domingo, 1 de noviembre de 2026

GUERRAS EN LA HISTORIA: SIGLO XX


 




LA GUERRA RUSO-JAPONESA

La guerra ruso-japonesa fue un conflicto militar que se inició en 1904 y finalizó en 1905. En ella se enfrentaron el Imperio ruso y el Imperio japonés en disputa por los territorios de Manchuria y Corea. La Guerra Ruso-Japonesa fue un conflicto bélico de trascendental importancia en el contexto del fin del siglo XIX y el inicio del XX. Más que una simple confrontación militar, representó un choque de imperios, una lucha por el control de territorios estratégicos y un catalizador para cambios políticos y sociales significativos en Rusia y Japón. Las tropas japonesas tomaron Port Arthur por sorpresa y luego avanzaron hasta Mukden, la capital de la región de Manchuria. Ante el ataque inesperado, las fuerzas navales rusas debieron navegar casi 28.000 km para llegar y ser destruidas en la batalla de Tsushima. El conflicto, breve pero brutal, reveló las debilidades de la autocracia zarista y el ascenso de Japón como potencia mundial.


Las raíces de la Guerra Ruso-Japonesa se encuentran en una compleja red de ambiciones imperialistas, rivalidades económicas y tensiones geopolíticas. Desde fines del siglo XIX, el Lejano Oriente se había convertido en uno de los grandes centros de tensión en la política internacional. El Imperio chino se encontraba debilitado y las diferentes potencias imperialistas (como Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña y Rusia) competían por extender su ámbito de influencia. Al ganar la primera guerra chino-japonesa (1894-1895), Japón había logrado el control de Corea, de la isla de Taiwán y de la península de Liaodong. Además, había demostrado la efectividad y el desarrollo de su ejército. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, diversas potencias europeas se unieron y presionaron a Japón para que devolviera el control de Port Arthur (en la península de Liaodong) al gobierno chino. Por su parte, el Imperio ruso tenía la necesidad de controlar una región con salida al mar de aguas cálidas que no se congelaran en invierno. La necesidad rusa de un puerto permanente en el Pacífico se agravó por la creciente competencia con Japón. Cuando China recuperó el control de Port Arthur, negoció con el Imperio ruso el arrendamiento de la península de Kwantung.  El control de la península de Corea fue otro de los factores que provocaron la guerra.


En el año 1900, la inestabilidad política de la región llevó a una rebelión nacionalista local (el “levantamiento de los bóxers”) que, finalmente, terminó con la ocupación de las tropas rusas de toda Manchuria.  Por otro lado, Japón consiguió el apoyo del Reino Unido y de Estados Unidos, a través de diferentes acuerdos que protegerían sus intereses en la región. En 1903, la competencia entre Japón y el Imperio ruso por el control de la región aumentó y las potencias no lograron llegar a un acuerdo.

El conflicto estalló en febrero de 1904, cuando la flota japonesa, liderada por el almirante Sakuma Zei, atacó la base naval rusa de Port Arthur, una locación en Manchuria que se encontraba bajo control ruso. Sin declaración formal de guerra, Japón atacó Port Arthur durante la noche del 7 al 8 de febrero. En poco más de 15 minutos, diez destructores japoneses lograron destruir o dañar a la mitad de los grandes acorazados de su enemigo.

Las tropas terrestres y navales rusas no se encontraban bien organizadas y no pudieron hacerle frente al ataque japonés. La Flota del Pacífico Rusa, comandada por el almirante Georgi Essenotov, estaba mal equipada, mal administrada y carecía de la experiencia necesaria para enfrentarse a la marina japonesa, que era la más moderna y eficiente de la época. La declaración formal de guerra por parte de Japón fue emitida el día 10 de febrero.

Simultáneamente, las fuerzas terrestres japonesas, bajo el mando del general Yamagata Sengoro y el general Nogi Fusataro, desembarcaron en la península de Liaodong y comenzaron una campaña militar agresiva contra las fuerzas rusas. El ataque a Vladivostok en mayo de 1904, aunque fallido, demostró la capacidad de Japón para atacar objetivos estratégicos en territorio ruso. La guerra se extendió a la península de Corea, donde las fuerzas japonesas, con el apoyo de la administración coreana, derrotaron a las fuerzas rusas en varias batallas clave, incluyendo la batalla de Minden. Durante un año los rusos fueron sufriendo diferentes derrotas militares. Entre las principales batallas se encuentran la del río Yalú, la de Te-li-ssu, la del Mar Amarillo, la de Ulsan, la de Liaoyang, la del río Sha-ho, la de Mukden y la batalla naval de Tsushima.

La batalla del río Yalu, (30 de abril - 1 de mayo de 1904) fue la primera batalla terrestre importante durante la guerra ruso-japonesa. Se libró cerca de la aldea Wiju (actual Uiju, Corea del Norte), en la parte baja del río Yalu, en la frontera entre Corea y China. La batalla del río Yalu terminó con la victoria de Japón. La lucha contra los rusos había costado a los japoneses 1036 muertos y heridos de una fuerza total de 42 500 del 1.er Ejército.


La batalla de Liaoyang (24 de agosto-4 de septiembre de 1904) fue una de las mayores batallas terrestres de la guerra ruso-japonesa. Tres ejércitos japoneses al mando del Mariscal de Campo Oyama Iwao, arrebataron Liaoyang a las fuerzas rusas del general Alekséi Kuropatkin, que tuvo que replegarse a Mukden. En la conquista de la ciudad los japoneses perdieron 23.000 soldados e infligieron a los rusos 16.000 bajas.

La batalla del mar Amarillo fue un gran combate naval de la guerra ruso-japonesa que tuvo lugar el 10 de agosto de 1904. La batalla frustró un intento de la flota rusa de Port Arthur de salir y unirse con los buques de guerra de Vladivostok y la obligó a volver a puerto.


La batalla de Mukden fue la última gran batalla terrestre de la guerra ruso-japonesa y una de las más grandes batallas terrestres acontecida antes de la Primera Guerra Mundial. Se libró desde el 20 de febrero al 10 de marzo de 1905 entre el Ejército Imperial Japonés y el Ejército Imperial Ruso cerca de Mukden, en Manchuria (China). Las fuerzas rusas, de alrededor de 276 000 efectivos, estaban bajo el mando del general Alekséi Nikoláievich Kuropatkin. El Ejército Imperial Japonés, con 270.000 hombres, estaba al mando del mariscal de campo príncipe Oyama Iwao. Prácticamente rodeado y sin esperanza de victoria, el general Kuropatkin dio la orden de retirada hacia el norte. Decisiva victoria japonesa.


La batalla de Tsushima, comúnmente denominada la batalla del mar del Japón en Japón, fue un importante combate naval librado entre Rusia y Japón los días 27 y 28 de mayo de 1905.  La batalla tuvo lugar en el estrecho de Tsushima, que separa la península de Corea del sur del archipiélago japonés. En ella, la flota japonesa, dirigida por el almirante Tōgō Heihachirō, destruyó dos tercios de la flota rusa, que estuvo bajo mando del almirante Zinovi Rozhéstvenski y que había navegado 18 000 millas náuticas (33 000 km) hasta Extremo Oriente. La total destrucción de la Armada rusa provocó una amarga reacción en la opinión pública del país y obligó a la firma de un tratado de paz en septiembre de 1905. Finalmente, el Imperio ruso se vio obligado a aceptar la derrota y ceder su control sobre la región.

El ejército japonés derrotó en todas las batallas al ejército ruso. Esto, unido a la creciente tensión política en Rusia, obligó al zar Nicolás II a firmar un tratado de paz que dio a Japón todos los territorios en disputa.

La Guerra Ruso-Japonesa tuvo un impacto significativo en ambos países, así como en la región circundante. Para Japón, la victoria representó un punto de inflexión en su  historia, consolidando su posición como una potencia mundial y demostrando la eficacia de su modelo de modernización militar. Para Rusia, la derrota fue un golpe devastador, revelando las debilidades del autocrático régimen zarista y la obsolescencia de su ejército. La derrota también tuvo consecuencias económicas, ya que Rusia perdió importantes territorios y recursos. La guerra contribuyó a la inestabilidad política interna en Rusia, exacerbando las tensiones sociales y económicas.





LA REVOLUCIÓN RUSA DE 1905

La Revolución rusa de fue una ola de agitación política de masas a lo largo de grandes zonas del Imperio ruso ocurrida durante el año 1905. Fue una oleada de protestas que acontecieron a lo largo de todo el año y en diversas partes del Imperio ruso. Algunos de los altercados estaban dirigidos contra el gobierno, otros simplemente carecían de objeto más allá de reclamos muy puntuales de la clase obrera o del campesinado. Se dieron casos de terrorismo, huelgas de trabajadores, disturbios campesinos y motines militares, teniendo todos en común una insatisfacción popular generalizada hacia el régimen del zar Nicolás II de Rusia. La revolución condujo al establecimiento de una monarquía constitucional limitada y a la Duma Imperial.


A finales del siglo XIX, la estructura social y económica de Rusia era casi feudal, pese a que el feudalismo había sido oficialmente abolido en 1861. La realidad, especialmente en el campo, era que los nobles seguían siendo los dueños de la tierra, y los campesinos vivían en la pobreza. En las ciudades, por su parte, había comenzado un tímido proceso de industrialización, lo que tampoco había mejorado la calidad de vida de los trabajadores. Otra de las causas del estallido revolucionario de 1905 fue el poder absoluto del zar. Junto a su figura, la iglesia, la nobleza y los altos cargos militares gozaban de todos los privilegios. La guerra contra Japón, que acabó en derrota para Rusia, solo empeoró la situación de la mayoría de los rusos. Para intentar paliar las consecuencias económicas de la derrota ante Japón, Nicolás II decidió subir aún más los impuestos. Los precios de los productos básicos se incrementaron y, algunos de ellos, ni siquiera estaban disponibles para la mayoría de la población.


Domingo sangriento. La Revolución rusa comenzó en enero de 1905, cuando miles de personas se dirigieron de forma pacífica al Palacio de Invierno con el propósito de hacerle llegar al zar sus reivindicaciones. El domingo 9 de enero (jul)/ 22 de enero de 1905 (greg), más de 3.000 trabajadores, obreros y campesinos se desplazaron con sus familias y marcharon hacia el palacio del zar de Rusia cantando letras religiosas y patrióticas en San Petersburgo. Iba encabezada por un sacerdote, el clérigo Gueorgui Gapón y no respondía a ninguna consigna política, sin armas. La policía no intervino en un primer momento, dejando a los manifestantes ir hasta el palacio sin violencia. En esta marcha hacia el palacio, se dice que los manifestantes no sabían que el zar ya no se encontraba en el lugar y, tal vez, con el aviso no hubieran ido para realizarle la petición. Las autoridades respondieron de forma represiva y violenta y la manifestación fue salvajemente aplastada por soldados de infantería y tropas cosacas, apostados enfrente del Palacio de Invierno, que dispararon sucesivas descargas de fusilería contra la multitud desarmada y luego persiguieron por calles y avenidas a los supervivientes, disparando durante horas, cobrándose un número de víctimas, muchos cronistas afirman que fueron más de 200, incluidos mujeres y niños. Otras 800 personas resultaron heridas. Ese día se conoce como el Domingo Sangriento. Cuando se difundieron las noticias de la sangrienta represión política en la capital, se generó una oleada de protestas en toda Rusia. La represión del Domingo Sangriento hizo posible que muchos elementos de la sociedad rusa emprendieran una protesta activa. Cada grupo tenía sus propios objetivos, e incluso dentro de clases similares no existía un liderazgo predominante (campesinos, obreros, liberales, radicales y militares). Todo el año, las manifestaciones y huelgas se sucedieron. En ocasiones, como en algunas zonas rurales, se produjeron actos de violencia.

El acorazado Potemkin. El 27 de junio de 1905, el Potemkin, uno de los mejores acorazados de la flota rusa del mar Negro, se amotinó a causa de las penosas condiciones de vida a que se veían sometidos los miembros de la tripulación. El segundo gran acto de la revolución, tras el Domingo sangriento, fue protagonizado por miembros de la marina rusa. A comienzos del verano, la tripulación del Potemkin, un acorazado que se encontraba en Odessa, se amotinó contra sus mandos. El motivo fue la pésima condición de la comida que recibían en el barco, y los frecuentes malos tratos que sufrían de los oficiales. El punto culminante tuvo lugar el 14 de junio. Los tripulantes se deshicieron de los mandos y tomaron el control del navío. Tres días más tarde, el gobierno envió a cinco buques para acabar con la rebelión. Sin embargo, la tripulación de uno de esos barcos decidió unirse a los rebeldes. Los barcos de los escuadrones navales enviados por el gobierno ruso para forzar la rendición del Potemkin se negaron a abrir fuego contra sus camaradas. Ambos acorazados huyeron hacia Rumanía, donde fueron capturados por la flota rusa. La ciudad de Odesa había declarado una huelga general y la llegada de los amotinados fue bien recibida por los ciudadanos, que se unieron a la rebelión. Sin embargo, el gobierno zarista consiguió detener al pueblo con violencia y los amotinados iniciaron entonces un periplo en busca de apoyos. Finalmente, tras deponer las armas, los hombres del Potemkin hundieron el barco antes de abandonarlo.

Los motines de marineros eran desorganizados y acabaron siendo brutalmente aplacados, pero el descontento entre la masa popular y los reclutas (originarios de las capas campesinas y obreras) causó el temor gubernamental.


Ante esta situación tan inestable, Nicolás II creó la Duma, es decir, la monarquía se volvió parlamentaria. Ahora bien, se trataba de un parlamento que el zar podía convocar o disolver cuando decidiera y cuyos poderes estaban bastante limitados.

El zar, viendo imposible detener la revolución por las armas, ofreció una serie de reformas a sus opositores. Estas quedaron recogidas en el Manifiesto de Octubre, y consistían en la creación de la Duma (el parlamento), una nueva ley electoral y la concesión de algunas libertades políticas. Igualmente, ofreció a los obreros algunos derechos laborales y una jornada de trabajo de diez horas. Sin embargo, la mayoría de esas medidas eran muy limitadas. Por ejemplo, el zar se reservó el derecho a vetar la legislación aprobada por la Duma.

Después del Manifiesto de Octubre, Nicolás II decidió que era el momento de acabar con la revolución. Para ello decretó el establecimiento de la ley marcial y comenzó a reprimir con dureza a los opositores. Muchos fueron arrestados y enviados a Siberia, y otros tuvieron que partir al exilio.

Además de las acciones de los revolucionarios, también se registraron episodios de gran violencia protagonizados por sectores afines al zar. El más activo fue el llamado Centurias Negras, que, con permiso de la policía secreta, emprendió una guerra sucia contra los dirigentes opositores. El último gran enfrentamiento de la revolución se desarrolló en Moscú. Hasta el día 18 de diciembre, la ciudad fue escenario de una auténtica guerra urbana. La represión consiguiente acabó con la resistencia de los revolucionarios.





LA GUERRA ITALO-TURCA

La guerra ítalo-turca o turco-italiana, también conocida en Italia como guerra de Libia (Guerra di Libia) y en Turquía como guerra de Tripolitania (Trablusgarp Savaşı), fue un conflicto armado entre el Imperio otomano y el Reino de Italia que transcurrió entre 1911 y 1912. Italia atacó las provincias otomanas de Tripolitania, Fezán y Cirenaica, que juntas constituyen la Libia actual. Las fuerzas italianas también ocuparon el archipiélago del Dodecaneso en el mar Egeo.


A finales del siglo XIX, Italia se quedó con sabor amargo tras la Conferencia de Berlín. Las principales potencias europeas, como Francia, el Reino Unido y Alemania, se habían repartido la práctica totalidad del continente africano; mientras que Italia, a excepción de Eritrea y parte de lo que hoy es Somalia, se quedó a las puertas de realizar su ansiado Imperio italiano.

La joven Italia, que se había convertido en un estado moderno apenas unas décadas antes, tenía el sueño de desarrollar su propio imperio colonial. Por ejemplo, el Regno d’Italia había intentado apoderarse de Túnez tiempo atrás, pero Francia había liquidado sus aspiraciones al obligar a Muhammad III as-Sadiq, el Bey de Túnez, a firmar el Tratado de Bardo. Esto convirtió a Túnez en un protectorado francés de facto.

Italia centró su atención en las islas del Dodecaneso, pertenecientes al ya moribundo Imperio Otomano, también en los territorios de la Cirenaica, Tripolitania y Fezzan, situadas más al sur, al otro lado del mar Mediterráneo, juntas, en términos generales, forman la actual Libia.

Las intrigas alcanzaron su punto máximo cuando, en julio de 1902, Italia y Francia firmaron en secreto un acuerdo por el cual Francia reconocía las reclamaciones italianas sobre los territorios otomanos a cambio de una aceptación similar por parte de Italia de las aspiraciones territoriales francesas sobre Marruecos.

Tras la intervención franco-española en Marruecos, el primer ministro italiano Giovanni Giolitti (1842-1928) no dudó en declarar la guerra al Imperio Otomano el 29 de septiembre de 1911. Poco después de la declaración de guerra, una fuerza italiana comandada por el general Carlo Caneva invadió Tripolitania.


La primera parte fue de avance de Italia que tenía una superioridad de cuatro a uno frente a los turcos y mejor material bélico. El 4 de octubre de 1911, los primeros italianos desembarcaron en Tobruk y mandaron una intimación a los defensores de Trípoli para que se rindieran. El 5 de octubre los italianos entraron en esa ciudad y fueron recibidos amigablemente por los habitantes. El 5 de noviembre de 1911, Italia declaró su soberanía en el país africano. En noviembre se emplearon por primera vez en la historia de la guerra aeroplanos y dirigibles como bombarderos y, también por primera vez, uno de ellos fue abatido por un tiro de fusil. Después los italianos entrarían en Bengasi el 18 de noviembre. Seis días más tarde, los barcos italianos hacen estallar el depósito de municiones de Hamidié. El 4 de diciembre tomaron Ain Zara y el 19 de enero Gargaresch, que fortifican. El 2 de marzo se produjo la batalla de las Palmeras en la que los árabes tuvieron grandes pérdidas. Y ese mismo mes consiguen que el ferrocarril llegara al oasis de Ain Zara, de gran importancia estratégica por estar comunicado con Trípoli y con una línea de retirada otomana. En abril llegaron a Macabez y Forusa y cortaban los suministros otomanos. Mientras, en una maniobra de distracción, el general Ameglio desembarcó en Rodas el 4 de mayo.


Pronto se hizo evidente que el ejército otomano no era capaz de hacer frente a la fuerza de invasión italiana, que no solo era numéricamente mucho más fuerte, sino que también tenía acceso a carros de combate e incluso aviones con los que bombardearon sin piedad las posiciones turcas. Apenas tres semanas después, Trípoli y Bengasi cayeron en manos italianas y, a principios de noviembre de 1911, el primer ministro italiano declaró la zona anexionada. Sin embargo, los turcos no tenían la intención de ceder parte de su imperio y, con la ayuda de las tribus beduinas locales, iniciaron una guerra de guerrillas. Por un momento se desató un infierno para las tropas de Caneva, pero cuando un poco más tarde Grecia, Bulgaria, Serbia y Montenegro declararon la guerra al Imperio Otomano, la disputa se resolvió rápidamente y los turcos se vieron obligados a replegarse para responder a la amenaza en los Balcanes.

En octubre de 1912, el sultán turco Mehmed V (1844-1918) firmó un tratado de paz en Ouchy, Suiza, cerca de Lausana, en el que renunció a las reclamaciones sobre Tripolitania, Cirenaica y Fezzan y transfirió su soberanía a Italia, junto a la de Rodas y las otras islas de el Dodecaneso. Fue el fin de la guerra italo-turca.

La retirada de los turcos del territorio facilitó la expansión italiana hacia el sur, pero el estallido de la Gran Guerra forzó el regreso de las tropas a Europa, con lo que no pudieron afianzar su dominio. Esto facilitó una revuelta en la Tripolitana que obligó al repliegue del ejército colonial italiano hasta la capital. Finalmente los ejércitos italianos que permanecían en África se refugiaron en Túnez (posesión francesa).





LAS GUERRAS BALCANICAS

Las Guerras Balcánicas, o guerras de los Balcanes, se refieren a una serie de dos conflictos que tuvieron lugar en los estados balcánicos en 1912 y 1913. En la Primera Guerra de los Balcanes, los cuatro estados balcánicos de Grecia, Serbia, Montenegro y Bulgaria declararon la guerra al Imperio Otomano y lo derrotaron, despojando así a los otomanos de sus provincias europeas, dejando solo Tracia Oriental bajo el control del Imperio Otomano. En la Segunda Guerra de los Balcanes, Bulgaria luchó contra los otros cuatro combatientes originales de la primera guerra. También enfrentó un ataque desde Rumanía desde el norte. Además, Italia también se involucró en el conflicto con el objetivo de obtener territorios en Albania y el Imperio Otomano. El Tratado de Bucarest puso fin a las guerras, pero dejó la zona en un equilibrio inestable, debido al deseo de los derrotados búlgaros de tomarse la revancha en cuanto surgiese la oportunidad. El Imperio Otomano perdió la mayor parte de su territorio en Europa. Aunque no participó como combatiente, Austria-Hungría se debilitó relativamente a medida que una Serbia mucho más ampliada impulsaba la unión de los pueblos eslavos del sur.  La guerra preparó el terreno para la crisis balcánica de 1914 y, por tanto, sirvió como 'preludio a la Primera Guerra Mundial'.

El declive del Imperio Otomano a finales del siglo XIX y principios del XX creó un vacío de poder en los Balcanes, un espacio donde las ambiciones de varios estados nacionales emergentes chocaron. Durante siglos, el Imperio Otomano había gobernado sobre una población diversa, incluyendo cristianos ortodoxos, musulmanes y búlgaros, lo que generó tensiones y aspiraciones de independencia. El movimiento de ideas nacionalistas, influenciado por el Romanticismo y el Positivismo, se extendió rápidamente por los Balcanes, alimentando el deseo de crear estados-nación independientes basados en la lengua, la cultura y la historia compartidas. Figuras como Aleksander I Karađorđević en Serbia y Petar Njegos en Montenegro lideraron movimientos nacionalistas que buscaban la liberación de los territorios bajo el dominio otomano. El Congreso de Berlín de 1878, convocado por las potencias europeas, intentó, aunque con éxito limitado, establecer un marco para la autonomía de los estados balcánicos, pero no logró resolver las profundas divisiones étnicas y territoriales de la región.

En 1912, los estados balcánicos – Serbia, Montenegro, Grecia y Bulgaria – formaron la Liga Balcánica con el fin de luchar contra el dominio otomano. Esta alianza se creó con diversos intereses, pero un objetivo común: establecer la independencia de los territorios aún bajo el control otomano y reorganizar la región a favor de las naciones balcánicas. La cooperación entre estados balcánicos fue un aspecto crucial en este proceso.

La Primera Guerra de los Balcanes (1912-1913)

El conflicto inicial comenzó con la declaración de guerra de Montenegro al Imperio Otomano el 8 de octubre de 1912, seguida por Serbia, Bulgaria y Grecia poco después, marcando un esfuerzo coordinado para expulsar a las fuerzas otomanas de Europa. El 18 de octubre de 1912, Italia declaró formalmente la guerra al Imperio Otomano como parte de las Guerras Balcánicas. La participación de Italia en las Guerras de los Balcanes añadió otra capa de complejidad al conflicto. Como aliado estratégico de Austria-Hungría, Italia tenía como objetivo frenar la expansión serbia mientras perseguía simultáneamente sus propias ambiciones territoriales en la región del Adriático.


La Primera Guerra de los Balcanes resultó en rápidas victorias militares para la Liga de los Balcanes, alterando significativamente la dinámica del poder regional y disminuyendo el control otomano sobre sus territorios europeos. La guerra se libró en varios frentes, con batallas tanto en tierra como en mar. Las operaciones contra los otomanos se desarrollaron sin grandes problemas: los ejércitos coaligados contaban con setecientos mil hombres frente a los trescientos veinte mil otomanos, y la flota griega bloqueaba la península, impidiendo la llegada de refuerzos otomanos. Los países balcánicos lograron importantes avances territoriales y consiguieron importantes victorias en la guerra. Estos avances se llevaron a cabo mediante diversas estrategias militares y tuvieron importantes consecuencias tanto para los países participantes como para la región en su conjunto.

Entre octubre y diciembre, los coaligados expulsaron al enemigo de casi todo el territorio europeo en litigio. Sin embargo, el conflicto también tuvo consecuencias devastadoras, con un alto costo en vidas humanas y una gran destrucción en la región.

Las grandes potencias intervinieron entonces para decidir la asignación de territorios mediante la imposición en mayo del Tratado de Londres, que asignaba Edirne a Bulgaria, Creta a Grecia y creó Albania gracias a la insistencia de Italia y Austria-Hungría, que no deseaban que Serbia contase con salida al Adriático. La victoria no había resuelto el problema del reparto de territorios entre los coaligados balcánicos.

La Segunda Guerra de los Balcanes (1913):

La Segunda Guerra de los Balcanes, iniciada en junio de 1913, fue una consecuencia directa de la ambición expansionista de Bulgaria, que buscaba unificar a todos los búlgaros en un solo estado. Bulgaria declaró la guerra a Serbia, Montenegro y Grecia, buscando expandir su territorio hacia el norte y el este. La guerra se caracterizó por una ofensiva masiva de Bulgaria que rápidamente logró capturar importantes ciudades en Serbia y Montenegro. Sin embargo, la intervención de Rumania, que declaró la guerra a Bulgaria en agosto de 1913, cambió el curso de la guerra. Rumania lanzó una ofensiva exitosa contra Bulgaria, capturando gran parte de su territorio y obligando a Bulgaria a retirarse de la guerra.


La derrota de Bulgaria en la Segunda Guerra de los Balcanes marcó el fin de la guerra y condujo a la firma del Tratado de Bucarest, que redefinió las fronteras de los estados balcánicos y consolidó el nuevo orden político de la región. Este conflicto refleja la fragilidad de las alianzas en la región. El conflicto resultó en la desintegración de la parte europea del Imperio Otomano, que perdió la mayor parte de sus territorios y se convirtió en un estado virtual. Además, la guerra alteró el equilibrio político de los Balcanes, creando nuevas tensiones y rivalidades entre los estados balcánicos.

Las Guerras de los Balcanes de 1912-1913 marcaron un punto de inflexión significativo en la historia del sudeste de Europa, sirviendo como precursor de los conflictos más grandes de la Primera Guerra Mundial. El Imperio Otomano, a menudo conocido como «el hombre enfermo de Europa», había estado en un estado de declive durante gran parte del siglo XIX, lo que llevó a un aumento de los sentimientos nacionalistas entre sus poblaciones sujetas en los Balcanes. La expulsión de los turcos de Europa parecía inevitable, aunque el momento y los medios de esta transición seguían siendo inciertos.




LA REVOLUCIÓN MEXICANA

La Revolución Mexicana, que se inició en 1910 y se prolongó hasta 1920, fue un movimiento de gran impacto social y político que buscó poner fin a la dictadura de Porfirio Díaz. Este conflicto armado se originó como respuesta a profundas desigualdades sociales, políticas y económicas que habían caracterizado el país durante el porfiriato. La Revolución mexicana, un conflicto armado en el que a finales de 1910 se vieron envueltos los actuales Estados Unidos Mexicanos, fue un movimiento revolucionario iniciado por Francisco Madero tras proclamar desde San Antonio (Texas, Estados Unidos) el Plan de San Luis. Con dicho manifiesto se hizo un llamado a tomar las armas contra la dictadura de Porfirio Díaz, quien, al momento de estallar la revolución, había mantenido sometidos a los mexicanos por más de 30 años a través de un régimen dictatorial. La Revolución Mexicana fue un levantamiento armado contra la dictadura del presidente Porfirio Díaz. Después de su derrota, el destino del país quedó en manos de los líderes revolucionarios que se disputaban el gobierno de la nación.

Durante el gobierno de Porfirio Díaz, que duró más de treinta años, el país experimentó un periodo de estabilidad política y crecimiento económico. Sin embargo, este crecimiento se realizó a expensas de la justicia social. La concentración de la riqueza en manos de unos pocos y la marginación de las masas resultaron en un clima de descontento generalizado. La era del Porfiriato, caracterizada por un gobierno autoritario y la represión de la oposición, creó un ambiente propicio para el surgimiento de movimientos de protesta. Díaz implementó políticas económicas favorables a los inversionistas extranjeros y a los terratenientes, pero estas políticas dejaron a gran parte de la población en condiciones de pobreza extrema. Así, a medida que se consolidaba el progreso económico, se incrementaba la desigualdad, lo que llevó a diversas clases sociales a unirse en contra del régimen.


Porfirio Díaz, general, dictador y estadista mexicano, fue presidente de los Estados Unidos Mexicanos en dos periodos de 1876 a 1880 y de 1884 a 1911. Tras la muerte de Juárez, la presidencia recayó en Sebastián Lerdo de Tejada. Cuando en 1876 Lerdo de Tejada anunció su propósito de presentarse a la reelección, Porfirio Díaz se rebeló (Plan de Tuxtepec); y consiguió expulsar a Lerdo de Tejada y accedió a la presidencia. Un año después, en 1877, el Congreso lo declaró presidente constitucional. En 1880 dejó la presidencia en manos de su aliado Manuel González, quien gobernó hasta 1884. Durante el gobierno de González fue ministro de Fomento y gobernador de Oaxaca. Finalizado el mandato de González, se presentó de nuevo su candidatura a la presidencia (la constitución sólo vetaba las reelecciones consecutivas) y salió elegido. En 1890 promulgó una nueva reforma al artículo 78 de la Constitución, para hacer posible la reelección indefinida, lo que le permitió permanecer en el poder hasta 1911. Durante más de tres décadas, 

Porfirio Díaz gobernó México con mano de hierro bajo el lema de «poca política y mucha administración». Su régimen, conocido como el Porfiriato, trajo crecimiento económico y desarrollo de infraestructura, pero a un costo humano terrible. La riqueza se concentraba en unas cuantas manos —principalmente extranjeras— mientras millones de campesinos y obreros vivían en condiciones de miseria (el 90% de la población se encontraba en la miseria). Además, no existía libertad política: Díaz imponía gobernadores, alcaldes y líderes en todos los niveles, negando al pueblo el derecho básico de elegir a sus representantes.​ Creció el descontento por la miseria en que vivía la mayor parte de la población, y amplios sectores sociales tomaron conciencia de que Díaz llevaba demasiado tiempo en el poder. Cada vez fue más difícil mantener el orden: en los últimos años del Porfiriato reinó un clima de represión en el que la fuerza de las armas se utilizaba con violencia creciente.


Bajo el lema de “baja política y mucha administración”, la dictadura porfirista pensaba que lo único que importaba era el progreso material, en base al capital extranjero, ignorando la existencia de la masa trabajadora. Los capitales extranjeros llegaron a ser dueños o administradores de los ferrocarriles; controlaban las ricas minas de plata de San Luis de Potosí, los productos del suelo y del mar y la riqueza forestal y frutícola. La pirámide social mexicana estaba conformada por diversas clases sociales, entre las cuales había una marcada diferencia. En los rangos más altos estaban los grandes latifundistas, los caudillos políticos, los miembros del alto clero y los empresarios extranjeros y nacionales. Seguían los pequeños burgueses y en la base, se encontraban los campesinos y obreros, que vendían en condiciones infrahumanas. Los trabajadores ganaban miserables salarios de 25 centavos diarios, iguales que a fines de la colonia, no obstante que los precios de los artículos que consumían se habían elevado al triple. No existía una legislación que protegiera a los obreros y campesinos.

El ideal para los jóvenes era desplazar la dictadura porfiriana de 30 años. Los obreros soñaban con una legislación que les ofreciera un mínimo de protección contra el abuso de los poderosos. Los campesinos querían tierras. Si hubiera tenido una ideología bien definida pudo ser de igual trascendencia que la Revolución Francesa o Rusa y servir de pauta para la liberación de muchos pueblos que en el resto del vasto continente se encontraban en similar estado.


Francisco I. Madero decidió salir al frente, para contener las ambiciones del dictador. Madero era un terrateniente de Coahuila, de espíritu progresista. Organizo el partido Antireelecionista y, en la convención de Eliseo, de la ciudad de México, se aprobó su candidatura a la presidencia de la republica, para competir con el general Díaz. Ya candidato, inicio una triunfal gira política; fue arrestado en Monterrey, acusado de “conato de rebelión y ultraje a las autoridades”. De este modo, en las elecciones del 26 de junio, 1910 se hizo elegir a Porfirio Díaz, por sétima vez. Tras ser liberado Madero lanzo el plan de San Luís de Potosí donde declaraba nulas las elecciones, desconocía el gobierno del General Díaz.

La Revolución mexicana comenzó el 20 de noviembre de 1910, cuando un movimiento revolucionario encabezado por Francisco Madero se levantó en armas contra la dictadura de Porfirio Diaz, iniciando dicho conflicto armado en el norte del país mexicano y, posteriormente, extendiéndose por gran parte de México. Esa noche, miles de mexicanos atendieron el llamado a las armas convocado por Madero en el Plan de San Luis, iniciando un levantamiento contra la dictadura de Porfirio Díaz que se había prolongado por treinta y cuatro años. Lo respaldaban en este movimiento, los caudillos Pancho Villa, el “Centauro del Norte” en nombre de los aldeanos; y Emiliano Zapata, en representación de los campesinos y otros lideres populares.


Díaz, mientras tanto, se disponía a defender su puesto. Sin embargo, convencido de que su poder se desmoronaba inevitablemente y contemplando que todo el pueblo estaba levantado en armas, se resigno a dimitir el mando, el 25 de mayo de 1911, firmando un pacto con Madero en la ciudad de Juárez. Luego salio furtivamente y se embarco en un tren a Veracruz y, posteriormente, viajo a Europa, muriendo en Paris, en 1915.

La verdad es que nadie imaginaba que esa insurrección se convertiría en una guerra que duraría años y transformaría radicalmente las estructuras políticas y sociales de México. El hecho es que lo que comenzó como una lucha contra la perpetuación de Díaz en el poder se transformó en una guerra civil entre distintas facciones revolucionarias que, aunque compartían la idea de un cambio político y social, defendían intereses completamente diferentes.

Madero ganó las elecciones de 1911, era la oportunidad de hacer realidad los anhelos de la patria, sin embargo, la Revolución Mexicana estaba lejos de terminar. Díaz ya no estaba más en el poder, era la oportunidad para que el gobierno de Madero devolviera al pueblo lo que le pertenecía y que la justicia llegara a quienes la merecían. Pero Madero no reconocía la lucha de algunos, como las fuerzas lideradas por Emiliano Zapata, quien reclamaba las tierras robadas por los hacendados y exigía derechos laborales para los campesinos.

Ante la negligencia del gobierno, Emiliano Zapata proclamó el Plan de Ayala el 25 de noviembre de 1911, donde señaló a Francisco I. Madero como traidor a las causas campesinas y llamó a levantarse en armas para recuperar las tierras el pueblo mexicano con ayuda de Pascual Orozco, quien apoyó a Zapata desde el norte.


El 9 de febrero de 1913 el general Manuel Mondragón se levantó en armas con un grupo de militares opositores en la Ciudad de México. El general Lauro Villar, encargado de la defensa del Palacio Nacional, logró repeler el asalto. pero fue herido. Madero nombró en su lugar al general Victoriano Huerta, quien era simpatizante porfirista y tramaba un golpe de estado junto con los opositores. Huerta firmó un documento junto a Félix Díaz conocido como el Pacto de la Embajada, en el cual las fuerzas opositoras acordaban unirse contra el presidente Madero para desconocerlo y destituirlo, poniendo a Victoriano Huerta en el poder.

El mandato de Madero culminó el 19 de febrero de 1913 a raíz de un golpe de Estado encabezado por Victoriano Huerta. La primera medida tomada por Huerta en su cargo fue ordenar la ejecución de Madero y José María Pino Suárez, el entonces vicepresidente. La ejecución se llevó a cabo el 22 de febrero de 1913 frente al Palacio de Lecumberri en la Ciudad de México, donde estaban siendo escoltados en calidad de detenidos y fueron acribillados por su propia escolta.

Victoriano Huerta llegó al poder como dictador apoyado por hacendados, gobernadores e incluso la iglesia, imponiendo la fuerza militar sobre la libertad que se había prometido al país. Se levantaron grupos armados en Coahuila bajo el mando de José María Maytorena y Venustiano Carranza en Sonora. En Chihuahua también se levantaron en armas, aunque con un bandolero como líder: el mítico Pancho Villa. La rebelión en el norte dio a luz a una nueva alianza, el Ejército Constitucionalista. Su líder era el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza. Villa se posicionó como líder de este movimiento en Chihuahua con la División del Norte como fuerzas armadas. En el sur, el ejército zapatista cobraba fuerza. Conforme la oposición a Huerta avanzaba hacia la Ciudad de México, crecieron las diferencias entre los villistas y carrancistas. Villa se quedaría en el norte y Carranza llevaría al Ejército Constitucionalista a tomar la presidencia. A mediados de 1914, Huerta fue derrocado. Carranza se instaló como Presidente de México.


El gobierno de Carranza se trasladó temporalmente a Veracruz y los convencionistas tomaron la Ciudad de México. Villistas y Zapatistas se rebelarían contra el gobierno de Carranza formando la facción convencionista, pues seguía sin ser una fuerza política con voluntad y capacidad de cumplir sus demandas. La Revolución Mexicana continúa.

Poco después, los EE.UU. y varias potencias europeas, ya entrada la Gran Guerra, reconocieron el gobierno de Carranza como legítimo. Las fuerzas de Villa, replegadas en el norte, atacaron en venganza el poblado de Columbus, Nuevo México, en 1916. Esto llevó a los norteamericanos a incursionar en territorio mexicano para buscar a Villa. A este suceso se le conoce como la Expedición Punitiva, que duró alrededor de un año sin lograr capturar al líder revolucionario.


Carranza llamó a un congreso constituyente que derivó en la Constitución de 1917, promulgada el 5 de febrero de ese año. En el congreso participaron delegados cercanos a la facción conservadora de Carranza. Eran mayoría los que creían en la reforma agraria, aunque los zapatistas habían sido vetados del proceso. En diciembre de 1917 Carranza tomaría posesión como presidente bajo la nueva constitución, pero los movimientos armados revolucionarios seguían presentes. Pronto habría elecciones y el general Álvaro Obregón se postuló como opositor al candidato de Carranza. El presidente inició una campaña de desprestigio contra Obregón, a quien consideraba demasiado radical, por lo que intentó arrestarlo.

El carrancista Ignacio Bonillas resultó ganador en las elecciones presidenciales de 1920. Obregón, quien gozaba de gran popularidad, se levantó en armas con la promulgación del Plan de Agua Prieta. La rebelión triunfó y Carranza fue asesinado el 21 de mayo de 1920.  Se instaló a Adolfo de la Huerta como presidente provisional y se dieron nuevas elecciones. Obregón resultó vencedor.

Se inició un gobierno posrevolucionario más o menos estable bajo una nueva constitución. Emiliano Zapata había sido asesinado un año antes, el 10 de abril de 1919. Sus seguidores desistieron o se aliaron con Obregón. Francisco Villa, cansado y envejeciendo, optó por firmar un armisticio con Adolfo de la Huerta. Huerta le otorgó tierras y una pensión vitalicia. Lo que quedaba de su ejército se fue a vivir con él. De cualquier forma, el mítico Pancho Villa fue asesinado el 20 de julio de 1923 en Parral, Chihuahua.

En 1928, en plena Guerra Cristera, Obregón se presentó de nuevo como candidato a la presidencia tras una reforma constitucional realizada el año anterior. Fue elegido nuevamente, pero en medio de una gran crisis política e incertidumbre. Fue asesinado por el cristero José de León Toral, el 17 de julio, en el restaurante "La Bombilla", de la Ciudad de México.




LA GUERRA CRISTERA

En la historia de México, se conoce como la Guerra Cristera (de Cristo, el ícono católico), también llamada rebelión cristera, guerra de los cristeros o Cristiada, a un conflicto armado que tuvo lugar entre 1926 y 1929. Enfrentó al gobierno y al ejército mexicano contra las milicias católicas que rechazaban las recientes medidas liberales del presidente Plutarco Elías Calles (1877-1945), principalmente la Ley Calles, que imponía restricciones a la influencia de la Iglesia católica. Este conflicto se insertó en las numerosas tensiones posrevolucionarias (es decir, posteriores a la Revolución mexicana) entre los sectores conservadores, de filiación religiosa, y los sectores liberales, generalmente anticlericales, de la sociedad mexicana. Representando la penúltima conflagración bélica librada dentro del territorio nacional mexicano, la Guerra Cristera alteró de forma radical el tejido social, la vida pública y la libertad de culto de la nación.


Nacido del enfrentamiento entre el poder civil y la feligresía religiosa tras la consolidación del Estado posterior a la Revolución Mexicana, el conflicto conocido como la Guerra Cristera constituyó una sangrienta guerra civil en México desarrollada entre el 3 de agosto de 1926 y el 21 de junio de 1929.

Esta contienda bélica involucró a un amplio conjunto de grupos sociales, desatándose como consecuencia de la escalada de violencia entre la feligresía católica, incluida la Iglesia misma, y el Estado revolucionario, liderado entonces por el presidente Plutarco Elías Calles. La Guerra Cristera se extendió desde el 29 de agosto de 1926, con el inicio de acciones militares por parte de los líderes cristeros Pedro Quintanar y Aurelio Acevedo, hasta 1929, con el establecimiento de las relaciones nicodémicas entre el Estado y la Iglesia católica.

La Iglesia Católica, que había sido un pilar fundamental de la sociedad mexicana durante siglos desde la Colonia y la Independencia, se encontró en una posición incómoda, dividida entre el apoyo a algunos revolucionarios y la oposición a otros. Las profundas raíces normativas del choque se remontaban a las disposiciones laicas fijadas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, las cuales heredaron el marco liberal del siglo XIX y de las Leyes de Reforma. La cuestión Iglesia-Estado provocó agrios enfrentamientos durante el siglo XIX en México, fundamentalmente a partir del proceso de consolidación estatal bajo auspicios liberales. Generalmente, se señala al Porfiriato como un periodo de relativa convivencia pacífica entre el Estado y la Iglesia. En contraste con los años dorados del Porfiriato, la Revolución mexicana supuso una ruptura de las relaciones entre la Iglesia y el incipiente Estado revolucionario, quienes condenaron el apoyo de la Iglesia al régimen de Victoriano Huerta.

El sentimiento de indignación hacia a la Iglesia por parte de los constitucionalistas iría creciendo hasta el punto de materializarse en forma de políticas anticlericales y, después, hasta plasmarse en la mismísima Constitución mexicana de 1917, caracterizada por su carácter anticlerical explícito.

La Constitución mexicana de 1917, de carácter profundamente masónico y anticlerical, privó a la Iglesia católica de personalidad jurídica a la par que nacionalizaba los lugares de culto, secularizaba la educación, prohibía las ordenes monásticas y vetaba a los sacerdotes del uso de hábitos. Estas medidas no serían puestas en práctica sino hasta 1924, año en el que el Plutarco Elías Calles llegó al poder. El nuevo jefe de Estado mexicano era abiertamente socialista, ateo, masón y anticlerical, por lo que no tuvo reparo alguno en designar públicamente a la Iglesia católica como un enemigo del Estado.

La severa aplicación de preceptos constitucionales como el Artículo 3°, el Artículo 5°, el Artículo 24, el Artículo 27 y, de manera primordial, el Artículo 130 despojó de personalidad jurídica a las instituciones religiosas y limitó drásticamente los derechos políticos de los sacerdotes. La escalada de violencia provocada por las operaciones militares del Ejército Mexicano, la resistencia de las brigadas insurgentes y las medidas de reconcentración forzada se tradujo en una tragedia humanitaria que cobró un saldo estimado de hasta 250 mil muertos entre civiles, milicianos cristeros y efectivos federales.

Las tensiones sociales aumentaron de forma alarmante el 14 de noviembre de 1920, fecha en que tuvo lugar un perpetrado atentado con bomba en la Antigua Basílica de Guadalupe. La tentativa de destrucción de la sagrada imagen de la Virgen de Guadalupe indignó profundamente a la feligresía de México, sembrando un motivo de insurrección armada que maduró paulatinamente durante los mandatos de Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.Tras la llegada del presidente Plutarco Elías Calles al Poder Ejecutivo, la presión gubernamental se endureció significativamente.

El detonante definitivo de la conflagración militar fue la promulgación de la Ley de Reformas al Código Penal, popularmente bautizada como la Ley Calles, expedida en 1926 por el presidente Plutarco Elías Calles. Dicho cuerpo normativo buscó proveer a las autoridades de herramientas jurídicas drásticas para aplicar de forma expedita las restricciones del Artículo 130 constitucional y suprimir toda participación de las instituciones religiosas en la vida pública nacional. El resultado fue la proclamación de la llamada Ley Calles, que regulaba el número de sacerdotes en cada templo, prohibía que hubiera sacerdotes extranjeros y prohibía a la Iglesia participar en la política. Igualmente, la ley reforzaba el artículo constitucional que declaraba que la educación debía ser laica y en manos del Estado.

En respuesta a la legislación coercitiva, la comunidad católica articuló vías de protesta pacífica mediante la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa. Se reunieron casi dos millones de firmas para someter una iniciativa de reforma constitucional ante el Congreso de la Unión, pero la petición fue tajantemente desestimada. La Ley Calles provocó una rápida respuesta del Vaticano. La primera medida fue convocar un boicot que paralizó todas las actividades religiosas en el país. Después, se produjeron varias manifestaciones que reclamaban la derogación de la ley. El presidente se reafirmó en su decisión.

La Ley Calles provocó que muchos grupos de católicos se levantaran en armas. Las insurrecciones se sucedieron en varios estados y el gobierno respondió enviando al ejército. Ante la represión gubernamental, los católicos comenzaron a organizarse en milicias armadas, conocidas como “cristeros”, para defender sus derechos y proteger a sus comunidades. Estas milicias, compuestas principalmente por campesinos, obreros y miembros del clero, recibieron entrenamiento y armamento de forma clandestina, gracias al apoyo de algunos sectores del ejército y de organizaciones religiosas.

Tras no lograr su objetivo, la Iglesia apoyó un boicot económico contra el gobierno, que comenzó el 14 de julio de 1926 en algunos estados como Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas o Guanajuato, donde tuvo mucha repercusión. Así, los católicos de estos estados dejaron de acudir a teatros y cines, además de no usar el transporte público. Incluso algunos profesores abandonaron sus puestos. El boicot, no obstante, fracasó en octubre de ese mismo año. A pesar del apoyo de muchos católicos, los más ricos no quisieron continuar, ya que perdían dinero. Por su parte, el gobierno respondió cerrando más iglesias y rechazando la propuesta de modificación de la Constitución presentada al Congreso por el episcopado el 22 de septiembre.


El fracaso de estas acciones pacíficas provocó la radicalización de grupos de católicos, especialmente notable en Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco, Nayarit, Michoacán y Colonia, así como en zonas de Ciudad de México y Yucatán. Los dirigentes de estos grupos radicalizados mantenían la autonomía respecto a los obispos, aunque la cercanía era evidente. En enero de 1927, comenzaron a acumular armas y las primeras guerrillas, casi todas compuestas por campesinos, estuvieron listas para actuar. El lema principal de los cristeros era ¡Viva Cristo Rey!. Obispos, como Ignacio María González de Veracruz y Manuel María Rabelo de Michoacán, también desempeñaron un papel importante en la organización y el liderazgo de los cristeros. Las estrategias de lucha de los cristeros se basaron en la guerra de guerrillas, aprovechando el conocimiento del terreno, la ayuda de la población local y la capacidad de sorpresa. Los cristeros también contaron con el apoyo de algunos sacerdotes que, a pesar de la represión, continuaron brindando asistencia a los combatientes y a la población civil. La guerra se caracterizó por la falta de reglas y la brutalidad de ambos bandos.

A principios de 1927, Jalisco era el principal foco de los católicos armados. Su líder era René Capistrán Garza, quien también encabezaba la Asociación Mexicana de la Juventud Católica. Un manifiesto publicado en Año Nuevo y titulado A la Nación se convirtió en la llamada a la insurrección. En ese texto, Garza afirmaba que había llegado la hora de la batalla y de la victoria de Dios. Sus partidarios se trasladaron a la zona noreste de Guadalajara, donde ocuparon pequeñas localidades. Pronto, estas rebeliones se extendieron por Jalisco, Guanajuato, Zacatecas y Michoacán, sucediéndose luego en casi todo el centro del país. A pesar de ocupar algunas aldeas, el ejército solía recuperar el control en poco tiempo. El conflicto, por lo tanto, nunca pareció decantarse a favor de ningún bando.

La gran mayoría de las acciones armadas se desarrollaron en zonas rurales del país, a pesar de que los dirigentes de los rebeldes procedían de las ciudades. Algunos cálculos señalan que, para 1927, los cristeros sumaban 12.000 efectivos, cifra que aumentó hasta 20.000 dos años después. Salvo excepciones, los obispos se distanciaron de la lucha armada e intentaron establecer negociaciones con el gobierno y la mediación de Estados Unidos. Mientras, los levantamientos continuaban. El 23 de febrero de 1927, en San Francisco del Rincón (Guanajuato), se produjo la primera victoria cristera en un enfrentamiento directo contra el ejército. No obstante, el intento cristero de robar el dinero transportado en un tren en abril de ese año casi acaba con la insurrección. El asalto al tren, encabezado por el padre Vega, desembocó en un tiroteo en el que falleció el hermano de Vega. Este ordenó quemar los carruajes y 51 civiles fallecieron por las llamas. La opinión pública, una vez conocida la noticia, comenzó a ponerse en contra de los cristeros. Para el verano, la rebelión estaba casi finalizada.


Las elecciones de 1928 tenían como candidato favorito a Álvaro Obregón. Este, al contrario que Calles, estaba dispuesto a acabar con el conflicto y pretendía llegar a un acuerdo. Sin embargo, un atentado cometido por José de León Toral, un activista católico, acabó con la vida de Obregón

Durante 1928 y 1929 los cristeros volvieron a recobrar la iniciativa. En parte, esto se vio favorecido por una revuelta del ejército en Veracruz, que obligó al gobierno a dedicar sus esfuerzos a reprimirla. Las tropas cristeras aprovecharon para atacar Guadalajara, pero fueron derrotados. Más adelante, lograron tomar Morelos Tepatitlán, aunque sufrieron la baja del padre Vega. Cuando el gobierno sofocó la revuelta militar de Veracruz, pudo centrarse en acabar con las tropas cristeras. Estos, capitaneados por Victoriano Ramírez “el Catorce”, intentaron resistir, pero surgieron enfrentamientos internos. La captura de “el Catorce” y su posterior ejecución dejó a su bando sin un líder claro.


José Sánchez del Río fue un joven mártir, formaba parte de las milicias cristeras pero no era combatiente, y fue detenido, torturado y asesinado a sangre fría, en un ritual elaborado, invitándole explícitamente a rechazar la fe. No fue una víctima de guerra, sino de persecución religiosa por parte del poder político. Fue beatificado el 20 de noviembre de 2005 por el Papa Benedicto XVI y canonizado como santo de la Iglesia universal, el 16 de octubre de 2016 por el Papa Francisco. 

La guerra llegó a su fin en 1929, tras las negociaciones mediadas por Estados Unidos y la Santa Sede. Estas negociaciones resultaron en la firma de acuerdos que otorgaron a la Iglesia la devolución de propiedades, una amnistía general para los cristeros que se rindieron y el reconocimiento del derecho a la educación religiosa.

La Guerra Cristera tuvo consecuencias devastadoras para México. Se estima que murieron entre 250,000 y 300,000 personas, incluyendo combatientes y civiles. Además de las víctimas mortales, miles de personas fueron encarceladas, torturadas o desplazadas de sus hogares. La guerra dejó un profundo trauma en la sociedad mexicana, exacerbando las tensiones religiosas y sociales.





LA REVOLUCIÓN RUSA DE 1917

La Revolución rusa fue un proceso revolucionario que atravesó Rusia entre 1917 y 1923, que consistió en todos los sucesos que condujeron al derrocamiento del régimen zarista imperial durante la Revolución de Febrero, la posterior instauración de un Gobierno Provisional, entre febrero y octubre de 1917, que proclamó la República Rusa, y la disolución de la República Rusa tras la Revolución de Octubre que proclamó la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. La Revolución rusa fue un acontecimiento decisivo en la historia del siglo XX, pues instauró el primer Estado socialista de la historia. Despertó grandes simpatías en muchos sectores progresistas y revolucionarios del mundo, así como miedos y antagonismos en gobiernos conservadores, sectores burgueses y en grupos socialistas que rechazaban el autoritarismo del gobierno bolchevique. Con esta revolución, el comunismo tuvo su primer triunfo en la historia y logró consolidarse como modo de producción alternativo al capitalismo durante la mayor parte del siglo XX.


La Rusia comunista recibió el nombre de República Socialista Federativa Soviética de Rusia y, desde 1922, se convirtió en el centro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La Unión Soviética, nacida de la Revolución rusa, fue una de las dos superpotencias que protagonizaron la Guerra Fría hasta su caída en 1991.

La Revolución rusa tuvo dos momentos con sus características particulares:

Revolución de Febrero. Se produjo en marzo de 1917 (febrero según el calendario juliano que se usaba en Rusia en esa época). Puso fin al reinado del zar Nicolás II y llevó a la conformación de un gobierno provisional integrado por liberales, socialistas y otros sectores políticos.

Revolución de Octubre. Ocurrió en noviembre de 1917 (octubre según el calendario juliano). Fue un golpe de Estado con el que los bolcheviques, liderados por Vladimir Lenin, derrocaron al gobierno provisional e instauraron un gobierno socialista de tipo soviético, cuya principal institución fue el Sovnarkom o Consejo de Comisarios del Pueblo.

Las raíces del descontento ruso eran muy profundas. Bajo el zar Nicolás II, en el trono desde 1894, hubo hambrunas en el campo y se agravó la explotación y la miseria en las ciudades a causa de la incipiente industrialización. La revolución de 1905, desencadenada tras la sangrienta represión de una manifestación en San Petersburgo, fue seguida por una cierta liberalización política, con la introducción de un parlamento o Duma, una Constitución y partidos políticos.

Una década después, la conflictividad había aumentado y las tensiones sociales y económicas se magnificaron con la entrada de Rusia en la Gran Guerra, en 1914. Petrogrado, próxima a la frontera alemana, era un hervidero de soldados y de trabajadores hambrientos que soportaban sus padecimientos junto a lujosos palacios. A principios de 1917, la ciudad, agotada por la guerra y la escasez de alimentos, era un polvorín; la ira y la desesperación se dirigían contra quienes ostentaban el poder.

La Revolución fue una directa consecuencia de la participación rusa en la Primera Guerra Mundial desde 1914, aunada a la ineficiencia y la corrupción gubernamental. Las pérdidas rusas en la guerra fueron pasmosas desde el principio; los rusos sufrieron casi 4 millones de bajas en combate solo durante el primer año de la guerra. Los ejércitos rusos, que se encontraban pobremente liderados y abastecidos, sufrieron pérdidas catastróficas frente a los ejércitos alemanes, lo que produjo numerosos motines entre las tropas rusas a partir de 1916. La crisis económica causada por la guerra hizo inevitable la Revolución, que inicialmente estimuló la esperanza de quienes buscaban poner fin a la explotación de los trabajadores y campesinos, pero pronto, el gobierno imperial sería sustituido por la igualmente salvaje y corrupta dictadura Bolchevique.

Inicialmente, la revolución estuvo integrada por diferentes sectores de la sociedad rusa que se oponían al régimen zarista: la élite intelectual liberal, las clases medias profesionales, los sectores obreros y el campesinado, que constituía la mayoría de la población. Sin embargo, las facciones menchevique y bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), cuyo poder se basaba en el sector obrero, terminaron liderando la revolución. Entre febrero y octubre de 1917, la revolución atravesó un breve período democrático, con el poder organizado desde el Gobierno Provisional, el Parlamento y, en la práctica, el Soviet de Petrogrado. En octubre, la facción bolchevique liderada por Lenin tomó el poder del Gobierno Provisional y de manera inmediata tomó medidas que apuntaban a instalar una “dictadura del proletariado” para construir una sociedad comunista.

Diferentes sectores se unieron en oposición a los bolcheviques: anticomunistas, monárquicos, nacionalistas y liberales. Esta asociación contrarrevolucionaria tomó el nombre de Movimiento Blanco y conformó un ejército que luchó contra la imposición del comunismo. La guerra civil rusa duró hasta que, en 1923, el “ejército rojo” bolchevique venció finalmente a los contrarrevolucionarios y fundó, de manera definitiva, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La Revolución de Febrero

La Revolución de febrero de 1917 (en marzo de 1917 según el actual calendario gregoriano) fue una rebelión popular espontánea focalizada inicialmente en Petrogrado (actual San Petersburgo) en medio de motines militares que limitaban la capacidad gubernamental de respuesta, tras lo cual fue derrocado el zar Nicolás II, último emperador de Rusia. Los miembros de la Duma imperial (o parlamento) asumieron el control del país conformando un gobierno provisional. Ocurre un período de poder dual en Rusia, en el cual el Gobierno provisional ruso mantuvo el poder del Estado, mientras que los sóviets (o consejos obreros) a lo largo del país mantenían la lealtad de las clases bajas y la izquierda política. El Gobierno provisional eligió permanecer en la guerra, mientra que los Bolcheviques pretendían abandonarla. Numerosos motines militares y huelgas de trabajadores ocurren.

En marzo de 1917 (febrero en el antiguo calendario juliano utilizado en Rusia en esa época), se dio una serie de protestas espontáneas de la población de Petrogrado (actual San Petersburgo) que derivaron en una insurrección revolucionaria.

La miseria y la falta de alimentos en el duro invierno ruso desencadenaron una serie de huelgas espontáneas en las fábricas de Petrogrado. El 12 de marzo las tropas enviadas a reprimir las protestas se pusieron del lado de los huelguistas. En tres días, del 12 al 15 de marzo, tres acontecimientos marcaron el fin del zarismo:

La Duma o Parlamento nombró un Gobierno Provisional encargado de convocar elecciones a una Asamblea Constituyente.

En Petrogrado se constituyó el Soviet de Trabajadores y Soldados controlado por los partidos obreros (mencheviques, bolcheviques y socialistas revolucionarios).


El zar Nicolás II abdicó en favor de su hermano Miguel, quién rechazó el trono. La dinastía Romanov llegó a su fin y se proclamó la República. Se forma el gobierno provisional del príncipe Lvov y de Kerenski. Georgy Yevgenyevich de Lvov, noble aristócrata ruso, fue el primer presidente del gobierno provisional ruso establecido durante la Revolución de febrero de 1917. Aleksandr Kérenski dirigente revolucionario ruso que desempeñó un papel primordial en el derrocamiento del régimen zarista en Rusia, fue el segundo y último primer ministro del Gobierno provisional instaurado tras la Revolución de Febrero y su figura principal. Fue capaz de hacer fracasar el golpe de Kornílov, pero no pudo evitar la Revolución de Octubre en que los bolcheviques tomaron el poder.


Durante los seis meses siguientes, Rusia vivió una situación de “doble poder”: el gobierno provisional liberal burgués y los soviets de obreros y soldados compitieron por el poder. Estas dos instituciones compitieron por dominar una situación caótica marcada por la guerra, la crisis económica y el derrumbamiento de las instituciones políticas. Por un lado, el Gobierno provisional estaba controlado por los liberales moderados, con el Partido Cadete como principal apoyo. Este gobierno estableció las libertades políticas, pero decidió esperar a que una Asamblea Constituyente abordara las cuestiones de mayor importancia.  Por otro lado, por toda Rusia se conformaron soviets de obreros que se constituían como representantes del sector obrero y de los sectores más revolucionarios de la población.

Los soviets estaban liderados, en su mayoría, por los mencheviques y los bolcheviques del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata Ruso). Aunque tenían un gran apoyo popular, los mencheviques renunciaron a tomar el Gobierno Provisional, porque creían que Rusia no estaba preparada para emprender una revolución social radical.

La guerra continuaba y los desastres y privaciones que padecía el pueblo ruso fueron minando la fortaleza de las posturas más moderadas. Hacia mediados de julio, los soldados empezaron a desertar masivamente. El frente ruso se desmoronó. Al mismo tiempo los campesinos ocupaban la tierra de los terratenientes, los obreros comenzaban a tomar el control de algunas fábricas y, en medio del general desconcierto, las nacionalidades no rusas (polacos, lituanos, estonios y ucranianos) lucharon por liberarse del dominio ruso.

La Revolución de Octubre

La Revolución de octubre de 1917 (ocurrida en noviembre de 1917 según el calendario gregoriano), también conocida como «Revolución bolchevique», fue un golpe de Estado tras el cual el partido bolchevique liderado por Vladimir Lenin, en alianza con los Soviets, derrocan al Gobierno provisional y asumen el poder en Rusia, inaugurando la era soviética. Los bolcheviques entonces firman un tratado de paz con Alemania, poniendo fin a la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial. Pero pronto estallaría la Guerra civil rusa entre las facciones nacionalistas «roja» (bolchevique) y «blanca» (antibolcheviques) que continuaría hasta 1923 con la victoria de los rojos, dejando una nación exhausta y arruinada. Entre las repercusiones históricas más relevantes de la Revolución rusa se observan la creación de la Unión Soviética (URSS) en 1922, así como la proliferación del comunismo.


Tras muchas dudas entre los principales dirigentes bolcheviques, uno de ellos llamado Vladimir Illich Ullianov (conocido como Lenin) tomó la iniciativa. Su partido controlaba en ese momento el Sóviet de Petrogrado, y Trotsky, el otro gran líder bolchevique, que dirigía el denominado Comité Militar Revolucionario, dio la orden de asaltar el poder a la Guardia Roja, una milicia de soldados revolucionarios controlada por el partido de Lenin.

En el golpe de Estado del 7 de noviembre, con la Guardia Roja organizada por León Trotski, tomaron el Palacio de Invierno y el Gobierno Provisional fue destituido y sus miembros huyeron o fueron arrestados. Lenin se puso al frente del Consejo de Comisarios del Pueblo, una nueva institución creada para sustituir al Gobierno Provisional. De manera inmediata, el nuevo gobierno aprobó tres decretos con los que buscaba el apoyo de las clases trabajadoras. Las primeras medidas del nuevo gobierno fueron:


Salir de la guerra: el Tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1918), por el que Rusia cedió a Alemania enormes territorios: Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia y Ucrania.

Repartir la tierra entre los campesinos y nacionalizar la banca y las grandes industrias. Estableció la expropiación de los terratenientes y el reparto de la tierra entre los campesinos.

Dar el control de las fábricas a los obreros.

Lenin trataba de afianzar su poder. Sin embargo, no pudo evitar que se celebraran las elecciones a una Asamblea Constituyente. En el resultado, los bolcheviques perdieron contra los mencheviques y socialistas revolucionarios, y obtuvieron solo un cuarto de las bancas de representantes.

En respuesta, el gobierno de los Comisarios del Pueblo disolvió la Asamblea el 5 de enero de 1919. Lenin legitimó su gobierno como representante del poder de los soviets, controlados por los bolcheviques.

Inmediatamente después de llegar al poder, el gobierno comunista tuvo que hacer frente a un ataque militar generalizado. Tres fuerzas principales se enfrentaron al gobierno de Moscú, la nueva capital del país:

El Ejército Blanco, una abigarrada coalición de todos los opositores al bolchevismo en la que predominaron diversos generales zaristas.

Las fuerzas de la Entente (británicas, francesas, norteamericanas, japonesas), enviadas con la esperanza de derrocar a los comunistas y conseguir que Rusia volviera a la lucha contra los Imperios Centrales. Aunque mandaron pequeños ejércitos expedicionarios, la intervención extranjera se basó en la ayuda a los “generales blancos”.

Las fuerzas del recién creado estado polaco, que se enfrentaron al nuevo estado soviético en la guerra ruso-polaca (1918-1921).

El gobierno bolchevique tuvo que tomar medidas extraordinarias. León Trotsky se puso al frente del Ejército Rojo, al que consiguió organizar con férrea disciplina. Se fundó además la Checa, una policía política bolchevique.

El Ejército Rojo bolchevique, organizado por Trotski, se enfrentó al Ejército Blanco (zaristas, liberales y otros opositores), que recibió apoyo de varias potencias extranjeras. El 17 de julio de 1918, el zar Nicolás II, el último emperador de Rusia, y toda su familia fueron ejecutados en Ekaterimburgo. Los bolcheviques ganaron, pero el país quedó arruinado.

Para recuperar la economía, Lenin aplicó la Nueva Política Económica (NEP) en 1921: permitió el pequeño comercio privado y que los campesinos vendieran parte de su cosecha, mientras el Estado conservaba la banca, la gran industria y el comercio exterior.

Acabada la Gran Guerra, las fuerzas expedicionarias extranjeras enviadas a Rusia retornaron a sus países. En adelante, el Ejército Rojo centró todas sus energías en derrotar a un Ejército Blanco. Finalmente, en 1921, los comunistas pudieron proclamar su triunfo en la guerra civil. Al año siguiente nacía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), nuevo estado dirigido por el Partido Comunista, que unió a Rusia con Ucrania, Bielorrusia y las repúblicas del Cáucaso. Lenin murió en 1924 y lo sucedió José Stalin, que impuso un régimen totalitario.




LA GUERRA CIVIL RUSA

La guerra civil rusa fue un conflicto armado que se desencadenó en Rusia entre 1917 y 1923. Se desató luego de que los bolcheviques tomaran el poder en la Revolución rusa y establecieran un gobierno comunista. En el conflicto se enfrentaron el Ejército Rojo (las fuerzas armadas del nuevo gobierno revolucionario) y el Ejército Blanco o Movimiento Blanco, que aglutinó a las militares defensores del zarismo y diferentes fuerzas de la oposición, con la ayuda de naciones extranjeras. La guerra civil fue una continuación inmediata de los conflictos que emergieron tras las constantes pugnas por el poder durante la Revolución rusa, particularmente en su última etapa, la Revolución de octubre.


La revolución que tuvo lugar entre el 8 y el 16 de marzo de 1917 finalizó con el fin del zarismo y con la división del poder de Rusia entre un gobierno provisional y el Soviet de Petrogrado, cuyo distanciamiento fue la causa de la Revolución de Octubre.

En noviembre de 1917 tuvo lugar la segunda revolución de Rusia, o segunda parte de la revolución, conocida como la Revolución de Octubre. Esta revolución iniciada por los llamados bolcheviques fue clave para el inicio de la guerra, siendo la responsable del fin del gobierno provisional, la creación de la llamada Rusia Soviética y el comienzo de la guerra civil rusa.

La guerra civil rusa (1917-1922) comenzó poco después de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917. Los bolcheviques (Guardia roja) se vieron inmediatamente en conflicto con varias fuerzas disidentes que se oponían a sus políticas, como la abolición de la monarquía, la redistribución de tierras entre los campesinos y la retirada rusa de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Los antibolcheviques no formaban una unidad, dado que integraban una amalgama de conservadores, monárquicos, aquellos a favor de políticas de derecha o centristas, y miembros de las Fuerzas Armadas (Movimiento blanco), grupos militantes campesinos (Ejércitos verdes) y anarquistas (Ejércitos negros); así como también miembros de grupos socialistas rivales y potencias extranjeras, en especial Japón, Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos.

En noviembre de 1917, los bolcheviques, socialistas radicales dirigidos por Vladímir Lenin, instauraron su propio Gobierno por la fuerza, reemplazando al moderado Gobierno provisional, que gobernaba Rusia sin éxito desde la abdicación del zar Nicolás II en marzo de 1917. El 12 de noviembre (25 de noviembre) se llevan a cabo elecciones para una Asamblea Constituyente, pero la dictadura leninista ordena su disolución por decreto en enero de 1918, ante la profunda indignación de la mayoría opositora. Esto lleva a las facciones opositoras a plantearse otros métodos de resistencia frente al Gobierno bolchevique.

Los bolcheviques alcanzaron gran popularidad entre el campesinado y la clase obrera gracias a la promesa de reformas socialistas, pero distaban de convencer a la mayoría de los rusos de que un Estado apoyado en el proletariado era el camino para seguir. Los monárquicos aún anhelaban el regreso del zar, o su heredero, al trono. Otros socialistas, como los mencheviques y los social-revolucionarios, no se adherían a la visión del bolchevismo acerca de una nueva Rusia revolucionaria. Otro frente de oposición surgió de varios movimientos nacionalistas, como los que se encontraban en el Báltico, Ucrania y las regiones bajo dominio cosaco, que se mostraban firmes ante la idea de instaurar sus propios Gobiernos.

El primer intento para tomar el poder contra los bolcheviques fue el Levantamiento Kérenski-Krasnov en octubre de 1917. Tuvo el apoyo del amotinamiento junker en Petrogrado, pero fue rápidamente vencido por la Guardia Roja.


Como resultado del desarrollo de una Guerra Civil en Rusia se tornaba inevitable e inminente a partir de la firma del Tratado Brest-Litovsk, Leon Trotsky fue designado Comisario de Guerra en 1918. Desde un centro de la Guardia Roja que había sido armado por el Gobierno Provisional, Trotsky recontruyó el Ejército Rojo a través del reclutamiento. Mientras que Iosif Stalin fue comisario político en el Ejército Rojo en diversos frentes.

Para el año 1921, los Bolcheviques comandaron alrededor de cinco millones de soldados, incluyendo 50 000 antiguos oficiales zaristas convocados para entrenar a los reclutados. Las ventajas más importantes que tenía el Ejército Rojo sobre el Blanco eran disciplina y capacidad de liderazgo. Mientras Lenin era el líder indiscutido del Partido Bolchevique, Trotsky era el brillante organizador militar dirigiendo actividades en los frentes de la guerra.


Con el evidente hundimiento del imperio zarista, mientras nacen movimientos independentistas en Ucrania, en Finlandia, en el Cáucaso y en los países bálticos, los que se resisten a la victoria de los comunistas. La iniciativa la toma el general Mihail Vasilevic Alekseev, ex jefe de estado mayor de Nicolás II, que en los territorios del Don empieza a reunir a oficiales y soldados de vuelta del frente que, junto a los cosacos, forman el embrión del Ejército Blanco" – cuya jefatura efectiva es asumida, el día de Navidad de 1917, por el general Lavr Kornílov.

Atacados y perseguidos por los rojos, los "voluntarios", privados de armas, inician una retirada de ochenta días, que será recordada como la Marcha del Hielo, alcanzando finalmente, en marzo de 1918, el Suban en una situación desesperada, al tiempo que en abril muere en batalla el mismo general Kornilov. Asume entonces la jefatura el general Anton Ivanovic Denikin, que reorganiza a los supervivientes y, junto con el atamán de los cosacos del Don, general Petr Nikolaevic Krasnov, vence repetidamente al Ejercito Rojo y conquista la Rusia meridional donde, en agosto de 1918, en Ekaterinodar, forma el gobierno de la Rusia Libre.


En Siberia, mientras tanto, tras la estela de la acción de la Legión Checoslovaca, constituida por prisioneros del ejército austro-húngaro que se habían apoderado de la vía férrea transiberiana, se formaban gobiernos antibolcheviques que, el 8 de septiembre de 1918, se reunieron en un único Directorio, compuesto por exponentes de varios partidos políticos que fueron unificados, en noviembre de 1918, por la dictadura suprema del almirante Aleksandr Vasilevic Kolcak, ex comandante de la flota del Mar Negro y conocido explorador polar.

Luego la firma de la paz de Brest-Litovsk, y la rendición alemana, tropas francesas e inglesas desembarcan en la Rusia Meridional y en la Septentrional, mientras que en Siberia intervienen contingentes japoneses, americanos, ingleses, franceses e italianos. Se trata de tropas enviadas por sus respectivos gobiernos, más que para apoyar a las formaciones antibolcheviques, con la perspectiva interesada de repartirse los despojos del Imperio Ruso. Lo harán, entre otras cosas, llevándose 300 millones de rublos en oro.

En 1919 la guerra civil adquirió vastas dimensiones extendiéndose por todo el territorio ruso y los ejércitos blancos y rojos desplegaron en los campos de batalla a centenares de miles de hombres. A pesar de estar en constante inferioridad numérica, los ejércitos blancos de Denikin derrotaron a los rojos durante todo el año, ocupando en septiembre de 1919 Ucrania, el Cáucaso y toda la Rusia Meridional hasta las puertas de Moscú, ocupando 1.500.000 km2 de territorio con cincuenta millones de habitantes.



Desde los países bálticos otro ejército blanco, guiado por el general Nikolaj Nicolaevic Judenic, marcha sobre Petrogrado el actual San Petersburgo. En la zona septentrional, entre Murmansk y Arcángel, opera el ejército blanco del general Evgenij Karlovic Millar. Todos estos generales reconocieron la autoridad del almirante Kolcak, jefe supremo de los ejércitos blancos, que condujo a sus ejércitos desde Siberia hacia el corazón de Rusia, alcanzando el Volga. Fue conquistada incluso Ekaterimburgo, donde, en julio de 1918.

No obstante, el Ejército Rojo, organizado por Lev Davidovic Trotski, pasa a la contraofensiva. Puede contar con el control del centro neurálgico de la Rusia europea industrializada, mientras que las tropas blancas ocupan territorios periféricos y con escasas comunicaciones. A finales de 1919 el Ejército Rojo detiene y rechaza al ejército de Kolcak y empieza la reconquista de Siberia. Mientras los blancos resisten desesperadamente, el almirante Kolcak es capturado y fusilado en febrero de 1920.


En el frente septentrional el general Miller, abandonado por los ingleses a su destino, se ve forzado a reembarcar con sus soldados y a refugiarse en Noruega en enero de 1920. También Judenic, en octubre de 1919, es rodeado en los alrededores de Petrogrado, donde no recibió el prometido apoyo de la flota inglesa y, después de duros combates, se refugia en Estonia, donde es desarmado. Ante la derrota, el general Denikin renuncia a la jefatura en enero de 1920 y parte al exilio, desalentado por las traiciones de los Aliados y las discordias internas.

La jefatura de los ejércitos meridionales fue asumida por el general Petr Nikolaevic Wrangel, limitado ahora, en la primavera de 1920, a defender sólo Crimen y poco más. Tras reorganizar las tropas que le quedaban, desencadena una última y desesperada ofensiva, que le lleva a derrotar a los rojos persiguiéndolos hasta el Dnieper en octubre de 1920. Pero la paz obtenida mientras tanto con Polonia permite a los bolcheviques atacar con todas sus fuerzas, derrotando definitivamente a los blancos. En noviembre de 1920 Wrangel y 140.000 blancos se embarcan en los puertos de Crimea y se dirigen hacia Constantinopla.

La Guerra Civil Rusa tuvo consecuencias significativas tanto para Rusia como para el escenario internacional. En primer lugar, el triunfo del Ejército Rojo y la consolidación del poder bolchevique llevaron a la creación de la Unión Soviética en 1922. Esta nueva nación se convirtió en un estado socialista y se mantuvo como una superpotencia durante gran parte del siglo XX.





LA ERA DE LOS SEÑORES DE LA GUERRA

Se considera “Señores de la Guerra” a quienes tienen en sus manos un gran poderío militar al que suman un calificado mando político que convierte su voluntad en hechos, y que ejercen su dominio en una región determinada.  Su fortaleza se explica ciertamente por su predisposición a la guerra y por su elevada capacidad de acción en el terreno de las armas.

En la China feudal se acuñó el término para evocar un periodo histórico concreto entre 1916 y 1928, cuando los Grandes Señores, recogieron el legado de la histórica rebelión de Taiping iniciada en 1850. En aquellos años, hombres poderosos pelearon agresivamente en el empeño de consolidar su dominio territorial derrotando y oprimiendo a sus adversarios. Fue una lid arropada por expresiones religiosas y sociales que enfrentaron a la Dinastía Qing y al Reino Celestial de la Gran Paz, en una guerra larga y prolongada que dejó una dolorosa estela de muerte y destrucción. Por eso, esa etapa ya se considera superada en China, y en el mundo.

La Era de los Señores de la Guerra fue un período en la historia de la República de China en el que el control del país se dividió entre ex camarillas militares del Ejército de Beiyang y otras facciones regionales desde 1916 hasta 1928. L a Era de los Señores de la Guerra comenzó en 1916 con la muerte de Yuan Shikai, el dictador de facto de China después de que la Revolución Xinhai derrocara a la dinastía Qing y estableciera la República de China en 1912. La muerte de Yuan creó un vacío de poder que se extendió por todo el continente. Tras la muerte del dictador, el poder central se derrumbó dejando vía libre a los «Señores de la Guerra»: los gobernadores militares de las distintas regiones (dujun) se transformaron en señores feudales dotándose de plenos poderes. Regiones de China de Sichuan, Shanxi, Qinghai, Ningxia, Guangdong, Guangxi, Gansu, Yunnan y Xinjiang. El gobierno nacionalista del Kuomintang de Sun Yat-sen con sede en Guangzhou comenzó a disputar al gobierno de Beiyang de Yuan con sede en Beijing como el gobierno legítimo de China. La Era de los Señores de la Guerra se caracterizó por una guerra civil constante entre diferentes facciones, la más grande de las cuales fue la Guerra de las Planicies Centrales, que involucró a más de un millón de soldados. La Era de los Señores de la Guerra terminó en 1928 cuando el Kuomintang bajo el mando de Chiang Kai-shek unificó oficialmente a China a través de la Expedición del Norte, lo que marcó el comienzo de la década de Nanjing.


Los orígenes de los ejércitos y líderes que dominaron la política después de 1912 se encuentran en las reformas militares de finales de la dinastía Qing. Durante la Rebelión Taiping (1850–1864), la dinastía Qing se vio obligada a permitir que los gobernadores provinciales formaran sus propios ejércitos, los Yong Ying, para luchar contra los rebeldes Taiping; muchas de estas fuerzas provinciales no se disolvieron después de que terminó la rebelión de Taiping, como el Ejército Huai de Li Hongzhang.

Después de la muerte de Yuan Shikai la situación se deterioró rápidamente y los generales del ejército chino, respaldados cada uno por una potencia imperialista, se hicieron con el poder real en el país. Aparecieron diversas camarillas. En el sur, apareció la «Camarilla de Yunan» encabezada por Tang Jiyao, que dominaba Yunan y Guizhou, y la «Camarilla de Guangxi» encabezada por Lu Rongting, respaldadas, respectivamente, por británicos y norte-americanos. Los generales del ejército del norte (Beiyang) se dividieron en dos bandas: la «Camarilla de Anhui», encabezada por Duan Qirui, respaldada por Japón, y la «Camarilla de Zhili», encabezada por Feng Guozhang, respaldada por los británicos. En el Noreste (Manchuria) Zhang Zhuolin, con el apoyo de los japoneses, extendía su poder respaldado por la llamada «Camarilla Fengtian».

En 1918 terminó la I Guerra Mundial con la derrota de Alemania. En 1919 Gran Bretaña, Francia, EEUU y otros vencedores convocaron en París una conferencia de paz. Los aliados no solo no escucharon las demandas chinas si no que transfirieron todos los derechos de Alemania sobre dichos territorios a Japón y obligaron a los representantes chinos a firmar. Estas noticias causaron una explosión de indignación en China y, el 4 de mayo de 1919, los estudiantes de la Universidad de Peking y de otras altas instituciones educativas se manifestaron en la Plaza Tiannanmen gritando «Devolver Qingdao» y «Abajo con los traidores». Asaltaron e incendiaron la casa de Cao Rulin, Viceministro de Exteriores de China y enviado del gobierno chino a la Conferencia de Paz de Versalles. Y también agredieron al Alto Comisionado chino en Japón, Zhang Zongxiang, responsable de haber firmado las «Veintiuna Demandas» de Japón, que se encontraba allí. Estas manifestaciones significaron el nacimiento del "nacionalismo chino" moderno.


Wu Peifu (1874-1939) fue uno de los más destacados militares y políticos de China en las primeras décadas del siglo XX. Señor de la Guerra, fue el verdadero hombre fuerte de la «Camarilla de Zhili», Wu Peifu, dominó Pekín y su gobierno entre 1917 y 1924 posición desde la que aspiró a dominar toda China. Nacido en la provincia de Shantung, Wu alcanzó gran poder durante un período turbulento en la historia de su país, cuando los «señores de la guerra» dominaban diversas regiones tras la caída de la dinastía Qing. A través de su astucia política y habilidad estratégica, Wu Peifu consolidó un vasto dominio que abarcaba gran parte del centro y el norte de China. Su legado es un reflejo del caos y las luchas de poder que caracterizaron este período histórico. En su lucha por el poder, Wu Peifu formó la «Camarilla de Zhili», una alianza con otros poderosos señores de la guerra, como Feng Yuxiang. Juntos se enfrentaron al poderoso señor de la guerra de Manchuria, Zhang Zuoling, lo que llevó a una serie de batallas y confrontaciones. Wu Peifu fue derrotado por las fuerzas del Kuomintang, dirigidas por Jiang Jieshi, en una de las batallas clave de su carrera. Esta derrota marcó el comienzo del fin de su poder como señor de la guerra.


Feng Yuxiang (1882-1948), también conocido como el General Cristiano, fue uno de los personajes más influyentes en la China de principios del siglo XX. Caudillo chino y posteriormente general del Ejército Nacional Revolucionario. Fue viceprimer ministro de China desde 1928 hasta 1930. Su figura se destaca en un período de intensos conflictos internos, donde los llamados «señores de la guerra» dominaron gran parte del territorio chino. Con un perfil único, marcado tanto por su carrera militar como por su conversión religiosa, Feng desempeñó un papel clave en la política y las luchas de poder que definieron el destino de China durante la década de 1920. Llegó a fundar un ejército propio, el Guominjun, «Ejército Popular Nacional», que dirigió bajo una ideología muy similar a la del Guomindang, pero en su caso fusionaba: cristianismo, nacionalismo y socialismo. Dominó gran parte de las provincias Noroccidentales de China.


Zhang Zuoling (1873-1928). El caudillo militar que dominó Manchuria y desafió el poder central en China. Desde sus orígenes humildes como hijo de campesinos hasta convertirse en el poderoso dictador de Manchuria y presidente de un gobierno nacional con sede en Pekín, su vida estuvo estrechamente ligada al turbulento proceso de guerras civiles, fragmentación política y presiones extranjeras que caracterizaron la etapa conocida como la era de los caudillos militares en China. Su dominio en el noreste del país, así como su compleja relación con Japón, lo convierten en un personaje clave para entender la transición entre la caída de la dinastía Qing y el ascenso del Kuomintang. Su intención final era la de fundar una nueva dinastía imperial. Sus planes de expansión chocaron con la presencia de las tropas del Kuomintang (Partido Nacionalista). Zhang Zuoling murió asesinado el 4 de junio de 1928 cuando el tren en el que huía de la capital hacia el norte fue volado por los servicios secretos japoneses


Yan Xishan (1883-1960). El célebre señor de la guerra chino que marcó la historia de Shanxi. Yan Xishan, nacido en Hebian, provincia de Shanxi, en 1883, es una figura prominente en la historia moderna de China. Conocido como uno de los más destacados «señores de la guerra», gobernó su provincia natal durante un largo periodo de tiempo, desde 1916 hasta la proclamación de la República Popular China en 1949. Durante su mandato, destacó por implementar políticas progresistas que transformaron Shanxi, aunque su ambigua postura durante los conflictos nacionales y su enfrentamiento con otros actores políticos lo situaron en una compleja red de alianzas y rivalidades. Durante la guerra contra Japón (1937-1945), colaboró ocasionalmente con las tropas comunistas y nacionalistas en la lucha ante el invasor, y Chiang Kai Shek le nombró comandante en jefe de la Segunda Región Militar.


Duan Qirui (1865-1936). El líder militar que luchó por el control de la China republicana. Fue el líder del Señores de la guerra de Anhui durante el período de la República de China. Duan Qirui fue una figura clave en los primeros años de la República de China, destacándose como político, estadista y caudillo militar. A lo largo de su vida, Duan desempeñó un papel crucial en la turbulenta historia de China durante la transición desde el Imperio Qing hacia una nación republicana, enfrentándose a los «señores de la guerra» y buscando mantener la unidad en un gobierno centralizado. Apodado el "Tigre de Beiyang" y "Primer Ministro de los Seis No".  Ayudó a Yuan Shikai a crear el Ejército de Beiyang, gozó de gran poder durante el gobierno de Yuan Shikai y posteriormente lideró al Clique de Anhui para controlar temporalmente el régimen de Pekín.


Sun Chuanfang (1884- 1935), también conocido como el «caudillo de Nankín» o señor de la «Liga de las Cinco Provincias», fue un caudillo militar chino de la camarilla de Zhili y protegido de Wu Peifu. Tras el golpe de Pekín de 1924 y las dificultades de Wu, Sun ascendió como líder de la Camarilla Zhili del Sur y asumió el control de cinco provincias centrales del este de China alrededor de su capital informal en Nankín, convirtiéndose en una de las figuras principales del país. Controló las provincias del bajo Yangtsé a mediados de la década de 1920 y resultó derrotado durante la Expedición del Norte.


Chiang Kai-shek (1887-1975) fue una figura central en el siglo XX chino, un militar, estadista y líder político cuyo impacto se extendió desde la temprana Revolución de 1911 hasta el establecimiento de la República de China en Taiwán. Su vida estuvo marcada por la ambición, la guerra, la derrota y, finalmente, el establecimiento de un gobierno nacionalista en la isla de Taiwán, donde gobernó hasta su muerte. La Expedición del Norte (1926-1927) fue un esfuerzo crucial para unificar China bajo el gobierno nacionalista. Chiang Kai-shek, con el apoyo de un ejército considerable, inició una campaña para derrotar a los señores de la guerra regionales que controlaban gran parte del norte de China.

Guerra Zhili-Anhui (julio 1920).

En 1920, la Camarilla de Anhui, encabezada por Duan Qirui, llevaba cuatro años controlando el gobierno central de Pekín, pero había salido muy debilitada del «Movimiento del Cuatro de Mayo». Este desprestigio fue visto por los generales de la camarilla de Zhili, respaldados por británicos y estadounidenses, como una oportunidad para derrocar ese poder pro-japonés. Preparando el terreno, Wu Peifu, hombre fuerte de la camarilla Zhili, publicó un telegrama abierto criticando duramente la firma del Tratado de Paz de París por el gobierno de Pekín.

Esta guerra supuso el fin de la unidad de acción de los antiguos oficiales del Beiyang, consagró a Wu Peifu como el líder militar más importante de China, pero también incrementó el poder de la camarilla de Fengtian (Zhang Zuolin) más allá de su verdadera participación en la guerra y peso en la política china.

Primera guerra Zhili-Fengtian (abril de 1922 - junio de 1922)

Tras la victoria, se desató una espiral de tensión entre la camarilla Zhili, respaldada por el Reino Unido y Estados Unidos, y la camarilla Fengtian, apoyada por Japón. A finales de 1921, Zhang Zuolin, líder de la camarilla Fengtian, entró en Pekín y derrocó el gabinete pro-Zhili de Jin Yunpeng, colocando de primer ministro al pro-japonés Liang Shiyi. Zhang Zuolin era la nueva apuesta japonesa, tras la derrota de la Camarilla de Anhui. Ahora, una vez los Fengtian ocuparon el poder en Pekín, los japoneses pidieron a Liang Shiyi que liberara a viejos oficiales Anhui que les habían sido leales. La liberación enrareció las relaciones entre ambas camarillas...

Shanhaiguan se convirtió en la frontera entre las dos camarillas, los «fengtianos» se retiraron a Manchuria, que prácticamente se convirtió en un estado independiente ... Wu Peifu trataba de unificar el país mediante la fuerza. Esto provocó la creación de una alianza opositora donde confluyeron casi todos los demás líderes chinos, por dispar que fuera su visión del futuro o ambiciones personales: Zhang Zuolin, Sun Yat-sen y Lu Yongxiang, nuevo líder de la camarilla de Anhui.

Segunda Guerra Zhili-Fengtian (septiembre-noviembre de 1924)

El poder de la camarilla de Zhili, con el respaldo de británicos y los norteamericanos, parecía incontestable a mediados de 1924. Pero como venimos viendo, ningún poder era lo suficientemente fuerte como para ser hegemónico. La triple-alianza que se había formado para derrocar este naciente poder de los «Zhili», estaba esperando un casus belli para pasar a la ofensiva, y lo encontró en torno al control de ShangháI.

Mientras las tropas de ambos bandos luchaban desesperadamente, en Chaoyang y Shanhaiguan, Feng Yuxiang, traicionó a su camarilla, la de Zhili, cambió de bando, abandonó el frente y dirigió sus tropas a Pekín. La noche del 22 de octubre, las tropas de Feng Yuxiang rodearon la residencia del presidente y detuvieron a Cao Kun. Fue el «Golpe de Estado de Pekín».

El poder de la camarilla de Zhili quedó totalmente destruido. La camarilla de Zhili perdió todas sus provincias en el norte del país, en favor de Zhang Zuolin y de Feng Yuxiang. Los vencedores volvieron a colocar como presidente a Duan Qirui, antiguo líder de la camarilla de Anhui, pero ya sin poder, como mero elemento moderador. Entonces, Feng Yuxiang llamó a Sun Yat-sen para negociar la reunificación constitucional de China. Tras recibir esa invitación vía telegráfica, Sun Yat-sen emitió una «Declaración sobre la situación política actual», en la que propuso convocar una asamblea nacional y apoyó al gobierno de Feng Yuxiang. Esta opción se cortó abruptamente con la prematura muerte de Sun Yat-sen.

Guerra anti-Fengtian (noviembre de 1925 - abril 1926).

Fue la última guerra civil, stricto sensu, del periodo de la época de los señores de la guerra de comienzos del siglo XX. Enfrentó a Feng Yuxiang y su Guominjun, con respaldo soviético, contra las camarillas de Fentiang y Zhili, con respaldo japonés. Todo se desató en torno al conocido «Motín de Guo Songling».

Guo Songling era un general poderoso en las fuerzas armadas Fengtian. Debido a que no estaba de acuerdo con ciertas medidas tomadas por Zhang Zuolin y resentido por los acontecimientos de la guerra anterior, firmó un acuerdo secreto con Feng Yuxiang. En noviembre de 1925, lanzó un ataque sorpresa, con un ejército de más de 50.000 hombres, desde su base en Zhili hasta Mukden (Sheynag), capital de Manchuria, para destruir el centro de poder de Zhang Zuolin. Ante el peligro de perder Pekín en manos de un caudillo pro-soviético, los japoneses intervinieron directamente. El 24 de diciembre de 1925 Guo fue derrotado, ejecutado y su cuerpo expuesto en público. Los Fengtianos vencieron, pero salieron muy debilitados.

El motín de Guo Songling causó un nuevo cambio de relaciones entre Feng Yuxiang, Zhang Zuolin y Wu Peifu. Feng Yuxiang comenzó a perder la guerra sometido al ataque combinado de Zhang Zuolin y Wu Peifu, con apoyo naval y aéreo del ejército imperial japonés. Ante esta situación, en enero de 1926, renunció al mando y se exilió en la URSS para perfeccionar sus enseñanzas militares. Las derrotas del Guominjun se fueron encadenado, en enero perdieron Henan, en febrero Shandong y Tianjin y en marzo se replegaron sobre Pekín. En estas circunstancias se produjo la «Masacre del 18 de marzo». El 12 de marzo de 1926, un destructor japonés protegió la entrada de un buque de guerra del ejército Fengtian al Puerto Dagu (fuertes que cuidan la desembocadura del río Hai o Peiho en la Bahía de Bohai, en Tianjin, en realidad protegen el acceso a Pekín) y disparó contra las tropas del Guominjun que custodiaban los fuertes del Dagu.

Esto provocó manifestaciones de estudiantes en Pekín, que el gobierno de Duan reprimió con dureza, causando una auténtica matanza de manifestantes el 18 de marzo de 1926. Lo que provocó la deslegitimización definitiva de su gobierno y la victoria de la coalición anti-fentiang.

Expedición al Norte: La Reunificación de China (julio de 1926 - julio de 1928)

La Expedición del Norte (1926-1927) fue una campaña militar del Ejército Nacional Revolucionario, dirigida por Chiang Kai-shek, que avanzó al norte desde Cantón hasta el río Yangtsé, enfrentándose a los poderosos caciques militares del norte de China. La expedición logró su objetivo de reunir nuevamente todo el país bajo un mismo gobierno, aunque solo de forma teórica y precaria: muchos de los caudillos militares simplemente se unieron al Kuomintang conservando sus tropas y el control sobre sus territorios.

Aprovechando este continuo guerrear de los «señores de la guerra norteños» las bases revolucionarias del Guomindang se fueron consolidando en el sur, en Cantón. Sun Yatsen era consciente de que solo podría reunificar China venciendo a los caudillos militares pero, con las duras experiencias de la década de 1911 a 1921, también fue consciente de que ninguna alianza con uno de esos warlords, más o menos leales a su ideario revolucionario, funcionaría. Debía crear un ejército revolucionario propio, libre de lealtad alguna hacía los generales que procedían del antiguo régimen. Ahí está el origen de Whampoa y de la alianza con la URSS. Cuando aún se luchaba en el norte en la guerra anti-Fentiang por la resistencia del Guominjun, en julio de 1926, el gobierno del Guomindang lanzó su «Expedición al Norte». Oficialmente la Campaña fue lanzada por el Gobierno Nacional de Cantón, por lo que contó con el apoyo de PCCh. Los señores de la guerra norteños controlaban mucho más territorio, contaban con cinco veces más fuerzas que el Guomindang y el respaldado de Japón.

En un principio, Wu Peifu, despreció la "Expedición al norte" y el ataque directo contra la tri-ciudad de Wuhan y siguió luchando con Feng Yuxiang en el norte y esperando que su discípulo Sun Chuanfang se encargara del Guomindang, pero como vimos anteriormente, Sun Chuanfang estaba molesto y se negó a atacar al Ejercito Expedicionario. Ante esta situación, en septiembre Wu Peifu debió acudir a intentar salvar Wuhan, pero era demasiado tarde, el Ejército Expedicionario del Norte cruzó el río Yangtsé y ocupó Wuhan. En octubre, Wu Peifu fue derrotado totalmente y debió abandonar Hubei y todo el Yantsé.

El 7 de abril de 1928, se inició la segunda fase de la Expedición al norte. Cuatro facciones militares bajo la bandera común de Guomindang se aprestaron para conquistar Pekín y «reunificar» China. Chiang Kaisek, Feng Yuxiang, Yan Xishan y la camarilla de Guangxi. En su avance arrollador hacia el norte las tropas de Chiang Kaisek chocaron con unidades japonesas en Shandong, el conocido «Incidente de Jinan». Que tuvo dos consecuencias, de un lado, llevó a Chiang Kaisek a evitar cualquier pretensión de acercarse a las posiciones japonesas y, de otro, hizo que el gobierno japonés emitiera un comunicado informando a los contendientes de que no permitirían que el conflicto se extendiese a Manchuria y comunicando, públicamente, a Zhang Zuolin que no se le permitirían replegarse sobre Manchuria si lo hacía perseguido por el ejército del Guomindang. Esto último supuso una desautorización absoluta de Zhang Zuolin. Ante esta situación, el 1 de junio, abandonó Pekín camino de Manchuria, como ya hemos visto el servicio secreto japonés lo asesinó en su viaje de vuelta. El 3 de julio, las tropas nacionalistas entraron en Pekín. Con ello y con la incorporación de Zhang Xuelian al Guomindang, en diciembre de 1928, se concluía la unión «nominal» de China.




LA GUERRA CIVIL CHINA

La guerra civil china fue un conflicto armado que tuvo lugar entre los años 1927 y 1949, aunque se detuvo en alguna ocasión debido al conflicto que existió entre los chinos y japoneses en la Segunda Guerra Mundial. El conflicto enfrentó al Kuomintang o Partido Nacionalista Chino que era el partido que se encontraba en ese momento el poder y, por el otro lado, estaba el Partido Comunista Chino, que con una ideología totalmente contraria a la nacionalista buscaba llegar al poder. La guerra se inició en 1927 con la expedición al Norte que llevaron a cabo a los nacionalistas al atacar las posiciones comunistas, y terminó con la victoria comunista comenzando la llamada República Popular China.


La Guerra Civil en China fue el resultado de profundas contradicciones sociales, económicas y políticas que existían en el país durante la primera mitad del siglo XX. Después de la caída de la dinastía Qing en 1911, China se encontró en un estado de inestabilidad política y fragmentación. En medio de estos procesos surgieron diversos movimientos políticos, incluido el Partido Comunista de China, fundado en 1921.

Una de las primeras causas de esta guerra fueron las guerras ocurridas años antes. Una de estas fueron las guerras del opio que enfrentaron a China con otras potencias occidentales como lo británicos. Las derrotas en estas guerras llevaron a la ocupación de Hong Kong, y a que varias potencias ocuparan puertos y zonas continentales chinas. Esto llevó al descontento de los trabajadores del campo, que vieron cómo sus tierras eran ocupadas por extranjeros. Por otra parte estuvo la guerra Sino-japonesa, que enfrentó a China con Japón, y que terminó con el traspaso de territorios chinos a Japón. Por el otro lado Japón derrotó a Rusia y tomó por ello la península de Corea, lo cual aumentó el malestar de la población al ver como los japoneses les quitaban sus antiguas posesiones.



Los chinos veían como todas las grandes potencias europeas y Japón buscaban sacar beneficio de China, y como ninguna de las grandes potencias mundiales ayudaban a la gran China contra sus enemigos fue entonces cuando apareció Rusia como el gran aliado que el pueblo asiático necesitaba.

Ya en 1894, Sun Yat-Sen, un reconocido político chino, crea la Unión para el Renacimiento de China, primer movimiento revolucionario cuyo objetivo era el avance y progreso del país. En 1895, el mismo Sun Yat-Sen lleva a cabo un intento de alzamiento contra el emperador que termina fracasando, lo que provoca que este sea exiliado a EEUU.   

Tuvo lugar un aumento de la rivalidad contra los señores, lo que da nombre a la Era de los Señores de la guerra. En esta época, el objetivo principal de los nacionalistas era acabar con estos señores y, para ello, tuvo lugar un levantamiento en Wuchan en 1911 que concluyó con la caída final de la dinastía Qing y el establecimiento de una república gobernada por el Kuomintang: un partido fundado por Sun Yat-Sen en el que  consiguió reunir a liberales, conservadores, republicanos y socialistas con el objetivo común de acabar con la dinastía Qing.

China estaba viviendo una Revolución Agraria de gran calado para la sociedad china y esto fue aprovechado por el Partido Comunista para comenzar un alzamiento militar en las zonas agrarias chinas, iniciando la llamada revuelta de Nanchang liderada por He Long y Zhou Enlai, y siendo el punto de inicio a la Guerra civil china.


En China existían dos ideologías principales enfrentadas entre sí, siendo una la nacionalista de claro enfoque democrático, capitalista y muy unida a los valores occidentales, y por otro lado la del comunista que buscaba un modelo soviético, el defender a los campesinos y también terminar con la división social del estado asiático. China había sido un aliado de las potencias aliadas durante la Primera Guerra Mundial (las potencias aliadas lucharon contra Alemania), pero después de la guerra a Japón se le concedieron territorios en China en virtud del Tratado de Versalles. Los jóvenes estudiantes en China comenzaron a resistir la entrada de Japón en su país, lo que provocó una protesta masiva en el verano de 1919. De estas protestas nació el Partido Nacionalista , también llamado Kuomintang (KMT) , ya que más chinos comenzaron a se aferran firmemente a los gloriosos días de su pasado cuando la cultura china era dominante y se la consideraba superior. Pero en 1921 las enseñanzas de Karl Marx, Vladimir Lenin y la Revolución Rusa habían llegado a los sufridos campesinos de China, y poco después del nacimiento de los nacionalistas, se formó el Partido Comunista Chino (PCCh) como un desafío directo a el KMT. Aunque sus miembros comenzaron su activismo como parte del Partido Nacionalista, la clase campesina se uniría a las filas del PCCh y encontraría en el comunismo una esperanza de mayor libertad económica.


El PCCh y el KMT lucharon entre sí por el poder sobre el gobierno de China durante la década de 1920, hasta que finalmente en abril de 1927 el KMT, dirigido por Chiang Kai-shek, masacró a muchos del PCCh en respuesta a su ascenso entre las masas pobres del país. Esta masacre marcó el comienzo de la Guerra Civil China entre el KMT y el PCCh. Para ese mes de agosto, el KMT había tomado la ciudad de Beijing y declaró que China y su gobierno estaban bajo su control.

La derrota del PCCh y el reinado del KMT sobre China no duró mucho. Los japoneses tomaron Manchuria en 1931 y ocuparon territorios en China que aumentaron en 1937 cuando Japón también invadió China continental. Brevemente, el PCCh y el KMT se unieron para derrotar a Japón, pero su lucha se reanudó en 1933 cuando el KMT ganó una serie de importantes batallas contra el PCCh.

La derrota del PCCh en 1933 hizo que la organización buscara un nuevo líder, uno que encontraron en Mao Zedong . Zedong condujo al PCCh a través de su huida desde el norte, con la esperanza de reconstruirse y reagruparse para luchar otro día.

Así, la Gran Marcha comenzó el 16 de octubre de 1934. Las fuerzas comunistas viajaron principalmente de noche, más de 4.000 millas, en un intento de llegar a la provincia de Shaanxi. En el camino, la fuerza sufrió hambre y bombardeos enemigos, cruzó un terreno traicionero que incluía muchas cadenas montañosas y ríos, y soportó un clima severo. Utilizando el sigilo y la astucia, los comunistas chinos maniobraron a 85.000 soldados a través de lugares frágiles a lo largo de los campamentos nacionalistas.



Más agresión japonesa en 1937 llevó a otra unificación del PCCh y el KMT, pero poco después de que Japón se rindiera en 1945, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial (Segunda Guerra Mundial), las hostilidades se reanudaron cuando ambas partes intentaron controlar los territorios japoneses desocupados. En 1946, la Guerra Civil China estaba sucediendo en serio nuevamente, pero esta vez el PCCh y Mao controlaban el cuadro de mando.

Las batallas clave de este período fueron las de Liaoshan y Hailanshan, en las que los comunistas obtuvieron victorias significativas. En 1949, tras la toma de Pekín, el Kuomintang se vio obligado a retirarse a Taiwán, lo que marcó el final efectivo de la guerra civil.

El 1 de octubre de 1949 se proclamó la República Popular China, y Mao Zedong se convirtió en su primer presidente. La creación del régimen comunista marcó cambios fundamentales en la política, economía y sociedad. El nuevo régimen se esforzó por crear una sociedad socialista basada en la ideología marxista. El 7 de diciembre de 1949, después de la pérdida de cuatro capitales, Chiang Kai-shek evacuó su gobierno nacionalista a Taiwán e hizo de Taipéi la capital temporal de la República de China (también llamada "capital de guerra" por Chiang Kai-shek).