LA GUERRA
RUSO-JAPONESA
La guerra ruso-japonesa fue un conflicto militar que se inició en 1904 y finalizó en 1905. En ella se enfrentaron el Imperio ruso y el Imperio japonés en disputa por los territorios de Manchuria y Corea. La Guerra Ruso-Japonesa fue un conflicto bélico de trascendental importancia en el contexto del fin del siglo XIX y el inicio del XX. Más que una simple confrontación militar, representó un choque de imperios, una lucha por el control de territorios estratégicos y un catalizador para cambios políticos y sociales significativos en Rusia y Japón. Las tropas japonesas tomaron Port Arthur por sorpresa y luego avanzaron hasta Mukden, la capital de la región de Manchuria. Ante el ataque inesperado, las fuerzas navales rusas debieron navegar casi 28.000 km para llegar y ser destruidas en la batalla de Tsushima. El conflicto, breve pero brutal, reveló las debilidades de la autocracia zarista y el ascenso de Japón como potencia mundial.
Las raíces de la Guerra Ruso-Japonesa se encuentran en una compleja red de ambiciones imperialistas, rivalidades económicas y tensiones geopolíticas. Desde fines del siglo XIX, el Lejano Oriente se había convertido en uno de los grandes centros de tensión en la política internacional. El Imperio chino se encontraba debilitado y las diferentes potencias imperialistas (como Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña y Rusia) competían por extender su ámbito de influencia. Al ganar la primera guerra chino-japonesa (1894-1895), Japón había logrado el control de Corea, de la isla de Taiwán y de la península de Liaodong. Además, había demostrado la efectividad y el desarrollo de su ejército. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, diversas potencias europeas se unieron y presionaron a Japón para que devolviera el control de Port Arthur (en la península de Liaodong) al gobierno chino. Por su parte, el Imperio ruso tenía la necesidad de controlar una región con salida al mar de aguas cálidas que no se congelaran en invierno. La necesidad rusa de un puerto permanente en el Pacífico se agravó por la creciente competencia con Japón. Cuando China recuperó el control de Port Arthur, negoció con el Imperio ruso el arrendamiento de la península de Kwantung. El control de la península de Corea fue otro de los factores que provocaron la guerra.
En el año
1900, la inestabilidad política de la región llevó a una rebelión nacionalista
local (el “levantamiento de los bóxers”) que, finalmente, terminó con la
ocupación de las tropas rusas de toda Manchuria. Por otro lado, Japón consiguió el apoyo del
Reino Unido y de Estados Unidos, a través de diferentes acuerdos que
protegerían sus intereses en la región. En 1903, la competencia entre Japón y
el Imperio ruso por el control de la región aumentó y las potencias no lograron
llegar a un acuerdo.
El conflicto
estalló en febrero de 1904, cuando la flota japonesa, liderada por el almirante
Sakuma Zei, atacó la base naval rusa de Port Arthur, una locación en Manchuria
que se encontraba bajo control ruso. Sin declaración formal de guerra, Japón
atacó Port Arthur durante la noche del 7 al 8 de febrero. En poco más de 15
minutos, diez destructores japoneses lograron destruir o dañar a la mitad de
los grandes acorazados de su enemigo.
Las tropas terrestres y navales rusas no se encontraban bien organizadas y no pudieron hacerle frente al ataque japonés. La Flota del Pacífico Rusa, comandada por el almirante Georgi Essenotov, estaba mal equipada, mal administrada y carecía de la experiencia necesaria para enfrentarse a la marina japonesa, que era la más moderna y eficiente de la época. La declaración formal de guerra por parte de Japón fue emitida el día 10 de febrero.
Simultáneamente, las fuerzas terrestres japonesas, bajo el mando del general Yamagata Sengoro y el general Nogi Fusataro, desembarcaron en la península de Liaodong y comenzaron una campaña militar agresiva contra las fuerzas rusas. El ataque a Vladivostok en mayo de 1904, aunque fallido, demostró la capacidad de Japón para atacar objetivos estratégicos en territorio ruso. La guerra se extendió a la península de Corea, donde las fuerzas japonesas, con el apoyo de la administración coreana, derrotaron a las fuerzas rusas en varias batallas clave, incluyendo la batalla de Minden. Durante un año los rusos fueron sufriendo diferentes derrotas militares. Entre las principales batallas se encuentran la del río Yalú, la de Te-li-ssu, la del Mar Amarillo, la de Ulsan, la de Liaoyang, la del río Sha-ho, la de Mukden y la batalla naval de Tsushima.
La batalla del río Yalu, (30 de abril - 1 de mayo de 1904) fue la primera batalla terrestre importante durante la guerra ruso-japonesa. Se libró cerca de la aldea Wiju (actual Uiju, Corea del Norte), en la parte baja del río Yalu, en la frontera entre Corea y China. La batalla del río Yalu terminó con la victoria de Japón. La lucha contra los rusos había costado a los japoneses 1036 muertos y heridos de una fuerza total de 42 500 del 1.er Ejército.
La batalla
de Liaoyang (24 de agosto-4 de septiembre de 1904) fue una de las mayores
batallas terrestres de la guerra ruso-japonesa. Tres ejércitos japoneses al mando
del Mariscal de Campo Oyama Iwao, arrebataron Liaoyang a las fuerzas rusas del
general Alekséi Kuropatkin, que tuvo que replegarse a Mukden. En la conquista
de la ciudad los japoneses perdieron 23.000 soldados e infligieron a los rusos
16.000 bajas.
La batalla del mar Amarillo fue un gran combate naval de la guerra ruso-japonesa que tuvo lugar el 10 de agosto de 1904. La batalla frustró un intento de la flota rusa de Port Arthur de salir y unirse con los buques de guerra de Vladivostok y la obligó a volver a puerto.
La batalla de Mukden fue la última gran batalla terrestre de la guerra ruso-japonesa y una de las más grandes batallas terrestres acontecida antes de la Primera Guerra Mundial. Se libró desde el 20 de febrero al 10 de marzo de 1905 entre el Ejército Imperial Japonés y el Ejército Imperial Ruso cerca de Mukden, en Manchuria (China). Las fuerzas rusas, de alrededor de 276 000 efectivos, estaban bajo el mando del general Alekséi Nikoláievich Kuropatkin. El Ejército Imperial Japonés, con 270.000 hombres, estaba al mando del mariscal de campo príncipe Oyama Iwao. Prácticamente rodeado y sin esperanza de victoria, el general Kuropatkin dio la orden de retirada hacia el norte. Decisiva victoria japonesa.
La batalla
de Tsushima, comúnmente denominada la batalla del mar del Japón en Japón, fue
un importante combate naval librado entre Rusia y Japón los días 27 y 28 de
mayo de 1905. La batalla tuvo lugar en
el estrecho de Tsushima, que separa la península de Corea del sur del
archipiélago japonés. En ella, la flota japonesa, dirigida por el almirante
Tōgō Heihachirō, destruyó dos tercios de la flota rusa, que estuvo bajo mando
del almirante Zinovi Rozhéstvenski y que había navegado 18 000 millas náuticas
(33 000 km) hasta Extremo Oriente. La total destrucción de la Armada rusa
provocó una amarga reacción en la opinión pública del país y obligó a la firma
de un tratado de paz en septiembre de 1905. Finalmente, el Imperio ruso se vio
obligado a aceptar la derrota y ceder su control sobre la región.
El ejército
japonés derrotó en todas las batallas al ejército ruso. Esto, unido a la
creciente tensión política en Rusia, obligó al zar Nicolás II a firmar un
tratado de paz que dio a Japón todos los territorios en disputa.
La Guerra Ruso-Japonesa tuvo un impacto significativo en ambos países, así como en la región circundante. Para Japón, la victoria representó un punto de inflexión en su historia, consolidando su posición como una potencia mundial y demostrando la eficacia de su modelo de modernización militar. Para Rusia, la derrota fue un golpe devastador, revelando las debilidades del autocrático régimen zarista y la obsolescencia de su ejército. La derrota también tuvo consecuencias económicas, ya que Rusia perdió importantes territorios y recursos. La guerra contribuyó a la inestabilidad política interna en Rusia, exacerbando las tensiones sociales y económicas.
LA
REVOLUCIÓN RUSA DE 1905
La Revolución rusa de fue una ola de agitación política de masas a lo largo de grandes zonas del Imperio ruso ocurrida durante el año 1905. Fue una oleada de protestas que acontecieron a lo largo de todo el año y en diversas partes del Imperio ruso. Algunos de los altercados estaban dirigidos contra el gobierno, otros simplemente carecían de objeto más allá de reclamos muy puntuales de la clase obrera o del campesinado. Se dieron casos de terrorismo, huelgas de trabajadores, disturbios campesinos y motines militares, teniendo todos en común una insatisfacción popular generalizada hacia el régimen del zar Nicolás II de Rusia. La revolución condujo al establecimiento de una monarquía constitucional limitada y a la Duma Imperial.
A finales del siglo XIX, la estructura social y económica de Rusia era casi feudal, pese a que el feudalismo había sido oficialmente abolido en 1861. La realidad, especialmente en el campo, era que los nobles seguían siendo los dueños de la tierra, y los campesinos vivían en la pobreza. En las ciudades, por su parte, había comenzado un tímido proceso de industrialización, lo que tampoco había mejorado la calidad de vida de los trabajadores. Otra de las causas del estallido revolucionario de 1905 fue el poder absoluto del zar. Junto a su figura, la iglesia, la nobleza y los altos cargos militares gozaban de todos los privilegios. La guerra contra Japón, que acabó en derrota para Rusia, solo empeoró la situación de la mayoría de los rusos. Para intentar paliar las consecuencias económicas de la derrota ante Japón, Nicolás II decidió subir aún más los impuestos. Los precios de los productos básicos se incrementaron y, algunos de ellos, ni siquiera estaban disponibles para la mayoría de la población.
Domingo sangriento. La Revolución rusa comenzó en enero de 1905, cuando miles de personas se dirigieron de forma pacífica al Palacio de Invierno con el propósito de hacerle llegar al zar sus reivindicaciones. El domingo 9 de enero (jul)/ 22 de enero de 1905 (greg), más de 3.000 trabajadores, obreros y campesinos se desplazaron con sus familias y marcharon hacia el palacio del zar de Rusia cantando letras religiosas y patrióticas en San Petersburgo. Iba encabezada por un sacerdote, el clérigo Gueorgui Gapón y no respondía a ninguna consigna política, sin armas. La policía no intervino en un primer momento, dejando a los manifestantes ir hasta el palacio sin violencia. En esta marcha hacia el palacio, se dice que los manifestantes no sabían que el zar ya no se encontraba en el lugar y, tal vez, con el aviso no hubieran ido para realizarle la petición. Las autoridades respondieron de forma represiva y violenta y la manifestación fue salvajemente aplastada por soldados de infantería y tropas cosacas, apostados enfrente del Palacio de Invierno, que dispararon sucesivas descargas de fusilería contra la multitud desarmada y luego persiguieron por calles y avenidas a los supervivientes, disparando durante horas, cobrándose un número de víctimas, muchos cronistas afirman que fueron más de 200, incluidos mujeres y niños. Otras 800 personas resultaron heridas. Ese día se conoce como el Domingo Sangriento. Cuando se difundieron las noticias de la sangrienta represión política en la capital, se generó una oleada de protestas en toda Rusia. La represión del Domingo Sangriento hizo posible que muchos elementos de la sociedad rusa emprendieran una protesta activa. Cada grupo tenía sus propios objetivos, e incluso dentro de clases similares no existía un liderazgo predominante (campesinos, obreros, liberales, radicales y militares). Todo el año, las manifestaciones y huelgas se sucedieron. En ocasiones, como en algunas zonas rurales, se produjeron actos de violencia.
El acorazado Potemkin. El 27 de junio de 1905, el Potemkin, uno de los mejores acorazados de la flota rusa del mar Negro, se amotinó a causa de las penosas condiciones de vida a que se veían sometidos los miembros de la tripulación. El segundo gran acto de la revolución, tras el Domingo sangriento, fue protagonizado por miembros de la marina rusa. A comienzos del verano, la tripulación del Potemkin, un acorazado que se encontraba en Odessa, se amotinó contra sus mandos. El motivo fue la pésima condición de la comida que recibían en el barco, y los frecuentes malos tratos que sufrían de los oficiales. El punto culminante tuvo lugar el 14 de junio. Los tripulantes se deshicieron de los mandos y tomaron el control del navío. Tres días más tarde, el gobierno envió a cinco buques para acabar con la rebelión. Sin embargo, la tripulación de uno de esos barcos decidió unirse a los rebeldes. Los barcos de los escuadrones navales enviados por el gobierno ruso para forzar la rendición del Potemkin se negaron a abrir fuego contra sus camaradas. Ambos acorazados huyeron hacia Rumanía, donde fueron capturados por la flota rusa. La ciudad de Odesa había declarado una huelga general y la llegada de los amotinados fue bien recibida por los ciudadanos, que se unieron a la rebelión. Sin embargo, el gobierno zarista consiguió detener al pueblo con violencia y los amotinados iniciaron entonces un periplo en busca de apoyos. Finalmente, tras deponer las armas, los hombres del Potemkin hundieron el barco antes de abandonarlo.
Los motines de marineros eran desorganizados y acabaron siendo brutalmente aplacados, pero el descontento entre la masa popular y los reclutas (originarios de las capas campesinas y obreras) causó el temor gubernamental.
Ante esta
situación tan inestable, Nicolás II creó la Duma, es decir, la monarquía se
volvió parlamentaria. Ahora bien, se trataba de un parlamento que el zar podía
convocar o disolver cuando decidiera y cuyos poderes estaban bastante
limitados.
El zar,
viendo imposible detener la revolución por las armas, ofreció una serie de
reformas a sus opositores. Estas quedaron recogidas en el Manifiesto de
Octubre, y consistían en la creación de la Duma (el parlamento), una nueva ley
electoral y la concesión de algunas libertades políticas. Igualmente, ofreció a
los obreros algunos derechos laborales y una jornada de trabajo de diez horas.
Sin embargo, la mayoría de esas medidas eran muy limitadas. Por ejemplo, el zar
se reservó el derecho a vetar la legislación aprobada por la Duma.
Después del
Manifiesto de Octubre, Nicolás II decidió que era el momento de acabar con la
revolución. Para ello decretó el establecimiento de la ley marcial y comenzó a
reprimir con dureza a los opositores. Muchos fueron arrestados y enviados a
Siberia, y otros tuvieron que partir al exilio.
Además de las acciones de los revolucionarios, también se registraron episodios de gran violencia protagonizados por sectores afines al zar. El más activo fue el llamado Centurias Negras, que, con permiso de la policía secreta, emprendió una guerra sucia contra los dirigentes opositores. El último gran enfrentamiento de la revolución se desarrolló en Moscú. Hasta el día 18 de diciembre, la ciudad fue escenario de una auténtica guerra urbana. La represión consiguiente acabó con la resistencia de los revolucionarios.
LA GUERRA
ITALO-TURCA
La guerra ítalo-turca o turco-italiana, también conocida en Italia como guerra de Libia (Guerra di Libia) y en Turquía como guerra de Tripolitania (Trablusgarp Savaşı), fue un conflicto armado entre el Imperio otomano y el Reino de Italia que transcurrió entre 1911 y 1912. Italia atacó las provincias otomanas de Tripolitania, Fezán y Cirenaica, que juntas constituyen la Libia actual. Las fuerzas italianas también ocuparon el archipiélago del Dodecaneso en el mar Egeo.
A finales
del siglo XIX, Italia se quedó con sabor amargo tras la Conferencia de Berlín.
Las principales potencias europeas, como Francia, el Reino Unido y Alemania, se
habían repartido la práctica totalidad del continente africano; mientras que
Italia, a excepción de Eritrea y parte de lo que hoy es Somalia, se quedó a las
puertas de realizar su ansiado Imperio italiano.
La joven
Italia, que se había convertido en un estado moderno apenas unas décadas antes,
tenía el sueño de desarrollar su propio imperio colonial. Por ejemplo, el Regno
d’Italia había intentado apoderarse de Túnez tiempo atrás, pero Francia había
liquidado sus aspiraciones al obligar a Muhammad III as-Sadiq, el Bey de Túnez,
a firmar el Tratado de Bardo. Esto convirtió a Túnez en un protectorado francés
de facto.
Italia centró su atención en las islas del Dodecaneso, pertenecientes al ya moribundo Imperio Otomano, también en los territorios de la Cirenaica, Tripolitania y Fezzan, situadas más al sur, al otro lado del mar Mediterráneo, juntas, en términos generales, forman la actual Libia.
Las intrigas
alcanzaron su punto máximo cuando, en julio de 1902, Italia y Francia firmaron
en secreto un acuerdo por el cual Francia reconocía las reclamaciones italianas
sobre los territorios otomanos a cambio de una aceptación similar por parte de
Italia de las aspiraciones territoriales francesas sobre Marruecos.
Tras la intervención franco-española en Marruecos, el primer ministro italiano Giovanni Giolitti (1842-1928) no dudó en declarar la guerra al Imperio Otomano el 29 de septiembre de 1911. Poco después de la declaración de guerra, una fuerza italiana comandada por el general Carlo Caneva invadió Tripolitania.
La primera parte fue de avance de Italia que tenía una superioridad de cuatro a uno frente a los turcos y mejor material bélico. El 4 de octubre de 1911, los primeros italianos desembarcaron en Tobruk y mandaron una intimación a los defensores de Trípoli para que se rindieran. El 5 de octubre los italianos entraron en esa ciudad y fueron recibidos amigablemente por los habitantes. El 5 de noviembre de 1911, Italia declaró su soberanía en el país africano. En noviembre se emplearon por primera vez en la historia de la guerra aeroplanos y dirigibles como bombarderos y, también por primera vez, uno de ellos fue abatido por un tiro de fusil. Después los italianos entrarían en Bengasi el 18 de noviembre. Seis días más tarde, los barcos italianos hacen estallar el depósito de municiones de Hamidié. El 4 de diciembre tomaron Ain Zara y el 19 de enero Gargaresch, que fortifican. El 2 de marzo se produjo la batalla de las Palmeras en la que los árabes tuvieron grandes pérdidas. Y ese mismo mes consiguen que el ferrocarril llegara al oasis de Ain Zara, de gran importancia estratégica por estar comunicado con Trípoli y con una línea de retirada otomana. En abril llegaron a Macabez y Forusa y cortaban los suministros otomanos. Mientras, en una maniobra de distracción, el general Ameglio desembarcó en Rodas el 4 de mayo.
Pronto se hizo evidente que el ejército otomano no era capaz de hacer frente a la fuerza de invasión italiana, que no solo era numéricamente mucho más fuerte, sino que también tenía acceso a carros de combate e incluso aviones con los que bombardearon sin piedad las posiciones turcas. Apenas tres semanas después, Trípoli y Bengasi cayeron en manos italianas y, a principios de noviembre de 1911, el primer ministro italiano declaró la zona anexionada. Sin embargo, los turcos no tenían la intención de ceder parte de su imperio y, con la ayuda de las tribus beduinas locales, iniciaron una guerra de guerrillas. Por un momento se desató un infierno para las tropas de Caneva, pero cuando un poco más tarde Grecia, Bulgaria, Serbia y Montenegro declararon la guerra al Imperio Otomano, la disputa se resolvió rápidamente y los turcos se vieron obligados a replegarse para responder a la amenaza en los Balcanes.
En octubre
de 1912, el sultán turco Mehmed V (1844-1918) firmó un tratado de paz en Ouchy,
Suiza, cerca de Lausana, en el que renunció a las reclamaciones sobre
Tripolitania, Cirenaica y Fezzan y transfirió su soberanía a Italia, junto a la
de Rodas y las otras islas de el Dodecaneso. Fue el fin de la guerra
italo-turca.
La retirada de los turcos del territorio facilitó la expansión italiana hacia el sur, pero el estallido de la Gran Guerra forzó el regreso de las tropas a Europa, con lo que no pudieron afianzar su dominio. Esto facilitó una revuelta en la Tripolitana que obligó al repliegue del ejército colonial italiano hasta la capital. Finalmente los ejércitos italianos que permanecían en África se refugiaron en Túnez (posesión francesa).
LAS GUERRAS
BALCANICAS
Las Guerras
Balcánicas, o guerras de
los Balcanes, se refieren a una serie de dos conflictos que tuvieron lugar en
los estados balcánicos en 1912 y 1913. En la Primera Guerra de los Balcanes,
los cuatro estados balcánicos de Grecia, Serbia, Montenegro y Bulgaria
declararon la guerra al Imperio Otomano y lo derrotaron, despojando así a los
otomanos de sus provincias europeas, dejando solo Tracia Oriental bajo el
control del Imperio Otomano. En la Segunda Guerra de los Balcanes, Bulgaria
luchó contra los otros cuatro combatientes originales de la primera guerra.
También enfrentó un ataque desde Rumanía desde el norte. Además, Italia también
se involucró en el conflicto con el objetivo de obtener territorios en Albania
y el Imperio Otomano. El Tratado de Bucarest puso fin a las guerras, pero dejó
la zona en un equilibrio inestable, debido al deseo de los derrotados búlgaros
de tomarse la revancha en cuanto surgiese la oportunidad. El Imperio Otomano
perdió la mayor parte de su territorio en Europa. Aunque no participó como
combatiente, Austria-Hungría se debilitó relativamente a medida que una Serbia
mucho más ampliada impulsaba la unión de los pueblos eslavos del sur. La guerra preparó el terreno para la crisis
balcánica de 1914 y, por tanto, sirvió como 'preludio a la Primera Guerra
Mundial'.
El declive del Imperio Otomano a finales del siglo XIX y principios del XX creó un vacío de poder en los Balcanes, un espacio donde las ambiciones de varios estados nacionales emergentes chocaron. Durante siglos, el Imperio Otomano había gobernado sobre una población diversa, incluyendo cristianos ortodoxos, musulmanes y búlgaros, lo que generó tensiones y aspiraciones de independencia. El movimiento de ideas nacionalistas, influenciado por el Romanticismo y el Positivismo, se extendió rápidamente por los Balcanes, alimentando el deseo de crear estados-nación independientes basados en la lengua, la cultura y la historia compartidas. Figuras como Aleksander I Karađorđević en Serbia y Petar Njegos en Montenegro lideraron movimientos nacionalistas que buscaban la liberación de los territorios bajo el dominio otomano. El Congreso de Berlín de 1878, convocado por las potencias europeas, intentó, aunque con éxito limitado, establecer un marco para la autonomía de los estados balcánicos, pero no logró resolver las profundas divisiones étnicas y territoriales de la región.
En 1912, los
estados balcánicos – Serbia, Montenegro, Grecia y Bulgaria – formaron la Liga
Balcánica con el fin de luchar contra el dominio otomano. Esta alianza se creó
con diversos intereses, pero un objetivo común: establecer la independencia de
los territorios aún bajo el control otomano y reorganizar la región a favor de
las naciones balcánicas. La cooperación entre estados balcánicos fue un aspecto
crucial en este proceso.
La Primera
Guerra de los Balcanes (1912-1913)
El conflicto inicial comenzó con la declaración de guerra de Montenegro al Imperio Otomano el 8 de octubre de 1912, seguida por Serbia, Bulgaria y Grecia poco después, marcando un esfuerzo coordinado para expulsar a las fuerzas otomanas de Europa. El 18 de octubre de 1912, Italia declaró formalmente la guerra al Imperio Otomano como parte de las Guerras Balcánicas. La participación de Italia en las Guerras de los Balcanes añadió otra capa de complejidad al conflicto. Como aliado estratégico de Austria-Hungría, Italia tenía como objetivo frenar la expansión serbia mientras perseguía simultáneamente sus propias ambiciones territoriales en la región del Adriático.
La Primera
Guerra de los Balcanes resultó en rápidas victorias militares para la Liga de
los Balcanes, alterando significativamente la dinámica del poder regional y
disminuyendo el control otomano sobre sus territorios europeos. La guerra se
libró en varios frentes, con batallas tanto en tierra como en mar. Las
operaciones contra los otomanos se desarrollaron sin grandes problemas: los
ejércitos coaligados contaban con setecientos mil hombres frente a los
trescientos veinte mil otomanos, y la flota griega bloqueaba la península,
impidiendo la llegada de refuerzos otomanos. Los países balcánicos lograron
importantes avances territoriales y consiguieron importantes victorias en la
guerra. Estos avances se llevaron a cabo mediante diversas estrategias
militares y tuvieron importantes consecuencias tanto para los países
participantes como para la región en su conjunto.
Entre
octubre y diciembre, los coaligados expulsaron al enemigo de casi todo el
territorio europeo en litigio. Sin embargo, el conflicto también tuvo
consecuencias devastadoras, con un alto costo en vidas humanas y una gran
destrucción en la región.
Las grandes
potencias intervinieron entonces para decidir la asignación de territorios
mediante la imposición en mayo del Tratado de Londres, que asignaba Edirne a
Bulgaria, Creta a Grecia y creó Albania gracias a la insistencia de Italia y
Austria-Hungría, que no deseaban que Serbia contase con salida al Adriático. La
victoria no había resuelto el problema del reparto de territorios entre los
coaligados balcánicos.
La Segunda
Guerra de los Balcanes (1913):
La Segunda Guerra de los Balcanes, iniciada en junio de 1913, fue una consecuencia directa de la ambición expansionista de Bulgaria, que buscaba unificar a todos los búlgaros en un solo estado. Bulgaria declaró la guerra a Serbia, Montenegro y Grecia, buscando expandir su territorio hacia el norte y el este. La guerra se caracterizó por una ofensiva masiva de Bulgaria que rápidamente logró capturar importantes ciudades en Serbia y Montenegro. Sin embargo, la intervención de Rumania, que declaró la guerra a Bulgaria en agosto de 1913, cambió el curso de la guerra. Rumania lanzó una ofensiva exitosa contra Bulgaria, capturando gran parte de su territorio y obligando a Bulgaria a retirarse de la guerra.
La derrota de Bulgaria en la Segunda Guerra de los Balcanes marcó el fin de la guerra y condujo a la firma del Tratado de Bucarest, que redefinió las fronteras de los estados balcánicos y consolidó el nuevo orden político de la región. Este conflicto refleja la fragilidad de las alianzas en la región. El conflicto resultó en la desintegración de la parte europea del Imperio Otomano, que perdió la mayor parte de sus territorios y se convirtió en un estado virtual. Además, la guerra alteró el equilibrio político de los Balcanes, creando nuevas tensiones y rivalidades entre los estados balcánicos.
Las Guerras de los Balcanes de 1912-1913 marcaron un punto de inflexión significativo en la historia del sudeste de Europa, sirviendo como precursor de los conflictos más grandes de la Primera Guerra Mundial. El Imperio Otomano, a menudo conocido como «el hombre enfermo de Europa», había estado en un estado de declive durante gran parte del siglo XIX, lo que llevó a un aumento de los sentimientos nacionalistas entre sus poblaciones sujetas en los Balcanes. La expulsión de los turcos de Europa parecía inevitable, aunque el momento y los medios de esta transición seguían siendo inciertos.
LA GUERRA
GRECO-TURCA
La Guerra
greco-turca de 1919-1922 se libró entre Grecia y el Movimiento Nacional Turco
durante la partición del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial,
entre el 15 de mayo de 1919 y el 11 de octubre de 1922.
A lo largo del siglo XIX y principios del XX, muchos países se formaron bajo la presión de fuertes nacionalismos. Las reivindicaciones patrióticas, vinculadas al pasado medieval o incluso más antiguo, caracterizaban a todo estado joven. Italia fue un ejemplo, con reclamaciones contra Trentino, Istria y Dalmacia (antes veneciana), Córcega (antes genovesa), Malta, etc. Grecia, por otro lado, desde su nacimiento entre 1821 y 1829, apuntaba a su pasado imperial bizantino. Entonces se esbozó la Megali Idea, o el sueño de restaurar el antiguo Estado, incluyendo los territorios a ambos lados del Egeo poblados por importantes poblaciones griegas ortodoxas, trayendo la capital nacional de vuelta a Constantinopla, de donde serían expulsados los antiguos conquistadores turcos.
En la conferencia de paz de París de 1919, Venizelos presionó a los Aliados para que llevaran a cabo su sueño de una "Gran Grecia", que incluiría el norte de Epiro, toda Tracia y Jonia, recuperando así algunos territorios que pertenecían al Imperio Romano de Oriente y —con las esperanzas más prometedoras— incluso Constantinopla, que en ese momento estaba bajo el control de una fuerza internacional compuesta por tropas franco-británicas. Sin embargo, una vez terminada la guerra contra Berlín y Viena, comenzaron a verse las primeras grietas entre los miembros del acuerdo, gracias a las promesas a menudo exageradas y contradictorias de Londres para asegurar el mayor apoyo posible en el conflicto. El líder en este sentido fue el gobierno italiano, que había sido prometido, con los acuerdos de San Giovanni di Moriana, un gran espacio colonial que en parte se solapaba con los territorios anatolios prometidos a los griegos. Además, el gobierno de Roma temía por su reciente adquisición de Rodas y el Dodecaneso, claramente islas helénicas. Sin embargo, el primer ministro británico David Lloyd George logró convencer a Francia y a Estados Unidos para impedir que Italia interviniera en Anatolia occidental. El ejército griego pudo entonces desembarcar sin ser molestado en la estratégica ciudad de Esmirna el 15 de mayo de 1919.
La campaña griega se lanzó principalmente porque los aliados occidentales, en particular el primer ministro británico David Lloyd George, habían prometido a Grecia ganancias territoriales a expensas del Imperio Otomano, recientemente derrotado en la Primera Guerra Mundial. Las reclamaciones griegas surgieron del hecho de que Anatolia había sido parte de la Antigua Grecia y el Imperio Bizantino antes de que los turcos conquistaran el área en los siglos XII-XV. El conflicto armado comenzó cuando las fuerzas griegas desembarcaron en Esmirna (actual Esmirna), el 15 de mayo de 1919. Avanzaron hacia el interior y tomaron el control de la parte occidental y noroeste de Anatolia, incluidas las ciudades de Manisa, Balıkesir, Aydın, Kütahya, Bursa, y Eskişehir. Su avance fue frenado por las fuerzas turcas en la Batalla de Sakarya en 1921.
El 15 de
mayo de 1919, veinte mil soldados griegos desembarcaron en Esmirna y tomaron el
control de la ciudad y sus alrededores al amparo de las armadas griega,
francesa y británica. Durante el verano de 1920, el ejército griego lanzó una
serie de ofensivas exitosas en direcciones del valle del río Büyük Menderes
(Meandro), Bursa (Prusa) y Alaşehir (Filadelfia).
La batalla de Sakarya (también llamada batalla de Sangarios) de 1921 fue una de las batallas más importantes de la guerra greco-turca de 1919-1922. El enfrentamiento tuvo lugar entre el 23 de agosto y el 13 de septiembre de 1921 en las orillas del río Sakarya, cerca de la ciudad de Polatlı, que hoy en día es uno de los distritos de la Provincia de Ankara, en Turquía. El frente griego colapsó con el contraataque turco en agosto de 1922, y la guerra terminó efectivamente con la reconquista de Esmirna por las fuerzas turcas y el gran incendio de Esmirna.
El General
Anastasios Papoulas cometió un error estratégico al sucumbir a la presión
política para lanzar la ofensiva sin una viabilidad logística adecuada en la
desolada estepa anatolia. Por el contrario, el alto mando turco logró unidad de
mando mediante el nombramiento de Mustafa Kemal Pasha e implementó exitosamente
un concepto defensivo flexible. El fracaso de las maniobras de envolvimiento
griegas, combinado con la superioridad de reconocimiento turca, llevó al mando
griego a un punto muerto táctico.
La batalla
de Dumlupınar fue la última de las que se dieron durante la Guerra greco-turca
de 1919-1922. El combate se produjo entre el 26 y el 30 de agosto de 1922,
cerca de Afyon, en Turquía.
Con el ejército deshecho y gravemente mermado, los griegos no pudieron impedir que los turcos alcanzasen Esmirna el 9 de septiembre, 6 días después de la victoria en Dumlupinar. La ciudad fue tomada en medio de combates callejeros con las tropas griegas supervivientes y los civiles armados de origen heleno y armenio. El 13 de septiembre se desató el Gran Incendio de Esmirna, que duró 4 días y destruyó gran parte de la ciudad sobre todo los barrios armenios y griegos. Las últimas tropas griegas abandonaron Anatolia de forma definitiva el 16 de septiembre evacuando la ciudad de Çeşme y el 11 de octubre de 1922 los nacionalistas turcos acordaron un armisticio en Mudanya (Provincia de Bursa) con los representantes de los gobiernos de Italia, Francia y Gran Bretaña. El gobierno griego fue forzado a suscribirlo el 14 de octubre.
Aunque el
Imperio otomano estaba debilitado y su ejército diezmado, el comandante Mustafa
Kemal Atatürk supo inyectar dosis de moral a sus tropas para luchar. En 1922
venció a las tropas griegas asentadas en Asia Menor, que no tuvieron otra
medida que capitular.
Los griegos renunciarían finalmente a cualquier reclamación sobre Anatolia y reducirían sus conquistas en Tracia en el Tratado de Lausana de 1923. Éste sancionó así mismo la definitiva destrucción del Imperio otomano y el Califato, y el nacimiento de la moderna República de Turquía, acción que le valió a Mustafá Kemal el sobrenombre de Atatürk, «Padre de los Turcos».
LA REVOLUCIÓN
MEXICANA
La Revolución Mexicana, que se inició en 1910 y se prolongó hasta 1920, fue un movimiento de gran impacto social y político que buscó poner fin a la dictadura de Porfirio Díaz. Este conflicto armado se originó como respuesta a profundas desigualdades sociales, políticas y económicas que habían caracterizado el país durante el porfiriato. La Revolución mexicana, un conflicto armado en el que a finales de 1910 se vieron envueltos los actuales Estados Unidos Mexicanos, fue un movimiento revolucionario iniciado por Francisco Madero tras proclamar desde San Antonio (Texas, Estados Unidos) el Plan de San Luis. Con dicho manifiesto se hizo un llamado a tomar las armas contra la dictadura de Porfirio Díaz, quien, al momento de estallar la revolución, había mantenido sometidos a los mexicanos por más de 30 años a través de un régimen dictatorial. La Revolución Mexicana fue un levantamiento armado contra la dictadura del presidente Porfirio Díaz. Después de su derrota, el destino del país quedó en manos de los líderes revolucionarios que se disputaban el gobierno de la nación.
Durante el gobierno de Porfirio Díaz, que duró más de treinta años, el país experimentó un periodo de estabilidad política y crecimiento económico. Sin embargo, este crecimiento se realizó a expensas de la justicia social. La concentración de la riqueza en manos de unos pocos y la marginación de las masas resultaron en un clima de descontento generalizado. La era del Porfiriato, caracterizada por un gobierno autoritario y la represión de la oposición, creó un ambiente propicio para el surgimiento de movimientos de protesta. Díaz implementó políticas económicas favorables a los inversionistas extranjeros y a los terratenientes, pero estas políticas dejaron a gran parte de la población en condiciones de pobreza extrema. Así, a medida que se consolidaba el progreso económico, se incrementaba la desigualdad, lo que llevó a diversas clases sociales a unirse en contra del régimen.
Porfirio Díaz, general, dictador y estadista mexicano, fue presidente de los Estados Unidos Mexicanos en dos periodos de 1876 a 1880 y de 1884 a 1911. Tras la muerte de Juárez, la presidencia recayó en Sebastián Lerdo de Tejada. Cuando en 1876 Lerdo de Tejada anunció su propósito de presentarse a la reelección, Porfirio Díaz se rebeló (Plan de Tuxtepec); y consiguió expulsar a Lerdo de Tejada y accedió a la presidencia. Un año después, en 1877, el Congreso lo declaró presidente constitucional. En 1880 dejó la presidencia en manos de su aliado Manuel González, quien gobernó hasta 1884. Durante el gobierno de González fue ministro de Fomento y gobernador de Oaxaca. Finalizado el mandato de González, se presentó de nuevo su candidatura a la presidencia (la constitución sólo vetaba las reelecciones consecutivas) y salió elegido. En 1890 promulgó una nueva reforma al artículo 78 de la Constitución, para hacer posible la reelección indefinida, lo que le permitió permanecer en el poder hasta 1911. Durante más de tres décadas,
Porfirio Díaz gobernó México con mano de hierro bajo el lema de «poca política y mucha administración». Su régimen, conocido como el Porfiriato, trajo crecimiento económico y desarrollo de infraestructura, pero a un costo humano terrible. La riqueza se concentraba en unas cuantas manos —principalmente extranjeras— mientras millones de campesinos y obreros vivían en condiciones de miseria (el 90% de la población se encontraba en la miseria). Además, no existía libertad política: Díaz imponía gobernadores, alcaldes y líderes en todos los niveles, negando al pueblo el derecho básico de elegir a sus representantes. Creció el descontento por la miseria en que vivía la mayor parte de la población, y amplios sectores sociales tomaron conciencia de que Díaz llevaba demasiado tiempo en el poder. Cada vez fue más difícil mantener el orden: en los últimos años del Porfiriato reinó un clima de represión en el que la fuerza de las armas se utilizaba con violencia creciente.
Bajo el lema de “baja política y mucha administración”, la
dictadura porfirista pensaba que lo único que importaba era el progreso
material, en base al capital extranjero, ignorando la existencia de la masa
trabajadora. Los capitales extranjeros llegaron a ser dueños o administradores
de los ferrocarriles; controlaban las ricas minas de plata de San Luis de
Potosí, los productos del suelo y del mar y la riqueza forestal y frutícola. La
pirámide social mexicana estaba conformada por diversas clases sociales, entre
las cuales había una marcada diferencia. En los rangos más altos estaban los
grandes latifundistas, los caudillos políticos, los miembros del alto clero y
los empresarios extranjeros y nacionales. Seguían los pequeños burgueses y en
la base, se encontraban los campesinos y obreros, que vendían en condiciones
infrahumanas. Los trabajadores ganaban miserables salarios de 25 centavos
diarios, iguales que a fines de la colonia, no obstante que los precios de los
artículos que consumían se habían elevado al triple. No existía una legislación
que protegiera a los obreros y campesinos.
El ideal para los jóvenes era desplazar la dictadura porfiriana de 30 años. Los obreros soñaban con una legislación que les ofreciera un mínimo de protección contra el abuso de los poderosos. Los campesinos querían tierras. Si hubiera tenido una ideología bien definida pudo ser de igual trascendencia que la Revolución Francesa o Rusa y servir de pauta para la liberación de muchos pueblos que en el resto del vasto continente se encontraban en similar estado.
Francisco I.
Madero decidió salir al frente, para contener las ambiciones del dictador.
Madero era un terrateniente de Coahuila, de espíritu progresista. Organizo el
partido Antireelecionista y, en la convención de Eliseo, de la ciudad de
México, se aprobó su candidatura a la presidencia de la republica, para
competir con el general Díaz. Ya candidato, inicio una triunfal gira política;
fue arrestado en Monterrey, acusado de “conato de rebelión y ultraje a las
autoridades”. De este modo, en las elecciones del 26 de junio, 1910 se hizo
elegir a Porfirio Díaz, por sétima vez. Tras ser liberado Madero lanzo el plan
de San Luís de Potosí donde declaraba nulas las elecciones, desconocía el
gobierno del General Díaz.
La Revolución mexicana comenzó el 20 de noviembre de 1910, cuando un movimiento revolucionario encabezado por Francisco Madero se levantó en armas contra la dictadura de Porfirio Diaz, iniciando dicho conflicto armado en el norte del país mexicano y, posteriormente, extendiéndose por gran parte de México. Esa noche, miles de mexicanos atendieron el llamado a las armas convocado por Madero en el Plan de San Luis, iniciando un levantamiento contra la dictadura de Porfirio Díaz que se había prolongado por treinta y cuatro años. Lo respaldaban en este movimiento, los caudillos Pancho Villa, el “Centauro del Norte” en nombre de los aldeanos; y Emiliano Zapata, en representación de los campesinos y otros lideres populares.
Díaz,
mientras tanto, se disponía a defender su puesto. Sin embargo, convencido de
que su poder se desmoronaba inevitablemente y contemplando que todo el pueblo
estaba levantado en armas, se resigno a dimitir el mando, el 25 de mayo de
1911, firmando un pacto con Madero en la ciudad de Juárez. Luego salio
furtivamente y se embarco en un tren a Veracruz y, posteriormente, viajo a
Europa, muriendo en Paris, en 1915.
La verdad es
que nadie imaginaba que esa insurrección se convertiría en una guerra que
duraría años y transformaría radicalmente las estructuras políticas y sociales
de México. El hecho es que lo que comenzó como una lucha contra la perpetuación
de Díaz en el poder se transformó en una guerra civil entre distintas facciones
revolucionarias que, aunque compartían la idea de un cambio político y social,
defendían intereses completamente diferentes.
Madero ganó
las elecciones de 1911, era la oportunidad de hacer realidad los anhelos de la
patria, sin embargo, la Revolución Mexicana estaba lejos de terminar. Díaz ya
no estaba más en el poder, era la oportunidad para que el gobierno de Madero
devolviera al pueblo lo que le pertenecía y que la justicia llegara a quienes
la merecían. Pero Madero no reconocía la lucha de algunos, como las fuerzas
lideradas por Emiliano Zapata, quien reclamaba las tierras robadas por los
hacendados y exigía derechos laborales para los campesinos.
Ante la negligencia del gobierno, Emiliano Zapata proclamó el Plan de Ayala el 25 de noviembre de 1911, donde señaló a Francisco I. Madero como traidor a las causas campesinas y llamó a levantarse en armas para recuperar las tierras el pueblo mexicano con ayuda de Pascual Orozco, quien apoyó a Zapata desde el norte.
El 9 de
febrero de 1913 el general Manuel Mondragón se levantó en armas con un grupo de
militares opositores en la Ciudad de México. El general Lauro Villar, encargado
de la defensa del Palacio Nacional, logró repeler el asalto. pero fue herido.
Madero nombró en su lugar al general Victoriano Huerta, quien era simpatizante
porfirista y tramaba un golpe de estado junto con los opositores. Huerta firmó
un documento junto a Félix Díaz conocido como el Pacto de la Embajada, en el
cual las fuerzas opositoras acordaban unirse contra el presidente Madero para
desconocerlo y destituirlo, poniendo a Victoriano Huerta en el poder.
El mandato de Madero culminó el 19 de febrero de 1913 a raíz de un golpe de Estado encabezado por Victoriano Huerta. La primera medida tomada por Huerta en su cargo fue ordenar la ejecución de Madero y José María Pino Suárez, el entonces vicepresidente. La ejecución se llevó a cabo el 22 de febrero de 1913 frente al Palacio de Lecumberri en la Ciudad de México, donde estaban siendo escoltados en calidad de detenidos y fueron acribillados por su propia escolta.
Victoriano Huerta llegó al poder como dictador apoyado por hacendados, gobernadores e incluso la iglesia, imponiendo la fuerza militar sobre la libertad que se había prometido al país. Se levantaron grupos armados en Coahuila bajo el mando de José María Maytorena y Venustiano Carranza en Sonora. En Chihuahua también se levantaron en armas, aunque con un bandolero como líder: el mítico Pancho Villa. La rebelión en el norte dio a luz a una nueva alianza, el Ejército Constitucionalista. Su líder era el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza. Villa se posicionó como líder de este movimiento en Chihuahua con la División del Norte como fuerzas armadas. En el sur, el ejército zapatista cobraba fuerza. Conforme la oposición a Huerta avanzaba hacia la Ciudad de México, crecieron las diferencias entre los villistas y carrancistas. Villa se quedaría en el norte y Carranza llevaría al Ejército Constitucionalista a tomar la presidencia. A mediados de 1914, Huerta fue derrocado. Carranza se instaló como Presidente de México.
El gobierno
de Carranza se trasladó temporalmente a Veracruz y los convencionistas tomaron
la Ciudad de México. Villistas y Zapatistas se rebelarían contra el gobierno de
Carranza formando la facción convencionista, pues seguía sin ser una fuerza
política con voluntad y capacidad de cumplir sus demandas. La Revolución
Mexicana continúa.
Poco después, los EE.UU. y varias potencias europeas, ya entrada la Gran Guerra, reconocieron el gobierno de Carranza como legítimo. Las fuerzas de Villa, replegadas en el norte, atacaron en venganza el poblado de Columbus, Nuevo México, en 1916. Esto llevó a los norteamericanos a incursionar en territorio mexicano para buscar a Villa. A este suceso se le conoce como la Expedición Punitiva, que duró alrededor de un año sin lograr capturar al líder revolucionario.
Carranza
llamó a un congreso constituyente que derivó en la Constitución de 1917,
promulgada el 5 de febrero de ese año. En el congreso participaron delegados
cercanos a la facción conservadora de Carranza. Eran mayoría los que creían en
la reforma agraria, aunque los zapatistas habían sido vetados del proceso. En
diciembre de 1917 Carranza tomaría posesión como presidente bajo la nueva
constitución, pero los movimientos armados revolucionarios seguían presentes.
Pronto habría elecciones y el general Álvaro Obregón se postuló como opositor
al candidato de Carranza. El presidente inició una campaña de desprestigio
contra Obregón, a quien consideraba demasiado radical, por lo que intentó
arrestarlo.
El carrancista Ignacio Bonillas resultó ganador en las elecciones presidenciales de 1920. Obregón, quien gozaba de gran popularidad, se levantó en armas con la promulgación del Plan de Agua Prieta. La rebelión triunfó y Carranza fue asesinado el 21 de mayo de 1920. Se instaló a Adolfo de la Huerta como presidente provisional y se dieron nuevas elecciones. Obregón resultó vencedor.
Se inició un
gobierno posrevolucionario más o menos estable bajo una nueva constitución.
Emiliano Zapata había sido asesinado un año antes, el 10 de abril de 1919. Sus
seguidores desistieron o se aliaron con Obregón. Francisco Villa, cansado y
envejeciendo, optó por firmar un armisticio con Adolfo de la Huerta. Huerta le
otorgó tierras y una pensión vitalicia. Lo que quedaba de su ejército se fue a
vivir con él. De cualquier forma, el mítico Pancho Villa fue asesinado el 20 de
julio de 1923 en Parral, Chihuahua.
En 1928, en plena Guerra Cristera, Obregón se presentó de nuevo como candidato a la presidencia tras una reforma constitucional realizada el año anterior. Fue elegido nuevamente, pero en medio de una gran crisis política e incertidumbre. Fue asesinado por el cristero José de León Toral, el 17 de julio, en el restaurante "La Bombilla", de la Ciudad de México.
LA GUERRA
CRISTERA
En la historia de México, se conoce como la Guerra Cristera (de Cristo, el ícono católico), también llamada rebelión cristera, guerra de los cristeros o Cristiada, a un conflicto armado que tuvo lugar entre 1926 y 1929. Enfrentó al gobierno y al ejército mexicano contra las milicias católicas que rechazaban las recientes medidas liberales del presidente Plutarco Elías Calles (1877-1945), principalmente la Ley Calles, que imponía restricciones a la influencia de la Iglesia católica. Este conflicto se insertó en las numerosas tensiones posrevolucionarias (es decir, posteriores a la Revolución mexicana) entre los sectores conservadores, de filiación religiosa, y los sectores liberales, generalmente anticlericales, de la sociedad mexicana. Representando la penúltima conflagración bélica librada dentro del territorio nacional mexicano, la Guerra Cristera alteró de forma radical el tejido social, la vida pública y la libertad de culto de la nación.
Nacido del
enfrentamiento entre el poder civil y la feligresía religiosa tras la
consolidación del Estado posterior a la Revolución Mexicana, el conflicto
conocido como la Guerra Cristera constituyó una sangrienta guerra civil en
México desarrollada entre el 3 de agosto de 1926 y el 21 de junio de 1929.
Esta contienda bélica involucró a un amplio conjunto de grupos sociales, desatándose como consecuencia de la escalada de violencia entre la feligresía católica, incluida la Iglesia misma, y el Estado revolucionario, liderado entonces por el presidente Plutarco Elías Calles. La Guerra Cristera se extendió desde el 29 de agosto de 1926, con el inicio de acciones militares por parte de los líderes cristeros Pedro Quintanar y Aurelio Acevedo, hasta 1929, con el establecimiento de las relaciones nicodémicas entre el Estado y la Iglesia católica.
La Iglesia
Católica, que había sido un pilar fundamental de la sociedad mexicana durante
siglos desde la Colonia y la Independencia, se encontró en una posición
incómoda, dividida entre el apoyo a algunos revolucionarios y la oposición a
otros. Las profundas raíces normativas del choque se remontaban a las
disposiciones laicas fijadas en la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos de 1917, las cuales heredaron el marco liberal del siglo XIX y de las
Leyes de Reforma. La cuestión Iglesia-Estado provocó agrios enfrentamientos
durante el siglo XIX en México, fundamentalmente a partir del proceso de
consolidación estatal bajo auspicios liberales. Generalmente, se señala al
Porfiriato como un periodo de relativa convivencia pacífica entre el Estado y
la Iglesia. En contraste con los años dorados del Porfiriato, la Revolución
mexicana supuso una ruptura de las relaciones entre la Iglesia y el incipiente
Estado revolucionario, quienes condenaron el apoyo de la Iglesia al régimen de
Victoriano Huerta.
El
sentimiento de indignación hacia a la Iglesia por parte de los
constitucionalistas iría creciendo hasta el punto de materializarse en forma de
políticas anticlericales y, después, hasta plasmarse en la mismísima
Constitución mexicana de 1917, caracterizada por su carácter anticlerical
explícito.
La Constitución mexicana de 1917, de carácter profundamente masónico y anticlerical, privó a la Iglesia católica de personalidad jurídica a la par que nacionalizaba los lugares de culto, secularizaba la educación, prohibía las ordenes monásticas y vetaba a los sacerdotes del uso de hábitos. Estas medidas no serían puestas en práctica sino hasta 1924, año en el que el Plutarco Elías Calles llegó al poder. El nuevo jefe de Estado mexicano era abiertamente socialista, ateo, masón y anticlerical, por lo que no tuvo reparo alguno en designar públicamente a la Iglesia católica como un enemigo del Estado.
La severa
aplicación de preceptos constitucionales como el Artículo 3°, el Artículo 5°,
el Artículo 24, el Artículo 27 y, de manera primordial, el Artículo 130 despojó
de personalidad jurídica a las instituciones religiosas y limitó drásticamente
los derechos políticos de los sacerdotes. La escalada de violencia provocada
por las operaciones militares del Ejército Mexicano, la resistencia de las
brigadas insurgentes y las medidas de reconcentración forzada se tradujo en una
tragedia humanitaria que cobró un saldo estimado de hasta 250 mil muertos entre
civiles, milicianos cristeros y efectivos federales.
Las tensiones sociales aumentaron de forma alarmante el 14 de noviembre de 1920, fecha en que tuvo lugar un perpetrado atentado con bomba en la Antigua Basílica de Guadalupe. La tentativa de destrucción de la sagrada imagen de la Virgen de Guadalupe indignó profundamente a la feligresía de México, sembrando un motivo de insurrección armada que maduró paulatinamente durante los mandatos de Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.Tras la llegada del presidente Plutarco Elías Calles al Poder Ejecutivo, la presión gubernamental se endureció significativamente.
El detonante
definitivo de la conflagración militar fue la promulgación de la Ley de
Reformas al Código Penal, popularmente bautizada como la Ley Calles, expedida
en 1926 por el presidente Plutarco Elías Calles. Dicho cuerpo normativo buscó
proveer a las autoridades de herramientas jurídicas drásticas para aplicar de
forma expedita las restricciones del Artículo 130 constitucional y suprimir
toda participación de las instituciones religiosas en la vida pública nacional.
El resultado fue la proclamación de la llamada Ley Calles, que regulaba el
número de sacerdotes en cada templo, prohibía que hubiera sacerdotes
extranjeros y prohibía a la Iglesia participar en la política. Igualmente, la
ley reforzaba el artículo constitucional que declaraba que la educación debía
ser laica y en manos del Estado.
En respuesta a la legislación coercitiva, la comunidad católica articuló vías de protesta pacífica mediante la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa. Se reunieron casi dos millones de firmas para someter una iniciativa de reforma constitucional ante el Congreso de la Unión, pero la petición fue tajantemente desestimada. La Ley Calles provocó una rápida respuesta del Vaticano. La primera medida fue convocar un boicot que paralizó todas las actividades religiosas en el país. Después, se produjeron varias manifestaciones que reclamaban la derogación de la ley. El presidente se reafirmó en su decisión.
La Ley
Calles provocó que muchos grupos de católicos se levantaran en armas. Las
insurrecciones se sucedieron en varios estados y el gobierno respondió enviando
al ejército. Ante la represión gubernamental, los católicos comenzaron a
organizarse en milicias armadas, conocidas como “cristeros”, para defender sus
derechos y proteger a sus comunidades. Estas milicias, compuestas
principalmente por campesinos, obreros y miembros del clero, recibieron
entrenamiento y armamento de forma clandestina, gracias al apoyo de algunos
sectores del ejército y de organizaciones religiosas.
Tras no lograr su objetivo, la Iglesia apoyó un boicot económico contra el gobierno, que comenzó el 14 de julio de 1926 en algunos estados como Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas o Guanajuato, donde tuvo mucha repercusión. Así, los católicos de estos estados dejaron de acudir a teatros y cines, además de no usar el transporte público. Incluso algunos profesores abandonaron sus puestos. El boicot, no obstante, fracasó en octubre de ese mismo año. A pesar del apoyo de muchos católicos, los más ricos no quisieron continuar, ya que perdían dinero. Por su parte, el gobierno respondió cerrando más iglesias y rechazando la propuesta de modificación de la Constitución presentada al Congreso por el episcopado el 22 de septiembre.
El fracaso
de estas acciones pacíficas provocó la radicalización de grupos de católicos,
especialmente notable en Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco,
Nayarit, Michoacán y Colonia, así como en zonas de Ciudad de México y Yucatán.
Los dirigentes de estos grupos radicalizados mantenían la autonomía respecto a
los obispos, aunque la cercanía era evidente. En enero de 1927, comenzaron a
acumular armas y las primeras guerrillas, casi todas compuestas por campesinos,
estuvieron listas para actuar. El lema principal de los cristeros era ¡Viva
Cristo Rey!. Obispos, como Ignacio
María González de Veracruz y Manuel María Rabelo de Michoacán, también
desempeñaron un papel importante en la organización y el liderazgo de los
cristeros. Las estrategias de lucha de los cristeros se basaron en la guerra de
guerrillas, aprovechando el conocimiento del terreno, la ayuda de la población
local y la capacidad de sorpresa. Los cristeros también contaron con el apoyo
de algunos sacerdotes que, a pesar de la represión, continuaron brindando
asistencia a los combatientes y a la población civil. La guerra se caracterizó
por la falta de reglas y la brutalidad de ambos bandos.
A principios
de 1927, Jalisco era el principal foco de los católicos armados. Su líder era
René Capistrán Garza, quien también encabezaba la Asociación Mexicana de la
Juventud Católica. Un manifiesto publicado en Año Nuevo y titulado A la Nación
se convirtió en la llamada a la insurrección. En ese texto, Garza afirmaba que
había llegado la hora de la batalla y de la victoria de Dios. Sus partidarios
se trasladaron a la zona noreste de Guadalajara, donde ocuparon pequeñas
localidades. Pronto, estas rebeliones se extendieron por Jalisco, Guanajuato,
Zacatecas y Michoacán, sucediéndose luego en casi todo el centro del país. A
pesar de ocupar algunas aldeas, el ejército solía recuperar el control en poco
tiempo. El conflicto, por lo tanto, nunca pareció decantarse a favor de ningún
bando.
La gran mayoría de las acciones armadas se desarrollaron en zonas rurales del país, a pesar de que los dirigentes de los rebeldes procedían de las ciudades. Algunos cálculos señalan que, para 1927, los cristeros sumaban 12.000 efectivos, cifra que aumentó hasta 20.000 dos años después. Salvo excepciones, los obispos se distanciaron de la lucha armada e intentaron establecer negociaciones con el gobierno y la mediación de Estados Unidos. Mientras, los levantamientos continuaban. El 23 de febrero de 1927, en San Francisco del Rincón (Guanajuato), se produjo la primera victoria cristera en un enfrentamiento directo contra el ejército. No obstante, el intento cristero de robar el dinero transportado en un tren en abril de ese año casi acaba con la insurrección. El asalto al tren, encabezado por el padre Vega, desembocó en un tiroteo en el que falleció el hermano de Vega. Este ordenó quemar los carruajes y 51 civiles fallecieron por las llamas. La opinión pública, una vez conocida la noticia, comenzó a ponerse en contra de los cristeros. Para el verano, la rebelión estaba casi finalizada.
Las elecciones de 1928 tenían como candidato favorito a Álvaro Obregón. Este, al contrario que Calles, estaba dispuesto a acabar con el conflicto y pretendía llegar a un acuerdo. Sin embargo, un atentado cometido por José de León Toral, un activista católico, acabó con la vida de Obregón
Durante 1928 y 1929 los cristeros volvieron a recobrar la iniciativa. En parte, esto se vio favorecido por una revuelta del ejército en Veracruz, que obligó al gobierno a dedicar sus esfuerzos a reprimirla. Las tropas cristeras aprovecharon para atacar Guadalajara, pero fueron derrotados. Más adelante, lograron tomar Morelos Tepatitlán, aunque sufrieron la baja del padre Vega. Cuando el gobierno sofocó la revuelta militar de Veracruz, pudo centrarse en acabar con las tropas cristeras. Estos, capitaneados por Victoriano Ramírez “el Catorce”, intentaron resistir, pero surgieron enfrentamientos internos. La captura de “el Catorce” y su posterior ejecución dejó a su bando sin un líder claro.
José Sánchez
del Río fue un joven mártir, formaba parte de las milicias cristeras pero no
era combatiente, y fue detenido, torturado y asesinado a sangre fría, en un
ritual elaborado, invitándole explícitamente a rechazar la fe. No fue una
víctima de guerra, sino de persecución religiosa por parte del poder político. Fue
beatificado el 20 de noviembre de 2005 por el Papa Benedicto XVI y canonizado
como santo de la Iglesia universal, el 16 de octubre de 2016 por el Papa
Francisco.
La guerra
llegó a su fin en 1929, tras las negociaciones mediadas por Estados Unidos y la
Santa Sede. Estas negociaciones resultaron en la firma de acuerdos que
otorgaron a la Iglesia la devolución de propiedades, una amnistía general para
los cristeros que se rindieron y el reconocimiento del derecho a la educación
religiosa.
La Guerra Cristera tuvo consecuencias devastadoras para México. Se estima que murieron entre 250,000 y 300,000 personas, incluyendo combatientes y civiles. Además de las víctimas mortales, miles de personas fueron encarceladas, torturadas o desplazadas de sus hogares. La guerra dejó un profundo trauma en la sociedad mexicana, exacerbando las tensiones religiosas y sociales.
LA
REVOLUCIÓN RUSA DE 1917
La Revolución rusa fue un proceso revolucionario que atravesó Rusia entre 1917 y 1923, que consistió en todos los sucesos que condujeron al derrocamiento del régimen zarista imperial durante la Revolución de Febrero, la posterior instauración de un Gobierno Provisional, entre febrero y octubre de 1917, que proclamó la República Rusa, y la disolución de la República Rusa tras la Revolución de Octubre que proclamó la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. La Revolución rusa fue un acontecimiento decisivo en la historia del siglo XX, pues instauró el primer Estado socialista de la historia. Despertó grandes simpatías en muchos sectores progresistas y revolucionarios del mundo, así como miedos y antagonismos en gobiernos conservadores, sectores burgueses y en grupos socialistas que rechazaban el autoritarismo del gobierno bolchevique. Con esta revolución, el comunismo tuvo su primer triunfo en la historia y logró consolidarse como modo de producción alternativo al capitalismo durante la mayor parte del siglo XX.
La Rusia
comunista recibió el nombre de República Socialista Federativa Soviética de
Rusia y, desde 1922, se convirtió en el centro de la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS). La Unión Soviética, nacida de la Revolución
rusa, fue una de las dos superpotencias que protagonizaron la Guerra Fría hasta
su caída en 1991.
La
Revolución rusa tuvo dos momentos con sus características particulares:
Revolución
de Febrero. Se produjo en marzo de 1917 (febrero según el calendario juliano
que se usaba en Rusia en esa época). Puso fin al reinado del zar Nicolás II y
llevó a la conformación de un gobierno provisional integrado por liberales,
socialistas y otros sectores políticos.
Revolución
de Octubre. Ocurrió en noviembre de 1917 (octubre según el calendario juliano).
Fue un golpe de Estado con el que los bolcheviques, liderados por Vladimir
Lenin, derrocaron al gobierno provisional e instauraron un gobierno socialista
de tipo soviético, cuya principal institución fue el Sovnarkom o Consejo de
Comisarios del Pueblo.
Las raíces del descontento ruso eran muy profundas. Bajo el zar Nicolás II, en el trono desde 1894, hubo hambrunas en el campo y se agravó la explotación y la miseria en las ciudades a causa de la incipiente industrialización. La revolución de 1905, desencadenada tras la sangrienta represión de una manifestación en San Petersburgo, fue seguida por una cierta liberalización política, con la introducción de un parlamento o Duma, una Constitución y partidos políticos.
Una década después, la conflictividad había aumentado y las tensiones sociales y económicas se magnificaron con la entrada de Rusia en la Gran Guerra, en 1914. Petrogrado, próxima a la frontera alemana, era un hervidero de soldados y de trabajadores hambrientos que soportaban sus padecimientos junto a lujosos palacios. A principios de 1917, la ciudad, agotada por la guerra y la escasez de alimentos, era un polvorín; la ira y la desesperación se dirigían contra quienes ostentaban el poder.
La
Revolución fue una directa consecuencia de la participación rusa en la Primera
Guerra Mundial desde 1914, aunada a la ineficiencia y la corrupción
gubernamental. Las pérdidas rusas en la guerra fueron pasmosas desde el
principio; los rusos sufrieron casi 4 millones de bajas en combate solo durante
el primer año de la guerra. Los ejércitos rusos, que se encontraban pobremente
liderados y abastecidos, sufrieron pérdidas catastróficas frente a los
ejércitos alemanes, lo que produjo numerosos motines entre las tropas rusas a
partir de 1916. La crisis económica causada por la guerra hizo inevitable la
Revolución, que inicialmente estimuló la esperanza de quienes buscaban poner
fin a la explotación de los trabajadores y campesinos, pero pronto, el gobierno
imperial sería sustituido por la igualmente salvaje y corrupta dictadura
Bolchevique.
Inicialmente,
la revolución estuvo integrada por diferentes sectores de la sociedad rusa que
se oponían al régimen zarista: la élite intelectual liberal, las clases medias
profesionales, los sectores obreros y el campesinado, que constituía la mayoría
de la población. Sin embargo, las facciones menchevique y bolchevique del
Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), cuyo poder se basaba en el sector
obrero, terminaron liderando la revolución. Entre febrero y octubre de 1917, la
revolución atravesó un breve período democrático, con el poder organizado desde
el Gobierno Provisional, el Parlamento y, en la práctica, el Soviet de
Petrogrado. En octubre, la facción bolchevique liderada por Lenin tomó el poder
del Gobierno Provisional y de manera inmediata tomó medidas que apuntaban a
instalar una “dictadura del proletariado” para construir una sociedad
comunista.
Diferentes sectores se unieron en oposición a los bolcheviques: anticomunistas, monárquicos, nacionalistas y liberales. Esta asociación contrarrevolucionaria tomó el nombre de Movimiento Blanco y conformó un ejército que luchó contra la imposición del comunismo. La guerra civil rusa duró hasta que, en 1923, el “ejército rojo” bolchevique venció finalmente a los contrarrevolucionarios y fundó, de manera definitiva, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
La
Revolución de Febrero
La
Revolución de febrero de 1917 (en marzo de 1917 según el actual calendario
gregoriano) fue una rebelión popular espontánea focalizada inicialmente en
Petrogrado (actual San Petersburgo) en medio de motines militares que limitaban
la capacidad gubernamental de respuesta, tras lo cual fue derrocado el zar
Nicolás II, último emperador de Rusia. Los miembros de la Duma imperial (o
parlamento) asumieron el control del país conformando un gobierno provisional.
Ocurre un período de poder dual en Rusia, en el cual el Gobierno provisional
ruso mantuvo el poder del Estado, mientras que los sóviets (o consejos obreros)
a lo largo del país mantenían la lealtad de las clases bajas y la izquierda
política. El Gobierno provisional eligió permanecer en la guerra, mientra que
los Bolcheviques pretendían abandonarla. Numerosos motines militares y huelgas
de trabajadores ocurren.
En marzo de
1917 (febrero en el antiguo calendario juliano utilizado en Rusia en esa
época), se dio una serie de protestas espontáneas de la población de Petrogrado
(actual San Petersburgo) que derivaron en una insurrección revolucionaria.
La miseria y
la falta de alimentos en el duro invierno ruso desencadenaron una serie de
huelgas espontáneas en las fábricas de Petrogrado. El 12 de marzo las tropas
enviadas a reprimir las protestas se pusieron del lado de los huelguistas. En
tres días, del 12 al 15 de marzo, tres acontecimientos marcaron el fin del
zarismo:
La Duma o
Parlamento nombró un Gobierno Provisional encargado de convocar elecciones a
una Asamblea Constituyente.
En Petrogrado se constituyó el Soviet de Trabajadores y Soldados controlado por los partidos obreros (mencheviques, bolcheviques y socialistas revolucionarios).
El zar Nicolás II abdicó en favor de su hermano Miguel, quién rechazó el trono. La dinastía Romanov llegó a su fin y se proclamó la República. Se forma el gobierno provisional del príncipe Lvov y de Kerenski. Georgy Yevgenyevich de Lvov, noble aristócrata ruso, fue el primer presidente del gobierno provisional ruso establecido durante la Revolución de febrero de 1917. Aleksandr Kérenski dirigente revolucionario ruso que desempeñó un papel primordial en el derrocamiento del régimen zarista en Rusia, fue el segundo y último primer ministro del Gobierno provisional instaurado tras la Revolución de Febrero y su figura principal. Fue capaz de hacer fracasar el golpe de Kornílov, pero no pudo evitar la Revolución de Octubre en que los bolcheviques tomaron el poder.
Durante los
seis meses siguientes, Rusia vivió una situación de “doble poder”: el gobierno
provisional liberal burgués y los soviets de obreros y soldados compitieron por
el poder. Estas dos instituciones compitieron por dominar una situación caótica
marcada por la guerra, la crisis económica y el derrumbamiento de las
instituciones políticas. Por un lado, el Gobierno provisional estaba controlado
por los liberales moderados, con el Partido Cadete como principal apoyo. Este
gobierno estableció las libertades políticas, pero decidió esperar a que una
Asamblea Constituyente abordara las cuestiones de mayor importancia. Por otro lado, por toda Rusia se conformaron
soviets de obreros que se constituían como representantes del sector obrero y
de los sectores más revolucionarios de la población.
Los soviets
estaban liderados, en su mayoría, por los mencheviques y los bolcheviques del
POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata Ruso). Aunque tenían un gran apoyo
popular, los mencheviques renunciaron a tomar el Gobierno Provisional, porque
creían que Rusia no estaba preparada para emprender una revolución social
radical.
La guerra continuaba y los desastres y privaciones que padecía el pueblo ruso fueron minando la fortaleza de las posturas más moderadas. Hacia mediados de julio, los soldados empezaron a desertar masivamente. El frente ruso se desmoronó. Al mismo tiempo los campesinos ocupaban la tierra de los terratenientes, los obreros comenzaban a tomar el control de algunas fábricas y, en medio del general desconcierto, las nacionalidades no rusas (polacos, lituanos, estonios y ucranianos) lucharon por liberarse del dominio ruso.
La
Revolución de Octubre
La Revolución de octubre de 1917 (ocurrida en noviembre de 1917 según el calendario gregoriano), también conocida como «Revolución bolchevique», fue un golpe de Estado tras el cual el partido bolchevique liderado por Vladimir Lenin, en alianza con los Soviets, derrocan al Gobierno provisional y asumen el poder en Rusia, inaugurando la era soviética. Los bolcheviques entonces firman un tratado de paz con Alemania, poniendo fin a la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial. Pero pronto estallaría la Guerra civil rusa entre las facciones nacionalistas «roja» (bolchevique) y «blanca» (antibolcheviques) que continuaría hasta 1923 con la victoria de los rojos, dejando una nación exhausta y arruinada. Entre las repercusiones históricas más relevantes de la Revolución rusa se observan la creación de la Unión Soviética (URSS) en 1922, así como la proliferación del comunismo.
Tras muchas
dudas entre los principales dirigentes bolcheviques, uno de ellos llamado
Vladimir Illich Ullianov (conocido como Lenin) tomó la iniciativa. Su partido
controlaba en ese momento el Sóviet de Petrogrado, y Trotsky, el otro gran
líder bolchevique, que dirigía el denominado Comité Militar Revolucionario, dio
la orden de asaltar el poder a la Guardia Roja, una milicia de soldados
revolucionarios controlada por el partido de Lenin.
En el golpe de Estado del 7 de noviembre, con la Guardia Roja organizada por León Trotski, tomaron el Palacio de Invierno y el Gobierno Provisional fue destituido y sus miembros huyeron o fueron arrestados. Lenin se puso al frente del Consejo de Comisarios del Pueblo, una nueva institución creada para sustituir al Gobierno Provisional. De manera inmediata, el nuevo gobierno aprobó tres decretos con los que buscaba el apoyo de las clases trabajadoras. Las primeras medidas del nuevo gobierno fueron:
Salir de la
guerra: el Tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1918), por el que Rusia cedió a
Alemania enormes territorios: Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia y
Ucrania.
Repartir la
tierra entre los campesinos y nacionalizar la banca y las grandes industrias. Estableció
la expropiación de los terratenientes y el reparto de la tierra entre los
campesinos.
Dar el
control de las fábricas a los obreros.
Lenin
trataba de afianzar su poder. Sin embargo, no pudo evitar que se celebraran las
elecciones a una Asamblea Constituyente. En el resultado, los bolcheviques
perdieron contra los mencheviques y socialistas revolucionarios, y obtuvieron
solo un cuarto de las bancas de representantes.
En
respuesta, el gobierno de los Comisarios del Pueblo disolvió la Asamblea el 5
de enero de 1919. Lenin legitimó su gobierno como representante del poder de
los soviets, controlados por los bolcheviques.
Inmediatamente
después de llegar al poder, el gobierno comunista tuvo que hacer frente a un
ataque militar generalizado. Tres fuerzas principales se enfrentaron al
gobierno de Moscú, la nueva capital del país:
El Ejército
Blanco, una abigarrada coalición de todos los opositores al bolchevismo en la
que predominaron diversos generales zaristas.
Las fuerzas de la Entente (británicas, francesas, norteamericanas, japonesas), enviadas con la esperanza de derrocar a los comunistas y conseguir que Rusia volviera a la lucha contra los Imperios Centrales. Aunque mandaron pequeños ejércitos expedicionarios, la intervención extranjera se basó en la ayuda a los “generales blancos”.
Las fuerzas
del recién creado estado polaco, que se enfrentaron al nuevo estado soviético
en la guerra ruso-polaca (1918-1921).
El gobierno
bolchevique tuvo que tomar medidas extraordinarias. León Trotsky se puso al
frente del Ejército Rojo, al que consiguió organizar con férrea disciplina. Se
fundó además la Checa, una policía política bolchevique.
El Ejército
Rojo bolchevique, organizado por Trotski, se enfrentó al Ejército Blanco
(zaristas, liberales y otros opositores), que recibió apoyo de varias potencias
extranjeras. El 17 de julio de 1918, el zar Nicolás II, el último emperador de
Rusia, y toda su familia fueron ejecutados en Ekaterimburgo. Los bolcheviques
ganaron, pero el país quedó arruinado.
Para
recuperar la economía, Lenin aplicó la Nueva Política Económica (NEP) en 1921:
permitió el pequeño comercio privado y que los campesinos vendieran parte de su
cosecha, mientras el Estado conservaba la banca, la gran industria y el
comercio exterior.
Acabada la Gran Guerra, las fuerzas expedicionarias extranjeras enviadas a Rusia retornaron a sus países. En adelante, el Ejército Rojo centró todas sus energías en derrotar a un Ejército Blanco. Finalmente, en 1921, los comunistas pudieron proclamar su triunfo en la guerra civil. Al año siguiente nacía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), nuevo estado dirigido por el Partido Comunista, que unió a Rusia con Ucrania, Bielorrusia y las repúblicas del Cáucaso. Lenin murió en 1924 y lo sucedió José Stalin, que impuso un régimen totalitario.
LA GUERRA
CIVIL RUSA
La guerra civil rusa fue un conflicto armado que se desencadenó en Rusia entre 1917 y 1923. Se desató luego de que los bolcheviques tomaran el poder en la Revolución rusa y establecieran un gobierno comunista. En el conflicto se enfrentaron el Ejército Rojo (las fuerzas armadas del nuevo gobierno revolucionario) y el Ejército Blanco o Movimiento Blanco, que aglutinó a las militares defensores del zarismo y diferentes fuerzas de la oposición, con la ayuda de naciones extranjeras. La guerra civil fue una continuación inmediata de los conflictos que emergieron tras las constantes pugnas por el poder durante la Revolución rusa, particularmente en su última etapa, la Revolución de octubre.
La
revolución que tuvo lugar entre el 8 y el 16 de marzo de 1917 finalizó con el
fin del zarismo y con la división del poder de Rusia entre un gobierno
provisional y el Soviet de Petrogrado, cuyo distanciamiento fue la causa de la
Revolución de Octubre.
En noviembre
de 1917 tuvo lugar la segunda revolución de Rusia, o segunda parte de la
revolución, conocida como la Revolución de Octubre. Esta revolución iniciada
por los llamados bolcheviques fue clave para el inicio de la guerra, siendo la
responsable del fin del gobierno provisional, la creación de la llamada Rusia
Soviética y el comienzo de la guerra civil rusa.
La guerra civil rusa (1917-1922) comenzó poco después de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917. Los bolcheviques (Guardia roja) se vieron inmediatamente en conflicto con varias fuerzas disidentes que se oponían a sus políticas, como la abolición de la monarquía, la redistribución de tierras entre los campesinos y la retirada rusa de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Los antibolcheviques no formaban una unidad, dado que integraban una amalgama de conservadores, monárquicos, aquellos a favor de políticas de derecha o centristas, y miembros de las Fuerzas Armadas (Movimiento blanco), grupos militantes campesinos (Ejércitos verdes) y anarquistas (Ejércitos negros); así como también miembros de grupos socialistas rivales y potencias extranjeras, en especial Japón, Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos.
En noviembre
de 1917, los bolcheviques, socialistas radicales dirigidos por Vladímir Lenin,
instauraron su propio Gobierno por la fuerza, reemplazando al moderado Gobierno
provisional, que gobernaba Rusia sin éxito desde la abdicación del zar Nicolás
II en marzo de 1917. El 12 de noviembre (25 de noviembre) se llevan a cabo
elecciones para una Asamblea Constituyente, pero la dictadura leninista ordena
su disolución por decreto en enero de 1918, ante la profunda indignación de la
mayoría opositora. Esto lleva a las facciones opositoras a plantearse otros
métodos de resistencia frente al Gobierno bolchevique.
Los bolcheviques alcanzaron gran popularidad entre el campesinado y la clase obrera gracias a la promesa de reformas socialistas, pero distaban de convencer a la mayoría de los rusos de que un Estado apoyado en el proletariado era el camino para seguir. Los monárquicos aún anhelaban el regreso del zar, o su heredero, al trono. Otros socialistas, como los mencheviques y los social-revolucionarios, no se adherían a la visión del bolchevismo acerca de una nueva Rusia revolucionaria. Otro frente de oposición surgió de varios movimientos nacionalistas, como los que se encontraban en el Báltico, Ucrania y las regiones bajo dominio cosaco, que se mostraban firmes ante la idea de instaurar sus propios Gobiernos.
El primer intento para tomar el poder contra los bolcheviques fue el Levantamiento Kérenski-Krasnov en octubre de 1917. Tuvo el apoyo del amotinamiento junker en Petrogrado, pero fue rápidamente vencido por la Guardia Roja.
Como
resultado del desarrollo de una Guerra Civil en Rusia se tornaba inevitable e
inminente a partir de la firma del Tratado Brest-Litovsk, Leon Trotsky fue
designado Comisario de Guerra en 1918. Desde un centro de la Guardia Roja que
había sido armado por el Gobierno Provisional, Trotsky recontruyó el Ejército
Rojo a través del reclutamiento. Mientras que Iosif Stalin fue comisario
político en el Ejército Rojo en diversos frentes.
Para el año 1921, los Bolcheviques comandaron alrededor de cinco millones de soldados, incluyendo 50 000 antiguos oficiales zaristas convocados para entrenar a los reclutados. Las ventajas más importantes que tenía el Ejército Rojo sobre el Blanco eran disciplina y capacidad de liderazgo. Mientras Lenin era el líder indiscutido del Partido Bolchevique, Trotsky era el brillante organizador militar dirigiendo actividades en los frentes de la guerra.
Con el
evidente hundimiento del imperio zarista, mientras nacen movimientos
independentistas en Ucrania, en Finlandia, en el Cáucaso y en los países
bálticos, los que se resisten a la victoria de los comunistas. La iniciativa la
toma el general Mihail Vasilevic Alekseev, ex jefe de estado mayor de Nicolás
II, que en los territorios del Don empieza a reunir a oficiales y soldados de
vuelta del frente que, junto a los cosacos, forman el embrión del Ejército
Blanco" – cuya jefatura efectiva es asumida, el día de Navidad de 1917,
por el general Lavr Kornílov.
Atacados y perseguidos por los rojos, los "voluntarios", privados de armas, inician una retirada de ochenta días, que será recordada como la Marcha del Hielo, alcanzando finalmente, en marzo de 1918, el Suban en una situación desesperada, al tiempo que en abril muere en batalla el mismo general Kornilov. Asume entonces la jefatura el general Anton Ivanovic Denikin, que reorganiza a los supervivientes y, junto con el atamán de los cosacos del Don, general Petr Nikolaevic Krasnov, vence repetidamente al Ejercito Rojo y conquista la Rusia meridional donde, en agosto de 1918, en Ekaterinodar, forma el gobierno de la Rusia Libre.
En Siberia,
mientras tanto, tras la estela de la acción de la Legión Checoslovaca,
constituida por prisioneros del ejército austro-húngaro que se habían apoderado
de la vía férrea transiberiana, se formaban gobiernos antibolcheviques que, el
8 de septiembre de 1918, se reunieron en un único Directorio, compuesto por
exponentes de varios partidos políticos que fueron unificados, en noviembre de
1918, por la dictadura suprema del almirante Aleksandr Vasilevic Kolcak, ex
comandante de la flota del Mar Negro y conocido explorador polar.
Luego la firma de la paz de Brest-Litovsk, y la rendición alemana, tropas francesas e inglesas desembarcan en la Rusia Meridional y en la Septentrional, mientras que en Siberia intervienen contingentes japoneses, americanos, ingleses, franceses e italianos. Se trata de tropas enviadas por sus respectivos gobiernos, más que para apoyar a las formaciones antibolcheviques, con la perspectiva interesada de repartirse los despojos del Imperio Ruso. Lo harán, entre otras cosas, llevándose 300 millones de rublos en oro.
En 1919 la guerra civil adquirió vastas dimensiones extendiéndose por todo el territorio ruso y los ejércitos blancos y rojos desplegaron en los campos de batalla a centenares de miles de hombres. A pesar de estar en constante inferioridad numérica, los ejércitos blancos de Denikin derrotaron a los rojos durante todo el año, ocupando en septiembre de 1919 Ucrania, el Cáucaso y toda la Rusia Meridional hasta las puertas de Moscú, ocupando 1.500.000 km2 de territorio con cincuenta millones de habitantes.
Desde los
países bálticos otro ejército blanco, guiado por el general Nikolaj Nicolaevic
Judenic, marcha sobre Petrogrado el actual San Petersburgo. En la zona
septentrional, entre Murmansk y Arcángel, opera el ejército blanco del general
Evgenij Karlovic Millar. Todos estos generales reconocieron la autoridad del
almirante Kolcak, jefe supremo de los ejércitos blancos, que condujo a sus
ejércitos desde Siberia hacia el corazón de Rusia, alcanzando el Volga. Fue
conquistada incluso Ekaterimburgo, donde, en julio de 1918.
No obstante, el Ejército Rojo, organizado por Lev Davidovic Trotski, pasa a la contraofensiva. Puede contar con el control del centro neurálgico de la Rusia europea industrializada, mientras que las tropas blancas ocupan territorios periféricos y con escasas comunicaciones. A finales de 1919 el Ejército Rojo detiene y rechaza al ejército de Kolcak y empieza la reconquista de Siberia. Mientras los blancos resisten desesperadamente, el almirante Kolcak es capturado y fusilado en febrero de 1920.
En el frente
septentrional el general Miller, abandonado por los ingleses a su destino, se
ve forzado a reembarcar con sus soldados y a refugiarse en Noruega en enero de
1920. También Judenic, en octubre de 1919, es rodeado en los alrededores de
Petrogrado, donde no recibió el prometido apoyo de la flota inglesa y, después
de duros combates, se refugia en Estonia, donde es desarmado. Ante la derrota,
el general Denikin renuncia a la jefatura en enero de 1920 y parte al exilio,
desalentado por las traiciones de los Aliados y las discordias internas.
La jefatura de los ejércitos meridionales fue asumida por el general Petr Nikolaevic Wrangel, limitado ahora, en la primavera de 1920, a defender sólo Crimen y poco más. Tras reorganizar las tropas que le quedaban, desencadena una última y desesperada ofensiva, que le lleva a derrotar a los rojos persiguiéndolos hasta el Dnieper en octubre de 1920. Pero la paz obtenida mientras tanto con Polonia permite a los bolcheviques atacar con todas sus fuerzas, derrotando definitivamente a los blancos. En noviembre de 1920 Wrangel y 140.000 blancos se embarcan en los puertos de Crimea y se dirigen hacia Constantinopla.
La Guerra Civil Rusa tuvo consecuencias significativas tanto para Rusia como para el escenario internacional. En primer lugar, el triunfo del Ejército Rojo y la consolidación del poder bolchevique llevaron a la creación de la Unión Soviética en 1922. Esta nueva nación se convirtió en un estado socialista y se mantuvo como una superpotencia durante gran parte del siglo XX.
LA GUERRA
POLACO-SOVIÉTICA
La Guerra Polaco-Soviética (finales de otoño de 1918/14 de febrero de 1919 – 18 de marzo de 1921) se libró principalmente entre la Segunda República Polaca y la República Socialista Federativa Soviética de Rusia después de la Primera Guerra Mundial. y la Revolución Rusa, en territorios que anteriormente estaban en manos del Imperio Ruso y el Imperio Austrohúngaro. La guerra estalló por disputas territoriales y conflictos geoestratégicos entre ambas partes. El lado Polonia esperaba restaurar sus territorios históricos y establecer una unión de países de Europa Central y Oriental, mientras que la Rusia soviética pretendía exportar la revolución hacia el oeste.
La guerra
polaco-soviética estalló en 1919, después de la Primera Guerra Mundial. La
causa fundamental fue una disputa territorial que se remonta a las guerras
polaco-rusas de los siglos XVII y XVIII. En aquel momento ambos países acababan
de pasar por una transición: en 1918 Polonia reclamó su independencia después
de 123 años de particiones. En 1917, la Revolución de Octubre reemplazó al
gobierno provisional liberal y democrático, que anteriormente había desplazado
al zar en Rusia, por el gobierno soviético. La guerra terminó con el Tratado de
Riga en 1921, que resolvió la cuestión fronteriza y reguló las relaciones
polaco-soviéticas hasta la invasión alemana de Polonia en 1939.
La declaración de la independencia de Polonia en noviembre de 1918 fue precedida por 123 años de partición del país por las tres grandes potencias: Austria-Hungría, Prusia y la Rusia zarista. Sin entender el carácter de la cuestión nacional que surge de esta partición y cómo la Primera y la Segunda Internacional lo abordaron, es imposible entender el estado de ánimo de los trabajadores polacos durante la Guerra Civil rusa y la ofensiva soviética de 1920.
El 13 de noviembre de 1918, tras el colapso de las Potencias Centrales y el Armisticio del 11 de noviembre de 1918, la Rusia de Vladimir Lenin anuló el Tratado de Brest-Litovsk (que había firmado con las Potencias Centrales en marzo de 1918) y comenzó a mover fuerzas en dirección occidental para recuperar y asegurar las regiones del Ober Ost desocupadas por las fuerzas alemanas que el estado ruso había perdido bajo el tratado. Lenin vio a la recién independizada Polonia (formada en octubre-noviembre de 1918) como el puente que su Ejército Rojo tendría que cruzar para ayudar a otros movimientos comunistas y provocar más revoluciones europeas. Al mismo tiempo, destacados políticos polacos de diferentes orientaciones perseguían la expectativa general de restaurar las fronteras del país anteriores a 1772. Motivado por esta idea, el Jefe de Estado polaco, Józef Piłsudski (en el cargo desde el 14 de noviembre de 1918) comenzó a trasladar tropas hacia el este.
El curso de
la guerra fue alterno; las tropas polacas llegaron a ocupar Kyiv, y el Ejército
Rojo contraatacó hasta las puertas de Varsovia y fue rechazado en la Batalla de
Varsovia . Finalmente, ambas partes firmaron el Tratado de Riga el 18 de marzo
de 1921, poniendo fin a la guerra.
En la primavera de 1919 estalló la Guerra polaco-soviética. Las tropas polacas, bajo el mando de Piłsudski, avanzaron hacia Bielorrusia y Lituania . Para el verano de 1919, el ejército polaco ya había ocupado Bielorrusia, Vilna , capital de Lituania, y la mayor parte del territorio de Ucrania Occidental . En abril de 1920, el ejército polaco lanzó una gran ofensiva contra Kyiv y ocupó la ciudad en mayo. A principios de junio de 1920, el Ejército Rojo contraatacó: el ala norte, bajo el mando de Tujachevski, recuperó ciudades como Vilna y Białystok y se acercó a Varsovia . El ala sur, con Budionni al frente de la caballería cosaca, obligó a las tropas polacas a retirarse de Kiev.
La Ofensiva de Kiev de 1920 (u Operación Kiev), que a veces es considerada el comienzo de la guerra polaco-soviética, fue un intento de la renacida Segunda República Polaca, acaudillada por Józef Piłsudski, para hacerse con el control de Ucrania central y oriental, región por entonces dividida entre varias facciones, una de las cuales había proclamado la República Soviética de Ucrania.
La Batalla de Varsovia, también conocida como el "Milagro del Vístula", fue la batalla decisiva de la Guerra Polaco-Soviética librada del 13 al 25 de agosto de 1920 entre la Rusia Soviética y Polonia, que terminó con la victoria del ejército polaco sobre el Ejército Rojo soviético a las puertas de Varsovia. Las tropas polacas lograron rechazar al Ejército Rojo de la Unión Soviética. Debido a la larga campaña y a la escasez de suministros, el Ejército Rojo sufrió una severa derrota en la Batalla de Radzymin, cerca de Varsovia.
La guerra terminó el 18 de marzo de 1921, cuando Polonia y la Rusia soviética firmaron el Tratado de Riga , por el que partes de los territorios de Bielorrusia Occidental y Ucrania Occidental se incorporaron a Polonia.
LA ERA DE LOS
SEÑORES DE LA GUERRA
Se considera
“Señores de la Guerra” a quienes tienen en sus manos un gran poderío militar al
que suman un calificado mando político que convierte su voluntad en hechos, y
que ejercen su dominio en una región determinada. Su fortaleza se explica ciertamente por su
predisposición a la guerra y por su elevada capacidad de acción en el terreno
de las armas.
En la China feudal se acuñó el término para evocar un periodo histórico concreto entre 1916 y 1928, cuando los Grandes Señores, recogieron el legado de la histórica rebelión de Taiping iniciada en 1850. En aquellos años, hombres poderosos pelearon agresivamente en el empeño de consolidar su dominio territorial derrotando y oprimiendo a sus adversarios. Fue una lid arropada por expresiones religiosas y sociales que enfrentaron a la Dinastía Qing y al Reino Celestial de la Gran Paz, en una guerra larga y prolongada que dejó una dolorosa estela de muerte y destrucción. Por eso, esa etapa ya se considera superada en China, y en el mundo.
La Era de los Señores de la Guerra fue un período en la historia de la República de China en el que el control del país se dividió entre ex camarillas militares del Ejército de Beiyang y otras facciones regionales desde 1916 hasta 1928. L a Era de los Señores de la Guerra comenzó en 1916 con la muerte de Yuan Shikai, el dictador de facto de China después de que la Revolución Xinhai derrocara a la dinastía Qing y estableciera la República de China en 1912. La muerte de Yuan creó un vacío de poder que se extendió por todo el continente. Tras la muerte del dictador, el poder central se derrumbó dejando vía libre a los «Señores de la Guerra»: los gobernadores militares de las distintas regiones (dujun) se transformaron en señores feudales dotándose de plenos poderes. Regiones de China de Sichuan, Shanxi, Qinghai, Ningxia, Guangdong, Guangxi, Gansu, Yunnan y Xinjiang. El gobierno nacionalista del Kuomintang de Sun Yat-sen con sede en Guangzhou comenzó a disputar al gobierno de Beiyang de Yuan con sede en Beijing como el gobierno legítimo de China. La Era de los Señores de la Guerra se caracterizó por una guerra civil constante entre diferentes facciones, la más grande de las cuales fue la Guerra de las Planicies Centrales, que involucró a más de un millón de soldados. La Era de los Señores de la Guerra terminó en 1928 cuando el Kuomintang bajo el mando de Chiang Kai-shek unificó oficialmente a China a través de la Expedición del Norte, lo que marcó el comienzo de la década de Nanjing.
Los orígenes
de los ejércitos y líderes que dominaron la política después de 1912 se
encuentran en las reformas militares de finales de la dinastía Qing. Durante la
Rebelión Taiping (1850–1864), la dinastía Qing se vio obligada a permitir que
los gobernadores provinciales formaran sus propios ejércitos, los Yong Ying,
para luchar contra los rebeldes Taiping; muchas de estas fuerzas provinciales
no se disolvieron después de que terminó la rebelión de Taiping, como el
Ejército Huai de Li Hongzhang.
Después de
la muerte de Yuan Shikai la situación se deterioró rápidamente y los generales
del ejército chino, respaldados cada uno por una potencia imperialista, se
hicieron con el poder real en el país. Aparecieron diversas camarillas. En el
sur, apareció la «Camarilla de Yunan» encabezada por Tang Jiyao, que dominaba
Yunan y Guizhou, y la «Camarilla de Guangxi» encabezada por Lu Rongting,
respaldadas, respectivamente, por británicos y norte-americanos. Los generales
del ejército del norte (Beiyang) se dividieron en dos bandas: la «Camarilla de
Anhui», encabezada por Duan Qirui, respaldada por Japón, y la «Camarilla de
Zhili», encabezada por Feng Guozhang, respaldada por los británicos. En el
Noreste (Manchuria) Zhang Zhuolin, con el apoyo de los japoneses, extendía su
poder respaldado por la llamada «Camarilla Fengtian».
En 1918 terminó la I Guerra Mundial con la derrota de Alemania. En 1919 Gran Bretaña, Francia, EEUU y otros vencedores convocaron en París una conferencia de paz. Los aliados no solo no escucharon las demandas chinas si no que transfirieron todos los derechos de Alemania sobre dichos territorios a Japón y obligaron a los representantes chinos a firmar. Estas noticias causaron una explosión de indignación en China y, el 4 de mayo de 1919, los estudiantes de la Universidad de Peking y de otras altas instituciones educativas se manifestaron en la Plaza Tiannanmen gritando «Devolver Qingdao» y «Abajo con los traidores». Asaltaron e incendiaron la casa de Cao Rulin, Viceministro de Exteriores de China y enviado del gobierno chino a la Conferencia de Paz de Versalles. Y también agredieron al Alto Comisionado chino en Japón, Zhang Zongxiang, responsable de haber firmado las «Veintiuna Demandas» de Japón, que se encontraba allí. Estas manifestaciones significaron el nacimiento del "nacionalismo chino" moderno.
Wu Peifu (1874-1939) fue uno de los más destacados militares y políticos de China en las primeras décadas del siglo XX. Señor de la Guerra, fue el verdadero hombre fuerte de la «Camarilla de Zhili», Wu Peifu, dominó Pekín y su gobierno entre 1917 y 1924 posición desde la que aspiró a dominar toda China. Nacido en la provincia de Shantung, Wu alcanzó gran poder durante un período turbulento en la historia de su país, cuando los «señores de la guerra» dominaban diversas regiones tras la caída de la dinastía Qing. A través de su astucia política y habilidad estratégica, Wu Peifu consolidó un vasto dominio que abarcaba gran parte del centro y el norte de China. Su legado es un reflejo del caos y las luchas de poder que caracterizaron este período histórico. En su lucha por el poder, Wu Peifu formó la «Camarilla de Zhili», una alianza con otros poderosos señores de la guerra, como Feng Yuxiang. Juntos se enfrentaron al poderoso señor de la guerra de Manchuria, Zhang Zuoling, lo que llevó a una serie de batallas y confrontaciones. Wu Peifu fue derrotado por las fuerzas del Kuomintang, dirigidas por Jiang Jieshi, en una de las batallas clave de su carrera. Esta derrota marcó el comienzo del fin de su poder como señor de la guerra.
Feng Yuxiang (1882-1948), también conocido como el General Cristiano, fue uno de los personajes más influyentes en la China de principios del siglo XX. Caudillo chino y posteriormente general del Ejército Nacional Revolucionario. Fue viceprimer ministro de China desde 1928 hasta 1930. Su figura se destaca en un período de intensos conflictos internos, donde los llamados «señores de la guerra» dominaron gran parte del territorio chino. Con un perfil único, marcado tanto por su carrera militar como por su conversión religiosa, Feng desempeñó un papel clave en la política y las luchas de poder que definieron el destino de China durante la década de 1920. Llegó a fundar un ejército propio, el Guominjun, «Ejército Popular Nacional», que dirigió bajo una ideología muy similar a la del Guomindang, pero en su caso fusionaba: cristianismo, nacionalismo y socialismo. Dominó gran parte de las provincias Noroccidentales de China.
Zhang Zuoling (1873-1928). El caudillo militar que dominó Manchuria y desafió el poder central en China. Desde sus orígenes humildes como hijo de campesinos hasta convertirse en el poderoso dictador de Manchuria y presidente de un gobierno nacional con sede en Pekín, su vida estuvo estrechamente ligada al turbulento proceso de guerras civiles, fragmentación política y presiones extranjeras que caracterizaron la etapa conocida como la era de los caudillos militares en China. Su dominio en el noreste del país, así como su compleja relación con Japón, lo convierten en un personaje clave para entender la transición entre la caída de la dinastía Qing y el ascenso del Kuomintang. Su intención final era la de fundar una nueva dinastía imperial. Sus planes de expansión chocaron con la presencia de las tropas del Kuomintang (Partido Nacionalista). Zhang Zuoling murió asesinado el 4 de junio de 1928 cuando el tren en el que huía de la capital hacia el norte fue volado por los servicios secretos japoneses
Yan Xishan (1883-1960). El célebre señor de la guerra chino que marcó la historia de Shanxi. Yan Xishan, nacido en Hebian, provincia de Shanxi, en 1883, es una figura prominente en la historia moderna de China. Conocido como uno de los más destacados «señores de la guerra», gobernó su provincia natal durante un largo periodo de tiempo, desde 1916 hasta la proclamación de la República Popular China en 1949. Durante su mandato, destacó por implementar políticas progresistas que transformaron Shanxi, aunque su ambigua postura durante los conflictos nacionales y su enfrentamiento con otros actores políticos lo situaron en una compleja red de alianzas y rivalidades. Durante la guerra contra Japón (1937-1945), colaboró ocasionalmente con las tropas comunistas y nacionalistas en la lucha ante el invasor, y Chiang Kai Shek le nombró comandante en jefe de la Segunda Región Militar.
Duan Qirui (1865-1936). El líder militar que luchó por el control de la China republicana. Fue el líder del Señores de la guerra de Anhui durante el período de la República de China. Duan Qirui fue una figura clave en los primeros años de la República de China, destacándose como político, estadista y caudillo militar. A lo largo de su vida, Duan desempeñó un papel crucial en la turbulenta historia de China durante la transición desde el Imperio Qing hacia una nación republicana, enfrentándose a los «señores de la guerra» y buscando mantener la unidad en un gobierno centralizado. Apodado el "Tigre de Beiyang" y "Primer Ministro de los Seis No". Ayudó a Yuan Shikai a crear el Ejército de Beiyang, gozó de gran poder durante el gobierno de Yuan Shikai y posteriormente lideró al Clique de Anhui para controlar temporalmente el régimen de Pekín.
Sun Chuanfang (1884- 1935), también conocido como el «caudillo de Nankín» o señor de la «Liga de las Cinco Provincias», fue un caudillo militar chino de la camarilla de Zhili y protegido de Wu Peifu. Tras el golpe de Pekín de 1924 y las dificultades de Wu, Sun ascendió como líder de la Camarilla Zhili del Sur y asumió el control de cinco provincias centrales del este de China alrededor de su capital informal en Nankín, convirtiéndose en una de las figuras principales del país. Controló las provincias del bajo Yangtsé a mediados de la década de 1920 y resultó derrotado durante la Expedición del Norte.
Chiang
Kai-shek (1887-1975) fue una figura central en el siglo XX chino, un militar,
estadista y líder político cuyo impacto se extendió desde la temprana
Revolución de 1911 hasta el establecimiento de la República de China en Taiwán.
Su vida estuvo marcada por la ambición, la guerra, la derrota y, finalmente, el
establecimiento de un gobierno nacionalista en la isla de Taiwán, donde gobernó
hasta su muerte. La Expedición del Norte (1926-1927) fue un esfuerzo crucial
para unificar China bajo el gobierno nacionalista. Chiang Kai-shek, con el
apoyo de un ejército considerable, inició una campaña para derrotar a los
señores de la guerra regionales que controlaban gran parte del norte de China.
Guerra
Zhili-Anhui (julio 1920).
En 1920, la
Camarilla de Anhui, encabezada por Duan Qirui, llevaba cuatro años controlando
el gobierno central de Pekín, pero había salido muy debilitada del «Movimiento
del Cuatro de Mayo». Este desprestigio fue visto por los generales de la
camarilla de Zhili, respaldados por británicos y estadounidenses, como una
oportunidad para derrocar ese poder pro-japonés. Preparando el terreno, Wu
Peifu, hombre fuerte de la camarilla Zhili, publicó un telegrama abierto
criticando duramente la firma del Tratado de Paz de París por el gobierno de
Pekín.
Esta guerra
supuso el fin de la unidad de acción de los antiguos oficiales del Beiyang,
consagró a Wu Peifu como el líder militar más importante de China, pero también
incrementó el poder de la camarilla de Fengtian (Zhang Zuolin) más allá de su
verdadera participación en la guerra y peso en la política china.
Primera
guerra Zhili-Fengtian (abril de 1922 - junio de 1922)
Tras la
victoria, se desató una espiral de tensión entre la camarilla Zhili, respaldada
por el Reino Unido y Estados Unidos, y la camarilla Fengtian, apoyada por
Japón. A finales de 1921, Zhang Zuolin, líder de la camarilla Fengtian, entró
en Pekín y derrocó el gabinete pro-Zhili de Jin Yunpeng, colocando de primer
ministro al pro-japonés Liang Shiyi. Zhang Zuolin era la nueva apuesta
japonesa, tras la derrota de la Camarilla de Anhui. Ahora, una vez los Fengtian
ocuparon el poder en Pekín, los japoneses pidieron a Liang Shiyi que liberara a
viejos oficiales Anhui que les habían sido leales. La liberación enrareció las
relaciones entre ambas camarillas...
Shanhaiguan
se convirtió en la frontera entre las dos camarillas, los «fengtianos» se
retiraron a Manchuria, que prácticamente se convirtió en un estado
independiente ... Wu Peifu trataba de unificar el país mediante la fuerza. Esto
provocó la creación de una alianza opositora donde confluyeron casi todos los
demás líderes chinos, por dispar que fuera su visión del futuro o ambiciones
personales: Zhang Zuolin, Sun Yat-sen y Lu Yongxiang, nuevo líder de la
camarilla de Anhui.
Segunda
Guerra Zhili-Fengtian (septiembre-noviembre de 1924)
El poder de la camarilla de Zhili, con el respaldo de británicos y los norteamericanos, parecía incontestable a mediados de 1924. Pero como venimos viendo, ningún poder era lo suficientemente fuerte como para ser hegemónico. La triple-alianza que se había formado para derrocar este naciente poder de los «Zhili», estaba esperando un casus belli para pasar a la ofensiva, y lo encontró en torno al control de ShangháI.
Mientras las
tropas de ambos bandos luchaban desesperadamente, en Chaoyang y Shanhaiguan,
Feng Yuxiang, traicionó a su camarilla, la de Zhili, cambió de bando, abandonó
el frente y dirigió sus tropas a Pekín. La noche del 22 de octubre, las tropas
de Feng Yuxiang rodearon la residencia del presidente y detuvieron a Cao Kun.
Fue el «Golpe de Estado de Pekín».
El poder de
la camarilla de Zhili quedó totalmente destruido. La camarilla de Zhili perdió
todas sus provincias en el norte del país, en favor de Zhang Zuolin y de Feng
Yuxiang. Los vencedores volvieron a colocar como presidente a Duan Qirui,
antiguo líder de la camarilla de Anhui, pero ya sin poder, como mero elemento
moderador. Entonces, Feng Yuxiang llamó a Sun Yat-sen para negociar la
reunificación constitucional de China. Tras recibir esa invitación vía
telegráfica, Sun Yat-sen emitió una «Declaración sobre la situación política
actual», en la que propuso convocar una asamblea nacional y apoyó al gobierno
de Feng Yuxiang. Esta opción se cortó abruptamente con la prematura muerte de
Sun Yat-sen.
Guerra
anti-Fengtian (noviembre de 1925 - abril 1926).
Fue la
última guerra civil, stricto sensu, del periodo de la época de los señores de
la guerra de comienzos del siglo XX. Enfrentó a Feng Yuxiang y su Guominjun,
con respaldo soviético, contra las camarillas de Fentiang y Zhili, con respaldo
japonés. Todo se desató en torno al conocido «Motín de Guo Songling».
Guo Songling
era un general poderoso en las fuerzas armadas Fengtian. Debido a que no estaba
de acuerdo con ciertas medidas tomadas por Zhang Zuolin y resentido por los
acontecimientos de la guerra anterior, firmó un acuerdo secreto con Feng
Yuxiang. En noviembre de 1925, lanzó un ataque sorpresa, con un ejército de más
de 50.000 hombres, desde su base en Zhili hasta Mukden (Sheynag), capital de
Manchuria, para destruir el centro de poder de Zhang Zuolin. Ante el peligro de
perder Pekín en manos de un caudillo pro-soviético, los japoneses intervinieron
directamente. El 24 de diciembre de 1925 Guo fue derrotado, ejecutado y su
cuerpo expuesto en público. Los Fengtianos vencieron, pero salieron muy
debilitados.
El motín de
Guo Songling causó un nuevo cambio de relaciones entre Feng Yuxiang, Zhang
Zuolin y Wu Peifu. Feng Yuxiang comenzó a perder la guerra sometido al ataque
combinado de Zhang Zuolin y Wu Peifu, con apoyo naval y aéreo del ejército
imperial japonés. Ante esta situación, en enero de 1926, renunció al mando y se
exilió en la URSS para perfeccionar sus enseñanzas militares. Las derrotas del
Guominjun se fueron encadenado, en enero perdieron Henan, en febrero Shandong y
Tianjin y en marzo se replegaron sobre Pekín. En estas circunstancias se
produjo la «Masacre del 18 de marzo». El 12 de marzo de 1926, un destructor
japonés protegió la entrada de un buque de guerra del ejército Fengtian al
Puerto Dagu (fuertes que cuidan la desembocadura del río Hai o Peiho en la
Bahía de Bohai, en Tianjin, en realidad protegen el acceso a Pekín) y disparó
contra las tropas del Guominjun que custodiaban los fuertes del Dagu.
Esto provocó manifestaciones de estudiantes en Pekín, que el gobierno de Duan reprimió con dureza, causando una auténtica matanza de manifestantes el 18 de marzo de 1926. Lo que provocó la deslegitimización definitiva de su gobierno y la victoria de la coalición anti-fentiang.
Expedición
al Norte: La Reunificación de China (julio de 1926 - julio de 1928)
La
Expedición del Norte (1926-1927) fue una campaña militar del Ejército Nacional
Revolucionario, dirigida por Chiang Kai-shek, que avanzó al norte desde Cantón
hasta el río Yangtsé, enfrentándose a los poderosos caciques militares del
norte de China. La expedición logró su objetivo de reunir nuevamente todo el
país bajo un mismo gobierno, aunque solo de forma teórica y precaria: muchos de
los caudillos militares simplemente se unieron al Kuomintang conservando sus
tropas y el control sobre sus territorios.
Aprovechando
este continuo guerrear de los «señores de la guerra norteños» las bases
revolucionarias del Guomindang se fueron consolidando en el sur, en Cantón. Sun
Yatsen era consciente de que solo podría reunificar China venciendo a los
caudillos militares pero, con las duras experiencias de la década de 1911 a
1921, también fue consciente de que ninguna alianza con uno de esos warlords,
más o menos leales a su ideario revolucionario, funcionaría. Debía crear un
ejército revolucionario propio, libre de lealtad alguna hacía los generales que
procedían del antiguo régimen. Ahí está el origen de Whampoa y de la alianza
con la URSS. Cuando aún se luchaba en el norte en la guerra anti-Fentiang por
la resistencia del Guominjun, en julio de 1926, el gobierno del Guomindang
lanzó su «Expedición al Norte». Oficialmente la Campaña fue lanzada por el
Gobierno Nacional de Cantón, por lo que contó con el apoyo de PCCh. Los señores
de la guerra norteños controlaban mucho más territorio, contaban con cinco
veces más fuerzas que el Guomindang y el respaldado de Japón.
En un
principio, Wu Peifu, despreció la "Expedición al norte" y el ataque
directo contra la tri-ciudad de Wuhan y siguió luchando con Feng Yuxiang en el
norte y esperando que su discípulo Sun Chuanfang se encargara del Guomindang,
pero como vimos anteriormente, Sun Chuanfang estaba molesto y se negó a atacar
al Ejercito Expedicionario. Ante esta situación, en septiembre Wu Peifu debió
acudir a intentar salvar Wuhan, pero era demasiado tarde, el Ejército
Expedicionario del Norte cruzó el río Yangtsé y ocupó Wuhan. En octubre, Wu
Peifu fue derrotado totalmente y debió abandonar Hubei y todo el Yantsé.
El 7 de abril de 1928, se inició la segunda fase de la Expedición al norte. Cuatro facciones militares bajo la bandera común de Guomindang se aprestaron para conquistar Pekín y «reunificar» China. Chiang Kaisek, Feng Yuxiang, Yan Xishan y la camarilla de Guangxi. En su avance arrollador hacia el norte las tropas de Chiang Kaisek chocaron con unidades japonesas en Shandong, el conocido «Incidente de Jinan». Que tuvo dos consecuencias, de un lado, llevó a Chiang Kaisek a evitar cualquier pretensión de acercarse a las posiciones japonesas y, de otro, hizo que el gobierno japonés emitiera un comunicado informando a los contendientes de que no permitirían que el conflicto se extendiese a Manchuria y comunicando, públicamente, a Zhang Zuolin que no se le permitirían replegarse sobre Manchuria si lo hacía perseguido por el ejército del Guomindang. Esto último supuso una desautorización absoluta de Zhang Zuolin. Ante esta situación, el 1 de junio, abandonó Pekín camino de Manchuria, como ya hemos visto el servicio secreto japonés lo asesinó en su viaje de vuelta. El 3 de julio, las tropas nacionalistas entraron en Pekín. Con ello y con la incorporación de Zhang Xuelian al Guomindang, en diciembre de 1928, se concluía la unión «nominal» de China.
LA GUERRA
CIVIL CHINA
La guerra civil china fue un conflicto armado que tuvo lugar entre los años 1927 y 1949, aunque se detuvo en alguna ocasión debido al conflicto que existió entre los chinos y japoneses en la Segunda Guerra Mundial. El conflicto enfrentó al Kuomintang o Partido Nacionalista Chino que era el partido que se encontraba en ese momento el poder y, por el otro lado, estaba el Partido Comunista Chino, que con una ideología totalmente contraria a la nacionalista buscaba llegar al poder. La guerra se inició en 1927 con la expedición al Norte que llevaron a cabo a los nacionalistas al atacar las posiciones comunistas, y terminó con la victoria comunista comenzando la llamada República Popular China.
La Guerra Civil en China fue el resultado de profundas contradicciones sociales, económicas y políticas que existían en el país durante la primera mitad del siglo XX. Después de la caída de la dinastía Qing en 1911, China se encontró en un estado de inestabilidad política y fragmentación. En medio de estos procesos surgieron diversos movimientos políticos, incluido el Partido Comunista de China, fundado en 1921.
Una de las primeras causas de esta guerra fueron las guerras ocurridas años antes. Una de estas fueron las guerras del opio que enfrentaron a China con otras potencias occidentales como lo británicos. Las derrotas en estas guerras llevaron a la ocupación de Hong Kong, y a que varias potencias ocuparan puertos y zonas continentales chinas. Esto llevó al descontento de los trabajadores del campo, que vieron cómo sus tierras eran ocupadas por extranjeros. Por otra parte estuvo la guerra Sino-japonesa, que enfrentó a China con Japón, y que terminó con el traspaso de territorios chinos a Japón. Por el otro lado Japón derrotó a Rusia y tomó por ello la península de Corea, lo cual aumentó el malestar de la población al ver como los japoneses les quitaban sus antiguas posesiones.
Los chinos
veían como todas las grandes potencias europeas y Japón buscaban sacar
beneficio de China, y como ninguna de las grandes potencias mundiales ayudaban
a la gran China contra sus enemigos fue entonces cuando apareció Rusia como el
gran aliado que el pueblo asiático necesitaba.
Ya en 1894,
Sun Yat-Sen, un reconocido político chino, crea la Unión para el Renacimiento
de China, primer movimiento revolucionario cuyo objetivo era el avance y
progreso del país. En 1895, el mismo Sun Yat-Sen lleva a cabo un intento de
alzamiento contra el emperador que termina fracasando, lo que provoca que este
sea exiliado a EEUU.
Tuvo lugar un aumento de la rivalidad contra los señores, lo que da nombre a la Era de los Señores de la guerra. En esta época, el objetivo principal de los nacionalistas era acabar con estos señores y, para ello, tuvo lugar un levantamiento en Wuchan en 1911 que concluyó con la caída final de la dinastía Qing y el establecimiento de una república gobernada por el Kuomintang: un partido fundado por Sun Yat-Sen en el que consiguió reunir a liberales, conservadores, republicanos y socialistas con el objetivo común de acabar con la dinastía Qing.
China estaba viviendo una Revolución Agraria de gran calado para la sociedad china y esto fue aprovechado por el Partido Comunista para comenzar un alzamiento militar en las zonas agrarias chinas, iniciando la llamada revuelta de Nanchang liderada por He Long y Zhou Enlai, y siendo el punto de inicio a la Guerra civil china.
En China existían dos ideologías principales enfrentadas entre sí, siendo una la nacionalista de claro enfoque democrático, capitalista y muy unida a los valores occidentales, y por otro lado la del comunista que buscaba un modelo soviético, el defender a los campesinos y también terminar con la división social del estado asiático. China había sido un aliado de las potencias aliadas durante la Primera Guerra Mundial (las potencias aliadas lucharon contra Alemania), pero después de la guerra a Japón se le concedieron territorios en China en virtud del Tratado de Versalles. Los jóvenes estudiantes en China comenzaron a resistir la entrada de Japón en su país, lo que provocó una protesta masiva en el verano de 1919. De estas protestas nació el Partido Nacionalista , también llamado Kuomintang (KMT) , ya que más chinos comenzaron a se aferran firmemente a los gloriosos días de su pasado cuando la cultura china era dominante y se la consideraba superior. Pero en 1921 las enseñanzas de Karl Marx, Vladimir Lenin y la Revolución Rusa habían llegado a los sufridos campesinos de China, y poco después del nacimiento de los nacionalistas, se formó el Partido Comunista Chino (PCCh) como un desafío directo a el KMT. Aunque sus miembros comenzaron su activismo como parte del Partido Nacionalista, la clase campesina se uniría a las filas del PCCh y encontraría en el comunismo una esperanza de mayor libertad económica.
El PCCh y el
KMT lucharon entre sí por el poder sobre el gobierno de China durante la década
de 1920, hasta que finalmente en abril de 1927 el KMT, dirigido por Chiang
Kai-shek, masacró a muchos del PCCh en respuesta a su ascenso entre las masas
pobres del país. Esta masacre marcó el comienzo de la Guerra Civil China entre
el KMT y el PCCh. Para ese mes de agosto, el KMT había tomado la ciudad de
Beijing y declaró que China y su gobierno estaban bajo su control.
La derrota
del PCCh y el reinado del KMT sobre China no duró mucho. Los japoneses tomaron
Manchuria en 1931 y ocuparon territorios en China que aumentaron en 1937 cuando
Japón también invadió China continental. Brevemente, el PCCh y el KMT se
unieron para derrotar a Japón, pero su lucha se reanudó en 1933 cuando el KMT
ganó una serie de importantes batallas contra el PCCh.
La derrota del PCCh en 1933 hizo que la organización buscara un nuevo líder, uno que encontraron en Mao Zedong . Zedong condujo al PCCh a través de su huida desde el norte, con la esperanza de reconstruirse y reagruparse para luchar otro día.
Así, la Gran Marcha comenzó el 16 de octubre de 1934. Las fuerzas comunistas viajaron principalmente de noche, más de 4.000 millas, en un intento de llegar a la provincia de Shaanxi. En el camino, la fuerza sufrió hambre y bombardeos enemigos, cruzó un terreno traicionero que incluía muchas cadenas montañosas y ríos, y soportó un clima severo. Utilizando el sigilo y la astucia, los comunistas chinos maniobraron a 85.000 soldados a través de lugares frágiles a lo largo de los campamentos nacionalistas.
Más agresión
japonesa en 1937 llevó a otra unificación del PCCh y el KMT, pero poco después
de que Japón se rindiera en 1945, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial
(Segunda Guerra Mundial), las hostilidades se reanudaron cuando ambas partes
intentaron controlar los territorios japoneses desocupados. En 1946, la Guerra
Civil China estaba sucediendo en serio nuevamente, pero esta vez el PCCh y Mao
controlaban el cuadro de mando.
Las batallas
clave de este período fueron las de Liaoshan y Hailanshan, en las que los
comunistas obtuvieron victorias significativas. En 1949, tras la toma de Pekín,
el Kuomintang se vio obligado a retirarse a Taiwán, lo que marcó el final
efectivo de la guerra civil.
El 1 de octubre de 1949 se proclamó la República Popular China, y Mao Zedong se convirtió en su primer presidente. La creación del régimen comunista marcó cambios fundamentales en la política, economía y sociedad. El nuevo régimen se esforzó por crear una sociedad socialista basada en la ideología marxista. El 7 de diciembre de 1949, después de la pérdida de cuatro capitales, Chiang Kai-shek evacuó su gobierno nacionalista a Taiwán e hizo de Taipéi la capital temporal de la República de China (también llamada "capital de guerra" por Chiang Kai-shek).
LA GUERRA DE
INDEPENDENCIA IRLANDESA
La guerra de Independencia irlandesa o guerra anglo-irlandesa fue una guerra de guerrillas librada entre 1919 y 1921 entre el Ejército Republicano Irlandés (IRA, el ejército de la República de Irlanda) y las fuerzas de seguridad británicas en Irlanda, las fuerzas de la Corona británica: el ejército regular, la Royal Irish Constabulary, los Black and Tans y los Auxiliaries. Fue una escalada del período revolucionario irlandés en la guerra.
Aproximadamente
a partir de la década de 1880, los nacionalistas irlandeses habían comenzado a
presionar por el autogobierno o el derecho a conducir sus propios asuntos
políticos. Aunque ambos hablaban inglés, Irlanda e Inglaterra eran lugares
diferentes. El tema de la religión los dividió particularmente; Inglaterra
siguió la religión anglicana mientras que Irlanda era fuertemente católica.
Alrededor de 1912, el gobierno británico llegó a un acuerdo con el partido de
Irlanda en el Parlamento británico, permitiendo la autonomía o autogobierno
limitado. Terminaría siendo un movimiento mucho más divisivo de lo que nadie
pensó. En 1912, cerca de medio millón de personas firmaron el Ulster Covenant y
las declaraciones asociadas para oponerse al Home Rule. Al año siguiente, los
unionistas fundaron la Ulster Volunteer Force, o UVF. Esta organización
paramilitar reunió a unos 100.000 miembros en su momento de mayor auge, aunque
no todos estaban armados o podían ser movilizados.
Desde el inicio de Home Rule, se formaron los diversos bandos que lucharían en la próxima guerra. Por un lado, tenías el Partido Irlandés. Sin embargo, Irlanda del Norte se opuso profundamente a la Home Rule irlandesa, que se centró en el Ulster históricamente amigable con los británicos, y un grupo militante llamado Ulster Volunteers creció para luchar contra la Home Rule. Los nacionalistas irlandeses respondieron creando los Voluntarios Irlandeses, su propia milicia. El más radical y militante de los Voluntarios Irlandeses formó su propio grupo, el Ejército Republicano Irlandés . Fueron apoyados por un partido político radical llamado Sinn Féin.
En 1916 el gobierno británico tenía una autonomía limitada de Irlanda debido a la Primera Guerra Mundial, por lo que el IRA lanzó una invasión, capturando Dublín y proclamando a Irlanda como independiente. Esto se recuerda como el Levantamiento de Pascua. El 24 de abril de 1916, varios centenares de miembros de los Irish Volunteers, la Irish Citizen Army y la organización clandestina Irish Republican Brotherhood tomaron el control de edificios estratégicos en Dublín.
El gobierno
británico derrotó la rebelión, pero fue tan violento y cruel que empujó incluso
a los ciudadanos irlandeses menos radicales hacia la independencia de Irlanda.
Como resultado, el partido político radical Sinn Féin dominó las elecciones de
diciembre de 1918, reemplazando al Partido Irlandés en el Parlamento británico.
Su primera acción fue declarar una República de Irlanda independiente.
El 19 de
enero de 1919, Sinn Féin estableció un Parlamento independiente para Irlanda en
Dublín, llamado Dáil Eireann, y comenzó a crear un gobierno funcional. El mismo
día en que se estableció el Dáil, dos miembros del IRA dispararon contra dos
miembros de la Real Policía Irlandesa, amiga de los británicos. Este momento se
ve tradicionalmente como el comienzo de la Guerra de Independencia de Irlanda,
aunque el Dáil no declaró oficialmente la guerra hasta abril.
El Gobierno
británico se negó a reconocer esta asamblea, que posteriormente fue declarada
ilegal. Comenzaron así a enfrentarse dos poderes: la administración británica
oficial y la República irlandesa proclamada por el Dáil.
El mismo día de la primera reunión del Dáil, el 21 de enero de 1919, miembros de los Irish Volunteers atacaron un convoy que transportaba explosivos en Soloheadbeg, en el condado de Tipperary. Dos agentes de la Royal Irish Constabulary murieron. La operación fue llevada a cabo, entre otros, por Dan Breen, Seán Treacy, Séumas Robinson y Seán Hogan. El ataque no había sido autorizado por el Dáil ni fue consecuencia de una orden nacional dada por Michael Collins. Sin embargo, suele considerarse el primer enfrentamiento de la Guerra de Independencia. Los Irish Volunteers pasaron a ser designados progresivamente como Irish Republican Army, o IRA. Su relación con el Gobierno del Dáil siguió siendo en ocasiones ambigua: las autoridades políticas trataron de ejercer control sobre una organización formada por numerosas brigadas locales que gozaban de una importante autonomía.
El IRA no
contaba ni con los efectivos ni con el armamento necesarios para enfrentarse al
ejército británico en batallas convencionales. Por ello adoptó una estrategia
de guerrilla basada en la movilidad y el conocimiento del terreno. Pequeñas
unidades denominadas flying columns, o columnas volantes, organizaron
emboscadas contra las patrullas, atacaron cuarteles y se apoderaron de armas.
Se desplazaban por las zonas rurales con la ayuda de redes locales encargadas
de proporcionar alimentos, alojamiento e información. Los combates fueron
especialmente intensos en los condados de Cork, Kerry, Tipperary, Clare,
Limerick y Dublín. Tom Barry se convirtió en uno de los comandantes más
conocidos del conflicto tras varias operaciones llevadas a cabo por la West
Cork Brigade.
La emboscada de Kilmichael, el 28 de noviembre de 1920, se saldó con la muerte de 17 miembros de la Auxiliary Division. Unos meses después, en marzo de 1921, la emboscada de Crossbarry permitió a alrededor de un centenar de combatientes del IRA escapar de una amplia operación británica en el oeste del condado de Cork. En la mañana del 21 de noviembre de 1920, unidades del IRA vinculadas a la red de Michael Collins atacaron varios domicilios de Dublín. Su objetivo era neutralizar a agentes y oficiales británicos implicados en tareas de inteligencia. Catorce personas murieron durante las operaciones de la mañana y varias más resultaron heridas. Por la noche, tres prisioneros, Dick McKee, Peadar Clancy y Conor Clune, fueron asesinados en el castillo de Dublín. Las autoridades afirmaron que habían intentado escapar, una versión que sería ampliamente cuestionada. Esta jornada, en la que perdieron la vida unas treinta personas, sigue siendo conocida como Bloody Sunday.
A finales de
1920, el Gobierno británico impuso la ley marcial en varios condados del sur de
Irlanda. Las detenciones se multiplicaron y las fuerzas militares
intensificaron sus operaciones. Las ejecuciones también se convirtieron en un
instrumento de represión. El 1 de febrero de 1921, Cornelius Murphy fue el
primer combatiente del IRA ejecutado por un pelotón británico durante el
conflicto. Posteriormente, otros prisioneros fueron fusilados o ahorcados.
El 25 de
mayo de 1921, el IRA incendió la Custom House de Dublín, sede de varias
administraciones británicas. La operación tuvo un fuerte valor simbólico, pero
se saldó con la detención de numerosos combatientes republicanos.
Durante el primer semestre de 1921 se establecieron contactos entre el Gobierno británico y los representantes irlandeses. Éamon de Valera se reunió con el primer ministro David Lloyd George en Londres en julio. Una tregua entró en vigor el 11 de julio de 1921. Esta fecha marcó el final efectivo de la Guerra de Independencia, aunque todavía no se había alcanzado ningún acuerdo político definitivo. Las negociaciones oficiales se abrieron en Londres en octubre de 1921. Los combatientes cesaron sus operaciones y comenzaron los preparativos para las negociaciones. En las zonas rurales irlandesas, la tregua fue recibida con alivio, pero también con cautela. Muchos temían que los enfrentamientos se reanudaran si las conversaciones fracasaban. La delegación irlandesa incluía, entre otros, a Arthur Griffith, Michael Collins, Robert Barton, Eamonn Duggan y George Gavan Duffy.
LA GUERRA
CIVIL IRLANDESA
La Guerra
Civil Irlandesa enfrentó, entre junio de 1922 y mayo de 1923, a hombres que
habían luchado codo con codo durante la Guerra de Independencia Irlandesa. En
el centro de su enfrentamiento estaba el Tratado Anglo-Irlandés, firmado en
Londres en diciembre de 1921. Para sus partidarios, este acuerdo constituía un
paso decisivo hacia la independencia. Para sus adversarios, en cambio,
representaba una traición a la República proclamada en 1916. En pocos meses,
esta fractura política se convirtió en una guerra fratricida, brutal y
profundamente traumática, cuyas consecuencias marcarían de forma duradera la
vida política irlandesa.
Este conflicto no enfrentó simplemente a Irlanda con el Reino Unido. Dividió al propio movimiento nacionalista irlandés. Por un lado estaban los partidarios del tratado, agrupados en torno al Gobierno Provisional y al Ejército Nacional. Por otro, los republicanos del IRA que rechazaban cualquier compromiso con la Corona británica.
El Tratado
Anglo-Irlandés se firmó en Londres el 6 de diciembre de 1921, tras varias
semanas de negociaciones entre representantes británicos y una delegación
irlandesa que incluía, entre otros, a Michael Collins y Arthur Griffith. El
acuerdo puso fin a la guerra de independencia y preveía la creación del Estado
Libre Irlandés, o Irish Free State. Sin embargo, este nuevo Estado debía seguir
siendo un dominio del Imperio británico, con un estatus comparable al que
disfrutaba entonces Canadá.
La Guerra
Civil Irlandesa estalló por el Tratado Anglo-Irlandés y los argumentos sobre si
comprometerse con los británicos por alguna forma de independencia o si
continuar luchando por una república de 32 condados totalmente independiente.
El lado Pro-Tratado (partidarios del tratado) se convirtió en el gobierno
oficial del nuevo Estado Libre de Irlanda y recibió el respaldo del Reino
Unido. Mientras tanto, las fuerzas Anti-Tratado (adversarios del tratado) se
negaron a comprometer sus creencias y reconocer el Tratado. En abril de 1922,
200 miembros del IRA Anti-Tratado ocuparon edificios en el centro de Dublín con
la intención de continuar la Guerra de Independencia. Después de meses de
aplazamiento por parte de Michael Collins, que esperaba que se encontrara una
solución pacífica, el gobierno británico ordenó al ejército del Estado Libre
que atacara a las fuerzas rebeldes Anti-Tratado, para reafirmar que todavía
tenían el control. Esto marcó el comienzo de la Guerra Civil.
La Guerra
Civil Irlandesa comenzó oficialmente el 28 de junio de 1922, cuando las fuerzas
del Gobierno Provisional bombardearon los Four Courts de Dublín, ocupados por
miembros del IRA contrarios al tratado.
El ala del IRA contraria al acuerdo tomó el edificio Four Courts, situado en el centro de Dublín, el 13 de abril de 1922. E l 26 de marzo, habían rechazado la autoridad del Dáil éireann y elegido su propio órgano militar ejecutivo. La facción defensora del Tratado atacó a las fuerzas rebeldes del IRA el 28 de junio, ante la necesidad de consolidar su autoridad en el sur de Irlanda y la presión del gobierno británico para que eliminaran los elementos que podían oponer resistencia armada al pacto. La batalla de Dublín duró una semana y supuso una victoria decisiva para los defensores del pacto. éstos difundieron la noticia en los países vecinos y obtuvieron más victorias a lo largo de julio. A comienzos de agosto, el IRA quedó rodeado en el suroeste del país por una serie de desembarcos. La mayoría de las principales localidades y ciudades del sur de Irlanda estaban bajo el control de sus oponentes a finales de ese mes.
Arthur
Griffith falleció a causa de una hemorragia cerebral el 12 de agosto. Collins,
comandante en jefe de las fuerzas favorables al Tratado Anglo-irlandés, murió
diez días después en una emboscada al oeste de Cork, cuando realizaba un
recorrido de inspección.
El conflicto, que se prolongó hasta mayo de 1923, se convirtió en una guerra de agotamiento. Las fuerzas contrarias al acuerdo utilizaron a partir de septiembre la estrategia guerrillera, una táctica que les había proporcionado buenos resultados contra los ingleses. Atacaban tanto a las tropas enemigas como a la infraestructura del país, bombardeando puentes y carreteras e interrumpiendo las comunicaciones. En octubre, el nuevo gobierno presentó una ley que concedía al Ejército amplios poderes y permitía que todo aquel que se hallara en posesión de armas o actuara contra las fuerzas del nuevo Estado fuera sometido a un consejo de guerra y condenado a la pena capital. En represalia, el comandante en jefe de las fuerzas del IRA, Liam Lynch, dio orden de disparar contra los principales líderes partidarios del acuerdo. Los primeros asesinatos tuvieron lugar el 7 de diciembre, un día después de la proclamación oficial del Estado Libre de Irlanda. La respuesta del nuevo gobierno fue ordenar la ejecución de cuatro oficiales del Ejército enemigo que se encontraban presos desde junio; ante esta acción, el sector intransigente depuso su política de atentados.
La
superioridad numérica de hombres y recursos de la facción gubernamental (o, en
ocasiones, de la Administración Pública, si tiene competencia) y la prosecución
de las ejecuciones (77 en total) comenzaron a decidir la guerra a su favor, a
comienzos de 1923. Lynch se negó rotundamente a aceptar la situación
desesperada de las fuerzas del IRA y prolongó la lucha hasta que fue asesinado
en un atentado cometido por las tropas enemigas en el mes de abril. Frank
Aiken, que ocupó su puesto como comandante en jefe, deseaba poner fin al
enfrentamiento.
Concluyó el
24 de mayo de 1923 con la orden dada por Frank Aiken a los combatientes
republicanos de deponer las armas. Sin embargo, algunos prisioneros
permanecieron internados mucho después de esa fecha, lo que explica que ciertos
archivos extiendan el periodo de la guerra civil hasta 1924.
Contrariamente
a una idea muy extendida, el tratado no creó por sí solo la partición de
Irlanda. Esta ya había sido establecida por el Government of Ireland Act de
1920, que instituyó dos entidades políticas diferenciadas.
Tras el nacimiento oficial del Estado Libre, en diciembre de 1922, el Parlamento norirlandés hizo uso de la posibilidad prevista por el tratado para seguir formando parte del Reino Unido. La frontera entre ambos territorios se convirtió entonces en uno de los principales motivos de discordia.
La Guerra del Rif fue un conflicto bélico que tuvo lugar entre 1911 y 1927 en el norte de Marruecos, específicamente en la región montañosa conocida como el Rif. Este conflicto se originó a partir de la resistencia de las tribus rifeñas lideradas por el caudillo Abd el-Krim contra la ocupación y dominio colonial de España y Francia en la región. La Guerra del Rif tuvo un gran impacto en la historia de Marruecos y en las relaciones entre las potencias coloniales europeas y los países del norte de África. La lucha evidenció la resistencia de un pueblo que se oponía a la dominación extranjera y puso en evidencia las dificultades de un ejército europeo ante tácticas guerrilleras y un terreno implacable.
La Guerra
del Rif, también conocida como la Segunda Guerra de Marruecos, constituye un
episodio crucial y profundamente complejo en la historia del siglo XX. La
guerra se caracterizó por su brutalidad, su naturaleza de guerrilla y, sobre
todo, por el desastre militar que sufrió España, lo que tuvo consecuencias
políticas y sociales de gran alcance. Comprender la Guerra del Rif implica
analizar sus raíces históricas, las motivaciones de los contendientes y las
devastadoras consecuencias
En el
contexto internacional, la Guerra del Rif se inscribe dentro de la etapa del
colonialismo europeo en África, donde las potencias se repartían territorios y
buscaban mantener su influencia sobre regiones estratégicas. Marruecos, por su
posición geográfica y sus recursos, era un enclave muy codiciado, especialmente
por su cercanía al Estrecho de Gibraltar, lo que lo convertía en un punto clave
para el comercio y la seguridad marítima.
Tras la Conferencia de Algeciras de 1906, el país quedó dividido en áreas de influencia: Francia obtuvo el control de gran parte del territorio marroquí, mientras que España se quedó con el norte, donde se encontraba la región del Rif y, más adelante, también con una franja en el sur. La lógica colonial impulsaba a las potencias europeas a justificar estas ocupaciones como misiones “civilizadoras”, pero en realidad respondían a intereses estratégicos y económicos, tales como la explotación de recursos minerales, el control de rutas comerciales y la consolidación de posiciones militares clave. España, que había perdido la mayor parte de su imperio colonial tras la guerra de 1898 frente a Estados Unidos, veía en Marruecos una oportunidad para restaurar parte de su prestigio internacional y, al mismo tiempo, para reforzar su papel en el norte de África.
En este
marco, las tribus del Rif, habitantes de una región montañosa y difícil, se
mostraron especialmente resistentes al sometimiento colonial. Su cultura
guerrera, su conocimiento del terreno y su fuerte identidad colectiva hicieron
que la dominación europea no resultara sencilla. A diferencia de otros pueblos
sometidos, los rifeños respondieron con organización militar y con un liderazgo
centralizado bajo la figura de Abd el-Krim, que logró unificar a diferentes
tribus en torno a un objetivo común: la creación de una república
independiente. Este ideal chocaba de lleno con los intereses coloniales
europeos, y desencadenó una guerra de más de una década que dejó profundas
huellas tanto en el Rif como en la memoria histórica de España y Francia.
En 1909 se comenzaron a evidenciar los primeros signos de resistencia en el Rif, donde las comunidades bereberes manifestaban su rechazo a las injusticias y al sometimiento impuesto por los colonizadores. El inicio de la Guerra del Rif puede rastrearse en los primeros enfrentamientos armados que se dieron a partir de 1911, cuando España comenzó a expandir su presencia en la región mediante la construcción de caminos, fortines y explotaciones mineras. Estas medidas eran percibidas por los rifeños como una invasión directa de su territorio y de su modo de vida. Las tribus locales, habituadas a la autonomía y al control de sus recursos, reaccionaron con ataques a las guarniciones y emboscadas a las tropas coloniales. En un principio, el ejército español subestimó la capacidad de resistencia rifeña. Se pensaba que la superioridad tecnológica y numérica bastaría para someter a las tribus. Sin embargo, la realidad fue distinta. Las montañas del Rif, con sus abruptos relieves, se convirtieron en un terreno ideal para la guerra de guerrillas, en la que los rifeños mostraron gran destreza. El ejército español se encontraba mal preparado para este tipo de combates, lo que se tradujo en importantes pérdidas humanas y materiales.
El
desembarco de Larache hace referencia a la acción militar que llevó a la
ocupación de la ciudad marroquí de Larache por una fuerza española de
infantería de marina, estableciendo un antecedente de la intervención militar
en Marruecos y la posterior guerra del Rif. 9 de junio de 1911
La crisis de Agadir o segunda crisis marroquí (1911) fue una crisis internacional que estuvo a punto de desencadenar una guerra entre Francia y Alemania por el control e influencia sobre Marruecos. En 1911 estalló una revuelta contra el Sultán de Marruecos, que en poco tiempo se ve sitiado en su palacio por los rebeldes; ante lo cual Francia y España lanzaron sendas operaciones militares para restablecer la autoridad del sultán. El incidente comenzó por el envío de un buque cañonero alemán (el navío "Panther") al puerto atlántico marroquí de Agadir (Marruecos), un enclave estratégico de importancia tanto por sí mismo (es el mejor puerto de la zona entre Gibraltar y Canarias) como por la situación de protectorado colonial francés en Marruecos, con el pretexto de defender a los comerciantes alemanes de la zona.
El conflicto se intensificó a partir de 1921, cuando los rifeños, liderados por Abd el-Krim, proclamaron la República del Rif y se sublevaron contra el dominio español. La estrategia de la resistencia se basó en el uso del terreno montañoso, lo que permitió a los combatientes emplear tácticas de guerrilla que resultaron devastadoras para los ejércitos coloniales. La victoria en batallas clave, como la de Annual, dejó en evidencia las deficiencias en la planificación y ejecución de las campañas militares españolas. El ejército de Abd el-Krim supo adaptarse a las condiciones del combate, utilizando emboscadas y ataques relámpago que desorientaron a las fuerzas invasoras.
La Batalla
de Annual se libró el 22 de julio de 1921 en Annual, actualmente en el noreste
de Marruecos, entre el ejército español y los combatientes bereberes durante la
Guerra del Rif. Los españoles sufrieron una gran derrota militar, casi siempre
recordada por los españoles como el desastre anual que condujo a grandes crisis
políticas y a una redefinición de la política colonial española hacia el Rif. En
18 días, entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921, más de 10.000 soldados
perdieron la vida frente a las tribus rifeñas. Muchos murieron de sed en sus
fortines, otros fallecieron tiroteados mientras intentaban huir, y otros
tantos, torturados después de entregarse a pocos kilómetros de allí, en el
fuerte de Monte Arruit, con las orejas, las narices y los testículos mutilados.
El general español a cargo Manuel Fernández Silvestre se vio completamente
superado. Incapaz de organizar una retirada ordenada o de establecer una línea
defensiva, el general se enfrentó a una situación sin salida. Las fuentes
difieren en cuanto a su destino final: algunos sostienen que se suicidó de un disparo,
mientras otros creen que fue asesinado por los rifeños. En cualquier caso,
murió en Annual, junto con miles de sus hombres. Este acontecimiento marcaría
el final de la monarquía de Alfonso XIII y tras la aceptación de la Dictadura
de Primo de Rivera por parte del Rey, llegaría la II República española. Primo
de Rivera, capitán general de Cataluña, da un golpe de Estado. vuelve a
Marruecos y asume toda la responsabilidad nombrándose Alto Comisario.
Los franceses intervinieron en consecuencia del lado de España, nombrando al general Philippe Pétain comandante en jefe de una fuerza expedicionaria de hasta 160.000 tropas bien entrenadas y equipadas de unidades metropolitanas, argelinas, senegalesas y de la Legión Extranjera, así como regulares marroquíes (tirillers) y auxiliares (goumiers).
La
contraofensiva conjunta, que comenzó el 8 de septiembre de 1925 con el
desembarco de Alhucemas, bajo el mando del general Miguel Primo de Rivera,
terminó con la derrota de los rifeños sublevados en apenas unos meses. El
desembarco de Alhucemas fue un desembarco militar llevado a cabo el 8 de
septiembre de 1925 en Alhucemas por el Ejército y la Armada españolas y un
contingente aliado francés, que propiciaría el fin de la guerra del Rif. Se
considera el primer desembarco anfibio en la historia que involucra el uso de
tanques y apoyo aéreo masivo por mar. Finalmente, en 1927, España y Francia
lograron derrotar a las fuerzas rifeñas y poner fin a la Guerra del Rif. Sin
embargo, este conflicto dejó una profunda huella en la historia de Marruecos y
España, y tuvo importantes repercusiones políticas y sociales en ambos países. El
26 de mayo de 1926, Abd el-Krim y su hermano se rindieron a los franceses en su
cuartel general de Targuís.
La guerra del Rif tuvo consecuencias devastadoras para ambas partes. España sufrió grandes pérdidas humanas y materiales, y el desastre de Annual dañó gravemente el prestigio de la monarquía de Alfonso XIII. Francia también sufrió pérdidas humanas y materiales, y la guerra dejó un legado de resentimiento y desconfianza entre las poblaciones coloniales y las autoridades coloniales. La guerra del Rif tuvo un impacto duradero en la identidad nacional española, y el desastre de Annual contribuyó al deterioro del clima político y social en España que culminó en el golpe de Estado de 1936. Para Marruecos, la guerra supuso la pérdida de su independencia política y la consolidación de la ocupación extranjera. Por su parte, España y Francia reafirmaron su dominio colonial en la región y fortalecieron su posición en el continente africano.
LA GUERRA
DEL CHACO
La guerra del Chaco fue un conflicto bélico que enfrentó a Paraguay y a Bolivia entre el 9 de septiembre de 1932 y el 12 de junio de 1935. La causa de esta guerra, la más importante ocurrida en Sudamérica en el siglo XX, fue la disputa que ambos países mantenían por el control del Chaco Boreal. . Esta guerra fue uno de los conflictos más sangrientos de América Latina en el Siglo XX y se caracterizó por la gran cantidad de bajas, las duras condiciones climáticas y geográficas, y las disputas territoriales entre ambos países. La derrota boliviana, sumada al altísimo costo humano de la contienda, generó una profunda crisis política e ideológica que transformó de manera duradera la vida pública del país.
El Chaco es
una región central sudamericana dividida a su vez en tres regiones: el Chaco
Gualamba; el Chaco Pantanoso; y el Chaco Boreal. El Chaco Boreal es la región
más septentrional del Gran Chaco, ubicada principalmente en Paraguay, con
extensiones en Bolivia y Brasil, caracterizada por su clima semiárido,
biodiversidad única y relevancia histórica. Este territorio se encontraba
disputado por los países de Bolivia y Paraguay, quienes buscaban hacerse con el
control de las riquezas naturales de la zona, especialmente el petróleo.
El Chaco
Boreal era una extensa región semiárida cuya soberanía nunca había quedado del
todo definida entre Bolivia y Paraguay desde la época colonial. El interés
boliviano por la zona se intensificó tras la pérdida de su litoral marítimo en
la Guerra del Pacífico, ya que el Chaco ofrecía una eventual salida fluvial
hacia el Atlántico a través del río Paraguay, además de sospechas, nunca del
todo confirmadas, sobre la existencia de yacimientos petroleros en la región. Durante
la década de 1920 y comienzos de la de 1930, ambos países fueron construyendo
fortines militares cada vez más próximos entre sí en el territorio en disputa,
en una escalada que aumentó las probabilidades de un choque armado.
Otro factor
que contribuyó al inicio de la guerra fue la crisis económica que afectaba a
ambos países. Tanto Paraguay como Bolivia se encontraban en una situación de
pobreza y subdesarrollo, y veían en la conquista del Chaco una oportunidad para
obtener recursos y mejorar su situación económica.
El primer acto hostil fue llevado a cabo por Bolivia, cuyo ejército atacó y tomó en julio de 1932 el fuerte paraguayo Carlos Antonio López. Paraguay contraatacó recuperando el fuerte poco después. A partir de ese momento y durante casi tres años, los dos países se enfrentaron en una guerra que acabaron ganando los paraguayos.
La guerra formal se prolongó entre 1932 y 1935, movilizando a alrededor de 250.000 soldados bolivianos y 150.000 paraguayos a lo largo de la contienda, en un terreno hostil marcado por la falta de agua, el calor extremo y enfermedades tropicales que causaron buena parte de las bajas de ambos ejércitos. El mando militar boliviano recayó en gran parte del conflicto en el general alemán Hans Kundt, mientras Paraguay confió su ejército al general José Félix Estigarribia.
Pese a
contar en teoría con mayores recursos militares, Bolivia sufrió sucesivas
derrotas debido a problemas logísticos, a la distancia entre los centros de
reclutamiento en el altiplano y el frente de batalla en tierras bajas, y a un
liderazgo político dividido, en especial tras las crecientes críticas al
presidente Daniel Salamanca, depuesto por un golpe militar en 1934 en medio del
propio conflicto.
La guerra se
desarrolló principalmente en el Chaco Boreal, una región desértica y poco
habitada. Ambos países se enfrentaron en numerosas batallas, algunas de las más
importantes fueron:
La Batalla de Boquerón: Fue la primera gran batalla de la guerra, en la que Paraguay logró defender exitosamente su posición en la fortaleza de Boquerón. Se libró desde el 9 al 29 de septiembre de 1932. El ejército paraguayo reconquista el fortín Boquerón.
La Batalla
de Nanawa: Fue una de las batallas más sangrientas de la guerra, desde el 20 al
26 de enero de 1933, en la que Paraguay logró una importante victoria que
debilitó a las fuerzas bolivianas.
La Batalla de Campo Vía: Fue una batalla decisiva en la que Paraguay logró romper las líneas defensivas bolivianas y avanzar hacia el territorio en disputa (7 al 11 de diciembre de 1933). El gobierno del Paraguay creyó que había ganado la guerra y propuso un armisticio para iniciar las negociaciones diplomáticas. Bolivia aceptó la propuesta para ganar tiempo y reconstruir su ejército. La guerra continuó hasta junio de 1935.
Los combates
cesaron en junio de 1935 tras un acuerdo de alto el fuego, y el conflicto se
cerró definitivamente con el Tratado de Paz, Amistad y Límites, firmado en
Buenos Aires el 21 de julio de 1938, que otorgó a Paraguay la mayor parte del
territorio disputado, mientras Bolivia conservó una franja de acceso al río
Paraguay. Las estimaciones sobre las bajas totales varían, pero se calculan
decenas de miles de muertos en cada bando, sumados a numerosos heridos,
prisioneros y desertores.
La derrota
tuvo un profundo impacto político en Bolivia: generó una fuerte corriente de
crítica hacia la clase dirigente tradicional, acusada de haber llevado al país
a una guerra mal preparada y ajena a los intereses de la mayoría indígena y
campesina que constituyó buena parte de la tropa.
El final de las hostilidades fue acordado en julio de 1935. Los dos países, presionados por Estados Unidos, firmaron un acuerdo secreto el día 9 de ese mes. Unos años más tarde, los contendientes rubricaron en Buenos Aires un Tratado de Paz que reconocía a Paraguay tres cuartas partes de las tierras en disputa.
LA GUERRA
CIVIL ESPAÑOLA
La Guerra Civil Española fue un conflicto que tuvo lugar en España entre 1936 y 1939. Fue un enfrentamiento armado entre el bando de los republicanos, formado por diversas fuerzas políticas y sociales de izquierda que apoyaban la Segunda República Española y defendían el gobierno del Frente Popular, democrático y progresista, y el bando sublevado de los nacionalistas liderados por el generalísimo Francisco Franco, respaldado por grupos fascistas y militares, que buscaban instaurar un régimen autoritario y conservador. La guerra tuvo profundas repercusiones políticas, sociales y culturales en España, y se considera uno de los eventos más importantes del Siglo XX en el país. Tres años de combates dejaron alrededor de 500.000 muertos, cientos de miles de exiliados y un país partido en dos que tardaría décadas en reconciliarse. Su desenlace instauró una dictadura que duraría casi cuarenta años, hasta la muerte de Franco en 1975. Fue el resultado de un largo proceso de inestabilidad política, económica y social durante la Segunda República española. La crisis alimentó la polarización entre izquierda y derecha, en un contexto internacional de crecientes tensiones ideológicas.
Más allá del
drama humano, la Guerra Civil fue también un laboratorio militar e ideológico
para la Europa que entraría en la Segunda Guerra Mundial apenas cinco meses
después del final del conflicto español. Alemania, Italia, la URSS, las
Brigadas Internacionales y el Comité de No Intervención convirtieron España en
el campo de ensayo donde se probaron tácticas, armas y doctrinas que definirían
el conflicto global de 1939-1945.
La Guerra
Civil Española empezó el 17 de julio de 1936, con el alzamiento militar en
Melilla y el Protectorado de Marruecos, y terminó el 1 de abril de 1939, día en
que Franco firmó el último parte de guerra. Duró 2 años, 8 meses y 15 días
(1.024 días). El conflicto se desarrolló íntegramente entre 1936 y 1939, en
pleno período de entreguerras europeo, con la Segunda Guerra Mundial estallando
apenas cinco meses después del final de la contienda española.
Las causas de la Guerra Civil Española fueron múltiples y complejas
. Entre ellas se encuentran las tensiones sociales y políticas que surgieron tras la proclamación de la Segunda República en 1931, la polarización ideológica entre izquierda y derecha, así como las fuertes desigualdades socioeconómicas existentes en el país. En el período previo al conflicto, España experimentó una serie de cambios políticos y sociales significativos que contribuyeron al estallido de la guerra:
La crisis
económica y el desempleo masivo. La crisis económica y social de los años 30,
agravada por la Gran Depresión, generó altas tasas de desempleo y pobreza, lo
que llevó a la radicalización de los diferentes sectores de la sociedad.
La
polarización política entre derecha e izquierda. La influencia de ideologías como el fascismo y el
comunismo. Las tensiones entre los diferentes grupos políticos, como los
republicanos, los socialistas, los comunistas y los fascistas, se
intensificaron, lo que llevó a un clima de polarización y confrontación.
La lucha de
clases y la desigualdad social. El descontento con el sistema político
existente, la Monarquía, y las desigualdades sociales y económicas también
jugaron un papel importante en el inicio del conflicto.
La preocupación
ante la reforma agraria. El gobierno de la Segunda República promovió una
reforma agraria, cuyos términos despertaron los temores de los sectores
afectados y dejó insatisfechos a sus beneficiarios.
El
descontento con las reformas de la Segunda República Española. La expansión del
fascismo. Los conservadores temían la instauración de un régimen comunista al
estilo bolchevique. En consecuencia, muchos se resistieron y se afirmaron en el
nacionalismo fascista que por entonces crecía en Europa.
El anticlericalismo. La Segunda República alentó la persecución de la Iglesia católica, radicalizada entre febrero y junio de 1936. En sus inicios implicó confiscación de bienes, disolución de órdenes religiosas y prohibición de educación cristiana en las escuelas. Más tarde, derivó en la destrucción de las iglesias y el asesinato de sacerdotes.
La guerra se
caracterizó por una serie de frentes de batalla en toda España, con
enfrentamientos en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia. Ambos bandos
recibieron apoyo internacional, con la Unión Soviética y las Brigadas
Internacionales respaldando al bando republicano, y la Alemania nazi e Italia
fascista apoyando al bando sublevado.
La Segunda República española, cuyo nombre oficial era la República Española, fue el régimen democrático que existió en España entre el 14 de abril de 1931, fecha de su proclamación -en sustitución de la monarquía de Alfonso XIII-, y el 1 de abril de 1939, fecha del final de la Guerra Civil, que dio paso a la dictadura franquista. El gobierno republicano era presidido por Manuel Azaña presidente de la Segunda República (1936-1939), dentro de la coalición Frente Popular, formado por radicales, socialistas y republicanos de izquierdas. Destacó por las reformas que implementó durante su gobierno, el llamado bienio social-azañista, Todo ello le enfrentó con las fuerzas conservadoras.
El detonante
de la guerra fue el intento de golpe de Estado, perpetrado por los generales
Emilio Mola, José Sanjurjo y Francisco Franco, entre otros, quienes
inicialmente solo lograron controlar parte del territorio. Al no vencer en todo
el territorio, desató el conflicto armado por el control de España. El golpe se
gestó en los meses anteriores y estalló simultáneamente en Melilla (la tarde
del 17 de julio), Ceuta y Tetuán (situadas en el norte de África). Al día
siguiente, 18 de julio de 1936, las guarniciones de la Península se sumaron al
alzamiento, por una coalición de oficiales y civiles conservadores,
monarquistas y de extrema derecha. La sublevación se produjo en un contexto de
agitación social y política. En las primeras semanas, el conflicto se
caracterizó por la rápida expansión de los frentes de batalla y la
consolidación de las fuerzas sublevadas en diversas regiones del país. Durante
estos meses iniciales, los sublevados lograron tomar grandes partes del
territorio español, especialmente en el sur y el oeste, mientras que las
fuerzas republicanas mantuvieron el control en el norte, el este y en las
grandes ciudades como Madrid y Barcelona. EL 20 de julio de 1936 (Sublevación
en Galicia) Francisco Franco se convierte en el líder de las fuerzas sublevadas
tras el éxito del golpe en Galicia. Las primeras batallas entre las fuerzas
sublevadas y las republicanas comienzan en el norte de España el 23 de julio de
1936.
El 6 de
noviembre de 1936 se Inicia del asedio de Madrid: Las tropas franquistas rodean
la ciudad de Madrid, dando inicio a un prolongado asedio. Uno de los eventos
más significativos de este periodo fue el asedio de Madrid, que se convirtió en
un símbolo de resistencia. El gobierno republicano, junto con los militantes
antifranquistas, logró mantener la ciudad durante casi toda la guerra a pesar de
las intensas ofensivas de los sublevados. El gobierno republicano se reorganiza
bajo el Frente Popular, con el objetivo de unificar a las fuerzas
antifranquistas y se establece un órgano para coordinar la defensa de la
ciudad.
La batalla de Guadarrama fue la primera campaña militar de la guerra civil que tuvo lugar en la última semana de julio y principios de agosto de 1936 y en la que se enfrentaron las columnas del bando sublevado enviadas por el general Mola desde la submeseta norte y Navarra para atravesar los puertos de montaña de la sierra de Guadarrama y llegar desde el norte a Madrid y las columnas del bando republicano que había salido de la capital para intentar impedirlo y que estaban compuestas por milicianos y por tropas de las unidades militares que habían sido disueltas por orden del gobierno para evitar que se pudieran sumar a la sublevación. Victoria republicana; Estabilización del "Frente de la Sierra" hasta el final de la contienda.
El asedio
del alcázar de Toledo fue una batalla de gran valor simbólico que ocurrió en
los comienzos de la guerra civil española (21 de julio-27 de septiembre de 1936).
En ella se enfrentaron fuerzas gubernamentales compuestas fundamentalmente por
milicianos del Frente Popular y guardias de asalto contra las fuerzas
sublevadas de la guarnición de Toledo, reforzadas por la Guardia Civil de la
provincia y un centenar de civiles militarizados sublevados contra el Gobierno
de la República. En 1936, en el majestuoso alcázar que corona la ciudad de
Toledo, 1.300 sublevados al mando del coronel José Moscardó resistieron durante más de dos
meses el ataque del ejército republicano que llegó a contar con hasta 5.000
soldados. La gesta seria una propaganda crucial para la causa nacional y un
símbolo de una de las ideologías de esta guerra fratricida.
La Batalla de Teruel fue un conjunto de operaciones militares que, durante la guerra civil española, tuvieron lugar entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938 en la ciudad de Teruel y sus alrededores, que culmina con la victoria sublevada en la Batalla de Alfambra el 8 de febrero, a 25 kilómetros al norte de Teruel, considerada una de las más largas y sangrientas del conflicto. Los últimos bastiones sublevados se rindieron a comienzos de enero de 1938 y las tropas republicanas pasaron a la defensiva frente a la cada vez más intensa contraofensiva de los ejércitos franquistas. Las tropas gubernamentales, no obstante, lograron mantener sus posiciones y los franquistas se vieron incapaces de reconquistar la ciudad recientemente perdida.
La entrada de tropas italianas y alemanas en apoyo al bando nacionalista. El 26 de abril de 1937, durante más de tres horas, oleadas de bombarderos alemanes e italianos arrasaron una villa vasca de siete mil habitantes sin defensas antiaéreas. El bombardeo de Guernica se convirtió en el símbolo universal de la guerra contra la población civil — por el horror de aquella tarde, por la mentira que lo siguió y por el cuadro que lo hizo eterno. Esto es lo que pasó de verdad, separando la historia documentada de la propaganda de ambos lados. En la primavera de 1937, la Guerra Civil se decidía en el Norte: el ejército de Franco, con el general Mola al frente, avanzaba sobre Vizcaya, corazón industrial de la República. La punta de lanza aérea era la Legión Cóndor alemana —enviada por Hitler para apoyar a los sublevados y probar en combate su nueva doctrina aérea— junto a la Aviación Legionaria italiana. Semanas antes, el 31 de marzo, habían arrasado Durango: el ensayo general que casi nadie recuerda.
La batalla
del Jarama fue un importante encuentro militar de la guerra civil española, que
se desarrolló entre el 6 y el 27 de febrero de 1937. Las fuerzas republicanas
intentan frenar el avance franquista hacia Madrid en esta batalla que resulta
en un estancamiento.
La batalla de Brunete fue un conjunto de operaciones desarrolladas, desde el 6 hasta el 25 de julio de 1937, en esta población y otras aledañas del oeste de Madrid durante la guerra civil española. Esta ofensiva lanzada por el Ejército Popular de la República tenía como objetivo disminuir la presión ejercida por las fuerzas sublevadas del bando franquista sobre Madrid y al mismo tiempo aliviar la situación en el frente Norte.
La batalla del Ebro fue una batalla librada durante la guerra civil española. Fue la batalla en que más combatientes participaron, la más larga y una de las más sangrientas de toda la guerra. Tuvo lugar en el cauce bajo del valle del Ebro, entre la zona occidental de la provincia de Tarragona (Tierra Alta) y en la zona oriental de la provincia de Zaragoza (Mequinenza) y se desarrolló durante los meses de julio a noviembre de 1938. Una de las batallas más importantes y prolongadas, que marca el inicio del declive de las fuerzas republicanas.
La ofensiva
republicana alcanza su punto culminante en un intento fallido de romper las
líneas franquistas. La caída de Tarragona señala la inminente derrota
republicana en Cataluña. La entrada de las tropas franquistas en Madrid, marca
la caída de la capital y el colapso final de la resistencia republicana el 28
de marzo de 1939.
El 1 de
abril de 1939, Declaración del fin de la guerra: Francisco Franco proclama el
fin del conflicto, estableciendo un régimen dictatorial. Una vez finalizada la
Guerra Civil se establece en España una dictadura militar en la que el general
Franco ostenta todo el poder, recogido en las Leyes Fundamentales del Reino
donde era el Jefe del Estado y del Gobierno, del Ejército, y Jefe del partido
único, la Falange, también llamado “Movimiento Nacional”. La dictadura
franquista duró 36 años, hasta la muerte de Franco en el año 1975.
La Guerra Civil Española tuvo importantes consecuencias políticas, sociales y culturales para España. Algunas de las principales consecuencias incluyen: La victoria de los nacionalistas liderados por Franco, que establecieron una dictadura que duraría hasta la muerte del dictador en 1975. La represión y persecución de los opositores al régimen franquista. El exilio de numerosos intelectuales y artistas españoles. La destrucción y el devastador impacto humano y material en el país. La Guerra Civil Española marcó profundamente a España, dejando cicatrices tanto en su gente como en su estructura. Alrededor de medio millón de personas perdieron la vida durante el conflicto, mientras muchas otras se vieron forzadas a abandonar sus hogares o fueron víctimas de persecuciones políticas.



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