lunes, 19 de octubre de 2026

GUERRAS EN LA HISTORIA: SIGLO XIX






LAS GUERRAS NAPOLEÓNICAS

Las Guerras Napoleónicas, también llamadas guerras de la Coalición, fueron una serie de conflictos militares que tuvieron lugar durante el periodo de gobierno de Napoleón Bonaparte en Francia, desde finales del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX. Estas guerras involucraron a gran parte de Europa y tuvieron un impacto significativo en la  historia del continente. Durante este periodo, Napoleón Bonaparte se convirtió en una figura central en la política europea y su ambición de expandir el Imperio Francés llevó a numerosas invasiones, conquistas y batallas en toda Europa. Dirigió los destinos del país y llevó a Francia a ejercer la hegemonía europea tras una serie de brillantes campañas militares por las que ha sido considerado uno de los mejores estrategas de todos los tiempos. Las campañas militares que tuvieron a Napoleón como protagonista contra otras naciones europeas son puestas como ejemplo de brillantez e ingenio. Las guerras napoleónicas se desarrollaron principalmente en Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia. También se llamaron guerras de coalición por las alianzas realizadas entre estos países. Estos enfrentamientos comenzaron en 1799 tras el golpe de estado dado por Napoleón, pero su origen se remonta unos años antes del estallido de la Revolución francesa. Las guerras llegaron a su fin en julio de 1815 con la batalla de Waterloo, durante la cual la Séptima Coalición logró derrotar a Napoleón, que fue apresado y confinado en la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.


General francés de origen corso y proclamado Emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, capital de la actual Córcega, poco después de su anexión por Francia. En 1779 ingresó en la escuela militar de Brienne y posteriormente estudió en la Escuela Militar de París. e especializó en artillería y obtuvo el grado de subteniente en 1785. Lector de historia, geografía y pensamiento político, encontró en la Revolución francesa de 1789 oportunidades de ascenso que el ejército del Antiguo Régimen difícilmente le habría ofrecido. Su carrera adquirió impulso durante el sitio de Tolón, en 1793, cuando su actuación artillera contribuyó a recuperar el puerto ocupado por fuerzas británicas y sus aliados. Ascendido a general de brigada, a los 24 años, consolidó su posición en octubre de 1795 al reprimir una insurrección realista en París.

Campaña de Italia de 1796-1797

En 1796  recibió el mando del Ejército de Italia. Durante aquella campaña derrotó repetidamente a las fuerzas austríacas mediante movimientos rápidos, concentración de tropas y ataques sobre puntos vulnerables. Bonaparte consiguió ganar las batallas que se libraron en Mantua, Castiglione, Arcole, Bassano y finalmente en Rivoli, en 1797. Con esa victoria contra los austríacos logró expulsarlos de las tierras italianas. Sus victorias lo transformaron en una figura de prestigio nacional. Los franceses perdieron 5.000 hombres, mientras que las bajas austríacas ascendían a 14.000. Los italianos recibían a las tropas de Francia como a libertadores. Napoleón consiguió firmar un acuerdo con Austria,r conocido como el Tratado de Campo Formio.

Campaña de Egipto y Siria (1798-1801)

En 1798 emprendió la expedición a Egipto con el propósito de perjudicar los intereses británicos y amenazar indirectamente sus comunicaciones con la India. Llegó a Alejandría el 1 de julio de 1798, donde venció a los mamelucos en la batalla de Shubra Khit y luego en la batalla de las Pirámides, en las que los franceses solo perdieron 29 vidas, mientras que los egipcios cerca de 2.000 hombres. Pero el furor de la victoria terminó cuando Horacio Nelson destruyó la flota francesa en la batalla del Nilo a mediados de 1798. Al año siguiente, Napoleón se dirigió a Damasco, controlada por el Imperio otomano. Conquistaron Jaffa, Haifa, Gaza y El Arish, pero no pudieron someter Acre.

Consulado e Imperio

En 1799 Napoleón abandonó Egipto y regresó a Francia, mientras el ejército quedó bajo el mando de Jean-Baptiste Kléber. El 9 de noviembre de 1799, el 18 de brumario del calendario revolucionario, participó en el golpe de Estado que derribó al Directorio. La nueva Constitución estableció un Consulado de tres miembros, aunque el poder efectivo quedó concentrado en Napoleón como Primer Cónsul. Con el ascenso, Napoleón no solo edificó un aparato militar formidable, sino que impulsó una serie de reformas administrativas y legales que buscaban modernizar el Estado. En 1802 fue proclamado cónsul vitalicio. Dos años después, el Senado aprobó el establecimiento del Imperio hereditario. El 2 de diciembre de 1804 fue coronado emperador de los franceses en Notre Dame de París, en presencia del papa Pío VII.

Guerra de la Primera Coalición (1792-1797)

La Primera Coalición (1792-1797) de Austria, Prusia, el Reino Unido de la Gran Bretaña, España y el Piamonte (Italia) contra Francia fue el primer intento para acabar con el republicanismo. La coalición fue derrotada por los franceses debido a una movilización general, levas en masa, reformas en el ejército y una guerra absoluta.

Guerra de la Segunda Coalición (1798-1801)

La Segunda Coalición (1798-1801), formada por el Imperio ruso, Reino Unido, Imperio austríaco, Imperio otomano, Reino de Portugal, Reino de Nápoles y los Estados Papales contra Francia, fue al principio más efectiva que la primera.

La batalla de Marengo tuvo lugar cerca de la ciudad de Alessandria, en el Piamonte, al noroeste de Italia el 14 de junio de 1800, durante la guerra de la Segunda Coalición. Concluyó con una victoria francesa y con la retirada de las tropas austríacas de la mayor parte del territorio italiano.

Guerra de la Tercera Coalición (1805-1806)

La Tercera Coalición fue una alianza militar creada en 1805 por el Reino Unido, Imperio austríaco, Rusia, Nápoles y Suecia contra Francia con el fin de derrocar a Napoleón del poder y disolver la influencia militar francesa en el continente europeo. Napoleón planeaba la invasión de las islas británicas y reunió 180 000 soldados en Boulogne. Sin embargo, necesitaba conseguir antes la superioridad naval para llevarla a cabo, o al menos, alejar a la flota británica del canal de la Mancha.

La batalla de Trafalgar fue una batalla naval que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805, en el marco de la Tercera Coalición. La batalla de Trafalgar se produjo frente a la costa española del cabo de Trafalgar, en Los Caños de Meca, localidad del  municipio gaditano de Barbate, en aquella época perteneciente a Vejer de la Frontera. En ella se enfrentaron los aliados Francia y España (al mando del vicealmirante francés Pierre Villeneuve, bajo cuyo mando estaba por parte española el teniente general del mar Federico Gravina) contra la Armada británica al mando del vicealmirante Horatio Nelson, quien obtuvo la victoria.

La batalla de Austerlitz, también conocida como la batalla de los Tres Emperadores, enfrentó el 2 de diciembre de 1805 a un ejército francés encabezado por el emperador Napoleón I contra las fuerzas combinadas ruso-austríacas del zar ruso Alejandro I y el emperador austríaco Francisco I. Fue una de las mayores victorias de Napoleón, pues el Primer Imperio francés aplastó definitivamente a la Tercera Coalición tras casi nueve horas de difícil combate.

Guerra de la Cuarta Coalición (1806-1807)

La Cuarta Coalición (1806-1807) de Prusia, Sajonia y Rusia contra Francia se formó solo unos meses después del colapso de la coalición precedente. En julio de 1806, el Emperador de Francia había creado la Confederación del Rin, ignorando a los minúsculos Estados alemanes del valle del Rin y del interior de Alemania.

La batalla de Jena se libró el 14 de octubre de 1806 y enfrentó al ejército francés bajo el mando de Napoleón contra el segundo ejército prusiano comandado por Federico Guillermo III de Prusia. Esta batalla, junto a la batalla de Auerstädt, significó la derrota de Prusia y su salida de las guerras napoleónicas hasta 1813.

La batalla de Eylau se libró del 7 de febrero al 8 de febrero de 1807, y fue un sangriento choque entre las fuerzas del Emperador Napoleón I de Francia y la mayor parte del ejército ruso al mando del general Bennigsen.

Por el posterior Tratado de Tilsit, en julio de 1807, Francia hizo la paz con Rusia y forzó a Prusia a ceder la mitad de sus territorios a Francia, al Reino de Westfalia de Jerónimo Bonaparte y al )nuevo Gran Ducado de Varsovia.

Invasión de España (1808-1814)

La Invasión Napoleónica a España tuvo lugar entre 1808 y 1814, durante las  Guerras Napoleónicas. Carlos IV de España abdicó en favor de su hijo Fernando VII debido a las tensiones internas en la corte. Sin embargo, Napoleón Bonaparte aprovechó esta oportunidad para intervenir en los asuntos españoles y colocar en el trono a su propio hermano, José Bonaparte. Además, el Tratado de Fontainebleau, firmado en 1807, permitía la entrada de tropas francesas en territorio español con el objetivo de invadir Portugal, aliado de Inglaterra. La invasión napoleónica a España se caracterizó por una intensa lucha entre las tropas francesas y los guerrilleros españoles, quienes se organizaron en pequeñas unidades de combate y llevaron a cabo tácticas de guerrilla para enfrentarse al ejército invasor. Fue un episodio crucial en la  historia de España, que tuvo un impacto duradero en su política, sociedad y cultura. Este evento marcó el fin del Antiguo Régimen y el comienzo de la  Guerra de Independencia Española, donde el pueblo español se levantó contra la ocupación francesa en busca de su libertad y soberanía.

La batalla de Bailén se libró durante la guerra de la Independencia española y supuso la primera derrota en campo abierto de la historia del ejército napoleónico. Tuvo lugar el 19 de julio de 1808 junto a la ciudad jienense de Bailén. Enfrentó a un ejército francés de unos 22 000 soldados al mando del general Dupont con otro español más numeroso (unos 29 770) a las órdenes del general Teodoro Reding, aunque el general en jefe del llamado Ejército de Andalucía era el general Castaños.

Guerra de la Quinta Coalición (1809)

La Quinta Coalición (1809) del Reino Unido y Austria contra Francia se formó mientras España se enfrentaba con Francia en la guerra de la Independencia española. Francia contó con el apoyo de sus estados satélite: el Reino de Italia, la Confederación del Rin y el Ducado de Varsovia. Austria, por su parte, fue apoyada por la Quinta Coalición, integrada por el Reino Unido, Portugal, España y los reinos de Cerdeña y Sicilia, aunque estos dos últimos no participaron en los combates.

La batalla de Wagram (5 al 6 de julio de 1809) enfrentó a los ejércitos franceses de Napoleón contra el austriaco del archiduque Carlos en la localidad de Wagram (actualmente en Austria). El resultado final de este combate fue la retirada austriaca, para volver a enfrentarse a los franceses en Znaim los días 10 y 11 de julio de 1809. La guerra de la Quinta Coalición terminó con el Tratado de Schönbrunn, el 14 de octubre de 1809.

Invasión napoleónica de Rusia

La invasión napoleónica de Rusia en 1812, una de las campañas militares más ambiciosas y desastrosas de la historia, marcó un punto de inflexión en las Guerras Napoleónicas y, en última instancia, contribuyó significativamente a la caída del imperio napoleónico. A pesar de la magnitud del riesgo, Napoleón Bonaparte, en el apogeo de su poder, se lanzó a la conquista de un vasto territorio, enfrentándose a un enemigo implacable: el invierno ruso. A pesar de su genio militar, Napoleón cometió graves errores de cálculo al planificar la invasión de Rusia. Subestimó la distancia, el clima y la capacidad de resistencia del ejército ruso. La logística se convirtió en una pesadilla, con líneas de suministro sobreextendidas y vulnerables a los ataques de los cosacos y los partisanos rusos.

La batalla de Borodinó tuvo lugar el 7 de septiembre de 1812 (26 de agosto según el antiguo calendario juliano). Es también conocida como la batalla del río Moscova, y fue una de las mayores y más sangrientas batallas de las guerras napoleónicas, enfrentando a cerca de un cuarto de millón de hombres.

Guerra de la Sexta Coalición (1812-1814)

La Sexta Coalición (1812-1814) consistió en la alianza del Reino Unido, Rusia, España, Prusia, Suecia, Austria y cierto número de estados alemanes contra Francia.

La batalla de Lützen (2 de mayo de 1813) se libró durante la guerra de la Sexta Coalición de las guerras napoleónicas, enfrentando al ejército francés contra un combinado ruso-prusiano. Después de un día de intensos combates, el combinado de Prusia y Rusia se retiró, pero los franceses no pudieron perseguir al enemigo derrotado por carecer de caballería.

La batalla de Leipzig (16 al 19 de octubre de 1813), también llamada batalla de las Naciones, fue el mayor enfrentamiento armado de todas las guerras napoleónicas y la batalla más importante perdida por Napoleón Bonaparte. La Grande Armée, bajo el mando de Napoleón, se encontraba en un estado debilitado. Los aliados terminaron ocupando París el 31 de marzo de 1814. Los mariscales franceses se negaron a seguir luchando y forzaron al emperador a abdicar. Napoleón debió abdicar en 1814 y fue enviado como exiliado a la isla de Elba. Esto posibilitó la restauración del absolutismo borbónico en Europa.


Guerra de la Séptima Coalición (1815)

La Séptima Coalición fue la última alianza militar de las potencias europeas contra el emperador francés Napoleón Bonaparte. Esta fue preparada apresuradamente tras el regreso de Napoleón desde su exilio en Elba y su aclamada entrada en París. La campaña, también conocida como "Los Cien Días", fue la fase final de las Guerras napoleónicas y puso fin al reinado de Napoleón, quien fue forzado a abdicar nuevamente tras su derrota en la batalla de Waterloo. Los Cien Días se refieren al segundo reino del emperador francés Napoleón I, quien volvió del exilio de forma inesperada para reclamar el trono francés. Abarca el retorno triunfante de Napoleón a París el 20 de marzo de 1815, su culminante derrota en la batalla de Waterloo el 18 de junio y la restauración del rey Luis XVIII el 8 de julio: un período de 110 días.

La batalla de Waterloo se libró el domingo 18 de junio de 1815, cerca de Waterloo. El Ejército Imperial Francés, bajo el mando de Napoleón I, fue derrotado por dos ejércitos de la Séptima Coalición. Uno era una fuerza liderada por los británicos, con unidades del Reino Unido, los Países Bajos, Hannover, Brunswick y Nassau, bajo el mando del mariscal de campo Arthur Wellesley, duque de Wellington. El otro estaba compuesto por tres cuerpos del ejército prusiano bajo el mando del mariscal de campo Gebhard von Blücher. La victoria de los coaligados significó el fin del Imperio napoleónico y derivo en la reclusión de Bonaparte en la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.



jueves, 15 de octubre de 2026

GUERRAS EN LA HISTORIA: EPOCA MODERNA







LAS CONQUISTAS DE SOLIMÁN EL MAGNÍFICO

Solimán I, conocido en Occidente como el Magnífico y entre los turcos como Kanuni, personifica la apoteosis del poder otomano en el siglo XVI. Sultán otomano que gobernó el Imperio Otomano desde 1520 hasta su  muerte en 1566. Conocido por su habilidad militar y sus grandes conquistas, Solimán dejó una marca indeleble en la  historia de la región y se le considera uno de los líderes más destacados de la época. Durante su reinado, el Imperio Otomano alcanzó su apogeo territorial y se convirtió en una potencia mundial.

Solimán ascendió al trono otomano después de la muerte de su padre en 1520. Durante su reinado, expandió el imperio a través de una serie de exitosas campañas militares, llegando a su máxima extensión territorial. Solimán el Magnífico fue el décimo sultán del Imperio Otomano, gobernando desde 1520 hasta su muerte en 1566. Nació el 6 de noviembre de 1494 en Trabzon, en la actual Turquía, hijo del sultán Selim I y de Ayşe Hafsa Sultan. Desde joven, Solimán mostró habilidades excepcionales tanto en el campo de batalla como en la administración.


Tras suceder a su padre, Selim I, Solimán ascendió al trono otomano en el año 1520. Durante su reinado, que se extendió hasta su  muerte en 1566, logró consolidar y expandir el imperio, convirtiéndolo en una de las potencias más importantes de la época. Solimán fue conocido por sus habilidades estratégicas y militares, lo que le permitió expandir el imperio a través de numerosas conquistas. Durante su reinado, llevó a cabo campañas militares exitosas en Europa, Asia y África.

Conquista de Belgrado (1521)

Uno de los primeros logros militares de Solimán fue la conquista de Belgrado en 1521. Esta ciudad, que se encontraba en manos del Reino de Hungría, fue tomada por las fuerzas otomanas después de un asedio exitoso. El asedio de Belgrado en 1521 fue un evento que se dio como resultado del tercer gran ataque otomano a esta fortaleza húngara durante las guerras otomano-húngaras, en la época de la máxima expansión del Imperio Otomano hacia el oeste. El sultán otomano Suleimán el Magnífico lanzó su ejército a mediados de mayo de 1521. El estado húngaro estaba casi en desorden y no podía contraatacar de manera efectiva al ejército otomano.


Conquista de Rodas (1522)

En 1522, Solimán lideró un asedio a la isla de Rodas, que en ese momento estaba bajo el control de los Caballeros Hospitalarios. Después de varios meses de lucha intensa, los otomanos lograron capturar la isla y expulsar a los caballeros. Los otomanos sostuvieron el asedio de 6 meses gracias a la flota de reabastecimiento egipcia y la proximidad a la costa de Anatolia; los defensores, incapaces de recibir ayuda de Europa, fueron agotados en pólvora y efectivos. La flota otomana, fortalecida, dominó mares que iban desde el Mediterráneo hasta el Mar Rojo, y abrió un corredor para acciones futuras contra rivales en la región.

Conquista de Hungría (1526-1541)

Otro logro importante de Solimán fue la conquista de gran parte del Reino de Hungría. En la Batalla de Mohács en agosto de 1526, las fuerzas otomanas derrotaron al ejército húngaro y su rey murió en combate. El enfrentamiento se produjo a poco más de 100 Km. de Buda, en la llanura de Mohacs, donde los húngaros esperaban poder utilizar adecuadamente su potente caballería. Pero los tiempos habían cambiado. Ya había pasado la época de la caballería acorazada, y los turcos contaban con un ejercito mucho más moderno, en el que la infantería con armas de fuego y una eficiente artillería jugaban un papel principal. A pesar de todo la valerosa carga de los jinetes húngaros estuvo a punto de ser decisiva. Arrollaron a las primeras filas de los turcos para ser finalmente detenidos en la última línea por la artillería y los mosquetes de los jenízaros del Sultán. La victoria de Mohács representó un punto de inflexión. La derrota de las fuerzas húngaras dio a Solimán la oportunidad de consolidar su influencia en la región, provocando la caída del propio rey Luis II. El reino había quedado desarbolado, la capital cayó de inmediato y su territorio fue saqueado y ocupado.

Asedio de Viena (1529)

Uno de los momentos más destacados en la carrera militar de Solimán fue el asedio de Viena en 1529. Bajo el mando del sultán Solimán I, conocido como «el Magnífico», el Imperio otomano dirigió su mayor esfuerzo militar hacia el corazón de Europa central con el objetivo de tomar la capital del archiducado de Austria. La ciudad resistió durante menos de tres semanas frente a un ejército que la superaba en efectivos de forma abrumadora. El fracaso del asedio no solo detuvo el avance turco en el continente europeo, sino que marcó el inicio de una larga rivalidad entre los Habsburgo y la Sublime Puerta que se prolongaría más de siglo y medio.

Conquista de Bagdad (1534)

En 1534, Solimán lideró la conquista de Bagdad, la capital del Imperio Safávida en Persia. La captura otomana de Bagdad en 1534, que tuvo lugar durante la primera campaña de una guerra de veinte años entre el Imperio otomano y el Imperio persa (safávida del Shah Ṭahmāsp I. Tras la victoria de las fuerzas de Süleyman el Magnífico, la famosa ciudad permaneció casi ininterrumpidamente en manos otomanas hasta que fue capturada por los británicos en 1917. Esta victoria permitió al Imperio Otomano consolidar su control sobre gran parte de Mesopotamia y expandir su influencia en la región, y llegando hasta la India.

A la expansión de Solimán el Magnífico se opondrían enérgicamente España y Austria, con la ayuda de Polonia y Venecia, siendo el mayor adalid de esta defensa el emperador Carlos I de España y V de Alemania. Pero como el enemigo juramentado de éste, el rey francés Francisco I, no veía con buenos ojos el liderazgo europeo del hijo de Juana la Loca, no dudó en aliarse con el turco para reducir su poder.

La muerte de Solimán ocurrió el 7 de septiembre de 1566, durante una campaña militar en Szigetvár, actualmente parte de Hungría. A pesar de su avanzada edad, Solimán lideró personalmente el asedio de la fortaleza húngara. La muerte de Solimán el Magnífico marcó el final de una era en el Imperio Otomano.




LAS GUERRAS ITALIANAS

Las guerras italianas, también conocidas como las Grandes Guerras Italianas y las Guerras de Italia, fueron una serie de conflictos sucedidos entre 1494 y 1559 que implicaron, en distintas ocasiones, a los principales Estados de la Europa Occidental: Francia, Corona de Castilla, Corona de Aragón, Sacro Imperio Romano Germánico, Inglaterra, la República de Venecia, los Estados Pontificios y la mayoría de las ciudades-estado italianas, así como también el Imperio otomano.

El enfrentamiento entre Francia y la Casa de Habsburgo será, salvo breves períodos excepcionales, una constante durante los siglos XVI y XVII. La común política italiana, el problema de Navarra y, sobre todo, el cerco de los Estados de los Austrias en torno a Francia mantendrán viva una hostilidad que se manifestará periódicamente en conflictos abiertos en muy diversos puntos del Continente, e incluso fuera de él. Las distintas circunstancias en las que se desenvolverá esta enemistad marcarán varias etapas diferenciadas. En un primer período, el escenario de los enfrentamientos se limitará casi exclusivamente a Italia. La rivalidad a causa de intereses enfrentados en la península italiana había sido aportada a la Monarquía española por la Corona de Aragón, que, como restos de su expansión mediterránea, conservaba Cerdeña (1325) y Sicilia (1409), mientras que el Reino de Nápoles, anexionado en 1442, había pasado en 1458 a una rama bastarda de Aragón, a la muerte de Alfonso V. Por su parte, Francia reivindicaba los derechos sobre el trono napolitano de la dinastía de los Anjou, que habían reinado de 1282 a 1442. El rey francés, Carlos VIII, imbuido de ideas caballerescas y de cruzada, había iniciado los movimientos. En 1493 se había asegurado la neutralidad del emperador Maximiliano, a cambio del Artois y el Franco Condado, y de Fernando el Católico, a cambio del Rosellón y la Cerdaña.


Primera Guerra Italiana (1494-1498)

Esta guerra comenzó cuando Carlos VIII de Francia quiso reclamar el Reino de Nápoles para sí. En 1494, sus ejércitos avanzaron rápidamente por Italia y ocuparon Nápoles. Para detenerlo, se formó la Liga de Venecia en 1495. Esta liga incluía a Milán, Venecia, el Sacro Imperio Romano Germánico, España y los Estados Pontificios. Aunque la batalla de Fornovo (1495) no tuvo un ganador claro, Carlos VIII tuvo que retirar sus tropas del norte de Italia. En el sur, las tropas españolas, lide radas por el famoso Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, lograron resistir. A pesar de algunas derrotas, los españoles recibieron refuerzos y lograron expulsar a los franceses de Nápoles. La guerra terminó en 1498 con un tratado de paz.


El 6 de julio de 1495, mientras se retira de Nápoles hacia Francia, Carlos VIII es interceptado en Fornovo por la Liga Italiana. A pesar del terreno difícil y de un enfrentamiento desorganizado, el ejército francés logra romper el cerco. Aunque las pérdidas son cuantiosas en ambos bandos, los franceses mantienen la cohesión y continúan su marcha, lo que les permite llegar a Francia sin un desastre militar.

Guerra Italiana de 1499-1501

El nuevo rey de Francia, Luis XII, también quería el Ducado de Milán y el Reino de Nápoles. Para lograrlo, hizo alianzas con Venecia y el Papa Alejandro VI. En 1499, un ejército francés invadió el Ducado de Milán y lo ocupó. El duque de Milán, Ludovico Sforza, intentó recuperar su territorio con la ayuda de mercenarios, pero fue traicionado y capturado. Mientras tanto, el hijo del Papa, César Borgia, conquistó varias ciudades en la región de la Romaña.

Guerra de Nápoles (1501-1504)

Antes de atacar el sur de Italia, Luis XII de Francia hizo un acuerdo con Fernando II de Aragón (rey de España) en 1500. Decidieron dividirse el Reino de Nápoles: el sur sería para España y el norte para Francia. Las tropas españolas y francesas ocuparon sus respectivas zonas. Sin embargo, pronto surgieron desacuerdos sobre los límites. En los enfrentamientos que siguieron, las tropas del Gran Capitán derrotaron a los franceses en varias batallas importantes en 1503, como Ceriñola y Garellano. Finalmente, en 1504, Francia cedió el Reino de Nápoles a España. Nápoles permaneció bajo control español hasta 1707.

La batalla de Ceriñola es una batalla de gran importancia en la historia puesto que cambió el curso de la guerra para las fuerzas españolas, pero también marcaría el comienzo del cambio en la forma de hacer la guerra. La introducción del uso del arcabuz entre sus tropas por parte del Gran Capitán fue un elemento innovador y decisivo, que mostró que el arma de fuego marcaría un cambio radical en los ejércitos.

Guerra de la Liga de Cambrai (1508-1516)

Las rivalidades internas de los Estados italianos provocarán la guerra y la invasión extranjera. Así, el inquieto papa Julio II promovió, en 1508, la Liga de Cambrai contra Venecia, en la que participarán Francia y España, más el emperador, para detener el crecimiento de la República de Venecia. Esta liga incluía a Francia, el Papado, España y el Sacro Imperio Romano Germánico. Aunque la Liga logró una gran victoria contra Venecia en la batalla de Agnadello (1509), la alianza se rompió. El Papa Julio II se alió con Venecia y declaró la guerra a Francia. Después de más combates, Francia fue expulsada de Italia. Sin embargo, en 1512, Venecia se alió con Francia, lo que cambió el rumbo de la guerra. La paz se firmó en 1516, y las cosas volvieron a ser como antes de la guerra.



La batalla de Agnadello fue una de las más significativas batallas en la Guerra de la Liga de Cambrai, y una de las mayores batallas de las Guerras Italianas. El 15 de abril de 1509, un ejército francés al mando de Luis XII salió de Milán e invadió el territorio de la República de Venecia. Para detener el avance enemigo, los venecianos reunieron un ejército mercenario, cerca de Bérgamo, comandado por Bartolomeo d’Alviano y Niccolò di Pitigliano, ambos pertenecientes a la familia Orsini.

Guerra Italiana de 1521-1526

Cuando Carlos I de España se convirtió en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1519, su imperio se hizo enorme. Francisco I de Francia, que también quería ser emperador, comenzó una guerra contra España. Las tropas francesas intentaron tomar Nápoles, pero fueron derrotadas por los ejércitos españoles. En 1525, el propio Francisco I dirigió a sus tropas en Lombardía, pero fue derrotado y hecho prisionero en la batalla de Pavía. Esto obligó a Francia a ceder muchos territorios a España en Italia.

La batalla de Pavía se libró el 24 de febrero de 1525 entre el ejército francés al mando del rey Francisco I y las tropas germano-españolas del emperador Carlos V, con victoria de estas últimas, en las proximidades de la ciudad italiana de Pavía. La derrota francesa fue catastrófica pues, aparte de las innumerables bajas, muchos de sus mejores comandantes murieron en Pavía. Además el rey francés fue obligado a firmar el Tratado de Madrid por el que Francia renunciaba a sus dominios en disputa con España en suelo europeo. Pavía pone de manifiesto que la combinación organizada de caballería e infantería puede ser letal. Además pone de manifiesto que el Tercio ideado por Don Gonzalo Fernández de Córdoba a finales del siglo XV sería fundamental para el ejército imperial en los siglos venideros.

Guerra de la Liga de Cognac (1526-1529)

En 1526, el Clemente VII, preocupado por el gran poder de España, se alió con Francia, Venecia y otras ciudades italianas para formar la Liga de Cognac contra Carlos I de España.Las fuerzas españolas tomaron Florencia y en 1527 saquearon Roma, capturando al Papa. La guerra terminó en 1529 con la paz de Cambrai, donde Francia se retiró. Venecia también hizo la paz con España, y Florencia volvió a ser gobernada por la familia Médici.

Guerra Italiana de 1536-1538

Esta guerra comenzó cuando el duque de Milán murió y Felipe II de España (hijo de Carlos I) heredó el ducado. Francisco I de Francia invadió Saboya y tomó Turín, pero no pudo conquistar Milán. En respuesta, Carlos I de España invadió Provenza en Francia, pero decidió retirarse. La guerra terminó con la tregua de Niza, dejando Turín en manos francesas, pero sin grandes cambios en el mapa de Italia.

Guerra Italiana de 1542-1546

Francisco I de Francia, aliado con Solimán I del Imperio otomano, lanzó una última invasión de Italia. Una flota conjunta franco-otomana capturó la ciudad de Niza en 1543. Aunque los franceses ganaron la batalla de Cerisoles en 1544, no lograron avanzar en Lombardía. Carlos I de España y Enrique VIII de Inglaterra invadieron el norte de Francia. Sin embargo, la falta de coordinación y los ataques otomanos hicieron que Carlos abandonara sus conquistas, y la situación volvió a ser como antes.

En la batalla de Ceresole (Cerisoles) el ejército francés inflige una aplastante derrota a las fuerzas imperiales, utilizando una combinación eficaz de tácticas de infantería, caballería y artillería. La batalla afirma temporalmente la dominación francesa en Lombardía.

Guerra Italiana de 1551-1559

En 1547, Enrique II de Francia (sucesor de Francisco I) declaró la guerra a Carlos I de España para recuperar Italia y asegurar Francia. Al principio, Francia tuvo éxito en Lorena. Sin embargo, un intento de invasión francesa de Toscana en 1553 fracasó. Carlos I de España abdicó en 1556, dividiendo su imperio entre Felipe II de España y Fernando I. La guerra se trasladó a Flandes, donde Felipe II de España, aliado con Manuel Filiberto de Saboya, derrotó a los franceses en la batalla de San Quintín en 1557. Aunque Inglaterra se unió a la guerra y los franceses tomaron Calais, Francia se vio obligada a firmar la paz de Cateau-Cambrésis. Con este tratado, Francia renunció a sus reclamos sobre los territorios italianos.

El 10 de agosto de 1557, se libró la batalla de San Quintín, entre los ejércitos de Felipe II, a las órdenes del Duque de Saboya, y las fuerzas francesas, mandadas por el Almirante Coligni y el Mariscal Montmorency. Un ejército hispano-imperial derrotó a Francia en una de las batallas más decisivas del siglo XVI. Aquella victoria no solo cambió el rumbo de una guerra, sino que dio origen a uno de los monumentos más emblemáticos de España: el Monasterio de El Escorial.

Cuando las Guerras Italianas terminaron en 1559, España se había convertido en la potencia más importante del mundo, superando a Francia. Los estados de Italia, que antes habían sido muy poderosos, vieron reducido su poder político y militar. Algunos incluso desaparecieron. Aunque las guerras de Italia de comienzos de siglo no den solución a unos problemas que permanecerán casi en el mismo punto por varios decenios, sí supondrán un cambio en las relaciones internacionales europeas. Por un lado, modificaron la diplomacia, a través de los innumerables acuerdos realizados entre los diversos Estados contendientes, haciendo necesaria la representación diplomática permanente. Por otro, se produjeron cambios decisivos en el arte bélico: la infantería sustituyó a la caballería como pieza esencial del ejército y las armas de fuego revolucionaron la estrategia y los sistemas de enfrentamiento, mientras que los mayores costos en armamento requerirán en adelante mayores inversiones, sólo permitidas a los grandes Estados, dejando de ser competitivos los ejércitos nobiliarios e incluso los de los pequeños Estados, que, como los italianos, cada vez tendrán menos protagonismo en la arena internacional.





LA CONQUISTA DE MÉXICO

La conquista de México es el gran suceso mediante el que la corona española sometió al Imperio mexica y se hizo con el control de sus territorios en las primeras décadas del siglo XVI en el marco de la conquista de América. Este enfrentamiento bélico se prolongó desde 1519 a 1521, cuando los españoles conquistaron la capital de los mexicas: Tenochtitlan. La Conquista de México (1519-1521) fue uno de los eventos más extraordinarios de la historia universal: el derrumbe de una de las civilizaciones más sofisticadas de Mesoamérica ante una expedición española de menos de 1.000 hombres en el transcurso de apenas tres años.


El imperio Azteca, en el momento del contacto europeo, era la potencia política y militar dominante de Mesoamérica: gobernaba aproximadamente 400 ciudades-estado tributarias, tenía una capital (Tenochtitlán) de entre 200.000 y 600.000 habitantes (una de las ciudades más grandes del mundo en 1519), controlaba un territorio que se extendía desde lo que es ahora el norte de México hasta América Central, mantenía un ejército extraordinariamente capaz de decenas de miles de guerreros de élite y operaba un sistema administrativo y tributario sofisticado que permitía extraer riqueza de cientos de poblaciones subordinadas. El imperio de los mexicas había basado su prosperidad económica en tres pilares: la agricultura, los tributos pagados por los pueblos sometidos y el comercio.

Procedente de una familia de hidalgos de Extremadura, Hernán Cortés estudió brevemente en la Universidad de Salamanca. En 1504 pasó a las Indias, recién descubiertas por Cristóbal Colón, y se estableció como escribano y terrateniente en La Española (Santo Domingo). En 1511 participó en la expedición a Cuba como secretario del gobernador Diego Velázquez de Cuéllar, con quien emparentó al casarse con su cuñada; Velázquez le nombró alcalde de la nueva ciudad de Santiago. En 1518 Diego Velázquez puso a Hernán Cortés al mando de una expedición a Yucatán.


La conquista fue proceso de tres fases: primero la marcha inicial desde la costa hacia Tenochtitlán (1519) con la alianza de Tlaxcala. Segundo, el establecimiento del control español sobre la ciudad mediante la captura del emperador Moctezuma (noviembre 1519-junio 1520). Y tercero, el asedio y destrucción total de Tenochtitlán tras el levantamiento indígena (mayo-agosto 1521). Cortés, con el instinto estratégico de un conquistador experimentado, comprendió que la única manera de conquistar un imperio de millones era fragmentar su estructura política mediante alianzas astutas, captura de su liderazgo y manipulación de tensiones internas. Cortés y sus hombres contaron con la ayuda de varios pueblos de la zona, deseosos de librarse del dominio mexica, en su marcha hacia Tenochtitlán. Estas alianzas, junto con la superioridad armamentística, permitió a los españoles salir victoriosos.


La expedición de conquista partió de Cuba, al mando de Hernán Cortés, el 10 de febrero de 1519. Expediciones realizadas en años anteriores habían confirmado la existencia de un imperio confederado dominado por los aztecas, así como la existencia de enormes riquezas en metales preciosos.

La expedición se componía de 11 barcos. En abril de 1519, llegó a las costas del Golfo de México donde, el 22 de ese mes, fundó la ciudad de Villa Rica de la Veracruz. Allí permaneció 4 meses durante los cuales Cortés rompió relaciones con Diego Velázquez, gobernador de Cuba y envió un barco a España con el objetivo de obtener los documentos que le permitieran legalizar su situación. Además, tomó contacto con indígenas enemistados con los aztecas y los sumó a sus tropas. En agosto, inició la marcha hacia Tenochtitlán, la capital del imperio azteca.

En noviembre de ese año el emperador Moctezuma recibió a los españoles en Tenochtitlán, pero fue tomado prisionero. Si bien Cortés logró entrar en la capital, su intransigencia con las cuestiones religiosas lo enemistó con los sacerdotes aztecas. El 20 de junio de 1520, un levantamiento popular obligó a los españoles a huir de la ciudad. Se conoce ese episodio como «la noche triste».

Después de la derrota de "La Noche Triste", los restos del ejército de Hernán Cortés se dirigieron a las alturas del valle de Otumba. Allí, Cortés dispuso sus fuerzas con gran acierto ante el inminente ataque de los indios. El 7 de julio de 1520 Hernán Cortés se lanzó personalmente al galope sobre el jefe azteca, que portaba la enseña imperial.  Al ver los indios el estandarte en manos del conquistador español, se dieron a la fuga. La batalla de Otumba supuso la más increíble victoria obtenida por los españoles en América.

Cortés logró reunir a sus tropas y reorganizarlas gracias a la alianza con los tlaxcaltecas, vecinos y feroces enemigos de los aztecas. Con ese apoyo y refuerzos españoles, en diciembre de ese año inició el sitio a la ciudad de Tenochtitlán tanto por tierra como por agua ya que la ciudad estaba ubicada en una laguna.

El 12 de agosto de 1521, agotados por hambre y enfermedades, los aztecas rindieron la ciudad a Cortés. De ese modo, el imperio cayó en manos de los conquistadores españoles.


Las diferencias de poderío tecnológico y táctico entre las tropas de los conquistadores españoles y los ejércitos mexicanos. Los españoles contaban con armas de fuego y caballos mientras que los americanos empleaban tácticas y armas que resultaban ineficaces contra los europeos.

El sometimiento de las poblaciones de la región por parte del Imperio azteca. Estas poblaciones vieron en la alianza con los españoles la posibilidad de vencer a su enemigo y participaron junto a ellos de la conquista del Imperio azteca.

Las creencias de los pueblos americanos. Narraciones mitológicas afirmaban que la llegada de hombres rubios (encarnaciones de Quetzalcoatl) marcaría el fin de una era.

La conquista resultó en aproximadamente 125.000 a 400.000 muertes (las estimaciones varían enormemente), la destrucción completa de la capital, la eliminación de la élite política Azteca y la transformación radical de la estructura social mesoamericana mediante la institución de la encomienda, la conversión forzada al cristianismo y la explotación sistemática de la población indígena bajo dominio colonial español.




LA CONQUISTA DE CHILE

La conquista de Chile fue llevada a cabo por el Imperio Español, dirigido por Pedro de Valdivia, quien lideró una expedición hacia el sur del continente americano en busca de nuevas tierras y recursos. Durante este proceso, los españoles se enfrentaron a la resistencia de los pueblos indígenas que habitaban la región, como los mapuches. A medida que avanzaban hacia el sur, los colonizadores españoles establecieron ciudades y fortalezas, y comenzaron a imponer su dominio sobre la población nativa. A lo largo de la conquista, se produjeron numerosos conflictos y batallas, en los cuales los españoles utilizaron su superioridad tecnológica y militar para someter a los indígenas.


Uno de los primeros expedicionarios en llegar a Chile fue Diego de Almagro, que había partido hacia el sur en 1533, enviado por Francisco Pizarro, sabiendo la ferocidad de los indios de la región, donde ni siquiera los incas habían podido penetrar. Almagro salió de Cuzco, entró en Chile por el norte y fundó la ciudad de Copiapó antes de llegar al río Maule, la frontera que los incas no traspasaban. Tras cruentas luchas, al no encontrar el ansiado oro y dada la pobreza de la zona, retornó a Perú.

Francisco Pizarro, ya en el poder en Perú, organizó otra expedición en 1538, a cuyo frente situó a un soldado de las guerras de Italia y paisano suyo, Pedro de Valdivia quien, con unos ciento cincuenta soldados y pertrechos, penetra en Chile. Tras once meses de marcha y de enfrentamientos, llegó al valle del Mapocho en diciembre de 1540. La organización bélica y urbana lo llevó a fundar Santiago del Nuevo Extremo,  la futura capital de Chile, el 12 de febrero de 1541. Poco después Valdivia nombró a los integrantes del cabildo, el que a su vez lo nombraría gobernador de Chile. En 1550 comenzó el avance hacia el Sur y con ello comenzará también la Guerra de Arauco, por lo cuanto deberán enfrentarse con la fiera resistencia del pueblo mapuche. Por esta razón Valdivia debió fundar varios fuertes, sobre todo en el territorio propiamente araucano.


La conquista de Chile por parte de los españoles fue un proceso marcado por la resistencia indígena. La llegada de los españoles no fue recibida pacíficamente por los pueblos indígenas de Chile. La resistencia indígena fue constante y feroz. Los españoles, a pesar de su superioridad tecnológica, tuvieron dificultades para someter a los mapuches. La guerra se convirtió en un conflicto de desgaste, con enfrentamientos sangrientos y tácticas crueles por ambos lados. La resistencia mapuche, a pesar de las derrotas y las masacres, nunca se extinguió y logró mantener su autonomía en una zona conocida como la Araucanía. Liderados por caciques y toquis, utilizaron estrategias de guerrilla y emboscadas para intentar expulsar a los invasores.


Uno de los ejemplos más destacados de resistencia indígena en la conquista de Chile es la figura de Lautaro, un joven mapuche que fue capturado y esclavizado por los españoles, pero que logró escapar y convertirse en un líder militar. Lautaro organizó a su pueblo y lideró una serie de ataques exitosos contra los conquistadores. Su valentía y estrategia lo convirtieron en un símbolo de la resistencia indígena.

Militarmente Valdivia obtuvo importantes triunfos, como la batalla de Andalién y la batalla de Penco (1550). Estas grandes victorias permitieron a Valdivia establecer ciudades en territorios indígenas, como Concepción (1550), La Imperial, Valdivia (1552), Villarrica (1552), y Los Confines (1553). Encontró la muerte después de ser tomado prisionero en Tucapel el 25 de diciembre de 1553, hecho que dio inicio a la primera gran sublevación mapuche, la que al mando del toqui Lautaro amenazó con desterrar el dominio español de estas tierras. Su sucesor Francisco de Villagra intentó detener la rebelión indígena, que tenía como cabeza a Lautaro, pero al enfrentarse en la batalla de Marihueñu el 26 de febrero sufrió una terrible derrota. Lautaro vuelve a vencer a los españoles en Angol y en la refundada Concepción. Villagra cumpliendo el fallo de los letrados marcha al sur, y logra introducirse con sus hombres por sorpresa en el campamento mapuche, matando a Lautaro y venciendo a los araucanos en la batalla de Mataquito el 1 de abril de 1557.



LAS GUERRAS IMJIN

Las Guerras Imjin, también conocida como las invasiones japonesas de Corea, constituye uno de los episodios bélicos más determinantes en la historia de Asia oriental durante el siglo XVI. Este conflicto, iniciado en 1592 bajo el mandato de Toyotomi Hideyoshi, buscaba utilizar la península coreana como corredor estratégico para una eventual conquista de la dinastía Ming en China. Entre las mayores guerras de la Asia premoderna, la Guerra Imjin enfrentó las ambiciones expansionistas de Japón con la férrea resistencia de Corea y la intervención de la dinastía Ming. Las innovaciones navales de Yi Sun-sin y el impacto geopolítico del conflicto marcaron un antes y un después en la historia de la región. Las guerras Imjin constituyeron un episodio fundamental en la historia de Corea y en las relaciones de este reino con Japón y China. El término “Imjin” hace referencia al año del calendario sexagenario coreano en que comenzó la primera invasión.


Tras unificar Japón poniendo fin al período Sengoku, Toyotomi Hideyoshi, caudillo feudal, asesor principal del emperador y Canciller del reino, enfrentaba el desafío de expansión continental como una vía para consolidar su poder y emprendió dos expediciones militares contra Corea, en un intento por invadir China.

La corte Joseon, gobernada por la dinastía coreana homónima, no anticipó la magnitud de la ofensiva. Décadas de relativa estabilidad habían debilitado su preparación militar, en contraste con las fuerzas japonesas, curtidas por años de guerra civil y equipadas con arcabuces introducidos por comerciantes portugueses.


Primera invasión (1592-1593)

La primera invasión, iniciada en mayo de 1592, resultó devastadora para las defensas terrestres coreanas. Las tropas japonesas, lideradas por generales como Konishi Yukinaga y Katō Kiyomasa, avanzaron con rapidez hacia Hanseong (actual Seúl) y posteriormente hacia Pyongyang, aprovechando la superioridad de su armamento de fuego. Sin embargo, el curso de la guerra experimentó un giro decisivo gracias a la intervención de la armada coreana y al apoyo militar enviado por la dinastía Ming. Esta combinación de resistencia naval, guerrillas civiles conocidas como “ejércitos justicieros” y refuerzos chinos permitió contener el avance japonés en el territorio continental. La ambiciosa campaña tuvo un brillante comienzo cuando fueron capturadas ciudades como Pyogyang y Seúl, pero eventualmente las operaciones combinadas de la flota coreana liderada por el almirante Yi Sun-sin, un gran ejército de la China Ming y los bien organizados rebeldes locales, llevaron a la primera invasión a un estancamiento en 1593.

El almirante Yi Sun-sin representa la figura más emblemática de la resistencia coreana durante este conflicto. Su dominio táctico del mar Amarillo y del estrecho de Corea resultó fundamental para interrumpir las líneas de suministro japonesas, evitando que los refuerzos y provisiones llegaran con regularidad a las tropas invasoras.



La batalla de Hansado tuvo lugar el 14 de Agosto de 1592 entre la flota japonesa al mando del almirante Wakizaka Yasuharu y la flota coreana al mando del almirante Yi Sun Sin. La batalla terminó con una rotunda victoria coreana. Empleando la formación táctica conocida como “ala de grulla”, Yi Sun-sin logró rodear y destruir una parte sustancial de la flota japonesa, asegurando el control del mar del Sur. La victoria de Yi fue total, veintiséis barcos japoneses fueron hundidos o incendiados (ref) mientras los coreanos solo sufrieron un herido. Al día siguiente la flota de Yi encontró gran número de barcos de abastecimiento y escoltas en la ruta entre Tsushima y Busán y los barcos coreanos destruyeron o capturaron a 40 barcos sin tener una sola perdida Yi consiguió otra importante victoria cerca de Sacheon y continuó infligiendo daños y derrotas a los japoneses. L a batalla de Hansan-do se considera una de las victorias navales más significativas de la historia coreana.

Segunda invasión (1597-1598)

Tras una tregua marcada por negociaciones diplomáticas infructuosas entre Japón y la dinastía Ming, Hideyoshi ordenó una segunda invasión en 1597, conocida como la Guerra Chongyu. Esta campaña, aunque inicialmente exitosa en algunos frentes, no logró revertir el deterioro estratégico que ya enfrentaban las fuerzas japonesas.


La batalla de Myeongnyang, en octubre de 1597, constituye otro hito de la resistencia naval coreana. Con apenas trece embarcaciones disponibles, Yi Sun-sin enfrentó a una flota japonesa considerablemente superior en número. Consciente de su inferioridad numérica y de la escasez de recursos, el almirante eligió pelear en lo que podría llamarse el "Thermopylae coreano": el estrecho de Myeongnyang, también llamado "El Canal Rugiente" por la fuerza de sus corrientes. Según los registros, la pequeña flota coreana se alineó con la proa apuntando al canal, una decisión estratégica por dos motivos: obligar a los japoneses a atacar primero y disponer de una ruta de retirada segura en caso de ser superados.

El fallecimiento de Toyotomi Hideyoshi en agosto de 1598 precipitó el fin del conflicto. Sin el impulso político de su principal promotor, las fuerzas japonesas iniciaron una retirada progresiva del territorio coreano, buscando evitar mayores pérdidas humanas y materiales en un conflicto que ya no contaba con respaldo estratégico claro.

La Batalla de Noryang, la última gran batalla de las invasiones japonesas de Corea, se libró entre la armada japonesa y las flotas combinadas del Reino Joseon y la dinastía Ming. Tuvo lugar en la madrugada del 16 de diciembre (19 de noviembre en el calendario lunar) de 1598 y terminó pasada la madrugada., marcó el capítulo final de la guerra. En este enfrentamiento, Yi Sun-sin perdió la vida, pero su victoria consolidó la expulsión definitiva de las tropas japonesas del territorio de Joseon, cerrando un ciclo bélico de enorme trascendencia regional. El conflicto, que fue una de las operaciones militares más grandes jamás llevadas a cabo en Asia Oriental antes del siglo XX, no solo tuvo devastadoras consecuencias en todos los ámbitos, sino que también agrió en forma permanente las relaciones entre Japón y Corea.




LA GUERRA DE LOS CAMPESINOS ALEMANES

La Guerra de los Campesinos Alemanes (1524–1525) fue uno de los levantamientos populares más notables de la Europa moderna temprana. Surgida en el contexto de tensiones sociales, económicas y religiosas, esta revuelta involucró a cientos de miles de campesinos y artesanos que exigían justicia, libertad y dignidad frente a un orden feudal que consideraban opresivo.  La Guerra Campesina fue el mayor movimiento de masas en Europa, antes de 1789. El corazón de la revuelta fue el suroeste y el centro de la actual Alemania, con salpicaduras en Lorena y el Franco Condado de lengua francesa, el Tirol austriaco, y zonas del este de Prusia y eslavas. Su periodo culminante se desarrolló en el año 1525, pero tiene sus raíces en el 1524 y no acaba de sofocarse hasta 1526.

En 1525 los campesinos alemanes tomaron las armas para rechazar los abusos que sufrían por parte de los señores feudales, provocando una represión implacable en la que participó Lutero.


El caudillo de la revolución fue Thomas Müntzer,  teólogo y predicador apocalíptico alemán que llegó a convertirse en uno de los líderes de la guerra de los campesinos alemanes. En un principio, fue seguidor del reformador Martín Lutero (1483-1546), aunque después Müntzer fundó su propio movimiento, el cual Lutero condenó por considerarlo demasiado radical y que contribuyó al estallido de la Guerra de los Campesinos. Se separó así de la ortodoxia luterana e inició la predicación de su propia doctrina mística, unida a un mensaje revolucionario y teocrático que instaba a los creyentes a construir inmediatamente el reino de Dios en la Tierra.

Los desórdenes comienzan en los años noventa del siglo XV, protagonizados por Hans Böheim o Niklashausen en el valle del Tauber, que fluye entre Baden Württemberg y Baviera hasta descargar en el Meno al sureste de Frankfurt. Würtzburg es una ciudad episcopal de Franconia que se encargó de sofocar las prédicas de Niklashausen, pastor de ganado, anticlerical, pero profundamente religioso, el caldo de cultivo del protestantismo posterior.


Las predicaciones luteranas sobre la libertad cristiana y contra la opresión de la autoridad eclesiástica y aun contra el emperador, contribuyen, indudablemente, a revolver las pasiones, ya desde antiguo contenidas, y a desatar la revuelta general que se conocerá en la historia como «Guerra de los campesinos alemanes». Los campesinos de la Selva Negra (Suabia), oprimidos por el aumento del poder de los nobles, proponen sus reivindicaciones en doce célebres puntos («Doce artículos del campesinado en Suabia»). Entre otras cosas, exigen la abolición de la servidumbre, el libre disfrute de la caza, la supresión de los diezmos, libertad en la elección de sus pastores, todo «conforme al evangelio». El movimiento no tarda en extenderse y los campesinos de Alemania Central y Meridional se sublevan con una clara tendencia a la revolución política y social.

En Alemania, la escasez de tropas, que estaban en Italia luchando contra los franceses, hace que la nobleza ceda y llegue a un acuerdo con los campesinos para atender sus reivindicaciones.

Roto el compromiso inicial por la nobleza, inicia, en la fecha, la «Guerra de los campesinos» (1525-1527). Enfrenta a los campesinos de Suabia, Alsacia, Tirol, Salzburgo, Franconia, Turingia y norte de Alemania, dirigidos por Tomás MÜNTZER, con la nobleza y, sobre todo, en Alsacia, con el obispo de Estrasburgo que ha adoptado el luteranismo. Los «Doce artículos del campesinado en Suabia», se convierten en el manifiesto de todos los campesinos sublevados. Pero la revuelta es rápidamente dominada.

Thomas Müntzer y sus hordas de campesinos son derrotados, primero en Leipheim el 4/4/1525, y finalmente en la Batalla de Frakenhausen. El cabecilla y los principales dirigentes de la revuelta, tras ser cruelmente torturados, son decapitados dos días después. En la batalla de Frankenhausen un ejército de nobles aborta la llamada «Revuelta de los campesinos» alemana, cruento movimiento del campesinado alemán en demanda de las condiciones laborales de la Edad Media. Aplastados los campesinos, éstos se dividen en bandas y se debilitan al incorporar elementos del subproletariado urbano y vagabundos que los alejan de su lucha inicial.




LAS GUERRAS DE RELIGIÓN EN FRANCIA

Las Guerras de Religión en Francia representaron uno de los períodos más turbulentos y sangrientos de la historia francesa. Las Guerras de Religión fueron ocho conflictos civiles que se desarrollaron en Francia entre 1562 y 1598. Este conflicto enfrentó a católicos y protestantes, principalmente hugonotes (seguidores de Juan Calvino), en una serie de ocho guerras civiles que desgarraron el tejido social, político y económico del reino. Estos enfrentamientos comenzaron debido a las rencillas entre católicos y hugonotes, quienes recibieron el apoyo de distintas casas nobiliarias como los Borbón y los Guisa, así como de países extranjeros.


La situación en Francia en época moderna era bastante inestable. El luteranismo, una corriente de reforma religiosa que criticaba al clero por su escasa formación y que daba la vuelta a todo lo logrado por la iglesia, penetraba en el país. El avance de esta doctrina, se hizo con las clases populares y con algunos sectores muy influyentes.

El surgimiento del protestantismo en Europa, especialmente después de la Reforma de Martín Lutero en 1517, había encontrado un terreno fértil en Francia, donde muchos nobles y burgueses adoptaron las ideas calvinistas. Sin embargo, la monarquía francesa, tradicionalmente aliada con la Iglesia Católica, vio esta expansión como una amenaza a su autoridad. La debilidad de la corona durante los reinados de Francisco II, Carlos IX y Enrique III exacerbó las tensiones, permitiendo que facciones nobiliarias, como los Guisa (católicos) y los Borbones (protestantes), se enfrentaran en una lucha por el poder.


Las Guerras de Religión no fueron únicamente un conflicto teológico, sino también una lucha por el control político de Francia. La Reforma Protestante había cuestionado la autoridad papal y, por extensión, la de los monarcas católicos, lo que generó una crisis de legitimidad en el gobierno. Los hugonotes, aunque minoría, contaban con el apoyo de poderosas familias nobles, como los Condé y los Coligny, quienes buscaban limitar el poder real y obtener mayores libertades religiosas. Por otro lado, la Liga Católica, liderada por los Guisa, defendía la ortodoxia religiosa y la alianza con España, el bastión del catolicismo en Europa.

El Edicto de Saint Germain de 1562 fue un edicto promulgado por la reina regente de Francia Catalina de Médici en enero de 1562. El edicto permitía cierta libertad a los protestantes en la católica Francia, principalmente a los calvinistas hugonotes. Esto que daba libertad de culto privado a los hugonotes (protestantes) y culto público de los mismos en los arrabales, descontentaron a la Casa de los Guisa (católicos). Este recelo desembocó en la matanza de Vassy de ese mismo año. La masacre de Vassy el 1 de marzo de 1562, donde fuerzas católicas de Francisco, duque de Guisa, atacaron a hugonotes durante un servicio religioso, marcó el inicio oficial de las guerras. A lo largo de cuatro décadas, Francia se sumió en una espiral de violencia, con episodios tan brutales como la Masacre de San Bartolomé en 1572, que dejó miles de muertos en París y otras ciudades.

Primera Guerra de Religión (1562-1563)

La primera fue en 1562 y finalizó en 1563. Se desarrolló en la zona de Loira y Normandía. Los hugonotes contaban con la ayuda de Suiza, Inglaterra y los protestantes del Sacro Imperio Germánico, mientras que los católicos fueron apoyados por España y los estados italianos. Los hugonotes habían conseguido refugio seguro en algunas zonas. Las muertes fueron casi iguales en ambos bandos, destacando la de Antonio de Borbón, el duque de Guisa y el Príncipe de Condé fue capturado por los católicos, lo que propició el inicio de las conversaciones de paz, que se culminarían con el Edicto de Amboise el 19 de marzo de 1563. Esta dicta la libertad de conciencia pero existe una distinción entre nobles (con libertad de culto) y el resto de hugonotes (culto limitado a una ciudad por provincia). El objetivo era restaurar la armonía pero ni católicos ni protestantes aprueban esta paz.

Segunda Guerra de Religión (1567-1568)

El fracaso de la aplicación del edicto en las provincias, sumado a las tensiones internacionales y a la rivalidad entre el Príncipe de Condé con el duque de Anjou, provocó el estallido de la Segunda Guerra de Religión el 28 de septiembre de 1567. Comienza con el intento de secuestro del monarca Carlos IX por parte de los hugonotes, que hace que Catalina de Medici se haga un poco más radical en cuanto al protestantismo. Condé, es nombrado nuevo líder de los hugonotes y los Guisa, aumentan su poder en el ámbito  eclesiástico. Los hugonotes, encabezados por Condé, intentaron apoderarse de la familia real y del cardenal de Lorena, lo que desató una ola de venganza y batallas por toda Francia. El debilitamiento de los dos bandos hizo que se firmara la Paz de Longjumeau el 22 de marzo de 1568, en la cual los hugonotes se comprometían a devolver todo lo conquistado, a cambio de imponer sin restricciones el Edicto de Amboise.

Tercera Guerra de Religión (1568-1570)

La derrota de los hugonotes en Jarnac y la muerte de Condé, hace que se establezca un nuevo líder: Coligny, almirante francés. Coligny formará parte del consejo de Carlos IX con la intención de influenciarle. Su idea era colaborar con los calvinistas de los Países Bajos (que estaba bajo la corona de la Monarquía Hispánica) con el objetivo de restar el protagonismo a los católicos. En esta tercera guerra, la figura de Felipe II hace renombre. Coligny intentará evitar la guerra con Felipe por medio de un matrimonio entre Enrique de Navarra (hugonote) con Margarita de Valois (católica y hermana de Carlos IX) en 1572. Esto finaliza con la paz de Saint Germain en el que los hugonotes salen favorecidos abandonando posiciones ultracatólicas.

Cuarta Guerra de Religión (1572-1573)

Las partes no estuvieron conformes con esta nueva organización territorial y administrativa, por lo que pronto se retomaron las distintas conspiraciones hasta desembocar en la Cuarta Guerra de Religión. El punto más oscuro llegó en 1572 con la Masacre de San Bartolomé, ordenada por Catalina de Médici y el duque de Guisa, que dejó entre 5,000 y 30,000 hugonotes muertos en toda Francia, en la que la mayoría de los protestantes fueron asesinados por las tropas católicas, acaban con la vida de Coligny y Bunea, líderes hugonotes. Este evento desencadenó la Cuarta Guerra y radicalizó aún más a ambos bandos. Los hugonotes se consolidan en el Languedoc y se aproximan a los católicos moderados (politiques) que querrán un acuerdo. Finalmente, en julio de 1573 se firmó un nuevo tratado que debía garantizar de nuevo la libertad de conciencia en todo el reino. En 1574 muere Carlos IX y su sucesor, Enrique III, rey de Polonia abandona el trono polaco para instaurarse en Francia.

Quinta Guerra de Religión (1574 -1576)

La Quinta Guerra de Religión se produjo en 1574, cuando Condé abandonó la Corte e invadió el país desde la frontera con el Sacro Imperio, al mando de un ejército mercenario. Ante esto, se consolidan los politiques y se inicia la quinta guerra en 1574 hasta 1576. Estos politiques son partidarios del diálogo y contrarios a los Guisa. Apuestan por una tolerancia y una alianza con hugonotes. El líder de este partido es Francisco de Anjou. Enrique III, recién coronado rey, tuvo que firmar el Edicto de Beaulieu el 6 de mayo de 1576 para evitar la desintegración del país. El monarca culpó a su madre y a su hermano de semejante catástrofe, ya que el edicto fue un avance incalculable para los hugonotes: se repartieron títulos para algunos desertores y protestantes; la Matanza de San Bartolomé fue condenada; y las viudas y los huérfanos fueron indemnizados por la corona. Todo esto crea un malestar en el catolicismo y se crea la Liga Católica en 1576 que tiene como líder a Enrique de Guisa. Enrique III anula el Edicto de Beaulieu y desarticula la Liga.

Sexta Guerra de Religión (1576-1577)

La humillación que supuso el nuevo tratado provocó que los católicos formaran la Liga Católica y que forzaran al rey a actuar en la Sexta Guerra de Religión. La sexta guerra en comienza con la convocatoria de los Estados Generales en ese mismo año en Blois por parte de Enrique III, con la finalidad de apartar a Enrique de Guisa de la Iglesia. El problema viene cuando el sucesor de Enrique III, Francisco de Anjou, muere en 1584. Esta muerte hace que Enrique de Navarra (hugonote y Borbón) sea el próximo rey a la muerte de Enrique III. Esta vez, los católicos consiguieron un pacto mucho más favorable con el Edicto de Poitiers el 8 de octubre de 1577, donde se restringieron las condiciones del culto protestante y se daban por finiquitadas las humillaciones del Edicto de Beaulieu.


Séptima Guerra de Religión (1579-1580)

La Séptima Guerra de Religión estalló en 1579. Fue de menor intensidad y se debió a los escándalos sexuales de Enrique de Navarra, que llegaron a oídos del rey Enrique III. Los católicos se burlaron de dichas noticias y provocaron un nuevo ataque protestante. Fue un conflicto que acabó por prolongar durante 6 años las concesiones a los protestantes y cuya paz se firmó en Fleix el 26 de noviembre de 1580.

Octava Guerra de Religión (1586-1598)

La octava y última de las Guerras de Religión fue la más larga y encarnizada de todas ellas. Empezó en 1585 con el sobrenombre de “Guerra de los tres Enriques”, a raíz de los combatientes Enrique III, rey de Francia entre 1574 y 1589, Enrique de Navarra (hugonote) y Enrique de Guisa (católico). Enrique III pierde contra Enrique de Navarra que venció al ejército real. Por otra parte, Enrique de Guisa, obtiene victorias sobre los hugonotes y esto hace que aumente su poder. En 1588, Enrique de Guisa entra en París (tenía la entrada prohibida) ayudado por los dieciséis. Esto provoca la huida de Enrique III de Francia. Tras gran cantidad de conflictos y muerte, Enrique de Navarra, líder de los hugonotes, se convirtió en el nuevo rey de Francia. Aunque hubo reticencias por parte de la Liga Católica, el recién nombrado Enrique IV se adhirió al catolicismo en julio de 1593, lo que le otorgó el reconocimiento de los católicos.

El 13 de abril de 1598 se firmó el Edicto de Nantes, que puso fin al problema religioso y otorgaba la libertad de culto a los hugonotes. Enrique IV fue asesinado por un extremista católico el 14 de mayo de 1610, en la calle Saint-Antoine de París.




LA GUERRA DE ESMALCALDA

La guerra de Esmalcalda fue un conflicto desarrollado en Alemania entre 1546 y 1547 que enfrentó al ejército de Carlos V, mandado por Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba; contra el ejército de la liga de Esmalcalda, formada por la mayor parte de los estados luteranos del Sacro Imperio Romano Germánico y dirigida por Juan Federico I de Sajonia y Felipe I de Hesse. Sin olvidar el importante apoyo escandinavo a la causa protestante. Aunque el enfrentamiento fue una guerra de religión, lo cierto es que hubo destacados protestantes en el bando imperial; mientras que el reino católico de Francia terminó interviniendo decisivamente en apoyo de los príncipes luteranos.


Desde que Martín Lutero publicó sus 95 tesis en 1517, el Sacro Imperio Romano Germánico vivía en una tensión constante. La rápida difusión de las ideas reformistas, amplificadas por la imprenta y la protección de varios príncipes alemanes, había dado forma a un nuevo bloque político-religioso: la Liga de Esmalcalda, fundada en 1531. Esta alianza defensiva, liderada por Felipe de Hesse y Juan Federico de Sajonia, pretendía proteger el luteranismo frente a cualquier intento del emperador por restaurar la ortodoxia católica. Carlos V, cuya autoridad abarcaba desde Castilla hasta los Países Bajos, desde Nápoles hasta América, consideraba que la unidad religiosa era esencial para la estabilidad de su imperio.

En la dieta de Worms en 1521 Carlos V había proscrito a Lutero y prohibido la difusión de sus escritos, lo que suscitó la protesta de los príncipes luteranos en la dieta de Espira en 1529. La tensión estalló en conflicto abierto con la confesión de Augsburgo en 1530, sobre la que Melanchton realizó su Apología, rechazada por el emperador. Varios príncipes luteranos, liderados por el elector Federico III de Sajonia y el landgrave Felipe I de Hesse, se reunieron en la ciudad de Esmalcalda o Schmalkalden, en Turingia, donde formaron la liga de Esmalcalda o de Schmalkalden en 1531, entre los príncipes protestantes alemanes y ciudades para la mutua defensa. Formaban parte: el landgrave Felipe de Hesse; el elector Juan de Sajonia y su hijo Juan Federico, los duques Felipe de Brunswick-Grubenhagen y Otto, Ernest, y Francisco de Brunswick-Lünenburg, el príncipe Wolfgang de Anhalt, los condes de Gebhard y Albrecht de Mansfeld y las ciudades de Strasburgo, Ulm, Constanza, Reutlingen, Memmingen, Lindau, Biberach, Isny, Magdeburgo y Bremen.


Los príncipes católicos reaccionaron, se reunieron en Núremberg, y fundaron a su vez la liga Católica o liga de Núremberg en 1538. Ambos bandos intentaron evitar el enfrentamiento en la dieta de Fráncfort 1539.

La guerra de Esmalcalda comenzó en 1546 cuando el emperador adoptó fuertes medidas contra algunos confederados. Aunque era principalmente un conflicto religioso entre católicos y protestantes, las líneas no se trazaron con precisión. El Papa Pablo III ofreció asistencia militar y financiera y algunos príncipes protestantes, el principal de ellos el duque Maurico de Sajonia, defendieron la causa imperial y católica.

La Batalla de Mühlberg (24 de abril de 1547) decidió el asunto a favor del emperador en el norte. En la bruma matinal del 24 de abril de 1547, el curso del conflicto religioso en el Sacro Imperio Romano Germánico se vio trastocado por una victoria que no solo fue militar, sino profundamente simbólica. A orillas del Elba, cerca de la localidad de Mühlberg, el emperador Carlos V logró una de sus victorias más resonantes, al derrotar a las tropas protestantes de la Liga de Esmalcalda. No se trataba únicamente de una contienda entre ejércitos: estaba en juego el control político y espiritual de Alemania.

El elector Juan Federico de Sajonia fue capturado y poco después el landgrave Felipe de Hesse fue obligado a someterse. Las condiciones de paz incluían la transferencia de la dignidad electoral del primero a su primo Mauricio, la reinstalación del duque Enrique de Wolfenbütte en sus dominios, la restauración del obispo Julius Von Pflug a su sede de Naumburg-Zeitz, y una promesa arrancada a los vencidos a reconocer y asistir al Concilio de Trento. Ocurrió la disolución de la Liga de Esmalcalda y el éxito imperial fue completo pero temporal. Unos pocos años después estalló de nuevo el conflicto que terminó con el triunfo del protestantismo.





LA GUERRA DE LOS OCHENTA  AÑOS

La Guerra de los Ochenta Años (conocida en España como Guerra de Flandes y en los Países Bajos como Guerra de independencia de los Países Bajos) fue una guerra que enfrentó a las Provincias Unidas contra el dominio de la Monarquía Hispánica. Fue un conflicto militar entre diecisiete provincias de Países Bajos y España, que entonces los gobernaba, a partir del reinado del rey Felipe II de España (1556-1598). Se concluyó en 1648 con el establecimiento de la república holandesa. Esta guerra fue el resultado de tensiones políticas, religiosas y económicas entre los Países Bajos y el Imperio Español, y tuvo un impacto significativo en la historia europea. La duración de la guerra, que se extendió por 80 años, se debió en gran medida a la resistencia y determinación de los habitantes de los Países Bajos.


Una de las principales causas políticas de la guerra fue el deseo de los Países Bajos de liberarse del dominio español y establecer su propia independencia. Durante este periodo, los Países Bajos formaban parte del Imperio Español bajo el reinado de Carlos V y posteriormente de su hijo Felipe II. Otra de las causas fueron la intolerancia religiosa y la prohibición de la libertad de culto por Felipe II en los Países Bajos españoles, en particular los altos impuestos y la persecución de protestantes. La Reforma protestante llegó a los Países Bajos a través de los anabaptistas y después por los calvinistas. Para la década de 1560 las tensiones entre los protestantes y los católicos habían aumentado debido a las guerras de religión francesas (1562-1598), que alentaron a los protestantes a reubicarse en los Países Bajos.

La duración de la guerra, que se extendió por 80 años, se debió en gran medida a la resistencia y determinación de los habitantes de los Países Bajos. Una de las principales causas de la duración de la Guerra de los 80 Años fue la intervención de potencias extranjeras en el conflicto. Durante este período, varias naciones europeas se involucraron en la guerra, apoyando a uno u otro bando en función de sus intereses políticos y económicos. Una de las potencias extranjeras más influyentes fue Francia, que respaldó a los Países Bajos en su lucha contra España. Francia veía en la guerra una oportunidad para debilitar a su rival histórico y expandir su influencia en Europa. Por otro lado, Inglaterra también jugó un papel fundamental en el conflicto, apoyando a los Países Bajos en su lucha contra España. Inglaterra tenía como objetivo debilitar a la Armada Española y asegurar su dominio en los mares. Otra potencia extranjera que intervino en el conflicto fue el Sacro Imperio Romano Germánico, que apoyó a España en su lucha contra los Países Bajos.

Carlos I de España (V de Alemania) heredó todos esos territorios por via paterna (Habsburgo), y que decidió cederlos a su hijo tras abdicar en él, dos años antes que la rebelión, en 1556. A Carlos I le respetaban, porque era un rey políglota y de gentes, pero no hicieron lo mismo con Felipe II, pues no hablaba su lengua y además se empeñó en convertirles al catolicismo, de manera intransigente, cuando estaba clarísimo que eran calvinistas, no querían a su soberano, no querían tener nada que ver con España y ni mucho menos con sus curas. Felipe II, quien impuso un régimen autoritario y centralizado en la región. Esto generó un fuerte descontento entre los nobles y la burguesía de los Países Bajos, que veían amenazadas sus libertades y privilegios. Pero fue la cuestión religiosa la que desencadenó la chispa que encendió la guerra. En ese momento, los Países Bajos se encontraban divididos en dos grandes grupos religiosos: los católicos, que eran la religión oficial del Imperio Español, y los protestantes, que se habían ido expandiendo rápidamente en la región. Este conflicto religioso se agravó cuando Felipe II intentó imponer medidas represivas contra los protestantes, lo que generó una fuerte resistencia en los territorios flamencos.

Así, la guerra se convirtió en una lucha por la independencia de los Países Bajos y por la libertad religiosa de los protestantes. Los líderes de la revuelta, como  , se convirtieron en símbolos de resistencia y lucha por la libertad. La guerra se caracterizó por una serie de enfrentamientos militares, asedios y batallas, en los que se utilizaron diversas estrategias y tácticas militares.


En 1558 Margarita de Parma, hija natural de Carlos V, fue nombrada gobernadora de los Estados Generales de los Países Bajos, en medio de una difícil y convulsionada situación, ya que el protestantismo calvinista estaba extendiéndose con fuerza en aquellos dominios españoles. Desempeñó su cargo con diplomacia, prudencia, conciliación y determinación. En el mes de agosto del año 1566, estallaron una serie de disturbios y protestas (se producen disturbios provocados por los calvinistas en los que se asaltan iglesias para destruir imágenes de santos que consideraban heréticas). Margarita de Parma no recibió ningún apoyo por lo que tuvo que recurrir a la diplomacia para separar a la nobleza del levantamiento popular. Fue reemplazada en 1567 por el general Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba, al frente de un ejército y con el cargo de gobernador general, para aplastar los levantamientos iconoclastas. Actuó con excesiva dureza, pese a que los disturbios ya habían sido sofocados antes de su llegada. Con su actuación, el duque de Alba no sólo fracasó en su intento de sofocar la revuelta, sino que la avivó.


El líder de la revuelta fue Guillermo de Orange, estatúder de las provincias holandesas de Holanda, Zelanda y Utrecht. Junto con su hermano Luis de Nassau y otros miembros de la nobleza holandesa, organizó el movimiento contra la opresión española. Guillermo escapó a Alemania y reunió un ejército y, en 1568, entró en los Países Bajos, donde fue derrotado en la batalla de Dalen (donde sufrieron una derrota aplastante por los tercios españoles). Sin embargo, en 1572, las provincias del norte de Holanda y Zelanda se sublevaron contra los españoles y lo eligieron a él, que se había convertido al calvinismo, como estatúder.

A lo largo de los ochenta años de conflicto, se libraron numerosas batallas que marcaron el devenir de la guerra. Entre las principales batallas destacan:

Inicio de la rebelión (1568–1572)


Batalla de Heiligerlee en 1568, Primera victoria rebelde, considerada el inicio formal de la guerra .

Batalla de Jemmingen en 1568, Victoria aplastante del duque de Alba que destruyó el ejército rebelde.

Batalla de Oosterweel (1567) Victoria realista temprana contra los calvinistas.

Expansión del conflicto y guerra urbana (1572–1588)

Toma de Brielle (1 de abril de 1572) — Los mendigos del mar capturan el puerto, reavivando la rebelión

Asedio de Haarlem (1572–1573) — Resistencia feroz que frenó temporalmente a los españoles

Asedio de Leiden (1573–1574) — La liberación de la ciudad se convirtió en un símbolo de la causa neerlandesa


Asedio de Amberes (1576 y 1584–1585) — Especialmente el de 1585, que devolvió la ciudad al control español y provocó el éxodo de comerciantes hacia Ámsterdam.

Batalla de Gembloux en 1578, victoria decisiva española contra los rebeldes neerlandeses

La ofensiva de Mauricio de Nassau (1588–1609)

Batalla de Nieuwpoort (1600) — Victoria táctica neerlandesa que demostró la capacidad militar de las Provincias Unidas

Asedio de Ostende (1601–1604) — Uno de los asedios más largos de Europa; desgaste enorme para ambos bandos.

Batalla de Sluys en 1603, victoria naval neerlandesa contra los españoles.

Fase final y desgaste español (1621–1648)

Sitio y Rendición de Breda (1625). En esta batalla, la ciudad fortaleza de Breda, bajo el gobierno de Justino de Nassau, fue asediada y finalmente conquistada por los ejércitos españoles al mando de Ambrosio Spínola el 5 de junio de 1625.

Batalla de Rocroi (1643) — Aunque parte de la Guerra de los Treinta Años, marcó el declive militar español y afectó directamente al desenlace del conflicto neerlandés

Estas batallas fueron clave para el desarrollo del conflicto y tuvieron un impacto significativo en el resultado final.

Para lograr sus objetivos, tanto las Provincias Unidas como el Imperio Español utilizaron diversas estrategias militares. Una de las estrategias más utilizadas fue la guerra de guerrillas, en la que se llevaban a cabo ataques rápidos y sorpresivos contra el enemigo, aprovechando el conocimiento del terreno por parte de los combatientes locales. Además, ambos bandos utilizaron fortificaciones defensivas para proteger sus territorios. Las fortalezas eran construidas estratégicamente en puntos clave, como ciudades y ríos, para controlar el paso y dificultar el avance del enemigo. Otra estrategia militar utilizada fue el bloqueo marítimo. Las Provincias Unidas, que contaban con una poderosa flota naval, bloquearon los puertos controlados por España, impidiendo el comercio y el abastecimiento de suministros a las tropas enemigas. Esto debilitó la economía española y dificultó la movilización de sus tropas.

En 1595 Felipe II nombró gobernadora de los Países Bajos a su hija Isabel Clara Eugenia, esposa del archiduque Alberto de Austria los cuales se convirtieron, a la muerte del rey en 1598, en soberanos de los Países Bajos, al heredar aquella la Corona. Al morir le sucedió Felipe III en el trono español. Tras la muerte de Guillermo de Orange, el mando del ejército de las provincias rebeldes pasó a su hijo Mauricio de Orange-Nassau, que lo reformó, haciendo de él un peligroso oponente al ejército de Flandes.


La guerra luso-neerlandesa (1602-1663, también conocida como la guerra de las Especias) distrajo aún más a España, que intentaba mantener sus colonias. Aun así, ambas partes invirtieron mucho dinero en reclutar tropas y construir fuertes, lo que agotó sus fondos, y la guerra llegó lentamente a un alto el fuego temporal conocido como la Tregua de los Doce Años.

La tregua de los Doce Años, también llamada tregua de Amberes, fue un tratado de paz firmado en 1609 entre España y las Provincias Unidas de los Países Bajos; supuso un receso pacífico en la guerra de los ochenta años que los holandeses mantenían contra el Imperio español desde 1568 para conseguir su independencia. La firma de la tregua fue objetivamente favorable a las Provincias Unidas: supuso el reconocimiento de facto de la independencia de las provincias del norte de los Países Bajos: Holanda, Zelanda, Utrecht, Frisia, Groninga, Overijssel y Güeldres, que otros países del entorno pronto reconocieron oficialmente. Durante los años que duró la tregua, las Provincias Unidas establecieron relaciones diplomáticas con varios países y se expandieron comercialmente por todo el mundo. Para España, que consideró la tregua como un acuerdo provisional, aparte de un alivio momentáneo en el maltrecho estado de sus finanzas, supondría un golpe al prestigio español, por cuanto las concesiones hechas a Holanda eran mayores de las imaginables poco tiempo atrás. En 1620, los neerlandeses intentaron tomar Amberes y sitiaron sin éxito la ciudad de Wesel, ambas bajo control español. En 1621, España y los Países Bajos no lograron ponerse de acuerdo para extender la tregua. Así, la guerra se reanudó y continuó hasta 1648. Ese año, se firmó el Tratado de Münster, que finalmente reconoció la independencia definitiva de los Países Bajos.

La Paz de Münster fue un tratado entre las Provincias Unidas de los Países Bajos y España firmado en 1648. Fue un tratado histórico para las Provincias Unidas y uno de los acontecimientos claves en la historia neerlandesa; con él, la independencia de las Provincias Unidas fue finalmente reconocida por la Corona española. El tratado formó parte de la Paz de Westfalia la cual acabó con la guerra de los Treinta Años y la guerra de los Ochenta Años.

 El mantenimiento de La guerra de los Ochenta años, que duró tantos años como su nombre indica, acabó hundiendo a la economía española, provocando sucesivas bancarrotas y dinamitando la imagen de todos los españoles. (durante esta guerra nació la Leyenda Negra).

Los resultados de la guerra fueron: El comienzo de la caída del imperio español, la independencia de Portugal al perder España el control de sus colonias, innovación en las tácticas de guerra por parte de los protestantes neerlandeses, independencia de los Países Bajos y formación de las Provincias Unidas de los Países Bajos; los países no necesitaban un monarca, Países Bajos se convierte en una gran potencia europea. 





LA GUERRA  ANGLO-ESPAÑOLA (1585-1604)

La Guerra anglo-española, librada entre 1585 y 1604, fue un conflicto prolongado que enfrentó a dos de las principales potencias europeas del siglo XVI: la Monarquía Hispánica, bajo el reinado de Felipe II, y el Reino de Inglaterra, gobernado por Isabel I. Este conflicto no fue declarado formalmente en todos sus momentos, pero en la práctica representó un choque constante de intereses políticos, religiosos, económicos y marítimos. La guerra comenzó con victorias inglesas como la de Cádiz en 1587, y la pérdida de la Armada Invencible en 1588, pero diversas victorias españolas como la de la Contraarmada en 1589, así como la enorme mejora en la escolta de las flotas de Indias y la rápida recuperación de España ante las pérdidas acabaron por debilitar definitivamente a Inglaterra y desembocaron en la firma de un tratado de paz favorable a España en Londres en 1604. Su importancia radica en que reflejó las tensiones que surgieron de la Reforma protestante, el auge del poder naval y el control de las rutas comerciales y coloniales. Para comprenderlo, es necesario situarse en el contexto de la Europa de finales del siglo XVI, donde los reinos competían por la supremacía en los mares y por la influencia política en el continente. España, heredera de un vasto imperio que abarcaba territorios en Europa, América y Asia, defendía el catolicismo y buscaba preservar su hegemonía frente al avance del protestantismo. Inglaterra, por su parte, emergía como una potencia naval en crecimiento, con aspiraciones de expansión y un fuerte rechazo a la dominación religiosa del Papado. La guerra no se libró únicamente en Europa, sino que también tuvo escenarios en el Caribe, en las colonias americanas y en los mares que conectaban los principales puertos mercantiles.




La hostilidad entre España e Inglaterra aunaba motivaciones políticas, económicas y religiosas. La potencia naval inglesa la convertía en el mayor enemigo de la Monarquía española, que necesitaba comunicar por mar sus dispersos territorios. En el aspecto religioso las desavenencias entre ambos países venían de los tiempos de Enrique VIII de Inglaterra. El protestantismo inglés se enfrentaba al catolicismo español;

El inicio formal de la Guerra anglo-española se suele situar en 1585, cuando Isabel I firmó el Tratado de Nonsuch, mediante el cual Inglaterra se comprometía a apoyar militarmente a los rebeldes holandeses contra España. Este tratado fue un punto de no retorno, porque convirtió a Inglaterra en un enemigo oficial de la Monarquía Hispánica. La guerra estuvo marcada por batallas muy separadas y comenzó con la expedición militar de Inglaterra en 1585 a lo que entonces eran los Países Bajos españoles bajo el mando de Robert Dudley, Conde de Leicester, en apoyo de la resistencia de los Estados Generales al gobierno de los Habsburgo españoles. A pesar de que la guerra con Inglaterra se acabó formalmente en 1589, el conflicto continuó con otras naciones como Francia o Irlanda.


Felipe II, consciente de la amenaza, comenzó a preparar una ofensiva de gran escala contra Inglaterra, lo que daría lugar al célebre episodio de la Armada Invencible. Entre 1585 y 1587, se produjo una escalada de ataques y contrataques: corsarios ingleses como Francis Drake saquearon puertos españoles, incluso llegando a Cádiz en 1587, en una acción conocida como “la singeing of the King of Spain’s beard”, es decir, “el chamuscado de la barba del rey de España”. Estos ataques retrasaron los planes españoles y demostraron la creciente capacidad ofensiva de la marina inglesa. En paralelo, los combates en los Países Bajos se intensificaron, con tropas inglesas enfrentándose directamente a los tercios españoles. La guerra se caracterizó por no tener un frente único, sino múltiples escenarios: los mares del Atlántico, el Canal de la Mancha, el Caribe y las costas de Europa.

Felipe II organizó una flota imponente, compuesta por más de 130 barcos y cerca de 30.000 hombres, con el objetivo de invadir Inglaterra y derrocar a Isabel I. Felipe II encomendada la ejecución al marqués de Santa Cruz, don Álvaro de Bazán, el más experimentado marino español del momento y vencedor de Lepanto. En febrero de 1588, el marqués de Santa Cruz murió de un tifus agudo. Felipe II lo sustituyó por Alonso Pérez de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia, un aristócrata andaluz rico y buen organizador pero sin ninguna experiencia naval.

El plan consistía en reunir la flota española en el Canal de la Mancha, unirse a las tropas del duque de Parma en los Países Bajos y desembarcar en suelo inglés. Sin embargo, la operación enfrentó múltiples dificultades. En primer lugar, la logística resultó complicada, ya que la coordinación entre la Armada y las fuerzas de Flandes nunca se concretó adecuadamente. En segundo lugar, los ingleses, liderados por almirantes como Charles Howard y Francis Drake, utilizaron tácticas navales innovadoras, como el uso de barcos incendiarios, que dispersaron a la flota española. Además, las condiciones meteorológicas jugaron un papel decisivo: tormentas en el Mar del Norte y el Atlántico obligaron a muchos barcos españoles a desviarse y naufragar en las costas de Escocia e Irlanda.


La Armada reunida en Lisboa constaba de 130 naves organizadas en diez escuadras: los galeones de Portugal, los de Castilla, los de Andalucía, los de Guipúzcoa, los de Vizcaya, las naves del Levante, las urcas (barcos de transporte), los pataches y zabras (naves de enlace), las galeazas de Nápoles y las galeras de Portugal. Llevaba más de 30.000 hombres (20.000 soldados, 8.000 marineros, 2.000 galeotes) y 2.500 piezas de artillería. Zarpó de Lisboa el 28 de mayo de 1588.

Tras fuertes temporales que obligaron a una parada en La Coruña, la Armada entró en el Canal de la Mancha el 30 de julio de 1588 en formación de media luna, una disposición defensiva que mantuvo durante toda la travesía. Los ingleses, al mando del almirante Charles Howard y con Francis Drake y John Hawkins como segundos, salieron a su encuentro desde Plymouth. Durante más de una semana, del 31 de julio al 7 de agosto, la flota inglesa hostigó a la española en combates a distancia (Plymouth, Portland, Isle of Wight) sin lograr romper su formación ni causar pérdidas significativas.


El 6 de agosto, la Armada fondeó frente a Calais esperando la llegada del duque de Parma con el Ejército de Flandes. Parma no llegó: su flota de embarcaciones ligeras estaba bloqueada por los holandeses. La noche del 7 al 8 de agosto, los ingleses enviaron ocho brulotes —buques viejos cargados de pólvora y alquitrán y prendidos fuego— hacia el fondeadero español.

La flota inglesa atacó al día siguiente frente a la costa de Gravelinas (actual Francia, entonces Flandes española), cuando los galeones españoles intentaban recuperar la formación. Fue la única batalla frontal de la campaña. Durante varias horas de combate cercano —ya a tiro de fusil—, los ingleses hundieron al menos tres galeones españoles y dañaron seriamente a una docena. Medina Sidonia decidió abandonar la invasión y regresar a España bordeando las Islas Británicas por el norte: saliendo del Mar del Norte, rodeando Escocia, bajando por la costa de Irlanda y retornando al Cantábrico. Durante agosto y septiembre de 1588, tormentas sucesivas dispersaron la flota. Al menos 24 naves naufragaron en las costas de Escocia e Irlanda. Los supervivientes que lograron alcanzar tierra fueron, en muchos casos, asesinados por las autoridades inglesas siguiendo las órdenes expresas de Isabel I. Se calcula que más de la mitad de la tripulación española murió en este viaje de regreso: entre 15.000 y 20.000 hombres perdieron la vida por naufragio, hambre, sed, disentería o ejecución. Medina Sidonia llegó a Santander con apenas 60 naves supervivientes en septiembre, de las 130 que habían zarpado.

Tras la derrota de la Armada Invencible, la guerra no terminó, sino que se transformó en un conflicto de desgaste. Inglaterra intensificó las expediciones de sus corsarios en el Atlántico y el Caribe, atacando barcos cargados de metales preciosos y ciudades portuarias. Francis Drake y John Hawkins realizaron incursiones en las colonias americanas, aunque no siempre con éxito. El objetivo inglés era debilitar el poder económico de España, que dependía en gran medida de la llegada de oro y plata desde América. Por su parte, España organizó nuevas flotas para intentar invadir Inglaterra, aunque ninguna alcanzó el éxito esperado. En 1596, los ingleses lograron saquear Cádiz, lo que representó un duro golpe para la Monarquía Hispánica. Durante más de una década, la guerra se mantuvo en un estado de equilibrio, con ninguno de los dos reinos logrando imponerse claramente sobre el otro.

Su desenlace, en 1604 con la firma de la Paz de Londres, marcó un nuevo equilibrio político en Europa y abrió el camino a la consolidación del poder naval inglés. El fracaso de la Armada Invencible fue interpretado por los ingleses como un signo de la protección divina sobre su reino, mientras que para España representó un duro golpe a su prestigio naval.




LA GUERRA LUSO-NEERLANDESA

La Guerra Luso-Neerlandesa fue un gran conflicto que ocurrió entre 1601 y 1661. En esta guerra, las fuerzas navales de las Provincias Unidas de los Países Bajos atacaron las colonias del Imperio portugués en América, África y Asia. Fue un conflicto entre las fuerzas navales de los Países Bajos y de Portugal. La flota neerlandesa invade las colonias del Imperio portugués en América, África y Asia. Inglaterra apoya a los neerlandeses. Esta guerra coexistió con la Guerra de los Treinta Años, la Guerra de los Ochenta Años y la Guerra de Restauración portuguesa.

Inglaterra apoyó a los neerlandeses en algunos momentos de la guerra. Esto les permitió beneficiarse de la rivalidad entre Portugal y los Países Bajos en el comercio de Oriente. Debido a que el conflicto giraba en torno a productos valiosos, especialmente las especias, a menudo se le llamó la Guerra de las Especias.


Esta guerra puede verse como una parte de la Guerra de los Ochenta Años, que se libraba en Europa entre España y las Provincias Unidas. En ese momento, Portugal formaba parte de la Monarquía Española debido a una unión de coronas. Sin embargo, la Guerra Luso-Neerlandesa no se trató tanto de la independencia de los Países Bajos. Su principal causa fue la necesidad de los neerlandeses de controlar el comercio de especias y expandir su propio imperio en el extranjero, a costa de los portugueses. Las batallas continuaron incluso después de que Portugal se separara de España y se firmara la paz entre España y las Provincias Unidas.

Antes de la unión de coronas en 1580, Portugal usaba los Países Bajos como un centro para distribuir especias por el norte de Europa. Cuando Portugal se unió a España, el comercio portugués quedó sujeto al embargo comercial que España había impuesto a las Provincias Unidas. Esto significó que el comercio se desvió a otras regiones, y los neerlandeses perdieron su importante alianza comercial con Portugal. Esta alianza era crucial para financiar su guerra contra España. Además, perdieron el control de la distribución de especias a Francia, el Sacro Imperio Romano y el norte de Europa.


En 1595, el explorador Jan Huygen van Linschoten, que había viajado mucho por el océano Índico con los portugueses, publicó un informe detallado sobre cómo navegar entre Portugal y las Indias Orientales y Japón. Esta nueva información impulsó la expansión comercial. Así se fundaron la Compañía Británica de las Indias Orientales en 1600 y la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) en 1602.

El Imperio portugués en el océano Índico controlaba las rutas marítimas clave. El Estado portugués de la India, con base en Goa, era una red de ciudades importantes que controlaban el comercio marítimo. Lugares como Sofala, Kilwa, Daman y Diu, Ormuz, Cabo Comorin, Calicut, Cochin, Ceilán, Santo Tomé de Mylapore, Pulicat y Macao eran puntos estratégicos. Estas ciudades aseguraban las rutas comerciales y protegían los barcos que transportaban especias, seda y plata.

El 27 de diciembre de 1601, los neerlandeses vencieron a una flota portuguesa en la bahía de Bantam. Al año siguiente, se fundó la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) para compartir los costos de exploración y restablecer el comercio de especias. Veinte años después, se creó la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales. El 25 de febrero de 1603, tres barcos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) capturaron el "Santa Catarina", un galeón portugués. Este barco era tan valioso que sus ganancias duplicaron el capital de la VOC. La legalidad de esta captura fue cuestionada, y los portugueses exigieron la devolución de su carga. Este incidente llevó a un juicio público y a un debate sobre el derecho marítimo.

En 1641, cuando comenzó la Guerra de Restauración portuguesa, se firmó el Tratado de La Haya (1641). Sin embargo, este tratado solo se respetó en Europa, y los enfrentamientos entre neerlandeses y portugueses continuaron en otras partes del mundo.

Finalmente, en agosto de 1661, Alfonso VI de Portugal y los Estados Generales de los Países Bajos firmaron el Tratado de La Haya (1661). Este tratado puso fin a la Guerra Luso-Neerlandesa. Al final de la guerra, las Provincias Unidas de los Países Bajos habían logrado controlar varias zonas en Oriente, la costa africana y América, formando así el Imperio neerlandés. La República Neerlandesa conquistó las Indias Orientales, Ceilán, la Costa de Malabar y Malaca, transfiriendo el control global del comercio de especias de Lisboa a Ámsterdam. Aunque Portugal recuperó Brasil y territorios importantes en África, donde se centraría su imperio en los años siguientes, perdió para siempre su posición dominante en el Lejano Oriente. Portugal perdió permanentemente la columna vertebral de la red del Estado da Índia en Asia y enclaves comerciales clave en África Occidental, incluida la Costa del Oro. El fracaso de la Unión Ibérica en proteger las colonias portuguesas desencadenó la Guerra de Restauración Portuguesa y forzó el reposicionamiento del centro del imperio.





LA GUERRA DE LOS TREINTA  AÑOS 

La Guerra de los 30 años fue un conflicto que tuvo lugar en Europa entre los años 1618 y 1648. Fue una de las guerras más largas y destructivas de la  historia europea, que involucró a casi todas las grandes potencias de la época. La  guerra tuvo su origen en la rivalidad religiosa y política entre los estados católicos y protestantes, así como en las disputas territoriales y de poder entre las diferentes monarquías europeas. Se considera la guerra de los Treinta Años como la primera guerra mundial moderna y la última llevada a cabo en Europa por motivos religiosos. Confrontó a católicos y protestantes, participando en ella las principales potencias del Viejo Continente. Francia y Suecia salieron reforzados de esta contienda, todo lo contrario de lo que le sucedió a España.

Duró exactamente 30 años, puesto que comenzó el 23 de mayo de 1618, con la tercera defenestración de Praga, y terminó el 24 de octubre de 1648, tras la firma de la Paz de Westfalia. Acontece dentro de la Edad Moderna. Se llevó a cabo en Europa Central, sobre todo en el Sacro Imperio Romano Germánico (actual Alemania). Inicialmente fue un conflicto de carácter religioso  limitado al territorio del Sacro Imperio Romano Germánico (Alemania) entre protestantes y católicos. Pero en poco tiempo participarían los principales Estados europeos de la época: Francia, Inglaterra, Suecia, Rusia, España y Dinamarca, entre otros. Es considerada la primera gran guerra europea.


Uno de los principales detonantes de la Guerra de los 30 años fue la lucha religiosa entre católicos y protestantes. En esta época, Europa estaba dividida en distintas confesiones religiosas y cada una buscaba imponer su fe como la dominante. Además de los conflictos religiosos, las disputas territoriales también jugaron un papel importante en el inicio de esta guerra. Varios estados europeos se disputaban el control de regiones estratégicas, lo que generaba tensiones y rivalidades entre ellos. os líderes políticos de la época también tenían ambiciones personales que contribuyeron al estallido del conflicto. Algunos gobernantes buscaban expandir sus territorios y aumentar su poder, lo que los llevó a involucrarse en la guerra. Además de las causas internas, la Guerra de los 30 años también se vio influenciada por la intervención de potencias extranjeras. Varios países europeos apoyaron a los contendientes y participaron activamente en el conflicto, lo que prolongó su duración y magnitud. Por último, el descontento social y económico de la época también contribuyó al estallido de la guerra. Muchas personas sufrían las consecuencias de la crisis económica y las hambrunas, lo que generaba un clima de tensión y malestar generalizado. Durante este conflicto, diferentes países y facciones se unieron en alianzas cambiantes, luchando por el control político y religioso en Europa Central.

La guerra de los Treinta Años comenzó cuando Fernando II (1578-1637) fue depuesto como rey de Bohemia y las Provincias Unidas de los Países Bajos apoyó a su sucesor, Federico V (1596-1632), con armas y recursos. La intervención neerlandesa en Bohemia marcó la primera entrada de una potencia extranjera en lo que en un principio fue una guerra civil y que, con el tiempo, involucraría a toda Europa.

Se inició con un acontecimiento conocido como “la defenestración de Praga”, que tuvo lugar el 23 de mayo de 1618 en el reino de Bohemia, actual Checoslovaquia. Éste era mayoritariamente protestante, pero su rey, Fernando II (nieto de Fernando I, el hermano de Carlos V) era católico. El rey, que había llegado al trono en 1617, aplicó los principios del absolutismo en el plano religioso y puso fin a la tolerancia religiosa, cerrando los templos protestantes. En consecuencia, el Palacio Real fue invadido y algunos representantes reales, arrojados por las ventanas, salvando sus vidas porque cayeron sobre un basural que amortiguó la caída…Allí comenzó el conflicto, se organizó un gobierno provisional que desconoció la autoridad de Fernando II y coronó al calvinista Federico V, yerno de Jacobo I de Inglaterra.

Los primeros años de la guerra fueron especialmente caóticos, con una serie de batallas e invasiones en diferentes regiones. Los principales actores en el conflicto fueron las potencias europeas de la época, incluyendo el Sacro Imperio Romano Germánico, España, Francia, Suecia y Dinamarca, entre otros. La participación de España fue decisiva, dado su papel como potencia dominante en Europa bajo la dinastía de los Austrias. La monarquía española, con su armada y su ejército, se enfrentó en varias batallas contra las fuerzas protestantes y sus aliados, en particular en los territorios del norte de Alemania y en los Países Bajos.


Las negociaciones diplomáticas para evitar el conflicto de la Guerra de los Treinta Años (1616) entre los protestantes de Bohemia y los Austrias fueron intensas y complejas. Ambas partes intentaron llegar a un acuerdo que evitara la confrontación armada y preservara la estabilidad en la región. A pesar de los esfuerzos de mediación y diálogo, las negociaciones no lograron resolver las diferencias entre ambas partes. Las demandas de los protestantes eran consideradas inaceptables por los Austrias, quienes estaban decididos a mantener su control sobre Bohemia.

La fase bohemia: 1618-1625

La Guerra de los Treinta Años inició con la Revuelta Bohemia, el conflicto entre los príncipes protestantes de Bohemia y el emperador Fernando II. Los príncipes rebeldes eligieron como su rey a Federico V de Palatinado, quien fue derrotado en la Batalla de la Montaña Blanca (8 de noviembre de 1620), dos años después de la Defenestración de Praga. En ella, un ejército de 20 000 checos y mercenarios bajo el mando de Cristián de Anhalt se enfrentó en las cercanías de Praga a 25 000 hombres de los ejércitos combinados del Sacro Imperio Romano Germánico de Fernando II, dirigido por el Conde de Bucquoy, y de la Liga Católica de Alemania, al mando de Johann Tserclaes, conde de Tilly. La batalla marcó el fin del período bohemio de la guerra de los Treinta Años al entrar las tropas imperiales en la capital de Bohemia y someter a los protestantes. Fernando II y sus aliados católicos recuperan el poder en Bohemia. Tras esta derrota, el emperador decidió confiscar las propiedades de los príncipes rebeldes y restablecer la autoridad católica en toda Bohemia.


La fase danesa: 1625-1629

En 1625, el rey danés Cristián IV intervino en la guerra a favor de los protestantes. La intervención danesa desató una nueva fase del conflicto que se extendió por otros territorios del norte de Alemania. A pesar de algunos éxitos, Cristián IV fue derrotado en la Batalla de Lutter en 1626. La batalla resultó en una fuerte derrota de las tropas de Cristián IV por las del emperador Fernando II, lideradas por el general de la Liga Católica Johann Tserclaes, conde de Tilly. Cristián IV no fue rival para las fuerzas imperiales al mando del líder mercenario católico Albrecht von Wallenstein (1583-1634). Después de la batalla de Lutter, los príncipes del norte de Alemania hasta Mecklemburgo quitaron su apoyo a Cristián IV. La victoria de Fernando II y sus aliados supuso un comienzo desastroso para la campaña danesa en la Baja Sajonia, que llegó a su final en mayo de 1629 con el Tratado de Lübeck y acordó una paz y la retirada de las tropas danesas y de los mercenarios escoceses en 1629. Así, la batalla marcó el declive de Dinamarca como gran potencia europea.


La fase sueca: 1630-1635

En 1630, el rey sueco Gustavo Adolfo intervino en la Guerra de los Treinta Años, a favor de los protestantes, estableciéndose como uno de los comandantes más importantes del conflicto. Pactó con la Francia de Richelieu el Tratado de Bärwalde, por el que se comprometía a respetar la religión católica en los territorios que conquistara, a cambio de recibir un subsidio anual; obtuvo el apoyo de Brandenburgo y Sajonia. Gustavo Adolfo logró varias victorias importantes, venció al ejército imperial que mandaba Tilly en la batalla de Breitenfels (1631), salvando así a los protestantes del norte de Alemania de la aniquilación; y avanzó por Turingia y Franconia, venciendo de nuevo en la batalla de Rain (1632), en la que murió Tilly. Sin embargo, su avance hacia Viena fue detenido por la contraofensiva imperial dirigida por Albrecht von Wallenstein. Gustavo murió en la batalla de Lützen (16 de noviembre de 1632), a pesar de que su desenlace fue favorable al ejército sueco. En la batalla de Lützen se enfrentaron el ejército sueco, liderado por el rey Gustavo II Adolfo, y las tropas del Sacro Imperio Romano Germánico, bajo el mando del general Albrecht von Wallenstein. Ambos bandos contaban con un gran número de soldados, y la batalla resultó en una feroz lucha cuerpo a cuerpo. Dos años después, las tropas del Imperio y de la monarquía española aplastaban a los suecos en la Batalla de Nördlingen (1634). La intervención sueca desencadenó un nuevo frente en la guerra y permitió a los protestantes obtener ventajas en el conflicto.

La fase francesa: 1635-1648

La intervención francesa en la Guerra comenzó en 1635, cuando Luis XIII decidió apoyar a los protestantes alemanes para debilitar el poder del Sacro Imperio Romano Germánico. Este hecho marcó el inicio de una nueva fase del conflicto, en la que Francia se enfrentó a las fuerzas del Sacro Imperio y sus aliados. Los próximos años serán escenario de un duelo entre Francia y España, un conflicto entre dos naciones inmerso dentro de la guerra europea que tendrá como protagonistas a Richelieu y Olivares que se disputarán el poderío hegemónico católico en Europa liderado por España hasta este momento.


Francia, un país católico, luchara contra dos potencias de su misma fe, España y el Sacro Imperio Germánico. El cardenal Richelieu, favorito de Luis XIII, dirigió su estrategia a imponerse a estas dos Coronas, gobernadas por sus respectivas ramas de la familia Habsburgo. Se trataba de evitar, a cualquier precio, que la monarquía gala se viera estrangulada por vecinos demasiado poderosos. Justo en ese momento, España, bajo la dirección del conde-duque de Olivares, se hallaba inmersa en un intento de mantener su hegemonía en Europa, tras los años grises del reinado de Felipe III. Tras la muerte de Richelieu y la retirada del apoyo a Olivares por parte del rey español Felipe IV los acontecimiento se inclinan en favor de Francia con la victoria en Batalla de Rocroi del ejercito francés. El 19 de mayo de 1643, en los campos de Rocroi, los veteranos Tercios españoles se enfrentaron al ejército francés mandado por el joven duque de Enghien. Aquel combate, librado en el norte de Francia durante la Guerra de los Treinta Años, fue el último gran acto de la vieja infantería imperial. Los Tercios lucharon hasta el final, rodeados y sin rendirse, dando a Europa una lección de dignidad y valor que aún resuena en la historia militar. En el plano político, la victoria francesa fortaleció al joven Luis XIV y a su corte, mientras España entraba en una etapa de desgaste que culminaría en la Paz de Westfalia.

En 1648 se alcanzó la Paz de Westfalia, a través de los Tratados de Osnabrück y Münster, en los que intervinieron el Sacro Imperio, España, Francia, Suecia y Holanda. La guerra acabó en Alemania, y en los Países Bajos se puso fin a ocho décadas de conflicto entre las Provincias Unidas y la monarquía hispánica. Sin embargo, España y Francia prosiguieron su lucha. El cese de las hostilidades en su caso no se firmó hasta once años después, en el Tratado de los Pirineos. La hegemonía hispana sobre Europa había llegado a su fin. Era el momento de un joven monarca con grandes ambiciones, Luis XIV, el “Rey Sol”.

Tras casi tres décadas de conflicto, la firma de la Paz de Westfalia en 1648 supuso un cambio radical en el mapa político europeo. Para España, las consecuencias fueron profundas y duraderas. La pérdida de los Países Bajos supuso un severo golpe a su hegemonía económica y política en Europa occidental. Internamente, la guerra agravó la crisis interna de la monarquía, acelerando el declive del imperio y aumentando las dificultades fiscales y militares.

El mayor impacto de esta guerra, en la que se usaron mercenarios de forma generalizada, fue la total devastación de lugares enteros que fueron esquilmados por los ejércitos necesitados de suministros. Los continuos episodios de hambrunas y enfermedades diezmaron la población civil de los Estados alemanes y, en menor medida, de los Países Bajos e Italia, además de llevar a la bancarrota a muchas de las potencias implicadas. La economía española sufrió un impacto negativo, con una disminución en la producción, el comercio y el control de territorios coloniales, afectando también a la sociedad civil, que vivió en un contexto de crisis y transformación.




LA GUERRA FRANCO-ESPAÑOLA (1635-1659)

La Guerra franco-española fue un conflicto importante que duró desde 1635 hasta 1659. Enfrentó al Reino de Francia contra el Imperio español. Esta guerra comenzó como parte de la Guerra de los Treinta Años, pero continuó incluso después de que ese conflicto terminara con la Paz de Westfalia. La guerra fue costosa tanto económicamente como en pérdidas de vidas humanas para España y Francia. En total, cayeron más soldados franceses que españoles, aunque ambos lados sufrieron graves daños económicos durante la guerra. El conflicto agotó a las dos naciones en todos los aspectos, que incluso llegó a provocar una crisis económica en Francia en 1661.



La rivalidad entre el Reino de Francia y España se remonta ya a finales del siglo XV, en tiempos del reinado de los Reyes Católicos. Durante el siglo XVI, tienen lugar una serie de conflictos entre ambos países. Francia, aunque era un país católico, rivalizaba con los Austrias de Viena y Madrid, y durante la guerra de los Treinta años, apoyó al bando protestante. Tras la batalla de Nördlingen en 1634, el cardenal Richelieu se decidió por la guerra con España.

La guerra franco-española, de mayo de 1635 a noviembre de 1659, se libró entre Francia y España, cada una apoyada por diversos aliados en distintos momentos. Consta de dos fases distintas: la primera, de mayo de 1635 a octubre de 1648, se considera un conflicto relacionado con la Guerra de los Treinta Años; la segunda continuó hasta el Tratado de los Pirineos en 1659.

España también estaba en otra guerra larga contra las Provincias Unidas, conocida como la Guerra de los Ochenta Años. La Guerra franco-española fue muy costosa para ambos países. Causó muchas pérdidas de vidas y grandes problemas económicos. Al final, no hubo un ganador claro, pero el Tratado de los Pirineos favoreció a Francia.


La guerra abierta entre España y Francia comenzó con la invasión francesa de los Países Bajos en 1635. Un ejército francés estaba bajo el mando de los mariscales de Francia Urbain de Maillé, marqués de Brézé y Gaspard III de Coligny, duque de Châtillon, y con unos 35.000 efectivos avanzaron hacia el norte en los Países Bajos. En 1636, el cardenal Richelieu convenció a Vitorio Amadeo I, duque de Saboya acordaron lanzar una ofensiva contra el ducado español de Lombardía cuya capital era Milán.

En 1636, el ejército español, liderado por el Cardenal-Infante Fernando, invadió Francia. Derrotaron a las tropas francesas en varias batallas y llegaron cerca de París. Sin embargo, tuvieron que retirarse porque sus líneas de suministro se extendieron demasiado.

España sufrió importantes derrotas navales en 1639 y 1640. Además, en 1640, Cataluña y Portugal se rebelaron contra el gobierno español. Francia se alió con los rebeldes catalanes. En 1643, un gran ejército español fue derrotado por los franceses en la Batalla de Rocroi. Otra derrota importante fue en la Batalla de Lens en 1648.

Entre 1648 y 1654, la situación cambió a favor de España. En Francia, estalló una rebelión interna llamada la Fronda. Esto debilitó a Francia y permitió a España recuperar algunos territorios. España logró reconquistar Cataluña en la década de 1650. La prioridad de España fue recuperar Barcelona, lo que lograron en octubre de 1652.

Inglaterra se une a Francia en 1656. Juan José de Austria, hijo bastardo de Felipe IV, fue nombrado gobernador de Flandes para hacer frente a la ofensiva prevista anglofrancesa. Su ejército venció al francés en la batalla de Valenciennes, en 1656 lo que suscitó una oferta de paz de Mazarino que rechazó Felipe IV. Los continuos envíos de dinero a Flandes entre 1656 y 1658, dada la dificultad de expedir tropas, no bastaron para impedir la conquista anglofrancesa definitiva de Dunquerke, que quedó en manos inglesas. Los anglofranceses habían vencido días antes a las fuerzas españolas en la batalla de las Dunas. Sucedió el 14 de junio de 1658 y enfrentó al ejército anglo-francés, bajo el mando del vizconde de Turenne, contra el español conducido por Juan José de Austria y Luis II de Condé.

El estancamiento militar y el agotamiento económico de la guerra darían paso a las negociaciones. En 1659, España y Francia acordaron un tratado de paz final. La delicada situación de España en los Países Bajos y el reciente revés en Portugal hicieron que Madrid se aviniese por fin a firmar la paz con Francia. 




LA FRONDA

La Fronda (del francés fronde) es un conjunto de movimientos de insurrección ocurridos en Francia durante la regencia de Ana de Austria y la minoría de edad de Luis XIV, entre 1648 y 1653. Este periodo de revueltas marca una reacción frente a la creciente autoridad de la monarquía en Francia, que había incrementado su poder bajo los reinados de Enrique IV y Luis XIII (este último con el cardenal Richelieu como primer ministro). Nombre que se le dio a la rebelión desencadenada en 1648 contra el gobierno del cardenal Mazzarino, primer ministro durante la minoridad de Luis XIV de Francia. La oposición a la regencia de Ana de Austria y de su todopoderoso valido se manifestó desde el inicio de su gobierno en muy diversos frentes.


Tras la muerte del cardenal Richelieu , privado de Luis XIII, la aristocracia creyó poder recuperar el poder perdido en el proceso de centralización monárquica llevado a cabo por el cardenal y urdió continuas intrigas contra el nuevo primer ministro. Mazzarino, que contaba con la protección inquebrantable de la reina madre, actuó con extrema dureza contra los nobles levantiscos, lo que acabó de enquistar la hostilidad de la alta nobleza. En las provincias, las tendencias autonomistas de la aristocracia territorial tendieron a acentuarse tras la desaparición de Richelieu. Mazzarino, sin embargo, puso en marcha una política de centralización administrativa supeditada a los intereses de la guerra con los Habsburgo de España y Viena, que tendía a incrementar el absolutismo monárquico. Esto agravó la oposición entre las pretensiones de independencia de los príncipes territoriales y el gobierno del primer ministro.

Primera Fronda o Fronda Parlamentaria

Se extendió de agosto de 1648 a marzo de 1649. El 13 de mayo de 1648 los procuradores del parlamento de París y los de los tribunales soberanos se juramentaron para oponerse a las medidas fiscales dictadas por el ministro de Hacienda de Mazzarino. A pesar de la prohibición de Ana de Austria, los procuradores permanecieron reunidos durante una semana en el palacio del Louvre. La asamblea redactó una carta con 27 artículos cuyo contenido desmantelaba la obra de centralización administrativa de Richelieu y Mazzarino, colocando a la monarquía bajo el control de los procuradores. El levantamiento de París fue un movimiento destacado que desafió los principios de la monarquía absoluta. Sin embargo, este acuerdo quedó solo en una tregua, ya que la regente nunca pretendió seguir adelante con el acuerdo con el Parlamento. Tras su retiro de París a Saint-Germain en enero de 1649, ordenó el exilio del Parlamento por su comportamiento rebelde.

El rechazo del Parlamento provocó que tropas reales, dirigidas por el príncipe de Condé, rodearan París, reduciéndolo a la obediencia. Los jueces organizaron la defensa de la ciudad, encargándose de la recaudación, del reclutamiento y supervisando una coalición de las autoridades de la ciudad. Estos fueron apoyados por el pueblo, que se encontraba en rebeldía por los agravios políticos, fiscales y económicos, y contra el primer ministro.

Después de diversas disputas, los parlamentarios decidieron pactar con la regente. La Paz de Reuil se firmó en 1649, confirmándose las reformas de 1648. Se garantizó la amnistía a todos y Mazarino permaneció como primer ministro

Segunda Fronda o Fronda de los Príncipes

Tras la Paz de Reuil, se vivió un periodo de “tranquilidad” que demostró a los nobles franceses la debilidad de las posiciones realistas y cardenalicias. Las cabezas principales de la Fronda no quedaron satisfechas tras lo acordado en Reuil, creándose al poco tiempo una red de intrigas políticas y una trifulca por el poder, perdiendo poco a poco su trasfondo constitucional con que contaba la fase Parlamentaria de la Fronda.

En el año 1649, la actitud burlona del Condé tras sus victorias, pretendiendo ser dueño del gobierno, provocó una segunda Fronda en 1650. Tras esta actitud, la Reina Ana y Mazarino arrestaron a Condé y a su hermano, quienes se declararon en abierta rebelión, reanudándose la guerra civil. Su principal objetivo era la liberación de Condé. De esta manera, los partidarios de la primera Fronda se unieron a los partidarios de Condé en contra de Mazarino y el apoyo español. Las tropas españolas del archiduque Wilhelm, que venían a apoyar a los sublevados, fueron detenidas por la población civil y el ejército real, evitando de esta manera el ataque a la fortaleza de Guise. Condé huyó de París para refugiarse en los Países Bajos españoles y Luis XIV y su madre hicieron su entrada triunfal en la ciudad. La represión fue moderada pero Mazzarino esperó a diciembre para regresar del exilio.

El cardenal recuperó fácilmente las riendas del gobierno, ya que en el país prevalecía el cansancio de la guerra interior y exterior. Las últimas revueltas en las provincias fueron sofocadas en los meses siguientes con facilidad. El final de la Fronda supuso en realidad el fortalecimiento del poder monárquico contra el que se había rebelado y la consolidación de Mazzarino como cabeza indiscutible del gobierno. El cardenal supo así, con su política, preparar el advenimiento del absolutismo monárquico que representó el reinado de Luis XIV.




LA GUERRA DE LOS SEGADORES

La Guerra de los Segadores, también conocida como sublevación de Cataluña o guerra de Cataluña, la Revolta dels Segadors en catalán, fue un conflicto que tuvo lugar entre 1640 y 1659 en el Principado de Cataluña, en el contexto más amplio de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y las tensiones entre la Monarquía Hispánica y sus territorios periféricos. Este conflicto no solo fue una guerra de carácter político y militar, sino también un enfrentamiento identitario que puso en evidencia las tensiones entre el centralismo de la Corona española y las aspiraciones autonómicas de Cataluña. La Guerra de los Segadores fue un conflicto complejo en el que se entrelazaron causas sociales, económicas, políticas e internacionales.

El siglo XVII fue un periodo de tiempo con gran movimiento político, sucediendo hechos muy importantes para la historia de España. Algunos de estos movimientos fueron revueltas de distintas partes de España, siendo especialmente importantes las que sucedieron en Cataluña.

Cataluña, que formaba parte de la Corona de Aragón, se encontraba en una situación particular, ya que mantenía sus propias leyes, instituciones y privilegios, a pesar de estar integrada en la monarquía de los Austrias. Este sistema generaba tensiones constantes entre las aspiraciones centralizadoras de Madrid y el deseo de autogobierno de los catalanes. Los campesinos, que representaban la mayor parte de la población, vivían en condiciones de gran precariedad, sometidos a los abusos señoriales y a las crecientes demandas fiscales.


El Conde-Duque de Olivares valido del rey llevó a cabo dos proyectos, uno el Memorial Secreto y el otro la Unión de Armas. El Memorial Secreto era un informe donde se hablaba de la necesidad de cambiar el sistema de la monarquía, uniendo las leyes e instituciones de todas las regiones, para conseguir que el poder real aumentará. Por otro lado la Unión de Armas, era un proyecto según el cual todos los reinos, estados y señoríos que pertenecían a la Monarquía Hispánica debían dar soldados y dinero a la Corona, siendo proporcionales a la población de cada región. Su proyecto pretendía que cada provincia de la monarquía aportara un contingente de soldados y fondos proporcional a sus recursos para sostener los esfuerzos defensivos del Imperio. No obstante, las Cortes Catalanas se opusieron rotundamente a esta exigencia tributaria, alegando que violaba de forma directa sus leyes fundamentales (las Constitucions). Con la entrada formal de Francia en la  Guerra de los Treinta Años en 1635, la situación de la provincia empeoró drásticamente: Cataluña se convirtió en el principal frente militar del conflicto, forzando al alojamiento de decenas de miles de soldados de los Tercios reales en las humildes poblaciones rurales catalanas.


El antecedente del conflicto fue el malestar social y económico provocado por la presencia de tropas reales en territorio catalán. Estas fuerzas, enviadas para luchar contra Francia, debían sostenerse gracias a contribuciones y alojamientos impuestos a la población local, lo que ocasionó un fuerte rechazo. Los campesinos, conocidos como segadores, se sintieron doblemente oprimidos por la acumulación de agravios, abusos, saqueos e incendios cometidos por los soldados de los Tercios sobre el campesinado rural catalán generó un clima de indignación insostenible. El detonante definitivo se materializó el 7 de junio de 1640, festividad del Corpus Christi, un acontecimiento recordado universalmente en la historiografía catalana como el Corpus de Sangre y que constituyó el verdadero motor de la revolta dels segadors. Centenas de trabajadores agrícolas temporales (los segadors), provistos de sus tradicionales hoces de siega, se adentraron en las calles de Barcelona para alquilar su mano de obra. Estos comenzaron a enfrentarse con las autoridades reales y con los soldados que se encontraban en la zona. Lo que comenzó como una protesta espontánea contra los abusos militares pronto derivó en una revuelta violenta. El ataque se centra en los funcionarios castellanos, y acaba con la muerte del virrey de Cataluña, Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, quien era un fiel servidor del Conde-Duque de Olivares. La revuelta terminó con 20 muertos, la mayoría funcionarios reales, lo cual fue una de las causas de la ruptura total entre Cataluña y la Corona. Esta revuelta, llamada Corpus de Sangre, dio inicio la Guerra dels Segadors. Durante el verano de 1640 fue extendiéndose la revuelta social por otras zonas de Cataluña, asesinándose a todo aquel que representase algún poder: funcionarios reales, soldados, nobles o simplemente ricos.

El conflicto no fue solo una guerra entre España y Cataluña, ya que la participación de Francia fue vital para la duración del conflicto. La intervención francesa transformó lo que había comenzado como un levantamiento popular en un conflicto de carácter internacional.

Tras las revueltas, la oligarquía catalana fue incapaz de detener la revolución social, en la cual los campesinos atacaron las clases más ricas.. En esta situación los gobernadores de Cataluña pidieron ayuda al rey Luis XIII de Francia, enemigo de la Corona Hispánica, para detener las revueltas mientras al mismo tiempo el Conde-Duque de Olivares formaba un ejército para recuperar la región.

Cataluña pagó a Francia para que esta mandara hombres, al mismo tiempo que el ejército española avanzaba, conquistando ciudades importantes de Cataluña. Poco más tarde Luis XIII fue elegido como Conde de Barcelona, y defendió a Cataluña del ataque del ejército español. El ejército de Felipe IV se marchó, tardando 10 años en volver a intentar recuperar la región.

Batallas como la de Montjuïc, en 1641, fueron decisivas para contener los intentos iniciales del ejército castellano de recuperar el control. Sin embargo, la guerra se prolongó, y el desgaste fue enorme tanto para la población catalana como para las arcas francesas y españolas. Francia conquistó el Rosellón, Lleida y Monzón, pero estas dos últimas tardaron poco tiempo en ser recuperadas por España. Poco a poco el interés francés por Cataluña fue decreciendo, y eso fue aprovechado por Felipe IV para recuperar la zona. En 1652, las tropas de Felipe IV lograron entrar en Barcelona, poniendo fin de manera efectiva a la rebelión. Tras la toma de Cataluña, Felipe IV firmó obediencia ante las leyes catalanas y dio así fin la Guerra dels Segadors, aunque no pudo impedir que Francia se quedará con el Rosellón.





LA GUERRA DE RESTAURACIÓN PORTUGUESA

La Guerra de Restauración Portuguesa (en portugués: Guerra da Restauração), que se desarrolló entre 1640 y 1668, constituye uno de los episodios más relevantes de la historia de Portugal y de la península ibérica. Fue un enfrentamiento armado entre el Reino de Portugal y el Reino de España. El conflicto comienza el 1 de diciembre de 1640 con el levantamiento a favor de la Restauración de la Independencia de Portugal y termina con victoria portuguesa poniendo final a la monarquía dual existente en la península ibérica de los Habsburgo iniciada en 1580. Este conflicto bélico se originó como consecuencia directa de la Unión Ibérica, un periodo en el cual la corona portuguesa había pasado a estar bajo el dominio de los reyes de España, específicamente desde 1580 hasta 1640. Durante esas décadas, el reino portugués perdió buena parte de su autonomía política y de su capacidad de decidir sobre sus propios asuntos, lo que generó un malestar creciente entre la nobleza, los comerciantes y el pueblo.

El período de 1640 a 1668 se caracterizó por enfrentamientos periódicos entre Portugal y España, tanto pequeñas contiendas como graves conflictos armados, de los cuales muchos de ellos fueron ocasionados por conflictos de España y Portugal con potencias no ibéricas. España participó en la Guerra de los Treinta Años hasta 1648 y en la guerra franco-española hasta 1659, mientras que Portugal participó en la guerra luso-neerlandesa hasta 1663.


El conflicto no fue únicamente una disputa dinástica entre dos casas reales, sino que también reflejó intereses económicos, sociales y estratégicos de gran alcance. España, bajo los Habsburgo, se encontraba en una situación crítica: su imperio se hallaba en declive, comprometido en múltiples guerras como la Guerra de los Treinta Años y la revuelta de Cataluña (la llamada Guerra de los Segadores). Esto debilitó la capacidad militar de la monarquía hispánica para sofocar el levantamiento portugués. Por su parte, Portugal contaba con un elemento clave: el apoyo de potencias europeas interesadas en debilitar a España, como Inglaterra, Francia y los Países Bajos.

Todo comenzó en 1580, cuando el rey portugués Sebastián I murió en la Batalla de Alcácer Quibir sin dejar descendencia directa. Su sucesión quedó disputada entre varios pretendientes, pero finalmente el rey Felipe II de España, también conocido como Felipe I de Portugal, reclamó el trono portugués a través de su abuela paterna, la reina portuguesa Catalina de Braganza. De esta manera, se estableció la Unión Ibérica en 1580, una unión dinástica entre España y Portugal bajo un mismo monarca, pero conservando ambas coronas y administraciones separadas.


El despótico gobierno de Miguel de Vasconcelos y Diego Suárez, secretarios de Estado de la virreina Margarita de Saboya, y ciertos agravios y exacciones violentas, fueron la chispa que hizo explotar a los rebeldes. La mañana del 1 de diciembre de 1640, la neblina sobre el Tajo no presagiaba el terremoto político que estaba a punto de sacudir los cimientos de la Monarquía Hispánica. En el Palacio Real de Lisboa, un grupo de nobles decididos, hartos de seis décadas de lo que consideraban una ocupación extranjera, se disponía a ejecutar uno de los golpes de Estado más limpios y trascendentales de la historia europea. La ejecución del golpe fue quirúrgica. Al grito de "Libertad y viva el Rey Don Juan", los conjurados asaltaron el palacio de Lisboa. Miguel de Vasconcelos, el odiado secretario de Estado que representaba los intereses de Olivares, fue encontrado escondido en un armario y defenestrado (arrojado por la ventana) hacia la multitud. La virreina, Margarita de Saboya, fue escoltada a la frontera. El 15 de diciembre de 1640, el Duque de Braganza fue coronado como Ju an IV de Portugal. La rebelión encontró un amplio apoyo popular y rápidamente se extendió por todo el país. La confirmación del triunfo del alzamiento llegó a Madrid el 7 de diciembre de 1640, y en la corte se prohibió, bajo pena de vida, que se hablase del asunto. España no pudo reaccionar de inmediato. Con frentes abiertos en Francia, los Países Bajos, Italia y Cataluña, el ejército español estaba exhausto. Esta parálisis inicial permitió a Juan IV organizar lo que sería una  defensa numantina. Pero el mecanismo de la guerra se puso en marcha. El conde-duque de Olivares, valido del rey Felipe IV de España, alegando desear constituir una junta de personas notables, llama a Madrid a los hidalgos de más alto nivel. Rápidas operaciones militares dirigidas por el anciano duque de Alba por tierra y por el Marqués de Santa Cruz, D. Álvaro de Bazán, por mar, fueron la respuesta de la corona española a tal desafío. Por el norte tuvo especial importancia la compañía que capitaneaba D. Fernando de Castro, Conde de Lemos. Los Habsburgo bautizaron a Juan IV como «El Tirano», mostrándolo en su propaganda como a un traidor.

La Guerra de Restauración no se caracterizó por grandes batallas continuas, sino por una serie de enfrentamientos fronterizos en la región de Alentejo y en el norte de Portugal, acompañados de escaramuzas, incursiones y una fuerte guerra diplomática. Uno de los primeros enfrentamientos importantes en el conflicto independentista portugués fue la Batalla de Montijo, en 1644, donde las fuerzas portuguesas, dirigidas por Matías de Albuquerque, lograron una victoria significativa sobre las tropas españolas comandadas por el Marqués de Torrecuso. El frente se mantuvo estático y, por parte española, fundamentalmente a la defensiva hasta 1660, dada la prioridad que la corte madrileña otorgó a sofocar la Sublevación de Cataluña.

Esta guerra se prolongó durante veintiocho años y tuvo altos y bajos para ambos lados. A pesar de las dificultades, Portugal finalmente logró su objetivo de independencia con la firma del Tratado de Lisboa en 1668, que reconoció formalmente a Portugal como un reino independiente y soberano bajo Juan IV y sus sucesores, marcando el final de la dominación hispánica en el país. Esta guerra no solo fue una lucha por la soberanía, sino también una reafirmación de la identidad nacional portuguesa, que sobrevivió en un contexto europeo plagado de tensiones, rivalidades y cambios geopolíticos profundos. La guerra estableció la casa de Braganza como nueva dinastía reinante de Portugal, en sustitución de la Casa de Habsburgo. Esto puso fin a la llamada Unión Ibérica.




LA REVOLUCIÓN INGLESA

Se denomina Revolución inglesa (Guerra Civil inglesa), a la etapa de la historia de Gran Bretaña comprendida entre 1642 y 1688. Se extiende desde los últimos años del reinado de Carlos I hasta la Revolución Gloriosa, que puso fin al gobierno de Jacobo II de la dinastía de los Estuardo, pasando por el período republicano y el Protectorado de Oliver Cromwell. Serie de enfrentamientos armados entre los partidarios de la monarquía absoluta y los integrantes del Parlamento, que pretendían limitar el poder real. Fue uno de los conflictos más importantes de la historia de Inglaterra y tuvo repercusiones políticas, sociales y religiosas que perduraron mucho después de que los combates cesaran. Se trató de un enfrentamiento entre el rey Carlos I y el Parlamento, con divisiones profundas que afectaron tanto a la monarquía como a la estructura social del país. A pesar de ser catalogada como una guerra civil, también incluyó conflictos que involucraron a Escocia e Irlanda, lo que la convirtió en una serie de guerras en las Islas Británicas. Este conflicto no solo transformó la relación entre el rey y el Parlamento, sino que también dejó una huella duradera en la configuración de las futuras monarquías constitucionales.


En 1603 falleció la reina Isabel I de Inglaterra  y el trono fue ocupado por Jacobo I (desde 1603 hasta 1625). Fue el Primer Rey ingles de la familia Real Estuardo. El Rey Jacobo I, tuvo grandes conflictos con el parlamento, debido a que Jacobo creía en el derecho divino de los reyes a ejercer el poder e ignoraba los derechos del parlamento inglés, lo cual provoco intensos conflictos entre ambos poderes. En 1625, Carlos el hijo de Jacobo, ocupo el trono inglés como Carlos I. Este Rey compartía la creencia de su padre sobre el derecho divino de los reyes y también tuvo graves conflictos con el parlamento y además genero descontento religioso entre la población del reino. La Guerra Civil Inglesa tuvo sus raíces en varias causas, siendo una de las principales la tensión entre la monarquía y el Parlamento. Carlos I, como su padre, creía en el derecho divino de los reyes, es decir, que su autoridad provenía de Dios y no debía ser limitada por ninguna institución terrenal. Esta visión absolutista chocó con la creciente demanda del Parlamento de tener mayor control sobre la toma de decisiones, especialmente en asuntos fiscales y militares. Los constantes enfrentamientos sobre impuestos y el derecho del rey a gobernar sin la aprobación del Parlamento fueron encendiendo las tensiones.

Se trató de un enfrentamiento entre la Corona inglesa, apoyada por los partidarios del absolutismo, y el Parlamento, que trataba de ponerle límites al poder monárquico. La Revolución inglesa comprende las siguientes fases o etapas.

La primera guerra civil inglesa (1642-1646).


Derrota de la Monarquía. Escapa el rey Carlos I. Se desencadenó debido a los intentos del rey Carlos I de imponer un estilo de gobierno absolutista y de restaurar la liturgia católica. Enfrentó al rey y sus partidarios contra de la mayoría de los parlamentarios, que profesaban el protestantismo. La guerra fue ganada por estos últimos, que encarcelaron al rey y lo privaron del derecho a disolver el Parlamento. Oliver Cromwell a partir de 1642 lideró la rebelión del Parlamento contra el rey Carlos I. Comandó el Nuevo Ejército Modelo, venció a los partidarios del absolutismo.

La batalla de Marston Moor tuvo lugar el 2 de julio de 1644. Fue la principal batalla de la Primera revolución inglesa y una de las más decisivas, que enfrentó al ejército de la Monarquía de Carlos I de Inglaterra contra las tropas del Parlamento británico. La victoria fue de los parlamentarios y, como consecuencia, el rey Carlos I perdió el norte de Inglaterra.

La batalla de Naseby es la batalla clave de la primera guerra civil inglesa. El 14 de junio de 1645, el principal ejército del rey Carlos I fue destruido por el Nuevo Ejército Modelo parlamentario, al mando de sir Thomas Fairfax y Oliver Cromwell.

La segunda guerra civil inglesa (febrero-agosto de 1648).

Es ajusticiado el Rey Carlos I. Protectorado inglés de Oliver Cromwell. Republica de la mancomunidad. Comenzó cuando el rey escapó de su prisión y se alió con los escoceses, que fueron vencidos por un ejército dirigido por uno de los líderes de los parlamentarios, Oliver Cromwell. Se produjo entonces un conflicto entre algunos nobles del Parlamento, que deseaban negociar con el rey, y Cromwell, que impulsó el enjuiciamiento del monarca por alta traición. La postura de Cromwell se impuso, por lo que Carlos I fue condenado a muerte y decapitado el 30 de enero de 1649. La monarquía fue abolida y se adoptó un sistema republicano, que representó las aspiraciones de una burguesía que impuso su moralidad puritana y su idea de que el beneficio individual era beneficioso para la sociedad.


La Batalla de Winwick se libró el 19 de agosto de 1648 cerca del pueblo de Winwick, en Lancashire, entre parte de un ejército realista bajo el mando del general William Baillie y un ejército parlamentario comandado por Oliver Cromwell. Los realistas fueron derrotados y todos los que participaron en los combates, toda la infantería de su ejército, fue asesinada o capturada.

La tercera guerra civil inglesa (1650-1651).

Restauración de la Monarquía. El Rey Carlos II y su sucesor (Hermano) Jacobo II (o guerra anglo-escocesa). Enfrentó a los republicanos, liderados por Cromwell, contra los realistas irlandeses y escoceses, que apoyaban las aspiraciones de Carlos II, hijo del rey decapitado, de ascender al trono. Finalizó con la victoria de los republicanos y la pacificación de Irlanda y Escocia, tras la promesa de los emisarios de Cromwell de que se respetarían las vidas y las propiedades de los partidarios del absolutismo. Montrose, uno de los más nobles realistas fue derrotado el 27 de abril en la batalla de Carbisdale, y el 4 de mayo fue apresado por sus enemigos.

La primera batalla de Dunbar fue un enfrentamiento militar librado en el contexto de la tercera guerra civil inglesa el 3 de septiembre de 1650 entre las fuerzas parlamentarias mandadas por Oliver Cromwell y el ejército escocés dirigido por David Leslie, leal al rey Carlos II, quien fue proclamado rey de Escocia el 5 de febrero de 1649. Terminó con la victoria de las primeras.

Protectorado de los Cromwell (1652-59)

Oliver Cromwell fue nombrado Lord Protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda en diciembre de 1653, por lo que se convirtió en el jefe del estado militar conocido como la República de la Mancomunidad("Commonwealth"). Luego de vencer a los monárquicos, Cromwell suprimió la Cámara de los Lores, que estaba integrada por la alta nobleza y el clero. Así, su gobierno se transformó en una dictadura, que se apoyó en el ejército y en la Cámara de los Comunes, que representaba a la gentry, formada por la baja nobleza y la burguesía. Cromwell realizo un intenso trabajo de control y pacificación, en especial sobre Irlanda y Escocia. Ejerció una rígida dictadura de corte puritano, que logro mantener al país en paz. Sus medidas más importantes fueron la tolerancia hacia los judíos, que pudieron regresar a Inglaterra en 1655, y la sanción de las Actas de Navegación. Estas leyes establecieron que el tráfico mercantil entre Inglaterra y sus colonias debía realizarse en buques ingleses y a cargo de comerciantes locales. En 1657, Cromwell aceptó la potestad ofrecida por los Comunes de nombrar a su sucesor, pero declinó el título de rey y solo conservó el de Lord Protector. El carácter autoritario del gobierno de Cromwell, provoco que la república de la mancomunidad llegara a ser impopular y muchos desearan la moderación y la tradición de la antigua monarquía. Luego de su muerte, en 1658, asumió su hijo Richard, quien no tenía el mismo carisma que su padre y luego de un breve mandato fue obligado a renunciar al poder.

La Restauración (1660-88)


Luego de la renuncia de Richard Cromwell, en 1659, se reunió el Parlamento y coronó a Carlos II. Así se restableció la monarquía y los Estuardo recuperaron el poder. El reinado de Carlos II fue una etapa de relativa tranquilidad solo perturbada por la conversión al catolicismo de su hermano, Jacobo. En 1673, el Parlamento, dominado por los anglicanos, aprobó el Acta de Prueba, por la que los católicos quedaban inhabilitados para ejercer cargos públicos. En 1679, la Cámara de los Comunes quiso excluir a Jacobo de la sucesión real, pero sin éxito, por lo que tras la muerte de Carlos II, ascendió al trono como Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia.

La Revolución de 1688 (Revolución Gloriosa o Incruenta).

Guillermo de Orange destrona a Jacobo II y surge la Monarquía Constitucional. La Revolución gloriosa de noviembre de 1688 vio cómo el protestante Guillermo de Orange, estatúder de las Provincias Unidas (1650-1702) invadió Inglaterra y tomó el trono del católico Jacobo II de Inglaterra (que reinó de 1685 a 1688). No hubo batallas, y Guillermo fue invitado por el Parlamento a convertirse en rey y gobernar conjuntamente con su esposa, la reina María II de Inglaterra (que reinó de 1689 a 1694), hija de Jacobo II. La política a favor del catolicismo y el gobierno autoritario de Jacobo II habían sellado su destino, y a partir de entonces vivió en el exilio en Francia. Mientras tanto, Guillermo y María gobernaron con los poderes de la monarquía reducidos y los del Parlamento potenciados, como parte de un nuevo sistema de gobierno conocido como monarquía constitucional, el sistema que todavía se ve hoy en el Reino Unido.




LA GUERRA DE LOS NUEVE AÑOS

La Guerra de los Nueve Años, también conocida como la Guerra de la Liga de Augsburgo o la Guerra de la Gran Alianza, fue un gran conflicto en Europa entre 1688 y 1697. En esta guerra, Francia se enfrentó a una alianza de países llamada la Liga de Augsburgo, que más tarde se conoció como la Gran Alianza cuando Inglaterra se unió en 1689. Esta alianza estaba compuesta por varios estados y reinos importantes de Europa. Entre ellos estaban España, Austria, Baviera, Brandeburgo, el Sacro Imperio Romano Germánico, Inglaterra, el Palatinado, Portugal, Sajonia, Suecia y las Provincias Unidas. La Liga de Augsburgo fue creada oficialmente por el Emperador Leopoldo I. Su principal objetivo era defender una región llamada el Palatinado. Esta zona estaba siendo presionada por Francia.


El enfrentamiento tuvo como protagonista central a Luis XIV de Francia, el monarca más poderoso del continente, y a un bloque de naciones que buscaban frenar su creciente hegemonía. En este bloque se encontraban el Sacro Imperio Romano Germánico, Inglaterra, España, las Provincias Unidas de los Países Bajos, Saboya y otros aliados. Fue, en esencia, una guerra europea que también tuvo repercusiones coloniales en América y Asia, lo que muestra cómo el conflicto no se limitó a la política interna del continente, sino que trascendió a una escala global.

Aunque la mayor parte de la guerra ocurrió en Europa, también hubo batallas en las colonias de América, India y África Occidental. Algunos conflictos relacionados incluyen la Guerra Guillermita de Irlanda y la Guerra del rey Guillermo en América del Norte. Esta última fue una lucha entre Inglaterra y Francia por el control de sus colonias en ese continente. El objetivo principal de la guerra era detener la expansión de Francia en la región del Rin. Además, Guillermo III de Orange, el nuevo rey de Inglaterra, quería evitar que Francia ayudara a Jacobo II de Inglaterra a recuperar el trono inglés, del que había sido destronado en la Revolución Gloriosa. La guerra terminó con la firma del Tratado de Ryswick.


Después de la guerra franco-neerlandesa (1672-1678), Luis XIV de Francia se había convertido en el rey más poderoso de Europa. Él quería expandir las fronteras de Francia y hacerlas más seguras. Luis XIV utilizó como pretexto la defensa de los derechos dinásticos de su cuñada Isabel Carlota, pero en realidad buscaba fortalecer sus posiciones en el Rin. Esta acción encendió la alarma en toda Europa y precipitó el inicio de la guerra. Dos líderes importantes se opusieron a Luis XIV: Guillermo III de Orange, de las Provincias Unidas de los Países Bajos, y el emperador Leopoldo I del Sacro Imperio Romano Germánico. Ambos querían detener a Francia, pero al principio no podían hacerlo porque algunos países alemanes estaban del lado de Francia.

La guerra comenzó con la invasión por parte de los franceses del Palatinado en 1688. Dicha invasión era el resultado de las reclamaciones territoriales hechas por Luis XIV en el nombre de la Duquesa de Orleans, su cuñada. El ataque produjo la unión de los príncipes alemanes con el Emperador, el cual, sin embargo, todavía estaba envuelto en una guerra con el Imperio otomano. Inglaterra declaró la guerra a Francia en mayo de 1689, uniéndose así a la Liga, la cual pasó a llamarse Gran Alianza.

Esta guerra fue larga y desgastante, con campañas militares devastadoras, asedios prolongados y un enorme costo humano y económico. El desarrollo militar de la Guerra de los Nueve Años estuvo marcado por un alto grado de devastación y por la participación de múltiples frentes. Francia, aunque poderosa y con un ejército disciplinado, debía enfrentarse a una coalición internacional. El teatro principal de operaciones fue el Rin y el Palatinado, pero los enfrentamientos también se extendieron a Flandes, Italia, Cataluña, Irlanda y los mares del Atlántico. Uno de los primeros episodios impactantes fue la quema del Palatinado en 1689, cuando las tropas francesas aplicaron una política de tierra arrasada para evitar que el enemigo pudiera abastecerse. Ciudades enteras como Heidelberg y Mannheim fueron destruidas, dejando una huella de horror que alimentó el odio hacia Francia. Mientras tanto, en los Países Bajos, Guillermo III de Orange organizaba la defensa contra el poderío francés. Las batallas más importantes se dieron en Flandes, región estratégica para el comercio y la política europea. Allí se enfrentaron los ejércitos de Luis XIV contra la coalición dirigida por Guillermo III y sus aliados. Aunque Francia logró algunas victorias significativas, como la batalla de Fleurus en 1690, no consiguió derrotar decisivamente a sus enemigos. El conflicto fue una serie de asedios, movimientos defensivos y escaramuzas que mostraban la dificultad de obtener un triunfo absoluto. En Italia, el Ducado de Saboya cambió de bando durante la guerra, lo que complicó las estrategias francesas. En Cataluña, la frontera pirenaica fue escenario de combates entre tropas españolas y francesas, que reflejaban la importancia de la península ibérica en la guerra. En el mar, la marina francesa logró algunas victorias iniciales, como la batalla de Beachy Head en 1690, pero poco a poco la superioridad naval pasó a manos de Inglaterra y las Provincias Unidas. Este dominio marítimo permitió a los aliados controlar el comercio y debilitar la economía francesa. En América del Norte, el enfrentamiento es conocido como la Guerra del Rey Guillermo, ya que coincidió con la subida al trono de Guillermo III en Inglaterra. Colonos ingleses y franceses, junto con sus aliados indígenas, libraron intensos combates en la frontera de Nueva Francia (actual Canadá) y Nueva Inglaterra.

El desenlace de la Guerra de los Nueve Años llegó en 1697 con la firma del Tratado de Ryswick, en la ciudad neerlandesa de Rijswijk. Tras casi una década de enfrentamientos, tanto Francia como sus enemigos estaban exhaustos y deseaban poner fin a una guerra que se había vuelto insostenible. El tratado estableció que Luis XIV reconocía a Guillermo III como rey legítimo de Inglaterra. Francia devolvió la mayoría de los territorios que había conquistado, aunque retuvo Estrasburgo y algunas posiciones en Alsacia. España recuperó Cataluña y Luxemburgo, mientras que el Palatinado fue restaurado, aunque no se repararon las destrucciones sufridas.



LAS GUERRAS ANGLO-NEERLANDESAS

Las guerras anglo-neerlandesas fueron una serie de conflictos navales armados de los siglos XVII y XVIII, entre el Reino de Inglaterra (Reino de Gran Bretaña) y las Provincias Unidas de los Países Bajos, con el objetivo de controlar las rutas comerciales marítimas. Son conocidas como las guerras neerlandesas (Dutch wars) en Inglaterra y como las guerras marítimas inglesas (Engelse Zeeoorlogen) en los Países Bajos. Tanto los británicos como los neerlandeses participaron en los conflictos religiosos europeos del siglo XVI entre la dinastía católica de los Habsburgo y los estados opuestos protestantes. Al mismo tiempo, al iniciarse la Era de los Descubrimientos, tanto neerlandeses como ingleses buscaron beneficios en el extranjero, en el Nuevo Mundo.

La primera guerra anglo-neerlandesa entre 1652 y 1654;

La primera guerra anglo-neerlandesa fue un conflicto armado entre Inglaterra y las Provincias Unidas de los Países Bajos librado a mediados del siglo XVII. Por aquella época, los neerlandeses defendían la teoría del mare liberum, elaborada por su conciudadano Hugo Grocio, o sea el libre tránsito y comercio por todos los mares (excepto, naturalmente, los que bordeaban sus colonias). Los primeros enfrentamientos con la VOC fueron totalmente desfavorables para los ingleses, como asimismo los intentos de colaboración llevados a cabo de 1619 a 1623, que terminaron con la matanza de Amboina (27 de febrero de 1623), en la que nueve ingleses fueron ejecutados por presunta conspiración contra los holandeses. En el enfrentamiento entre Inglaterra y los Países Bajos, los barcos ingleses vencen en la mayor parte de los encuentros, y esto marca el comienzo de la decadencia neerlandesa. Los Países Bajos deben reconocer el «Acta de navegación» ante Inglaterra, en la paz de Westminster.

La Batalla del Gabbard fue un enfrentamiento naval librado del 2 al 3 de junio de 1653 durante la Primera Guerra Anglo-Holandesa. Tuvo lugar cerca del banco de los bancos de los Gabbard, frente a la costa de Suffolk, Inglaterra, entre flotas de la Mancomunidad de Inglaterra y la República Holandesa. Resultó en una importante victoria inglesa.

La batalla de Scheveningen fue la última batalla naval de la Primera Guerra Anglo-Holandesa. Tuvo lugar el 31 de julio de 1653[b] entre las flotas de la Commonwealth de Inglaterra y la República Holandesa.

La segunda guerra anglo-neerlandesa entre 1665 y 1667;

La segunda guerra anglo-neerlandesa fue una guerra entre Inglaterra y las Provincias Unidas de los Países Bajos que comenzó el 4 de marzo de 1665 y concluyó con la firma del Tratado de Breda el 31 de julio de 1667. Las dos potencias marítimas continuaron chocando en los mismos mares que en el anterior conflicto. Fue un conflicto desarrollado mediante una serie de guerras navales entre Inglaterra y la República Holandesa, impulsadas en gran medida por disputas comerciales. A pesar de varias batallas importantes, ninguno de los dos bandos logró obtener una victoria decisiva y, a finales de 1666, la guerra había llegado a un punto muerto. Las conversaciones de paz avanzaron poco hasta que la incursión holandesa en el río Medway en junio de 1667 obligó a Carlos II de Inglaterra a aceptar el Tratado de Breda.


El ataque de Medway, también llamado batalla de Medway o batalla de Chatham, fue un exitoso ataque holandés contra los barcos más grandes que tenía la Marina Real británica anclados en su base principal de Chatham y Gillingham en el condado de Kent entre el 6 y 14 de junio de 1667. Los holandeses, bajo el mando nominal de Willem Joseph van Ghent y el teniente almirante Michiel de Ruyter, durante varios días bombardearon y capturaron la ciudad de Sheerness, navegaron por el estuario del Támesis hasta Gravesend, luego navegaron por el río Medway hasta Chatham y Gillingham, donde atacaron fortificaciones con fuego de cañón, quemaron o capturaron tres buques capitales y diez barcos de línea más, y capturaron y remolcaron el buque insignia de la flota inglesa, el HMS Royal Charles.

La tercera guerra anglo-neerlandesa entre 1672 y 1674.

La tercera guerra anglo-neerlandesa fue el conflicto armado entre Inglaterra y las Provincias Unidas de los Países Bajos que duró de 1672 a 1674 y formó parte de la guerra franco-neerlandesa. La Armada Real de Inglaterra se unió a Francia en su ataque a la República, pero no tuvo éxito en sus intentos por bloquear la costa neerlandesa debido a cuatro victorias estratégicas por parte del almirante Michiel de Ruyter. Asimismo, fracasó un intento en convertir a las Provincias Unidas de los Países Bajos en un protectorado inglés. El Parlamento, temeroso de que la alianza con Francia fuera parte de un complot para convertir a Inglaterra al catolicismo, forzó al rey a abandonar la costosa e infructuosa guerra.

La Batalla del Texel fue un enfrentamiento naval librado el 21 de agosto de 1673 durante la Guerra de los Países Bajos entre la flota anglo-francesa y la marina de la República de las Provincias Unidas. Dos meses después de las batallas de Schooneveltd y Walcheren (14 de junio), las flotas enemigas se encontraron de nuevo frente a la costa de las Provincias Unidas. A pesar de su superioridad numérica, los Aliados sufrieron otra derrota a manos de la flota del almirante Michiel de Ruyter.

La cuarta guerra anglo-neerlandesa entre 1780 y 1784.

La cuarta guerra anglo-neerlandesa fue un conflicto entre el Reino de Gran Bretaña y las Provincias Unidas de los Países Bajos que duró de 1780 al 20 de mayo de 1784. La guerra, tangencialmente relacionada con la de Independencia de los Estados Unidos, estalló por desacuerdos entre los británicos y los neerlandeses sobre la legalidad y conducción del comercio neerlandés con los enemigos de Gran Bretaña en esa guerra. La mayor parte de la guerra consistió en una serie de operaciones británicas muy exitosas contra los intereses económicos coloniales neerlandeses, aunque las fuerzas navales británicas y neerlandesas también se enfrentaron una vez en el Banco Dogger, en la costa neerlandesa. La guerra terminó en fracaso para los neerlandeses y expuso la debilidad de las bases políticas y económicas de la República.

La batalla del Banco Dogger acaeció el 5 de agosto de 1781, en el marco de la cuarta guerra anglo-neerlandesa y la guerra de Independencia de los Estados Unidos. Fue una sangrienta acción de guerra entre buques británicos bajo el mando del vicealmirante Sir Hyde Parker y un escuadrón neerlandés comandado por el vicealmirante Johan Zoutman. El número de bajas fue elevado y supuso una victoria estratégica británica. Los holandeses, aunque celebraron la batalla como una victoria, no volvieron a sacar su Armada de puerto durante toda la guerra, y vieron su comercio naval seriamente dañado.




LA GUERRA  ANGLO-ESPAÑOLA (1655-1660)

La guerra anglo-española de 1655-1660 fue un conflicto bélico librado entre la Commonwealth de Inglaterra bajo El Protectorado de Oliver Cromwell y España bajo el reinado de Felipe IV, motivado por la rivalidad comercial entre ambos países en las Indias Occidentales. El detonante de esta guerra fue el Designio Occidental elaborado por Oliver Cromwell. Los privilegios de exclusividad que España mantenía sobre el comercio y la navegación en las Indias desde la época de su descubrimiento, y los ataques a los navíos contrabandistas ingleses en la zona, considerados como contrabandistas por las autoridades españolas, fueron considerados por Inglaterra como injustos y contrarios a su propia libertad comercial.


Fue causado por rivalidades comerciales. Cada bando atacó los intereses comerciales y coloniales del otro de diversas formas, como corsarios y expediciones navales. En 1655, una expedición anfibia inglesa invadió territorio español en el Caribe. En 1657, Inglaterra formó una alianza con Francia, fusionando la guerra anglo-española con la guerra franco-española más amplia, lo que resultó en importantes acciones terrestres que tuvieron lugar en los Países Bajos españoles.

Aunque la guerra terminó después de la Restauración del rey Carlos II de Inglaterra en 1660, las tensiones en el Caribe mantuvieron el conflicto de forma intermitente durante más de diez años. La guerra terminó oficialmente con dos tratados de paz que se firmaron en Madrid en 1667 y 1670.

Conquista inglesa de Jamaica (1655).

Jamaica fue el casus belli que resultó en la actual Guerra Anglo-Española en 1655. Debilitada por la fiebre, la fuerza inglesa navegó hacia el oeste hacia la Colonia de Santiago (actualmente Jamaica), la única isla de las Antillas españolas que no contó con nuevas obras defensivas. Desembarcaron en mayo de 1655 en un lugar llamado Santiago de la Vega, hoy Spanish Town. Vinieron y se quedaron ante una prolongada resistencia local que fue reforzada por tropas enviadas desde España y Nueva España (México). En 1657, el gobernador inglés invitó a los bucaneros a establecer su base en Port Royal en Santiago, para disuadir a los españoles de recuperar la isla. Para Inglaterra, Jamaica iba a ser el “puñal apuntado al corazón del Imperio español”, aunque en realidad era una posesión de poco valor entonces. Las nuevas tropas españolas, que zarparon de Cuba, perdieron la batalla de Ocho Ríos en 1657 y la batalla de Río Nuevo en 1658, fracasando en sus intentos de retomar Jamaica. Sin embargo, el temor a otra invasión hizo que el gobernador inglés de Jamaica, Edward D'Oyley, sintiera que su nuevo deber era organizar la defensa de la isla contra los españoles. Utilizando la táctica de atacar en lugar de defender, envió a Christopher Myngs a atacar ciudades y bases coloniales españolas.


Batalla de Cádiz (9 de septiembre de 1656)

En 1656, durante el transcurso de la guerra que la Commonwealth inglesa bajo el gobierno de Oliver Cromwell había declarado a España el año anterior, la flota inglesa del vicealmirante Richard Stayner acechó y atacó la flota de Indias española, que regresaba de América bajo el mando de Juan de Hoyos. En el ataque, ocurrido frente a la costa de Cádiz, los ingleses hundieron dos naves españolas, y capturaron uno de los galeones, apoderándose de una cantidad de riquezas valoradas en dos millones de pesos. Las otras cuatro naves españolas consiguieron llegar a puerto.

Ataque naval a Santa Cruz de Tenerife (30 de abril de 1657)

La armada inglesa al mando del almirante Robert Blake y el contraalmirante Richard Stayner penetró en el puerto de la ciudad y atacó a la flota de Indias que el general Diego de Egües y su segundo José Centeno tenían allí amarrada tras haber llegado desde Veracruz y La Habana. En el transcurso del combate, que se prolongó durante todo el día, hubo 300 muertos en el bando español y resultaron destruidas ocho de las naves allí fondeadas, aunque la carga que transportaban, desembarcada antes de la batalla, logró mantenerse a salvo. Por la parte inglesa se reportaron 50 muertos y 120 heridos. Empujadas por un viento favorable, todas las naves inglesas consiguieron salir del puerto maltrechas.

Las hostilidades perdieron fuerza tras la muerte de Oliver Cromwell en 1658. Tras la paz hispano-francesa de 1659 y la restauración de la monarquía en Inglaterra en 1660, el nuevo rey inglés Carlos II firmó la paz con España, lo que no detuvo las hostilidades en las Indias en los años siguientes.




LA GRAN GUERRA DEL NORTE

Conflicto bélico entre el Imperio sueco y el Imperio ruso junto a sus respectivos aliados entre 1700 y 1721. Se desarrolló en el norte, centro y este de Europa. El siglo XVIII comenzó con un fuerte temblor político en el norte de Europa. Durante el siglo anterior, el imperio sueco se había consolidado como una de las grandes potencias del continente. A base de victorias militares frente a Dinamarca, Noruega, Rusia y Polonia, y gracias a su decisiva participación en la Guerra de los Treinta Años, Suecia había construido un auténtico imperio en torno al mar Báltico. Sus dominios se extendían por territorios estratégicos como Estonia, Livonia, Finlandia e incluso zonas del norte de Alemania. El control de estas regiones no solo le daba poder político, sino también el dominio de las rutas comerciales del Báltico, clave para la economía europea de la época. Después de conseguir sus objetivos Carlos XI de Suecia optó por una política neutral.


En el año 1697, accede al trono sueco el joven Carlos XII, trono de un imperio que chocaba con los intereses de Polonia, Rusia y Dinamarca. Pero en 1700, durante la regencia de Carlos XII —que entonces solo contaba con 14 años de edad—, sus enemigos crearon una alianza, cuyo primer movimiento fue atacar Riga y los territorios de Livonia.

El día 12 de febrero de 1700 comenzó la Gran Guerra del Norte, la lucha por la supremacía en el Mar Báltico. En  febrero de 1700, el ejército sajón invade la Livonia sueca; en marzo, son los daneses los que acceden a Gottorp y sitian Tønning. Carlos XII decide ocuparse primero de Dinamarca ya que acaba de firmar el Tratado de La Haya con Inglaterra y Holanda, principales potencias marítimas. El ejército sueco emprendió una campaña contra los daneses, mientras reforzaba las posiciones en la frontera con Noruega y preparaba la respuesta contra Sajonia. El Reino de Suecia combatió, al principio de esta contienda, contra una alianza formada por Dinamarca, Sajonia, Rusia y la Mancomunidad de Lituania y Polonia. A pesar de la inferioridad numérica, Suecia sorprendió al inicio del conflicto. Carlos XII demostró ser un brillante estratega militar, logrando importantes victorias frente a sus enemigos. Uno de los primeros episodios clave fue la batalla de Narva (1700), donde el ejército sueco derrotó de forma contundente a las fuerzas rusas.

Durante la primera década de la  guerra, Suecia logró mantener a raya a la coalición enemiga, consolidando la imagen de invencibilidad de su ejército. Carlos XII invade la isla de Zealand, por lo que Federico de Dinamarca firma la Paz de Tarvendal en agosto. Tras las campañas de los meses anteriores, Suecia consigue sacar de la guerra a Noruega y Dinamarca. En enero de 1702, Carlos XII de Suecia invade la Mancomunidad polaco-lituana y vence en Kliszow, consiguiendo que Estanislao Leszczynski sea proclamado rey en 1705.


Hasta 1709 las tropas de Carlos XII consiguieron mantener su hegemonía en los territorios bálticos y también en Polonia, pero todo cambió cuando el imperio ruso intervino con todo su potencial. La Batalla de Poltava (1709) fue un duro revés para los suecos que acumulaban una larga lista de victorias contra daneses, sajones y polacos. El zar Pedro I consiguió con esta victoria cambiar el curso de la Gran Guerra del Norte.

Tras numerosas batallas y altercados, Carlos queda atrapado en Turquía por una plaga desde 1709 hasta 1714, acontecimiento que Federico de Dinamarca y Augusto de Polonia aprovechan para retomar sus puestos en la guerra. Dinamarca aprovechó este momento para preparar un nuevo ataque, y en los años siguientes los enemigos de Suecia se multiplicaban: Prusia, Hanover, Ucrania y el imperio otomano —que al principio apoyó a Carlos XII pero luego se rebeló contra él— y Noruega se sumaron a la alianza. En la batalla de Helsinborg, en marzo de 1710, Suecia vence a los daneses.

El 11 de diciembre de 1718, Carlos XII de Suecia muere de un disparo al frente de la vanguardia sueca en el avance hacia Oslo, dejando el trono vacío y sin heredero, el cual será ocupado en 1720 por Federico de Hesse. En 1719, se firma la paz con Hannover y con Prusia; y, al año siguiente, con Dinamarca, aunque forzada por Gran Bretaña. La Gran Guerra del Norte finalizó con la derrota sueca, ratificada en el Tratado de Nystad, septiembre de 1721. El reino sueco no solo cedió diversos territorios, sino que perdió su hegemonía en el Mar Báltico a favor de Rusia, con la que luchó en diversas ocasiones a lo largo del siglo XVIII. Terminada la época conocida como “Era de Grandeza”, Suecia quedó excluida del nuevo orden continental dominado ahora por Gran Bretaña, Rusia, Francia, Austria y la incipiente Prusia. Nystadt convierte a Rusia en la sustituta de Suecia, convirtiéndose en la potencia hegemónica en el Báltico.




LA GUERRA TURCO-PERSA

La guerra turco-persa de 1730-1736 fue un conflicto militar entre las fuerzas del Imperio safávida y las del Imperio otomano entre 1730 y 1735/1736.  Durante el siglo XVI, el Imperio otomano y el Imperio safávida protagonizaron una de las rivalidades más intensas del mundo islámico, marcada por una serie de guerras por el control de regiones estratégicas.

En 1726 Nader, un caudillo de la tribu afshar, entró al servicio de Tahmasp II y fue nombrado gobernador general de la región del Jorasán. Nader aceptó el título de kan, como servidor de Tahmasp, como prueba de lealtad al shah safávida.En la primavera de 1730, Nader atacó a los otomanos y recuperó la  mayor parte del territorio que se había perdido durante el colapso del Imperio safávida en los últimos años de la década anterior. Durante 1729, Tahmasp uno de los últimos gobernantes de la Imperio safávida de Persia mantuvo el control en gran parte de su reino. Inmediatamente después de su imprudente campaña otomana de 1731 durante la guerra turco-persa de 1730-1736, fue depuesto por el futuro Nader Shah en 1732 en favor de su hijo, Abbas III; ambos fueron asesinados en Sabzevar en 1740 por el hijo mayor de Nader Shah, Reza-qoli Mirza.

Nader decidió que, mientras continuaba la guerra, podría recuperar el territorio de Armenia y Georgia si capturaba Bagdad y la ofrecía a cambio de las provincias perdidas, pero su plan fracasaría al ser derrotado su ejército por el general otomano Topal Osmán Paşa cerca de la ciudad en 1733. Se enfrentó nuevamente a Topal con un ejército más grande, derrotándole y matándole en la batalla de Kirkuk. Seguidamente asedió Ganyá en las provincias del norte, aliándose con el Imperio ruso por el tratado de Ganyá, firmado en marzo de 1735, por este los rusos se comprometían a retirar sus tropas del territorio persa. Nader obtendría así una victoria sobre las tropas otomanas, superiores en número, en Yeghvard, recuperando Armenia y Georgia para verano de 1735. El Imperio otomano fue incapaz de soportar la guerra en dos frentes, y a finales de 1735 comenzó unas negociaciones de paz separadas con Nader Kan. En 1736, como resultado de las mismas, se firmaba en Estambul un tratado de paz por el que se restablecía la frontera entre los persas y los otomanos de 1722.





LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA

La guerra de sucesión española es un conflicto internacional entre julio de 1701 y el 2 de julio de 1715 entre las dinastías europeas de los borbones y austriacos.  Tiene como causa fundamental la muerte sin descendencia de Carlos II de España, último rey de la Casa de Habsburgo. La guerra estalla cuando sube al trono español el francés Felipe de Borbón a la vez que el archiduque Carlos de Austria reclama sus derechos sucesorios en España. Por otra parte existía un interés de Gran Bretaña y los Países Bajos, enemigos de España, de repartirse los territorios españoles y derrotar a Francia. La guerra de Sucesión española (1701-1714) fue la primera de varias guerras importantes libradas entre las grandes potencias de Europa en el siglo XVIII.


El rey Carlos II de España era débil y enfermo, no tenía hijos y, evidentemente, se estaba muriendo. No estaba claro quién le sucedería. Para evitar este problema, Luis XIV de Francia y Guillermo III de Inglaterra se reunieron en secreto en septiembre de 1698 para discutir el futuro de la sucesión española. En lo que se conocería como el Primer Tratado de Partición, ambos acordaron apoyar a un candidato de compromiso, José Fernando de Baviera, cuya ascensión probablemente sería la menos destructiva para el equilibrio de poder. Sin embargo, José Fernando se murió menos de un año después, lo que obligó a Luis y Guillermo a volver a empezar desde cero. En junio de 1699, acordaron el Segundo Tratado de Partición, en el que decidieron, literalmente, dividir el Imperio español. El archiduque Carlos de Austria, descendiente de los Habsburgo, recibiría el propio Reino de España, mientras que el delfín francés obtendría las posesiones españolas de Nápoles, Sicilia y Milán.

Por supuesto, a la nobleza española no le gustó la idea de ver su imperio dividido y convenció al moribundo Carlos II de que nombrara a un único heredero en su testamento. Carlos, que murió en 1700 , sin descendencia, nombró sucesor a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y bisnieto de Felipe IV (predecesor de Carlos II en el trono de España). Felipe de Anjou fue coronado con el nombre de Felipe V, y así terminó el reinado de la dinastía de los Habsburgo en España, reemplazada por la dinastía de los Borbones. El ascenso al trono español de Felipe V, de la Casa de Borbón, representaba la hegemonía francesa y abría la posibilidad a la unión de España y Francia bajo un mismo monarca. Este peligro llevó a Inglaterra y los Países Bajos a apoyar al candidato austriaco, el archiduque Carlos, que era sustentado por los Habsburgo de Austria. El bando borbónico de España y la corona francesa quedaron enfrentados a las otras potencias europeas, que buscaban evitar que los Borbones concentraran poder y unificaran en el futuro los reinos de España y Francia bajo una sola corona. Estas potencias se aliaron a los austracistas españoles, que apoyaban al archiduque Carlos. De este modo, Inglaterra, los Países Bajos y el Sacro Imperio Romano-Germánico firmaron el Tratado de La Haya (1701), en el que acordaron enfrentar militarmente a los Borbones y realizar un reparto territorial de los territorios españoles. Así comenzó la guerra. Así pues, a principios de 1701, comenzaron a cernirse las nubes de la guerra cuando Inglaterra, la República Holandesa, el Sacro Imperio Romano Germánico, Prusia y las demás naciones de la Gran Alianza movilizaron sus ejércitos. Aunque en 1701 la guerra parecía un enfrentamiento franco-austriaco, pronto se transformó en un conflicto generalizado en el que se implicaron múltiples estados europeos. Inglaterra y las Provincias Unidas reforzaron sus alianzas, mientras que Francia y España consolidaron sus propios apoyos.

A Felipe V lo apoyaron, además de Francia y el bando borbónico en España, algunos Estados del Sacro Imperio Romano-Germánico (Colonia, Mantua y, hasta 1704, Baviera).

La pretensión del archiduque Carlos fue defendida por el bando austracista en España y por Austria, Prusia, Hannover, los Países Bajos, Inglaterra, Portugal y Saboya.

La guerra de sucesión española arrancó con el enfrentamiento entre las tropas austriacas al mando del príncipe Eugenio de Saboya y las tropas francesas lideradas por el mariscal Nicolas Catinat, algo que sucedió el 9 de julio de 1701 en la localidad italiana de Carpi d’Adige, situada en la provincia de Verona. El 15 de mayo de 1702, Inglaterra, la República Holandesa y el Sacro Imperio Romano Germánico le declararon simultáneamente la guerra a Francia. Mientras tanto, un ejército anglo-holandés bajo el mando supremo del general inglés John Churchill, duque de Marlborough marchó con su ejército multinacional hacia los Países Bajos españoles y tomó las fortificaciones clave de Venlo, Roermond y Stevensweert antes de poner fin a la campaña con la captura de Lieja. En Italia también estaban haciendo progresos, donde el ejército imperial del príncipe Eugenio se enfrentó a los franceses en la sangrienta batalla de Luzzara (15 de agosto de 1702). En la batalla de Ekeren (30 de junio de 1703), un ejército franco-español frenó a los aliados y Marlborough se vio obligado a abandonar toda esperanza de capturar Amberes. Batallas emblemáticas como Blenheim y Höchstädt (1704) o las campañas en el norte de Italia y Flandes demostraron que la guerra no era un episodio aislado, sino un teatro que redefiniría estrategias militares, diplomáticas y de poder en toda Europa. Los aliados obtuvieron una victoria decisiva sobre los franceses en la batalla de Ramillies (23 de mayo de 1706). El 7 de septiembre de 1706, los aliados atacaron a los franceses al sur de Turín, rompiendo sus líneas y obligándolos a retirarse. La batalla decisiva en el frente peninsular fue Almansa (25 de abril de 1707), en la que el general franco-borbónico James Fitz-James duque de Berwick, derrotó aplastantemente a las fuerzas austracistas del general inglés Galway. Tras la sangrienta batalla de Malplaquet (1 de septiembre 1709), Marlborough y el príncipe Eugenio querían invadir Francia y tomar París, pero una vez más sus aliados, más reacios al riego, se opusieron. En España, el archiduque Carlos llegó a ocupar Madrid dos veces (1706 y 1710), pero en ambas ocasiones la población castellana le fue abiertamente hostil. a Francia de Luis XIV, agotada militar y económicamente, parecía cerca de la derrota.

El punto de inflexión estratégico llegó en 1711, cuando el emperador austriaco José I murió sin descendencia y su hermano, el archiduque Carlos —candidato austracista al trono de España—, se convirtió automáticamente en emperador Carlos VI del Sacro Imperio. Inglaterra dio un giro brusco: inició negociaciones secretas con Francia y firmó la paz con Felipe V (la Paz de Utrecht de abril de 1713), abandonando al archiduque y a sus aliados catalanes.

A pesar de ello, la gran espiral de conflictos bélicos ocasionados por dicha contienda continuaría en territorio español debido a la negativa de Cataluña y Mallorca de aceptar la voluntad de Felipe V, ya que ello implicaba perder sus fueros e instituciones. Finalmente, la guerra de sucesión española terminaría con la toma borbónica de Mallorca y su posterior rendición el 2 de julio de 1715. Sin embargo, en términos políticos la guerra acabaría oficialmente con el Tratado de Viena de 1725, en el que Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico renunciaba de forma definitiva al trono de España.




LA GUERRA DE SUCESIÓN POLACA

La guerra de sucesión de Polonia en 1732 fue un conflicto bélico que tuvo lugar en el contexto de la disputa por el trono polaco. Tras la muerte del rey Augusto II de Polonia en 1733, se desató una lucha de poder entre diferentes potencias europeas que buscaban influir en la elección del nuevo monarca. En este escenario, Austria y Rusia se enfrentaron a Francia y España, quienes respaldaban a diferentes candidatos al trono polaco. Esta guerra, además de ser un conflicto político, también tuvo implicaciones territoriales y económicas para las potencias involucradas. Augusto III recibió durante estas luchas la ayuda del Imperio ruso y del Sacro Imperio Romano Germánico, con el archiducado de Austria y Sajonia especialmente (territorio del que además era soberano), mientras que Estanislao I fue apoyado por Francia, Baviera, el Ducado de Saboya, el Reino de Cerdeña y España.


La muerte de Augusto II, el 1 de febrero de 1733, precipitó los acontecimientos. Pronto quedaron destacados dos candidatos, Estanislao Leszczynsky, apoyado por Francia, y Augusto de Sajonia, hijo del anterior y casado con la sobrina del emperador, propuesto por Austria y Rusia después de reconsiderar su postura y la conveniencia de un nuevo rey sometido a sus criterios que restablecería su deteriorado prestigio. Con tales planteamientos, el problema alcanzó dimensiones internacionales y tanto Luis XV como la zarina Ana se enfrascaron en una lucha por la aceptación de su candidato en la Dieta. En esta guerra, Austria y Rusia se unieron para apoyar al candidato electo por la Dieta Polaca, el cual estaba respaldado por la facción pro-rusa, mientras que Francia y España respaldaron a un candidato rival. La elección del nuevo monarca polaco era de suma importancia para todas las partes involucradas, ya que Polonia era un país con una ubicación estratégica clave en Europa y su control permitiría a cada potencia expandir su influencia en la región.


El 10 de octubre de 1733, el rey Luis XV de Francia, constatando que no podía llegar en sus ataques a Rusia, decidió declarar la guerra contra el Sacro Imperio Romano Germánico, cuyo emperador era Carlos VI, el mismo que había disputado con Felipe V la corona de España. El escenario del conflicto fue múltiple, pero dos fueron los lugares que fueron escenarios de combates: la propia Polonia y la península italiana, aunque especialmente fue esta segunda la más afectada por los enfrentamientos bélicos.

El escenario de los primeros combates fue la propia Polonia, ya que Estanislao I se había refugiado en la ciudad costera de Gdansk (Danzig en alemán) el 22 de septiembre de 1733, en espera de recibir ayuda desde Francia por vía marítima, dando lugar así a la batalla conocida como Sitio de Danzig.

Francia lanza una ofensiva en Renania contra el Imperio. El asedio de Kehl (12-28 de octubre de 1733), fortaleza estratégica a orillas del Rin frente a Estrasburgo, se confía al mariscal de Berwick. Después de dos semanas de bombardeos metódicos, los austriacos capitulan.

La batalla de Bitonto 25 de mayo de 1734 es una victoria decisiva para las fuerzas franco-españolas en el sur de Italia. Bajo el mando de Villars, el ejército combinado ataca a las tropas austriacas que defienden la ciudad de Bitonto. Después de intensos combates, los austriacos son derrotados y obligados a retirarse, lo que permite a los Borbones consolidar su control sobre el Reino de Nápoles.

La batalla de Guastalla (19 de septiembre de 1734) es un importante enfrentamiento entre las fuerzas franco-sardinas y el ejército austríaco. Los combates tienen lugar en la llanura del Po, cerca de Guastalla. Después de varias horas de intensa lucha, las tropas francesas, apoyadas por sus aliados sardos, logran flanquear las líneas austríacas, infligiendo grandes pérdidas y obligando al enemigo a retirarse.

El asedio de Philippsburg es la principal operación de la campaña de 1734. Tras cruzar el Rin, el ejército francés rodea la fortaleza de Philippsburg, posición clave en la margen derecha. El asedio se lleva a cabo metódicamente pero dura más de dos meses. El mariscal de Berwick muere mientras inspeccionaba las trincheras. El asalto final se lanza bajo el mando del marqués de Asfeld y la plaza cae el 18 de julio.

, el ejército francés se encuentra con las fuerzas austriacas cerca de Parma. Los combates son feroces, especialmente en los alrededores del pueblo fortificado de San Pietro. La tenacidad de la infantería francesa y de la caballería sarda permite a los austriacos ser rechazados después de varias horas de lucha (29 de junio de 1734).

El asedio de Gaeta es una de las últimas grandes operaciones militares de la  Guerra de Sucesión Polaca. La fortaleza, en poder de los austriacos, está sitiada por las fuerzas franco-españolas al mando del mariscal de Villars. Después de una larga resistencia y varios intentos de salida, la guarnición finalmente capitula en agosto de 1735.

En octubre de 1735 se acordó una paz provisional, los Preliminares de Viena, que puso fin a las hostilidades, pero no ratificados hasta el 2 de mayo de 1738, en el tercer Tratado de Viena, por Francia, España, Gran Bretaña, Holanda, el emperador y Saboya. Se confirmaba a Augusto III en el trono polaco, ahora comprometido por anteriores promesas hechas a Austria, Rusia y la Santa Sede, como la renuncia a los derechos polacos sobre Livonia, el traspaso de Curlandia a Rusia, el juramento y respeto de las tradiciones del país y la defensa del catolicismo.





LA GUERRA DE SUCESIÓN AUSTRÍACA

La guerra de sucesión de Austria de 1738 fue un conflicto que tuvo lugar en Europa y que enfrentó a María Teresa de Austria con una coalición de naciones europeas. Este conflicto tuvo sus raíces en la disputa por la sucesión al trono de Austria después de la muerte del emperador Carlos VI. María Teresa, como hija mayor de Carlos VI, reclamó el trono, pero su ascenso al poder fue desafiado por otras potencias europeas que no estaban dispuestas a aceptar a una mujer como gobernante. Este conflicto se desencadenó tras la muerte del emperador Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, cuyo fallecimiento dejó un vacío político importante en la monarquía de los Habsburgo.


La cuestión central giraba en torno a la sucesión de su hija, María Teresa de Austria, a quien su padre había intentado asegurarle el trono mediante la famosa Pragmática Sanción de 1713, un documento que garantizaba su derecho a heredar los dominios de los Habsburgo. Sin embargo, a pesar de que muchas potencias europeas habían reconocido este acuerdo, en la práctica no todas respetaron dicho compromiso. Las potencias europeas, como Prusia, Francia, Baviera y Sajonia, no estaban dispuestas a aceptar la sucesión de María Teresa y aprovecharon la oportunidad para intentar obtener beneficios territoriales y políticos en la región. El panorama político de Europa se vio entonces sacudido por una lucha de poder en la que participaron casi todas las grandes potencias del continente: Austria, Prusia, Francia, Gran Bretaña, España y los Países Bajos austríacos, entre otros. La guerra no fue únicamente un asunto de sucesión dinástica; en realidad, fue un enfrentamiento por el equilibrio de poder europeo, donde cada reino buscaba ampliar sus territorios, asegurar sus influencias y limitar la supremacía de los demás.

Este conflicto, que duró ocho años, fue testigo de batallas decisivas, de intrincados tratados diplomáticos y de transformaciones políticas que marcaron profundamente la segunda mitad del siglo XVIII.

La muerte de Carlos VI en 1740 fue el detonante inmediato de la Guerra de Sucesión de Austria, pero sus raíces se encuentran en la cuestión sucesoria que el emperador había previsto años antes. Consciente de que no tenía un heredero varón, Carlos VI promulgó en 1713 la Pragmática Sanción, un decreto que establecía que, en ausencia de hijos varones, sus hijas podrían heredar los vastos dominios de los Habsburgo. Para consolidar esta disposición, el emperador dedicó gran parte de su vida a conseguir que las potencias europeas reconocieran el derecho de su hija, María Teresa, a gobernar.

Una de las causas que originó la guerra fueron los intereses de Prusia, los conflictos italianos, la rivalidad colonial entre franceses y británicos así como por la enemistad entre ingleses y españoles en 1739 que se originó debido al contrabando de los navíos ingleses en el continente americano.Alemania se convirtió en el eje de la diplomacia del momento por la prematura muerte de Carlos VI y la crisis sucesoria, que afectaba a numerosos países interrelacionados por una red de alianzas.

La guerra se precipita cuando el rey de Prusia Federico el Grande invade y ocupa Silesia en 1740. De esta forma se conformo un bando en el que estaban Baviera, Prusia, Sajonia, Francia, España y Cerdena. Por otra parte estaba Austria que estaba apoyada por las Provincias Unidas y Gran Bretaña. En sucesivas campanas Prusia conquisto Silesia en dos etapas tras lo cual se firmo un tratado de paz. Esto fue entre 1740 y 1745.

Fue en la batalla de Dettingen en junio de 1743 que el ejercito que formaron Austria, Gran Bretana, Hesse y Hannover derrotaron a los franceses y en la batalla de Fontenoy en mayo de 1745 los franceses vencen a los británicos bajo el mando del Gran Mauricio de Sajonia así como a los austriacos que estaban al mando del duque de Cumberland. La batalla de Rocourt (11 de octubre de 1746 )es una importante victoria estratégica para Francia. Maurice de Sajonia logra rechazar al ejército aliado que intenta recuperar la iniciativa en Bélgica. Así se inicio la conquista de los Paises Bajos de Austria. Esto culminó con el triunfo de los franceses en Flandes en el año 1746, mes de octubre.

Durante el conflicto, el papel de las alianzas fue crucial. Francia, al aliarse con Prusia, buscaba debilitar a Austria y expandir su influencia en Europa. Por otro lado, Gran Bretaña, al apoyar a Austria, intentaba contrarrestar el poderío francés y proteger sus intereses coloniales.

El Tratado de Aquisgrán, que puso fin a la guerra en 1748, no solo devolvió las conquistas a sus dueños originales, sino que también estableció un precario equilibrio de poder en Europa. Sin embargo, este tratado no resolvió las tensiones subyacentes, lo que eventualmente llevó a la Guerra de los Siete Años. María Teresa de Austria se mantuvo en el trono, pero tuvo que reconocer la independencia de Silesia para evitar mayores pérdidas territoriales. El equilibrio de poder en Europa se vio afectado, fortaleciendo a Prusia y debilitando a Austria. El Reino de Inglaterra fue beneficiado al obtener importantes ganancias territoriales y económicas.





LA GUERRA FRANCO-INDIA

La Guerra de Franco-India (1756-1763), fue una disputa territorial entre Gran Bretaña y Francia, junto con los aliados indígenas nativos americanos. Esta guerra formó parte de la Guerra de los Siete Años cuyos contendientes principales eran Francia e Gran Bretaña y se llevó a cabo en Europa y en Norteamérica. La guerra iba a poner fin a la agresión entre los dos países por tierras en disputa en América del Norte y eventualmente ayudaría a establecer los límites del territorio conocido. Las muchas tribus nativas americanas que habitaban el área antes de la colonización también se unirían a la guerra para ayudar a luchar por sus propias tierras ancestrales.

Tan pronto como comenzó la colonización del Nuevo Mundo, las potencias imperiales del mundo estaban en guerra por territorio, recursos y rutas comerciales. El más significativo de estos conflictos que involucran a Estados Unidos comenzó en la actual Pensilvania en 1753. Pero lo que comenzó como una disputa entre gobernadores coloniales se convirtió en una guerra mundial. En dos años, la Guerra de los Siete Años involucró a todas las potencias europeas, con batallas o territorios en juego en Europa, África, India, América del Norte, América del Sur y Filipinas. Los colonos la llamaron la Guerra Francesa e India , y cambió permanentemente el equilibrio global de poder. El control británico del este de América del Norte comenzó con una expedición en 1607 que condujo a la colonia de Jamestown en la actual Virginia. Aunque la colonia fue finalmente un fracaso, las autoridades británicas creían en el potencial de la tierra para generar ganancias masivas debido a la posibilidad de oro y otros minerales valiosos, junto con grandes cantidades de tierra para producir cultivos. El descubrimiento del tabaco en las colonias, y la popularidad del cultivo entre los ciudadanos británicos, hizo que Gran Bretaña no se rindiera en el continente a pesar del fracaso de varias expediciones.

La mayor parte de los colonos británicos eran protestantes. Había tanto seguidores de la fe oficial anglicana como otros reformistas que, huyendo de la persecución en Europa, se trasladaron al Nuevo Mundo. Por otro lado, la fe oficial en Francia era la católica, y la mayor parte de los colonos y misioneros que llegaron al Nuevo Mundo intentaron transmitir e imponer sus creencias.

De 1660 hasta 1763 colonos franceses y británicos vivieron una feroz rivalidad ya que cada una de ellas luchaba por expandir sus territorios en la comercialización de pieles. Estas dos potencias y sus aliados indígenas compitieron y formaron parte de este conflicto que culminó con la guerra franco- india.

A mediados del siglo XVIII, tanto británicos como franceses querían extender sus colonias norteamericanas a la tierra al oeste de las Montañas Apalaches, conocida entonces como el Territorio de Ohio. Cada lado ya tenía comerciantes de pieles haciendo negocios con nativos americanos allí y pioneros que vivían en la frontera. Un grupo de ricos colonos ingleses incluso había formado una empresa de inversión para vender tierras agrícolas en Ohio. Los franceses creían que tenían derechos exclusivos sobre la tierra ya que sus exploradores habían estado allí primero. Intentaron expulsar a los ingleses capturando varios de sus puestos comerciales y destruyendo una aldea india que apoyaba a los comerciantes ingleses en 1752.

El valle del río Ohio fue de gran importancia para los franceses, los nativos americanos y los británicos. El control del valle del río Ohio también proporcionó acceso al río Mississippi y los Grandes Lagos. El país que controlaba el valle del río Ohio tendría acceso al muy rentable comercio de pieles de la zona y el control final del transporte marítimo que se produciría desde Canadá hasta el Golfo de México.

La milicia de Virginia, bajo el mando del mayor George Washington, se movilizó para pedir a los franceses que abandonaran pacíficamente el territorio de Ohio. Se negaron, pero Washington no tenía una fuerza lo suficientemente grande como para dominar a Fort Duquesne. Washington regresó al año siguiente con más hombres y procedió a construir su propia empalizada cerca, llamada Fort Necessity. Los franceses capturaron el nuevo fuerte, y cuando llegó la noticia a Inglaterra, el rey Jorge II declaró la guerra. Era el año 1756.

Entre 1747 y 1754 se sucedieron diversas expediciones y escaramuzas que fueron sentando las bases de la contienda. La guerra inició en 1754, en suelo norteamericano, y en 1756 se extendió a Europa en donde se involucraron varias naciones, con consecuencias a nivel mundial, sobre todo en el reparto de las colonias. El 28 de mayo de ese mismo año George Washington emboscó una fuerza francesa, el ataque duró apenas 15 minutos, murieron 11 franceses y capturaron a otros 21, entre los fallecidos se encontraba Joseph Coulon, que estaba al frente del grupo francés. Con este hecho da inicio la guerra franco – india. Los franceses respondieron la agresión con un ejército formado por 700 hombres, al mando de Louis Coulon hermano de Joseph, llegó al fuerte de Furt Necessity, lo atacó de manera feroz, la batalla duró menos de un día, George Washington se rindió entregando el fuerte. En 1758, un gran ejército británico de más de 16.000 hombres atacó el Fuerte Carillon. Pese a la abrumadora superioridad numérica los ingleses fueron derrotados en la batalla por una coalición franco-indígena. La primera victoria la obtuvieron en la batalla de Ticonderoga en 1759. Una fuerza militar británica de más de 11.000 hombres bajo el mando del general Sir Jeffery Amherst trasladó la artillería a un terreno elevado con vistas al fuerte, que estaba defendido por una guarnición de 400 franceses bajo el mando del general de brigada François-Charles de Bourlamaque. A finales de ese mismo año, a manos de una coalición de guerrilleros acadios e indios Micma (son una tribu indígena algonquinos), les infringieron una nueva derrota a los colonos británicos.

Los británicos obtuvieron definitivamente el control de Canadá con la rendición de Montreal en 1760. Se firma el Tratado de París para poner fin a la guerra en 1763. Francia perdió las tierras situadas al este del río Mississipi y todo Canadá. Los británicos no tenían un rival colonial.




LA GUERRA DE LOS SIETE AÑOS

La Guerra de los Siete años fue una serie de conflictos armados que se extendieron desde 1756 hasta 1763, en los que participaron las principales potencias del siglo XVIII y varias de sus colonias en Asia, América y África. A menudo se la considera el primer conflicto mundial moderno, ya que involucró a las principales potencias europeas y sus colonias en América, India y África. Esta guerra, de proporciones épicas, no fue simplemente una disputa territorial; fue el resultado de una compleja red de rivalidades, ambiciones y, en última instancia, de la creciente competencia entre las naciones emergentes por el dominio mundial. El conflicto dejó un legado duradero, remodelando el mapa político del mundo, sentando las bases para la Revolución Francesa y, crucialmente, influyendo en el desarrollo de la independencia de los Estados Unidos.



Los dos principales oponentes fueron Francia y Gran Bretaña, pero implicó a la gran mayoría de las grandes potencias de la época y se desarrolló en Europa, Norteamérica, Centroamérica, en la costa occidental de África, la India y las Filipinas. La guerra franco-india (1754–1763), la guerra anglo-española (1761-1763) y la Guerra Fantástica (1762–1763) fueron todas parte de la guerra de los Siete Años.

En esta guerra se enfrentaron dos grandes bandos:

Gran Bretaña, el reino de Prusia, el reino de Portugal, Hannover y otros Estados alemanes: este bando era liderado por el emperador prusiano Federico II el Grande, el rey  Jorge II de Gran Bretaña y su primer ministro británico William Pitt el Viejo.


Francia, el Imperio austríaco, España, Suecia, Nápoles, Piamonte-Cerdeña, el reino de Sajonia, el Imperio mogol y el Imperio ruso (que cambió de bando en 1762, tras la llegada al trono del zar Pedro III): los líderes de este bloque fueron la emperatriz austríaca María Teresa I, el rey de Francia Luis XV y la emperatriz rusa Isabel I.

Las causas de la Guerra de los Siete Años son complejas y multifacéticas, arraigadas en las ambiciones expansionistas de las potencias europeas y en las tensiones coloniales que surgieron a lo largo del siglo XVIII. En el corazón del conflicto se encontraba la disputa por el control de Silesia, una región en el Imperio Austriaco, que fue reclamada tanto por Prusia como por Austria. Federico II el Grande, el rey de Prusia, vio la adquisición de Silesia como crucial para el fortalecimiento de su reino, tanto en términos de poder económico como militar. Además de la disputa por Silesia, la rivalidad entre Gran Bretaña y Francia jugó un papel fundamental. Ambas potencias buscaban establecerse como la principal potencia mundial, y su competencia se manifestó en una serie de conflictos coloniales y comerciales. Francia, bajo el reinado de Luis XV, tenía como objetivo desafiar el dominio británico en el comercio mundial y expandir su influencia en América del Norte y la India. Esta disputa territorial se sumó a la rivalidad entre Gran Bretaña y Francia por el control del comercio mundial y el dominio de la India, Canadá y la Luisiana. Como Gran Bretaña era aliada de Prusia y Francia, de Austria, se desencadenaron varios conflictos bélicos simultáneos, a los que también se sumó España, como aliada de Francia. La voluntad de Gran Bretaña de debilitar el Imperio colonial español. El deseo de Rusia y Suecia de frenar la expansión de Prusia en las costas del mar Báltico. La rivalidad entre España y Portugal por el control de ambas márgenes del Río de la Plata y la región de las misiones jesuíticas.


La guerra de los 7 Años se peleó en cuatro frentes distintos:

Frente europeo: en el cual Prusia se enfrentó a Sajonia, Austria, Rusia y Suecia, mientras Francia luchaba contra Gran Bretaña y Hannover. Por su parte, España, reforzada por tropas francesas, invadió Portugal.

Frente americano: en América del Norte, Francia y Gran Bretaña lucharon en Canadá y la Luisiana en un conflicto que involucró también a los iroqueses; en América Central, los británicos atacaron Cuba y ocuparon La Habana; en América del Sur, España y Portugal lucharon por el domino de la Banda Oriental y Río Grande. Los españoles lograron tomar Colonia del Sacramento, Maldonado y las fortalezas de Santa Teresa y San Miguel.

Frente asiático: en la India, Gran Bretaña luchó contra Francia, que fue apoyada por el Imperio mogol, mientras los británicos atacaron la colonia española de Filipinas y se apoderaron de Manila.

Frente africano: Gran Bretaña se apoderó de Senegal, que era colonia de Francia, para hacerse del comercio del caucho y de esclavos.

En Europa, la guerra se centró en el frente belga, donde Prusia, con sus tropas altamente disciplinadas y su estrategia de "tormenta" (una táctica que implicaba ataques rápidos y concentrados), logró obtener victorias importantes contra Austria y sus aliados. La Batalla de Rossbach (1757) y la Batalla de Leuthen (1757) fueron dos de las victorias más destacadas de Federico II, que demostraron la superioridad militar prusiana.

En América del Norte, la guerra se libró entre las fuerzas británicas y francesas por el control de la región de Luisiana. Los colonos iroqueses, que habían mantenido una relación de paz con los británicos, se aliaron con los franceses, proporcionando apoyo militar y logístico. La Batalla de Quebec (1759), en la que las fuerzas británicas, lideradas por General James Wolfe, derrotaron a las fuerzas francesas lideradas por General Louis-Joseph de Montcalm, fue un punto de inflexión crucial en la guerra.

En la India, la guerra se libró entre los británicos y los franceses por el control de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Los británicos, con su superioridad naval y su control de las principales rutas comerciales, lograron establecer su dominio sobre la Compañía, que se convirtió en la principal potencia comercial en la India. La Batalla de Plassey (1757), en la que los británicos derrotaron a las fuerzas bengalíes, marcó el comienzo del dominio británico en la India, que eventualmente se convertiría en el "Imperio del Té".

Además de estos frentes principales, la guerra también se libró en África y América Central. En Senegal, las fuerzas británicas y francesas se enfrentaron en una serie de batallas por el control de las fortalezas y puertos estratégicos. En América Central, los británicos, con el apoyo de los colonos españoles, lograron expulsar a los franceses de la región.

El Tratado de París fue el acuerdo que puso fin a la Guerra de los 7 años, un conflicto que tuvo lugar entre 1756 y 1763 y que involucró a varias potencias europeas, incluyendo a Francia, Gran Bretaña, España y Prusia, entre otras. La firma del Tratado de París (1763), entre Gran Bretaña, España y Francia, por el cual: Francia debió entregar a España la Luisiana al oeste del río Misisipi junto con Nueva Orleans y ceder a Gran Bretaña Senegal, Canadá, la Luisiana oriental, casi todas sus colonias en la India y las islas de Menorca, Dominica, Granada, San Vicente y Tobago. España recibió la Luisiana occidental, recuperó La Habana y Manila y debió entregar la Florida a Gran Bretaña. También tuvo que devolver Colonia del Sacramento, Santa Teresa y San Miguel a Portugal. Gran Bretaña, la más beneficiada, recibió Senegal, Canadá, la Luisiana Oriental, Florida, parte de la India, Menorca y varias islas del Caribe.

La firma del Tratado de Hubertusburgo (1763), entre Sajonia, Austria y Prusia, consagró el fortalecimiento de Prusia, que conservó a Silesia y se transformó en el Estado más fuerte de la cuenca del Báltico y del Sacro Imperio Romano Germánico.

El impacto de la Guerra de los 7 años en las colonias americanas fue significativo. Durante el conflicto, las colonias británicas en América del Norte jugaron un papel crucial en el enfrentamiento contra las colonias francesas y sus aliados nativos americanos.






LAS GUERRAS ANGLO-MYSORE

Las cuatro guerras anglo-mysore (1767-1799) se libraron entre la Compañía Británica de las Indias Orientales y el estado de Mysore. Haidar Ali y su hijo Tipu Sultan, el "Tigre de Mysore", fueron enemigos implacables de la expansión británica en el sur de la India, pero finalmente fueron sometidos por la triple alianza de la Compañía, la Confederación Maratha y el Nizam de Hyderabad. Las Guerras Anglo-Mysore son los mayores conflictos militares en la historia de la India. Estas batallas se libraron entre los británicos y los monarcas de Mysore por el control de los territorios de Mysore.


El reino de Mysore fue un reino en la zona sur de la India, que se cree fue fundado en 1399 en proximidades de la actual ciudad de Mysore. El reino que era gobernado por la familia Wodeyar, inicialmente era un estado vasallo del Imperio vijayanagara. Al declinar el Imperio vijayanagara (c.1565), el reino se independizó. En el siglo XVII el reino expandió mucho su territorio y durante los gobiernos de Narasaraja Wodeyar I y Chikka Devaraja Wodeyar, el reino anexó grandes extensiones en lo que actualmente es el sur de Karnataka y trozos de Tamil Nadu hasta convertirse en un estado poderoso de la zona sur de Deccan. El reino alcanzó la cima de su poderío y dominio en la segunda mitad del siglo XVIII bajo el gobernador de facto Haider Ali y su hijo Tipu Sultan. Durante esta época, tuvo conflictos con los Marathas, el Nizam de Hyderabad, el Reino de Travancore y los británicos lo que dio lugar a las cuatro guerras anglo-mysore.


Hyder Alí, Comandante en Jefe del ejército del Reino de Mysore, un reino independiente al suroeste de la India, aprovechó el vacío de poder que existía en dicha nación tras la muerte del maharajá Krishnaraja Wodeyar II en 1760 para convertirse en el gobernante de facto del reino y destronar a la dinastía Wodeyar, única dinastía reinante en la nación desde comienzos del siglo XV. Bajo su reinado, comenzó a expandir el territorio, conquistando Bednore, Sundra, Sera, Canara y Guti. De igual manera, tuvo control sobre los poligar del sur de la India. La influencia creciente de Hyder Alí era considerada peligrosa para los reinos vecinos de Hyderabad, de los Marathas y de las colonias inglesas establecidas en las costas de Bengala y Madrás, al oeste de la India y que estaban bajo la administración de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Es así que en 1766 los británicos hacen una alianza militar con los reinos de Hyderabad y Marathas y declaran la guerra contra Mysore.


Primera Guerra Anglo-Mysore (1767 – 69). Los británicos, el Nizam Ali de Hyderabad y los marathas establecieron una alianza tripartita contra Haider Ali. Haider Ali rompió la alianza comprando los marathas y tentando al Nizam con ambiciones territoriales. Al salir a las puertas de Madrás con el Nizam, lideró una invasión contra Arcot y luego contra los ingleses. El gobierno de Madrás, desesperado, aceptó firmar el Tratado de Madrás el 4 de abril de 1769, bajo la premisa de una restitución territorial mutua y una alianza defensiva, en la que los ingleses se comprometían a ayudar a Haider si otro estado lo atacaba. El Nizam de Hyderabad firmó una Alianza Subsidiaria con los británicos para protegerse de Haider Ali. Los británicos obtuvieron el control de los Sarkars del Norte como resultado de esto. Haider Ali se enfrentó entonces a los marathas, el Nizam de Hyderabad y los ingleses. Estuvieron en guerra casi más de un año sin que se vislumbra el final. El Tratado de Madrás, firmado el 4 de abril de 1769, impulsó a los británicos a poner fin a la guerra. Las estipulaciones para el intercambio de cautivos y regiones conquistadas estaban acordadas en el tratado. Si otra potencia atacaba a los gobernantes de Mysore, los británicos accedían a ayudarle.

Segunda Guerra Anglo-Mysore (1780 – 84). La Segunda Guerra Anglo-Mysore fue provocada por la animosidad mutua entre Haider Ali y los británicos. Cuando los marathas sitiaron Mysore en 1771, Haider Ali acusó al Gobierno de violar las condiciones del Tratado de Madrás al negarse a ayudarle. Además, los franceses ayudaron a Haider Ali cumpliendo con sus necesidades militares. Mahe, una colonia francesa bajo la protección de Haider, fue conquistada por los británicos. En 1779, Haider Ali se alió con los marathas y el Nizam de Hyderabad para combatir al Raj británico. Las Segundas Guerras Anglo-Mysore comenzaron en julio de 1780, cuando Haider entró en el Carnatic y derrotó a un ejército inglés liderado por el coronel Baillie para tomar Arcot. Haider murió en 1782, dejando a su hijo, Tipu, para terminar el trabajo. Tipu mantuvo la dificultad con el inglés al año siguiente. El conflicto terminó con el Tratado de Mangalore, que acordó la devolución recíproca de tierras.

Tercera Guerra Anglo-Mysore (1790 – 92). En 1790, Tipu atacó Travancore porque no estaba de acuerdo con el Raja de Travancore, lo que resultó en la Tercera Guerra Anglo-Mysore. Los británicos declararon la guerra a Tipu por apoyar al monarca de Travancore. Contaron con la ayuda de las tropas del Nizam y Marathas, que marcharon hacia Seringapatam con el ejército inglés liderado por Cornwallis (1792). El Tratado de Seringapatam se firmó en 1792 tras el conflicto. La mitad del territorio de Mysore debía ser entregada al Nizam, británicos y marathas bajo este pacto. La Tercera Guerra Anglo-Mysore consolidó el control británico sobre el sur de la India.

Cuarta Guerra Anglo-Mysore (1798 – 99), Wellesley, el gobernador de Inglaterra, le pidió a Tipu Sultan que renunciara a su relación con los franceses. Durante la Cuarta Guerra Anglo-Mysore, Tipu Sultan falleció. En el campo de batalla, los ingleses lucharon contra el ejército del Nizam y los marathas, así como con sus hombres de Bombay y Madrás. La fuerza británica de 60.000 soldados derrotó al ejército de Mysore. En el sitio de Seringapatam, los británicos obtuvieron una victoria crucial.




LA INDEPENDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

La Guerra de Independencia de los Estados Unidos fue un conflicto que enfrentó a las trece colonias británicas originales en América del Norte contra el Reino de Gran Bretaña. Ocurrió entre 1775 y 1783, finalizando con la derrota británica en la batalla de Yorktown y la firma del Tratado de París. El conflicto se libró en América del Norte, el Caribe y el océano Atlántico. La guerra terminó con el Tratado de París, que dio como resultado que Gran Bretaña finalmente reconociera la independencia de los Estados Unidos. La Independencia de los Estados Unidos es un acontecimiento  histórico de gran relevancia. Este proceso marcó el nacimiento de una nueva nación, separada del dominio colonial británico, y sentó las bases para el establecimiento de la democracia en América. Fue impulsado por una serie de causas que llevaron a las colonias americanas a buscar su libertad y separarse del dominio británico. Una de las principales causas fue el descontento de las colonias ante los abusos y restricciones impuestos por Gran Bretaña. Otra causa importante fue la difusión de los ideales ilustrados en las colonias americanas. Las ideas de libertad, igualdad y derechos individuales propuestas por filósofos como John Locke y Montesquieu influyeron en el pensamiento de los colonos y los llevaron a cuestionar la autoridad británica.


El liderazgo de figuras clave como George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin fue fundamental para el éxito de la independencia. Estos líderes políticos y militares inspiraron y guiaron a las colonias en su lucha por la libertad.

Las principales causas de la Independencia de los Estados Unidos fueron las que se detallan a continuación:

La guerra de los 7 años (1756-1763), en la que los colonos norteamericanos participaron en la lucha contras las posesiones francesas en Canadá y la Luisiana. Los colonos quedaron decepcionados por la prohibición de Gran Bretaña de que pudieran ocupar los territorios arrebatados a los franceses.

La imposición por parte de Gran Bretaña de impuestos a las importaciones de diversos productos para que los colonos solventaran los gastos provocados por la guerra.

La masacre de Boston, que en 1770 terminó con el asesinato de varios colonos por tropas británicas. Los colonos baleados exigían la eliminación de los nuevos impuestos.


La negativa del gobierno británico a aceptar el argumento de los colonos de que no era justo que les impusieran nuevos impuestos ya que ellos no tenían representantes en el Parlamento londinense.

La Masacre de Boston se reconoce como un punto clave que impulsó el movimiento revolucionario y, en última instancia, la independencia de los Estados Unidos. El 5 de marzo de 1770 tuvo lugar la Masacre de Boston, en la que murieron cinco personas por los disparos de soldados británicos durante un tumulto.

El Motín del Té de Boston, fue la chispa de la Revolución Americana. Fue una protesta masiva de los colonos contra los impuestos británicos impuestos sin representación parlamentaria. Los colonos, cansados de los agresivos impuestos hacia sus productos, manifestaron su desobediencia civil hacia la autoridad y el monopolio de la Compañía Británica de las Indias Orientales. La noche del 16 de diciembre de 1773, varios hombres, muchos de ellos miembros de los llamados Hijos de la Libertad, se disfrazaron de indígenas mohawk, abordaron tres barcos británicos en el puerto de Boston. arrojaron al mar el cargamento de té de varios barcos. Esos buques pertenecían a la compañía a la que la Corona otorgó el comercio monopólico de ese producto. La respuesta represiva de Gran Bretaña mediante las Leyes Intolerables, acelerando la independencia de EE. UU.

El conflicto entre la Corona británica y sus colonias norteamericanas se inició en 1763, al finalizar la guerra de los 7 Años. Para financiar los gastos provocados por la guerra, la Corona adoptó un conjunto de medidas que afectaron los intereses de las trece colonias: prohibió el avance de los colonos hacia las tierras conquistadas a los franceses (Canadá y la Luisiana), implantó el monopolio comercial sobre el té y otros productos y estableció diversos impuestos.

Tras la reunión de 1775 a la que asistieron los representantes de la 13 colonias británicas de América del Norte parecía que las cosas estaban a punto de cambiar para el imperio británico. Indignados por los tratos y condiciones que les ofrecía la Corona Británica, los norteamericanos estaban dispuestos a luchar por una mejora de las condiciones económicas respecto a las relaciones con Gran Bretaña.

Después de reclamar infructuosamente por la derogación de estas medidas, los colonos iniciaron un movimiento independentista, que culminó el 4 de julio de 1776, cuando el Segundo Congreso Continental, reunido en Filadelfia, proclamó la Independencia de los Estados Unidos. Esta no fue reconocida por Gran Bretaña, que envío tropas a América del Norte para recuperar los territorios perdidos.


La Declaración de Independencia de los Estados Unidos fue un documento histórico redactado el 4 de julio de 1776 por el Segundo Congreso Continental. Este documento proclamó la separación formal de las Trece Colonias del Reino de Gran Bretaña y estableció los Estados Unidos de América como una nación independiente.

Liderados por George Washington y convencidos de la justicia a la que apelaban, la guerra estalló alrededor de un primer conflicto en Boston (en 1775), y no finalizaría hasta 1781, cuando las milicias americanas derrotaron al ejército británico en Yorktown.

Así se inició la guerra de la Independencia, durante la cual los Estados Unidos fueron apoyados por España y Francia, que buscaban recuperar los territorios perdidos durante la guerra de los 7 Años.

Durante la guerra, Francia ayudó a los revolucionarios estadounidenses con tropas terrestres comandadas por Rochambeau y por el Marqués de La Fayette y por flotas bajo el comando de marinos como Guichen, de Grasse y d’Estaing. España, por su parte, lo hizo inicialmente gracias a Bernardo de Gálvez y de forma abierta a partir de la batalla de Saratoga, mediante armas, suministros y abriendo un frente en el flanco sur.

La guerra comenzó el 19 de abril de 1775, cuando las tropas británicas intentaron confiscar armas y municiones en Lexington y Concord, Massachusetts. Esto llevó a un levantamiento armado por parte de los colonos, que formaron milicias para luchar contra las fuerzas británicas.

La batalla de Bunker Hill tuvo lugar el 17 de junio de 1775, como parte del sitio de Boston durante la guerra de Independencia de los Estados Unidos. El General Israel Putnam estaba a cargo de las fuerzas revolucionarias, mientras que el General de división William Howe mandaba las fuerzas británicas. Bloqueados en Boston por las milicias americanas, los británicos intentaron romper el sitio en Breed's Hill y Bunker Hill, perdiendo 230 hombres durante la ofensiva. En su tercer asalto, las fuerzas británicas superaron las trincheras en las colinas Breed y Bunker.

La Batalla de Trenton fue una batalla pequeña pero fundamental de la Guerra Revolucionaria Estadounidense en la mañana del 26 de diciembre de 1776 en Trenton, Nueva Jersey. Expulsados de Nueva York por los ingleses, Washington y su ejército se trasladaron a Nueva Jersey. Unos meses después cruzaron el río Delaware para asaltar una guarnición británica en Trenton, formada por mercenarios alemanes que se rindieron tras una breve lucha. La batalla impulsó significativamente la moral menguante del Ejército Continental e inspiró los reenganches.

La batalla de Princeton, que se libró cerca de Princeton, Nueva Jersey, el 3 de enero de 1777 y terminó con una pequeña victoria para los coloniales. El general Lord Cornwallis había dejado 1.400 soldados británicos bajo el mando del teniente coronel Charles Mawhood en Princeton. Tras la batalla de Trenton, Cornwallis condujo un fuerte ejército contra Washington. Alertados, los americanos se retiraron hacia Princeton. Tras una escaramuza en la que fue herido mortalmente el general americano Mercer, se libró una batalla que fue un nuevo triunfo de los independentistas.

La batalla de Saratoga fue uno de los enfrentamientos bélicos más importantes librados durante el transcurso de la guerra de Independencia de los Estados Unidos. Su desenlace contribuyó, en gran medida, a decidir el resultado final de la contienda a favor del ejército continental. Esta batalla tuvo lugar entre el 17 de septiembre y el 17 de octubre del año 1777 en Saratoga, una región ubicada entre Boston y la zona de los Grandes Lagos, en las proximidades del río Hudson. En junio de 1777, el general británico John Burgoyne lanzó desde Canadá una gran ofensiva contra las colonias del norte. En el trayecto los ingleses fueron hostigados por milicianos americanos y tropas de Washington. Tras ser derrotado en Saratoga, Burgoyne se rindió al general americano Horatio Gates.

La batalla de Yorktown fue el último de los conflictos bélicos que ocurrieron durante la guerra de Independencia de los Estados Unidos de América, en Yorktown, Virginia. Sucedió entre el 28 de septiembre y el 19 de octubre de 1781, provocando la derrota de los británicos frente a los colonos. En septiembre de 1781, al saber que el principal ejército británico, al mando de Cornwallis, se había concentrado en Yorktown, Washington estableció un sitio sobre el lugar junto al general francés Rochambeau. Un contingente de 11.000 franceses al mando del conde de Rochambeau, en combinación con 6.000 estadounidenses al mando de George Washington, harían frente en Yorktown a un contingente británico de 8.000 hombres al mando de lord Charles Cornwallis. Los británicos sufrirían una aplastante derrota en la batalla de Yorktown, por lo que, luego de seis años de enfrentamiento en contra de los estadounidenses insurgentes, estos propondrían la paz, mediante la rendición, a los revolucionarios estadounidenses La rendición de Cornwallis marcó el fin efectivo de la guerra.

El 3 de septiembre de 1783 se firmó en París el tratado de paz definitivo entre Gran Bretaña y los Estados Unidos. Unas semanas después de la evacuación inglesa, Washington dimitía de su cargo de comandante ante el Congreso de la Confederación, reunido en Annapolis. En 1789, Washington era nombrado primer presidente de los Estados Unidos.

Entre las principales consecuencias de la Independencia de los Estados Unidos se pueden destacar las siguientes:

El debilitamiento de Gran Bretaña que, tras la pérdida de sus colonias norteamericanas, reorientó las bases geográficas de su Imperio colonial hacia Asia, África y Oceanía.

La sanción de la constitución estadounidense de 1787, que estableció la forma de gobierno republicana, representativa y federal; y la creación de tres poderes independientes entre sí: ejecutivo, legislativo y judicial.

La consagración de derechos elementales, inspirados en las ideas de la Ilustración: libertad de expresión, de prensa y de reunión, además del derecho a peticionar a las autoridades y a la posesión de armas. Pero, ninguno de esos derechos regía para los esclavos.


 

 

 

LA REVOLUCIÓN FRANCESA

La Revolución francesa fue un proceso histórico que atravesó Francia entre 1789 y 1799 a partir del cual se transformó la política, la sociedad y la economía. Fue la primera revolución liberal que derrocó a la monarquía y disolvió los privilegios de la sociedad estamental del Antiguo Régimen. Esta revolución estuvo protagonizada por un conjunto social integrado por la burguesía, el campesinado, los artesanos, los profesionales de oficio y otros trabajadores urbanos, y el bajo clero. A través de una serie de eventos, este conjunto social logró derrocar a la monarquía del rey Luis XVI e imponer un gobierno revolucionario. La Revolución francesa fue influida por las ideas de la Ilustración y el liberalismo, así como por circunstancias económicas y sociales, y tuvo tal impacto político e ideológico que influyó en episodios revolucionarios de otros países (como en Hispanoamérica) y se la suele considerar el inicio de la Edad Contemporánea. Los ideales que guiaron la revolución fueron la libertad, la igualdad y la fraternidad. Sin embargo, fue un proceso marcado por la violencia y la imposición de diferentes grupos sociales sobre otros. El proceso revolucionario acabó con el Antiguo Régimen y consagró la libertad y la igualdad ante la ley, bases del actual Estado de derecho. Con ella se inicia la Edad Contemporánea. Las principales consecuencias de la revolución fueron la caída de la estructura social feudal y de la monarquía francesa, la expansión de los ideales ilustrados por Europa y el inicio de las Guerras Napoleónicas.


Entre los hechos destacados de la Revolución francesa se cuentan la abolición del feudalismo, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la redacción de una Constitución y la instauración de una república. También fueron importantes la formación de clubes políticos, la implementación de medidas contrarias a privilegios nobles y clericales, y la oleada de violencia que llevó a la decapitación del rey (Luis XVI) y la reina (María Antonieta).

Entre los líderes revolucionarios más importantes estaban Maximilian Robespierre, Georges Danton, Jean-Paul Marat, Louis de Saint-Just y Camille Desmoullins.

Antes de que estallara la revolución, la sociedad francesa estaba compuesta por tres estamentos denominados estados:

Primer estado. Era integrado por el clero, tanto alto (de origen noble) como bajo (de origen plebeyo). No pagaba impuestos y recibía de los campesinos un diezmo o contribución, que consistía en un 10 % de sus cosechas. La enseñanza era impartida y controlada por la Iglesia, que también podía censurar publicaciones.


Segundo estado. Era conformado por la nobleza, propietaria de tierras y cuyos privilegios eran hereditarios. Tampoco pagaba impuestos y recibía, en cambio, tributos señoriales de los campesinos. También ocupaba cargos cortesanos y administrativos.

Tercer estado. También llamado “estado llano”, era integrado por la burguesía (comerciantes, banqueros, profesionales, intelectuales), el campesinado (pequeños propietarios, arrendatarios o jornaleros) y el artesanado urbano (en ocasiones agrupado en gremios). Pagaban impuestos y carecían de poder y derechos políticos.

El primer y el segundo estado conformaban una casta privilegiada que representaba aproximadamente el 3 % de la población. El tercer estado representaba alrededor del 97 % de la población, pero debía mantener con sus impuestos a los otros dos estados.

Las causas que desencadenaron la Revolución francesa fueron múltiples. Entre ellas, se destacan:

Las causas de la Revolución francesa tienen su origen en la falta de libertades individuales, la pobreza extrema y la desigualdad que existía en Francia durante el reinado de Luis XVI y María Antonieta. Pero también el clero y la aristocracia gobernaban con un poder despótico y sin límites. A todo ello debería añadirse la cantidad de privilegios sociales y económicos de que disfrutaban la aristocracia y los estamentos religiosos a costa de una ciudadania que apenas podía mantenerse.


Los cambios en la estructura social. La sociedad del Antiguo Régimen seguía atada en buena medida al feudalismo, un sistema implementado desde la Edad Media en el que los nobles eran dueños de tierras trabajadas por jornaleros o usufructuarios.

El aumento de la población. La sociedad francesa había alcanzado una mejor calidad de vida, incluso entre sectores plebeyos que, en algunos casos, tuvieron acceso a la educación. La reducción de la tasa de mortalidad y el aumento de la expectativa de vida generaron un importante aumento de la población, que en 1789 llegó a los 26 millones de habitantes, lo que hizo de Francia el país más poblado de Europa. La creciente demanda de alimentos se tornó difícil de satisfacer, sobre todo cuando una mala cosecha afectó al campo en 1789.

La difusión del pensamiento ilustrado. En aquellos años, cobró vigor un movimiento cultural e intelectual llamado Ilustración, que consideraba que el único camino para explicar el mundo era el uso de la razón, que permitía “iluminar” la verdad allí donde antes se imponía la oscuridad de la ortodoxia religiosa. Las ideas de la Ilustración (como las obras de Montesquieu, Voltaire o Rousseau) influyeron en sectores burgueses, e incluso nobles, que cuestionaron el “derecho divino” a gobernar que se arrogaban los monarcas absolutos (como Luis XVI).


La crisis económica. Entre 1788 y 1789 se agravó una crisis económica que fue el resultado de dos hechos: la deuda contraída por la corona francesa a raíz de su participación en la guerra de independencia de los Estados Unidos (1775-1783), que profundizó los problemas financieros que ya atravesaba el reino; y una sucesión de heladas y malas cosechas, especialmente en 1788 y 1789. Esto generó escasez de alimentos, aumento de precios de la harina y el pan, disminución de la actividad comercial, empobrecimiento, desempleo y malestar social.

La Revolución francesa atravesó diferentes etapas: la Asamblea Nacional (1789-1791), la Asamblea Legislativa (1791-1792), la República (1792-1795), el Directorio (1795-1799) y el Consulado/Imperio (1799-1815). Durante estas etapas, diferentes sectores que se habían unido en contra de la monarquía accedieron al poder e influenciaron el rumbo de la revolución.

Los Estados generales de 1789 fueron los únicos Estados generales de Francia convocados con posterioridad a 1614 y los últimos del antiguo régimen de Francia. Se desarrollaron en Versalles, donde residía el rey Luis XVI, en las afueras de París. Se trató de una asamblea general extraordinaria convocada por el rey para encontrar una solución a la grave crisis financiera que padecía el país. Se componía de representantes de los tres estamentos de la sociedad francesa: el clero o primer estado, la nobleza o segundo estado y el pueblo llano o tercer estado. La independencia que demostraron los diputados del tercer estado con respecto a los dos primeros estamentos y a la Corona marcó el verdadero inicio de la Revolución francesa.

El proceso revolucionario duró aproximadamente diez años y atravesó distintas etapas:

17 de junio de 1789. Asamblea Nacional. una asamblea no de los Estados, sino "del pueblo". Jean Sylvain Bailly fue elegido primer presidente. La Asamblea invitó al resto de estamentos a que se les unieran, pero dejando claro que pensaban ocuparse de los asuntos nacionales con o sin ellos. El rey mandó cerrar la sala donde se reunía la Asamblea Nacional, por lo que esta se mudó a un campo de juego de pelota y sus integrantes juraron proseguir unidos hasta proclamar una Constitución. A ellos se unieron algunos nobles y miembros del bajo clero. Dentro de las mismas facciones había dos bandos enfrentados entre sí: los jacobinos, más radicales, y los girondinos, que planteaban postulados más moderados. Ambos competían ferozmente por hacerse con el control de las acciones revolucionarias, y sus diversos protagonistas desempeñarían un papel crucial en el devenir de los acontecimientos.

20 de junio de 1789. Juramento del Jeu de Paume. Tras haberse constituido como Asamblea Nacional, los representantes del tercer estado (el pueblo llano) se reúnen y juran solemnemente no separarse hasta dotar a Francia de una constitución.

9 de julio de 1789. Asamblea Nacional Constituyente fue la primera asamblea constituyente de Francia. Formada a partir de la Asamblea Nacional. La Asamblea tomó innumerables medidas que cambiaron profundamente la situación política y social del país. Entre ellas, destacan la aprobación de la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la supresión del feudalismo, la apropiación de los bienes de la Iglesia y la Constitución Civil del Clero y, por supuesto, la redacción de la Constitución francesa de 1791. Fue sustituida por la Asamblea Legislativa el 30 de septiembre de 1791, una vez finalizados los trabajos de redacción de la Constitución.

14 de julio de 1789. Toma de la Bastilla. Asalto popular a una fortificación real ubicada en la ciudad de París que marcó el inicio de la Revolución francesa. La destitución de Jacques Necker como ministro de Finanzas y los rumores sobre preparativos militares provocan el levantamiento armado de los parisinos. La toma de la Bastilla se produjo en París, Francia, el martes 14 de julio de 1789. Consistió en la toma por asalto de una antigua fortificación militar que era utilizada como prisión de los enemigos del absolutismo. Esa fortificación había sido construida durante la Guerra de los Cien Años para defender la entrada oriental de la ciudad de París. Desde ese entonces, se la utilizó, además, como arsenal y prisión estatal. Con el paso de los años la Bastilla se constituyó en un símbolo de la autoridad de la monarquía francesa, por lo que su toma por parte de civiles armados, significó un cuestionamiento al absolutismo y al poder de los reyes.

El 14 de julio de 1789 la Bastilla estaba defendida por 32 soldados suizos y 82 inválidos de guerra, que disponían de cañones y de municiones en abundancia. El asalto a la fortificación, que tenía muros de 25 metros de altura, fue protagonizado por una multitud armada dirigida, entre otros, por el soldado Pierre-Augustin Hulin. Después de una intensa lucha, durante la cual un batallón de infantería se cambió de bando, los insurrectos lograron penetrar en la fortificación y tomarla por asalto.

26 de agosto de 1789. Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. La Asamblea Nacional aprueba esta Declaración, cuyo primer artículo establece que “los hombres nacen y viven todos iguales en derechos”.

5 de octubre de 1789. Marcha sobre Versalles. Liderados por las mujeres que trabajaban en los mercados de París, una multitud de más de 7.000 parisinos marcharon hacia Versalles exigiendo pan y reformas políticas.

21 de junio de 1791. Huida de Varennes. La familia real emprende la huida desde las Tullerías, pero son descubiertos y detenidos en la localidad de Varennes y desde allí devueltos a París.

10 de agosto de 1792. Derrocamiento de la Monarquía. Tiene lugar una insurrección que pone fin a la monarquía absolutista de Luis XVI. La multitud, compuesta por insurgentes, miembros de las secciones parisinas y los llamados sans-culottes asalta el palacio de las Tullerías.

2 y 3 de septiembre de 1792. Masacres en las prisiones. Aunque el objetivo de los asaltantes era el de asesinar solo a “contrarrevolucionarios” la realidad es que aquel día murieron entre 1.100 y 1.400 presos comunes, incluida la princesa de Lamballe, cuya cabeza fue exhibida en la ventana de la torre de la prisión del Temple.

21 de septiembre de 1792. Instauración de la República. La Convención se reúne para declarar abolida la Monarquía y proclama la República. La Convención Nacional fue una asamblea legislativa que gobernó Francia durante uno de los períodos más convulsos de la Revolución Francesa, entre 1792 y 1795. Surgió en un momento crítico, cuando la monarquía constitucional establecida por la Constitución de 1791 colapsó debido a las presiones internas y externas.

La Primera República francesa fue el nombre dado al regímen parlamentario y republicano que se inició el 21 de septiembre de 1792, durante la Revolución francesa. Empezó oficialmente el día en que los diputados de la Convención Nacional aprobaron la abolición de la monarquía, confirmando así la destitución del rey Luis XVI que había sido suspendido en el transcurso de la Jornada del 10 de agosto de 1792.

21 de enero de 1793. Ejecución de Luis XVI. Tras ser juzgado y condenado por la Convención, Luis XVI es guillotinado ante una multitud expectante en la plaza de la Revolución. Aquel día las monarquías inglesa y española se sumaron a los países que estaban en guerra contra la República francesa.

10 de marzo de 1793. Creación del Tribunal Revolucionario. El Tribunal fue impulsado por la Comuna insurreccional de París con el objetivo de perseguir a todos aquellos que opusieran a la insurrección y a defender el palacio de las Tullerías.

31 de mayo a 2 de junio de 1793. Golpe de Estado jacobino. La alianza entre jacobinos y los enragés (grupo radical) con apoyo de la Comuna moviliza a las secciones de París contra los líderes moderados de la Convención. Tras el arresto domiciliario de 29 de sus miembros y dos ministros se aprueba la Constitución republicana, que finalmente nunca entrará en vigor.

27 de julio de 1793. Robespierre entra en el Comité de Salud Pública. Con la renovación casi total del Comité a principios de julio, Danton es reemplazado por un Gobierno jacobino y la incorporación de Robespierre al Gobierno supone el inicio del Terror. El Terror (francés: la Terreur) fue un período caracterizado por un estado de excepción de la Revolución Francesa. Tuvo lugar entre 1793 y 1794. En este período de la Revolución Francesa, que suele situarse tras la creación de la República, se produjo una serie de masacres y numerosas ejecuciones públicas en respuesta al fervor revolucionario, el sentimiento anticlerical y las acusaciones de traición por parte del Comité de Salvación Pública. Cesó con la caída de Robespierre.

16 de octubre de 1793. Ejecución de María Antonieta. La reina es guillotinada tras un juicio público en el Tribunal Revolucionario en el que se la llega a a acusar de mantener relaciones incestuosas con su hijo.

5 de abril de 1794. Ejecución de los dantonistas. Los llamados "indulgentes", con Danton a la cabeza y Camille Desmoulins como portavoz periodístico, son guillotinados junto al revolucionario de origen español Andrés María de Guzmán.

8 de junio de 1794. Fiesta del Ser Supremo. La Convención rinde homenaje a Robespierre, en calidad de presidente de la Asamblea. Llega a ejercer como “pontífice” para escándalo de los sectores partidarios del ateísmo.

28 de julio de 1794. Golpe de estado de Termidor. la Revolución Francesa vivía sus momentos más difíciles y trágicos. Robespierre fue acusado de “tiranía”. Al haber sido declarado hors la loi (fuera de la ley) tanto él como sus aliados son arrestados y guillotinados sin juicio previo.

26 de octubre de 1795. Directorio. El Directorio fue la penúltima forma de gobierno adoptada por la Primera República francesa y constituye el último periodo de la Revolución francesa. Regido por la Constitución del Año III que aprobó la Convención termidoriana, se inició el 26 de octubre de 1795 y terminó con el golpe de Estado del 18 de brumario (9 de noviembre de 1799) que instauró el Consulado. Tras el período del «Terror» impuesto por el ala más radical de los jacobinos, se produjo un retorno hacia posiciones más moderadas.

9 de noviembre de 1799. Napoleón toma el poder. Tiene lugar el Golpe de Estado en el que Napoleón Bonaparte, recién llegado de Egipto, derroca al Directorio y toma el poder como primer cónsul.

Entre las principales consecuencias de la Revolución francesa se destacan:

La supresión de los privilegios feudales y de la servidumbre personal, que tuvo efectos duraderos en Francia luego de su promulgación en 1789 y que permitió la modernización política y económica de la nación, a pesar de las reacciones absolutistas que la sucedieron.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), cuyos principios incidieron en las constituciones que se redactaron en Francia y en otras naciones a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, y que es el documento precursor de las políticas de derechos humanos.

La inspiración de las revoluciones de 1830 y 1848, así como de otras experiencias revolucionarias y republicanas en Francia y el mundo, a pesar de que las transformaciones políticas de la Revolución francesa habían sido frustradas tras la coronación de Napoleón como emperador (1804) y la restauración absolutista (1815).




LAS GUERRAS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Las Guerras Revolucionarias Francesas fueron una serie de conflictos bélicos que tuvieron lugar en Europa desde 1792 hasta 1802. Estas guerras comenzaron en el contexto de la Revolución Francesa, un período de cambios políticos y sociales que tuvo lugar en Francia de 1789 a 1799. La Revolución Francesa dio lugar a la Primera República Francesa y a una nueva era en la historia de Francia y Europa. Las guerras revolucionarias francesas o guerras de Coalición fueron una sucesión de conflictos bélicos y políticos entre el gobierno revolucionario francés y Austria hasta la firma del Tratado de Luneville en 1801. Normalmente, se dividen entre la Primera Coalición (1792-1797) y la Segunda Coalición (1798-1801), aunque Francia estuvo constantemente en guerra con Gran Bretaña desde 1793 hasta el Tratado de Amiens (1802). Estuvieron marcadas por el fervor revolucionario francés y por las innovaciones en el ámbito militar.


Las guerras revolucionarias Francesas (1792-1802) fueron una serie de conflictos que surgieron de las tensiones en torno a la Revolución francesa (1789-1799). Las guerras se libraron entre la Francia revolucionaria y varias potencias europeas, especialmente Austria, Prusia, Rusia, España y Gran Bretaña. Diez años de conflicto resultaron en una victoria francesa y el ascenso de Napoleón.

Las guerras revolucionarias suelen dividirse en dos etapas: la guerra de la Primera Coalición (1792-1797) y la guerra de la Segunda Coalición (1798-1802). Inicialmente, las guerras se libraron en defensa de la Revolución francesa; sin embargo, pronto se convirtieron en guerras de conquista. Para 1802, la República francesa había conquistado los Países Bajos, el norte de Italia y partes de Renania. Algunas de estas tierras se incorporaron directamente a Francia, otras se convirtieron en estados clientes franceses conocidos como "repúblicas hermanas".

Las guerras también llevaron al poder al popular general Napoleón Bonaparte (1769-1821), quien tomó el control de Francia en 1799 y llevó a los franceses a la victoria contra la Segunda Coalición. El Tratado de Amiens, firmado el 25 de marzo de 1802, marcó el fin de las guerras revolucionarias, pero las hostilidades estallarían una vez más, dando inicio a las guerras napoleónicas (1803-1815).

Ante los eventos de la Revolución francesa y la caída del antiguo Régimen monárquico en Francia, las tensiones e implementación de un nuevo régimen, los monarcas de Europa observaron con inquietud la situación. Con cada nueva ley la Revolución se volvió más radical y muchos creían que era solo cuestión de tiempo antes de que se desbordara más allá de las fronteras de Francia. En agosto de 1791 los monarcas de Austria y Prusia emitieron conjuntamente la Declaración de Pillnitz, donde llamaron a las potencias de Europa a unirse contra la Francia revolucionaria.

Las Guerras Revolucionarias Francesas comenzaron cuando otros países europeos declararon la guerra a Francia en respuesta al cambio político que estaba teniendo lugar. Las monarquías europeas temían que los ideales de la Revolución Francesa pudieran extenderse a sus propios países y derrocar sus sistemas tradicionales. Además, muchos países querían aprovechar la oportunidad para expandir su territorio y aumentar su poder.

Las primeras batallas de las Guerras Revolucionarias Francesas tuvieron lugar en 1792, cuando Prusia y Austria declararon la guerra a Francia. Aunque los franceses ganaron algunas batallas tempranas, comenzaron a sufrir pérdidas significativas cuando las fuerzas prusianas y austriacas avanzaron hacia Francia. En 1793, Francia adoptó una política de terror para contrarrestar las amenazas internas y para unificar al país frente a sus enemigos externos.

La Guerra de la Primera Coalición fue una importante guerra europea que se libró entre 1792 y 1797. Esta guerra tuvo sus orígenes en la Revolución Francesa, en la que revolucionarios republicanos radicales derrocaron a la monarquía y crearon la Primera República Francesa. Las siguientes fueron las fuerzas principales en la guerra:La Primera Coalición: La República Holandesa, Gran Bretaña, el Sacro Imperio Romano (controlado por Austria), el Papado, Portugal, Prusia, España y varios otros países menores. La Alianza Francesa: Francia y sus repúblicas títeres

La Guerra de la Primera Coalición se desarrolló durante un período prolongado. Sin embargo, la guerra no tuvo el mismo aspecto a lo largo de este período, con diferentes facciones uniéndose y saliendo de diferentes teatros de guerra.

La batalla de Jemappes 6 de noviembre de 1792 es una importante victoria de los ejércitos revolucionarios franceses que permite la conquista de Bélgica y marca un importante avance en la guerra contra las monarquías de coalición.

En la Batalla de Valmy ,20 de septiembre de 1792, en las alturas de Valmy, en Champaña, los generales Kellermann y Dumouriez detuvieron el avance prusiano del duque de Brunswick hacia París. El 'Cañoneo de Valmy', un duelo de artillería de horas de duración, obligó al ejército de coalición a abandonar su ofensiva sin una batalla campal decisiva.

De septiembre a diciembre de 1793, las fuerzas republicanas recuperaron Toulon, entregada a los británicos por los realistas. Bonaparte, entonces capitán de artillería, jugó un papel decisivo al apoderarse de los fuertes que dominaban el puerto y permitir el bombardeo de la flota angloespañola. El 18 de diciembre los aliados evacuaron la ciudad; La victoria salvó la Revolución y lanzó la carrera de Bonaparte.

La Guerra de la Primera Coalición fue una gran victoria para Francia. Con el Tratado de Campo Formio, Francia aseguró el control de nuevas tierras y su gobierno revolucionario. Francia ganó gracias a generales hábiles como Napoleón Bonaparte y a una nueva táctica de reclutamiento masivo,

La Guerra de la Segunda Coalición fue una gran guerra europea que se libró entre 1798 y 1802. Por un lado estaba la República Francesa, que pronto fue dirigida por el carismático y hábil general Napoleón Bonaparte, junto con España y los demás títeres de Francia. Por otro lado estaba una coalición de monarquías europeas que se oponían al poder ascendente de Francia. Estos países incluían el Sacro Imperio Romano Germánico, Gran Bretaña, Rusia, el mperio Otomano y Portugal. Finalmente, Francia ganó la Guerra de la Segunda Coalición.

La batalla de Stockach. Derrota francesa el 25 de marzo de 1799 en Stockach (Baden-Württemberg): Jourdan fue derrotado por el archiduque Carlos en la reanudación de la Segunda Guerra de Coalición. La decisiva intervención de Carlos y la superioridad austríaca obligaron al ejército del Danubio a retirarse hacia el Rin.

La batalla de Elchingen, 14 de octubre de 1800, a menudo llamada batalla de Höchstädt, fue una victoria decisiva para las fuerzas francesas al mando del general Ney, rompiendo las líneas austriacas y renovando la ofensiva en el sur de Alemania.

La batalla de Marengo, 14 de junio de 1800 (25 Prairial Año VIII), cerca de Alessandria en Piamonte, Bonaparte, entonces primer cónsul, revirtió un ataque sorpresa del ejército austríaco del mariscal de campo Melas. Después de una mañana difícil en la que Víctor y Lannes cedieron terreno, llegó el cuerpo de Desaix y un contraataque al final del día convirtió la inminente derrota francesa en una victoria decisiva.


 

LA GUERRA DE LA VENDÉE

La guerra de la Vendée fue un conflicto armado que se llevó a cabo en Francia durante el año 1793, en plena Revolución Francesa. Esta guerra civil enfrentó a los monárquicos, conocidos como los "vandeanos" o "chuanes", contra los republicanos, representados por las fuerzas revolucionarias. La Vendée, una región ubicada en el oeste de Francia, fue el escenario principal de esta contienda, que se extendió por varios meses y dejó un saldo de miles de muertos y una gran destrucción en la zona.


En 1789 estallaba la Revolución Francesa al grito de «libertad, igualdad, fraternidad o muerte». Con ella llegó la creación de un nuevo concepto de Estado y sociedad que significaron el paso definitivo para la completa secularización de Europa pues a Iglesia Católica conformaba una institución vital para el pueblo galo y pilar fundamental para el sostenimiento de la Monarquía.

Desde hace tiempo Francia dejó de reconocerse a sí misma como la «hija primogénita de la Iglesia», hasta tal punto que en 1790 la Asamblea Constituyente aprobó una Constitución Civil para clérigos que pretendía reorganizar en profundidad la Iglesia de Francia transformando a los sacerdotes católicos parroquiales en «funcionarios públicos eclesiásticos» desvinculándolos de Roma y el Papa. Inmediatamente casi todos los obispos diocesanos, así como la mayor parte del clero urbano, se negó a pronunciar el juramento de lealtad a la Revolución.


A partir de 1791 se endureció el odio a todo aquel que se opusiese a jurar la nueva constitución, provocando la persecución y muerte de muchos. La situación empeoraría cuando, tras suprimir las congregaciones seculares, en 1792 un nuevo decreto establecía la deportación de cualquier sacerdote refractario. Estas medidas causaron la salida de más de 40 mil exiliados de condición religiosa pues la Revolución dejó tras de sí una parte del país que ni entendía ni quería estos cambios.

En 1793, la región de la Vendée, en el centro-oeste de Francia, fue escenario del alzamiento de todo un pueblo contra la Revolución. Los detonantes a esta «contrarrevolución» fuero, en primer lugar, la ejecución del Rey Luis XVI que significó la ruptura total entre el Antiguo Régimen, con el que estaban de acuerdo los campesinos de La Vendée, y la República había puesto en marcha el proceso para terminar con todos los pilares tradicionales que habían conformado la sociedad hasta entonces. Esto provocó las iras en distintas comarcas de Francia, pero en la Vendée se produjeron con más intensidad a la vez que los nobles y el clero, se sumaban a la revuelta, esperando obtener algún tipo de crédito.

En junio de 1793, las ciudades de Burdeos, Marsella, Toulouse, Nîmes y Lyon, así como Normandía desarrollan revueltas federalistas y monárquicas. La pequeña nobleza que se había quedado en el país lo único que hizo fue seguir la insurrección campesina, antes de tomar sus riendas y darle un matiz claramente realista y católico a partir de julio de 1793.

Cuando el Comité de Salvación Pública de la Convención revolucionaria se enteró de la insurrección ordenó «arrasar la Vendée», una directriz que conllevaría el asesinato de miles de mujeres y niños. Los contrarrevolucionarios de La Vendée consiguieron reunir 8.000 hombres, aunque muy mal equipados y poco entrenados: muchos solo estaban armados con guadañas y picas. Mientras que los revolucionarios consiguieron movilizar alrededor de 80.000 soldados que saquearon y quemaron todo a su paso. Se trató de un exterminio organizado con el objetivo de despoblar la región. Al norte del Loira, las revueltas se reprimen con eficacia pero con brutalidad.


La guerra tuvo varias partes, una primera de guerrillas campesinas, sin instrucción ni objetivo claro, salvo evitar el alistamiento. Sería un tiempo después cuando algunos nobles se sumaron a la revuelta, cuando la organización aumentó , se pudieron obtener victorias en campo abierto e incluso sitiar ciudades.

A pesar de que tienen puntos comunes, hay que diferenciar las guerras vendeanas de las acciones de la chuanería. En el primer caso, al sur del Loira, los rebeldes toman ventaja sobre las tropas republicanas y se organizan como «Ejército Católico y Real» dentro del territorio bajo su control; las diversas guerras de la Vendée oponen a dos ejércitos. En el segundo caso, las tropas republicanas triunfan en primer lugar sobre los rebeldes. El rebrote del conflicto a finales de 1793, se hace en forma puntual de guerrilla en Bretaña, Maine y Normandía. Sin embargo, los motivos de la revuelta son los mismos

Ejército católico y real de Vandea fue la unidad militar en que se agrupaban los contrarrevolucionarios vandeanos durante la guerra de la Vendée. Sus generalísimos y caudillos fueron, más destacados fuern, Jacques Cathelineau, Charles de Bonchamps, Maurice d'Elbée, Antoine-Philippe de La Trémoïlle, François-Athanase de Charette de La Contrie y Henri de La Rochejaquelein. En el Ejército Revolucionario o Ejercito Republicano, destacaron sus comandantes Jean Baptiste Camille de Canclaux, Lazare Hoche y Jean Baptiste Kléber.

Al principio los realistas vendeanos tuvieron ciertos éxitos en la batalla de Entrammes (26 de octubre de 1793) y en la de Dol, entre el 20 y el 22 de noviembre de 1793, pero después son derrotados en el sitio de Granville, y en las batallas de Le Mans (12 y 13 de diciembre de 1793) y Savenay el 23 de diciembre de 1793, donde los restos del ejército monárquico fueron interceptados y masacrados por los republicanos.

Es posible que la guerra de la Vendée haya sido la más cruel de las que han asolado Francia, pues se sabe que los prisioneros rebeldes eran embarcados maniatados en lanzas y estas eran hundidas en medio del río Loira a su paso por Nantes. Estos métodos represivos recuerdan prácticas actuales juzgadas como genocidas, pues buscan el exterminio absoluto de un pueblo o grupo de oposición.

La paz formal se acordó en 1795, con un acuerdo que incluía una amplia amnistía A pesar de ello, el irreductible carácter Bretón hizo que volviera a haber nuevos levantamientos durante las siguientes décadas, pero ya con menor violencia que la primera guerra la Vendée.





LA GUERRA DEL ROSELLÓN

La Guerra del Rosellón, conocida también como la Guerra de los Pirineos o de la Convención aunque en realidad los enfrentamientos se produjeron a lo largo de la frontera desde Cataluña al frente vasco-navarro pasando por el Pirineo aragonés, fue un conflicto que enfrentó a la monarquía de Carlos IV de España y a la Primera República Francesa entre 1793 y 1795, dentro del conflicto general que enfrentó a Francia con la Primera Coalición. La guerra se libró en los Pirineos orientales, los Pirineos occidentales, en el puerto francés de Tolón y en el mar.


El Rosellón es una provincia histórica de Francia, cuya región oficial actual que abarca gran parte de dicho territorio es el departamento de los Pirineos Orientales. Corresponde al antiguo condado de Rosellón y parte del condado de Cerdaña. Ambos fueron parte de España hasta el Tratado de los Pirineos (1659), con el que se dio fin a las hostilidades abiertas desde 1635 entre España y Francia, en el contexto de la guerra de los Treinta Años. En 1790, cuando tras la Revolución francesa, la Asamblea Nacional decidió dividir todo el reino en departamentos y suprimir las antiguas provincias, la antigua provincia del Rosellón quedó englobada en el departamento de los Pirineos Orientales. El Rosellón había pertenecido a la Corona de Aragón hasta 1648, sus habitantes eran de cultura catalana y muchos veían con buenos ojos volver a formar parte de la católica España en vez de continuar en una Francia sumida en el caos y la violencia de la Revolución.

La Revolución Francesa de 1789 supuso un estallido social y político que hizo temblar los cimientos del Antiguo Régimen. Este ataque al orden establecido y a la figura del monarca hizo que los distintos reinos olvidasen sus rencillas personales y se unieran para que la monarquía retomara el poder. Las monarquías europeas, entre ellas España se unen para combatir el temor revolucionario, es así como comienza la guerra del Rosellón 1793-1795.

El monarca español Carlos IV tras la detención del rey francés Luis XVI y observando las nuevas políticas anticlericales del gobierno republicano de la Convención, decidió unirse a la Primera Coalición. España da un giro total en su política exterior al unirse a su tradicional enemigo para luchar contra Francia, con la que había mantenido una larga alianza gracias a los Pactos de Familia.

Francia ya estaba en guerra con la Monarquía de los Habsburgo, el Reino de Prusia y el Reino de Cerdeña-Piamonte. Después de ganar la batalla de Jemappes, el ejército francés ocupó los Países Bajos austríacos. Envalentonado, el gobierno francés decretó la anexión de ese territorio, la actual Bélgica, provocando una ruptura diplomática con Gran Bretaña. Francia declaró el 1 de febrero de 1793 la guerra a Gran Bretaña y a la República holandesa. El 7 de marzo hizo lo mismo con su antiguo aliado, el Reino de España.

España no se sumó a la Coalición porque Godoy prefería esperar a que los coligados debilitaran a Francia para entrar en el conflicto. Pero la Convención no le dio esa oportunidad, el 7 de marzo de 1793 declaró la guerra a España con la excusa de un supuesto tratado secreto hispano-británico.


Declarar la guerra a España fue un acto de soberbia desmedida de los jacobinos ya que tenían frentes abiertos contra Austria y Prusia, eran inminentes desembarcos ingleses y debía hacer frente a rebeliones internas en La Vendeé y Lyon, por lo que sólo había 10.000 soldados franceses en los Pirineos, frente a 60.000 soldados españoles: 36.000 en Cataluña bajo el mando del general Ricardos, 19.000 en Navarra con el general Castelfranco, y 5.000 en Aragón con el general Caro.

A pesar de que fue Francia quien declaró la guerra en 1793, fue el Ejército español quién invadió el Rosellón en los Pirineos orientales y se mantuvo en suelo francés hasta abril de 1794. Godoy había tenido el buen juicio de nombrar Capitán General de Cataluña al general don Antonio Ricardos Carrillo de Albornoz. El general Ricardos quería aprovechar su superioridad numérica antes de que se desvaneciera, e inició laconquista. Ricardos prosiguió su avance por el valle del Tech, tomando una serie de poblaciones a lo largo del río. El 17 de abril tomó Arles sur Tech. En París Robespierre, alarmado por la inesperada penetración española, decreta la formación del Ejército de los Pirineos Orientales, bajo el mando del general Louis Charles de La Motte-Ango, marqués de Flers, con Claude Fabre como “representante en misión”. El 19 de mayo el general franc´s, Dagobert de Fontenille, con 15.000 hombres, se decidió a cortar el paso a Ricardos, que avanzaba con 12.000 soldados. Se produjo el mayor enfrentamiento hasta aquel momento, pero es derrotado por Ricardios en la batalla de Mas Deu y Trouillas. En la región de Aspres, logró derrotar a las fuerzas de la Convención, asegurando Port-Vendres, Santelme y Colliure. El español demostró su valía como estratega. A pesar de todo, su decisión de no atacar Perpiñán provocó una fuerte controversia.

Finalmente el Ejército francés hizo retroceder al español a Cataluña y le infligió una seria derrota en noviembre de 1794. Después de febrero de 1795, la guerra en el este de los Pirineos se estancó. En los Pirineos occidentales los franceses comenzaron a ganar en 1794 y llegaron a controlar gran parte del País Vasco Español. En 1795 el Ejército francés controlaba una parte importante del noreste de España cuando se firmó la Paz de Basilea.