, entre las tropas austriacas,
comandadas por el mariscal de campo Philipp von Stadion und Thannhausen, contra
la caballería piamontesa y la infantería francesa, al mando del general Élie
Frédéric Forey.
La batalla
de Magenta se inició el 4 de junio de 1859, durante la segunda guerra de
independencia italiana, acabando en una victoria sardo-francesa bajo el mando
de Napoleón III y en la derrota de los austriacos, bajo el mando de Ferencz
Gyulai.
La batalla
de Solferino tuvo lugar el 24 de junio de 1859, en la localidad de Solferino en
Italia. El ejército austriaco, al mando de Francisco José I, de unos 100 000
hombres, fue derrotado por los ejércitos de Napoleón III de Francia y del Reino
de Cerdeña, comandado por Víctor Manuel II, con una fuerza aproximada de 118
600 hombres.
La
Expedición de los Mil (también llamada expedición de los camisas rojas) es un
famoso episodio del Risorgimento italiano que ocurrió en 1860. La expedición
consistió en un contingente de poco más de mil hombres bajo el mando de
Giuseppe Garibaldi y enviados por el Reino de Cerdeña.
1860:
Giuseppe Garibaldi, un general, patriota y líder italiano, famoso tanto en
Europa como en la América meridional por sus logros que hicieron que fuera
conocido como “eroe dei due mondi” (héroe de los dos mundos), partió en barco
con aproximadamente mil hombres a su cargo desde Quarto, en los alrededores de
Génova, hasta Marsala, en Sicilia.

En 1860,
Garibaldi lideró la Expedición de los Mil, un ejército de voluntarios que
desembarcó en Sicilia con el objetivo de liberar el sur de Italia del dominio
de los Borbones. Garibaldi y sus hombres lucharon valientemente y rápidamente
tomaron control de Sicilia y luego avanzaron hacia el continente, tomando
Nápoles y unificando el sur de Italia bajo el gobierno de Víctor Manuel II. Desde
Sicilia, después de combatir contra el ejército borbónico, los Mil conquistaron
toda la isla y empezaron a subir hacia al Norte, victoria tras victoria, hasta
llegar a Nápoles. La campaña militar de Garibaldi fue una de las más exitosas
de la historia italiana y fue un paso importante hacia la unificación total del
país.
Esas mismas
semanas, el rey Víctor Manuel II movió el ejército para conquistar las Marcas y
Umbria, regiones controladas por el Estado Pontificio y, evitando el Lacio,
bajo con los soldados hasta Campania.
1860 (26 de
octubre): Víctor Manuel II se reunió con Giuseppe Garibaldi en Teano, cerca de
Caserta, logrando juntar de este modo la península.
1861 (17 de
marzo): Víctor Manuel II declaró el nacimiento del Reino de Italia y Turín como
capital. Víctor Manuel II asumió el
título de rey de Italia el 17 de mayo de 1861.
El Reino de
Cerdeña se convirtió en el Reino de Italia en marzo de 1861. Por el hecho de
ser el primer rey de una Italia unida y por ser muy popular en la población,
Víctor Manuel II fue apodado el "Padre de la Patria" (italiano: Padre
della Patria).
Tercera
Guerra de la Independencia
1866: Italia
aún no estaba del todo unido y liberada… De hecho, aún faltaban el Lacio y el
Véneto, pero este último fue liberado Vittorio Emanuele con la Tercera Guerra
de Independencia. Roma estaba protegida por los franceses y Venecia todavía
estaba bajo control austriaco. El conflicto fue paralelo a la guerra
austro-prusiana. Víctor Manuel II logró establecer una alianza adecuada con
Prusia luego de una de las batallas de los cuales Prusia salió vencedora, la
nación se encargó de hacerle Austria le devolviera a Italia la ciudad de
Venecia.
La batalla
de Lissa se libró el 20 de julio de 1866 entre la armada austriaca y la armada
italiana, cerca de la isla de Lissa (actual Vis), en el mar Adriático, en el
marco de la guerra austro-prusiana. Fue una victoria decisiva de la fuerza
austriaca frente a una escuadra italiana muy superior en número.
Incorporación
de Roma. Con este proceso se logró concluir la unificación italiana pues con
ello se incorporaban los Estados de la Iglesia principalmente la ciudad de
Roma. Víctor Manuel II había tomado el compromiso con Napoleón III de mantener
los dominios del Papa en la capital del catolicismo. Primeramente, Garibaldi
intentó tomar la ciudad pero fue rechazado por el ejército sardo y luego, con
la guerra franco-prusiana, Napoleón III retiró el ejército que mantenía en
Roma. Entonces, Víctor Manuel II le ordenó a las tropas italianas ocupar la
ciudad de Roma sin importar la resistencia que presentaba la guarnición papal o
las protestas que hizo el mismo Sumo Pontífice.

1870: los
bersaglieri (cuerpo de infantería del Ejército italiano) del rey llegaron a
Roma, donde abrieron una brecha en la muralla y entraron a la ciudad
(acontecimiento que se recordará la Breccia di Porta Pia), poniendo fin al
poder del Papa. De hecho, a este último se le concedieron solo el Palacio
Pontificio, los palacios del Vaticano y una indemnización anual en metálico.
La ciudad
leonina, excluyendo el Vaticano, sede del papa, fue ocupada por soldados
italianos el 21 de septiembre. Víctor Manuel se instaló en el Palacio del
Quirinal. El 9 de octubre, un decreto real estableció la incorporación de la
ciudad y la región de Lazio al Reino de Italia. Además, el gobierno tenía la
intención de dar a Pío la soberanía sobre la Ciudad Leonina, pero el Papa aún
no estaba de acuerdo porque no estaba dispuesto a renunciar a sus reclamos por
un territorio más amplio.

1871: Roma
se convierte en la capital del Reino de Italia. Víctor Manuel logró entonces
instalarse en el Palacio del Quirinal y posteriormente declaró a Roma como la
capital del Reino de Italia. El 13 de mayo de 1871 se aprobó la Ley de
Garantías, que otorgaba al Papa amplias prerrogativas. Aunque los países
católicos estaban satisfechos con esta medida, el Papa se negó a aceptarla y se
consideró un “prisionero en el Vaticano”. Durante casi 60 años después de la
Toma de Roma, el estatus del Papa se conoció como la “Cuestión romana”, asunto
que se resolvió con la firma de los Pactos de Letrán en 1929.
La principal
importancia de la unificación italiana fue que, por medio del proceso, se logró
finalmente crear el Reino de Italia. Se logró además, anexar varios Estados al
territorio y con ello se aumentó la extensión territorial. Italia, luego de la
unificación, logró experimentar un importante desarrollo y crecimiento en
cuanto a la economía y finalmente, se convirtió a Italia en una gran potencia
política y militar a lo largo de Europa.
LA REBELIÓN
TAIPING
La Rebelión
Taiping (1850-1864) fue uno de los conflictos armados más devastadores de la
historia de la humanidad. Se trató de una guerra civil, con grandes
connotaciones religiosas y sociales, que enfrentó a la dinastía manchú Qing,
gobernante de China desde 1644, contra el Reino Celestial de la Gran Paz
(Taiping Tianguo), un Estado disidente liderado por Hong Xiuquan que llegó a
controlar amplias regiones del sur y centro del país durante más de una década.
Entre 1851 y 1864, Hong Xiuquan, un campesino y estudiante fracasado, se alzó
contra el Imperio Qing con el objetivo de instaurar el Reino de Dios en nombre
del cristianismo. La Rebelión de Taiping liderada por Hong Xiuquan golpeó la
economía de los funcionarios, los notables y los terratenientes de la dinastía
Qing , alteró las relaciones agrarias feudales, debilitó el poder imperial de
la corte Qing, cambió la distribución del poder a finales de la dinastía Qing y
sacudió la ideología feudal.

A mediados
del siglo XIX, la dinastía Qing atravesaba una profunda decadencia. La derrota
en la Primera Guerra del Opio (1839-1842) a manos de Gran Bretaña había
revelado la debilidad militar del Imperio y obligado a China a abrir puertos al
comercio extranjero mediante el Tratado de Nankín. Las importaciones masivas de
opio arruinaban a familias enteras, el erario imperial se vaciaba y las
autoridades locales aumentaban los impuestos para compensar. En las provincias
del sur, especialmente en Guangdong y Guangxi, la pobreza campesina se
agudizaba mientras la corrupción burocrática crecía. La población hakka —un
grupo étnico chino con identidad propia— sufría además discriminación por parte
de la mayoría Han local, lo que alimentaba un malestar adicional sobre el que
prendería la chispa de la rebelión.
Hong Xiuquan
era hijo de campesinos y maestro en un pequeño pueblo. Se consideraba a sí
mismo como el "hermano menor de Jesús", haciendo una interpretación
propia de la Biblia. Tras fracasar reprobar repetidamente los exámenes
imperiales estuvo delirando por días y soñó que visitó el Cielo y descubrió que
poseía una familia celestial. Después de eso, dijo que se le había encomendado
la misión de limpiar China de la corrupción manchú, devolver el poder a los
Han, restaurar la fe en el Emperador Supremo, su padre celestial, y en el
Shenismo. Hong Xiuquan
creía que Dios le había encargado instaurar el Reino de Dios en la Tierra. A
partir de 1850 pasó a liderar la Rebelión Taiping contra el poder imperial
manchú, estableciendo el llamado "Reino Celestial de la Gran Paz" en
varias regiones del sur y centro de China, nombrándose a sí mismo "Rey
Celestial". Estableció su capital en Nankín, provincia de Jiangsu,
manteniendo su reino hasta 1864, cuando no pudo resistir la ofensiva de las
tropas imperiales.

Hong Xiuquan
inició su primera revuelta el 11 de enero de 1851, en Jintian (actual ciudad de
Guiping), al este de la provincia de Guangxi. Esta acción, conocida como el
Levantamiento de Jintian, movilizó a una fuerza de diez mil hombres al mando de
Xiuquan, que lograron someter a las fuerzas imperiales en dicha ciudad. Este
movimiento desencadenó el inicio formal de la Rebelión Taiping. Poco después,
en agosto de 1851, se proclama el Reino Celestial de la Gran Paz, y Xiuquan
sería el líder absoluto con el título de Rey Celestial (天王). En 1856 estalló el Incidente de Tianjing; el Taiping
Tianguo pasó de su apogeo a la decadencia; él promovió a comandantes como Chen
Yucheng y Li Xiucheng, y aprobó el Nuevo Tratado de Gobierno de Hong Rengan.
En la
batalla de Ruizhou los rebeldes taiping fueron aplastados por el ejército
imperial. Lo que había empezado como una pequeña revuelta local en el sur de
China se transformó rápidamente en una rebelión a escala imperial que puso en
evidencia la incapacidad de la administración Qing para controlar el país.
El Asedio de
Tianjin por las tropas imperiales de la dinastía Qing en 1864. Las tropas
imperiales consiguieron poner cerco a su capital, Tianjin, pero la resistencia
de los rebeldes y el estallido de la segunda guerra del opio entre la China
Qing e Inglaterra y Francia impidieron que el gobierno imperial pudiera sofocar
la rebelión.
Hong Xiuquan
se quitó la vida el 1 de junio de ese año mediante ingesta de veneno, siendo
sucedido por Hong Tianguifu. Tras la ejecución de su hijo el 18 de noviembre,
el Reino Celestial de la Gran Paz de Taiping que él mismo había instaurado fue
destruido y disuelto.
Las
estimaciones sobre el número de muertos oscilan entre 20 y 70 millones de
personas, entre combates, hambrunas y epidemias, lo que convierte a este
conflicto en el más letal de todo el siglo XIX y una de las guerras civiles más
mortíferas registradas.
LA GUERRA DE
CRIMEA

La Guerra de
Crimea, librada entre 1853 y 1856, representa un conflicto de trascendencia
histórica que marcó un punto de inflexión en la política europea y tuvo
profundas consecuencias para el Imperio Ruso, el Imperio Otomano y el
equilibrio de poder en el continente. La Guerra de Crimea es un dramático
conflicto entre el Imperio Zarista y el Imperio Turco, apoyado por Francia e
Inglaterra. Una guerra que frenó los deseos expansionistas de la Rusia Imperial
hacia el Mediterráneo y Oriente Medio y que permitió sobrevivir al moribundo
Imperio Turco. La Guerra de Crimea es también una guerra marcada por batallas
sangrientas y por errores militares, como la famosa “Carga de la Brigada
Ligera”, durante la Batalla de Balaclava, quizás el más famoso error militar de
la historia moderna. Pero, además de eso, es el culmen de la última cruzada que
pretendió recuperar los Santos Lugares. Más que una simple confrontación
militar, la guerra fue el resultado de una compleja red de tensiones políticas,
económicas y estratégicas que se habían ido acumulando durante décadas. El
conflicto, aunque se desarrolló principalmente en la península de Crimea, se
convirtió en un campo de batalla para las grandes potencias europeas, cada una
con sus propios intereses y ambiciones.

Uno de los
factores más importantes fue el declive del Imperio Otomano, conocido como el
“hombre enfermo de Europa”. Durante siglos, el Imperio Otomano había sido un
actor clave en la política europea, pero a mediados del siglo XIX, se
encontraba en un estado de decadencia, debilitado por guerras internas,
corrupción y la pérdida de influencia. El control de los Dardanelos (el
estrecho que conecta el Mar Negro con el Mar Egeo). Además, la debilidad del
Imperio Otomano facilitó la intervención de otras potencias, como Francia y
Gran Bretaña, que buscaban proteger sus propios intereses comerciales y
estratégicos en la región. Otro factor crucial fue el deseo de Rusia de
expandir su influencia en el Mar Negro y proteger a las minorías ortodoxas que
habitaban los territorios del Imperio Otomano. El zar Aleksandr II, lider de
Rusia, consideraba que la protección de estas minorías era una obligación moral
y estratégica, y veía en el control de los Dardanelos una forma de asegurar esa
protección.

Crimea es
una península ubicada en la costa septentrional del mar Negro, en Europa
Oriental. Cruzando el mar Negro hacia occidente, está Rumania, mientras que
hacia el sur, está Turquía. La península limita al noreste con el mar de Azov. El
Imperio ruso conquistó la península en 1774 en la guerra turco-rusa y la
incorporó al Kanato de Crimea, para ser integrada en el imperio en 1783.
Tradicionalmente
el Imperio Ruso se consideraba sucesor del Imperio Bizantino, o Imperio Romano
de Oriente, imperio que los zares rusos soñaban con restablecer algún día,
avanzando para ello hacia el Mediterráneo y recuperando para la fe ortodoxa los
Santos Lugares de Palestina y Jerusalén, que se hallaban desde la Edad Media en
poder de los turcos. El Imperio Turco no había sabido adaptarse a la modernidad
del siglo XIX y sus vastos territorios eran una codiciada presa para varias
potencias, entre ellas Rusia, que bajo el zar Nicolás I tomó la decisión de
declarar la guerra a los débiles turcos y capturar el estrecho del Bósforo,
liberando también Grecia y los Balcanes.

En 1853 el
zar Nicolás I exigió al Sultán turco que le cediera la protección sobre todos
los ortodoxos que habitaban el Imperio Otomano. Obviamente el Sultán se negó a
aceptar esta desmedida petición y con esta excusa estalló la guerra ruso-turca.
Tras romperse las negociaciones el Sultán turco fue el primero en atacar a los
ejércitos rusos en el frente del Danubio, pero los rusos eran tremendamente
superiores en entrenamiento y armamento y destrozaron a los turcos, hundiendo
su flota en la batalla de Sinop, el 30 de noviembre de 1853. Como resultado,
Gran Bretaña y Francia exigieron que Rusia abandonara el territorio otomano en
marzo de 1854 y enviaron flotas al Mar Negro a principios de 1854 para asegurar
los puertos otomanos y las rutas comerciales. Cuando Rusia no pudo salir del territorio,
Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Rusia. Finalmente, Rusia evacuó
el territorio en el verano de 1854, pero solo después de que Austria amenazara
con unirse a los aliados si Rusia no prestaba atención a las demandas.
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El conflicto
estalló oficialmente en octubre de 1853, cuando el Imperio Otomano declaró la
guerra a Rusia. La Guerra de Crimea se caracterizó por una serie de batallas y
asedios que pusieron a prueba la capacidad militar de las potencias
involucradas. La campaña comenzó con una serie de enfrentamientos en el Cáucaso
y el delta del Danubio, donde la superioridad rusa en entrenamiento y armamento
resultó en victorias iniciales para las fuerzas rusas. La guerra se desarrolló principalmente en la
península de Crimea, donde las fuerzas aliadas y rusas libraron una serie de
batallas sangrientas y prolongadas.
Con cerca de
1.000.000 de soldados de infantería, 250.000 de caballería y 750.000
reservistas, el Ejército Imperial Ruso era con mucho el mayor del mundo. El
ejército otomano contaba con unos 220.000 soldados, reclutados mediante levas
de la población musulmana; la población cristiana no podía alistarse en el
Ejército y en vez de servir en él pagaba un impuesto especial de capitación. En
los años previos la guerra de Crimea, los gastos militares británicos habían
ido menguando constantemente. Aunque la Royal Navy seguía siendo la mejor
Marina del mundo, el Ejército de Tierra no estaba listo para participar en una
guerra: de los 153.000 soldados con los que contaba en la primavera de 1854,
dos tercios se hallaban repartidos por las colonias del imperio. Por su parte,
el Ejército de Tierra francés acababa de concluir dos decenios de combates en
Argelia, en los que había participado en torno a un tercio de las unidades. En
total, el Ejército de Tierra lo componían 350.000 soldados.

El 3 de
julio de 1853. Rusia ocupa los principados danubianos. Rusia invadió el
territorio otomano en Moldavia y Valaquia, Estados vasallos otomanos, para
presionar al sultán a aceptar las exigencias rusas.
El 16 de
octubre de 1853 El Imperio otomano declara la guerra a Rusia. Con las flotas
británica y francesa en las cercanías y las tropas rusas aún en los
principados, el gobierno otomano declaró la guerra a Rusia (4 de octubre según
el calendario juliano, 16 de octubre según el gregoriano) y exigió la
evacuación de Moldavia y Valaquia. Los combates comenzaron en el Danubio a
finales de octubre.
El 30 de
noviembre de 1853. Destrucción de la escuadra otomana en la batalla naval de Sinope.
La escuadra del mar Negro del almirante Najímov destruyó una escuadra otomana
fondeada en Sinope y mató a unos 3.000 marinos y soldados otomanos. La batalla
endureció la opinión pública de Gran Bretaña y Francia contra Rusia. La pérdida
de su flota dejaba a Turquía indefensa y permitía a los rusos desembarcar a
placer en cualquier lugar de sus costas.
El 28 de
marzo de 1854 Gran Bretaña y Francia declaran la guerra a Rusia. Después de que
Rusia ignorara un ultimátum anglofrancés para evacuar los principados
danubianos, Francia declaró la guerra el 27 de marzo de 1854 y Gran Bretaña el
28 de marzo. Las tropas aliadas empezaron a desembarcar en Galípoli y luego se
trasladaron a Varna.
El 16 de
agosto de 1854. Toma de Bomarsund. Una expedición naval y militar británica y
francesa tomó la fortaleza rusa de Bomarsund, en las islas Åland. El asedio
duró solo diez días antes de que la guarnición se rindiera. Los Aliados
demolieron sistemáticamente todo lo que los rusos habían construido; fue el
principal éxito aliado en el Báltico en 1854.
El 14 de
septiembre de 1854. Desembarco aliado en Crimea. Unos 60.000 soldados
británicos, franceses y otomanos desembarcaron sin oposición en la bahía de
Calamita, al norte de Sebastopol, dando comienzo a la campaña de Crimea. Seis
días después derrotaron a Ménshikov en el Almá.

El 25 de
octubre de 1854. La batalla de Balaclava que enfrentó al imperio ruso contra
británicos, turcos y franceses. La acción tuvo lugar en el curso del asedio de
la plaza de Sebastopol por los aliados y en el intento de un ejército ruso de
levantar el cerco y neutralizar la cabeza de playa que usaban los aliados para
recibir abastecimientos. Durante la batalla de Balaclava, una orden mal
interpretada lanzó 661 jinetes de la Brigada Ligera británica, liderados por el
inefable Lord Cardigan, en dirección a la parte baja del valle contra los
cañones de la artillería rusa. Contra toda lógica, los lanceros, dragones y
húsares ingleses consiguieron romper las líneas enemigas. Cuando se dieron
cuenta que las tropas del zar les ganaban en número —5 a 1— tuvieron que
emprender una retirada desordenada y caótica colina arriba. Solo la mitad, unos
300 soldados, consiguieron sobrevivir a la batalla. Lo más curioso es que los
rusos decidieron abandonar sus posiciones, motivo por el cual esta acción
suicida de los británicos se convirtió en una victoria, creándose a partir de
entonces el mito de la brigada ligera (Carga de la Brigada Ligera). El general y
primer comandante en jefe británico durante la Guerra de Crimea FitzRoy Somerset,
primer barón Raglan, fue culpado y criticado por este desastre.

El 5 de
noviembre de 1854 La batalla de Inkermán concluyó con la victoria de los
ejércitos británico y francés bajo el mando del General Pierre Bosquet contra
el ejército ruso a las órdenes del general Aleksandr Ménshikov.
El 26 de
enero de 1855 Cerdeña se une a los aliados. El primer ministro Camillo Cavour
incorporó el Reino de Cerdeña a la alianza con Gran Bretaña y Francia. Entre
15.000 y 18.000 soldados sardos al mando del general Alfonso Ferrero di La
Marmora sirvieron en Crimea.
El 17 de
febrero de 1855 en la Batalla de Eupatoria, las tropas otomanas de Omer Pachá,
con apoyo francés, rechazaron un ataque ruso contra el puerto de Eupatoria, en
Crimea. Las bajas rusas fueron casi el doble que las de los defensores turcos.
Los rusos sufrieron 168 muertos, 583 heridos y 18 desaparecidos. Las bajas
turcas fueron 91 muertos y 286 heridos. Cuando la noticia de la derrota llegó a
San Petersburgo, el zar Nicolás se sintió extremadamente decepcionado y
entristecido y murió poco después, el 2 de marzo de 1855. Sucediendo a su
padre, el zar Alejandro II destituyó a Khrulev y reemplazó al príncipe Alexander
Menshikov como comandante en jefe de las fuerzas rusas para la guerra de
Crimea. El general Mijaíl Gorchakov lo sustituyo.

El 18 de
junio de 1855, Asalto fallido contra Malakoff y el Redán. Un asalto combinado,
francés contra Malakoff y británico contra el Gran Redán, fue rechazado con
grandes pérdidas. Lord Raglan murió diez días después. El asalto al reducto de
Malakoff fue la operación militar más decisiva del asedio de Sebastopol.
Dirigido por el general Patrice de Mac Mahon, el ataque francés se apoderó del
centro neurálgico del sistema defensivo ruso. Si bien las tropas británicas no
lograron tomar Gran Redan, los franceses atacaron el reducto con zapadores,
trincheras e intensos bombardeos de artillería. La captura de Malakoff provocó
la inmediata evacuación rusa de Sebastopol, poniendo fin a un asedio de 11
meses.
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El 8 de
septiembre de 1855. Caída de Sebastopol. El asedio de la gran base naval rusa
de Sebastopol en la península de Crimea fue el principal objetivo militar
aliado de la Guerra de Crimea. Las tropas francesas tomaron el reducto de
Malakoff el 8 de septiembre de 1855. Esa noche, el ejército ruso voló sus
defensas, hundió los barcos que le quedaban y se retiró al lado norte, poniendo
fin al sitio de once meses.
El 28 de
noviembre de 1855. Capitulación de Kars. Tras un asedio de cinco meses, la
hambrienta guarnición otomana de Kars se rindió al general Muraviov. Durante la
guerra de Crimea una guarnición otomana liderada por oficiales británicos,
entre ellos el general William Fenwick Williams, mantuvo a los rusos a raya
durante un asedio prolongado; pero después, cuando la guarnición fue devastada
por el cólera y el suministro de alimentos se había agotado, la ciudad se
rindió al general Mouravieff en noviembre de 1855. Fue el éxito más importante
de Rusia en la guerra y una baza negociadora en las conversaciones de paz.

El 16 de
enero de 1856. Rusia acepta el ultimátum austriaco Ante un ultimátum austriaco
basado en los Cuatro Puntos y la amenaza de una guerra más amplia, el gobierno
de Alejandro II aceptó las condiciones como base de negociación. En febrero de
1856 siguió un armisticio. Apoyado por Austria, Napoleon III de Francia
presentó en octubre la propuesta de paz francesa, basada en los cuatro puntos
de 1854, pero el zar la rechazó, convencido de que la agitación social
francesa, suscitada por la prolongación del conflicto, obligaría a los enemigos
a aceptar condiciones más favorables a los rusos. Ni la entrada en guerra de
Suecia contra Rusia el 21 de noviembre ni las advertencias de su tío el rey
Federico Guillermo IV de Prusia hicieron cambiar de parecer al zar. Cedió por
fin el 16 de enero de 1856, después de que Austria amenazase con romper las
relaciones diplomáticas con Rusia si seguía negándose a negociar.
El 30 de
marzo de 1856. Firma del Tratado de París. El Congreso de París concluyó con un
tratado que puso fin a la guerra, neutralizó el mar Negro, arrebató a Rusia el
sur de Besarabia y garantizó la independencia y la integridad territorial del
Imperio otomano.
Aunque el
Tratado de Paris conllevó escasos cambios territoriales, marcó el fin del
concierto europeo originado en el Congreso de Viena de 1815. Francia resurgió
como gran potencia y Napoleón III parecía el árbitro de las disputas europeas. El
fin de la Santa Alianza comportó un cambio en las relaciones diplomáticas que
permitieron las unificaciones italiana y alemana. Aunque Rusia perdió escasos
territorios como consecuencia de la guerra, sí menguó intensamente su
influencia en Europa. En cuanto al Reino Unido, la guerra había dejado patente
la desorganización del Ejército y la confusión entre las competencias civiles y
las militares.
LA GUERRA DE
ÁFRICA

La Guerra de
África, Primera Guerra de Marruecos o Guerra Hispano-Marroquí fue un conflicto
bélico que enfrentó a España con el sultanato de Marruecos entre 1859 y 1860,
durante el período de los Gobiernos de la Unión Liberal del reinado de Isabel
II. Este episodio tuvo una enorme relevancia en la historia española del siglo
XIX, tanto por las implicaciones políticas internas como por su impacto en la
política internacional. El enfrentamiento se produjo en un contexto de
expansión colonial europea en el norte de África, donde potencias como Francia
e Inglaterra ya habían avanzado en la consolidación de sus dominios. España,
que había perdido gran parte de su imperio en América a comienzos del siglo,
buscaba reafirmar su prestigio internacional y recuperar un papel relevante en
el tablero mundial. La guerra finalizó con el Tratado de Wad-Ras, firmado el 26
de abril de 1860, que declaraba a España como vencedora e imponía a Marruecos
una serie de cesiones e indemnizaciones.

El origen de
los dominios españoles en el norte de África se remonta a la época de los Reyes
Católicos. A partir de entonces, la situación de Melilla, conquistada en 1497,
y más tarde de Ceuta, incorporada a la Corona en 1668, ambas en las puertas del
Mediterráneo, proporcionaba a esas posesiones un valor considerable para España
por cuanto constituían una cabeza de puente para la penetración hacia el
interior. A comienzos del siglo XIX, tras perder la mayor parte de las colonias
americanas, España dejó de ser un gran imperio ultramarino para convertirse en
una potencia de segundo orden. Bajo el reinado de Isabel II, se quiso compensar
esta situación con una política de prestigio, en forma de expediciones
militares al Pacífico, a Cochinchina o a México. La más célebre de estas
aventuras exteriores fue la guerra de África (1859-60), contra el vecino
Marruecos. Este interés en el Magreb imitaba la política de Francia, que no
hacía mucho que había ocupado el territorio argelino. Desde Madrid se temía que
los franceses amenazaran los intereses hispanos en la zona y emparedaran la
península entre los Pirineos y el Rif. Había que evitar que el área del
estrecho de Gibraltar estuviera controlada por una potencia que no fuera
España.

Entre los
años 1843 y 1844 las ciudades de Ceuta y Melilla sufrieron una serie de ataques
por parte de fuerzas marroquíes. En 1844 un agente consular español fue
asesinado en Marruecos. El general Narvaez, presidente del gobierno español,
protestó ante el sultán Muley Soleiman de forma tan enérgica que casi se llegó
al borde de la guerra. Inglaterra medió en la disputa y logró que el sultán
firmara en Tanger un acuerdo con España el 25 de agosto de 1844, que fue
posteriormente ratificado por el Convenio de Larache el 6 de mayo de 1845, en
el que, entre otros acuerdos, se fijaron los límites de la ciudad de Ceuta. A
pesar de la firma del convenio, las ciudades de Ceuta y Melilla continuaron
sufriendo constantes incursiones por parte de grupos marroquíes. A ello se unía
el acoso a las tropas destacadas en distintos puntos, sobre todo en 1845, 1848
y 1854. El Imperio de Marruecos, por su parte, veía con desconfianza y
resentimiento esta presencia europea en sus costas. Las poblaciones locales,
especialmente las tribus rifeñas, protagonizaban frecuentes ataques contra los
territorios españoles, saqueando tierras, robando ganado o asaltando convoyes.
Cuando en
agosto de 1859 un grupo de rifeños atacó a un destacamento español que
custodiaba las reparaciones en diversos fortines de Ceuta, Leopoldo O'Donnell, presidente
del Gobierno en aquel momento, exigió al sultán de Marruecos un castigo
ejemplar para los agresores. Sin embargo, esto no sucedió. Entonces el Gobierno
español decidió invadir el sultanato de Marruecos con el pretexto del «ultraje
inferido al pabellón español por las hordas salvajes» cercanas a Ceuta. Los
auténticos motivos de la expedición colonial, aunque se dijo que se trataba de
«rehacerse en sus fértiles comarcas de nuestras pérdidas coloniales» fueron de
orden interno. El conflicto se desencadenó tras esta serie de ataques y
hostilidades entre las tribus marroquíes cercanas a Ceuta y las fuerzas
españolas acantonadas en esta plaza norteafricana. España utilizó estos
incidentes fronterizos como justificación para lanzar una expedición militar
contra Marruecos. Bajo el liderazgo del general O’Donnell, el ejército español
se movilizó con una rapidez y una determinación que sorprendió a la opinión
pública europea. La reacción popular fue unánime y todos los grupos políticos,
incluso la mayoría de los miembros del Partido Democrático apoyaron sin fisuras
la intervención.

La guerra,
que duró cuatro meses, se inició en diciembre de 1859 cuando el Ejército
español, desembarcado en Ceuta el mes anterior, comenzó la invasión del
sultanato de Marruecos. El ejército expedicionario que partió de Algeciras
estaba compuesto por unos 45 000 hombres, 3000 mulos y caballos y 78 piezas de
artillería, apoyado por una escuadra de guerra formada por un navío de línea,
dos fragatas de hélice y una de vela, dos corbetas, cuatro goletas, once
vapores de ruedas y tres faluchos, además de nueve vapores y tres urcas que
actuaron como transportes de tropas.
El
desarrollo de la Guerra de África se caracterizó por una serie de campañas
rápidas pero muy intensas. España movilizó un ejército moderno para la época,
con unos 40.000 hombres bien armados y entrenados, que fueron trasladados desde
la península hacia Ceuta y Tetuán. El mando supremo lo asumió el propio general
Leopoldo O’Donnell, acompañado de destacados oficiales como Juan Prim y Ros de
Olano.
La primera
fase de la guerra consistió en asegurar las posiciones españolas alrededor de
Ceuta y preparar el avance hacia el interior marroquí. Las tropas españolas,
apoyadas por artillería pesada y una armada capaz de asegurar el suministro,
lograron consolidar sus líneas y neutralizar los ataques de las tribus locales.
Los combates fueron encarnizados, pero la disciplina militar española se impuso
frente a la improvisación de las fuerzas marroquíes.
La batalla
de la Sierra de Bullones fue el primer gran combate en el marco de la guerra de
África, se libró el 9 de diciembre de 1859, cuando las fuerzas marroquíes de
Muley-el-Abbas atacaron posiciones españolas. El general Juan Zavala de la
Puente, comandante de la segunda división española, fue en auxilio de las
posiciones españolas y consiguió repeler a los atacantes.
La batalla
de los Castillejos se libró el 1 de enero de 1860 y tuvo lugar en los altos y
en el valle de los Castillejos, situado a unos 4-5 kilómetros al sur de Ceuta. Las
fuerzas moras tenían por objetivo impedir el avance de las tropas españolas en
su camino hacia Tetuán y para ello, estaban posicionadas, en su mayoría, en los
altos del valle. Las tropas españolas lograron desalojar de sus posiciones al
enemigo, que se batió en retirada. El general Prim dio muestras de su valor con
avances a pecho descubierto, en inferioridad numérica, en desventajosa posición
y con embestidas cuerpo a cuerpo. Por los méritos contraídos en esta batalla, a
Prim se le otorgó el título de Marqués de los Castillejos con Grandeza de
España.
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El punto
culminante llegó con la batalla de Tetuán del 4 al 5 de febrero de 1860. Esta
ciudad, situada cerca de la costa, era un objetivo estratégico porque servía de
base logística y militar al ejército marroquí. Tras una semana de luchas, la
victoria resultó para las tropas españolas, que consiguieron de esta forma el
fin de los ataques a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, así como la
captura de la Ciudad de Tetuán para la Reina Isabel II de España.

Tras la
conquista de la ciudad de Tetuán, en febrero de 1860 la fuerza expedicionaria
española al mando del general O’Donell decidió avanzar hacia Tánger, donde el
23 de marzo, las tropas dirigidas por los generales Echague, Ros de Olano y
Prim, vencerían a los efectivos marroquíes en el valle de Wad-Ras, derrota
militar que desarbolo a las irregulares fuerzas africanas, provocando la
inmediata petición de conversaciones para concertar la paz, finalmente firmada
en Tetuán el 26 de abril de 1860 mediante el tratado de Wad-Ras, que recogía el
acuerdo entre España y el sultanato de Marruecos, representados por O’Donell y
Muley el-Abbas, hermano del sultán, y que supondría para España la posibilidad
de la ampliación de la plaza de Ceuta y la anexión de los territorios de Sidi
Ifni.
La campaña,
aunque breve, mostró la capacidad militar de España para organizar una
expedición en ultramar y vencer en condiciones difíciles. Sin embargo, también
puso de manifiesto los enormes costos humanos y materiales de una empresa de
este tipo. Muchos soldados murieron no en combate, sino por enfermedades y
falta de suministros adecuados.
LA GUERRA MEXICANO-ESTADOUNIDENSE
La
intervención estadounidense en México, llamada también guerra
mexicano-estadounidense o guerra de Estados Unidos-México (Mexican-American
War, en inglés), fue un conflicto bélico que enfrentó a México con los Estados
Unidos entre los años 1846 y 1848 y que desembocó en la cesión de la mitad de
territorio mexicano tras el Tratado de Guadalupe Hidalgo.
Con el final
de la Revolución de Texas en abril de 1836, que concluyó con la secesión de la
provincia mexicana de Texas y la formación de la República de Texas, se inició
una década de disputas y conflictos políticos entre ambas naciones. Texas era
un territorio escasamente poblado cuya población de colonos estadounidenses
angloparlantes en Texas superaba en más de 3 a 1 a la población nacional
mexicana. La anexión de Texas era una exigencia de los pobladores
angloparlantes y desde 1838 había sido propuesto por las autoridades texanas.

La guerra
entre México y los Estados Unidos estalló por la decisión de anexar Texas al
territorio estadounidense en 1845. El presidente estadounidense James K. Polk
(cuatrienio 1845-1849), con la intención de apoderarse de más territorios
mexicanos, utilizó la disputa territorial de Texas para provocar una guerra que
desató las invasiones de California, Nuevo México y las tierras centrales de
México. Tras la caída de la Ciudad de México en septiembre de 1847, el gobierno
mexicano cedió un territorio de 1.370.104 kilómetros cuadrados (529.000 millas
cuadradas) a los Estados Unidos, mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

Una vez el
territorio de Texas pasara a formar parte de los Estados Unidos de América, los
deseos expansionistas de esta nación le hicieron intentar negociar la compra de
nuevos territorios, como por ejemplo la Alta California y lo que hoy es Nuevo
México. Los mexicanos se negaron a la propuesta de los Estados Unidos y su
presidente James K. Polk, envió a su General Zachary Taylor a la frontera entre
Texas y México, lo que daría comienzo a las acciones bélicas de ambos países. Cuando
al General Taylor se le da la orden de avanzar hacia el sur en 1846, se
produciría el primer enfrentamiento entre las tropas estadounidenses y las
huestes mexicanas, el 24 de abril de 1846 y seria el inicio de una larga serie
de hostilidades entre ambos países.

Nuevo México
y California habían sido conquistadas por los estadounidenses, venciendo
también en las batallas que se suscitaron en Resaca de Guerrero, Palo Alto y
Monterrey, llegando hasta el año 1847 cuando acaeció la célebre Batalla de
Angostura, donde a pesar de que el ejército mexicano recibió la derrota, logró
que el ejército del estadounidense Zachary Taylor se disolviera.
La batalla
de Palo Alto fue el primer combate formal de la invasión estadounidense y tuvo
lugar el 8 de mayo de 1846 entre el Ejército mexicano y el Ejército
estadounidense a 8 kilómetros de la actual ciudad de Brownsville, Texas. Una
fuerza de aproximadamente 2400 soldados mexicanos (una parte del Ejército del
Norte) comandada por el general Mariano Arista, con las Brigadas de Infantería
de los Generales Pedro Ampudia y Rómulo Díaz de la Vega, así como la Brigada de
Caballería de Anastasio Torrejón enfrentaron a una fuerza de 2400 soldados
invasores de los Estados Unidos al mando de Taylor. En el enfrentamiento en
Palo Alto, Taylor perdió 15 muertos, 43 heridos y 2 desaparecidos, mientras que
Arista sufrió alrededor de 252 bajas. Al permitir que los mexicanos se fueran
sin ser molestados, Taylor sabía que aún representaban una amenaza significativa.
También esperaba que los refuerzos se unieran a su ejército. Al mudarse más
tarde ese día, rápidamente se encontró con Arista en Resaca de la Palma. En la
batalla resultante, Taylor obtuvo otra victoria y obligó a los mexicanos a
abandonar suelo texano. Dos días después, pidió al Congreso que declarara
la guerra a México. El Congreso accedió
y declaró la guerra el 13 de mayo, sin saber que ya se habían obtenido dos
victorias.

La batalla
de la Angostura o de Buena Vista fue un enfrentamiento militar entre Estados
Unidos y México durante la guerra de Intervención Estadounidense entre el 22 y
el 23 de febrero de 1847 en un lugar llamado Puerto de la Angostura cercano a
la ciudad de Saltillo, en el estado de Coahuila. Se considera el resultado de
ella como un empate táctico, con una retirada del ejército mexicano y la
disolución del ejército de Zachary Taylor; esto último para nutrir las fuerzas
del general Winfield Scott quien conduciría la segunda oleada de la invasión. Scott
sería el nuevo líder de las tropas estadounidenses, quienes luego de la
victoria de Cerro Gordo comenzarían un avance que los llevaría hasta la Ciudad
de México, donde se protagonizaron una serie de enfrentamientos para tomar la
ciudad, logrando una nueva victoria importante para el ejército estadounidense
en el mes de agosto de 1847.
La batalla
de Cerro Gordo fue el enfrentamiento librado el 18 de abril de 1847 por los
ejércitos de México y de los Estados Unidos durante la intervención
estadounidense en México. En la batalla, las tropas estadounidenses de Winfield
Scott flanquearon al ejército mexicano más grande de Antonio López de Santa
Anna, sacándolo de una fuerte posición defensiva. En Cerro Gordo los generales
Santa Anna y Valencia pudieron infringir al invasor una derrota decisiva pero
no fueron capaces de coordinar esfuerzos. Una vez que se dieron cuenta de que
estaban rodeados, los comandantes mexicanos en las tres colinas se rindieron y,
a las 10:00 am, las fuerzas mexicanas restantes huyeron. Los estadounidenses
tomaron prisioneros a 199 oficiales y 2.837 soldados.

El sitio de
Puebla fue el ataque realizado por la guerrilla mexicana a la guarnición dejada
por el general Winfield Scott mientras este tomaba la Ciudad de México. El
fallido sitio al cuartel estadounidense duraría 28 días, del 13 de septiembre
al 12 de octubre de 1847. Santa Anna planeaba cortar la línea de comunicaciones
estadounidense, lo que los dejaría vulnerables en la capital. Antes del ataque,
dividió su ejército de 8000 hombres mandando 4000 a Querétaro junto con los
representantes del gobierno, lo que le resto mucha fuerza a la ofensiva. Su
ejército contaba solo con 4 piezas de artillería de pequeño calibre.
El ejército
de los Estados Unidos salió vencedor en la contienda, obligando al General mexicano
Santa Anna a firmar el armisticio el 13 de septiembre de 1847 en el Castillo de
Chapultepec, comenzado así la ocupación de México por parte de Estados Unidos.
El conflicto
terminó oficialmente el 2 de febrero de 1848 con la firma del Tratado de
Guadalupe Hidalgo. México, derrotado y con su capital ocupada, se vio obligado
a ceder más de 2 millones de kilómetros cuadrados, equivalentes al 55% de su
territorio. Los territorios perdidos incluían los actuales estados de
California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México, Texas, y partes de Colorado,
Wyoming, Kansas y Oklahoma. A cambio, Estados Unidos pagó 15 millones de
dólares en compensación y asumió las deudas de ciudadanos estadounidenses
contraídas con México. Este tratado también garantizó ciertos derechos a los
mexicanos que permanecieron en los territorios cedidos, aunque en la práctica
muchos fueron discriminados o desplazados. Para México, la pérdida territorial
fue un golpe devastador que generó resentimiento nacionalista y debates sobre
la incapacidad del gobierno para defender la soberanía.
LA GUERRA DE
REFORMA

En la
historia mexicana, se conoce como la Guerra de Reforma o la Guerra de los Tres
Años a una guerra civil que enfrentó los liberales y los conservadores
mexicanos. Estos eran los dos partidos más importantes de la nación. El
conflicto se extendió entre 1858 y 1861 y, siendo muy típico de la época, tuvo
variantes similares en otras naciones latinoamericanas. Confrontó al modelo de
sociedad y de administración económica heredado de la época colonial, con los
ideales de un capitalismo democrático moderno que esgrimían los sectores
liberales, representados por el gobierno de Benito Juárez que se instauró luego
de la derrota de los conservadores en la batalla de Calpulalpan. Durante la
guerra coexistieron dos gobiernos, uno reconocido por los conservadores y
liderado sucesivamente por los generales Félix Zuloaga y Miguel Miramón, y otro
reconocido por los liberales y encabezado por Benito Juárez. La Guerra de
Reforma costó la vida a miles de combatientes y no dejó un panorama claro
respecto a su vencedor. Sin embargo, el ejército liberal venció al conservador
y logró imponer a Juárez como presidente de la República.

Fue un
enfrentamiento político y militar que surgió como resultado de la
implementación de las Leyes de Reforma, las cuales buscaban realizar cambios
radicales en la estructura política, social y religiosa del país.
Los
antecedentes de la Guerra de Reforma deben rastrearse en el panorama posterior
a la Revolución de Ayutla que puso fin al gobierno dictatorial de Antonio López
de Santa Anna y que llevó a la promulgación de la Constitución de 1857 bajo el
gobierno de Ignacio Comonfort. El presidente Comonfort se negó a la propuesta
conservadora de revertir las leyes liberales y derogar la nueva Constitución. La
Constitución de 1857 constituyó un hito en el proceso de modernización de
México, ya que estableció derechos fundamentales y la separación de la Iglesia
del gobierno. Una de las principales causas de la guerra fue la ruptura del
pacto conservador-liberal, que se había establecido en la Constitución. Uno de
los principales desencadenantes fue la oposición de los grupos conservadores,
quienes se oponían a las reformas liberales y la separación de la iglesia y el
Estado.

Los
liberales, representados en gran medida por figuras como Benito Juárez,
buscaban la creación de un Estado republicano que garantizara la libertad de
pensamiento y la separación entre la Iglesia y el Estado. Juárez, quien llegó a
ser presidente de México, simbolizaba la lucha por un país más justo y
progresista. Por otro lado, los conservadores luchaban por mantener las
antiguas estructuras de poder. Figuras como Félix Zuloaga y Miguel Miramón
defendían la idea de un México donde la Iglesia Católica jugara un papel
fundamental en la vida política y social. Su resistencia a las reformas era
reflejo de un temor a perder lo que consideraban su derecho a gobernar y sus
privilegios económicos.
Las reformas
llevadas a cabo por los liberales, incluyendo las leyes Juárez, Lerdo e
Iglesias, fueron fundamentales para la creación de un estado laico y la
promoción de la igualdad ante la ley. La constitución fue un símbolo para los
liberales y un objetivo a destruir para los conservadores, lo que contribuyó a
una eventual ruptura en el orden político del país.
La situación
alcanzó un punto crítico con la aceptación del Plan de Tacubaya en diciembre de
1857, que era un pronunciamiento militar que desafiaba la legitimidad de la
constitución y del gobierno de Ignacio Comonfort, quien se encontraba en una
posición inestable. Este plan denotaba la creación de un gobierno conservador,
desconociendo las reformas liberales implementadas por Juárez y su grupo de
seguidores.
La guerra de
reforma comenzó de manera formal el 17 de diciembre de 1857, cuando una serie
de conflictos armados estallaron en varias regiones del país. Este conflicto
armado se caracterizó por diversas etapas, combates y confrontaciones
significativas.
El 21 de
enero de 1858, Juárez se convirtió en Presidente de los Estados Unidos
Mexicanos por primera vez, tras el autogolpe de estado de Ignacio Comonfort,
quien decidió aliarse al Plan de Tacubaya y dimitió.
A pesar de
la inferioridad numérica en ocasiones, las fuerzas liberales lograron resistir
gracias a un mejor liderazgo y reconocimiento internacional.
La Batalla
de Celaya tuvo lugar el día 8 al 9 de marzo de 1858 en las inmediaciones de
Celaya en el estado de Guanajuato, México, entre elementos del ejército
liberal, al mando del general Anastasio Parrodi y elementos del ejército
conservador comandados por el general Luis G. Osollo. La victoria correspondió
al bando conservador, siendo esta la primera batalla de la guerra que comienza
con una derrota liberal.
La Toma de
Guadalajara de 1858 tuvo lugar desde el 14 de septiembre al 28 de octubre de
1858, fue el asedio de Guadalajara en el estado de Jalisco, México, en el
contexto de la guerra entre los atacantes del general Santos Degollado y la
guarnición conservadora al mando del general José María Blancarte. La victoria
correspondió al bando liberal, rindiendo los conservadores la plaza.
La Batalla
de Tacubaya tuvo lugar el 11 de abril de 1859 en las inmediaciones del antiguo
pueblo de Tacubaya en la actual Ciudad de México entre elementos del ejército
liberal, al mando del general Santos Degollado y elementos del ejército
conservador comandados por el general Leonardo Márquez. La victoria
correspondió al bando conservador, generando cuantiosas bajas en ambos bandos.
Después de la batalla, el general Miramón le ordenó a Márquez fusilar a los
jefes y oficiales liberales capturados en la derrota.
La Batalla
de Loma Alta tuvo lugar el 24 de abril de 1860 en las inmediaciones de Loma
Alta en el estado de Zacatecas, México, entre elementos del ejército liberal de
la Guardia Nacional de San Luis Potosí y Zacatecas, al mando del general José
López Uraga y elementos del ejército conservador comandados por el general
Rómulo Díaz de la Vega.
La Batalla
de Silao tuvo lugar el 10 de agosto de 1860 en las inmediaciones de Silao en el
estado de Guanajuato, México, entre elementos del ejército liberal, al mando de
los generales Jesús González Ortega e Ignacio Zaragoza con una fuerza de 8.000
hombres y elementos del ejército conservador comandados por el general Miguel
Miramón que comandaba un ejército de 3.282. La batalla terminó como victoria
liberal.

La Batalla
de Calpulalpan tuvo lugar el 22 de diciembre de 1860 en las inmediaciones de la
comunidad de Calpulalpan y San Miguel de la Victoria municipio de Jilotepec, en
el Estado de México. Sería la última batalla de la Guerra de Reforma. El Ejercito
conservador se jugó su última carta con su mejor general Miguel Miramón, quien
además era el presidente de México conservador paralelo al gobierno de Juárez,
al mando de ocho mil soldados. Las tropas del ejército liberal, al mando del
general Jesús González Ortega con una fuerza de 11.000 hombres y 14 piezas de
artillería. El ejército conservador quedó completamente destrozado. Miramón
escapó y regresó a la Ciudad de México en busca de apoyo, pero fracasó. Perdida
su causa, partió rumbo a Francia. Con la victoria de los liberales, se
pavimentó el camino para la implementación de la reforma que buscaba fortalecer
el estado laico y el bienestar social.
La guerra
tuvo importantes consecuencias tanto a nivel político como social y económico.
En primer lugar, consolidó el triunfo del bando liberal y la implementación de
las Leyes de Reforma. Esto significó la separación definitiva entre la iglesia
y el Estado, la abolición de los privilegios del clero y la expansión de la
educación laica. El conflicto generó inestabilidad política y militar, lo que
dificultó el desarrollo económico del país. Además, la guerra provocó la
destrucción de infraestructuras y la pérdida de vidas humanas.
LA 2ª GUERRA
FRANCO-MEXICANA
La segunda
intervención francesa en México o segunda guerra franco-mexicana fue una
invasión militar de la Segunda República Federal de México por parte del
Segundo Imperio francés de Napoleón III que aconteció entre el 8 de diciembre
de 1861 hasta el 19 de junio de 1867. La historia de México está marcada por
diversos sucesos y conflictos que han moldeado su identidad como nación. Uno de
los episodios más trascendentales fue la Intervención francesa y el
establecimiento del Segundo Imperio en el país. Esta intervención, ocurrida en
el siglo XIX, tuvo un impacto significativo en la política, la cultura y la
sociedad mexicana, y dejó una huella duradera en la memoria colectiva del país.

La
Intervención francesa en México fue un conflicto armado que tuvo lugar entre
1861 y 1867, durante el gobierno del presidente Benito Juárez. En ese momento,
México se encontraba en una situación económica precaria y había suspendido el
pago de la deuda externa. Esto fue aprovechado por Francia, que buscaba
expandir su influencia en América y establecer un imperio en el continente.
Bajo el pretexto de reclamar las deudas, las tropas francesas desembarcaron en
Veracruz y avanzaron hacia la Ciudad de México.
La situación
económica de Francia antes de la Revolución se caracterizó por la inestabilidad
financiera y profundas desigualdades sociales. El país afrontaba una grave
crisis fiscal, con altos niveles de endeudamiento debido al gasto excesivo de
la monarquía y a la falta de reformas fiscales efectivas. Además, la
aristocracia y el clero gozaban de privilegios fiscales, mientras que la
mayoría de la población campesina y urbana soportaba la mayor parte de los
impuestos.
El 17 de
julio de 1861: El presidente Benito Juárez decreta una moratoria que suspende
durante dos años el pago de todas las deudas públicas con las naciones
extranjeras.

La invasión
se produjo por la suspensión de los pagos hacia los acreedores extranjeros por
el presidente Juárez, el 17 de julio de 1861, lo que enfureció a los
principales acreedores de México: España, Francia y Gran Bretaña. Sin embargo,
Napoleón III de Francia fue el impulsor, justificando la intervención militar
alegando una política exterior amplia comprometida con el libre comercio. Napoleón
III creó una coalición con España y Gran Bretaña en un momento en que los
EE.UU. estaba involucrado en una guerra civil a gran escala "Guerra de
Secesión norteamericana". Durante la Segunda intervención francesa en
México, Los EE.UU. protestaron, pero no podían intervenir directamente hasta el
fin de la guerra civil norteamericana en 1865. Los tres imperios europeos
firmaron el Tratado de Londres el 31 de octubre, para unir sus esfuerzos para
recibir los pagos adeudados por México. El 8 de diciembre la flota española y
sus tropas estacionadas en Cuba arribaron al principal puerto del Golfo de
México, Veracruz.

Las flotas
británica, española y francesa llegaron a Veracruz, entre el 6 de enero y el 08
de enero 1862 con la intención de presionar a los mexicanos para cancelar sus
deudas. La ciudad de Campeche se entregó a la flota francesa el 27 de febrero,
y un ejército francés al mando del general Lorencez llegó el 5 de marzo. Cuando
los españoles y los británicos se dieron cuenta de la ambición francesa por
conquistar México, retiraron sus fuerzas el 9 de abril. En mayo, los franceses
bloquearon Mazatlán por unos días. Las intenciones de Francia en realidad eran
la extensión de su imperio hasta América. Por lo tanto, sus tropas empezaron el
avance hacia la ciudad de México.
El ejército
francés sufrió una derrota inicial en la Batalla de Puebla el 5 de mayo de 1862
contra las fuerzas mexicanas al mando del general Ignacio Zaragoza. Más tropas
francesas llegarían el 21 de septiembre, y el General Achiles Bazaine obtendría
más refuerzos el 16 de octubre. Las ciudades de Tampico, Tamaulipas, fueron
ocupadas por los franceses el 23 de octubre, luego serian tomadas Xalapa y
Veracruz pacíficamente el 12 de diciembre. El general Federico Forey al mando
del ejército francés inicia el Sitio de Puebla (16 de marzo de 1863) con
treinta mil hombres, de los cuales ocho mil eran mexicanos, al mando de
Leonardo Márquez. En la defensa encabeza el ejército el general Jesús González
Ortega, quien cuenta con veintidós mil hombres.

Al año
siguiente las tropas invasoras tomaron Puebla y 10 de junio de 1864 entraron en
la dudad de México. Un mes más tarde se proclamó la creación del Imperio. Para entonces, Juárez había
salido de la capital rumbo al norte del país para poner a salvo su gobierno.
Napoleon III, había decidido convertir Mexico en un Estado satélite, desde el
cual contener la influencia anglosajona en América Latina. A la cabeza de este
imperio estuvo Maximiliano de Habsburgo, quien antes de ser proclamado
emperador de México había sido archiduque de Austria. Maximiliano era el
hermano menor de Francisco José, el heredero del trono austrohúngaro.
Pertenecía a la casa de Habsburgo, uno de los linajes reales más importantes de
Europa. Napoleón III respaldó a un grupo de monarquistas conservadores,
opositores del gobierno de Juárez, que buscaban establecer a una monarquía
católica favorable a los intereses franceses. En octubre de 1863 una delegación
mexicana le ofreció la corona y, tras solicitar garantías financieras y
militares, Maximiliano aceptó en abril de 1864 y llegó a México en mayo de ese
mismo año. Maximiliano llegó el 28 de mayo de 1864 al puerto de Veracruz.

Maximiliano
gobernó con la alianza de sectores conservadores de la política mexicana y de
la Iglesia católica, aunque tomó medidas liberales que lo enemistaron con
estos. El Imperio de Maximiliano dependía de las tropas francesas para
defenderse de la insurrección de los republicanos encabezados por Benito
Juárez, quien seguía siendo reconocido por los liberales como presidente de la
república y contaba con el apoyo de los Estados Unidos.
Maximiliano,
sin embargo, tenía ideas políticas más cercanas al liberalismo moderado.
Durante su gobierno mantuvo o confirmó varias medidas relacionadas con las
Leyes de Reforma y defendió algunas políticas que disgustaron a los sectores
conservadores y a la Iglesia. Maximiliano terminó aplicando una política
liberal que lo distanció de quienes habían apoyado su llegada al trono.
Mientras el
Imperio intentaba consolidarse, la resistencia republicana continuaba en
diferentes regiones. La situación del Imperio comenzó a deteriorarse
rápidamente cuando la Guerra de Secesión estadounidense terminó en 1865.
Estados Unidos pudo entonces prestar mayor atención a los acontecimientos
mexicanos y ejercer presión diplomática sobre Francia, mientras que la
resistencia republicana seguía activa. La situación política de Francia en
Europa obligó a retirar las tropas francesas de México, quedando Maximiliano en
manos de los conservadores mexicanos quienes fueron poco a poco perdiendo
terreno ante la ofensiva liberal con el presunto apoyo de los Estados Unidos,
que habían superado ya su etapa de la guerra civil.

Maximiliano
todavía tuvo la posibilidad de abandonar México, pero decidió permanecer y
tratar de sostener el Imperio. Para 1867, las fuerzas republicanas habían
recuperado buena parte del territorio. Generales como Mariano Escobedo y
Porfirio Díaz desempeñaron papeles importantes en las campañas finales.
Maximiliano terminó refugiándose en Querétaro junto con sus principales fuerzas
y fue sometido a un sitio. El 15 de mayo de 1867 fue capturado y posteriormente
sometido a juicio. El 19 de junio fue fusilado en el Cerro de las Campanas
junto con los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía. Con su
muerte terminó el Segundo Imperio y quedó restaurada la República.
LA GUERRA DE
SECESIÓN

La Guerra de
Secesión en Estados Unidos, también conocida como la Guerra Civil Americana,
fue un conflicto civil armado que tuvo lugar entre 1861 y 1865. Fue una lucha
interna entre los estados del Norte (la Unión) y los estados del Sur (la
Confederación), principalmente por cuestiones relacionadas con la esclavitud y
los derechos de los estados. La guerra de Secesión fue una guerra que se dio
debido a las diferencias intransigentes que existían entre los estados libres y
los esclavos con respecto al poder del gobierno nacional para prohibir la
esclavitud en los territorios que aún no se habían convertido en estados. La
guerra comenzó el 12 de abril de 1861, cuando las fuerzas confederadas atacaron
el Fuerte Sumter en Carolina del Sur. Durante cuatro años, se libraron batallas
en varios estados, muchas de ellas sangrientas y devastadoras. Algunos eventos
importantes incluyen la Batalla de Gettysburg, en la que los confederados
sufrieron una dura derrota, y la Proclamación de Emancipación de Abraham
Lincoln, que liberó a todos los esclavos en los estados confederados.

La principal
causa de la Guerra de Secesión fue la cuestión de la esclavitud. Mientras que
los estados del Norte querían abolir la esclavitud y promover la
industrialización, los estados del Sur dependían de la mano de obra esclava
para sus plantaciones agrícolas. Otros temas como los derechos de los estados y
la disputa sobre los impuestos también contribuyeron a la tensión entre las
regiones. Los estados norteños y sureños
parecían naciones totalmente diferentes, teniendo una serie de diferencias que
hacían que las relaciones fueran muy complicadas. Los sureños basaban su
economía en la agricultura gracias a la esclavitud, mucho más pobre, con una
economía de tipo feudal, exportaba algodón, suss plantaciones algodoneras
utilizaban mayoritariamente mano de obra esclava, situación contraria a los
ideales de la independencia norteamericana. Mientras que los norteños poseían
una economía mucho más versátil basada en la unión entre agricultura e
industria, industrializados, ricos, con una extensa red ferroviaria y
tecnificación agrícola, que habían logrado entre otros avances, la recolección
mecanizada del trigo mediante el invento de McCormick: la cegadora.
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Desde el
origen de la nación estadounidense había existido el problema del federalismo,
en el que algunos estados consideraban que el gobierno debía tener mayor poder
y otros pensaban que los estados debían tener una mayor autonomía.
Al llegar a
la presidencia el candidato republicano y antiesclavista, Abraham Lincoln
(electo el 6 de
noviembre de 1860, asumió el 4 de marzo de 1861), trajo una gran problemática y
es que muchos Estados del sur se negaron a ser dirigidos por una persona que
consideraban totalmente antiesclavista y que por lo tanto solo velaba por los
intereses de los norteños. Muchos Estados del sur iniciaron una secesión para
separarse del resto de la nación, se produjo la división entre aquéllos estados
que apoyaban la abolición de la esclavitud (los del norte) que eran 23,
integrados por 22.000.000 de habitantes, y los que no deseaban hacerlo (los del
sur) que eran 7 estados (Carolina del sur, Mississippi, Florida, Alabama,
Georgia, Louisiana y Texas). Estos últimos, se separaron de la Unión y formaron
una Confederación, nombrando al demócrata sureño Jefferson Davis como
presidente el 18 de febrero de 1861.

La guerra de
Secesión inició el 12 de abril de 1861, cuando el ejército rebelde del sur
abrió fuego contra Fort Sumter, en Carolina del Sur. Tras un bombardeo al
fuerte, el batallón unionista al mando del mayor del ejército Robert Anderson
se rindió. Pocas semanas después de iniciarse las hostilidades, cuatro estados
del sur, Arkansas, Virginia, Tennessee y Carolina del Norte se unieron a la
Confederación. Esta situación hizo que
Abraham Lincoln enlistara a miles de soldados para la guerra que ya estaba
iniciada. Lincoln bloqueó a los estados confederados, considerándolos como
estados en rebelión. Ordenó disponer de dinero para financiar la incorporación
de tropas y suspendió el recurso de habeas corpus militar en el país.

Winfield
Scott, comandante general del Ejército de Estados Unidos desarrolló el «Plan
Anaconda» para sofocar la rebelión. El Plan Anaconda entró en vigor en 1862. El
Plan instituyó un cerco de la Confederación por parte de la Unión, a través
de un bloqueo naval, de control del río Misisipi y del río Tennessee, cercando
y dividiendo totalmente la Confederación. Fue un bloqueo de los puertos de los
estados sureños para sofocar su economía de manera que no pudieran financiar la
guerra. El sur no pudo comerciar el algodón con los mercados internacionales,
que era su principal producto de exportación, ya que los ricos hacendados no
pagaban mano de obra pues usaban esclavos. Scott era demasiado mayor para
dirigir las operaciones sobre el terreno, por lo que Lincoln nombró al general
de división Irvin McDowell para asumir el mando, posteriormente fue sustituido
por el general George B. McClellan.
El primer
enfrentamiento terrestre organizado fue la escaramuza conocida como la batalla
de Philippi el 3 de junio de1861, una victoria de la Unión. Sin embargo, el
primer gran enfrentamiento fue la primera batalla de Bull Run (primera batalla
de Manassas) el 21 de julio, ganada por los confederados, que acabó con las
esperanzas de la Unión de lograr una resolución rápida del conflicto. Las bajas
de la Unión fueron 481 muertos, 1011 heridos y 1216 desaparecidos o capturados.
Las bajas confederadas fueron de 387 muertos, 1582 heridos y 13 desaparecidos.
McClellan
lanzó su Campaña de la Península en marzo de 1862 con el objetivo de capturar
Richmond, Virginia, la capital de la Confederación, y poner fin a la guerra
rápidamente. Se enfrentó a las fuerzas del general Joseph E. Johnston, cuyas
hábiles tácticas, combinadas con la indecisión de McClellan, frustraron la
campaña.
Los sureños
al mando de Robert E. Lee y Stonewall Jackson, que murió en combate, impidieron
que los antiesclavistas penetraran en Richmond, su capital y obtuvieron al
principio varios triunfos. Pero el norte, mucho más poderoso, bloqueó los
puertos y tomó Nueva Orleáns, mientras otra escuadra, al mando de Ulises S.
Grant se apoderaba de Memphis, navegando por el Mississippi.
El frente
oriental también fue escenario de la batalla de Hampton Roads, en Virginia (8 y
9 de marzo), conocida asimismo como la batalla del Monitor y el Merrimac, el
primer combate naval entre buques acorazados. Aunque el resultado fue
inconcluyente, marcó un punto de inflexión en la historia de la guerra naval.
En el frente
occidental, Ulysses S. Grant capturó Fort Henry (6 de febrero de 1862) y
posteriormente Fort Donelson (16 de febrero), donde exigió una rendición
incondicional, lo que le valió el apodo de «Grant de la Rendición
Incondicional». Las victorias de Grant obligaron al general confederado Nathan
Bedford Forrest a retirarse, dejando el centro de Tennessee bajo el control de
la Unión y privando a la Confederación de suministros esenciales.
Grant
también obtuvo la victoria en la batalla de Shiloh (6 y 7 de abril), en el
condado de Hardin, Tennessee, donde el general confederado Albert Sidney
Johnston murió en combate. La batalla de Shiloh (también conocida como batalla
de Pittsburg Landing) fue el mayor enfrentamiento en el escenario oeste de la
guerra civil estadounidense.
La batalla
de Antietam (también conocida en la historiografía sudista como batalla de
Sharpsburg) fue el primer gran enfrentamiento armado de la guerra civil
estadounidense que se produjo en territorio norteño. La batalla tuvo lugar el
17 de septiembre de 1862, cerca de Sharpsburg, en el condado de Washington,
Maryland, y en los alrededores del riachuelo Antietam. La batalla formó parte
de la Campaña de Maryland y se trata de la más sangrienta de la historia de los
Estados Unidos que se haya librado en un solo día, con casi 23 000 bajas. Fue
una victoria estratégica de la Unión (aunque la batalla fue tácticamente
inconclusa, los confederados abandonaron el campo de batalla).

La Batalla
de Fredericksburg, una de las principales batallas del Teatro del Este, tuvo
lugar en y alrededor de Fredericksburg (Virginia), del 11 al 15 de diciembre de
1862, entre el ejército del Norte de Virginia del general confederado Robert E.
Lee y el ejército del Potomac comandado por el mayor general de la Unión
Ambrose E. Burnside. El ejército de la Unión sufrió terribles pérdidas en
inútiles asaltos frontales contra los defensores confederados bien
atrincherados y parapetados en las colinas de detrás de la ciudad, trayendo un
temprano final y grave derrota para al ejército del Potomac.
El 1 de
enero de 1863, Lincoln promulgó oficialmente la Proclamación de Emancipación,
que, aunque solo liberaba a los esclavos de los estados en rebelión, también
abrió el alistamiento en el ejército de la Unión a los afroamericanos libres
del Norte. El primer regimiento de soldados afroamericanos ya se había
organizado en septiembre de 1862, pero a partir de entonces el reclutamiento se
generalizó, impulsado por figuras destacadas como Harriet Tubman y Frederick
Douglass.
El general Joseph
Hooker demostró ser un comandante competente hasta la batalla de
Chancellorsville, en Virginia (del 30 de abril al 6 de mayo), donde el general
Lee dividió sus fuerzas y obtuvo una victoria decisiva.
En el frente
occidental de la guerra, Grant y William Tecumseh Sherman continuaron la
Campaña de Vicksburg, iniciada el 29 de diciembre de 1862. El objetivo era
capturar la ciudad de Vicksburg, que controlaba el último tramo del río
Misisipi en poder de la Confederación, que culminó con la toma de Vicksburg el
4 de julio 1863.

A principios
de julio de 1863, se dio la batalla de Gettysburg (del 1 al 3 de julio) en
Pensilvania, el enfrentamiento más sangriento de la guerra, en el que murieron
más de 50.000 personas en tan solo tres días, y es considerada el punto de
inflexión de la guerra civil, junto con el sitio de Vicksburg, además de que
marcó el inicio de la ofensiva de la Unión. El ejército de la Unión estaba
comandado por el mayor general George Meade y los confederados por el estratega
general Robert E. Lee. Fue una gran victoria para el ejército unionista y un
hecho desastroso para la Confederación. Con esta guerra, los unionistas
iniciaron su ofensiva hasta lograr la victoria. Fue la primera guerra seguida
por la prensa y en la que se usaron trincheras.

La batalla
de Chickamauga (del 18 al 20 de septiembre) puso fin al intento del mayor
general unionista William Rosecrans de derrotar al Ejército Confederado de
Tennessee, al mando del general confederado Braxton Bragg. Fue la batalla más
costosa para ambos bandos en el frente occidental y la segunda con mayor número
de bajas de toda la guerra, solo superada por Gettysburg. El 19 de noviembre,
Lincoln pronunció su célebre Discurso de Gettysburg, con el que reafirmó el
compromiso de la nación con la causa de la Unión. Sin embargo, la guerra se
prolongó durante un año más.
El 9 de
marzo de 1864, Grant fue nombrado teniente general y comandante en jefe del
Ejército de los Estados Unidos e inició su Campaña Terrestre (también conocida
como la Campaña de Wilderness, mayo-junio de 1864). Sherman inició el 15 de
noviembre su Campaña de Savannah, más conocida como la Marcha hacia el Mar de
Sherman. Aplicando una política de «tierra quemada», que consistía en destruir
no solo las instalaciones militares, sino también las industrias, las granjas y
las viviendas civiles, Sherman devastó Georgia entre el 15 de noviembre y el 21
de diciembre.

En febrero
de 1865 Lee fue nombrado comandante general de todos los ejércitos
confederados. El 1 de
abril de 1865, Philip Sheridan derrotó al general Pickett en la batalla de Five
Forks, en Virginia, apoderándose de una línea de suministro vital y obligando a
Lee a abandonar Petersburg y Richmond ante el avance de las fuerzas de la
Unión. Richmond fue ocupada los días 2 y 3 de abril por el XXV Cuerpo de
Ejército de la Unión, integrado por tropas afroamericanas. Lee se retiró hacia
Appomattox Station, donde pretendía reabastecer a su ejército y reanudar las
operaciones militares, pero Grant lo rodeó y lo derrotó en Appomattox Court
House. El 9 de abril de 1865 se rindió luego de perder la batalla de Appomattox
en Virginia. El general Lee se dirigió al oeste para unirse a las tropas
confederadas pero las fuerzas de Grant capturaron las tropas confederadas el 6
de abril en Sailor’s Creek.
El ejército
de la Unión cercó al ejército confederado por lo que el general Lee pidió al
general Grant convenir un alto al fuego. Luego de la rendición en Appomattox
Court House, el general Lee pudo conservar su sable y su caballo, mientras que
ordenó a las tropas que lo seguían que tomaran el camino que quisieran seguir.
El 14 de
abril de 1865, Abraham Lincoln fue asesinado en Washington de un disparo en la
cabeza y fue sucedido por Andrew Johnson. El 26 de abril el último general del
ejército confederado se rindió. El 23 de junio de 1865, se firmó el alto el
fuego definitivo que selló el final de la guerra y trajo finalmente la paz a
Estados Unidos.
La guerra
puso fin a la esclavitud en Estados Unidos, abolida mediante la Decimotercera
Enmienda; destruyó el sistema de plantaciones y la economía agraria del Sur;
impulsó una mayor industrialización del Norte; y le costó la vida a más de
650.000 personas. La Era de la Reconstrucción (1865-1877) reincorporó los
estados en guerra a una Unión cohesionada, estableciendo los Estados Unidos de
América tal como se han entendido comúnmente desde entonces.
La Guerra de
Secesión tuvo un impacto duradero en los Estados Unidos. Una de las principales
consecuencias fue la abolición de la esclavitud en todo el país, lo que marcó
un hito importante en la lucha por los derechos civiles. Además, el conflicto
reforzó la autoridad del gobierno federal y estableció precedentes legales
importantes. La guerra también causó una inmensa pérdida de vidas y
destrucción, y llevó a la reconstrucción de los estados del Sur.
LAS GUERRAS
INDIAS
Las Guerras
Indias Americanas, también conocidas como Guerras Fronterizas Americanas, y las
Guerras Indias, fueron libradas por gobiernos y colonos europeos en
Norteamérica, y más tarde por el gobierno de los Estados Unidos y los colonos
americanos, contra varias tribus indias americanas. Estos conflictos ocurrieron
en los Estados Unidos desde la época de los primeros asentamientos coloniales
en el siglo XVII hasta finales del siglo XIX.
La historia
de Norteamérica siempre ha estado muy unida a la de los nativos americanos,
siendo el pueblo original de la región y el que más sufrió la colonización en
esta zona del continente. La expansión territorial de los Estados Unidos
durante los siglos XVIII y XIX, un proceso que dio lugar a numerosos conflictos
conocidos como las guerras indias. Estas guerras no fueron un único
enfrentamiento, sino una serie de conflictos entre el gobierno estadounidense y
distintos pueblos indígenas como los sioux, cheyenes, apaches o los comanches.

El origen de
estos conflictos se encuentra en la expansión hacia el oeste, impulsada por la
idea del “Destino Manifiesto”, según la cual los estadounidenses tenían el
derecho de ocupar todo el territorio del continente. Esto provocó la invasión
de tierras indígenas, la ruptura de tratados y el desplazamiento forzoso de
numerosas comunidades. Durante décadas, los pueblos indígenas resistieron
mediante guerras, alianzas y estrategias de guerrilla. Algunos líderes
destacados fueron Toro Sentado, Caballo Loco o Gerónimo, quienes se
convirtieron en símbolos de la resistencia. Sin embargo, la superioridad
militar y demográfica de Estados Unidos, junto con factores como las
enfermedades y la destrucción de los recursos naturales, acabaron debilitando a
los pueblos indígenas. Como resultado, la mayoría de ellos fueron confinados en
reservas, perdiendo gran parte de sus territorios y su forma de vida
tradicional, terminando lo que era la vida india real.
Desde los
primeros asentamientos ingleses en Jamestown (1607) y Plymouth (1620), colonos
europeos entraron en conflicto con pueblos indígenas por tierra, recursos y
soberanía. A medida que el territorio colonial - y después americano - se
expandía hacia el oeste, los conflictos se intensificaron. El gobierno de
EE.UU. prosiguió políticas de expulsión forzada, incluyendo la Ley de Remoción
de los Indios de 1830, que autorizó la deportación de tribus del sureste a
tierras al oeste del Mississippi. La ideología del 'Destino Manifiesto' - la
creencia de que la expansión americana por el continente era inevitable y
divinamente ordenada - impulsó oleadas de colonización en territorios
indígenas.
Guerras
Seminoles
Las Guerras
Seminole fueron tres guerras separadas que se libraron entre los Seminole y los
colonos y militares estadounidenses. Los semínolas proporcionaron un refugio
seguro a los esclavos, en el que el ejército estadounidense intervino en varias
ocasiones. La Primera Guerra Seminole obligó a la tribu a desplazarse más al
sur. La Segunda Guerra Seminole comenzó con la resistencia de los Seminole a
los tratados y políticas que engañaron a los nativos americanos para que se
trasladaran al oeste y abandonaran sus tierras. La Tercera Guerra Seminole
(1855-1858) duró tres años y terminó con la emigración de los Seminole de
Florida, mientras que algunos se quedaron atrás.
Guerras
Cherokee
También
conocidas como las Guerras Chickamauga, involucraron a una banda de Cherokee en
el centro de Tennessee. Los involucrados se trasladaron a través de Indiana,
Ohio, Kentucky, Georgie y Virginia para luchar por sus tierras. El conflicto
entre los Chickamauga y los colonos estadounidenses continuó desde 1782 hasta
1794.
Guerras
comanches
Los
comanches estaban formados por grupos nómadas de personas que seguían a las
manadas de búfalos, su principal fuente de alimento. Su naturaleza nómada los
llevó a Texas, que era un estado independiente de México a partir de 1836. El
presidente de Texas, Lamar, intentó el control de las llanuras de Texas por
parte de los comanches. Los combates estallaron en el Linnville Raid y la
Batalla de Plum Creek y terminaron con la expulsión de Comanche de Texas.
La Batalla
de Plum Creek fue un enfrentamiento entre los aliados Tonkawa, la milicia y los
Rangers de la República de Texas y un enorme grupo de guerra comanche bajo el
mando del jefe Buffalo Hump, que tuvo lugar a lo largo de Plum Creek, cerca de
Lockhart, Texas, el 12 de agosto de 1840, tras la Gran Incursión de 1840,
cuando ese grupo de guerra comanche regresó al oeste de Texas.
Guerra de
Colinas Negras (Black Hills)
La Guerra de
Black Hills, o Gran Guerra Sioux, comenzó entre Estados Unidos y las tribus
sioux y cheyenne en 1876. El oro, descubierto en Black Hills, era un recurso
valioso que los colonos blancos querían tener en sus manos además de la tierra.
Cuando se acercaron los colonos blancos, los sioux y cheyenne se negaron a
ceder la tierra.

Uno de los
episodios más conocidos de las Guerras Indias (Black Hills) es la derrota del
general George Armstrong Custer en la batalla de Little Bighorn, en 1876.
Custer era un oficial del ejército estadounidense que lideraba el 7º de
Caballería. Su misión era enfrentarse a una gran coalición de tribus indígenas
que se resistían a ser confinadas en reservas. Sin embargo, subestimó la fuerza
de sus enemigos. En la batalla, las fuerzas indígenas, lideradas por figuras
como Toro Sentado y Caballo Loco, lograron rodear y derrotar completamente a
las tropas de Custer. Este enfrentamiento es conocido como la “última
resistencia de Custer” y se convirtió en un símbolo tanto de la resistencia
indígena como de los errores del ejército estadounidense. La guerra terminó en
1877 y Estados Unidos obligó a los nativos americanos a rendirse después de
destruir sus campamentos y propiedades. Muchos de los que quedaron huyeron a
Canadá.

Toro Sentado
(Sitting Bull), el último gran jefe de los sioux, fue el líder de los lakotas
aniquiló en una batalla legendaria al Séptimo de Caballería del general
Custer, pero terminó recluido en una reserva y participando en el show de
Buffalo Bill. Muere por el disparo de un policía indio de la reserva cuando
iba a ser detenido.
Caballo Loco
(Crazy Horse) era el jefe de los siux oglala, notable por el valor de sus
guerreros en las batallas, indujo a su pueblo a una guerra contra los blancos
para recuperar sus tierras. La presión del ejército estadounidense obligó a
Caballo Loco a rendirse, siendo confinado en Fort Robinson. A las pocas
semanas, el 5 de septiembre de 1877, murió asesinado a balazos.
Guerras
apaches
Las Guerras
Apache se refieren al período de conflicto entre los Estados Unidos y los
Apache hasta la última de las incursiones de los Apache en 1924. El movimiento
forzado de los Apache creó distancia de su fuente de alimento, el búfalo. Los
colonos apaches asaltaron sus tierras y entraron en guerra con el ejército
estadounidense hasta que se trasladaron a las reservas.
Los apaches
fueron uno de los pueblos indígenas que más tiempo resistieron la expansión
estadounidense. Habitaban en regiones del suroeste, especialmente en zonas que
hoy pertenecen a Arizona, Nuevo México y parte de México. A diferencia de otras
tribus, los apaches desarrollaron una estrategia de guerrilla muy efectiva,
aprovechando su conocimiento del terreno para enfrentarse a las tropas
estadounidenses. Uno de sus líderes más conocidos fue Gerónimo, quien se
convirtió en un símbolo de la resistencia indígena.
Jerónimo
(Gerónimo) fue Jefe de la tribu apache chiricahua. Su esposa, sus hijos y su
madre fueron asesinados en 1858. Desde entonces, Jerónimo atacó a mexicanos y
colonos estadounidenses. En 1876, se intentó trasladar a los chiricahua a San
Carlos (Nuevo México), lo que dio inicio a un período de diez años de
escaramuzas contra las colonias de los blancos, alternando con períodos de paz
en la reserva de San Carlos. En marzo de 1886, el general George Crook lo
capturó y lo obligó a firmar un tratado por el cual los chiricahua serían
trasladados a Florida. Sin embargo, dos días después escapó y prosiguió con sus
ataques. Finalmente, en 1886, Gerónimo se rindió ante el ejército
estadounidense, marcando el final de la resistencia apache organizada. Tras su
derrota, muchos apaches fueron trasladados a reservas, donde vivieron en
condiciones difíciles y con fuertes restricciones a su libertad.
Masacre de
Sand Creek
Uno de los
relatos de violencia más mortíferos ocurrió en 1864 cerca de Big Sandy Creek en
territorio de Colorado. El coronel Chivington dirigió a los soldados para
masacrar a cientos de cheyenne y arapaho. El Tratado de Fort Laramie reconoció
formalmente las tierras de Cheyenne y Arapaho en Colorado y mantuvo relaciones
pacíficas hasta la masacre. La mayoría de los muertos fueron ancianos, mujeres
y niños.
Masacre de
Wounded Knee
No hubo un
final único para las Guerras Indias Americanas. El último gran conflicto armado
fue la Masacre de Wounded Knee en 1890, cuando soldados americanos mataron a
aproximadamente 250-300 hombres, mujeres y niños Lakota. Sin embargo, la
resistencia armada continuó esporádicamente hasta principios del siglo XX.
Las Guerras
Indias Americanas resultaron en la expropiación casi total de los pueblos
indígenas de un continente entero y la destrucción de cientos de culturas,
lenguas y modos de vida distintos. Reservas, internados y tratados rotos
definieron la relación entre el gobierno de EE.UU. y las naciones nativas
durante generaciones.
LA GUERRA DE
LOS DUCADOS
La guerra de
los Ducados o segunda guerra de Schleswig fue un conflicto militar que enfrentó
al Imperio austríaco y Prusia contra Dinamarca en 1864. Este último país salió
derrotado, por lo que debió ceder Schleswig-Holstein que fue anexionado por las
otras dos potencias. La guerra terminó el 30 de octubre de 1864, cuando el Tratado de Viena formalizó la cesión de Dinamarca de los ducados de
Schleswig, Holstein y Sajonia-Lauenburgo a Prusia y Austria. La guerra de los
Ducados fue el primer conflicto del proceso de unificación alemán del siglo
XIX. Fue un momento crítico que el canciller Otto von Bismarck supo aprovechar
bien para conseguir la anexión de varios territorios vitales. Sin embargo, las
reparticiones de los territorios con Austria acabarían por conducir a la guerra
de las Siete Semanas.

La situación
de los ducados de Schleswig y Holstein era muy delicada a mediados del siglo
XIX. Ambos disponían de una población mayoritariamente alemana pero tenían
políticas distintas. Holstein pertenecía a la Confederación Germánica, mientras
que su vecino Schleswig,
El titular
de ambos ducados era el rey de Dinamarca, cargo que estaba en plena sucesión en
el momento del conflicto. La sucesión de Cristian IX a la corona danesa por
línea femenina contradecía la tradición sálica imperante en los ducados, por
los que el nuevo rey de Dinamarca se vio obligado a dotarlos de una nueva
constitución.
Los
precedentes de la guerra de los Ducados los encontramos en 1863, cuando la
Confederación Germánica protestó ante el intento del monarca danés, Cristián
IX, de incorporar a Dinamarca el ducado de Schleswig, que se encontraba bajo el
control oficial de los alemanes. El Protocolo de Londres de 1852 había
dispuesto que Schleswig quedara unido al ducado de Holstein, que era miembro de
la Confederación Germánica. El canciller de Prusia, Otto von Bismarck,
convenció a Francisco José I de la Casa de Austria para defender juntos el
Protocolo de Londres. El 16 de enero de 1864 se firmó el acuerdo entre ellos.
Bismarck lanzó un ultimátum a Dinamarca en el que exigía que cual fue rechazado por el gobierno danés.
En 1863, el
rey de Dinamarca promulga una constitución común a Dinamarca y al ducado de
Schleswig. La población alemana del ducado acude a Prusia, ésta y Austria se
interponen y derrotan a los daneses quienes deben traspasar Holstein a Austria,
y Schleswig y Lauenburgo a Prusia.
En junio de
1866, bajo el pretexto de una mala administración por parte de Viena, Prusia
invade el ducado de Holstein. En los días siguientes, Bismarck, no reconocido
por la Dieta, disuelve la Confederación Germánica y entra en guerra contra Austria.Las fuerzas
austriacas y prusianas cruzaron el río Eider, frontera entre Schleswig (al
norte) y Holstein (al sur), el 1 de febrero de 1864, y la guerra fue
inevitable.
Las fuerzas
austriacas y prusianas invadieron la península de Jutlandia y se inició así la
guerra de los Ducados. En diciembre de 1863 las tropas confederadas entraron en
Holstein, que fue ocupado casi sin resistencia. El gobierno danés abandonó
Holstein y envió al ejército danés a la frontera entre Schleswig y Holstein. La
mayor parte de las unidades se fortificaron detrás del Danevirke. No fue hasta
febrero del año siguiente cuando el mariscal Helmuth von Moltke pudo demostrar
la eficacia de su planteamiento en la conquista del ducado de Schleswig, que se
llevó a cabo en cuatro días. Los planes de Moltke habían sido desoídos por los
comandantes operativos, y solo al concedérsele el mando supremo pudo organizar
una campaña relámpago de inmediata eficacia. En el mes de agosto de 1864,
Dinamarca resultó derrotada por el ejército de Moltke y se vio obligada a
entregar a Austria y Prusia los territorios en disputa.
La batalla
de Mysunde tuvo lugar el 2 de febrero de 1864, siendo la primera batalla entre
el ejército aliado austroprusiano y el ejército danés en la segunda guerra de
Schleswig. La vanguardia prusiana formada por 10 000 hombres intentó atravesar
y flanquear las defensas danesas en Danevirke, pero fueron rechazadas por la
guarnición de la fortificación y dos batallones del ejército danés.
Durante febrero
de 1864, las fortificaciones de Danevirke fueron evacuadas por el ejército
danés. Esto marcó el último uso militar de las antiguas estructuras de defensa
de Danevirke, las cuales han quedado en manos alemanas desde entonces.
La batalla
naval de Jasmund tuvo lugar entre las armadas danesa y prusiana el 17 de marzo
de 1864 al este de la península de Jasmund en la isla prusiana de Rügen,
durante un intento prusiano de debilitar el bloqueo danés en el mar Báltico. En
una acción que duró dos horas, la superior escuadra danesa obligó a los
prusianos a retirarse.
La batalla
de Als (en danés: Slaget om Als; en alemán: Übergang nach Alsen) se libró el 29
de junio de 1864. Fue el último enfrentamiento importante de la guerra, con los
prusianos bajo el mando del general Herwarth von Bittenfeld asegurando la isla
de Als —ocupado por 9000 tropas danesas, incluyendo la guarnición de Dybbøl que
se había retirado allí— en un ataque nocturno planeado por el Jefe de Estado
Mayor (más tarde Mariscal de Campo) Leonhard Graf von Blumenthal
De acuerdo
con lo establecido en la convención de Gastein que puso fin a esta, el ducado
de Holstein quedó bajo dominio de Austria, y los de Schleswig y Lauenburgo bajo
el de Prusia, pero ninguno de los dos países quedó satisfecho con el acuerdo.
La Paz de
Praga en 1866 confirmó la cesión por Dinamarca de los dos ducados, pero
prometió un plebiscito para decidir si el norte de Schleswig deseaba regresar
al gobierno danés. Esta disposición se estableció unilateralmente por una
resolución de Prusia y Austria en 1878. El canciller Bismarck entorpeció
deliberadamente la gestión de la administración austriaca de Holstein y envió
tropas a ese ducado cuando Austria protestó ante el Parlamento de Fráncfort. La
situación desencadenó la guerra de las Siete Semanas entre las dos potencias
germanas.
LA GUERRA AUSTRO-PRUSIANA
La guerra
austro-prusiana de 1866, conocida también como la Guerra de las Siete Semanas
o, en la historiografía germanófona, como Deutscher Krieg («guerra alemana»),
fue el conflicto armado que enfrentó al Reino de Prusia con el Imperio de
Austria entre el 14 de junio de 1866 y el 23 de agosto de ese mismo año. Duró
apenas siete semanas, pero su impacto geopolítico fue extraordinario: Austria
quedó definitivamente excluida del proceso de unificación alemana, Prusia se
consolidó como la potencia hegemónica en Europa central, e Italia aprovechó la
coyuntura para incorporar Véneto a su territorio nacional. El conflicto surgió
debido a las tensiones políticas y territoriales entre ambos estados, así como
a las rivalidades por el liderazgo en la Confederación Germánica.

A mediados
del siglo XIX, la Confederación Germánica era un mosaico de estados soberanos
vinculados por un organismo supraestatal presidido formalmente por Austria. El
ascenso de Otto von Bismarck a la cancillería prusiana en 1862 marcó un punto
de inflexión: su objetivo declarado era unificar los estados alemanes bajo la
corona de los Hohenzollern, marginando a Viena del escenario político
germánico. Para ello, Bismarck necesitaba una guerra que resultase inevitable
ante la opinión pública y que situase a Prusia en posición de fuerza.
Tanto Prusia
como Austria buscaban convertirse en la potencia dominante en el territorio
alemán. Ambos estados aspiraban a liderar la unificación de los diferentes
estados alemanes y a ejercer la influencia política y militar sobre ellos. Prusia
y Austria mantenían una larga rivalidad debido a diferencias políticas,
económicas y culturales. Prusia, liderada por el canciller Otto von Bismarck,
defendía un modelo de unificación bajo su propio liderazgo, mientras que
Austria abogaba por un sistema más descentralizado y basado en la Confederación
Germánica.

El pretexto
lo encontró en el contencioso de Schleswig y Holstein, dos ducados arrebatados
a Dinamarca en 1864 por una acción conjunta austro-prusiana y que desde
entonces ambas potencias administraban de manera compartida. Las tensiones
sobre la gestión de estos territorios escalaron deliberadamente hasta hacer
imposible cualquier solución diplomática. En junio de 1866, Austria sometió la
cuestión al pleno de la Dieta Federal, lo que Prusia interpretó como una
violación del acuerdo bilateral de Gastein (1865). La declaración de guerra fue
inminente.
El inicio de
las hostilidades se dio el 14 de junio de 1866, cuando Prusia declaró la guerra
a Austria. El ejército prusiano, liderado por el canciller Otto von Bismarck y
el general Helmuth von Moltke, demostró ser superior en términos de
organización y tecnología militar. Utilizando tácticas innovadoras, como el uso
masivo de la artillería y las comunicaciones telegráficas.
La batalla
de Hühnerwasser fue la primera batalla de la guerra austro-prusiana. Fue el
primer enfrentamiento en los días previos a la campaña de Königgrätz, luchada
en Bohemia el 26 de junio de 1866. Se luchó entre tropas del Ejército prusiano
del Elba a las órdenes del General Herwarth von Bittenfeld y tropas del I
Cuerpo austríaco, lideradas por Leopold Gondrecourt.
La batalla
de Trautenau o batalla de Trutnov se libró el 27 de junio de 1866. Fue la única
batalla que terminó en victoria austríaca sobre los prusianos, aunque a un alto
coste.
La batalla
de Schweinschädel (en checo: Bitva u Svinišťan) tuvo lugar entre Prusia y
Austria el 29 de junio de 1866. El IV Cuerpo de Ejército del Ejército austríaco
a las órdenes de Tassilo Festetics intentó detener el avance del 2.º Ejército
prusiano a las órdenes del Príncipe de la Corona Federico, pero fue derrotado
por el V Cuerpo de Ejército a las órdenes del General von Steinmetz y tuvo que
retirarse.
La victoria
prusiana en la batalla de Sadowa (o Sadová) o batalla de Königgrätz del 3 de
julio de 1866, librada en el marco de la guerra de las Siete Semanas, permitió
un avance considerable en el proceso de la unificación alemana, consolidando la
hegemonía prusiana dentro de los Estados alemanes en detrimento del Imperio
austríaco. Así mismo esta batalla puso de manifiesto la revolución táctica tras
la adopción del fusil de cerrojo; la potencia de fuego de la infantería acabó
con la carga a bayoneta y el choque frontal preconizados en el siglo XVII.
Además, el
estado mayor prusiano, dirigido por el general Helmuth von Moltke el Viejo,
había desarrollado una doctrina de operaciones basada en la movilización rápida
por ferrocarril y en la coordinación de columnas independientes que debían
converger sobre el enemigo en el momento del choque.
En el
transcurso de la guerra Austro-Prusiana, Prusia emergió como la fuerza
dominante en la Confederación Germánica, arrebatando a Austria su posición histórica como principal potencia alemana.
Estas
victorias prusianas debilitaron considerablemente a Austria y llevaron a la
firma del Tratado de Praga el 23 de agosto de 1866. Según los términos de este
tratado, Austria se vio obligada a ceder varios territorios a Prusia,
incluyendo los ducados de Schleswig, Holstein, Hannover, Hesse-Kassel y Nassau.
Aunque fue
un conflicto corto, lo cierto es que las consecuencias fueron muy relevantes.
Por un lado, Prusia consiguió anexionarse varios territorios de la zona
septentrional, que antes de la guerra eran independientes. Gracias a estas
adquisiciones, formó la “Confederación de Alemania del Norte”, una organización
política que rivalizaba directamente con Austria.
LA GUERRA
FRANCO-PRUSIANA
La guerra
franco-prusiana fue un conflicto armado que tuvo lugar entre Francia y Prusia
en el año 1870. Esta guerra se originó a raíz de las tensiones políticas y
territoriales entre ambos países, y tuvo importantes repercusiones en la
historia europea. Desde principios del siglo XIX, Francia y Prusia mantenían
una rivalidad creciente debido a sus diferencias políticas, económicas y
territoriales. Ambos países buscaban expandir su influencia y poder en Europa. Francia,
bajo el liderazgo de Napoleón III, buscaba restaurar su antigua grandeza y
expandir su imperio. Por otro lado, Prusia, liderada por Otto von Bismarck,
tenía como objetivo unificar a los estados alemanes bajo su liderazgo y
convertirse en una potencia europea. Durante esta guerra, logró la unificación
de Alemania bajo su liderazgo, mientras que Francia sufrió una derrota
humillante y perdió territorios importantes.

La Guerra
Franco-Prusiana no surgió de la nada; fue el resultado de una compleja red de
factores interrelacionados. Previo al estallido de la guerra entre el Reino de
Prusia y sus aliados en contra del Segundo Imperio francés, la lucha por el
control hegemónico de los Estados alemanes herederos del Sacro Imperio Romano
Germánico había conducido al Imperio de Austria y al Reino de Prusia a
enfrentarse en la guerra de las Siete Semanas (14 junio–23 agosto de 1866), un
conflicto bélico del cual Prusia resultaría vencedor. Tras la derrota de
Austria, esta sería excluida de la recién instaurada Confederación Alemana del
Norte, entidad política en la que se unificaron la mayor parte de los Estados
Alemanes Septentrionales bajo el liderazgo de Prusia (Baden, Baviera, Wurtemberg
y Hesse-Darmstadt decidieron no formar parte de dicha confederación).

Por su
parte, el Segundo Imperio Francés de Napoleón III (pariente del mítico Napoleón
Bonaparte) había cosechado ciertos éxitos militares (guerra de Crimea,
intervención en favor de la Unificación italiana en detrimento de Austria), a
la par que reformaba su ejército para una guerra en contra de Prusia que
parecía inminente. Naturalmente, la Unificación alemana representaba un peligro
para las ambiciones imperialistas de Napoleón III, quien, tras haber fracasado
en su intento de anexar Luxemburgo, en 1867, amenazó con represalias militares
a Prusia si esta intentaba anexionar a la Confederación cualquiera de los
Estados Alemanes del sur.
Tras la
abdicación de Isabel II de España a causa del triunfo de la Revolución de 1868,
un nuevo gobierno provisional asumiría la jefatura de Estado a la espera de un
nuevo monarca. Ante tal oportunidad, la Casa Hohenzollern, que era, a su vez,
la casa reinante en Prusia, sugirió la candidatura del príncipe Leopoldo de
Hohenzollern-Sigmaringen al trono de España. Esta candidatura generó una fuerte
reacción en Francia, que temía que la unión de España y Prusia fortaleciera a
esta última y amenazara su seguridad. Napoleón III exigió la retirada de la
candidatura de Leopoldo, pero el rey Guillermo I de Prusia se negó. Esto llevó a
Francia a declarar la guerra a Prusia el 19 de julio de 1870.
El
desarrollo de las hostilidades se dividió en varias fases. En un principio, las
fuerzas prusianas obtuvieron importantes victorias en batallas como la de
Sedán, donde capturaron al emperador Napoleón III. Posteriormente, avanzaron
hacia París y sitiaron la ciudad durante varios meses.
Las primeras
batallas, como la batalla de Wittenberg y la batalla de Belzig, fueron
victorias importantes para Prusia. La estrategia de Bismarck se basaba en el
uso de la artillería y la infantería para desgastar a las fuerzas francesas,
mientras que la caballería prusiana, liderada por el general Helmstedt,
desempeñó un papel crucial en la destrucción de las divisiones francesas.
La batalla
de Gravelotte, en octubre de 1870, fue una de las victorias más decisivas de
Prusia. El ejército francés, liderado por el mariscal Maginot, fue
completamente derrotado, y el mariscal murió en combate.
El asedio de
Metz ocurrido entre el 19 de agosto y el 27 de octubre de 1870, terminó con la
victoria del Reino de Prusia y la rendición de la ciudad.
La batalla
de Sedán (1 y 2 de septiembre de 1870) marcó un punto de inflexión decisivo en
la guerra franco-prusiana. Después de las derrotas en Wissembourg y
Froeschwiller, el ejército de Châlons intentó unirse al ejército de Metz para
relevarlo. Sin embargo, las rápidas y efectivas maniobras de las fuerzas
prusianas al mando del general Moltke atraparon a los franceses en Sedan, una
ciudad encerrada entre colinas y bosques, poco adecuada para maniobras
defensivas.
Las fuerzas
francesas del ejército de Châlons, comandadas por Mac Mahon, fueron rodeadas
por un ejército alemán superior en número y coordinación. La artillería alemana
golpeó implacablemente las posiciones francesas.
Después de
intentos de avance desorganizados y combates violentos, el ejército francés se
vio obligado a rendirse. Napoleón III, presente en el campo de batalla, fue
capturado, lo que provocó la caída del Segundo Imperio.
La rendición
de Napoleón III no puso fin a la guerra, pues cuando la noticia llegó a París,
un levantamiento popular daría pie a la proclamación de la Tercera República,
la cual nombró un Gobierno de Defensa Nacional presidido por el general Louis
Jules Trochu y del que formarían parte destacadas figuras políticas de los años
siguientes, como Jules Ferry o Léon Gambetta.
La batalla
de San Quintín, librada el 19 de enero de 1871 durante la guerra
franco-prusiana cerca de la ciudad francesa de San Quintín, se saldó con una
victoria del ejército prusiano, que abortó el intento francés de levantar el
asedio al que estaba sometido París. El ataque prusiano acabó en una clara
derrota de las fuerzas francesas. El mismo día, el general Trochu intentó,
también sin éxito, romper el sitio de París.
Las tropas
prusianas cercan París, que se niega a capitular y no entrega la capital. En enero
de 1871. El Gobierno de Defensa Nacional, bajo la presidencia de Jules Trochu,
firma el armisticio que pone fin a los combates. Gambetta intentó resistirse,
pero tras un estrepitoso fracaso en Orléans, se rindió también.
Finalmente,
el 28 de enero de 1871, se firmó el Tratado de Frankfurt, que puso fin al
conflicto. Este tratado estableció que Francia cedía a Prusia la región de
Alsacia-Lorena y debía pagar una importante indemnización de guerra. Además, se
proclamó el Imperio alemán y Guillermo I de Prusia fue coronado emperador.
Prusia y
Alemania obtuvieron una victoria decisiva, y el Imperio Alemán fue proclamado
en el Palacio de Versalles en 1871, con Wilhelm I como emperador. La
unificación de Alemania bajo el liderazgo prusiano marcó un punto de inflexión
en la historia europea.
Francia
sufrió una derrota humillante, y el Segundo Imperio Francés fue abolido. La
pérdida de Alsacia y Lorena, entregadas a Alemania, fue una herida profunda
para la nación francesa. La guerra también tuvo un impacto significativo en la
política interna francesa, contribuyendo al descontento social y al auge del
republicanismo.
LAS GUERRAS CIVILES ARGENTINAS

Las guerras civiles argentinas fueron una serie de conflictos armados que tuvieron lugar entre 1814 y 1880 en el territorio actual de Argentina, con extensiones parciales al vecino Uruguay durante la Guerra Grande (1839-1852). Estos enfrentamientos surgieron en medio del proceso de independencia del país y se caracterizaron por un profundo desacuerdo entre los partidarios de una república federal y quienes defendían el sistema centralista heredado de la colonización española. El conflicto estuvo marcado por la lucha entre dos bandos políticos, el Partido Federal y el Unitario, que representaban intereses regionales divergentes y se enfrentaron debido a la imposibilidad de conciliar las aspiraciones económicas y políticas de distintas áreas del país. Las guerras civiles en Argentina surgen después de haber desaparecido el virreinato. Se produjeron ciertos cambios, aunque el monopolio del puerto y de la aduana seguía siendo de Buenos Aires. Mientras, las provincias se convierten en estados autónomos que se gobernaban por su cuenta. Con ello, surgen dos corrientes políticas: los unitarios, que buscan la restitución de un orden central, y los federales, que definen la autonomía de las provincias.

El conflicto entre Unitarios y Federales definió la organización política, económica y social de la República Argentina durante gran parte del siglo XIX. Esta disputa doctrinaria y militar desencadenó sangrientas guerras civiles y moldeó de manera definitiva el modelo constitucional y territorial del país.
Con el tiempo, estos conflictos internos se transformaron en un escenario donde intervinieron fuerzas extranjeras, incluyendo países vecinos y potencias europeas, que apoyaban a los bandos centralistas con miras a sus propios intereses comerciales y estratégicos. La resolución definitiva del conflicto llegó en 1880 con la adopción de una economía liberal y la organización federal basada en la Constitución Argentina de 1853, culminando con la Federalización de Buenos Aires como capital nacional.
Las guerras civiles incluyeron enfrentamientos entre sectores de los mismos partidos, como cuando los centralistas de Buenos Aires se opusieron a las provincias interiores. Estos conflictos abarcaron un período extenso desde 1814 hasta 1880, con momentos cruciales que definían la dirección política del país. Entre estos enfrentamientos destacó el papel de caudillos como José Artigas y Martín Miguel de Güemes, quienes lideraron movimientos federales en distintas regiones.

Las guerras civiles argentinas estallaron debido a profundas divergencias políticas y económicas entre Buenos Aires y las provincias interiores. El centralismo porteño, que buscaba mantener el poder político y económico concentrado en la capital, chocó con los federales de las regiones internas, quienes aspiraban a una mayor autonomía política y económica para sus respectivas áreas geográficas. Estos desacuerdos se originaron en parte por la preponderancia económica que Buenos Aires adquirió tras la independencia, lo cual fue percibido como excesivo e injusto por las demás regiones
Las raíces del dilema político argentino se hunden en el proceso de desintegración del Virreinato del Río de la Plata tras la crisis de la Monarquía Española y la creación de la Primera Junta. La tendencia hegemonista de la élite comercial e intelectual de la ciudad de Buenos Aires, que pretendía asumir la continuidad de la autoridad virreinal de manera centralizada, encontró una inmediata resistencia en las ciudades e intendencias del interior y la Banda Oriental. La influencia de las ideas ilustradas europeas, sumada a los precedentes de la Revolución Francesa y la Constitución de los Estados Unidos, alimentó dos doctrinas antagónicas sobre cómo debía constituirse la soberanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El Partido Unitario proponía la instauración de un gobierno centralizado, indivisible y supremo con sede en Buenos Aires, argumentando que únicamente la unidad administrativa y la dirección ilustrada de una élite culta podían garantizar el orden, el progreso económico y la cohesión de la nueva república. Por su parte, el Partido Federal defendía la soberanía intrínseca de cada una de las provincias, sosteniendo que la nación debía concebirse como una asociación voluntaria de estados autónomos que delegaran competencias restringidas en un gobierno general. Mientras los unitarios preconizaban el libre comercio sin restricciones y la modernización institucional de corte liberal europeo, los federales heterogéneos del interior exigían medidas proteccionistas para sus economías artesanales y el respeto estricto a las tradiciones locales y los liderazgos populares de sus caudillos.
Los Unitarios
La idea principal: Un gobierno central, único y fuerte, con sede en Buenos Aires.
Su modelo: Todas las decisiones políticas y económicas (incluyendo el control de la aduana) debían tomarse desde la capital.
Principalmente, la élite intelectual, comercial y militar de Buenos Aires.
Los Federales
La idea principal: Respeto por la autonomía de las provincias.
Su modelo: Cada provincia debía tener su propio gobierno y controlar sus recursos, unidas al resto a través de pactos.
Un grupo diverso que incluía a caud
illos, terratenientes y la población rural de las provincias.
Todo inició en 1814, ese año José Gervasio Artigas, gobernador de la Provincia Oriental (cuya mayor parte es hoy la República Oriental del Uruguay), lideró insurrecciones en la Banda Oriental que se extendieron por Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones para crear la Liga Federal. Artigas organizó la Unión de los Pueblos Libres, de la que fue declarado «protector». La Liga fue constituida por las provincias de Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, la Provincia Oriental, Santa Fe y los pueblos de Misiones. La Liga Federal se conformó entre 1814 y 1815, alcanzando su apogeo luego de la caída del director supremo Carlos María de Alvear en 1815. Se acuso a Artigas de traidor a la patria y conspirar contra la unidad.

El inicio de la década de 1820 estuvo marcado por la batalla de Cepeda, de enorme valor simbólico, ya que significó la desaparición del gobierno central y el comienzo de las guerras internas por las autonomías provinciales. La batalla de Cepeda tuvo lugar el 1 de febrero de 1820 en la cañada bonaerense del arroyo Cepeda, entre las provincias de Buenos Aires y Santa Fe. En este enfrentamiento militar se opusieron los partidarios de unitarios, liderados por el director supremo José Rondeau, contra los federales encabezados por los caudillos y gobernadores Estanislao López de Santa Fe y Francisco Ramírez de Entre Ríos. La contienda fue breve y concluyó con una victoria decisiva para los federados, lo que desencadenó la disolución del Directorio central y el inicio de un período conocido como Anarquía del Año XX.
Pero, sin duda, el fusilamiento del federal Manuel Dorrego a manos de unitarios radicaliza la guerra a un nivel personal e irreversible. Dorrego, gobernador de la Provincia de Buenos Aires en dos oportunidades, que destacó como uno de los principales referentes del naciente federalismo rioplatense, fue derrocado por las fuerzas unitarias del general Juan Lavalle, derrotado en la batalla de Navarro y luego fusilado el 13 de diciembre de 1828. La muerte de Dorrego marcó el inicio de la guerra civil propiamente dicha.
En 1830 estalló una revolución conocida como la Revolución de los Colorados, liderada por un grupo que buscaba oponerse al gobierno unitario en Buenos Aires. Esta rebelión se produjo cuando las tensiones entre federales y unitarios continuaban intensificándose tras años de conflictos armados. Los colorados, una facción federalista, lucharon para reducir el poder centralizado del Estado de Buenos Aires y establecer un sistema más descentralizado que favoreciera la autonomía provincial.

Entre 1829 y 1852 ejerció como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas que impone un orden federal autoritario y centralista, dominando la escena política por más de 20 años, inició un mandato dictatorial que daría nombre a un periodo de la historia del país: la «época de Rosas». En 1851, Justo José de Urquiza, antiguo partidario de Rosas, encabezó una rebelión contra su gobierno con el respaldo de Brasil y Uruguay. Rosas asumió el mando de su ejército y fue derrotado en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852, marcando el fin de su régimen y abriendo la puerta a la sanción de una Constitución. Tras ello, firmó su renuncia y partió hacia Inglaterra.
Los más emblemáticos caudillos federales durante las cruentas guerras civiles argentinas fueron Juan Facundo Quiroga y Vicente "Chacho" Peñaloza. Quiroga venció a los unitarios en El Tala y El Rincón en 1826, siendo derrotado al intentar apoderarse de Córdoba por el general José María Paz en los combates de La Tablada el 22 y 23 de junio de 1829, y en Oncativo, ocho meses después. Fue asesinado el 16 de febrero de 1835. Peñaloza se destacó por su oposición al poderoso gobernador porteño Juan Manuel de Rosas. Aunque federal, el Chacho se opuso al centralismo de Rosas y se unió a la Coalición del Norte. En 1863, perseguido y superado en armas, Peñaloza siguió obteniendo victorias parciales en La Rioja, San Luis, Córdoba, Catamarca y Mendoza, pero fue derrotado por el ejército de Sarmiento en Los Llanos. Murió asesinado brutalmente el 12 de noviembre de 1863. Por el lado unitario destacó José María Paz. General de carrera, peleo en las batallas de la independencia, en la guerra contra Brasil y en la guerra civil de unitarios y federales , siendo uno de los líderes del lado unitario.

El 1º de mayo de 1853 los representantes de las trece provincias de la Confederación Argentina (excepto los de Buenos Aires), reunidos en Santa Fe, sancionaron la Constitución Nacional, en respuesta a una necesidad que surgió tras la Revolución de Mayo. Su objetivo era constituir la unión nacional, afianzar la justicia y consolidar la paz interior. Pero Buenos Aires la rechaza y se separa, partiendo el país en dos estados.
Tras la Batalla de Pavón, Buenos Aires derrota a la Confederación y unifica el país bajo su liderazgo. Fin de las guerras civiles. La batalla de Pavón, librada el 17 de septiembre de 1861 en el sur de la provincia de Santa Fe, marcó un punto culminante en las guerras civiles que dividieron a Argentina durante gran parte del siglo XIX. Este enfrentamiento armado se dio entre el ejército de la Confederación Argentina, liderado por el presidente Justo José de Urquiza, y el ejército de la provincia de Buenos Aires, comandado por el general Bartolomé Mitre. Significó el fin de la Confederación Argentina, y la incorporación de la Provincia de Buenos Aires (que entonces incluía a la hoy separada Ciudad Autónoma de Buenos Aires) en calidad de miembro dominante del país.

Durante la década de 1870, Argentina experimentó una serie de conflictos internos conocidos como las guerras civiles del mitrismo. Estos enfrentamientos surgieron debido a la lucha por el control político entre los seguidores del presidente Domingo Faustino Sarmiento y sus aliados, quienes promovían un gobierno centralizado desde Buenos Aires, y aquellos que apoyaban al gobernador de Córdoba, Carlos María Rodríguez. Las tensiones aumentaron cuando se discutió la reelección de Sarmiento, lo cual desató una ola de protestas en varias provincias del interior.
En 1880 estalló la Revolución Porteña, un movimiento revolucionario que buscaba derrocar al gobierno unitario centralizado en Buenos Aires. Esta insurrección fue impulsada por sectores federales y autonomistas que aspiraban a reducir el poder del Estado de Buenos Aires sobre las demás provincias argentinas.
Las consecuencias de estas guerras civiles fueron profundas e influyeron significativamente en la formación del Estado argentino. Aunque inicialmente los enfrentamientos se prolongaron durante varias décadas, culminaron con un acuerdo general que sentó las bases para una economía liberal y una organización federal basada en la Constitución de 1853. Este acuerdo incluyó la Federalización de Buenos Aires como capital nacional, lo cual fue crucial para establecer la unidad del país y definir su estructura política actual.
LA GUERRA
PERUANO-ECUATORIANA
La guerra
peruano-ecuatoriana de 1858-1860 (conocida en el Perú como guerra con el
Ecuador o campaña contra Ecuador; y en Ecuador como invasión peruana de 1859,
el bloqueo de Guayaquil o la ocupación de Guayaquil) fue un conflicto bélico
que enfrentó a las repúblicas del Perú y Ecuador. Comenzó el 26 de octubre de
1858, cuando la Marina de Guerra del Perú bloqueó la costa ecuatoriana y
finalizó el 25 de enero de 1860, con la suscripción del Tratado de Mapasingue.

Desde su
nacimiento como repúblicas independientes a principios del siglo XIX, y hasta
el año 1998, hubo un conflicto limítrofe entre el Ecuador y el Perú en regiones
comprendidas entre la cuenca del Amazonas y la cordillera de los Andes. Los
problemas en la delimitación de fronteras entre ambos países tienen su punto de
partida cuando la Gran Colombia (estado antecedente de Ecuador, encabezado por
Bolívar) anexó los territorios pertenecientes a la Real Audiencia de Quito, de
los que serían parte Tumbes, Jaén y Maynas, aunque de facto y de iure hicieron
parte del Virreinato del Perú, por lo que voluntariamente habían decidido ser
parte del Perú luego que declararan su independencia en 1821. La nueva nación
llamada Colombia y conocida actualmente como La Gran Colombia no duró mucho, y
se disolvió en 1830, de ella se separó la república de Ecuador como país
independiente, con los territorios que habían pertenecido mientras fue parte de
La gran Colombia. El primer tratado celebrado entre el Perú y Ecuador fue el
Tratado Pando-Novoa, suscrito el 12 de julio de 1832 por el ministro de
gobierno y relaciones exteriores del Perú, José María Pando, y el ministro
plenipotenciario de Ecuador, Diego Noboa (futuro presidente de Ecuador). En él
se reconocían y respetaban los límites vigentes entre ambas naciones, a la
espera de la celebración de un convenio de arreglo de límites.
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La historia
del Ecuador está marcada por una serie de conflictos internos y externos que
han moldeado su desarrollo como nación. Uno de los periodos más turbulentos fue
el comprendido entre 1858 y 1860, en el cual el país se vio inmerso en una
profunda crisis política y económica, agravada por un conflicto bélico con el
vecino país del Perú. Este período, conocido como la crisis interna y guerra con el Perú, tuvo repercusiones
significativas en la historia ecuatoriana y dejó una huella duradera en la
identidad nacional. La crisis política en Ecuador durante el periodo de 1858 a
1860 fue un momento crucial en la historia del país. Durante este tiempo, se
vivieron tensiones internas y conflictos armados que marcaron profundamente el
futuro de la nación. Ecuador, recién independizado de España, se encontraba en
un proceso de consolidación como nación. Sin embargo, las disputas entre los
diferentes caudillos y facciones políticas amenazaban la estabilidad del país. En
1857 el gobierno ecuatoriano suscribió un convenio para el pago de una deuda
con acreedores ingleses, dando en concesión territorios amazónicos
pertenecientes al Perú.

El gobierno
de Francisco Robles fue un periodo de gran importancia en la historia de
Ecuador, ya que estuvo marcado por una serie de crisis internas y conflictos
bélicos con el Perú. Por otro lado, en Perú con el primer gobierno de Ramón
Castilla, las fuerzas armadas peruanas se fortalecieron y modernizaron, con la
ayuda del auge económico vivido por las rentas del guano durante la prosperidad
falaz. La guerra comenzó el 26 de octubre de 1858, cuando la Marina de Guerra
del Perú bloqueó la costa ecuatoriana y finalizó el 25 de enero de 1860, con la
firma del Tratado de Mapasingue.
Una escuadra
de la Marina de Guerra del Perú, con 5000 hombres a bordo, bajo el mando del
vicealmirante Ignacio Mariátegui y Tellería, bloqueó la costa ecuatoriana,
afectando, principalmente, a Guayaquil, que estaba al mando del general
ecuatoriano Guillermo Franco. Mientras que la costa ecuatoriana era sometida a
un bloqueo pacífico por parte de la flota peruana, en el Ecuador se desataba la
anarquía y la guerra civil. El caudillo ecuatoriano Gabriel García Moreno se
alzó contra el presidente Robles, y no dudó en buscar el apoyo del presidente
peruano Castilla, quien no se negó en auxiliarlo. En Quito se instauró el
gobierno de un Triunvirato, presidido por el mismo García Moreno. Mientras que
en la provincia de Guayas se hizo del poder el general Guillermo Franco. Por su
lado, Loja adoptó la forma federal de gobierno, por su cuenta y nombró su
propio presidente.

En busca de
encontrar paz y mejorar las relaciones con el Ecuador, el presidente Ramón
Castilla acordó al Jefe Supremo de Guayas, general Guillermo Franco, suspender
las operaciones de guerra y convocar a los cuatro gobiernos del Ecuador
establecidos durante su guerra civil, para elegir un gobierno general.
El 1 de
enero de 1860 se realizó en Guayaquil la reunión de los ocho representantes de
los cuatro gobiernos. Las condiciones propuestas no fueron aceptadas por al
general Guillermo Franco, quien el 3 de enero ordenó arrestar a los
representantes de Quito y luego los expulsó. Con ello quedó declarada la guerra
entre Quito, gobernado por García Moreno y Guayaquil, gobernado por Guillermo
Franco. Castilla se puso de lado del lado más numeroso, por ello, solicitó a
Franco que se le dieran cuarteles en la misma Guayaquil, pedido que le fue
concedido. Fue así como el ejército peruano entró en Guayaquil, el 7 de enero
de 1860. La guerra peruano-ecuatoriana 1858-1860 culminó sin grandes encuentros
bélicos.
Los
representantes de Castilla y Franco, señores Manuel Morales y Nicolás Estrada
respectivamente, suscribieron el Tratado de Mapasingue, el 25 de enero de 1860,
en la pequeña localidad del mismo nombre. El Tratado de Mapasingue restablecía
las buenas relaciones entre Quito y Guayaquil; asimismo, el Ecuador declaró
nula la venta de territorios peruanos a los acreedores británicos, reconoció la
validez de la Real Cédula de 1802 y el uti possidetis de 1810 y sobre la base
de ello convino en demarcar sus límites, comprometiéndose a integrar una
comisión bipartita con el Perú.
LA GUERRA DE
LA TRIPLE ALIANZA

La Guerra de
la Triple Alianza, también conocida como la Guerra del Paraguay, fue un
conflicto armado que tuvo lugar entre los años 1864 y 1870 en América del Sur.
Fue una guerra que involucró a tres países: Paraguay, Brasil, Argentina y
Uruguay, y tuvo graves consecuencias para la región. Fue un conflicto tan
desproporcionado en sus consecuencias que, más de siglo y medio después, sigue
siendo el acontecimiento definitorio de la historia paraguaya y un tema
sensible en todo el Cono Sur. Entre 1864 y 1870, Paraguay se enfrentó
simultáneamente a Argentina, Brasil y Uruguay. Lo que comenzó como una serie de
tensiones fronterizas y ambiciones geopolíticas mal calculadas terminó
convirtiéndose en el conflicto bélico más devastador de la historia de América
del Sur. Paraguay perdió una parte enorme de su población —las estimaciones,
muy debatidas, van de menos de una quinta parte a cerca de dos tercios— y quedó
arruinado durante décadas. La guerra dejó un saldo de cientos de miles de
muertos, devastó la economía y la sociedad paraguaya, y alteró el equilibrio de
poder en la región.

La guerra
que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y
1870, respondió más a los intereses británicos y de acabar con un modelo
autónomo de desarrollo como el paraguayo, que podía devenir en un «mal ejemplo»
para el resto de América latina, que a los objetivos de unificación nacional y
defensa del territorio proclamados por sus promotores. Brasil era una de las
grandes potencias de Sudamérica, pero sus líderes querían mayor influencia. En
esta situación iniciaron una política de expansión que se basaba en parte en
tomar zonas paraguayas y en aumentar su influencia en Uruguay, buscando aumentar
el gran Imperio Brasileño.
El conflicto
que terminó por enfrentar al Paraguay con la Triple Alianza, formada por
Argentina, Brasil y Uruguay, tuvo su origen en 1863, cuando el Uruguay fue
invadido por un grupo de liberales uruguayos comandados por el general Venancio
Flores, quienes derrocaron al gobierno blanco, de tendencia federal y único
aliado del Paraguay en la región. La invasión había sido preparada en Buenos
Aires con el visto bueno del presidente Bartolomé Mitre y el apoyo de la armada
brasileña. El Paraguay intervino en defensa del gobierno depuesto y le declaró
la guerra al Brasil. El gobierno de Mitre se había declarado neutral pero no
permitió el paso por Corrientes de las tropas comandadas por el gobernante
paraguayo, Francisco Solano López. Esto llevó a López a declarar la guerra
también a la Argentina. Brasil, la Argentina y el nuevo gobierno uruguayo
firmaron en mayo de 1865 el Tratado de la Triple Alianza, en el que se fijaban
los objetivos de la guerra y las condiciones de rendición que se le impondrían
al Paraguay.

El 12 de
noviembre de 1864, en represalia por la invasión brasileña al Uruguay, el
gobierno paraguayo se apoderó de un buque mercante brasileño y del gobernador
de la provincia brasileña de Mato Grosso, donde se inició la guerra.
Población
brasileña se estableció en Uruguay y, uniéndose al general Flores con fuerzas
terrestres y navales, lograron el triunfo definitivo después de la toma de
Paysandú.
La
declaración de guerra del Paraguay a la Argentina y la invasión de tropas de
ese país a territorio argentino, con el ataque al puerto de Corrientes y la
captura de dos barcos argentinos en abril de 1865. López inició las acciones
contra Brasil capturando el vapor Marqués de Olinda el 11 de noviembre de 1864.
En 1865 se declaró la guerra a Argentina.
El 1 de mayo
de 1865, Rufino de Elizalde (Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina),
Octavio Almeida de Rosa (Brasil) y Carlos de Castro (Uruguay) firmaron el
Tratado de la Triple Alianza. Se puntualizaba allí que la guerra sería contra
el gobierno del Paraguay y no contra el pueblo. El tratado establecía ventajas
territoriales para los estados firmantes. Paraguay contaba con un poderoso
ejército, armas modernas y manufacturas de guerra, podía poner en armas a
60.000 hombres y contaba con vapores de guerra tripulados por marinos ingleses.
El 17 de
septiembre de 1865, una parte de las fuerzas paraguayas al mando de
Estigarribia se rindió en Uruguayana (localidad brasileña) a los aliados
encabezados por Mitre (jefe de la Triple Alianza). Cerca de 30.000 hombres
había empeñado López en esta ofensiva y, tras su derrota, debió ordenar su
repliegue.
La Batalla
de Tuyutí en 1865 fue una de las más sangrientas y decisivas de la guerra,
donde las fuerzas paraguayas, lideradas por el General Juan Natalicio González,
infligieron una derrota devastadora a la Triple Alianza, capturando al General
Bartolomé Mitre, el comandante en jefe argentino
Paraguay se
limitó a una desesperada acción defensiva que solo prolongaron el coraje de sus
soldados y la sequía y despotismo de López, confiado en su eficaz sistema de
fortificaciones. Se sucedieron así otras batallas: Estero Bellaco (mayo 1866),
Boquerón y Sauce (junio 1866).
En la
batalla de Curupayty librada el 22 de septiembre de 1866, un asalto frontal
contra las trincheras paraguayas que guarecían aquella fortaleza terminó en un
desastre. El bombardeo naval de la escuadra brasileña al mando del almirante
Tamandaré no hizo mella en los atrincheramientos del enemigo, y las tropas
dirigidas por Mitre sufrieron un duro revés: solo el ejército argentino perdió
más de 5.000 hombres.

El 5 de
enero de 1869, cuando Sarmiento ya gobernaba Buenos Aires, las fuerzas de la
Triple Alianza entraban en Asunción. López, dispuesto a no rendirse, había
comenzado una retirada hacia el norte, Cerro Corá, seguido por una escasa y
desnutrida tropa de 2.000 hombres, 20 piezas de artillería y el resto de un
pueblo abnegado y enfermo, afectado por el hambre. Este peregrinaje se prolongó
hasta el 1 de mayo de 1870, día en el que el Mariscal López, al mando de un
grupo de 400 hombres, fue atacado por una columna brasileña al mando del
general Caimará. La guerra, que había generado un verdadero genocidio, había
terminado.
La Batalla
de Cerro Corá (1 de marzo de 1870), donde el General Solano López fue
asesinado, marcó el fin de la guerra. Esta batalla, considerada el último acto
de resistencia paraguaya, resultó en la derrota total de Paraguay y la muerte
de su líder, quien se convirtió en un símbolo de resistencia y patriotismo.
El 16 de
agosto de 1869, durante la Guerra de la Triple Alianza, se libró la
desgarradora batalla de Acosta Ñu. Miles de niños paraguayos fueron masacrados
en un enfrentamiento desigual que marcó un hito de violencia en la historia de
Paraguay.
El tratado
de paz firmado al final del conflicto incluía severas condiciones para
Paraguay, tales como la pérdida de territorios y el pago de indemnizaciones.
Estos acuerdos forzaron a Paraguay a reestructurar sus relaciones
internacionales y económicas, lo que resultó en una dependencia significativa
hacia los países vecinos durante varios años posteriores al conflicto.
La expansión
del, por entonces, Imperio de Brasil fue enorme, consiguiendo todas las zonas
que se encontraban en disputa contra Paraguay y consiguiendo aumentar su
influencia en otras zonas como Uruguay.
Las zonas en
disputa entre Argentina y Paraguay fueron a parar a la nación argentina,
formando lo que conocemos como Provincia de Formosa, aunque no ajena a intentos
de recuperación por parte de determinados gobiernos paraguayos.
Paraguay
entró en una grave crisis en todos los sentidos, sufriendo una recesión
económica y una pérdida demográfica pocas veces vista, y terminado con ello el
enorme proceso de evolución que había logrado durante los años anteriores.
LA GUERRA
CONTRA ESPAÑA
La guerra
hispano-sudamericana, conocida en España como la guerra del Pacífico y en Chile
y Perú como la guerra contra España, fue un conflicto bélico naval que enfrentó
a España a una alianza formada por Chile, Perú, Ecuador y Bolivia entre 1865 y
1866. Los últimos dos países, a falta de medios, no participaron militarmente,
pero dieron apoyo político a los primeros y le negaron el abastecimiento a la
flota española. La causa de la guerra fue la ambición de la Corona Española
sobre la riqueza guanera peruana, España buscaba aliviar la aguda crisis
económica en que estaba sumida.

La Guerra
contra España fue un conflicto armado que se desató como consecuencia de las
intenciones del gobierno español de reconquistar sus colonias en América
Latina. Durante este período, el Perú se enfrentó a una serie de invasiones y
ataques por parte de las fuerzas españolas, lo que generó una gran resistencia
por parte de los peruanos. A lo largo de la guerra, Perú recibió el apoyo de
otros países sudamericanos que se encontraban en la misma situación de
enfrentamiento con España. Además, la guerra tuvo repercusiones
internacionales, ya que despertó la solidaridad de otros países que veían en la
lucha de los sudamericanos un ejemplo de resistencia frente al imperialismo.
En el siglo
XIX, el Perú se encontraba en una situación política y social compleja. Tras la
independencia de España en 1824, el país se vio inmerso en una serie de
conflictos internos y externos que marcarían su historia. En 1865, España había
reconocido formalmente la Independencia chilena, pero no la del Perú, que aún
estaba gestionándose ante la Corte por los canales diplomáticos.
La guerra
entre Chile y España tuvo como origen el enfrentamiento entre un hacendado
peruano y los colonos españoles de su plantación, que se defendieron con armas
ante los maltratos. A pesar de ello, la justicia peruana falló a favor del
hacendado. Como reparación, una expedición "científica" española que
navegaba por el Pacífico tomó las islas peruanas Chinchas en abril de 1864. En
el fragor del ideal americanista y al coincidir con la ocupación española de
México y Santo Domingo, los políticos chilenos consideraron esa ocupación como
una agresión colonialista a la independencia de la región. Chile impidió a los
buques españoles abastecerse de carbón declarándolo contrabando de guerra, sin
hacer lo mismo con los buques peruanos.

Una fuerza
naval hispa, presente en el Pacífico Sur, es recibida con manifestaciones de
hostilidad en los puertos peruanos, lo que sumado al mal manejo político que
hacen los españoles respecto del incidente de Talambo, deriva en una catarsis
generalizada, capturando el Almirante español las islas Chincha, ricas en
guano, a modo de indemnización.
La guerra
entre España y Perú se desarrolló en varias etapas a lo largo de los años 1864
a 1866. El conflicto comenzó con pequeños enfrentamientos y escaramuzas en la
región de Callao y Guayaquil, donde las disputas territoriales eran más
intensas. Sin embargo, a medida que la guerra avanzaba, se intensificaron los
combates y se produjeron enfrentamientos más grandes y violentos.
La ocupación
de las Islas Chincha (14 de abril de 1864) fue la primera acción militar
realizada por el Reino de España contra la República del Perú en el contexto de
la guerra hispano-sudamericana. El objetivo principal de la ocupación era de
que sirviera como expedición punitiva y además permitiera un desenlace
diplomático al conflicto en favor de España.
El 18 de
septiembre de 1865, en pleno aniversario del establecimiento de la Primera
Junta de Gobierno, el Almirante José Manuel Pareja recala en Valparaíso y exige
al Gobierno chileno un desagravio humillante, amenazando bloquear nuestros
puertos y destruir con su artillería los dos terminales marítimos principales. Chile
rechaza las condiciones y la fuerza hispana inicia las hostilidades declarando
el bloqueo de nuestros puertos. El Gobierno chileno declara la guerra a España.
Para
enfrentar este conflicto esencialmente naval, la Marina chilena contaba con
sólo dos buques: la corbeta "Esmeralda" de 18 cañones y el vapor
"Maipú", de 4 cañones. La escuadra española presente, estaba
integrada por dos fragatas de 36 cañones cada una, la "Blanca" y la
"Berenguela", la fragata "Resolución" de 40 cañones, la
fragata "Villa de Madrid" de 46 cañones y las goletas
"Vencedora" y "Virgen de Covadonga", de 4 cañones cada una.
En aguas peruanas, operaba la fragata blindada "Numancia" con 40
cañones, y la fragata "Almansa", también de 40 cañones.
El combate
de Papudo fue una acción naval que tuvo lugar el 26 de noviembre de 1865. En
ella se enfrentaron la corbeta de hélice chilena Esmeralda, al mando del
capitán de fragata Juan Williams Rebolledo, y la goleta de hélice española
Virgen de Covadonga, al mando del teniente de navío Luis Fery. Tras horas de
combate, el Comandante Fery por rendirse. Sometida la goleta, Williams mandó a tomar
posesión de ella, llevando tripulación chilena para amarinarla.

El combate
de Abtao tuvo lugar el 7 de febrero de 1866 en la Isla Abtao, parte del
archipiélago de Calbuco (aguas del canal de Chayahué, Chiloé), entre una
escuadra española formada por las fragatas de hélice Villa de Madrid y Blanca y
la flota aliada chileno-peruana compuesta por la fragata de hélice Apurímac,
las corbetas de hélice Unión y América, la goleta de hélice Covadonga (que
había sido capturada en Papudo) y los vapores de hélice Lautaro y Antonio Varas.
Debido al poderío de las naves españolas, la formación que ofreció la alianza
peruano-chilena fue más bien defensiva, para lo que aprovechó su favorable
posición en una ensenada, cuyos accesos bloqueó, disponiéndose la flota en
forma de herradura. Al contrario, las naves españolas, peor ubicadas, no podían
acercarse demasiado so riesgo de varar o encallar. La acción se redujo a un
cañoneo a gran distancia sin resultados concluyentes, en el que no llegaron a
tomar parte activa los dos vapores. Sin resultados concluyentes. Ambos bandos
se adjudican la victoria
El bombardeo
de Valparaíso efectuado por la escuadra española del brigadier Casto Méndez
Núñez el 31 de marzo de 1866 fue un episodio de la Guerra hispano-sudamericana,
durante el cual el puerto de Valparaíso fue bombardeado y parcialmente
destruido. El día 31 de marzo, con las fragatas "Numancia",
"Blanca", "Villa Madrid", "Resolución" y
"Vencedora", el Almirante Méndez Núñez bombardeó el primer puerto
chileno durante tres horas.
El combate
del Callao, también llamado combate del Dos de Mayo, fue un enfrentamiento
bélico acontecido el 2 de mayo de 1866, en el transcurso de la guerra
hispano-sudamericana, en aguas de este puerto peruano, entre una escuadra de la
Armada Española, al mando del almirante Casto Méndez Núñez, y las defensas de
la Marina peruana en el Callao, bajo el mando del entonces jefe supremo de la
República del Perú, Mariano Ignacio Prado. Tras el bombardeo de Valparaíso, la
escuadra española se dirigió al puerto del Callao. La batalla y su resultado
aún son objeto de polémica.
LA GUERRA
DEL PACÍFICO
La guerra
del Pacífico o Guerra del Salitre fue un conflicto militar que enfrentó a Chile
contra una alianza formada por Perú y Bolivia. El enfrentamiento armado tuvo
lugar entre 1879 y 1884 y concluyó con la anexión de varios territorios
bolivianos y peruanos a Chile. Se desarrolló en el océano Pacífico, en el
desierto de Atacama y en las serranías y valles peruanos. Esta guerra tuvo un alto impacto en la región y
marcó un hito en la historia de América
Latina. Las causas de este conflicto fueron principalmente disputas
territoriales y económicas, así como tensiones políticas y nacionalistas.
Las causas
de la Guerra del Pacífico fueron diversas y complejas. Algunas de las
principales causas fueron:
Disputa
territorial y control de recursos naturales: La región del Pacífico era rica en
recursos naturales, como el salitre, que era de gran importancia para la
industria de la época. Chile, Perú y Bolivia tenían intereses en esta región y
se produjo una disputa por el control de los recursos.
Problemas
fronterizos y disputas territoriales: Existían conflictos y disputas
fronterizas entre los tres países involucrados, especialmente entre Chile y
Bolivia. La ocupación de Antofagasta por parte de Chile fue el detonante de la
guerra.
Intereses
económicos y políticos: Los intereses económicos y políticos de las potencias
extranjeras también jugaron un papel importante en el conflicto. Tanto Chile
como Perú y Bolivia buscaban el apoyo de otras naciones para fortalecer su
posición y obtener ventajas en la guerra.
Chile estaba
fortaleciendo su posición en la zona gracias a las inversiones que estaba
realizando en Tarapacá y Antofagasta. Perú consideraba la posición chilena como
una amenaza para su supremacía en la costa del Pacífico. Perú buscó una alianza
con los bolivianos y los argentinos para evitar la presencia chilena en el
desierto de Atacama. La actividad de las empresas chilenas en Tarapacá y
Antofagasta preocupaba a los bolivianos y a los peruanos.

Las disputas
territoriales entre los países de la zona habían sido habituales desde el mismo
momento de su independencia. Además, algunos de los territorios en disputa eran
ricos en salitre y, por lo tanto, importantes fuentes de riqueza. Bolivia y
Chile trataron de relajar la tensión con un acuerdo de límites firmado en 1874.
El 6 de agosto de 1875, los dos países llegaron a un nuevo acuerdo. Mediante
este tratado, Chile renunciaba al 50% de los impuestos obtenidos de las
explotaciones de mineral a cambio de la promesa de Bolivia de no aumentar los
impuestos a los negocios y capitales chilenos durante 25 años. Sin embargo, en
1878, el dictador boliviano Hilarión Daza intentó imponer impuestos sobre las
empresas que explotaban el salitre en la costa boliviana de Antofagasta, lo que
fue considerado por los chilenos como una violación del tratado. Daza amenazó
con confiscar las infraestructuras de las compañías que no pagaran. A comienzos
de 1879, el presidente cumplió su amenaza y expulsó a los chilenos de
Antofagasta y comenzó a rematar los bienes de las empresas. Ante esta
situación, el presidente chileno Aníbal Pinto ordenó la ocupación de
Antofagasta. La tensión fue en aumento hasta que Chile ocupó militarmente
Antofagasta. Bolivia y su aliado Perú, respondieron enseguida. Aunque Perú, que ya había firmado el acuerdo
secreto de defensa con Bolivia, el presidente peruano Mariano Ignacio Prado intentó
convencer a Daza de que aceptara un arbitraje, los preparativos para una guerra
se aceleraron. El 14 de febrero las tropas chilenas desembarcaron y tomaron la
ciudad sin resistencia. Ante esto, Bolivia declaró la guerra a Chile el 1 de
marzo de 1879. El 5 de abril de 1879 declaró la guerra contra Perú y Bolivia,
dando inicio formal a la Guerra del Pacífico.

Campaña
Marítima (abril-octubre de 1879). La primera etapa de la guerra se desarrolló
en las aguas del Pacífico. Chile consideró que era vital conseguir el control
de los puertos para, así, debilitar a sus enemigos. La campaña marítima
enfrentó tan solo a los chilenos y a los peruanos, ya que Bolivia no tenía
armada propia. En un primer momento, el poderío naval de ambos bandos estaba
bastante equilibrado, ya que los dos países habían comprado modernos barcos de
guerra en los últimos años. Los enfrentamientos más importantes tuvieron lugar
entre el 5 de abril y el 8 de octubre de 1879 y el resultado final favoreció
claramente a los chilenos. Chile comenzó la campaña bloqueando el puerto de
Iquique con la intención de bloquear las exportaciones peruanas y obligar a sus
barcos a abandonar Callao. Este bloqueo inició a principios de abril.
Combate de
Chipana o Loa (12 de abril de 1879): La cañonera “Pilcomayo” y la corbeta
“Unión” hacen huir a la cañonera chilena “Magallanes”.
Combate de
Iquique (21 de mayo de 1879) El monitor blindado peruano “Huáscar” hunde a la corbeta
chilena “Esmeralda”, donde muere el capitán chileno Arturo Prat.
Combate de
Punta Gruesa (21 de mayo de 1879): El blindado peruano “Independencia” encalló
cuando perseguía a la “Covadonga”.
Combate de
Angamos (8 de octubre de 1879): El monitor “Huáscar” fue capturado por una
escuadra chilena encabezada por los blindados “Cochrane” y “Blanco Encalada”.
Murió el comandante peruano Miguel Grau.
Campaña de
Tarapacá (noviembre de 1879). Los chilenos
desembarcaron en Pisagua (2 de noviembre) y ganaron la batalla de San Francisco
(19 de noviembre). Pero fueron derrotados en la batalla de Tarapacá (27 de
noviembre). El ejército peruano se replegó hacia Arica y Tacna.
El
desembarco en Pisagua, también conocido como el combate de Pisagua, fue un
ataque anfibio realizado el 2 de noviembre de 1879 por las fuerzas chilenas
contra el puerto de Pisagua, que se encontraba defendido por las fuerzas
aliadas de Perú y Bolivia. Este suceso tuvo lugar en el marco de la campaña de
Tarapacá.
La batalla
de Dolores, también conocida como batalla de San Francisco, fue un
enfrentamiento militar ocurrido el 19 de noviembre de 1879. En este
enfrentamiento, el ejército chileno, bajo el mando del coronel Emilio
Sotomayor, derrotó a las fuerzas aliadas de Perú y Bolivia, dirigidas por el
general Juan Buendía y Noriega.
La batalla
de Tarapacá fue una acción ocurrida el 27 de noviembre de 1879. En ella se
enfrentaron fuerzas peruanas al mando del general Juan Buendía y fuerzas
chilenas comandadas por el coronel Luis Arteaga, y finalizó con una victoria
táctica del ejército del Perú.
Campaña de
Tacna y Arica (marzo-junio de 1880). Los chilenos
desembarcaron en Ilo y avanzaron a Moquegua donde ganaron la batalla de Los
Ángeles (22 de marzo). Vencieron a los aliados en el Alto de la Alianza (26 de
mayo) y saquearon Tacna. Finalmente asaltaron el morro de Arica (7 de junio de
1880).
La batalla
de Los Ángeles fue una acción militar entre fuerzas chilenas y peruanas,
ocurrida el 22 de marzo de 1880, durante la campaña de Tacna y Arica. El
Ejército de Chile, al mando del general Manuel Baquedano, derrotó a las tropas
peruanas dirigidas por el coronel Andrés Gamarra, que defendían el cerro Los
Ángeles, al norte de Moquegua. Tras la
Batalla del Alto de la Alianza (o de Tacna) del 26 de mayo de 1880, Bolivia se
retiró del conflicto dejando a su aliado, el Perú, solo.
El asalto y
toma del Morro de Arica fue el enfrentamiento final de la campaña de Tacna y
Arica el 7 de junio de 1880, siendo esta batalla por el puerto peruano de Arica.
Fue el último gran combate entre el Ejército del Perú y el Ejército de Chile en
el extremo sur peruano. Tras las batallas de Los Ángeles y de Tacna, la batalla
por el puerto de Arica enfrentó a las fuerzas peruanas bajo el mando del
coronel Francisco Bolognesi que quedaban en la ciudad, aisladas por tierra y
sin hinterland, con dos columnas chilenas bajo el mando del coronel Pedro
Lagos. Los atacantes lograron vencer los campos de minas, fuertes, fusilería y
artillería peruana y ocupar la ciudad.
Campaña de
Lima (enero de 1881). Los chilenos
desembarcaron en Chincha y Lurín. Vencieron la resistencia peruana en las
batallas de San Juan (13 de enero) y Miraflores (15 de enero). Tomaron Lima el
17 de enero de 1881.
La batalla
de San Juan y Chorrillos fue una acción militar ocurrida el 13 de enero de
1881, en el marco de la guerra del Pacífico. En ella se enfrentaron el Ejército
de Chile y el Ejército del Perú.
La batalla
de Miraflores fue un enfrentamiento ocurrido en las inmediaciones del distrito
homónimo el 15 de enero de 1881, entre las fuerzas del Ejército de Chile y el
remanente del Ejército del Perú engrosado por la milicia limeña, en el marco de
la Campaña de Lima. El ejército chileno al mando del General Baquedano, con
apoyo de la artillería naval de buques de la armada chilena, derrotó a las
fuerzas atrincheradas en parte de la segunda línea defensiva peruana en
Miraflores, dirigida por Nicolás de Piérola luego de más de cuatro horas de
combates. Dos días después, el 17 de enero, el Ejército de Chile entró a la
ciudad de Lima, capital del Perú.
La ocupación
de Lima fue el medio utilizado por el gobierno de Chile para imponer la cesión
territorial de Tarapacá —después del rechazo peruano a las condiciones chilenas
en la Conferencia de Arica (22-27 de octubre de 1880)—, y se prolongó desde el
17 de enero de 1881 hasta el 23 de octubre de 1883.
Campaña de
la Breña (1882-1883). Los chilenos
exigían la cesión del departamento salitrero de Tarapacá para finalizar la
guerra, pero el general Andrés Avelino Cáceres organizó la resistencia con
miles de campesinos en la sierra central. Los chilenos fueron a enfrentarlo,
pero fueron derrotados en las batallas de Pucará, Marcavalle y Concepción (9 y
10 de julio de 1882).
Las fuerzas
aliadas, al mando del coronel Juan Gastó, atacaron a la compañía chilena del
Regimiento 6° de Línea al mando del capitán Ignacio Carrera Pinto que cubría el
poblado de La Concepción. 77 chilenos defendieron a muerte la plaza de La
Concepción, en una emblemática lucha sinónimo de valentía y sacrificio. Durante
el sangriento combate, en el que fueron cayendo progresivamente los defensores,
el mando chileno se negó a aceptar las ofertas de rendición a pesar de la
desproporción de fuerzas, por cuanto la columna peruana estaba reforzada por
más de 1.500 indígenas montoneros.
Mientras
tanto en Cajamarca, el general Miguel Iglesias lanzó el “Grito de Montán”,
pidiendo a los peruanos aceptar la derrota y negociar la paz. Cáceres rechazó
la propuesta y se dirigió al norte para capturarlo, pero fue derrotado por los
chilenos en la batalla de Huamachuco (10 de julio de 1883).
El Tratado
de Ancón (1883). El 20 de
octubre de 1883 se firmó el Tratado de Ancón dando fin a la Guerra del
Pacífico. El Perú cedió para siempre el departamento de Tarapacá y por 10 años
las provincias de Tacna y Arica. Un plebiscito decidiría finalmente el destino
de estas provincias.
Las
principales consecuencias de la Guerra del Pacífico fueron:
Anexión de
territorios: Chile anexó los territorios de Antofagasta, Tarapacá y parte de
Tacna y Arica.
Debilitamiento
de Perú y Bolivia: Ambos países sufrieron pérdidas territoriales y económicas
significativas, lo que afectó su desarrollo y estabilidad.
Consolidación
de Chile como potencia regional: La victoria en la Guerra del Pacífico permitió
a Chile consolidarse como una potencia militar y económica en la región.
Reclamaciones
territoriales pendientes: Hasta el día de hoy, existen reclamaciones
territoriales entre Chile, Perú y Bolivia respecto a los territorios perdidos
durante la guerra.
LA GUERRA
BOSHIN
La guerra
Boshin «guerra del Año del Dragón» es el nombre que se le dio a la guerra civil
que tuvo lugar en Japón desde 1868 hasta 1869 entre los partidarios del
gobierno del shogunato Tokugawa en el poder y la facción que pretendía la
devolución del poder político a la corte imperial. El shogunato Tokugawa, era defensor
del tradicionalismo y el aislacionismo, mientras las fuerzas partidarias del
emperador Meiji, abogaban por la modernización y la apertura de Japón al mundo.
Este enfrentamiento marcó el fin del shogunato y el inicio de la Restauración
Meiji, un periodo de profundos cambios.

La guerra
surgió de la insatisfacción entre muchos nobles y jóvenes samuráis con el
manejo de los extranjeros por parte del shogunato tras la apertura de Japón
durante la década anterior. El aumento de la influencia occidental en la
economía condujo a un declive similar al de otros países asiáticos en ese
momento. Una alianza de samuráis occidentales, particularmente los dominios de
Chōshū, Satsuma y Tosa, y funcionarios de la corte aseguraron el control de la
Corte Imperial e influyeron en el joven emperador Meiji. Tokugawa Yoshinobu, el
shōgun sentado, al darse cuenta de la inutilidad de su situación, abdicó y
entregó el poder político al emperador. Yoshinobu esperaba que al hacer esto,
la Casa Tokugawa pudiera preservarse y participar en el futuro gobierno.
Durante más
de 250 años, el shogunato Tokugawa gobernó Japón desde Edo (la actual Tokio). Sin
embargo, a mediados del siglo XIX, la llegada de los barcos occidentales
liderados por el comodoro Perry y la apertura forzada del país al comercio
internacional debilitaron al régimen. Las tensiones entre los partidarios del
shogunato y los que apoyaban la restauración del poder imperial —especialmente
los clanes de Satsuma (Kagoshima) y Chōshū (Yamaguchi)— desembocaron en un
conflicto abierto.
Batalla de
Toba–Fushimi (27–31 de enero de 1868): victoria decisiva de las fuerzas
imperiales que marcó el colapso del poder efectivo del shogunato y motivó la
retirada de Tokugawa Yoshinobu hacia Edo (Tokio).
Entrada y
rendición de Edo (mayo de 1868): tras negociaciones y maniobras, Edo fue
entregada prácticamente sin destrucción masiva, evitando un gran derramamiento
de sangre en la capital.
Batalla de
Ueno (julio de 1868): enfrentamiento en el que fuerzas imperiales derrotaron a
tropas leales al shogunato en los suburbios de Edo.
Sitio de
Aizu (octubre–noviembre de 1868): Uno de los episodios más trágicos,
protagonizado por los samuráis del clan Aizu y una de las resistencias más
enérgicas del bando pro-shogun; la derrota de Aizu fue simbólicamente
importante para el triunfo imperial.
Batalla de
Hakodate (diciembre de 1868–mayo de 1869): tras la caída de Edo, el almirante
Enomoto Takeaki y seguidores del shogunato se refugiaron en Hokkaidō,
proclamando la efímera República de Ezo. Las fuerzas imperiales finalmente la
derrotaron en Hakodate, poniendo fin al conflicto en mayo de 1869. Fue el
último enfrentamiento de la guerra, donde el ejército imperial derrotó a la
República de Ezo, el último bastión de los samuráis leales al shogunato.
La victoria
imperial consolidó la llamada Restauración Meiji, que no sólo devolvió la
autoridad formal al Emperador Meiji, sino que inició un amplio proceso de
transformación del Estado y de la sociedad japonesa: Abolición gradual del
sistema feudal de dominios (han) y centralización administrativa; en 1871 se
decretó la supresión de los han y su sustitución por prefecturas. Modernización
militar: creación de un ejército nacional bajo el principio del servicio
obligatorio, inspirado en modelos occidentales. Reformas legales, educativas y
económicas orientadas a la industrialización y al fortalecimiento del Estado
frente a las potencias extranjeras.
LA REBELIÓN DE SATSUMA
La Rebelión
de Satsuma fue una revuelta de samuráis de la provincia de Satsuma en Japón en
contra del gobierno Meiji, liderada por Saigō Takamori y que tuvo lugar del 29
de enero al 24 de septiembre de 1877, nueve años después del inicio de la era
Meiji. La Rebelión Satsuma representó una rebelión llevada a cabo por samuráis
que se oponían al gobierno de la Era Meiji. También conocida como Guerra del
Sudoeste o Guerra de Seinan, la Rebelión de Satsuma marcó el final de la era
samurái en Japón y el surgimiento del Imperio de Japón. La rebelión de Satsuma,
que duró de enero a septiembre de 1877, comenzó con escaramuzas esporádicas
entre el Imperio de Japón y comandantes samuráis en 1868. La rebelión terminó
el 24 de septiembre de 1877, con la derrota del líder de la rebelión por las
fuerzas imperiales de Japón.

Durante los
siglos anteriores al impulso de la modernización en Japón, los shogunes y los
samuráis constituyeron los principales gobernantes administrativos, políticos,
económicos y militares del Japón feudal. Después de un período de conflicto que
finalizó en 1868, el último shogun Tokugawa fue derrotado y un emperador
llamado Meiji ocupó su lugar. Esto condujo al inicio de la Restauración Meiji.
La
restauración Meiji de 1868 marcó el principio del fin para los guerreros
samurai de Japón . Sin embargo, después de siglos de dominio samurai, muchos
miembros de la clase guerrera eran comprensiblemente reacios a renunciar a su
estatus y poder. Bajo los shogunes y los samuráis, Japón era un país
preindustrial que dependía principalmente de la agricultura para su economía. Para
facilitar esta transición de un estado feudal a uno moderno, el Imperio de
Japón obligó a los shogun a ceder el control de sus dominios, áreas geográficas
defendidas por un ejército local, al gobierno central. Uno de estos dominios,
el Dominio Satsuma, se convertiría en clave para la rebelión instigada por los
samuráis. A partir de la década de 1860, muchos samuráis obligados a jubilarse
se trasladaron al dominio Satsuma. En el dominio Satsuma, los samuráis
trabajaron junto con otros líderes locales para plantar las semillas de la
rebelión de Satsuma en 1877.

Saigō
Takamori, un guerrero samurái honorable y estratega brillante, había sido una
figura clave en la caída del shogunato Tokugawa. Creía en un Japón fuerte y
unido, pero también en los valores tradicionales del bushidō. Cuando el
gobierno Meiji despojó a los samuráis de su derecho a portar espadas y eliminó
sus estipendios, Takamori sintió que la identidad de Japón estaba en peligro.
Junto a miles de samuráis descontentos, decidió rebelarse.
La revuelta
comenzó en la provincia de Satsuma, donde Takamori tenía gran influencia. Más
de 20.000 guerreros se unieron a su causa, enfrentándose a un ejército imperial
moderno, equipado con rifles y artillería occidental. A pesar de estar en
desventaja, los samuráis lucharon con ferocidad, demostrando que su espíritu
seguía intacto. El gobierno Meiji, al ver el levantamiento, envió rápidamente
tropas para sofocar la rebelión. La guerra se extendió por el sur de Japón, con
batallas clave en Kumamoto, Tabaruzaka y Nobeoka.
La guerra
fue brutal. Durante meses, los samuráis resistieron con tácticas tradicionales,
pero la superioridad tecnológica del ejército imperial era aplastante.
Finalmente, en septiembre de 1877, en la colina de Shiroyama, Saigō Takamori y
sus últimos 400 hombres enfrentaron su destino. Luchó hasta el final, pero
gravemente herido, se dice que ordenó a su seguidor más cercano que lo ayudara
a morir con honor, siguiendo la tradición del seppuku.
LA REBELIÓN
DE LOS CIPAYOS
La rebelión
de los cipayos, también conocida como la Gran Revuelta India de 1857 o Motín de
la India, fue una rebelión fallida contra el gobierno de la Compañía Británica
de las Indias Orientales en la India. Inicialmente fue un motín de los soldados
indios (cipayos) del ejército de la Compañía, pero el movimiento se extendió
hasta convertirse en una rebelión más amplia que involucró a un amplio espectro
de la población india en ciertas regiones. La rebelión de los cipayos también
es conocida por algunos historiadores indios como Primera Guerra de
Independencia de India.

En la India,
los cipayos eran principalmente soldados de origen rural que, tras ser
reclutados por los británicos, desempeñaron papeles diferentes, desde defender
los territorios hasta participar en el conflicto colonial. Su relación con las
potencias europeas era compleja; aunque apoyaban a los británicos, también
luchaban en la búsqueda de sus intereses. La lealtad de los cipayos era
cuestionable, ya que se encontraban en la encrucijada de servir a un país
extraño y las demandas de su propia nación. En forma específica, fue el vocablo
usado por el Ejército británico de la India para la infantería en general. Gran
parte del ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales estaba
formado por cipayos indios. La India fue conquistada por una empresa privada
con sede en un pequeño edificio de oficinas en la calle Leadenhall de Londres,
fundado por piratas: la Compañía Británica de las Indias Orientales.
La rebelión
de los indios tuvo diversas causas religiosas, sociales, políticas y
económicas. Hacía tiempo que los cipayos acumulaban animadversiones contra la
Compañía Británica de las Indias Orientales, principalmente por las diferencias
étnicas entre los oficiales británicos y las tropas indias. La rebelión de los
cipayos fue el resultado de una serie de factores que provocaron el descontento
y la frustración entre los soldados indios. En primer lugar, la presencia
británica en la India había llevado a un deterioro de las condiciones de vida y
trabajo de la población local, incluyendo a los soldados cipayos. Además, el
trato discriminatorio y la falta de oportunidades de ascenso dentro del
ejército británico fueron motivos de descontento entre los soldados indios.
Otra causa
importante fue la introducción de una nueva munición para los rifles utilizados
por los cipayos. Los cartuchos de esta munición estaban engrasados con sebo de
vaca y cerdo, lo cual era ofensivo para los soldados hindúes y musulmanes, ya
que las vacas son sagradas para los hindúes y los cerdos son considerados
impuros en el islam. Esto generó un fuerte descontento y resentimiento entre
los cipayos.

La rebelión
comenzó en 1857, y los cipayos tomaron las armas para luchar contra a las
tropas británicas. La central y las regiones del norte de la India fueron los
más afectados por el conflicto armado. Hubo varias muertes durante el
levantamiento, siendo que muchos oficiales británicos fueron asesinados. La
rebelión de 1857 comenzó como un motín de cipayos, los soldados indios del
ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales, el 10 de mayo de
1857 en el acuartelamiento de la localidad de Meerut. Muy pronto, se produjo
una escalada del conflicto con el estallido de otros motines y revueltas
civiles a lo largo de la llanura del Ganges y del centro de India. Los
enfrentamientos principales se produjeron en zonas de los actuales estados
indios de Uttar Pradesh, Bihar, el norte de Madhya Pradesh y en la región de
Delhi. La rebelión, también conocida como Gran Motín, se extendió como un
reguero de pólvora por todo el país, pero fue sofocada a sangre y fuego por los
británicos poco después.

La rebelión
de Meerut se propagó como un reguero de pólvora entre los regimientos nativos
del norte de la India. Se ha calculado que, de 140.000 cipayos, se rebelaron
todos menos 8.000. Los fuertes de Kanpur, Lucknow y Jhansi, entre otros, fueron
sitiados por las tropas rebeldes y quedaron en situación desesperada. En
Kanpur, los ingleses llegaron a un acuerdo con los insurgentes para abandonar
el fuerte en el que se habían refugiado, pero fueron masacrados cuando se
disponían a embarcarse; la brutal ejecución de más de un centenar de mujeres y
niños prisioneros, divulgada por la prensa, causó horror en la opinión pública
inglesa.
Pasada la
sorpresa inicial, las tropas coloniales británicas se lanzaron a una lucha sin
cuartel para recuperar el dominio del país y a principios de julio ya habían
puesto sitio a Delhi. La fase inicial del cerco, sin embargo, no les fue
favorable. Los ingleses sufrieron, además del calor, la lluvia monzónica y una
epidemia de cólera. La llegada de refuerzos y cañones cambió el equilibrio de
fuerzas y permitió lanzar el asalto final contra la ciudad, el 14 de
septiembre. Durante una semana hubo cruentos combates en Delhi, con escenas de
violencia inusitada. Una vez controlada la ciudad, los británicos pusieron en
práctica una represión implacable. Se calcula que durante un período de tres
meses fueron juzgados sumariamente y ejecutados 6.000 indios, sin contar los
que fueron muertos sin llegar a juicio. El producto de los saqueos llenó
habitaciones enteras.
Después de
la revuelta, la Compañía Británica de las Indias Orientales fue disuelta y sus
competencias fueron asumidas por la Corona.
LA GUERRA ANGLO-ZULÚ
La Guerra
Anglo-Zulú (1879) fue un conflicto de seis meses entre el Imperio Británico y
el Reino Zulú en el sur de África. El conflicto, desencadenado por diversos
motivos, fue un hito del colonialismo en la región y acabó con la independencia
de la nación zulú. Los británicos, persiguiendo un esquema de confederación
para unir el sur de África bajo dominio británico, emitieron un ultimátum imposible
al Rey Cetshwayo e invadieron Zululandia. La guerra comenzó con la devastadora
victoria zulú en Isandlwana el 22 de enero de 1879, donde 1.329 soldados
británicos y aliados fueron muertos - la peor derrota de un ejército moderno
por una fuerza indígena usando armas tradicionales. Los británicos se
reagruparon y, en la Batalla de Ulundi el 4 de julio de 1879, destruyeron el
ejército zulú. Cetshwayo fue capturado y exiliado, y el Reino Zulú fue dividido
en 13 jefaturas, poniendo fin a su independencia.

La Guerra
Anglo-Zulú fue un enfrentamiento entre dos fuerzas muy diferentes. Por un lado,
estaba el Imperio británico, una de las mayores potencias militares del mundo.
Por otro, el Reino Zulú, que contaba con un ejército bien organizado y una
fuerte tradición militar. El conflicto no surgió de forma aislada. Existían
importantes tensiones políticas en la región. El avance británico en el sur de
África aumentaba la presión sobre los territorios que mantenían su
independencia. El Reino Zulú era una de las principales potencias de la zona.
Su capacidad militar preocupaba a las autoridades británicas. El ejército zulú no era una fuerza
improvisada. Contaba con una estructura organizada y una gran capacidad para
movilizar combatientes. Sus soldados tenían experiencia y estaban acostumbrados
a operar en su propio territorio. También conocían bien el terreno y utilizaban
tácticas adaptadas a sus características. El ejército zulú podía reunir grandes
cantidades de hombres en poco tiempo. Esta capacidad fue muy importante durante
las primeras etapas de la guerra. Las diferencias políticas y territoriales
fueron aumentando. Finalmente, estas tensiones llevaron al enfrentamiento
armado.
Sir Bartle
Frere, Alto Comisionado Británico para el África Austral, buscó unir la región
bajo control británico mediante confederación. El poderoso Reino Zulú, con su
disciplinado ejército de 40.000 guerreros, era el principal obstáculo. Frere
emitió un ultimátum al Rey Cetshwayo en diciembre de 1878 exigiendo la
desmovilización del ejército zulú y la aceptación de un residente británico -
términos concebidos para ser inaceptables. Cuando Cetshwayo no cumplió, los
británicos invadieron el 11 de enero de 1879 sin autorización de Londres.

Uno de los
momentos más importantes de la guerra fue la Batalla de Isandlwana, librada el
22 de enero de 1879. Poco después de la declaración de guerra, una fuerza
dirigida por el teniente general Lord Chelmsford invadió Zululandia. La
diferencia de armamento y tecnología era notable: Los zulúes estaban equipados principalmente
con la tradicional Azagaya (lanzas de hierro y escudos de piel de vaca) y
también tenían un número de viejos fusiles que no estaban entrenados para
manejar. Los británicos y las tropas coloniales estaban armados con el eficaz
rifle Martini-Henry semiautomático, y dos piezas de artillería de 7 libras, así
como una batería de cohetes. El atraso tecnológico era equiparado por la superioridad
numérica de los guerreros africanos. En esta batalla, más de 20.000 zulúes
lanzaron un ataque por sorpresa contra el campamento británico, dejando a
Chelmsford sin más opción que la retirada. Durante varias horas la moral
inglesa siguió alta ya que entre los cañones yl os fusiles estaban logrando contener
a los nativos. Sin embargo al flaquear las defensas inglesas los zulúes los rodearon
por completo y se produjo una verdadera masacre. A pesar de la tremenda
diferencia en tecnología militar, el gran número de soldados zulúes acabó
derrotando a un contingente británico mal dirigido y desplegado, que sufrió
1300 muertos, entre ellos todos los que lucharon en primera línea de combate.
El ejército zulú contabilizó alrededor de mil caídos. La batalla terminó con
una importante victoria zulú. Las fuerzas británicas sufrieron una de las
derrotas más graves de su historia militar durante el periodo colonial. El
resultado sorprendió a Gran Bretaña y tuvo una gran repercusión internacional.

La batalla
de Rorke's Drift fue otro de los enfrentamientos de la guerra anglo-zulú. En
ella, apenas 150 soldados británicos defendieron con éxito una estación
misionera situada junto a un vado del río Buffalo, en la provincia de Natal
(Sudáfrica), frente al ataque de más de 3000 guerreros zulúes los días 22 y 23
de enero de 1879. Este enfrentamiento se produjo solo unas horas después de la
derrota británica en la batalla de Isandhlwana. El puesto, originalmente una
misión sueca reconvertida en hospital y depósito de suministros, fue
rápidamente fortificado con sacos de grano y muebles apilados que formaron una
precaria muralla defensiva. Cerca de las cuatro de la tarde, unos 4.000
guerreros zulúes comenzaron su ataque. La embestida inicial fue brutal y
directa, buscando aprovechar la aparente vulnerabilidad del pequeño
destacamento británico. Cada avance zulú fue repelido con creciente
desesperación por parte de los soldados británicos. Los guerreros, agotados
tras casi doce horas de lucha ininterrumpida y viendo que las bajas se
acumulaban sin lograr una victoria clara, comenzaron a retirarse lentamente.
Para las ocho de la mañana del 23 de enero, los defensores pudieron contemplar
con incredulidad que la fuerza atacante abandonaba el campo de batalla. La
batalla de Rorke’s Drift dejó un saldo de más de 350 zulúes muertos alrededor
del puesto. Por su parte, los británicos sufrieron 17 bajas mortales y unos 15
heridos graves, cifras sorprendentemente bajas considerando las circunstancias.

Tras el
desastre de Isandlwana, Gran Bretaña envió refuerzos masivos. La Batalla de
Ulundi el 4 de julio de 1879 fue el enfrentamiento decisivo: 5.000 soldados
británicos formaron un cuadrado hueco y destruyeron el ejército zulú con fuego
concentrado de fusiles y artillería. El Rey Cetshwayo fue capturado en agosto y
exiliado a Ciudad del Cabo. El Reino Zulú fue dividido en 13 jefaturas bajo
supervisión británica, destruyendo efectivamente la nación zulú como entidad
política. Zululandia fue formalmente anexionada en 1887.
El Rey
Cetshwayo fue capturado en agosto de 1879 y exiliado a Ciudad del Cabo. Fue
autorizado a visitar Londres en 1882 y parcialmente restaurado al poder en
1883, pero murió en 1884 en circunstancias sospechosas. La destrucción del
Reino Zulú y su división en 13 jefaturas desplazó a comunidades zulúes de sus
tierras. El rey Cetshwayo fue exiliado a Ciudad del Cabo. La subsiguiente
Guerra Civil Zulú (1883-1884) causó desplazamiento adicional.
LAS GUERRAS
DE LOS BÓERS

Las Guerras
de los Bóers fueron dos conflictos armados que tuvieron lugar en Sudáfrica
entre colonos de origen neerlandés, conocidos como bóers, Afrikaners o
voortrekker, y el Imperio Británico a finales del siglo XIX. Estas guerras se
originaron en las tensiones entre los colonos bóers y los británicos por
cuestiones territoriales, económicas y culturales. Las causas incluyeron
disputas por tierras ricas en minerales, el deseo de los bóers de mantener su
autonomía política y las políticas expansionistas británicas en la región. La
Guerra de los Bóers, que tuvo lugar entre 1880 y 1881, y de nuevo entre 1899 y
1902, tuvo un impacto significativo en la historia de Sudáfrica. Los bóers,
descendientes de colonos holandeses y alemanes, lucharon contra el dominio
británico en la región, lo que tuvo consecuencias que moldearon el futuro del
país. Las guerras de los bóers fueron conflictos prolongados y sangrientos que
demostraron la resistencia de los bóeres y el creciente dominio británico en
Sudáfrica. También tuvieron un impacto significativo en el desarrollo de las
tácticas militares modernas y en la historia posterior de Sudáfrica.

La primera
de esas guerras ocurrió del 16 de diciembre de 1880 a 23 de marzo de 1881; y la
segunda, entre el 11 de octubre de 1899 y el 31 de mayo de 1902; el resultado
fue la victoria del Imperio Británico y la extinción de las dos repúblicas
independientes que los Boers habían fundado a mediados del siglo XIX: el Estado
Libre de Orange y Transvaal.
Los voortrekker («pioneros», literalmente «aquellos que
avanzan primero» o «aquellos que están al frente») eran hacendados blancos
también llamados afrikáneres. El nombre Boers viene del nombre común boer
holandés (pronuncia-bur), lo que significa 'granjero ' o simplemente 'granjero'.
Los afrikáneres o
afrikáners —también conocidos como bóeres, aunque este término se aplica de
forma más precisa a los descendientes de los agricultores de origen neerlandés
establecidos en el interior de Sudáfrica— son un grupo étnico de origen europeo
asentado principalmente en Sudáfrica y Namibia, con comunidades menores en
Botsuana, Zimbabue, Zambia y Angola. Su identidad histórica se ha articulado en
torno a la lengua afrikáans, derivada del neerlandés, la tradición cristiana
calvinista y una cultura vinculada originalmente a la actividad agropecuaria. La
comunidad afrikáner surgió a partir de la colonización neerlandesa del Cabo de
Buena Esperanza iniciada en 1652, a la que se incorporaron también inmigrantes
procedentes de Flandes, el norte de Alemania y hugonotes franceses. En la
década de 1830 y 1840, estos agricultores migraron a lo que se conoce como el
Gran Trek de la Colonia del Cabo, controlada por el territorio británico, hacia
territorios despoblados como resultado de la migración de los nativos
(difaqane) causados por el rey zulu Shaka.

En 1839 se
estableció la República de Natal por los voortrekkers poco después de la famosa
batalla del Río Sangriento. Estaba situada en la costa del océano Índico más
allá del Cabo Oriental. La efímera República de Natal fue anexionada por el
Reino Unido en 1843, lo que provocó una nueva migración de numerosos bóeres
hacia el interior.
Primera
Guerra Bóer (1880-1881)
Se
desencadenó cuando sir Theophilus Shepstone anexionó Transvaal (la República
Sudafricana) al Reino Unido en 1877. Los británicos consolidaron su poder sobre
la mayoría de las colonias de Sudáfrica en 1879, tras la guerra anglo-zulú. Los
Boers protestaron por el hecho consumado y en diciembre de 1880 estalló una
revuelta. La guerra comenzó el 16 de diciembre de 1880, después de la
Declaración de Independencia del Reino Unido, con los Boers atacando un fuerte
británico en Potchefstroom.
El cerco de
las guarniciones británicas desembocó en la batalla de Laing's Nek el 28 de
enero de 1881, en la que un destacamento británico compuesto por las fuerzas de
Natal bajo el mando del general sir George Pomeroy Colley intentó romper las
líneas de los bóeres sobre la cordillera de Drakensberg para liberar sus
guarniciones. Por su parte los bóeres, a las órdenes de P.J. Joubert,
rechazaron los ataques de la caballería e infantería británicas.
La batalla
de Bronkhorstspruit fue uno de los primeros combates de la primera guerra bóer,
entre una columna británica y una tropa bóer, que tuvo lugar a algunos
kilómetros al este de la ciudad de Bronkhorstspruit, en la actual Gauteng, el
20 de diciembre de 1880.
La batalla
de Elandsfontein, que tuvo lugar el 11 de enero de 1881, fue un enfrentamiento
militar durante la primera guerra bóer que tuvo lugar en la colina de
Elandsfontein, justo al oeste de Pretoria. Por otro lado, los boers, a las
órdenes de P.J. Joubert rechazó los ataques de la caballería e infantería
británica. Otras medidas incluyeron la Batalla de Schuinshoogte, también
conocida como Ingogo, que ocurrió el 8 de febrero de 1881, donde otra
privacidad británica estaba a punto de ser destruida.
Pero la
humillación final de los británicos trajo la batalla de Majuba Hill el 27 de
febrero de 1881, donde varias compañías Boers atacaron la colina y la
expulsaron, y donde fue asesinado George Pomeroy Colley.
Las
consecuencias de las Guerras de los Bóers incluyeron la anexión de territorios
bóers al Imperio Británico, la formación de la Unión Sudafricana en 1910 y el
establecimiento de un sistema de apartheid que marginó a la población negra del
país. El Tratado de Pretoria concedió a Transvaal el autogobierno bajo
supervisión británica.
Los boers
llevaban su ropa a los campesinos de todos los días, hechos de tela caqui,
mientras que los uniformes británicos seguían siendo de color escarlata,
quienes prestaron especial atención al paisaje africano y permitieron que los
jabalíes y francotiradores hostigaran fácilmente a las tropas británicas desde
lejos.
Periodo de
Entreguerras
El
descubrimiento de oro atrajo a colonos británicos y generó tensiones con los
bóeres. En 1887, se descubrió oro en Witwatersrand, lo que atrajo a un gran
número de colonos británicos. Los bóeres se resistieron a otorgar derechos a
los extranjeros (uitlanders), lo que provocó tensiones. En 1895, Cecil Rhodes,
un empresario británico, intentó derrocar al gobierno bóer en el Jameson Raid.
Segunda
Guerra Bóer (1899-1902)
La Segunda
Guerra Bóer (1899-1902) fue un conflicto militar significativo entre el Imperio
Británico y las dos repúblicas bóer: la República Sudafricana (Transvaal) y el
Estado Libre de Orange. Surgiendo de las tensiones de larga data alimentadas
por la expansión imperial británica y las disputas políticas locales, la guerra
estuvo marcada por el descubrimiento de oro en el Transvaal, que aumentó la
afluencia de colonos británicos (uitlanders) y exacerbó las quejas existentes
sobre la representación política y los derechos.
Comenzó
cuando los bóeres invadieron la Colonia del Cabo y la Colonia de Natal. Los
británicos sufrieron una serie de derrotas en la "Semana Negra"
(diciembre de 1899). Los bóeres adoptaron una campaña de guerra de guerrillas
después de sufrir derrotas iniciales., lo que llevó a una guerra prolongada. Mientras
los británicos utilizaron una política de tierra quemada.
Las fuerzas
británicas estaban dirigidas por una serie de figuras clave cuyas decisiones
influyeron significativamente en el curso de la guerra como el general Sir
Redvers Buller, Lord Frederick Roberts, un comandante experimentado conocido
por su liderazgo durante la Guerra Afgana, y Horatio Herbert Kitchener como
Jefe de Estado Mayor. En el lado de los bóers, el general Piet Cronjé desempeñó
un papel crucial como comandante de las fuerzas que sitiaban Mafeking. Junto a
él, otros líderes bóeres, como los generales Jan Smuts y Louis Botha.
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Las batallas
clave que definieron la guerra comenzaron con la Batalla de Talana Hill, que
resultó en la derrota del general británico Sir William Penn Symons. Los
encuentros significativos posteriores incluyeron batallas en Elangeen,
Rietfontein, Magersfontein, Stormberg y Colenso. Una de las batallas más
notables fue la Batalla de Spion Kop, librada del 23 al 24 de enero de 1900,
como parte del intento británico de aliviar la ciudad sitiada de Ladysmith. El
compromiso terminó en una victoria bóer, caracterizada por errores de cálculo
estratégico por parte de los británicos. En las últimas etapas, particularmente
después de septiembre de 1901, los líderes bóeres como el general De la Rey
continuaron montando operaciones significativas contra las fuerzas británicas,
lo que resultó en batallas como las de Moedwil y Tweebosch. La última batalla
marcó un punto particularmente alto para los bóers, ya que capturaron con éxito
una columna británica e infligieron bajas considerables a las tropas
británicas.
Los bóeres
fueron internados en campos de concentración, donde murieron miles de personas
por enfermedades y desnutrición. La opinión pública internacional simpatizaba
con los bóeres y era hostil a los británicos. Incluso dentro del Reino Unido,
existía una oposición significativa a la guerra. Kitchener ofreció generosas
condiciones de rendición a los líderes bóeres restantes para poner fin al
conflicto. Ansiosos por asegurar que sus compañeros bóeres fueran liberados de
los campos, la mayoría de los comandantes bóeres aceptaron las condiciones
británicas en el Tratado de Vereeniging, rindiéndose en mayo de 1902.
LA GUERRA
MAHDISTA
La guerra
mahdista (1881-1899) fue una guerra colonial británica que tuvo lugar a fines
del siglo XIX, que inicialmente enfrentó a los seguidores del líder religioso
sudanés Muhammad Ahmad bin Abd Allah, que se había autoproclamado el Mahdi
("Guía") del Islam, y a las fuerzas del Jedivato de Egipto, a las que
más tarde se unieron las fuerzas británicas. Los dieciocho años de guerra
dieron origen al Sudán anglo-egipcio (1899-1956), un condominio del Imperio
británico y el Reino de Egipto. Este conflicto también es conocido como la
"Rebelión mahdista", la "Guerra anglo-sudanesa" y la
"Revuelta mahdista del Sudán".

Muhammad
Ahmad ibn as Sayyid abd Allah, conocido como el Mahdi, era un líder religioso
que predicaba la vuelta a los valores más puros del Islam, así como la
expulsión de los egipcios. Así pues, Mohamed Ahmed, proclamaba que él era el
tan esperado Mahdi de los musulmanes. Mohammed Ahmed al-Mahdi reclutó al pueblo
de Sudán en lo que declaró una yihad contra la administración que tenía su sede
en Jartum, que estaba dominada por egipcios y turcos. El gobierno de Jartum
inicialmente desestimó la revolución de Mahdi; derrotó dos expediciones
enviadas para capturarlo en el transcurso de un año. El poder del Mahdi aumentó
y su llamado se extendió por todo Sudán. Muhammad Ahmed declaró una yihad, y
llevó a su ejército a una guerra religiosa dirigida a acabar con la ocupación
otomana, egipcia y británica.
El Estado
Mahdista, también conocido como Sudán Mahdista o Mahdiyya Sudanesa, fue un
estado basado en un movimiento religioso y político lanzado en 1881 por
Muhammad Ahmad bin Abdullah (más tarde Muhammad al-Mahdi) contra el Jedivato de
Egipto, que había gobernado Sudán desde 1821. Después de cuatro años de lucha,
los rebeldes mahdistas derrocaron a la administración otomana-egipcia y
establecieron su propia y nacional" gobierno con su capital en Omdurman.
Así, desde 1885 el gobierno mahdista mantuvo la soberanía y el control sobre
los territorios sudaneses hasta que las fuerzas anglo-egipcias pusieron fin a
su existencia en 1898.
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Tras el
estallido de su rebelión en agosto de 1881, Muhammad Ahmad, el autoproclamado
Mahdi, derrotó dos veces a las fuerzas egipcias ue intentaron someterlo. En
octubre aniquiló una columna de 1.200 soldados al mando de Rashid Bey fue
aniquilada por 8.000 derviches camino a Khur Maraj; posteriormente, en la noche
del 28 de mayo de 1882, mientras otra tropa egipcia dormitaba en su zareba,
15.000 derviches sudaneses les atacaron por sorpresa.
La rebelión
atrajo a Sudán a la atención del gobierno y el público británicos. El primer
ministro William Gladstone y el secretario de guerra Lord Hartington no
deseaban involucrarse en Sudán. Convencieron al gobierno egipcio de que
evacuara todas sus guarniciones en Sudán. El general Charles George Gordon ,
una figura popular en Gran Bretaña y ex gobernador general de Sudán (1876-79),
fue designado para llevar a cabo la evacuación.

El Asedio de
Jartum fue un episodio bélico que se encuadra dentro de la colonización de
Sudán por las tropas británicas, también conocida como la Guerra mahdista. Esta
batalla duró desde el 13 de marzo de 1884 al 26 de enero de 1885. La batalla
tuvo lugar en los alrededores y el interior de la ciudad de Jartum, actual
capital de Sudán y se libró entre fuerzas egipcias capitaneadas por el general
Charles George Gordon y un ejército mahdista de 50.000 sudaneses liderados por
el Mahdi Muhammad Ahmad. Jartum fue asediada por los mahdistas mientras una
guarnición de unos 7.000 hombres entre egipcios y milicias locales que
permanecían leales la defendían. Después de un asedio de diez meses, cuando los
mahdistas finalmente irrumpieron en la ciudad, mataron a toda la guarnición de
soldados egipcios, junto con 4.000 civiles sudaneses, en su mayoría hombres, y
esclavizaron a muchas mujeres y niños. Según algunos relatos, mataron y
decapitaron al general británico Charles George Gordon , entregando su cabeza
al Mahdi. Sus tropas conseguirían varias victorias más (Kassala, Sennar...).
Seis meses después de la captura de Jartum, el autoproclamado Mahdi moriría
enfermo de tifus.
La batalla
de Abu Klea, fue un enfrentamiento armado que tuvo lugar el 17 de enero de 1885
entre las tropas británicas, que se dirigían a Jartum a rescatar al general
Charles George Gordon, y las tropas sudanesas mahdistas.
La batalla
de Omdurmán enfrentó el 2 de septiembre de 1898 a un ejército anglo-egipcio
comandado por el general británico Horatio Kitchener con el ejército de
Abdallahi ibn Muhammad, sucesor del autoproclamado Mahdi Muhammad Ahmad, en
Omdurmán, Sudán. Saldada con una victoria aplastante para las tropas
anglo-egipcias, el enfrentamiento armado demostró la superioridad de la
disciplina y la tecnología militar europeas, gracias al uso de fusiles y
artillería contra un ejército muy numeroso pero con armamento totalmente
arcaico.
La batalla
de Umm Diwaykarat fue la última batalla de la guerra mahdista, librada el 24 de
noviembre de 1899, y significó el final del efímero Sudán mahdista del
autoproclamado mahdi Muhammad Ahmad. En ella las fuerzas anglo-egipcias
comandadas por Horatio Kitchener derrotaron definitivamente a lo que quedaba de
los ejércitos mahdistas bajo el mando de Abdallahi ibn Muhammad, conocido como
el Califa, tras la igualmente desastrosa batalla de Omdurmán acaecida el año
anterior. Los mahdistas supervivientes se resistieron a la derrota y
combatieron por un corto espacio de tiempo bajo el mando de Osman Digna, pero
solo hasta la captura de éste en enero de 1900. Los últimos territorios de
Darfur no colonizados fueron capturados por los británicos en 1916.
LA GUERRA DE
LOS DIEZ AÑOS

La Guerra de
los Diez Años (1868-1878), también conocida como Guerra del 68 o Guerra Grande,
llamada así por los diez años que duró, también conocida en España como Guerra de Cuba, fue la primera
guerra de independencia cubana contra España. La Guerra de los Diez Años fue el
primer gran levantamiento armado de Cuba contra el dominio colonial español,
marcando un hito en la lucha por la independencia de la isla. Este conflicto,
también conocido como la Guerra Grande, surgió en un contexto de creciente
descontento entre los cubanos debido a las políticas opresivas de España, que
incluían altos impuestos, restricciones comerciales y la perpetuación de la
esclavitud. El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes, un abogado y
terrateniente bayamés, dio el famoso Grito de Yara, proclamando la libertad de
Cuba y liberando a sus esclavos como símbolo de igualdad. Este acto no solo
inició la guerra, sino que también sentó las bases ideológicas de lo que sería
el movimiento independentista cubano, combinando el anhelo de soberanía
política con la abolición de la esclavitud. Así se iniciaba el periodo
revolucionario de Guerras de Independencia de Cuba, que no triunfaría hasta el
surgimiento de la República el 20 de mayo de 1902. La guerra tuvo un carácter
antiesclavista, anticolonialista y de liberación nacional.
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Fue una
lucha entre el imperio colonizador español y los cubanos que deseaban la
independencia de la isla. Durante el conflicto, los cubanos se enfrentaron a
una superior fuerza militar española, pero se mantuvieron firmes en su lucha
por lograr la libertad. Las causas de la Guerra de los Diez Años son muchas,
algunas incluso se remontan al siglo XIX. La opresión española, la explotación
de los recursos naturales, el desarrollo económico y el descontento social
fueron algunos de los factores que contribuyeron a la guerra.

El
pensamiento independentista cubano nace en los primeros años del siglo XIX. La
independencia de las Trece Colonias, el proceso emancipador latinoamericano y
la Revolución Francesa no solo asombraron al mundo, sino que también motivaron
los ideales independentistas en los criollos de la Isla. Hacia mediados del
siglo XIX, la economía cubana se enfrentaba a crisis como las de los años 1857
y 1866. El pago obligatorio de altos impuestos, tributos y rígidos controles
comerciales había llevado a la ruina a muchos comerciantes y productores criollos,
mientras que el sistema esclavista se mantenía como freno para el desarrollo
económico. Políticamente, a los criollos no se les reconocía el derecho de
reunión, a menos que fuera bajo la supervisión de un jefe militar español.
Escaseaba la libertad de prensa y el permiso para asociaciones políticas. El
país se encontraba ante una posible crisis sin solución bajo la dominación
española. Por un lado, la existencia de la esclavitud en la industria azucarera
se había convertido en un freno; además, la crisis económica mundial de 1857 y
posteriormente la de 1866, habían dejado de sentir con fuerza sus efectos en la
economía del país al provocar la caída de los precios del azúcar.

La guerra
comenzó con el Grito de Yara pronunciado por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de
octubre de 1868, en su finca La Demajagua, que reúne a los independentistas
cubanos listos para sublevarse, y libera a sus esclavos invitándolos a unirse a
su lucha contra el colonialismo español, pronunciando el Manifiesto de la Junta
Revolucionaria de la Isla de Cuba. Así se iniciaba el periodo revolucionario de
Guerras de Independencia de Cuba. La insurrección se extendió rápidamente por
toda la zona oriental; al mes siguiente, se levanta en armas la provincia de
Camagüey y, a principios de 1869, se sumaba la región de Las Villas. El resto
de la Isla permanecería en su mayoría fieles a España; no obstante, ni siquiera
en la capital dejaron de existir simpatías hacia la Revolución de Yara. Con tres regiones en guerra contra la
corona, el siguiente paso era obvio. Reunir a los amotinados, conformar una
dirección única, establecer un gobierno y unificar criterios. Para ello
acordaron concurrir a lo que luego se conocería como la Asamblea de Guáimaro. Durante
esta década de lucha, emergieron figuras clave como Ignacio Agramonte, Antonio
Maceo y Máximo Gómez, quienes demostraron un extraordinario liderazgo militar y
político.

La Toma de
Bayamo fue la primera acción militar de envergadura ocurrida a inicios de la
Guerra de los Diez Años por la independencia de Cuba. El hecho tuvo lugar entre
los días 18 y 20 de octubre de 186 a poco más de una semana de haber estallado
la guerra.
El
desembarco del Perrit fue una operación expedicionaria ocurrida en mayo de
1869, durante la Guerra de los Diez Años, en la bahía de Nipe, en la actual
provincia de Holguín, Cuba. La acción consistió en la llegada de una fuerza
organizada en el exterior con hombres, armas y pertrechos destinados a apoyar
al Ejército Libertador cubano. El episodio derivó en varios enfrentamientos
armados con fuerzas coloniales españolas y evidenció la participación de
combatientes extranjeros en la contienda independentista.
El resto de
la guerra fue un derroche de coraje y valentía. El Ejército Libertador Cubano,
tras meses de duro aprendizaje militar, alcanzó una capacidad ofensiva que se
pondría de manifiesto en la invasión de la rica región de Guantánamo por el
general dominicano Máximo Gómez y las brillantes acciones libradas en las sábanas
camagüeyanas por la caballería al mando de Ignacio Agramonte.
El empuje
militar cubano alcanzó su cenit entre 1874 y 1875, primero con la campaña de
Máximo Gómez en Camagüey, jalonada por los victoriosos combates de La Sacra ( 9 de noviembre de 1873) y Palo Seco 2 de
diciembre de 1873) y la Batalla de Las Guásimas desde el 15 al 19 de marzo de
1874, en Camagüey -donde el ejército cubano derrotó una fuerza española de más
de 4 000 hombres- y la posterior Invasión a Las Villas por las tropas mambisas
al mando del genial general dominicano. Antonio Maceo fue ayudante de Máximo
Gómez y batalló en varias ocasiones contra los soldados españoles entre 1871 y
1874. Luchó en El Salado, Majaguabo Arriba, Maniabón, Baitiquirí, Arroyo
Blanco, La Sidonia y Palmarito, entre otros lugares. Pero el trascendental
avance estratégico resultó desvirtuado nuevamente por las disensiones
intestinas que, al entorpecer la llegada de vitales refuerzos, posibilitaron
que la invasión se empantanase sin conseguir su objetivo de llevar la guerra al
rico territorio occidental de la Isla.

Agramonte
murió el 11 de mayo de 1873 combatiendo contra los españoles en Jimaguayú. Céspedes
sin apoyo es destituido por la Cámara de Representantes, que detentaba tanto
poderes civiles como militares, y también muere en desigual combate al ser
sorprendido por tropas españolas en San Lorenzo, el 27 de febrero de 1874. Gómez
cruza la trocha de Júcaro-Morón y revive la llama de la independencia desde las
Villas hasta las fronteras con Matanzas. En 1875, la invasión y extensión de la
guerra a las regiones occidentales estaba en manos del militar dominicano más
genial de todos los tiempos. Para entonces, las indisciplinas militares y los
regionalismos mellaban el filo de la independencia. Sediciones militares de
indudables patriotas como Vicente García en Lagunas de Varona en 1875 y luego
en Santa Rita en 1877, o José Enrique Collado y Limbano Sánchez en el Cantón
Holguín en 1877, entre otros casos, obstaculizaron la realización de la
invasión. A lo que habría que sumar las torpes decisiones de una Cámara de
Representantes sin autoridad que no sabía dirigir una guerra.
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La Batalla
de San Ulpiano fue un enfrentamiento militar ocurrido entre los días 6 y 10 de
febrero de 1878 en el lugar de San Ulpiano, en el oriente de Cuba, fue uno de
los últimos combates de importancia de la guerra antes de la firma del Pacto
del Zanjón.
La guerra
fue un fracaso para los cubanos, ya que la independencia no fue lograda. En
primer lugar, el desigual equilibrio de fuerzas entre España e Isla de Cuba fue
un factor fundamental. España contaba con un ejército y una marina mucho más
poderosos que los cubanos, así como con una mayor cantidad de recursos
financieros y materiales. Esto le permitió a España recuperarse de los ataques
de los cubanos una y otra vez. La guerra de guerrillas librada por los cubanos
carecía de una estrategia clara y los líderes cubanos parecían no tener un plan
de acción coherente. Esto dificultó la coordinación de los cubanos, lo que les
impidió alcanzar su objetivo de lograr la independencia. Por último, la falta
de apoyo internacional fue un factor crucial. Los Estados Unidos se
comprometieron a ayudar a los cubanos a lograr la independencia, pero no lo
hicieron. Esto fue debido en parte a la presión de España, que amenazó con
declarar la guerra a los Estados Unidos si se involucraban. Esto significó que
los cubanos no recibieron el apoyo que necesitaban para ganar la guerra.
La Guerra de
los Diez Años terminó diez años más tarde con el Pacto del Zanjón, donde se
establece la capitulación del Ejército Libertador cubano frente a las tropas
españolas. Este acuerdo no garantizaba ninguno de los dos objetivos fundamentales
de dicha guerra: la independencia de Cuba, y la abolición de la esclavitud, por
lo cual este pacto fue protestado por varios líderes cubanos al frente de
Antonio Maceo, que tras la Protesta de Baragúa trataron de reanudar la guerra,
aunque sin éxito. Sin embargo, grupos dispersos de independentistas cubanos
continuaron luchando durante la mayor parte del año 1878 e intentarían
reiniciar la lucha durante la llamada Guerra Chiquita (1879-1880).
La Guerra
Chiquita
La Guerra
Chiquita (1879-1880) fue el segundo de los tres conflictos de las guerras
cubanas de independencia contra España. Fue la continuación de la Guerra de los
Diez Años (1868-1878) y precedió a la Guerra Necesaria (1895-1898). La Guerra
Chiquita se desarrolló desde fines de agosto de 1879 hasta mediados de
diciembre de 1880, este nuevo esfuerzo independentista fue organizado y
dirigido por Calixto García que encabezaba la dirección del Comité
Revolucionario Cubano con sede en los Estados Unidos. Para el desarrollo
exitoso de esta nueva guerra anticolonial jugaron un papel primordial los
clubes revolucionarios que se habían constituidos en el exilio y en la región
centro- occidental de la isla.

Tras el
fracaso de la primera guerra de independencia cubana contra España, llamada Guerra
Grande o Guerra de los Diez Años, la lección mayor fue la importancia de la
unidad entre todos los jefes y fuerzas con un liderazgo político y militar
unificado, los peligros del regionalismo, el caudillismo, rezagos de racismo,
tendencias autonomistas y anexionistas, y la necesidad de una concepción
estratégica con una idea única.
La Guerra de
los Diez Años (1868-1878) había terminado como un fracaso. El Pacto de Zanjón
frustró casi cualquier idea independentista. El descontento, insatisfacción e
incumplimiento de promesas llevaron a algunos cubanos a un nuevo alzamiento.
El 24 de
agosto de 1879 se escuchó el grito: «¡Independencia o muerte!» en los campos de
las inmediaciones de San Lorenzo de la Rioja, próximo a la oriental ciudad de
Holguín y posteriormente se extendió hacia la región de Gibara.
Comenzó el
26 de agosto de 1879, y luego de algunos sucesos menores, la guerra terminó a
finales de 1880. La guerra fue finalmente sofocada por fuerzas españolas
superiores, lo que pone de manifiesto la lucha continua por la independencia
cubana.
Duró menos
de un año, de 1879 a 1880, pero la Guerra Chiquita en Cuba dirigida por el
mayor general Calixto García Íñiguez junto a otros patriotas, preparó el camino
para el inicio, 15 años después, de la Guerra Necesaria organizada por José
Martí para independizar la patria oprimida del dominio colonial español.
LA GUERRA DE
INDEPENDENCIA DE CUBA
La Guerra de
independencia de Cuba (también conocida como Guerra de Cuba, Guerra de 1895 o
Guerra Necesaria) fue el último conflicto armado entre España y los mambises o
separatistas cubanos y los Estados Unidos, cuya ocupación militar puso fin a la
soberanía española en la isla. El conflicto se inició el 24 de febrero de 1895
con un levantamiento simultáneo de treinta y cinco localidades cubanas, el
llamado Grito de Baire, y tras la entrada directa de Estados Unidos en el
conflicto y la posterior derrota española, finalizó el 12 de agosto de 1898.
Fue denominada en España como la «Guerra de Cuba» mientras que José Martí la
llamó «Guerra Necesaria». También se le llama «Guerra del 95», por haber
comenzado en 1895.

Finalizada
la Guerra de los 10 años en 1878, quedaron frustradas las aspiraciones
políticas, económicas y sociales del pueblo cubano. El Pacto del Zanjón no
resolvió el problema de la Cuba Colonial: la abolición de la esclavitud y la
independencia, por tanto, el único camino para lograrlo era reiniciar la lucha
armada por la independencia definitiva de España.
En esta
gesta, aunque superior en muchos aspectos a la Guerra de los 10 años, se
repitieron errores de esa campaña como la falta de unidad entre los jefes
militares, lo que fue aprovechado por los Estados Unidos para aniquilar los
órganos representantes de la nación cubana y frustrar el triunfo definitivo. La
tarea organizativa para tan importante contienda estuvo en manos de José Martí,
como máximo representante del Partido Revolucionario Cubano y luego de varios
meses de ardua preparación, el estallido se produjo el 24 de febrero de 1895 de
manera simultánea en varios puntos de la Isla.
El reinicio
de la guerra por la independencia de Cuba de España, el 24 de febrero de 1895,
concretó los empeños de José Martí en el camino hacia una nación libre y “con
todos y para el bien de todos”. La desunión fue uno de los factores esenciales
en los fracasos en los intentos emancipadores, como la guerra de 1868, que
terminó 10 años más tarde con la rendición del Pacto del Zanjón, que no pudo
conjurar la histórica protesta de Baragua, protagonizada por el general Antonio
Maceo.

Para definir
la estrategia inmediata de la Revolución, las circunstancias imponían un
encuentro de los líderes, así como la organización de sus instituciones, tal
como contempló Martí en su concepción de lo que llamó Guerra Necesaria. Para
alcanzar sus propósitos independentistas, Martí se apoyó en las figuras más
cimeras de la gesta anterior y logró vertebrar un movimiento que respondió a
sus órdenes, en el contexto de una situación revolucionaria en gestación,
expresada en la agudización de la contradicción principal colonia-metrópoli.
Varias
condiciones de carácter social y político propiciaron el conflicto: la economía
cubana seguía entonces en crisis, continuaba la política española de altos
impuestos y Estados Unidos se convirtió en la metrópoli económica, que
manifestaba su interés de dominación territorial política, entre otras. El
trabajo con los emigrados cubanos en el exilio, la recolección de armas y
pertrechos en los Estados Unidos, las colectas de dinero para apoyar la causa,
la identificación y advertencias sobre las verdaderas intenciones de Estados
Unidos respecto a Cuba y su posible influencia en el resto de América Latina,
todo formaba parte del esfuerzo por realizar el gran sueño.

José Martí,
ausente de la isla desde su deportación a la península en 1879, organizó en los
Estados Unidos el Partido Revolucionario Cubano, cuyo principal objetivo era
lograr la independencia de Cuba. Más tarde, separatistas puertorriqueños se
unieron con el compromiso de que, una vez liberada Cuba, las fuerzas
independentistas cubanas hicieran lo mismo en Puerto Rico. Bajo la dirección de
Martí y Máximo Gómez, como general en jefe del Ejército Libertador, y con la
participación del Mayor General Antonio Maceo como uno de los principales
jefes, la contienda estalló el 24 de febrero de 1895 con el levantamiento
simultáneo en varios puntos de la isla. Ese hecho es conocido como el Grito de
Baire o Grito de Oriente. Esta última denominación fue propuesta para lograr
una mayor precisión al tratarse de un alzamiento con múltiples focos.

La revuelta
se dio simultáneamente en cuatro lugares. Pero, en mayo, Martí murió cuando su
grupo fue sorprendido por una columna de soldados españoles, al mando del
coronel Jiménez. En Septiembre, una Asamblea, formada por delegados de los
cinco cuerpos que conformaban el Ejercito Libertador, se reunió en Jimaguayú.
Allí, se eligió a Salvador Cisneros Betancourt como presidente de la República.
Además, se nombró a Bartolomé Masó como vicepresidente, Máximo Gómez como
generalísimo, Antonio Maceo como lugarteniente y Tomás Estrada Palma como
representante diplomático en Estados Unidos.
La batalla
de Dos Ríos se libra en19 de mayo de 1895en Cuba entre los separatistas y el
ejército español. Es una batalla particularmente fatal para los cubanos; no
sólo son brutalmente golpeados, sino que también pierden en los combates a uno
de sus líderes más emblemáticos, el poeta José Martí, muerto a la cabeza de sus
hombres mientras encabezaba una carga contra las líneas enemigas, cerca de
Palma Soriano . Los cubanos intentaron varios atentados para recuperar su
cuerpo pero los españoles, comandados por Ximénez de Sandoval, los rechazaron y
ellos mismos enterraron su cuerpo el 27 de mayo siguiente en Santiago de Cuba,
tras constatar su identidad.
Entre
noviembre y enero de 1896, el general Máximo Gómez, un brillante líder militar,
organizó varias campañas exitosas. Se destacaron la Campaña Circular, alrededor
de Camagüey, y la Invasión de Oriente a Occidente. La acción más destacada fue
su victoria sobre el general Martinez Campos en Coliseo.
La Primera
Campaña Circular fue una campaña militar que tuvo lugar entre principios de
junio y octubre de 1895 en Camagüey, Cuba, en el contexto de la Guerra
Necesaria (1895-1898).
La invasión
de Oriente a Occidente se llevó a cabo en la isla de Cuba, y se inició el 22 de
octubre de 1895 en Baraguá, en la antigua provincia de Oriente. El Ejército
Libertador de Cuba decidió llevar la lucha por la independencia de Cuba hasta
su extremo más occidental.
La Campaña
de La Reforma (27 de enero de 1897- abril de 1898), la cual forma parte de la
tercera etapa histórica de la Guerra de Independencia de Cuba. Fue librada
durante 16 meses por parte de las tropas mambisas, al mando de Máximo Gómez, y
del Ejército Español, bajo el mando Valeriano Weyler, e integrado por 40 000
hombres en la región de Sancti Spíritus, con el fin de descongestionar la
región occidental de tropas españolas y se calcula un promedio de 40 bajas
diarias a los españoles entre los combates y las condiciones climáticas.
La Segunda
Campaña Oriental fue una campaña militar que tuvo lugar entre inicios agosto de
1898 y el 12 agosto del mismo año. en la Provincia de Oriente de Cuba, en el
contexto de la Guerra de Cuba. Ha sido la campaña militar más corta de toda lo
guerra y fue la que marcó el fin de la monarquía española en Cuba y del Imperio
español en América Latina.
Cerca de la
localidad de Cruces, en la provincia de Cienfuegos, se extiende una extensa
llanura que siempre tuvo por nombre de Mal Tiempo. El 15 de diciembre de 1895 ocurrió
allí una de las batallas más importantes entre las fuerzas del Ejército
Libertador que avanzaban hacia el occidente y las fuerzas colonialistas
españolas.
Pese al
sacrificio de los patriotas cubanos, la intervención estadounidense al final de
la contienda (1898) saboteó el propósito independentista y dejó a Cuba sujeta
al dominio político y económico de Washington, que impuso una república
mediatizada.
El tratado
de París, del 10 de diciembre de 1898, obligó a España a conceder la
independencia a Cuba y a ceder Puerto Rico, Filipinas y Guam a Estados Unidos,
que se convirtió en una potencia colonial. La derrota de España frente a EE.
UU.
Décadas
después, la Guerra Necesaria sirvió de inspiración a los combatientes de la
gesta encabezada por Fidel Castro, que logró la independencia definitiva de la
isla con el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.
LA GUERRA
HISPANO-ESTADOUNIDENSE
La guerra
hispano-estadounidense (Spanish–American War) fue un conflicto bélico que
enfrentó a España y Estados Unidos de abril a agosto de 1898, en el marco de la
Guerra de Independencia cubana y en el contexto de la expansión imperialista
europea de finales del siglo XIX, al intervenir Estados Unidos en dicho
conflicto (1895-1898). La derrota de España y la consiguiente pérdida de sus
últimas provincias americanas y asiáticas de ultramar dieron lugar en España a
la expresión «Desastre del 98». La Guerra Hispano-estadounidense se desató
entre España y los Estados Unidos de América en 1898, durante la infancia del
rey Alfonso XIII. La Guerra Hispano-estadounidense fue un conflicto breve pero
crucial que marcó el declive del Imperio español y el ascenso de Estados Unidos
como una potencia mundial. El conflicto, que duró apenas unos meses, tuvo
profundas repercusiones geopolíticas y dejó una huella imborrable en la historia
de ambos países.

Las
tensiones entre España y Estados Unidos venían gestándose desde hacía años
debido a una combinación de factores políticos, económicos y sociales. Sin
embargo, ciertos eventos específicos precipitaron el conflicto y llevaron a la
declaración de guerra en 1898. Desde 1895, Cuba se encontraba en plena Guerra
de Independencia contra el dominio español. El conflicto, caracterizado por una
guerra de guerrillas y una brutal represión por parte del ejército español,
llamó la atención de Estados Unidos, que tenía importantes inversiones
económicas en la isla, especialmente en la industria azucarera. La explosión
del acorazado Maine el 15 de febrero de 1898 fue el casus belli de esta guerra.
Aún hoy se sigue discutiendo si fue un accidente, un ataque intencionado
español o un ataque de «bandera falsa» de los propios estadounidenses.

El siglo XIX
representó para el Imperio español un claro declive, mientras que los Estados
Unidos pasaron de convertirse en un país recién fundado a ser una potencia
regional media. En el caso español la decadencia, que ya venía de antes, se
aceleró primero con la invasión napoleónica, que a su vez provocaría las
Guerras de independencia hispanoamericanas, y posteriormente la inestabilidad
política (pronunciamientos, revoluciones, guerras civiles...) desangraron al
país social y económicamente. La difícil defensa española de sus colonias
ultramarinas se puso de manifiesto durante la crisis de las Carolinas en 1885. Las
tensiones entre España y Estados Unidos existían desde siglos antes, incluyendo
conflictos en territorios como Florida, Texas y otros que fueron posteriormente
anexionados por Estados Unidos. La Guerra de Independencia cubana inició el 24
de febrero de 1895 con el levantamiento simultáneo de localidades a lo largo de
la isla, en lo que se conoció como el Grito de Baire. Era uno de los últimos
conflictos americanos contra el Reino de España. A finales de 1897 el gobierno
de los Estados Unidos reclama a las autoridades españolas que la guerra
afectaba sus intereses en la isla y exigió reformas para lograr la paz.
El hecho que
desató la guerra fue la explosión y hundimiento del barco de guerra USS Maine,
el 15 de febrero de 1898 a las 9:40 p.m., que había sido enviado a la Bahía de
la Habana por los Estados Unidos en señal de buena voluntad luego de que los
norteamericanos habían intervenido ya por la vía diplomática en las
hostilidades. La explosión, que mató a más de 260 marinos, causó conmoción en
EE.UU. Aún hoy se sigue discutiendo si fue un accidente, un ataque intencionado
español o un ataque de «bandera falsa» de los propios estadounidenses. La
prensa estadounidense dio una intensa cobertura informativa sobre el suceso,
pero en muchos casos exageraron y distorsionaron la información. La opinión
pública estadounidense se encontraba agitada y fue conducida a un estado de
histeria. España rompe relaciones diplomáticas con Estados Unidos el 21 de
abril. Ese mismo día la armada estadounidense establece un bloqueo naval en
Cuba. En abril de 1898, tras fracasar los intentos diplomáticos, el Congreso de
Estados Unidos aprobó una resolución que reconocía la independencia de Cuba y
autorizaba el uso de la fuerza contra España. El 23 de abril, España amenaza
con declarar la guerra en caso que los estadounidenses invadieran el territorio
cubano. El 25 de abril el Congreso estadounidense declara que un estado de
guerra entre Estados Unidos y España existía.

En ese
momento, la reina María Cristina ejercía la regencia, viuda del rey Alfonso
XII. El presidente del gobierno español era Sagasta y el presidente de Estados
Unidos, William McKinley. En Cuba, gobernaba para España como Capitán general
de Cuba, el general español Valeriano Weyler desde 1896, sucedido después por Ramón
Blanco.
Con la
entrada de Estados Unidos en la guerra los combates se trasladaron de tierra a
los mares. Los principales enfrentamientos se llevaron a cabo en Cuba y Puerto
Rico (en el mar Caribe), así como en las Filipinas y Guam (en Asia y el océano
Pacífico). Las tropas estadounidenses eran superiores a las españolas, pero
además se encontraban apoyadas por las fuerzas cubanas al mando del general
Calixto García. Ademas, las flotas realistas no pudieron enfrentar a los
modernos acorazados de la armada estadounidense.
Uno de los
combates más significativos fue la Batalla de El Caney, el 1 de julio de 1898,
donde los soldados estadounidenses, liderados por el general Henry Lawton,
tomaron la localidad tras un intenso asedio. Paralelamente, ese mismo día se
libró la Batalla de San Juan Hill. Derrotadas en tierra y con su flota
destruida en la Batalla Naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898, las
fuerzas españolas se rindieron el 17 de julio, lo que marcó el fin de la
presencia militar española en la isla.
El bombardeo
de San Juan o ataque a San Juan fue un enfrentamiento entre las defensas de San
Juan de Puerto Rico y una escuadra estadounidense ocurrido en 1898, en el marco
de la guerra hispano-estadounidense en Puerto Rico (12 de mayo de 1898). Tras 2
horas y 19 minutos de intensos disparos, la flota estadounidense se retiró.
La toma de
Guam o toma de Guaján del 20 al 21 de junio de 1898, fue el acto que terminó
con el dominio colonial español sobre la isla de Guam y por ende en Oceanía.
Este fue también uno de los episodios menos sangrientos entre Estados Unidos y
España durante la guerra, ya que se tomó la isla sin resistencia alguna.
La batalla
de El Caney se libró el 1 de julio de 1898 durante la Guerra
hispano-estadounidense. 500 soldados españoles contuvieron durante doce horas,
hasta agotar municiones, a la 5ª División estadounidense de Henry W. Lawton,
formada por 6899 hombres. Esta acción impidió el avance estadounidense a las
colinas de San Juan como se había pedido al general William Rufus Shafter.
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La batalla
de las Colinas de San Juan fue la batalla más sangrienta y más famosa de la
guerra hispano-estadounidense. En las lomas de San Juan, 521 soldados españoles
recibieron la orden de resistir la ofensiva estadounidense el 1 de julio de
1898. Pese a ello, apenas 300 militares españoles lograron repeler durante un
día entero a una fuerza estadounidense de unos 15 000 o 20 000 hombres. El
general William Rufus Shafter comandó una fuerza de 15 000 a 20 000 hombres
organizados en tres divisiones. En la batalla los famosos «Rough Riders»,
liderados por Theodore Roosevelt, jugaron un papel crucial en la toma de las
alturas estratégicas alrededor de Santiago.
La batalla
naval de Santiago de Cuba tuvo lugar el 3 de julio de 1898 a la salida de la
bahía de Santiago de Cuba. La escuadra española al mando del almirante Pascual
Cervera es destrozada por la flota de Estados Unidos, comandada por William T.
Sampson y Winfield Scott Schley. Murieron trescientos veintitrés oficiales y
marineros españoles y 151 resultaron heridos. Los estadounidenses perdieron a
un marinero. Una victoria decisiva. Para España, la guerra de Cuba estaba
perdida. Fueron hundidos todos los barcos españoles, pero no se perdió ningún
barco americano. La derrota aplastante selló la victoria estadounidense en el
teatro de la guerra cubano y aseguró la independencia de Cuba del dominio
español.
El asedio de
Santiago de Cuba, también conocido como el cerco de Santiago de Cuba, fue la
última operación principal de la guerra hispano-estadounidense en la isla de
Cuba y se llevó a cabo entre el 3 y el 16 de julio de 1898.
La batalla
de Manila fue un enfrentamiento terrestre que tuvo lugar en Manila el 13 de
agosto de 1898, al final de la guerra hispano-estadounidense. Los beligerantes
eran fuerzas españolas dirigidas por el Gobernador General de Filipinas, Fermín
Jáudenes, y fuerzas estadounidenses lideradas por el General de brigada del
ejército de los Estados Unidos Wesley Merritt y el comodoro de la marina de los
Estados Unidos George Dewey. Las fuerzas estadounidenses fueron apoyadas por
unidades del Ejército Revolucionario Filipino, dirigido por Emilio Aguinaldo.
La ofensiva
guerra hispano-estadounidense en Puerto Rico comenzó el 12 de mayo de 1898,
cuando la Armada de los Estados Unidos bombardeó San Juan, la capital de Puerto
Rico. Aunque los daños infligidos a la ciudad fueron mínimos, los
estadounidenses fueron capaces de establecer un bloqueo de la bahía de San
Juan. Culminó el 13 de agosto de 1898.
Tras su
derrota, España perdió Cuba (que quedó bajo tutela de Estados Unidos), Puerto
Rico, Filipinas y Guam (que pasaron a ser dependencias territoriales de Estados
Unidos). El resto de posesiones españolas del Pacífico fueron vendidas al
Imperio alemán mediante el tratado hispano-alemán del 12 de febrero de 1899,
por el cual España cedió al Imperio alemán sus últimos archipiélagos ―las
Marianas (excepto Guam), las Palaos y las Carolinas― a cambio de 25 millones de
pesetas (17 millones de marcos), ya que eran indefendibles por España.
El
conflicto, que duró apenas unos meses, tuvo profundas repercusiones
geopolíticas y dejó una huella imborrable en la historia de ambos países. En
este artículo, exploraremos las causas, el desarrollo y las consecuencias de
esta guerra que transformó el equilibrio de poder global.
El resultado
de la guerra fue la derrota de España, en la que pierde sus últimas posesiones
coloniales en el continente americano. La isla de Cuba se proclama como
república independiente pero queda bajo la tutela de Estados Unidos; mientras
que Puerto Rico, Filipinas y Guam pasaron enteramente a ser dependencias
coloniales de Estados Unidos. El resto de las posesiones españolas se
negociaron con el Imperio alemán en 1899 mediante el tratado hispano-alemán,
por son cedidas las Marianas (excepto Guam), las Palaos y las Carolinas.
LA GUERRA
CIVIL CHILENA DE 1891
La guerra
civil chilena de 1891, también conocida como Revolución de 1891, fue un
conflicto armado interno ocurrido en Chile entre los partidarios del Congreso
Nacional y los del presidente de la República José Manuel Balmaceda. Tras una
serie de disputas entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo, la discusión sobre
el presupuesto fiscal de 1891 fue una de las grandes causas del conflicto. Sin
embargo, el hecho que desencadenó la guerra fue el cierre del Congreso por
parte del presidente Balmaceda.
José Manuel
Balmaceda (1840- 1891) fue un político chileno, que ejerció como presidente de
Chile entre 1886 y 1891. Inició su gobierno con un ambicioso plan de obras
públicas y con el ideal político de unir a los liberales en un solo gran
partido. Sin embargo, pronto se inició un enfrentamiento con el congreso por la
pugna entre presidencialismo y parlamentarismo, que se transformó en una guerra
civil en 1891.
El
presidente tenía la intención de aumentar la exportación del salitre,
incrementando los ingresos fiscales, para así poder financiar el plan de obras
públicas del gobierno. Pero los empresarios del salitre (principalmente John
North), parte de la oligarquía y el parlamento, querían exportar cantidades
limitadas, para que no disminuyera su precio en el mercado internacional. Por
lo que pasaron a formar parte de la oposición. Balmaceda nombró como ministros
a jóvenes no pertenecientes a la oligarquía tradicional. Este grupo reaccionó
al prever la posibilidad de disminuir su poder político y social, por lo que se
opuso al presidente. El mandatario gobernó interpretando la constitución como
presidencialista, con lo que se ganó la oposición de radicales, nacionales,
liberales y congresistas. Lo que significó múltiples obstáculos, por parte del
parlamento, para poder cumplir sus propósitos. Por la condición de liberal de
Balmaceda, y su antiguo apoyo a la enajenación del poder eclesiástico sobre el
estado, la oligarquía religiosa y conservadora se unió a la oposición. Para el
desarrollo de la guerra fue fundamental la división de las fuerzas armadas, ya
que sin este suceso, el bando de Balmaceda no habría podido oponer resistencia.
El ejército, siguiendo su deber con el poder civil, apoyó al presidente, y la
Armada, a la causa congresista.

Durante el
gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda, en 1890, y en medio de fuertes
tensiones políticas que enfrentaron al ejecutivo con el parlamento, el Congreso
Nacional se negó a aprobar las leyes periódicas que fijaban las fuerzas de mar
y tierra así como la Ley de Presupuesto de gastos públicos.
El
Presidente reaccionó declarando, en una Proclama pública del 7 de enero de 1891
que, dada la situación de ingobernabilidad producida, se renovaban las mismas
leyes sobre esa materia dictadas el año anterior. Los partidos de la oposición
respondieron con el Manifiesto de los Representantes del Congreso a bordo de la
Escuadra, desconociendo las facultades del poder ejecutivo. El 7 de enero, la
escuadra se sublevó contando con los blindados Cochrane y Blanco Encalada, el
crucero Esmeralda, la corbeta O'Higgins y la cañonera Magallanes. El monitor
Huáscar estaba del lado de los congresistas.
Balmaceda,
el 11 de febrero de 1891, ordena la inmediata clausura del Congreso Nacional.
Comenzaba así una guerra civil, que duraría seis meses y costaría la vida a más
de 4.000 chilenos, en una población de algo más de dos millones y medio de
habitantes.
El Congreso
contaba con la adhesión de la mayor parte de la escuadra, que quedó bajo el
mando del capitán de navío Jorge Montt Álvarez, también se le sumaron algunos
oficiales del Ejército como Estanislao del Canto. Pero para que el movimiento
de la armada no fuera tomado como un simple pronunciamiento, los marinos
exigieron que se embarcaran los presidentes de ambas Cámaras, lo que
inmediatamente hicieron Ramón Barros Luco, presidente de la Cámara de
Diputados, y Waldo Silva, vicepresidente del Senado. Por su
parte, el Ejército regular, con sus cuatro divisiones de Coquimbo, Valparaíso,
Santiago y Concepción, se mantuvo leal al Presidente Balmaceda.
Desde
Iquique los revolucionarios iniciaron una serie de campañas con el fin de
derrocar a Balmaceda, quien estableció una férrea opresión sobre sus
opositores. La contienda
se dio por mar y tierra. Durante los primeros meses el escenario de la guerra
fue el Norte de Chile donde los congresistas contaban con amplio apoyo. Allí se
libraron las batallas de Zapiga, Dolores, Huara, Iquique, Pozo Almonte, Caldera
y Calderilla. En agosto, hacia el final de la contienda, las batallas se
trasladaron a la zona central. La ciudad de Santiago tampoco se libró de vivir
terribles y violentos acontecimientos. El predio de Carlos Walker Martínez
-actualmente la comuna de La Florida- fue escenario de la sangrienta muerte de
84 jóvenes antibalmacedistas, conocida como la Masacre de Lo Cañas .

El primer
enfrentamiento fue el combate de Zapiga, el 21 de enero de 1891 que desencadenó
la Campaña del Norte. El Combate de Zapiga fue un enfrentamiento ocurrido el 21
de enero de 1891, en las inmediaciones de la aldea de Zapiga, en la Región de
Tarapacá. Se enfrentaron fuerzas gobiernistas, leales al presidente José Manuel
Balmaceda y dirigidas por Marco A. Valenzuela, contra las fuerzas congresistas
o revolucionarias, al mando del General Estanislao del Canto.
El combate y
toma de Pisagua ocurrió el 6 de febrero de 1891 entre las fuerzas del
Presidente Balmaceda, al mando del teniente coronel Mario A. Valenzuela, que
ocupaba Pisagua y los revolucionarios congresistas al mando del coronel
Estanislao del Canto. Los congresistas capturaron Pisagua, con un ejército que
no pasaba todavía de 1200 voluntarios, soldados y marineros, y que era
comandado por el coronel Estanislao del Canto. El encuentro con las tropas
balmacedistas, conformadas por 900 soldados al mando de Eulogio Robles
Pinochet, se realizó en Huara, ubicada entre Pisagua e Iquique el 17 de
febrero. Después de cuatro horas de combate las tropas congresistas fueron
derrotadas.
La batalla
de Concón fue un hecho de armas acaecido el 21 de agosto de 1891, en el
transcurso de la guerra civil chilena, llamada también Revolución de 1891.
Enfrentó a las fuerzas gubernamentales del presidente José Manuel Balmaceda
contra el ejército revolucionario del bando del Congreso y la marina. Las
fuerzas gubernamentales fueron derrotadas.

La batalla
de Placilla fue la última batalla de la guerra civil de 1891, librada en el
actual sector de Placilla de Peñuelas, a las afueras del puerto chileno de
Valparaíso, el 28 de agosto de 1891. En ella se enfrentaron las fuerzas del
ejército revolucionario congresista, de aproximadamente 11 000 hombres, al
mando del coronel Estanislao del Canto, y las tropas leales al gobierno del
presidente José Manuel Balmaceda, con 9500 efectivos, al mando de los generales
Orozimbo Barbosa y José Miguel Alcérreca. A las 10:30 de la mañana, las fuerzas
congresistas se habían apoderado de las alturas, continuando el avance sobre
Valparaíso. Las bajas de ambos contendores fueron muy elevadas. El ejército
gobiernista tuvo 971 muertos y 2.422 heridos, equivalentes al 37% de sus
efectivos, mientras que entre los congresistas murieron 463 soldados, 1.045
resultaron heridos y desertaron durante el combate otros 191, sumando sus bajas
un 17%. Con ello el tota del muertos de ambos bandos durante la guerra llegó a
la suma de 3.829 oficiales y soldados, mientras que los heridos fueron 3.388. Esta
batalla fue la más sangrienta de la Guerra Civil, en la cual murieron heroicos
jefes, oficiales y soldados de ambas partes, que se habían distinguido por su
valentía durante la guerra del Pacífico, como asimismo, destacados personajes
de la vida pública de la nación.
Luego de las
Batallas de Concón y Placilla, fue evidente el triunfo de las fuerzas
congresistas. El Presidente Balmaceda reconoció su derrota y dimitió de su
cargo el 29 de agosto de 1891, entregando el mando del país al general Manuel
Baquedano. Ese mismo día se dio comienzo a un violento saqueo a las residencias
de destacados balmacedistas, en la ciudad de Santiago y otras ciudades. El
Presidente Balmaceda se refugió en la embajada argentina, donde se quitó la
vida el 19 de septiembre de 1891. La decisión final cerró una etapa de la
historia chilena. Terminó el régimen presidencialista y se inició el régimen parlamentario
con la llegada al poder de Jorge Montt Álvarez.
LA 1ª GUERRA
SINO-JAPONESA
La primera
guerra sino-japonesa (conocida en China como la guerra de Jiawu y en Japón como guerra Japón-Qing (Nisshin Sensō), o primera guerra China-Japón, fue
un conflicto militar que sucedió desde el 25 de julio de 1894 al 17 de abril de
1895 entre la dinastía Qing de China y el Imperio del Japón principalmente,
librada por el control de Corea de la península de Corea. La victoria decisiva
de Japón destruyó el orden sinocéntrico secular en Asia Oriental, dio a Japón
su primera colonia (Taiwán), y expuso la debilidad de China ante las potencias
europeas - desencadenando una carrera por concesiones que aceleró el colapso de
la dinastía Qing. Marcó el surgimiento de Japón como una gran potencia mundial
y demostró la debilidad del imperio chino.

La guerra
surgió del conflicto entre ambos países por la supremacía en Corea. Corea había
sido durante mucho tiempo el estado cliente más importante de China, pero su
ubicación estratégica frente a las islas japonesas y sus recursos naturales de
carbón y hierro atrajeron el interés japonés. En 1875, Japón, que había
comenzado a adoptar tecnología occidental, obligó a Corea a abrirse al comercio
exterior, especialmente japonés, y a declararse independiente de China en sus
relaciones exteriores.
El 25 de
julio de 1894 tuvo lugar los primeros combates de la guerra, en el mar frente a
la costa oeste de Corea. Dos buques de guerra chinos que se dirigían hacia el
oeste se toparon con tres cruceros japoneses. En la resultante Batalla de Asan
o Phung-Tao (25 de julio de 1894), los japoneses obligaron a huir a un crucero
chino, destruyeron una cañonera japonesa moderna, hundieron un barco de tropas
que llegó tras el final de los combates y capturaron una cañonera china que
llegó tarde.
Aproximadamente
al mismo tiempo, parte del ejército japonés en Seúl se desplazó hacia el sur
para atacar a los chinos abasados en Asán. Los dos ejércitos se enfrentaron en
Songhwan (29 de julio de 1894) en la primera batalla ultramarina librada por un
ejército japonés en 300 años. La batalla terminó con una victoria japonesa,
pero la mayor parte del ejército chino logró escapar hacia el norte y se unió
al ejército principal en Pyongyang.
La guerra
fue finalmente declarada el 1 de agosto de 1894. Aunque los observadores
extranjeros habían predicho una victoria fácil para las fuerzas chinas más
numerosas, los japoneses habían hecho un trabajo más exitoso modernizándose y
estaban mejor equipados y preparados. Las tropas japonesas lograron victorias
rápidas y abrumadoras tanto en tierra como en mar.
La primera
batalla terrestre de la guerra tuvo lugar el 16 de septiembre en Pyongyang,
donde los chinos habían decidido plantar cara. La mayoría de las fuentes
coinciden en que los chinos tenían 14.000 hombres en la guarnición, pero las
estimaciones sobre el tamaño de la fuerza japonesa varían entre 10.000 y
20.000. Los chinos se vieron limitados por la falta de unidad entre sus tropas,
que formaban cuatro pequeños ejércitos separados. Los japoneses lograron
derrotar a cada una de estas fuerzas por turno y capturaron la ciudad tras
infligir alrededor de 7.000 bajas a los defensores. Tras este éxito, los
japoneses avanzaron hacia el norte en dirección al río Yulu, la siguiente
posición defensiva china.

La flota
china escoltó un convoy de tropas hasta el Yalu a mediados de septiembre. Los
japoneses avanzaron hacia el norte en un intento de interceptarlos y, en la
batalla naval resultante del río Yalu (17 de septiembre de 1894), los chinos
perdieron cinco de los diez barcos en su línea principal de batalla. Los
supervivientes escaparon a Port Arthur y luego a Wei-Hei-Wei, pero los
japoneses habían tomado el control de los mares.
Para marzo
de 1895, los japoneses habían invadido con éxito la provincia de Shandong y
Manchuria y tenían puestos fortificados que controlaban los accesos marítimos a
Pekín. Los chinos solicitaron la paz
En el
Tratado de Shimonoseki, que puso fin al conflicto, China reconoció la
independencia de Corea y cedió Taiwán, las adyacentes Pescadores y la península
de Liaodong en Manchuria.
China
también accedió a pagar una gran indemnización y a conceder a Japón privilegios
comerciales en territorio chino. Este tratado fue posteriormente modificado en
parte por temores rusos a la expansión japonesa, y la intercesión combinada de
Rusia, Francia y Alemania obligó a Japón a devolver la península de Liaodong a
China.
La derrota
de China animó a las potencias occidentales a hacer nuevas exigencias al
gobierno chino. En la propia China, la guerra desencadenó un movimiento de
reforma que intentó renovar el gobierno; también dio lugar al inicio de la
actividad revolucionaria contra los gobernantes de la dinastía Qing en China.
LA 1ª GUERRA
ITALO-ETIOPE
La primera
guerra ítalo-etíope fue un conflicto bélico desarrollado entre 1895 y 1896 en
Etiopía, que enfrentó al Reino de Italia y el Imperio de Etiopía a causa de la
invasión italiana del territorio etíope. Es uno de los pocos casos exitosos de
resistencia de un país africano ante el intento de conquista por parte de una
potencia europea en el siglo XIX.
Durante la
guerra, los etíopes fueron muy superiores numéricamente, bien armados y con la
ayuda de Rusia y Francia con voluntarios, asesores
militares, entrenamiento del ejército y la venta de armas. En contraste, el
Reino de Italia era un Estado joven, recuperándose de su unificación nacional ocurrida apenas 34 años
antes, y su armamento en su mayoría fue reutilizado de décadas anteriores.

El 5 de
marzo de 1889, Menelik II, el rey de Shewa, se declaró oficialmente emperador
de Etiopía, después de haber conquistado las regiones de Tigray y Amhara con el
apoyo del Reino de Italia. Un mes más tarde, firmó el Tratado de Wuchale con el
gobierno italiano, el cual presentó dos versiones distintas. En la versión en
italiano se establecía a Etiopía como protectorado de Italia y se reconocía el
control italiano sobre Eritrea y la costa etíope del mar Rojo, a cambio del
reconocimiento al reinado de Menelik II; mientras que la versión en amhárico
Etiopía permanecía completamente independiente. En 1893, cuando Menelik II
consideraba que su poder se había consolidado, comenzó a impugnar el tratado,
en el momento en que los italianos comenzaban a aumentar la presión sobre su
gobierno de diversas formas, incluida la anexión de pequeños territorios
limítrofes a su reclamación original. Finalmente, en diciembre de 1894, esta
presión culminó con una campaña militar en todo el río Mareb en Tigray (en la
frontera con Eritrea).

Los
italianos esperaban que los diversos pueblos de Tigray se unieran a ellos para
combatir a Menelik II, sin embargo, todos los clanes de las etnias tigray y
amárica acudieron en ayuda del emperador. Unos, motivados por el nacionalismo
para luchar contra el colonialismo italiano, y otros, presionados por el propio
Menelik II.
En diciembre
de 1894, Bahta Hagos lideró una rebelión contra los italianos en Akkele Guzay,
solicitando el apoyo de las fuerzas de Mengesha. Sin embargo, tropas del
ejército del general Oreste Baratieri al mando de Pietro Toselli aplastaron la
rebelión y mataron a Hagos. Previendo que las fuerzas de Mengesha invadirían
Eritrea, Baratieri se adelantó encontrándolo en la Batalla de Coatit, en enero
de 1895. Resultando victoriosos los italianos, persiguieron a las tropas de
Mengesha durante su retirada,
La batalla
de Amba Alagi fue la primera batalla entre el general Oreste Baratieri y el
negus Menelik II, durante la primera guerra ítalo-etíope. La posición
estratégica de Amba Alagi, defendida por 2350 hombres al mando del mayor Pietro
Toselli, fue sitiada y rápidamente ocupada el 7 de diciembre, y la guarnición
fue masacrada.
El resto del
contingente italiano, bajo el mando del general Giuseppe Arimondi, tuvo que
resguardase en la fortaleza de Maqele, aún en construcción.
La batalla
de Adua (también conocida como Adwa o Adowa) se libró el 1 de marzo de 1896
entre Abisinia (actual Etiopía) e Italia cerca de la ciudad abisinia del mismo
nombre. Fue la batalla culminante de la primera guerra ítalo-etíope, donde
Menelik II infligió una derrota histórica al ejército colonial italiano. La victoria etíope supuso el mantenimiento de
la independencia del país.
La
importancia de esta batalla no reside en la aplastante victoria de un ejército
africano sobre uno europeo –anteriormente los zulúes habían derrotado en 1879 a
los ingleses en Insandlwana-, sino en el rédito diplomático obtenido: gracias a
ella, Italia y el resto de potencias colonialistas reconocieron la
independencia de Etiopía, tratándola en pie de igualdad.
Abisinia
firmó el Tratado de Addis Abeba el 28 de octubre de ese año, por el cual se le
reconocía internacionalmente como una nación libre e independiente de pleno
derecho.
LA REBELIÓN DE
LOS BOXERS

La Rebelión de
los Boxers, también conocida como el Levantamiento de los Boxers o Revuelta de
los Boxers, tuvo sus inicios a finales del siglo XIX en China. Este
levantamiento tuvo lugar principalmente en el norte de China y estuvo marcado
por las tensiones entre las potencias extranjeras y la sociedad china. La
Revuelta de los Boxers, que tuvo lugar en China entre 1899 y 1901, fue un
levantamiento violento impulsado por la Sociedad de los Puños Justicieros y
auspiciado por sectores conservadores chinos. Los soldados bóxers, también
conocidos como "puños de justicia", crearon una sociedad secreta que
se convirtió en un símbolo del descontento de la sociedad china frente a la
intervención política y económica de las potencias extranjeras. La rebelión fue
cosechando cada vez más adeptos, no solo en las clases bajas sino también en la
nobleza Este movimiento antiimperialista estuvo motivado por una serie de
causas que desembocaron en graves consecuencias para China y sus relaciones con
las potencias extranjeras. Entre las principales causas de la revuelta se
encontraba el descontento popular ante la creciente influencia extranjera en
China, así como la presencia de misioneros cristianos que desafiaban las
tradiciones locales. Además, la opresión sufrida por la población china a manos
de las potencias coloniales exacerbó la hostilidad hacia los extranjeros.

La Sociedad
de la justicia y la armonía (Yìhétuán) o Puños de la justicia y la armonía, más
conocida como los bóxers, era una sociedad secreta china conocida por haber
desencadenado la rebelión de los bóxers desde 1899 hasta 1901. Se convirtió en
un movimiento masivo, contando entre 50.000 y 100.000 miembros, originalmente
apoyó la caída del liderazgo Qing de China por estar
"occidentalizada", más tarde apoyaría a la emperatriz viuda
gobernante para tratar de eliminar a los grupos a los que se oponían los
bóxers, incluidos cristianos, europeos, caucásicos, japoneses y chinos
"occidentales" y otros que estaban determinados a ser perjudiciales
para sus esfuerzos, en ciertos puntos, incluidas otras sociedades secretas.
Surgido en
la China de la dinastía Qing contra la intervención imperialista de las grandes
potencias occidentales y el Imperio del Japón, en el territorio, política,
economía, religión y cultura chinas, en los últimos años del siglo XIX, durante
el período conocido como «el Siglo de la humillación». A fines del siglo XIX,
China había experimentado una serie de derrotas militares y la impos ición de
tratados desfavorables por parte de las potencias occidentales, lo que generó
un sentimiento de humillación y frustración entre la población china. El
sentimiento xenófobo contra la influencia europea y japonesa estaba muy
extendido y encontraba su origen en las guerras del Opio (1839-1842 y
1856-1860) y en la guerra chino japonesa.

El
movimiento de los Boxers, conocido localmente como Yihetuan, surgió como una
respuesta a la presencia extranjera en China y a la influencia creciente del
cristianismo en la sociedad china. Este movimiento tenía sus raíces en las
artes marciales chinas tradicionales y abogaba por la expulsión de los
extranjeros y la restauración de la pureza cultural china. El descontento
popular hacia las concesiones extranjeras, la presencia de misioneros
cristianos y la percepción de opresión cultural y religiosa, sirvieron como
catalizadores para la expansión del movimiento de los Boxers. A medida que el
movimiento de los Boxers ganaba fuerza, comenzó a recibir apoyo de sectores de
la sociedad china, incluidos miembros del gobierno y la emperatriz viuda Cixi.
Esta situación llevó a confrontaciones directas con las comunidades extranjeras
en China, así como con misioneros y conversos cristianos, lo que exacerbó las
tensiones internacionales. La percepción de que el gobierno chino no estaba
tomando medidas adecuadas para contener el movimiento de los Boxers llevó a un
aumento en las presiones por parte de las potencias extranjeras para intervenir
en China y proteger sus intereses. El movimiento estaba compuesto por personas
analfabetas. En primer lugar, los campesinos, a los que se agregaron jóvenes
ociosos, artesanos en ruinas y trabajadores despedidos. Algunos reclutas boxer
fueron soldados imperiales y milicianos locales desmantelados.

En marzo de
1898, los bóxers comenzaron a agitar a la población en las calles con el
eslogan "¡Defended a los Qing, destruid a los extranjeros!". Su
principal líder era Cao Futian. Otros
líderes en la provincia de Zhili fueron Liu Chengxiang y Zhang Decheng. Después
de una batalla con las tropas imperiales en octubre de 1899, los boxeadores se
centraron principalmente en los misioneros y las actividades cristianas, ya que
se los consideraba "manchando la pureza de la cultura china".
El 20 de
junio de 1900, los bóxers asaltaron la embajada alemana en Pekín y mataron a su
embajador. Esto fue el detonante de un período de violencia que culminó el 14
de agosto de ese mismo año. Tras el atentado perpetrado por los bóxers contra
el embajador alemán Clemens August von Ketteler, asesinado de un disparo, las
potencias extranjeras enviaron sus tropas organizadas en la llamada Alianza de
las Ocho Naciones.

En el verano
de 1900, la antigua capital de China se convirtio en el epicentro de uno de los
enfrentamientos mas dramaticos y trascendentales de la historia moderna.
Durante cincuenta y cinco dias, un grupo de diplomaticos extranjeros, soldados,
misioneros y refugiados cristianos chinos se apinanaron en un recinto en el
corazon de Pekin, rodeados por decenas de miles de combatientes Boxers y tropas
imperiales chinas, esperando una fuerza de alivio que quiza nunca llegaria. El
asedio del barrio de las legaciones extranjeras en Pekin fue el climax de un
levantamiento masivo conocido en Occidente como la Rebelion de los Boxers, un
movimiento de extraordinaria ferocidad y complejidad que expuso las plenas
dimensiones de la crisis que afrontaba China a principios del siglo XX.
La
emperatriz Cixí era la madre adoptiva del emperador durante este periodo de
alta tensión provocado por la rebelión de los bóxers. Enseguida, Cixí vio la
oportunidad de aprovechar el arrojo de los bóxers como herramienta para luchar
contra la injerencia extranjera que gran parte de la nobleza despreciaba.
El 3 de
julio de 1900, el ejército de la coalición al mando del general británico
Alfred Gaselee había desembarcado cerca de Tianjin y sitiado la ciudad, que
cayo el 14 de julio. Tras asegurar la zona, el 4 de agosto pusieron rumbo hacía
Pekín. Por fin, el 14 de agosto el ejército de la coalición llegó a la capital,
donde frustró el asedio a las embajadas y se desplegó para ocupar la ciudad.
Tras ello, las tropas extranjeras se entregaron al saqueo, la destrucción, los
asesinatos y las violaciones.
Las
hostilidades terminaron finalmente el 7 de septiembre de de 1901, cuando la
emperatriz Cixí accedió a firmar el Tratado de Xinchou o "Protocolo
Bóxer", un nuevo tratado desigual con los gobiernos de Alemania,
Austria-Hungría, Bélgica, Francia, Estados Unidos, España, Reino Unido, Italia,
Japón, Países Bajos y Rusia, que se negoció en la legación española de Pekín
bajo la dirección del ministro plenipotenciario Bernado Cólogan. A pesar de su
dureza, el tratado permitió a la dinastía Qing continuar manteniendo el poder.
Se produjo
un saqueo descontrolado de la capital y el campo circundante, junto con la
ejecución sumaria de los sospechosos de ser bóxers. El Protocolo Bóxer del 7 de
septiembre de 1901 preveía la ejecución de funcionarios gubernamentales que
habían apoyado a los bóxers, disposiciones para que tropas extranjeras se
estacionaran en Pekín y 450 millones de taels de plata —aproximadamente $10 mil
millones a precio de plata de 2018 y más que los ingresos fiscales anuales del
gobierno— se pagarían como indemnización en el transcurso de los próximos 39
años a las ocho naciones involucradas.