lunes, 19 de octubre de 2026

GUERRAS EN LA HISTORIA: SIGLO XIX






LAS GUERRAS NAPOLEÓNICAS

Las Guerras Napoleónicas, también llamadas guerras de la Coalición, fueron una serie de conflictos militares que tuvieron lugar durante el periodo de gobierno de Napoleón Bonaparte en Francia, desde finales del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX. Estas guerras involucraron a gran parte de Europa y tuvieron un impacto significativo en la  historia del continente. Durante este periodo, Napoleón Bonaparte se convirtió en una figura central en la política europea y su ambición de expandir el Imperio Francés llevó a numerosas invasiones, conquistas y batallas en toda Europa. Dirigió los destinos del país y llevó a Francia a ejercer la hegemonía europea tras una serie de brillantes campañas militares por las que ha sido considerado uno de los mejores estrategas de todos los tiempos. Las campañas militares que tuvieron a Napoleón como protagonista contra otras naciones europeas son puestas como ejemplo de brillantez e ingenio. Las guerras napoleónicas se desarrollaron principalmente en Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia. También se llamaron guerras de coalición por las alianzas realizadas entre estos países. Estos enfrentamientos comenzaron en 1799 tras el golpe de estado dado por Napoleón, pero su origen se remonta unos años antes del estallido de la Revolución francesa. Las guerras llegaron a su fin en julio de 1815 con la batalla de Waterloo, durante la cual la Séptima Coalición logró derrotar a Napoleón, que fue apresado y confinado en la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.


General francés de origen corso y proclamado Emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, capital de la actual Córcega, poco después de su anexión por Francia. En 1779 ingresó en la escuela militar de Brienne y posteriormente estudió en la Escuela Militar de París. e especializó en artillería y obtuvo el grado de subteniente en 1785. Lector de historia, geografía y pensamiento político, encontró en la Revolución francesa de 1789 oportunidades de ascenso que el ejército del Antiguo Régimen difícilmente le habría ofrecido. Su carrera adquirió impulso durante el sitio de Tolón, en 1793, cuando su actuación artillera contribuyó a recuperar el puerto ocupado por fuerzas británicas y sus aliados. Ascendido a general de brigada, a los 24 años, consolidó su posición en octubre de 1795 al reprimir una insurrección realista en París.

Campaña de Italia de 1796-1797

En 1796  recibió el mando del Ejército de Italia. Durante aquella campaña derrotó repetidamente a las fuerzas austríacas mediante movimientos rápidos, concentración de tropas y ataques sobre puntos vulnerables. Bonaparte consiguió ganar las batallas que se libraron en Mantua, Castiglione, Arcole, Bassano y finalmente en Rivoli, en 1797. Con esa victoria contra los austríacos logró expulsarlos de las tierras italianas. Sus victorias lo transformaron en una figura de prestigio nacional. Los franceses perdieron 5.000 hombres, mientras que las bajas austríacas ascendían a 14.000. Los italianos recibían a las tropas de Francia como a libertadores. Napoleón consiguió firmar un acuerdo con Austria,r conocido como el Tratado de Campo Formio.



Campaña de Egipto y Siria (1798-1801)

En 1798 emprendió la expedición a Egipto con el propósito de perjudicar los intereses británicos y amenazar indirectamente sus comunicaciones con la India. Llegó a Alejandría el 1 de julio de 1798, donde venció a los mamelucos en la batalla de Shubra Khit y luego en la batalla de las Pirámides, en las que los franceses solo perdieron 29 vidas, mientras que los egipcios cerca de 2.000 hombres. Pero el furor de la victoria terminó cuando Horacio Nelson destruyó la flota francesa en la batalla del Nilo a mediados de 1798. Al año siguiente, Napoleón se dirigió a Damasco, controlada por el Imperio otomano. Conquistaron Jaffa, Haifa, Gaza y El Arish, pero no pudieron someter Acre.

Consulado e Imperio

En 1799 Napoleón abandonó Egipto y regresó a Francia, mientras el ejército quedó bajo el mando de Jean-Baptiste Kléber. El 9 de noviembre de 1799, el 18 de brumario del calendario revolucionario, participó en el golpe de Estado que derribó al Directorio. La nueva Constitución estableció un Consulado de tres miembros, aunque el poder efectivo quedó concentrado en Napoleón como Primer Cónsul. Con el ascenso, Napoleón no solo edificó un aparato militar formidable, sino que impulsó una serie de reformas administrativas y legales que buscaban modernizar el Estado. En 1802 fue proclamado cónsul vitalicio. Dos años después, el Senado aprobó el establecimiento del Imperio hereditario. El 2 de diciembre de 1804 fue coronado emperador de los franceses en Notre Dame de París, en presencia del papa Pío VII.

Guerra de la Primera Coalición (1792-1797)

La Primera Coalición (1792-1797) de Austria, Prusia, el Reino Unido de la Gran Bretaña, España y el Piamonte (Italia) contra Francia fue el primer intento para acabar con el republicanismo. La coalición fue derrotada por los franceses debido a una movilización general, levas en masa, reformas en el ejército y una guerra absoluta.

Guerra de la Segunda Coalición (1798-1801)

La Segunda Coalición (1798-1801), formada por el Imperio ruso, Reino Unido, Imperio austríaco, Imperio otomano, Reino de Portugal, Reino de Nápoles y los Estados Papales contra Francia, fue al principio más efectiva que la primera.

La batalla de Marengo tuvo lugar cerca de la ciudad de Alessandria, en el Piamonte, al noroeste de Italia el 14 de junio de 1800, durante la guerra de la Segunda Coalición. Concluyó con una victoria francesa y con la retirada de las tropas austríacas de la mayor parte del territorio italiano.

Guerra de la Tercera Coalición (1805-1806)

La Tercera Coalición fue una alianza militar creada en 1805 por el Reino Unido, Imperio austríaco, Rusia, Nápoles y Suecia contra Francia con el fin de derrocar a Napoleón del poder y disolver la influencia militar francesa en el continente europeo. Napoleón planeaba la invasión de las islas británicas y reunió 180 000 soldados en Boulogne. Sin embargo, necesitaba conseguir antes la superioridad naval para llevarla a cabo, o al menos, alejar a la flota británica del canal de la Mancha.

La batalla de Trafalgar fue una batalla naval que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805, en el marco de la Tercera Coalición. La batalla de Trafalgar se produjo frente a la costa española del cabo de Trafalgar, en Los Caños de Meca, localidad del  municipio gaditano de Barbate, en aquella época perteneciente a Vejer de la Frontera. En ella se enfrentaron los aliados Francia y España (al mando del vicealmirante francés Pierre Villeneuve, bajo cuyo mando estaba por parte española el teniente general del mar Federico Gravina) contra la Armada británica al mando del vicealmirante Horatio Nelson, quien obtuvo la victoria.

La batalla de Austerlitz, también conocida como la batalla de los Tres Emperadores, enfrentó el 2 de diciembre de 1805 a un ejército francés encabezado por el emperador Napoleón I contra las fuerzas combinadas ruso-austríacas del zar ruso Alejandro I y el emperador austríaco Francisco I. Fue una de las mayores victorias de Napoleón, pues el Primer Imperio francés aplastó definitivamente a la Tercera Coalición tras casi nueve horas de difícil combate.

Guerra de la Cuarta Coalición (1806-1807)

La Cuarta Coalición (1806-1807) de Prusia, Sajonia y Rusia contra Francia se formó solo unos meses después del colapso de la coalición precedente. En julio de 1806, el Emperador de Francia había creado la Confederación del Rin, ignorando a los minúsculos Estados alemanes del valle del Rin y del interior de Alemania.

La batalla de Jena se libró el 14 de octubre de 1806 y enfrentó al ejército francés bajo el mando de Napoleón contra el segundo ejército prusiano comandado por Federico Guillermo III de Prusia. Esta batalla, junto a la batalla de Auerstädt, significó la derrota de Prusia y su salida de las guerras napoleónicas hasta 1813.

La batalla de Eylau se libró del 7 de febrero al 8 de febrero de 1807, y fue un sangriento choque entre las fuerzas del Emperador Napoleón I de Francia y la mayor parte del ejército ruso al mando del general Bennigsen.

Por el posterior Tratado de Tilsit, en julio de 1807, Francia hizo la paz con Rusia y forzó a Prusia a ceder la mitad de sus territorios a Francia, al Reino de Westfalia de Jerónimo Bonaparte y al )nuevo Gran Ducado de Varsovia.

Invasión de España (1808-1814)

La Invasión Napoleónica a España tuvo lugar entre 1808 y 1814, durante las  Guerras Napoleónicas. Carlos IV de España abdicó en favor de su hijo Fernando VII debido a las tensiones internas en la corte. Sin embargo, Napoleón Bonaparte aprovechó esta oportunidad para intervenir en los asuntos españoles y colocar en el trono a su propio hermano, José Bonaparte. Además, el Tratado de Fontainebleau, firmado en 1807, permitía la entrada de tropas francesas en territorio español con el objetivo de invadir Portugal, aliado de Inglaterra. La invasión napoleónica a España se caracterizó por una intensa lucha entre las tropas francesas y los guerrilleros españoles, quienes se organizaron en pequeñas unidades de combate y llevaron a cabo tácticas de guerrilla para enfrentarse al ejército invasor. Fue un episodio crucial en la  historia de España, que tuvo un impacto duradero en su política, sociedad y cultura. Este evento marcó el fin del Antiguo Régimen y el comienzo de la  Guerra de Independencia Española, donde el pueblo español se levantó contra la ocupación francesa en busca de su libertad y soberanía.

La batalla de Bailén se libró durante la guerra de la Independencia española y supuso la primera derrota en campo abierto de la historia del ejército napoleónico. Tuvo lugar el 19 de julio de 1808 junto a la ciudad jienense de Bailén. Enfrentó a un ejército francés de unos 22 000 soldados al mando del general Dupont con otro español más numeroso (unos 29 770) a las órdenes del general Teodoro Reding, aunque el general en jefe del llamado Ejército de Andalucía era el general Castaños.

Guerra de la Quinta Coalición (1809)

La Quinta Coalición (1809) del Reino Unido y Austria contra Francia se formó mientras España se enfrentaba con Francia en la guerra de la Independencia española. Francia contó con el apoyo de sus estados satélite: el Reino de Italia, la Confederación del Rin y el Ducado de Varsovia. Austria, por su parte, fue apoyada por la Quinta Coalición, integrada por el Reino Unido, Portugal, España y los reinos de Cerdeña y Sicilia, aunque estos dos últimos no participaron en los combates.

La batalla de Wagram (5 al 6 de julio de 1809) enfrentó a los ejércitos franceses de Napoleón contra el austriaco del archiduque Carlos en la localidad de Wagram (actualmente en Austria). El resultado final de este combate fue la retirada austriaca, para volver a enfrentarse a los franceses en Znaim los días 10 y 11 de julio de 1809. La guerra de la Quinta Coalición terminó con el Tratado de Schönbrunn, el 14 de octubre de 1809.

Invasión napoleónica de Rusia

La invasión napoleónica de Rusia en 1812, una de las campañas militares más ambiciosas y desastrosas de la historia, marcó un punto de inflexión en las Guerras Napoleónicas y, en última instancia, contribuyó significativamente a la caída del imperio napoleónico. A pesar de la magnitud del riesgo, Napoleón Bonaparte, en el apogeo de su poder, se lanzó a la conquista de un vasto territorio, enfrentándose a un enemigo implacable: el invierno ruso. A pesar de su genio militar, Napoleón cometió graves errores de cálculo al planificar la invasión de Rusia. Subestimó la distancia, el clima y la capacidad de resistencia del ejército ruso. La logística se convirtió en una pesadilla, con líneas de suministro sobreextendidas y vulnerables a los ataques de los cosacos y los partisanos rusos.


La batalla de Borodinó tuvo lugar el 7 de septiembre de 1812 (26 de agosto según el antiguo calendario juliano). Es también conocida como la batalla del río Moscova, y fue una de las mayores y más sangrientas batallas de las guerras napoleónicas, enfrentando a cerca de un cuarto de millón de hombres.

Guerra de la Sexta Coalición (1812-1814)

La Sexta Coalición (1812-1814) consistió en la alianza del Reino Unido, Rusia, España, Prusia, Suecia, Austria y cierto número de estados alemanes contra Francia.

La batalla de Lützen (2 de mayo de 1813) se libró durante la guerra de la Sexta Coalición de las guerras napoleónicas, enfrentando al ejército francés contra un combinado ruso-prusiano. Después de un día de intensos combates, el combinado de Prusia y Rusia se retiró, pero los franceses no pudieron perseguir al enemigo derrotado por carecer de caballería.

La batalla de Leipzig (16 al 19 de octubre de 1813), también llamada batalla de las Naciones, fue el mayor enfrentamiento armado de todas las guerras napoleónicas y la batalla más importante perdida por Napoleón Bonaparte. La Grande Armée, bajo el mando de Napoleón, se encontraba en un estado debilitado. Los aliados terminaron ocupando París el 31 de marzo de 1814. Los mariscales franceses se negaron a seguir luchando y forzaron al emperador a abdicar. Napoleón debió abdicar en 1814 y fue enviado como exiliado a la isla de Elba. Esto posibilitó la restauración del absolutismo borbónico en Europa.

Guerra de la Séptima Coalición (1815)

La Séptima Coalición fue la última alianza militar de las potencias europeas contra el emperador francés Napoleón Bonaparte. Esta fue preparada apresuradamente tras el regreso de Napoleón desde su exilio en Elba y su aclamada entrada en París. La campaña, también conocida como "Los Cien Días", fue la fase final de las Guerras napoleónicas y puso fin al reinado de Napoleón, quien fue forzado a abdicar nuevamente tras su derrota en la batalla de Waterloo. Los Cien Días se refieren al segundo reino del emperador francés Napoleón I, quien volvió del exilio de forma inesperada para reclamar el trono francés. Abarca el retorno triunfante de Napoleón a París el 20 de marzo de 1815, su culminante derrota en la batalla de Waterloo el 18 de junio y la restauración del rey Luis XVIII el 8 de julio: un período de 110 días.

La batalla de Waterloo se libró el domingo 18 de junio de 1815, cerca de Waterloo. El Ejército Imperial Francés, bajo el mando de Napoleón I, fue derrotado por dos ejércitos de la Séptima Coalición. Uno era una fuerza liderada por los británicos, con unidades del Reino Unido, los Países Bajos, Hannover, Brunswick y Nassau, bajo el mando del mariscal de campo Arthur Wellesley, duque de Wellington. El otro estaba compuesto por tres cuerpos del ejército prusiano bajo el mando del mariscal de campo Gebhard von Blücher. La victoria de los coaligados significó el fin del Imperio napoleónico y derivo en la reclusión de Bonaparte en la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.





LA REVOLUCIÓN HAITIANA

La Revolución haitiana fue un movimiento revolucionario surgido en las colonias francesas entre 1791 y 1803 que resultó en la abolición de la esclavitud en Saint-Domingue en 1793 y la proclamación del Primer Imperio de Haití en 1804. La Revolución haitiana fue la primera insurrección de esclavos afro-americanos, y a su vez, el primer movimiento independentista de América Latina. El proceso fue precedido por la guerra de independencia de Estados Unidos y precedió a los movimientos independentistas de Hispanoamérica.


Tras varias semanas de organización en secreto, la rebelión se inicia la noche del 21 al 22 de agosto de 1791 cuando miles de esclavos en la colonia francesa de Saint-Domingue comienzan a asesinar a sus amos durante horas de la noche, sumergiendo a la isla en una guerra civil. Durante los siguientes diez días los esclavos tomaron el control de la provincia del norte. A mediados de septiembre todo el norte estaba en llamas, los blancos sobrevivientes tuvieron que atrincherarse en algunas guarniciones aisladas.

La isla de Haití, entonces conocida como Saint-Domingue, fue una de las colonias más ricas del mundo en el siglo XVIII. Su prosperidad se basaba en la producción masiva de azúcar, un producto de alta demanda en Europa, y esta producción dependía enteramente de la mano de obra esclava.

Las causas de la revolución de Haití fueron las siguientes.

Al igual que gran parte de las islas del Caribe, en Haití la economía se basaba en el esclavismo, siendo esencial para la producción de productos como el azúcar, el cacao o el café. En esta, situación Haití se convirtió en una de las colonias más rentables del mundo, causando que los esclavos tuvieran cada vez más trabajo y su situación fuera más complicada y dura.


La grave crisis de los esclavos hizo que muchos de estos huyeron a la selva y se convirtieran en los llamados cimarrones, siendo esclavos rebeldes que vivían como podían y que en ocasiones atacaban a los esclavistas para conseguir alimentos y suministros.

La necesidad de mano de obra para seguir produciendo el azúcar necesario para su venta a Europa hizo que la población esclava aumentara a gran velocidad, causando que en poco tiempo fueran mucho mayor su número que el de esclavistas.

Otra de las causas de la revolución de Haití es la gran desigualdad social que existía. A mediados del siglo XVIII, los propietarios de las tierras iniciaron a crear un sistema rígido de clases sociales para que los negros y mulatos no fueran igual ante la ley que los blancos, causando una enorme contradicción en cuanto a las razas, ya que a veces no estaba del todo claro la diferenciación entre determinadas clases.

Poco tiempo antes del inicio de la revolución de Haití había tenido lugar en Francia la llamada Revolución Francesa, siendo una revolución liberal que al haber tenido lugar en la metrópoli de Haití tuvo una enorme influencia en el pensamiento de la colonia.

La primera etapa inició con el estallido de los grandes levantamientos de esclavos negros en el norte de la colonia en 1791. La segunda está marcada por el intento de ocupación de los británicos entre 1793 y 1798, quienes fueron vencidos y debieron retirarse. La tercera por el dominio del caudillo negro Toussaint Louverture, quien venció a sus rivales del sur en 1800 y ocupó el Santo Domingo español en 1801, unificando La Española. Entre 1802 y 1803 se dio la última etapa, cuando el Primer Cónsul Napoleón Bonaparte intentó recuperar el dominio de la isla, enviando a su cuñado Charles Victoire Emmanuel Leclerc a cargo de una expedición que fracasó.

La chispa que encendió la revolución fue la rebelión de esclavos en la plantación de Laboule, liderada por el esclavista francés Jean-François, que se convirtió en un símbolo de la resistencia. Esta rebelión, que resultó en la muerte de cientos de esclavos, desencadenó una serie de levantamientos en toda la isla, que rápidamente se extendieron a otras plantaciones. La participación de los mulatos en la rebelión fue crucial, ya que aportaron su propia experiencia de discriminación y su deseo de igualdad. Dutty Boukman, esclavo y sacerdote vudu, fue uno de los primeros lideres y mártires del movimiento. Una pequeña revuelta estalló el 24 de enero de 1791 en Port-Salut, cerca de Les Cayes. Los 200 rebeldes son rápidamente vencidos, pero al mismo tiempo se organiza una guerrilla de mulatos al mando de André Rigaud.

La invasión de fuerzas españolas y británicas durante la Revolución Francesa exacerbó la situación, ya que estas potencias europeas buscaron aprovecharse de la inestabilidad en Haití para establecer su propio control sobre la isla. La guerra entre Francia, España y Gran Bretaña, que se libró en Haití, proporcionó a los esclavos y mulatos la oportunidad de organizarse y luchar por su libertad.

Toussaint Louverture y Jean-Jacques Dessalines, desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo de la Revolución Haitiana.

Louverture se unió a la rebelión de esclavos, pero rápidamente se convirtió se convirtió en uno de los caudillos del movimiento insurgente. Louverture logró unificar a las diferentes facciones revolucionarias y establecer un gobierno provisional en Haití. Organizó la isla como un estado semiautónomo, con una Constitución (1801), redujo los focos rebeldes de mulatos y colonos franceses, rechazó el intento de invasión británica de 1798. Proclamado gobernador vitalicio de la isla. Napoleón envió en 1802 al general Leclerc. Éste sometió a Louverture y le asignó un espléndido retiro, pero al poco tiempo lo apresó y envió a Francia, donde al año siguiente murió en prisión a causa de una enfermedad y la falta de asistencia médica.

Jean-Jacques Dessalines participó en las revueltas de los esclavos de la colonia francesa de Saint Domingue. Al servicio de Toussaint Louverture alcanzó el grado de general. En 1802 un ejército enviado por Napoleón, bajo el mando del general francés Charles Leclerc, derrocó a Toussaint Louverture. Dessalines hubo de aceptar la deposición y deportación de Toussaint Louverture y rendirse a Leclerc, quien le confió el mando del sector sur de la isla. Dessalines organizó en octubre de 1802 un amotinamiento contra las fuerzas francesas a las que enfrentó en una sangrienta lucha. Finalmente, venció a los franceses en la batalla de Vertières en 1803 y los expulsó de la isla. Proclamado luego gobernador general, el 1 de enero de 1804 declaró la independencia de la isla, a la que devolvió su nombre en lengua arahuaca, Haití. Para asegurar la supervivencia del nuevo estado, Dessalines, que en septiembre de 1804 se proclamó emperador con el nombre de Jacques I, reprimió durante su breve reinado a la población blanca. Falleció al poco tiempo en 1806.

La Independencia de Haití es un evento histórico de trascendental importancia, que representa un triunfo de la resistencia y la lucha por la libertad. El proceso revolucionario, liderado por figuras como Toussaint Louverture y Jean-Jacques Dessalines, sentó un precedente para movimientos de liberación en otras partes del mundo.





LAS INVASIONES INGLESAS AL RÍO DE LA PLATA

Las Invasiones Inglesas fueron dos expediciones militares llevadas a cabo por el Reino Unido en el territorio del Virreinato del Río de la Plata en los años 1806 y 1807, a principios del siglo XIX, durante el periodo de la colonia en América. En el contexto de las guerras napoleónicas, después de vencer a las fuerzas franco españolas en la batalla de Trafalgar, Gran Bretaña consiguió el dominio del espacio atlántico. Sin embargo, el bloqueo continental impuesto por el emperador francés Napoleón Bonaparte le impedía comerciar con los países europeos. En consecuencia, los británicos iniciaron una política agresiva en busca de nuevos mercados donde proveerse de materias primas y vender su creciente producción industrial. En 1806, ocuparon Cabo de Buena Esperanza, una colonia holandesa ubicada en el sur de África. El éxito de esta acción los alentó a intentar la conquista del Río de la Plata, aunque fracasarían en este intento.


Imposibilitado de cruzar el Canal de la Mancha, Napoleón desarrolló una nueva estrategia: para debilitar a la economía industrial británica, decretó el bloqueo continental, que prohibía a los países europeos comprar productos ingleses. Esta prohibición obligó a los británicos a lanzarse a la búsqueda de nuevos mercados donde vender su producción industrial. Las colonias españolas en América eran una posibilidad muy tentadora. Pero a través del monopolio, España prohibía que sus colonias comerciaran con potencias extranjeras.

Fue entonces que un grupo de oficiales británicos, que acaba de conquistar la colonia holandesa de El Cabo, decidió atacar Buenos Aires, para abrir el mercado rioplatense a los productos de su país. Al momento de tomar esta decisión tomaron en cuenta que Buenos Aires tenía un puerto por el que pasaban la gran mayoría de los productos que ingresaban al Virreinato del Río de la Plata.

Primera invasión inglesa 25 de junio de 1806 – 20 de agosto de 1806.

En 1806, una fuerza británica bajo el mando del general William Carr Beresford desembarcó en Argentina con el objetivo de tomar Buenos Aires. Esta acción formaba parte de un plan más amplio que incluía la ocupación de Valparaíso y apoyo a Francisco de Miranda para invadir Venezuela. Los británicos, confiando en su superioridad militar y subestimando la capacidad defensiva local, avanzaron hacia Buenos Aires sin encontrar una resistencia significativa inicialmente, ya que el virrey Rafael de Sobremonte había huido hacia Córdoba. Sin embargo, las milicias locales lideradas por Santiago de Liniers organizaron rápidamente una respuesta eficaz. A pesar del desventajoso número de tropas y equipamiento, los defensores argentinos lograron forzar la retirada británica después de un breve pero intenso enfrentamiento que incluyó el asedio a Montevideo. Cincuenta y seis días después, el miércoles 20 de agosto de 1806, William Carr Beresford se rendía tras ser derrotado por las fuerzas comandadas por Santiago de Liniers y Martín de Álzaga.

Segunda invasión inglesa 28 de junio de 1807 – 7 de julio de 1807.


En 1807, tras su fracaso inicial en Buenos Aires y Montevideo un año antes, los británicos volvieron a intentar tomar el virreinato del Río de la Plata. Esta vez, bajo el mando del general John Whitelocke, una nueva fuerza militar desembarcó cerca de Buenos Aires con la intención de apropiarse del tesoro acumulado por España y abrir el puerto al comercio británico. Los invasores, confiados en su superioridad militar y subestimando a las milicias locales, avanzaron rápidamente hacia la capital. Sin embargo, esta vez encontraron una resistencia más fuerte que la esperada.

Las tropas argentinas, lideradas por el virrey Santiago de Liniers, junto con las milicias criollas, lograron detener el avance británico y obligarlos a retroceder. La lucha culminó en un enfrentamiento directo dentro de Buenos Aires, donde la defensa local resultó ser más efectiva que lo anticipado por los invasores. El 7 de julio de 1807, tras haber pasado horas acorralados en la iglesia de Santo Domingo, el general británico Robert Craufurd se rindió y aceptó la capitulación propuesta por el virrey Santiago de Liniers.

Las consecuencias de las invasiones inglesas fueron significativas para Argentina. Estos ataques despertaron un sentimiento nacionalista y fortalecieron la idea de la independencia del dominio español. Además, la resistencia de los argentinos demostró que el territorio no estaba indefenso y que estaba dispuesto a luchar por su libertad.




LA GUERRA DE INDEPENDENCIA ESPAÑOLA

La guerra de la Independencia española fue un conflicto bélico que se dio entre 1808 y 1814, dentro del contexto de las guerras napoleónicas, que enfrentó a las potencias aliadas de España, Reino Unido y Portugal contra Napoleón Bonaparte, cuya pretensión era, tras las abdicaciones de Bayona, la de instalar en el trono español a su hermano, José Bonaparte, y constituir España como Estado satélite del Primer Imperio francés. La Guerra de la Independencia española (1808–1814) fue el conflicto que enfrentó al pueblo español contra la ocupación napoleónica y que marcó el nacimiento de la España contemporánea. Lo que comenzó como un levantamiento popular el 2 de mayo de 1808 en Madrid se convirtió en una guerra total que combinó batallas convencionales, guerrilla y resistencia popular, y que paralizó a 300.000 soldados franceses durante seis años. La guerra española fue la primera gran derrota estratégica de Napoleón y la palabra «guerrilla» —invento español— entró en todos los idiomas del mundo.


Pero la guerra fue mucho más que un conflicto militar: mientras el pueblo combatía, las Cortes de Cádiz (1810–1814) redactaron la primera constitución liberal de España (la «Pepa», de 1812), que proclamaba la soberanía nacional, la división de poderes y los derechos individuales. Al mismo tiempo, los cabildos americanos aprovecharon el vacío de poder para iniciar los procesos de independencia que, en una generación, desmembrarían el Imperio español.

La Revolución francesa provocó la caída de la monarquía en Francia y luego el ascenso de Napoleón Bonaparte al poder. Éste quiso acabar con la flota británica para así poder invadir el Reino Unido, de ahí que llegara a una alianza con Carlos IV de España, quien a su vez buscaba recuperar Gibraltar y mantener las posesiones españolas en América.

Se dejó de lado, pues, la enemistad que se mantuvo con Francia hasta el año 1796, dando el primer ministro Manuel Godoy un completo cambio a la política exterior española con la firma del tratado de San Ildefonso. Esto provocó un primer enfrentamiento entre España y Portugal, puesto que esta última apoyaba al Reino Unido. La guerra de las Naranjas, acontecida en 1801, se saldó con la victoria española.




Tratado de Fontainebleau

El 27 de octubre de 1807, Carlos IV y Manuel Godoy, por aquel entonces hombre fuerte en la sombra, firmaron con Napoleón Bonaparte el tratado de Fontainebleau. En él se acordó la invasión de Portugal, nación que mantenía una alianza con el Reino Unido y que no cumplía el Bloqueo Continental impuesto por el emperador francés. Tras la derrota en Trafalgar de las tropas francesas y españolas ante el poderío naval de Gran Bretaña, se produjo una serie de hechos que propiciarían que el reino de España cayera en dependencia de la Francia napoleónica. Esto quedaría refrendado tras el tratado de Fointaineblau por el que España permitía el paso de las tropas francesas por el territorio español para conquistar el reino vecino de Portugal.

Gracias a dicho pacto, las tropas francesas recibieron la autorización para entrar en la península ibérica con el objetivo de atacar a Portugal y bloquear sus puertos. Sin embargo, Napoleón aprovechó la situación para de paso ocupar múltiples ciudades españolas. En marzo de 1808, 100.000 soldados galos permanecían dentro de la península ibérica. Ante el rechazo del bloqueo por la dinastía de Braganza, Napoleón decidió invadir Portugal. Napoleón obtuvo el permiso para atravesar el suelo español, a cambio de la entrega de territorios portugueses tanto a la Corona hispánica como al propio Godoy y su familia.

Motín de Aranjuez

18 y 19 de marzo de 1808. El tratado anterior y la reciente invasión francesa de la Península Ibérica provocó el descontento de la población española. El pueblo español, harto de la opresión y la inoperancia de sus gobernantes, vio en la abdicación forzosa de Carlos IV en su hijo Fernando VII la oportunidad de liberarse del yugo francés y recuperar el control de su destino. El Motín de Aranjuez fue un levantamiento popular que tuvo lugar entre el 18 y el 19 de marzo de 1808 en la localidad madrileña de Aranjuez. Tuvo como principales consecuencias la destitución del primer ministro Manuel Godoy y la abdicación del rey Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII. Carlos IV se arrepintió de esta renuncia, motivo por el cual escribió a Napoleón y solicitó su ayuda para recuperar el trono. El emperador francés convocó entonces a Carlos IV y a Fernando VII en Bayona para, en teoría, resolver las diferencias que existían entre ambos.


Levantamiento del 2 de mayo de 1808

2 de mayo de 1808 se produjo en Madrid un levantamiento popular en contra de los franceses. Fue algo espontáneo y sin participación militar, a excepción de algunos oficiales de artillería. La muchedumbre se dirigió al Parque de Artillería de Monteleón, a fin de recabar armas con las que poder enfrentarse a los franceses, dando inicio a un episodio clave de la historia nacional: la Guerra de la Independencia Española. Los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde son las figuras más emblemáticas del 2 de mayo, como caudillos y mártires, ambos cayeron en combate.  7

Rápidamente el levantamiento fue detenido por el ejército napoleónico, el cual estaba muy bien pertrechado, haciendo imposible que los exaltados ciudadanos tuvieran mucho que hacer. Así el día 3 de mayo de 1808 se producían los famosos fusilamientos, los cuales quedaron reflejados en las pinturas de Francisco de Goya, en estas fueron asesinados un gran número de españoles.

Abdicaciones de Bayona

4 de mayo de 1808, Napoleón convenció a Carlos IV de que lo mejor era que le cediese el trono de España hasta que la situación se normalizase. Al día siguiente, obligó a Fernando VII a que abdicara en favor de su padre, quien previamente había renunciado a la corona. Las conocidas como abdicaciones de Bayona crearon una suerte de vacío de poder que Napoleón aprovechó para nombrar a su hermano José I Bonaparte como rey de España.


8 de junio de 1808 llegaban a Córdoba las tropas francesas, la cual fue brutalmente saqueada. Estando las tropas francesas aún en la antigua capital califal, le fue anunciada la rendición de la escuadra francesa apostada en Cádiz,

La Junta Suprema de España e Indias y la Junta de Granada realizarían de manera conjunta la creación de dos ejércitos, cuyo objetivo era expulsar a los franceses del territorio español. Así aparecían en escena el ejercito de Andalucía y el regimiento suizo de Reding.

Batalla de Bailén

19 de julio de 1808. El general español Francisco Javier Castaños, al mando de un ejército de unos 27.000 hombres (muchos de ellos reclutas y milicianos improvisados), rodeó y obligó a la rendición incondicional del cuerpo de ejército francés del general Pierre Dupont de l’Étang, con unos 18.000 soldados de línea, incluidos veteranos de Austerlitz y Marengo. La batalla de Bailén, librada en los llanos de Bailén (Jaén), fue la primera derrota en campo abierto de un ejército napoleónico desde que Bonaparte tomó el poder en 1799 y una de las mayores humillaciones militares de la Francia imperial. La victoria dio un fuerte respiro a las Juntas que se habían creado en España, además de dar un toque de atención al emperador, que, al enterarse de la derrota, hubo de tomar cartas en el asunto. Entre junio y noviembre de 1808, los franceses fueron sufriendo una serie de derrotas como ocurrió en el Sitio de Zaragoza que duró entre el 15 de junio al 15 de agosto, o la entrada en Madrid del general Castaños el 5 de septiembre.

En 1808 Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, fue puesto al mando del ejército que Gran Bretaña envió a Portugal para combatir contra la ocupación francesa de la península Ibérica y continuó la dirección de la Guerra de la Independencia española (1808-1814), en España.

Primer sitio de Zaragoza

15 de junio a 14 de agosto de 1808, donde la población colaboró de forma heroica con las tropas de los defensores, a las órdenes de José de Palafox, y resultó en la retirada de las tropas francesas el 14 de agosto.

Debido a esto, el ejército napoleónico junto con José I fue obligado a desplazarse al norte del Ebro donde aguardaron la llegada del emperador con la Grande Armée (250.000 efectivos muy bien pertrechados).


2 de noviembre de 1808 llegaba Napoleón a Bayona, donde reagrupó y reorganizó a las tropas, además de traerse consigo a lo mejor de su ejército, al cual dividió en dos para tomar España y Portugal de norte a sur, eliminando a su paso toda resistencia.

Batalla de Talavera

27 de julio de 1809. En Talavera, un ejército británico al mando de Arthur Wellesley (duque de Wellington), junto con un ejército español al mando del general Gregorio García de la Cuesta, combatieron contra los ejércitos napoleónicos de Francia, que ocupaban Madrid.

Cortes de Cádiz

29 de enero de 1810, las Cortes de Cádiz fueron una asamblea legislativa y constituyente que se formó en respuesta al vacío de autoridad generado por la ocupación napoleónica de España en 1810, proclamó la soberanía de las Cortes y reconoció a Fernando VII como rey legítimo de España, anulando cualquier renuncia previa a la Corona. Fueron convocadas inicialmente por la Junta Suprema Central de Sevilla, que desconocía la autoridad del José I (hermano de Napoleón Bonaparte, nombrado rey de España por el emperador francés). La principal actividad de las Cortes de Cádiz fue la redacción de una constitución liberal para España, promulgada el 19 de marzo de 1812. Las Cortes de Cádiz sesionaron hasta el regreso al trono de España de Fernando VII, quien las disolvió y restableció el absolutismo en mayo de 1814.

Batalla de los Arapiles

22 de julio de 1812. En verano de 1812 se produjo la batalla de los Aralipes, que obligó a José I a marchar a Madrid, perdiendo el control de Andalucía. Una de las batallas más decisivas de la Guerra de la Independencia se libró a muy pocos kilómetros de la capital salmantina, entre las localidades de Arapiles, Las Torres, Calvarrasa de Arriba, Aldeatejada y Miranda de Azán. La jornada concluyó con la aplastante derrota del mariscal francés Marmont a manos de la fuerza aliada comandada por Lord Wellington. El rey José I Bonaparte tuvo que huir a Valencia, dejando la capital de España como escenario para la entrada triunfal de Lord Wellington. La batalla de Los Arapiles privó a los franceses de las bases y los arsenales que necesitaban para llevar a cabo la invasión de Portugal, imprescindible para librarse de la constante amenaza que constituía el ejército aliado comandado por Lord Wellington.

Batalla de Vitoria

21 de junio de 1813, fue un enfrentamiento en el marco de la Guerra de la Independencia Española entre las fuerzas francesas que escoltaban a José Bonaparte durante su huida, y un contingente combinado de tropas españolas, británicas y portuguesas, concluyendo con la expulsión de los franceses.


El fin de la dominación francesa

Tras la batalla de Aralipes, la entrada en acción de las fuerzas conjuntas entre británicos, portugueses y españoles contra los franceses fue decisiva para la expulsión de estos. Poco a poco fueron perdiendo todas las plazas que tenían en España, siendo la última batalla la acontecida en Vitoria, tras la victoria de las tropas españolas, los franceses y José I fueron expulsados de la Península. En octubre de 1813 los aliados cruzaron los Pirineos. La guerra prosiguió en el sur de Francia. Hubo combates en el río Nivelle, Bayona, Garris, Orthez, Toulouse y de nuevo en Bayona entre el ejército aliado formado por españoles, portugueses e ingleses contra franceses. Finalmente, Napoleón pidió la paz. Fernando VII pudo finalmente regresar a España el 22 de marzo de 1814.

La Guerra provocó la muerte de más de 600.000 personas y una evidente caída demográfica, tanto por las muertes directas de la contienda como por la hambruna que ésta generó. Supuso un duro varapalo económico para España, afectando de manera especial a la agricultura, que se quedó sin mano de obra, y a la industria, destrozada por las tropas francesas y británicas. La monarquía española perdió el prestigio del que gozaba en el ámbito internacional. Arrancó un primer periodo liberal en España gracias al fin del Antiguo Régimen y a la implantación del liberalismo. 




LA INDEPENDENCIA HISPANOAMERICANA

La independencia de América Hispánica o Hispanoamérica es un proceso histórico clave que abarcó desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, en el cual las colonias españolas en América se emanciparon de sus metrópolis europeas. Este fenómeno no solo transformó la geografía política del continente, sino que también sentó las bases para la formación de identidades nacionales y la búsqueda de soberanía. Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados ocurridos a principios del siglo XIX, entre los años 1809 y 1829, que afectaron a todo el Imperio españo y en los cuales se enfrentaron el bando a favor de mantener la autoridad de la Monarquía española, que fue derrotado y se conocería más tarde como «realista» o «virreinal», contra el bando a favor de la independencia o secesión de nuevos estados americanos, que triunfó y fue denominado posteriormente «revolucionario» o «patriota».


Las guerras de independencia hispanoamericanas constituyen uno de los procesos más trascendentales en la historia de América Latina y del mundo occidental. Entre 1809 y 1826, los territorios que conformaban el Imperio español en América iniciaron un largo y complejo camino hacia su emancipación, uniendo en un mismo horizonte el anhelo de libertad, la defensa de identidades regionales y la búsqueda de nuevas formas de organización política. El largo proceso de las guerras de independencia de las distintas regiones que conformarán lo que hoy llamamos América Latina, nació de revoluciones locales y juntas patrióticas hasta derivar en decisivas batallas “internacionalistas” como fueron Boyacá, Pichincha, Junín y Ayacucho, que consiguieron la definitiva emancipación.

Durante los siglos XVI al XVIII, América Latina fue colonizada por potencias europeas, principalmente España y Portugal. Las colonias estaban organizadas en virreinatos y capitanías generales, y su economía estaba basada en la explotación de recursos naturales y mano de obra indígena y africana. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, varios factores comenzaron a gestar un clima de descontento que propició el movimiento independentista:


Ilustración: Las ideas de la Ilustración, que promovían la libertad, igualdad y derechos humanos, influyeron fuertemente en las élites criollas.

Independencia Americana y Revolución Francesa: Estos movimientos inspiraron a los colonos latinoamericanos a buscar su propia autonomía.

Desigualdad Social: La jerarquía social en las colonias, donde los criollos eran discriminados frente a los peninsulares, generó resentimiento.

En 1808, el emperador francés Napoleón Bonaparte en el curso de su estrategia de Bloqueo Continental contra el Reino Unido, forzó a los reyes españoles a renunciar a los derechos sobre la Corona española en las abdicaciones de Bayona (Francia) e impuso el Estatuto de Bayona y a su hermano José I como rey de España. Estos sucesos, que terminaron con el Antiguo Régimen, fueron considerados ilegítimos por los españoles europeos y americanos y condujeron a un vacío de poder.

En 1810, se inició una ola de movimientos más organizados que darían inicio formal a las guerras de independencia. En ciudades como Caracas, Buenos Aires, Bogotá y Santiago se formaron juntas de gobierno que declaraban actuar en nombre de Fernando VII, pero que en la práctica inauguraban una etapa de autogobierno. Estos movimientos tuvieron una fuerte influencia de las élites criollas, aunque en muchos casos también contaron con el apoyo de sectores populares que veían en el cambio una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida.

Independencia de México:

La independencia de México estuvo marcada por la guerra de independencia que duró de 1810 a 1821. La independencia mexicanafue la consecuencia de un proceso político y social resuelto por las armas, que puso fin al dominio español y desintegró el virreinato de Nueva España y dio paso al Primer Imperio mexicano. La pérdida de esta posesión tuvo una importancia decisiva para la economía del Imperio español, ya que los ingresos mexicanos representaban el ochenta por ciento del total de los caudales americanos al final del periodo colonial.

El movimiento que condujo a la independencia de México comenzó con el alzamiento armado conocido como Grito de Dolores el 16 de septiembre de 1810. Liderada por el sacerdote Miguel Hidalgo e Ignacio Allende, la lucha por la independencia mexicana fue influenciada por las ideas de la Ilustración y la Revolución Francesa. Algunos insurgentes proponían la independencia, mientras que otros defendían al rey de España, Fernando VII, pero reclamaban mayor autonomía para los dirigentes americanos.

En la Batalla del Monte de las Cruces ocurrió el 30 de octubre de 1810, en el actual Estado de México, las fuerzas de Miguel Hidalgo enfrentaron a las tropas realistas bajo el mando de Torcuato Trujillo, terminó con la retirada realista. Pero en la Batalla del Puente de Calderón (17 de enero de 1811), en las cercanías de Zapotlanejo, Jalisco. Las fuerzas insurgentes se enfrentaron con un Ejército Realista con mayor disciplina y capacidad militar, terminó con una derrota severa para los insurgentes. El resultado afectó la capacidad de las fuerzas de Hidalgo y Allende, que poco después emprendieron la retirada hacia el norte. Ambos fueron capturados y ejecutados por los realistas el 30 de julio de 1811.


A partir de 1811, las fuerzas insurgentes se reorganizaron y se concentraron en un fin claro: la independencia de México. José María Morelos pasó a ser uno de los principales líderes de la causa independentista tras la muerte de Hidalgo. Luego de una etapa de triunfos militares, que permitieron tomar el control de gran parte del centro y sur de México (Toma de Oaxaca ocurrida el 25 de noviembre de 1812), las tropas de Morelos sufrieron diversas derrotas y el líder insurgente fue capturado por los realistas. Fue ejecutado el 22 de diciembre de 1815.

Tras el asesinato de Morelos, los insurgentes se desorganizaron y sus actividades militares se dispersaron en una especie de guerra de guerrillas. Sin embargo, en esta etapa se destacaron figuras como la del insurgente Vicente Guerrero y el militar español Francisco Javier Mina, quien colaboró con la causa independentista al mando de una expedición que amenazó seriamente a los realistas pero fue finalmente vencida. Mina fue fusilado en noviembre de 1817.


La independencia de México se alcanzó luego de que las tropas realistas del militar Agustín de Iturbide se unieron a los insurgentes, formularon el Plan de Iguala en febrero de 1821 y formaron el Ejército Trigarante que entró en la Ciudad de México en septiembre de 1821. Tras la victoria contra los realistas en la Batalla de Azcapotzalco (19 de agosto de 1821). El 28 de septiembre de 1821 se firmó el acta de independencia. Una vez que se alcanzó la independencia, la forma de gobierno que debía adquirir el Estado mexicano fue motivo de conflictos. La declaración de la independencia consagró a México como un imperio y, poco después, Iturbide fue proclamado emperador, coronado con el nombre de Agustín I el 21 de julio de 1822.

Sin embargo, en marzo de 1823 Iturbide se vio obligado a abdicar y en 1824 se aprobó una Constitución federal que instauró una república, llamada Estados Unidos Mexicanos. Sucedido por un Gobierno provisional del Supremo Poder Ejecutivo de la Nación Mexicana, hasta el 10 de octubre de 1824 con el inicio de la presidencia de Guadalupe Victoria y, con ello, de la Primera República Federal. José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, conocido como Guadalupe Victoria, se desempeñó como el primer presidente de México entre el 10 de octubre de 1824 al 31 de marzo de 1829. Se consolidó como una importante figura en la fase de resistencia de la Guerra de Independencia de México. Sin embargo, España no reconoció la independencia de México hasta 1836.

Independencia de Venezuela:

La Independencia de Venezuela fue un proceso largo y complejo, que se extendió a lo largo de más de dos décadas. La lucha por la independencia se llevó a cabo a través de movimientos armados y liderazgo militar, destacando la participación de figuras clave como Simón Bolívar, Francisco de Miranda y José Antonio Páez,

El 19 de Abril de 1810, un grupo de criollos caraqueños aprovecharon la situación de España para convocar un Cabildo Abierto durante el cual se proclamaría una Junta de Gobierno independiente, que cuidaría los intereses de Fernando VII hasta que éste volviera al trono de España.


El 5 de julio de 1811, se firmó el Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela, en la cual se proclamaba la separación de la Capitanía General de Venezuela de la corona española. Este acontecimiento marcó el inicio de la guerra de independencia en el país. La falta de consenso entre los líderes y las luchas por el poder generaron tensiones y divisiones en la sociedad venezolana.

La Primera República de Venezuela se inició el 5 de julio de 1810, en la Plaza Mayor de Caracas. Este día, un grupo de criollos, liderados por figuras como Juan Germán y Cristóbal Mendoza, organizaron un cabildo que proclamó la formación de la Junta Suprema de Caracas, encargada de gobernar el territorio en nombre del pueblo.

La Segunda República de Venezuela se inició en 1813, tras la derrota realista en la Batalla de Puerto Cabello. Esta batalla, que resultó en la captura del almirante Francisco de Miranda, permitió a los patriotas recuperar el control de Caracas y a establecer un nuevo gobierno. Simón Bolívar fue nombrado Comandante General de las Armadas del Lago de Maracaibo, con la misión de liberar Nueva Granada (actual Colombia) y Venezuela.

La Tercera República de Venezuela (1817-1819) surgió tras la caída de la Segunda República. La situación política y militar era caótica, y los patriotas estaban dispersos y desorganizados. Santiago Mariño logró reorganizar a los patriotas en las islas del Caribe, especialmente en Cuba y Puerto Rico, donde estableció bases de operaciones. También creó la Ley Fundamental de 1817, que unió Venezuela y Nueva Granada (actual Colombia) en la Gran Colombia, un proyecto que buscaba crear una potencia americana independiente.

La  guerra de independencia de Venezuela fue un conflicto armado que tuvo lugar entre 1810 y 1823, y que culminó con la separación de Venezuela del dominio español. Este proceso de independencia se desarrolló en diferentes etapas, marcadas por distintas acciones y eventos relevantes. A lo largo de la guerra, las fuerzas independentistas lideradas por figuras como Simón Bolívar y José Antonio Páez se enfrentaron a las tropas realistas españolas en diferentes batallas y escaramuzas.

Uno de los momentos más destacados de la guerra de independencia en Venezuela fue la Campaña Admirable, liderada por Simón Bolívar. En esta campaña, Bolívar y sus tropas atravesaron los Andes y liberaron varias ciudades venezolanas, incluyendo Caracas, lo que permitió consolidar el proceso de independencia en el país.

El 09 de abril de 1815, desembarcó en Pampatar el General Pablo Morillo, quien fue enviado por el rey para reconquistar sus colonias. Morillo llegó acompañado de 10.000 soldados que le ayudaron a recuperar todo el país.

La Guerra de Independencia se desarrolló entre 1810 y 1821 y estuvo marcada por diversos conflictos y batallas significativas que definieron el rumbo del país. Entre las batallas más destacadas se encuentran:

El 3 febrero de 1814, Boves derrotó a Vicente Campo Elías, en la Batalla de La Puerta. Sin embargo, el 12 de febrero en la Batalla de La Victoria, donde José Félix Ribas, al mando de unos jóvenes estudiantes se enfrentó a los realistas en una de las batallas más conmemoradas de la historia.

El año 1819 estuvo marcado por la victoria decisiva del ejército patriota, bajo el mando de Bolívar, en la Batalla de Boyacá, que se consideró un punto de inflexión en el conflicto. Este triunfo no solo fue significativo para la independencia de Venezuela, sino también para la liberación de Colombia y otros territorios sudamericanos de las fuerzas españolas, lo que permitió un mayor fortalecimiento entre los movimientos independentistas en todo el continente.

Batalla de Carabobo (1821): Este enfrentamiento crucial significó una victoria decisiva para las fuerzas patriotas, ya que aseguró el control de Caracas y expuso la debilidad de las tropas realistas.

Batalla de Ayacucho (1824): Aunque contada fuera de la frontera venezolana, esta batalla fue relevante al consolidar la independencia de las colonias sudamericanas frente a España.

Finalmente, el 5 de julio de 1821, se considera cuando Venezuela, tras la Guerra de Independencia, consolidó oficialmente su independencia. Este año también fue testigo de la Convención de Ocumare y la Batalla de Carabobo, que selló el destino de los patriotas.

Tras la independencia, Venezuela se unió a Colombia, Ecuador y Panamá para formar la Gran Colombia (1819-1830). Esta unión fue liderada por Bolívar y buscaba la integración y la consolidación de los nuevos países independientes de América Latina. La unión entre las regiones para la Gran Colombia fue corta, ya que las tensiones internas entre ellas y la muerte de Bolívar terminó haciendo que en 1830 Colombia, Venezuela y Ecuador se separaran e independizan unas de otras.

Finalmente, en el año 1830 se define la creación de la República de Venezuela, cuando se cristaliza el sueño de muchos líderes independentistas y sus luchas. Este establecimiento marca el cierre de un proceso que se había extendido por más de dos décadas.

Independencia de Argentina:

La Independencia Argentina fue el proceso histórico mediante el cual las Provincias Unidas del Río de la Plata decidieron romper sus vínculos políticos con la corona española. La lucha por la independencia argentina fue liderada en gran parte por ejércitos regionales, conocidos como 'caudillos', y marcada por conflictos regionales y luchas internas.

La Revolución de Mayo fue el primer paso. La Revolución de Mayo fue una serie de acontecimientos revolucionarios ocurridos en la ciudad de Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata, dependiente del rey de España, que sucedieron durante la llamada Semana de Mayo, entre el 18 de mayo de 1810, fecha en la que se publicaron noticias de la caída de la Junta Suprema Central, y el 25 de mayo, fecha en que juró la Primera Junta de gobierno.

La Primera Junta de Gobierno, oficialmente Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII, fue la Junta de gobierno surgida el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, como consecuencia del triunfo de la Revolución de Mayo que destituyó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. La Junta nombró a Cornelio Saavedra como presidente de la Primera Junta de las Provincias Unidas del Río de la Plata y fijó su sede del gobierno en el Fuerte de Buenos Aires.

La llamada Junta Grande fue el gobierno que el 18 de diciembre de 1810 sucedió, en las Provincias Unidas del Río de la Plata, a la llamada Primera Junta, con la incorporación de los diputados provenientes de las provincias que se habían adherido al gobierno de Buenos Aires.


El Primer Triunvirato fue el órgano ejecutivo, integrado por tres miembros que gobernó las Provincias Unidas del Río de la Plata entre el 23 de septiembre de 1811 y el 8 de octubre de 1812. Fue establecido después de que el Cabildo de Buenos Aires derrocara a la Junta Grande, a fin de volver a las tendencias centralistas de la Primera Junta. La Revolución del 8 de octubre de 1812 produjo su derrocamiento y dio lugar al surgimiento del Segundo Triunvirato (entre el 8 de octubre de 1812 y el 31 de enero de 1814).

En varios puntos de Sudamérica los nuevos gobiernos debieron enfrentar la resistencia contrarrevolucionaria de los ejércitos realistas, que intentaban restaurar la autoridad de la monarquía española en la región. Comenzaron las guerras por la independencia. Algunos de los principales comandantes fueron Manuel Belgrano, al mando del Ejército del Norte, José de San Martín, creador del Ejército de los Andes, Martín Miguel de Güemes, organizador de la guerra gaucha y Juana Azurduy, comandante de la guerra de guerrillas en Charcas. El Estado argentino considera a San Martín como el mayor héroe militar de su independencia y lo honra con el título de «Padre de la Patria».

La independencia de Argentina no se logró sin luchar. Durante la década de 1810, se libraron numerosas batallas entre las fuerzas independentistas y los realistas españoles. Algunas de las batallas más importantes fueron:

La batalla de Tucumán (1812): En esta batalla, el ejército argentino, liderado por Manuel Belgrano , logró una victoria decisiva sobre las fuerzas realistas, marcando un punto de inflexión en la guerra por la independencia.

La batalla de Salta (1813): En esta batalla, el ejército argentino, comandado por Martín Miguel de Güemes , logró repeler un ataque realista, consolidando la independencia en el norte del país.

La batalla de San Lorenzo (1813): En esta batalla, José de San Martín , uno de los líderes más importantes de la independencia, logró una victoria sobre las fuerzas realistas, consolidando su posición como estratega militar.

La batalla de Cepeda (1820): Esta batalla marcó un momento crucial en la guerra por la independencia. Las fuerzas de José Gervasio Artigas , líder de la independencia en Uruguay, se enfrentaron a las fuerzas de Juan Martín de Pueyrredón , quien buscaba unificar el país bajo el control de Buenos Aires. La victoria de Artigas debilitó la posición de Buenos Aires y llevó a la fragmentación del país.

La batalla de Maipú (1818): Esta batalla, librada en Chile, fue una victoria decisiva para las fuerzas independentistas lideradas por José de San Martín . La derrota de las fuerzas realistas en Chile abrió el camino para la independencia de Argentina


El Congreso de Tucumán dio inicio de sus sesiones el día 24 de marzo de 1816 con tan solo 33 diputados, en el cual se nombró como Director Supremo de las Provincias Unidas de Río Negro de la Plata a Juan Martín de Pueyrredón, un general activo.

El 9 de julio de 1816, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, reunido el congreso de diputados de las provincias del noroeste y centro-oeste del país y de la de Buenos Aires, junto con algunos diputados exiliados de Charcas, proclamó la independencia de las Provincias Unidas en Sud América.

La guerra de la independencia continuó hasta el año 1825, pero se luchó preferentemente en la frontera norte y en el Perú. Mientras tanto, la Provincia Oriental fue invadida por el reino de Portugal, de quien pasó al Imperio del Brasil. La consecuente guerra del Brasil culminó con la Convención Preliminar de Paz de 1828, que declaró independiente al territorio en disputa, con el nombre de Estado Oriental del Uruguay. Poco antes, en 1825, Charcas se conformó como la República de Bolivia y al año siguiente le fue agregada la ciudad de Tarija y su jurisdicción.

El 4 de enero de 1831, las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos suscribieron al Pacto Federal, garantizar la defensa común y sentar las bases de un sistema confederal, transformando la denominación del país a la de Confederación Argentina.

Independencia de Chile:

El proceso de la Independencia de Chile, es decir, de su separación de la monarquía española y su constitución como república independiente, se desarrolló entre 1810 y 1823, iniciándose con la creación de la Junta Provisional Gubernativa y concluyendo con la renuncia de Bernardo O’Higgins a su cargo de Director Supremo en 1823. El proceso independentista Concluyó con la firma del Tratado de Tantauco, que en 1826 puso fin a la guerra entre patriotas y realistas.

Luego de conocerse en América la noticia de la disolución de la Junta Central de Sevilla, los patriotas chilenos formaron la Primera Junta Nacional de Gobierno, el 18 de septiembre de 1810. Francisco Antonio García Carrasco fue nombrado gobernador de Chile en 1808, pero su mala gestión y enfrentamiento con otros poderes locales provocó un levantamiento social que llevó a su destitución el 16 de julio de 1810, siendo sustituido por Mateo del Toro y Zambrano, un destacado miembro de la aristocracia local.

El 18 de septiembre de 1810 se estableció por los criollos chilenos la Primera Junta de Gobierno, que desplazó del poder a los funcionarios españoles, a pesar de que formalmente aún mantenía lealtad hacia el rey cautivo, Fernando VII. Esta junta, liderada por figuras como Mateo de Toro y Zambrano y Juan Martínez de Rozas, buscaba establecer un gobierno autónomo frente al control español.


Se inició así una dinámica política en la que iban ganando terreno los partidarios de una ruptura completa con España y que culminaría con el enfrentamiento de tropas realistas y patriotas en la Plaza de Armas de Santiago, el 1° de abril de 1811, el llamado Motín de Figueroa, primer hecho de armas de la guerra de independencia de este país.

El 4 de septiembre de 1811 el líder criollo radical, José Miguel Carrera, lideró un golpe de Estado con el fin de convocar a un congreso que proclamará la independencia y rompiera vínculos con España, que ahonda el proceso independentista y alarma al virrey del Perú, que envía tropas realistas a Chile. El gobierno entrega el mando del ejército de Carrera a Bernardo O'Higgins.

En los siguientes años se dan varios enfrentamientos, como las batallas de Cancha Rayada (29 de marzo de 1814) y las 3 Acequias (26 de agosto de 1814). Luego de varios enfrentamientos armados, en mayo de 1814, patriotas y realistas firmaron el Tratado de Lircay, según el cual el Virreinato del Perú dejaría de intervenir en Chile, a cambio de que el gobierno patriota reconociera lealtad a Fernando VII y enviara representantes a las Cortes de Cádiz, que habían sancionado la Constitución española de 1812.

Pero finalmente los patriotas comandados por O’Higgins son derrotados por tropas realistas al mando de Mariano Osorio, en la batalla de Rancagua, el 1 y 2 de octubre de 1814. A raíz de la derrota de Rancagua, con los realistas bajo el liderazgo de Osorio, gran parte de los patriotas se ven obligados a buscar refugio al otro lado de la cordillera, en Mendoza y San Juan, mientras los realistas ocupan Santiago y restauran el poder colonial. Durante la reconquista realista, se restableció el pleno domino español, por lo que las libertades conquistadas desde 1810 fueron suprimidas.


Mientras grupos comandados por Manuel Rodríguez Erdoíza y José Miguel Neira llevaban a cabo una guerra de guerrillas contra las fuerzas realistas, los refugiados chilenos se unían al Ejército de los Andes, que estaba organizando el general argentino José de San Martín y cuyo objetivo era liberar a Chile y Perú. Los chilenos irían comandados por el general Bernardo O’Higgins. En total, lograron reclutar aproximadamente 5.000 hombres. En enero de 1817, las tropas se dirigieron a Chile llevando a cabo el Cruce de los Andes, el cual fue culminado con éxito 8 de febrero en el poblado de Curimón.

El 12 de febrero de 1817 el Ejército Libertador de los Andes, liderado por O’Higgins y San Martín, se enfrentó y derrotó a las tropas realistas conformada por 2.000 hombres bajo el mando del brigadier Rafael Maroto, en la Batalla de Chacabuco. El 14 de febrero, San Martín y O'Higgins entraron a Santiago, donde fueron recibidos triunfalmente. Los habitantes habían decidido unánimemente nombrar a San Martín como en nuevo Director Supremo del Estado de Chile, pero éste rechazo y recomendó a O'Higgins para el cargo, lo que fue aceptado.

Tras la  histórica victoria patriota en Chacabuco en 1817, liderada por Bernardo O'Higgins y José de San Martín, se logró la independencia de facto de Chile. Sin embargo, las fuerzas realistas no se rindieron fácilmente y la lucha continuó durante varios años más.

-El 1 de enero de 1818, se proclamó por primera vez oralmente la voluntad de Independencia en la ciudad de Concepción, sin embargo, no hay registros de un Acta formal. El 12 de febrero de 1818, se produce la firma y juramento definitivo del Acta de Declaración de Independencia, formalizando la ruptura de la dependencia colonial respecto de España.

EL 5 de abril de 1818 en los Cerrillos del Maipo (batalla de Maipú), en las cercanías de Santiago, el Ejército Unido Libertador comandado por el general San Martín y O'Higgins logró derrotar definitivamente al Ejército Real de Chile: comandado por el general Osorio, defendía la continuidad del Imperio español en América. Esto tenía como objetivo expulsar a las tropas realistas del territorio y consolidar la liberación.

San Martín y O'Higgins coincidían en que el peligro continuaría mientras el Virreinato del Perú existiera. Es por eso que San Martín junto al marino británico Lord Thomas Cochrane emprende la Expedición Libertadora del Perú en 1820.

Tras la independencia, se inició el proceso de construcción de un nuevo Estado y la redacción de una Constitución que estableciera las bases del gobierno republicano. O'Higgins, como Director Supremo, implementó reformas para fortalecer la administración y la economía, pero su gobierno fue marcado por la inestabilidad política y la oposición de algunos sectores de la sociedad. En 1823, O'Higgins renunció al cargo y se exilió en Perú. Su partida marcó el fin de una etapa en la  historia de Chile, pero también abrió el camino para un nuevo periodo de construcción nacional

La principal consecuencia que tuvo el proceso independentista de Chile fue la independencia de región chilena y por lo tanto el nacimiento de una nueva nación que recibió el nombre de Chile.

Independencia del Perú:

La Independencia del Perú fue un proceso histórico que tuvo lugar en el siglo XIX y que culminó con la emancipación del país respecto al dominio español, que marcó un hito en la  historia de Perú y de América Latina, y sentó las bases para la conformación de la República del Perú. Dada su condición de bastión militar del realismo en Sudamérica, la independencia peruana demandó la confluencia de las dos grandes corrientes libertadoras del continente, combinada con un decisivo y constante respaldo de los patriotas locales.


En la etapa de la Preindependencia, que abarcó desde finales del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX, surgieron los primeros movimientos que buscaban la autonomía y la independencia del Perú respecto al dominio español. Entre los acontecimientos más destacados de esta etapa se encuentran la revolución de Túpac Amaru II en 1780 y la revolución de los comuneros en 1781.

Revolución de Túpac Amaru II (1780-1783). Esta etapa se caracterizó por la rebelión liderada por José Gabriel Condorcanqui, conocido como Túpac Amaru II. Su levantamiento buscaba la abolición de la esclavitud y la igualdad de derechos para los indígenas peruanos. Aunque esta revolución fue sofocada por las autoridades coloniales, sentó las bases para futuras luchas por la independencia.

Revolución de los Comuneros (1812-1815). En esta etapa, los comuneros peruanos se alzaron contra el dominio español en diferentes regiones del país. Liderados por figuras como José Manuel Ubalde y Mateo Pumacahua, los comuneros buscaban la independencia y la construcción de un gobierno propio. Sin embargo, la revolución fue aplastada por las fuerzas coloniales.

En 1811, se levantó en armas la provincia de Huánuco, liderada por José Gabriel Cisneros, quien proclamó la independencia y estableció un gobierno provisional. Este levantamiento, que contó con el apoyo de otras provincias de la región, representó el inicio de una serie de conflictos armados que se extendieron por gran parte del territorio peruano. Posteriormente, en 1812, se produjo un levantamiento similar en la provincia de Tacna, donde se proclamó la independencia y se estableció un gobierno autónomo. En 1813, se produjo un levantamiento en la provincia de Cusco, liderado por Mariano Salinas, que también proclamó la independencia y estableció un gobierno autónomo. Estos movimientos, aunque no lograron establecer un gobierno estable, demostraron la creciente desarticulación del poder colonial y la determinación de los criollos de luchar por su independencia.

Campaña de la Sierra y la Selva (1814-1820). Esta etapa se caracterizó por la resistencia de los patriotas peruanos en la sierra y la selva del país. Liderados por figuras como Francisco de Zela, Mateo Pumacahua y Andrés Rázuri, los patriotas enfrentaron a las fuerzas realistas y lograron importantes victorias en la lucha por la independencia. La represión española, que se hizo aún más brutal tras estos levantamientos, contribuyó a radicalizar la lucha y a aumentar el número de partidarios de la independencia.

Expedición Libertadora del Perú (1820-1824). Era necesario que desde Chile se enviara una expedición por mar con un ejército capaz de adentrarse en pleno territorio peruano y conquistar el principal enclave que tenía el Rey de España en América del Sur. La Expedición Libertadora del Perú fue una fuerza militar naval y terrestre creada en 1820 por el gobierno de Chile con el objetivo de desarrollar el plan del libertador rioplatense José de San Martín para lograr la independencia del Perú y de esta manera consolidar la independencia del resto de países de América del Sur. La escuadra estaba compuesta por 25 naves (mayormente chilenas), de las cuales 8 eran buques de guerra y 17 de transporte. Todos izaron en su mástil la bandera de Chile. El mando de la escuadra recayó en el vicealmirante lord Thomas Alexander Cochrane británico al servicio de Chile. El ejército constaba de 4642 hombres: aproximadamente 4000 chilenos y 600 argentinos. El General en Jefe del Ejército era el general José de San Martín, quien ostentaba el grado de capitán general del Ejército de Chile. El 20 de agosto de 1820, zarpó a la mar una poderosa fuerza naval de 25 navíos con 6.030 almas a bordo desde Valparaiso, rumbo al Perú. Finalmente, en la mañana del 8 de septiembre de 1820, el Ejército Expedicionario desembarcó en la playa de Paracas, localidad cercana a la ciudad de Pisco.

Del puerto de Pisco pasó a Huaura, y desde allí se dirigió a Lima, de la que los realistas se retiraron sin ofrecer resistencia. San Martín entra en Lima el 12 julio de 1821.

El 28 de julio de 1821, San Martín proclamó oficialmente la Independencia del Perú y es nombrado Protector del Perú. Los realistas, al mando del virrey de la Serna, se refugiaron en las sierras peruanas, de donde varias expediciones enviadas por San Martín no lograron desalojarlos.

En julio de 1822 San Martin se entrevistó con Bolívar en Guayaquil para discutir la manera más conveniente de finalizar la guerra contra los realistas. Como no pudo alcanzar ningún acuerdo, San Martín decidió renunciar al cargo de Protector del Perú y retirarse de la vida política.

El 9 de diciembre de 1824 se enfrentaron en la batalla de Ayacucho, las tropas libertadoras al mando del general Antonio José de Sucre, lugarteniente de Bolivar, y los realistas al mando de José de De la Serna, siendo derrotadas estas últimas. La victoria patriota significó el fin del Virreinato del Perú y la consolidación de la independencia proclamada por San Martín en 1821. Los últimos reductos de la resistencia realista capitularon formalmente con la caída de las fortalezas del Callao en enero de 1826.

Independencia de Uruguay:

La independencia de Uruguay fue un proceso histórico que se llevó a cabo a principios del siglo XIX y que marcó el surgimiento de un nuevo país en América del Sur. Durante muchos años, Uruguay fue parte del Virreinato del Río de la Plata, pero a medida que crecían los movimientos independentistas en la región, surgió la necesidad de definir su propio destino.

El camino hacia la independencia de Uruguay no fue fácil y estuvo influenciado por una serie de factores internos y externos. Durante el periodo colonial, el territorio uruguayo fue parte del Virreinato del Río de la Plata, un dominio español que, a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX, comenzó a ver signos de descontento por parte de sus colonos.


La Revolución Oriental (1811). El 28 de febrero de 1811, en el actual departamento de Soriano, a orillas del arroyo Asencio, un grupo de orientales se levantó en rechazo a las órdenes de Montevideo españolista. Desde la capital se exigía a la campaña el sustento de los ejércitos que luchaban contra la revolución instalada en Buenos Aires. En la campaña la opinión general apoyaba a Buenos Aires. Por eso el descontento con Montevideo fue cada vez mayor hasta estallar en la movilización que dio inicio a la Revolución oriental. Se considera el primer gran acontecimiento a favor de la independencia de Uruguay. Este levantamiento fue liderado por José Gervasio Artigas, uno de los principales exponentes de la lucha por la independencia de Uruguay. Artigas buscó emancipar no solo a Uruguay, sino también a las provincias del Río de la Plata, unificando esfuerzos por la libertad y la justicia social. En 1815 José Gervasio Artigas venció a las fuerzas centralistas, tomó Montevideo y organizó un gobierno federalista en Santa Fe. Resistió hasta 1820, año en que sus tropas fueron vencidas por las portuguesas, deseosas de hacerse con el control de la Banda Oriental.

La Anexión a Brasil: Provincia Cisplatina (1821). A pesar del impulso inicial de la Revolución Oriental, la lucha se tornó complicada debido a la intervención de Brasil. El 31 de julio de 1821 la Provincia Oriental del Río de la Plata y la Banda Oriental es anexada a Brasil por Portugal y pasa a llamarse Provincia Cisplatina y posteriormente pasó a integrar el Imperio del Brasil.

Este cambio de dominio representó un giro inesperado para los uruguayos que ya habían luchado por su independencia. La anexión por parte de Brasil fue vista por muchos como una traición a la lucha independentista. Artigas, que se había convertido en el líder del movimiento independentista, se encontró despojado de su poder y obligado a refugiarse en el exilio.


La Guerra del Brasil (1825-1828) se desató como una reacción a la anexión de la Provincia Cisplatina.

Los “Treinta y Tres Orientales” (1825). Un grupo de patriotas uruguayos, liderados por Juan Antonio Lavalleja, se organizó en 1825 para movilizar un ejército y luchar por la independencia. El 19 de abril de 1825, desembarcaron en la playa de la Agraciada. Este periodo de conflicto se caracterizó por la unión de fuerzas de diferentes sectores de la población que se unieron bajo un mismo objetivo: restablecer la libertad de Uruguay. El apoyo de las Provincias Unidas fue crucial para el avance de las tropas patriotas. Las victorias de los orientales en batallas como la de Rincón de las Gallinas y Sarandí demostraron la fuerza de su resistencia y la determinación de alcanzar la independencia.

Finalmente, la lucha por la independencia culminó con la proclamación de independencia el 25 de agosto de 1825. Este evento marcó un hito en la historia uruguaya, cuando los líderes del movimiento patriota, después de varios años de conflicto y resistencia, lograron establecer un nuevo Estado nacional. Este día marca el nacimiento de la República Oriental del Uruguay, una nación libre e independiente.




LA GUERRA DEL BRASIL

La guerra del Brasil o guerra argentino-brasileña o guerra rioplatense-brasilera (Guerra da Cisplatina en portugués) fue un conflicto armado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil por la posesión de los territorios que corresponden a la actual República Oriental del Uruguay y parte del actual estado brasileño de Río Grande del Sur y que tuvo lugar entre 1825 y 1828.

En 1816, numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve comenzaron la invasión luso-brasileña de la Provincia Oriental —anteriormente llamada la Banda Oriental— y de la casi totalidad de Misiones, realizando también incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos. En 1821 la Provincia Oriental, tras ser derrotado José Gervasio Artigas el año anterior en la Batalla de Tacuarembó, fue anexada al Brasil con el nombre de Provincia Cisplatina. Brasil controlaba Montevideo, Maldonado y Colonia y, muy pronto, su flota bloqueó el Río de la Plata.

El 10 de diciembre de 1825 el Imperio del Brasil declaró la guerra a las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata y, días después, el 22 de diciembre, procedió al bloqueo del puerto de Buenos Aires -una de la fuente de ingresos económicos más significativa para el país-, que con avances y retrocesos, continuó hasta el final de la contienda.

Cinco años después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales y de otras provincias, llamado los Treinta y Tres Orientales y liderado por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños. Con la posterior ayuda de Fructuoso Rivera, en pocos meses logró retirar al ejército brasileño y el 25 de agosto, en el Congreso de Florida, declaró la independencia de la Provincia Oriental del Brasil y su unificación con las demás provincias que conformaban las Provincias Unidas del Río de la Plata o Argentina. Brasil declaró la guerra a Argentina.

Los 33 orientales lograron la participación de casi todos los habitantes del Uruguay, llegando sus tropas pocos días después a Montevideo, iniciando el sitio de la ciudad desde el Cerrito.

La batalla del Rincón, del Rincón de las Gallinas o del Rincón de Haedo (24 de septiembre de 1825) fue el primer encuentro militar entre las tropas revolucionarias comandadas por Fructuoso Rivera y las tropas de origen portugués fieles al Imperio del Brasil del comandante João Propício Mena Barreto, siendo vencedor Rivera y los revolucionarios.

La batalla de Sarandí fue un enfrentamiento militar producido el 12 de octubre de 1825 dentro del contexto de la llamada Cruzada Libertadora entre las milicias independentistas orientales y las tropas del Imperio del Brasil, con victoria de las primeras.

La Batalla de Ituzaingó o Batalla del Paso de Rosario (en portugués: Batalha do Passo do Rosário)[7] fue un enfrentamiento ocurrido el 20 de febrero de 1827, que se desarrolló en lo que actualmente es el centro-oeste del estado de Río Grande del Sur[8] y durante el transcurso de la Guerra del Brasil, en el que las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata vencieron a las tropas del Imperio del Brasil. Fue una victoria táctica del ejército republicano que contribuyó a la Convención Preliminar de Paz que se firmó en 1828 y que culminó con el reconocimiento del Estado Oriental (hoy Uruguay) como estado, independiente.

El general Fructuoso Rivera conquistó las Misiones Orientales para las Provincias Unidas del Río de la Plata en una rápida campaña durante el año 1828,

Sitio de Montevideo (1825-1828): sitio por los orientales y argentinos contra la ciudad ocupada por Brasil. Mediante la Convención Preliminar de Paz (1828), la ciudad pasa a ser la capital del independiente Estado Oriental del Uruguay.

El conflicto continuó hasta el 27 de agosto de 1828, cuando los representantes del gobierno de la provincia de Buenos Aires, en nombre de la República de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y los del Emperador del Brasil, Pedro I, firmaron la Convención Preliminar de Paz de 1828, que acordó la independencia de la Provincia Oriental o Cisplatina, con el nombre de Estado Oriental del Uruguay, y el cese de las hostilidades.




LA GUERRA DE INDEPENDENCIA DE GRECIA

La Guerra de Independencia griega, también conocida como la Revolución griega o la Revolución griega de 1821, fue una exitosa guerra de independencia de los revolucionarios griegos contra el Imperio Otomano entre 1821 y 1829. Los griegos fueron posteriormente asistidos por el Imperio Británico, Reino de Francia., y el Imperio ruso, mientras que los otomanos fueron ayudados por sus vasallos del norte de África, en particular el eyalet de Egipto. La guerra condujo a la formación de la Grecia moderna.


Grecia, con la excepción de las islas Jónicas, quedó bajo el  dominio otomano en el siglo XV, en las décadas anteriores y posteriores a la caída de Constantinopla. A comienzos del siglo XIX, el Imperio Otomano todavía mantenía el control directo sobre los Balcanes; aunque algunos territorios contaban con regímenes autónomos pese al estar dentro del Imperio (véase como ejemplos Moldavia y Valaquia). Las estructuras socioeconómicas estaban muy desfasadas y militarmente había problemas graves que influían en la política (especialmente con los jenízaros, las fuerzas de élite imperiales que se mostraban reacios a cualquier cambio estructural que implicara perder sus privilegios). Así pues, Selim III (1789-1807), Mustafa IV (1807-1808) y Mahmûd II (1808-1839) iniciarían paulatinamente un programa completo de reformas.


Los turcos aplastaron una primera sublevación, dirigida por Alejandro Ypsilantis, patriota griego, príncipe griego de Constantinopla y general del ejército ruso, líder de la Filiki Etaireia, una organización secreta que coordinó el inicio de la Guerra de Independencia griega, que cruzó el río Prut hacia Moldavia el 22 de febrero de 1821 y llamó a los griegos a las armas. Su campaña fracasó, pero fue la chispa de la guerra de independencia griega. Pero la siguiente, iniciada por Germanos, arzobispo de Patras, en el monasterio de Aghia Lavra (situado en el Peloponeso) el 25 de marzo de 1821, no tardó en triunfar. Además de su rol espiritual como arzobispo, su influencia se extendió más allá de las fronteras de la Iglesia, contribuyendo de manera significativa al renacimiento y la organización del nuevo Estado griego después de la independencia.


La masacre de Quíos de 1822 fue quizás la peor atrocidad llevada a cabo por los otomanos en contra de los griegos durante la Guerra de Independencia griega. Aproximadamente tres cuartas partes de la población de 120.000 murieron después de que miles de tropas turcas desembarcaron en la isla del este del Egeo para sofocar una rebelión contra el dominio otomano.

La guerra se caracterizó por una serie de batallas sangrientas y heroicas, en las que los griegos, a pesar de estar en inferioridad numérica y armamentística, lucharon con valentía y determinación. Entre los líderes más importantes de la guerra se encuentran Theodoros Kolokotronis, un general de origen campesino, y Alexandros Mavrokordatos, un estadista y diplomático. Kolokotronis, con su experiencia militar y su conocimiento del terreno, dirigió la lucha en el Peloponeso, mientras que Mavrokordatos, con su habilidad política y diplomática, buscó el apoyo internacional para la causa griega.


Los turcos respondieron a esta insurrección ahorcando al patriarca de Constantinopla, Georgios, y aplastaron a los rebeldes en Tesalia, Macedonia y el monte Athos; no obstante, los griegos contaban con la ventaja de su superioridad naval, por lo que la rebelión continuó, aunque con graves conflictos dentro de sus propias filas. En 1822, ya existían dos gobiernos griegos, uno en el continente y otro en la isla de Hidra; de forma que, en 1824, los rebeldes luchaban entre sí, además de combatir a los turcos.

El sultán otomano llamó a su vasallo Muhammad Ali de Egipto, quien acordó enviar a su hijo Ibrahim Pasha a Grecia con un ejército para reprimir la revuelta a cambio de ganancias territoriales. Ibrahim desembarcó en el Peloponeso en febrero de 1825 y puso la mayor parte de la península bajo control egipcio a finales de ese año. La ciudad de Missolonghi cayó en abril de 1826 después de un asedio de un año por parte de los turcos. A pesar de una invasión fallida de Mani, Atenas también cayó y la revolución parecía casi perdida.

En ese momento, las tres grandes potencias (Rusia, Gran Bretaña y Francia) decidieron intervenir y enviaron sus escuadrones navales a Grecia en 1827. Tras la noticia de que la flota combinada otomano-egipcia iba a atacar la isla de Hydra, los aliados europeos Las flotas interceptaron a la marina otomana en Navarino (20 de octubre de 1827). Después de un tenso enfrentamiento de una semana, la Batalla de Navarino condujo a la destrucción de la flota otomano-egipcia y cambió el rumbo a favor de los revolucionarios. Esta victoria decisiva marcó un punto de inflexión en la guerra, debilitando al Imperio Otomano y allanando el camino para la independencia griega. Los combates entre griegos y otomanos continuaron, pero estos perdieron el apoyo logístico de la Armada.

En 1828, el ejército egipcio se retiró bajo la presión de una fuerza expedicionaria francesa. Las guarniciones otomanas en el Peloponeso se rindieron y los revolucionarios griegos procedieron a retomar el centro de Grecia. Rusia invadió el Imperio Otomano y lo obligó a aceptar la autonomía griega en el Tratado de Adrianópolis (1829). Después de nueve años de guerra, Grecia fue finalmente reconocida como un estado independiente bajo el Protocolo de Londres de febrero de 1830. Negociaciones adicionales en 1832 llevaron a la Conferencia de Londres y al Tratado de Constantinopla; estos definieron las fronteras finales del nuevo estado y establecieron al príncipe Otto de Baviera como el primer rey de Grecia.





LA GUERRA  ANGLO-AMERICANA DE 1812

La Guerra de 1812 enfrentó a los Estados Unidos de América y a Gran Bretaña y sus colonias canadienses. Pese a que en inglés se suele hacer referencia a ella como “War of 1812”, en español la conocemos por la guerra anglo-estadounidense, Guerra Anglo-Americana de 1812, o Segunda Guerra Anglo-Americana (pues la primera fue la de la Independencia). Se desarrolló entre 1812 y 1815, e incluyó además a los aborígenes nativos de varias tribus (notablemente, el jefe Tecumseh), en el contexto de la supervivencia indígena ante la conquista del territorio por uno u otro de los demás bandos. Los enfrentamientos se dieron por tierra y por mar. La guerra tuvo lugar en momentos en que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda soportaban un gran esfuerzo de guerra contra la Francia Napoleónica. Si bien se acordaron términos de paz en el Tratado de Gante de diciembre de 1814, la guerra no terminó oficialmente hasta que el Congreso de Estados Unidos ratificó el tratado de paz el 17 de febrero de 1815.


La causa de la guerra hay que buscar en el deseo estadounidense en defender su presumible derecho de comercial libremente con cualquier nación, incluso en épocas de guerra. Las guerras entre Gran Bretaña y Francia durante la época napoleónica resultaron en un embargo británico al comercio americano con Francia, que acabó derivando en guerra abierta.

Ese camino hacia la guerra comenzó en 1794, cuando la marina británica secuestró más de 250 mercantes americanos que se dirigían las Indias Francesas. Aunque los franceses también atacaron a los americanos, éstos entraron en cólera por la mayor cantidad de barcos perdidos a manos de Gran Bretaña, y por la costumbre de los ingleses de secuestrar también a la tripulación de los mismos. Muchos americanos, de hecho, abogaron desde ese momento por declarar la guerra a Gran Bretaña, recordando las heridas aun no cerradas de la Guerra de la Independencia. Para intentar arreglar el entuerto, el Presidente George Washington envió a Londres a John Jay, con el fin de cerrar un acuerdo que contentara a todas las partes. El Tratado de Jay, como se le llamó, previno la guerra, pero no hizo mucho por proteger los intereses norteamericanos. La facción jeffersoniana, la más intransigente con los británicos, se opuso directamente al acuerdo.


Las tensiones angloamericanas se originaron en antiguas diferencias sobre la expansión territorial en Norteamérica y el apoyo británico a la Confederación de Tecumseh, que se oponía al asentamiento colonial estadounidense en el Noroeste. En 1807, estas tensiones se intensificaron después de que la Marina Real británica comenzara a imponer restricciones más severas al comercio estadounidense con Francia y reclutara a la fuerza a marineros que originalmente eran súbditos británicos, incluso a aquellos que habían adquirido la ciudadanía estadounidense.

En alta mar, la Marina Real británica impuso un bloqueo efectivo al comercio marítimo estadounidense, mientras que entre 1812 y 1814, las tropas regulares británicas y la milicia colonial repelieron una serie de invasiones estadounidenses en el Alto Canadá.

En agosto de 1814, las tropas británicas capturaron Washington, antes de que las victorias estadounidenses en Baltimore y en Plattsburgh en septiembre pusieran fin a los combates en el norte. En el sureste de Estados Unidos, las fuerzas estadounidenses y sus aliados indígenas derrotaron a una facción antiestadounidense de los Muscogee. El Tratado de Gante se firmó en diciembre de 1814, aunque no fue hasta febrero que la noticia llegó a Estados Unidos y el tratado fue ratificado en su totalidad. Mientras tanto, las tropas estadounidenses, lideradas por Andrew Jackson, repelieron un importante ataque británico contra Nueva Orleans.

Durante los años 1810-1812, los barcos de la armada estadounidense se dividieron en dos escuadrones principales, con la "división norte", con base en Nueva York, comandada por el comodoro John Rodgers, y la "división sur", con base en Norfolk, comandada por el comodoro Stephen. Decatur.

El Ejército de los Estados Unidos era inicialmente mucho más grande que el Ejército británico en América del Norte. El Congreso era hostil a un ejército permanente y el gobierno llamó a 450.000 hombres de las milicias estatales durante la guerra.

Estados Unidos estuvo involucrado en operaciones contra Gran Bretaña y sus aliados nativos americanos durante más de dos años que abarcan una serie de enfrentamientos terrestres y navales. Las principales batallas de la Guerra de 1812 fueron la Batalla de Queenston Heights, la Batalla del lago Erie, la Batalla del Támesis, la Batalla de Horseshoe Bend y la Batalla de Nueva Orleans.

La batalla de Queenston Heights (13 de octubre de 1812) cuando las fuerzas estadounidenses intentaron cruzar el río Niágara y establecerse en territorio canadiense, fue una de las primeras grandes batallas de la Guerra de 1812. La batalla fue una victoria decisiva para las fuerzas británicas y les ayudó a mantener el control del este de Canadá durante la guerra. Los británicos repelieron una mayor invasión estadounidense sin grandes pérdidas. 

La batalla del Lago Erie tuvo lugar el 10 de septiembre de 1813 enfrentó a una armada estadounidense al mando de Oliver Hazard Perry que contaba con nueve embarcaciones y 54 cañones contra una flota británica de seis barcos con 63 cañones al mando del Comodoro Robert Heriot Barclay. La batalla terminó con la victoria estadounidense.

La batalla del Támesis fue un enfrentamiento, el día 5 de octubre de 1813 y que finalizó con una victoria decisiva de los Estados Unidos sobre Gran Bretaña.


La Batalla del Lago Erie y la Batalla del Támesis fueron las dos principales batallas que resultaron en que Estados Unidos cortara suministros y refuerzos para los británicos y sus aliados nativos americanos, y condujo a la eventual derrota de los británicos en el teatro occidental.

La Batalla de Horseshoe Bend fue un enfrentamiento que tuvo lugar el 27 de marzo de 1814 en el centro de Alabama y puso fin a la Guerra Creek. Esta batalla tuvo lugar como parte de una campaña más amplia en respuesta a la masacre de Fort Mims. Un ejército comandado por Andrew Jackson persiguió y se derrotó a los Red Sticks, un grupo de creeks que se oponían a la expansión estadounidense, en un asentamiento fortificado a lo largo del río Tallapoosa.

La última de las grandes batallas de la Guerra de 1812 tuvo lugar después de que Estados Unidos y Gran Bretaña firmaron un tratado de paz que puso fin efectivamente a la guerra. Las noticias del tratado no llegaron a los combatientes de Europa hasta después de que terminó la Batalla de Nueva Orleans, ocurrida entre el 23 de diciembre de 1814 y el 8 de enero de 1815. Durante esta batalla, una gran fuerza de tropas británicas intentó apoderarse de la ciudad de Nueva Orleans y obtener acceso al río Mississippi. Si bien los británicos tuvieron éxito temprano en el desembarco y el establecimiento de una guarnición, no pudieron avanzar contra las fuerzas estadounidenses y finalmente se vieron obligados a retirarse. Esta batalla fue uno de los enfrentamientos más exitosos de Estados Unidos contra los británicos durante la guerra.

El Tratado de Gante, (en inglés Treaty of Ghent) firmado el 24 de diciembre de 1814 en Gante (en Bélgica, en la actualidad), fue la paz que dio fin a la guerra anglo-estadounidense de 1812 entre los Estados Unidos y el Reino Unido. El tratado restauró en su mayor parte las relaciones entre los dos países al statu quo ante bellum.




LA GUERRA DE TEXAS

La Guerra de Texas, también conocida como la Revolución de Texas o Guerra de la Independencia de Texas, fue un conflicto armado que tuvo lugar entre 1835 y 1836, culminando con la independencia de Texas de México. Este periodo marcó un punto de inflexión en la historia de ambos países, dejando una huella imborrable en la geopolítica de América del Norte. Las partes en conflicto fueron el gobierno de la República de México y los colonos anglosajones de la provincia de Texas, perteneciente jurídicamente por aquel entonces al estado mexicano de Coahuila y Texas. La Revolución de Texas en el para entonces estado mexicano de Texas, que concluyó con el Tratado de Velazco y la creación de la República de Texas, una nación independiente que existió entre 1836 y 1845 cuando fue anexada a los Estados Unidos.


La provincia de Texas pertenecía jurídicamente al estado mexicano de Coahuila y Texas antes de la revuelta de 1835. Texas era un estado escasamente poblado. Una importante colonia de estadounidenses angloparlantes se encontraba asentada en el territorio gracias a un proyecto diseñado en 1819 por Moses Austin, un banquero estadounidense originario de Virginia, durante una grave depresión económica en Estados Unidos y antes de la conclusión de la Guerra de independencia de México. Para 1834 había un estimado de 30.000 angloparlantes en Texas, en contraste con los 7.800 residentes nacionales mexicanos. Los colonos, muchos de los cuales eran inmigrantes de Estados Unidos, buscaban mayores libertades políticas y económicas.


La guerra por la independencia de Texas se inició tras la derogación de la Constitución mexicana de 1824, de carácter federal, y la instauración de un sistema político centralista. El gobierno mexicano, bajo el liderazgo de Antonio López de Santa Anna, adoptó una política centralista que limitaba la autonomía de los estados, lo que generó descontento entre los colonos. Los colonos estadounidenses que habitaban Texas no estuvieron de acuerdo con este cambio de status, por lo que comenzaron a deliberar para decidir que les convenía hacer. Al inicio de estas discusiones, había discrepancias sobre el alcance que debía tener la rebelión. Algunos solo querían que se restableciera la Constitución de 1824, mientras que otros exigían la ruptura de los vínculos con México. Estas discrepancias se resolvieron el 2 de marzo de 1836, cuando una convención de delegados texanos decidió proclamar la Independencia. La emancipación de Texas no fue reconocida por el gobierno mexicano, que envío un ejército que logró derrotar a los rebeldes y penetrar en territorio texano.

La guerra en Texas estalló en 2 de octubre de 1835 con la Batalla de González, considerada el inicio del conflicto, que fue una escaramuza significativa donde los colonos se negaron a devolver un cañón a las autoridades mexicanas. Las fuerzas insurgentes tomaron rápidamente La Bahía y San Antonio Béjar (actual San Antonio, también conocida como Ciudad del Álamo). Sin embargo, las fuerzas mexicanas —superiores en número— asestaron varias derrotas a los texanos.

Entre el 23 de febrero y el 6 de marzo de 1836 se llevó a cabo la Batalla de El Álamo, donde unos 1.500 soldados mexicanos arrasaron por completo unos 250 soldados texanos atrincherados en la Misión de El Álamo, en San Antonio. Enfrentó al ejército de México, encabezado por el presidente Antonio López de Santa Anna, contra una milicia de secesionistas texanos, en su mayoría inmigrantes estadounidenses, dirigidos eventualmente por los comandantes James Bowie, William Barret Travis y Davy Crockett. Consciente de que su guarnición no podía resistir el ataque de una fuerza tan grande, Travis escribió varias cartas pidiendo más hombres y suministros, pero solamente llegaron menos de 100 refuerzos. Tras 13 días, el fuerte fue tomado, y todos los defensores fueron asesinados, lo que se convirtió en un símbolo de resistencia para los texanos. La crueldad mostrada por los mexicanos y por Santa Anna durante la Batalla de El Álamo llevó a numerosos colonos texanos y estadounidenses a unirse al ejército de Texas, inspirados por el deseo de venganza.

Tras el triunfo mexicano en la batalla de El Álamo, las fuerzas texanas habían sido obligadas a replegarse continuamente, en tanto las tropas mexicanas obtenían nuevos triunfos en la batalla de Refugio (15 de marzo de 1836) y otra victoria pocos días después en la batalla de Coleto (el 20 de marzo).

La guerra concluyó abruptamente con la Batalla de San Jacinto el 21 de abril de 1836. Bajo el mando del General Samuel Houston, el ejército texano sorprendió y diezmó en medio de una siesta al ejército mexicano comandado por el general Antonio López de Santa Anna. Los texanos capturaron y obligaron al presidente Santa Anna a firmar el cese de hostilidades y a reconocer la independencia de la República de Texas mediante el Tratado de Velasco el 21 de mayo de 1836. El Congreso mexicano destituyó a Santa Anna y se negó a ratificar el Tratado de Velasco alegando que carecía del validez por haber sido firmado por el presidente de México siendo un prisionero de guerra. La independencia de Texas nunca fue legitimada por México, pero en 1848 se reconoció la secesión de Texas y su anexión a los Estados Unidos con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, al final de la Guerra de Estados Unidos y México.





LA GUERRA DE LOS PASTELES

La primera intervención francesa en México, también conocida como la guerra de los Pasteles o primera guerra franco-mexicana, fue el primer conflicto bélico entre México y Francia. Tuvo lugar del 16 de abril de 1838 al 9 de marzo de 1839. Este curioso nombre se debe a la denuncia de varios comerciantes franceses de no recibir el pago por sus servicios por parte de algunos oficiales mexicanos, aunque en realidad el problema estuvo causado por la negativa de México a pagar a Francia una indemnización que esta le exigía.

Una vez culminada la Guerra de independencia de México frente a España en 1821 se produjeron constantes pugnas internas entre las facciones que competían por el control político. En 1928 estalló un conflicto entre el entonces presidente Guadalupe Victoria y el gobernador Lorenzo de Zavala, que culminó con la victoria de Zavala y la instalación de un nuevo presidente, Vicente Guerrero. Eran frecuentes los conflictos y disturbios que solían estar acompañados de daños materiales a mexicanos o extranjeros que quedaban sin compensación. La monarquía francesa había recibido numerosos reclamos de sus ciudadanos residenciados en México. Las reclamaciones francesas no fueron atendidas satisfactoriamente por el gobierno mexicano, lo que condujo a tensiones diplomáticas.

El conflicto se conoce como Guerra de los pasteles debido a que entre las reclamaciones de los ciudadanos franceses se encontraba el reclamo de un pastelero francés de nombre Remontel cuyo negocio en Tacubaya, Ciudad de México, había sido saqueado y arruinado en 1828 (10 años antes) por oficiales mexicanos durante el gobierno de Santa Anna. Remontel apeló al rey Luis Felipe quien reclamó al gobierno mexicano una indemnización de 600.000 pesos (una enorme suma para la época) como motivo de los diversos reclamos por perjuicios a nacionales franceses.

Ante la negativa del gobierno mexicano, encabezado por el presidente Anastasio Bustamante, a pagar las indemnizaciones exigidas, Francia decidió recurrir a la fuerza. En marzo de 1838, una flota francesa, al mando del contraalmirante Charles Baudin, llegó a las costas de Veracruz para presionar al gobierno mexicano.


Al no lograr un acuerdo, las fuerzas francesas iniciaron el bloqueo de los puertos mexicanos en abril de 1838, afectando gravemente la economía del país. Posteriormente, en noviembre de 1838, la flota francesa bombardeó y tomó la fortaleza de San Juan de Ulúa en Veracruz, seguida por la ocupación de la ciudad.

En este punto, el general Antonio López de Santa Anna, quien se encontraba retirado, regresó al escenario militar para defender Veracruz. Durante un enfrentamiento con las tropas francesas, Santa Anna resultó herido en una pierna, la cual tuvo que ser amputada. A pesar de la superioridad militar francesa, las fuerzas mexicanas resistieron en varias batallas, como la Batalla de Veracruz y la Batalla de Puebla.

La intervención británica, a través de la mediación del cónsul Richard Pakenham, fue crucial para poner fin al conflicto. Finalmente, el 9 de marzo de 1839, se firmó un tratado de paz en Veracruz. México aceptó pagar una indemnización de 600 mil pesos a Francia por las reclamaciones de los ciudadanos franceses. A cambio, Francia retiró su flota y devolvió las naves mexicanas que habían sido apresadas.

La Guerra de los Pasteles representó la primera intervención militar de Francia en México y evidenció la fragilidad del joven estado mexicano y su incapacidad para defenderse eficazmente. Tuvo un alto costo económico para México debido al bloqueo comercial y la indemnización pagada.




LAS GUERRAS CARLISTAS

Las guerras carlistas fueron una serie de contiendas civiles que tuvieron lugar en España a lo largo del siglo XIX. Se debieron, por un lado, a una disputa por el trono, y, por el otro, a un enfrentamiento entre principios políticos opuestos. Los carlistas, que luchaban bajo el lema de «Dios, Patria y Rey», encarnaban una oposición reaccionaria al liberalismo y defendían la monarquía tradicional, los derechos de la Iglesia y los fueros, mientras que los liberales exigían hondas reformas políticas por medio de un gobierno constitucional y parlamentario. Las guerras carlistas enfrentaron en tres oportunidades distintas a los partidarios de los pretendientes carlistas (Carlos V, Carlos VI y Carlos VII) en contra de los defensores del recién instaurado status quo liberal, democrático y parlamentario de España. El carlismo fue un movimiento político y social que defendía la monarquía tradicional frente al liberalismo. Su nombre proviene de Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey Fernando VII, que reclamó el trono cuando este murió en 1833.


Todo empezó con una cuestión sucesoria. Fernando VII, sin hijos varones, derogó la ley que apartaba a las mujeres del trono para que heredara su hija Isabel, de tres años. Gracias a la promulgación de la Pragmática Sanción, un edicto emitido por el rey de España Fernando VII el 31 de marzo de 1830, Isabel, la hija de Fernando VII y María Cristina, pudo convertirse en la heredera legítima del trono de España. El bando isabelino contaba con el respaldo de la alta nobleza, los mandos del ejército, la jerarquía eclesiástica y los empleados públicos; incluso la incipiente clase política liberal decidió unirse a este grupo, ya que veían en la persona de Isabel II una forma de acabar con el Antiguo Régimen.

Así pues, mientras los partidarios de Isabel apelaron a la Pragmática para legitimar su sucesión, los partidarios del hermano de Fernando VII, don Carlos María Isidro de Borbón, se ampararon en la ley sálica para validar su reclamo del trono de España. La pretensión al trono de don Carlos fue respaldada por la baja nobleza, el bajo clero de la Iglesia y pequeños propietarios rurales de la zona de Castilla, Galicia, Cataluña, País Vasco y Navarra.


Los isabelinos contemplaban la esperanza de que las políticas empleadas por Isabel II y su madre, la regente María Cristina, permitiesen una sana transición entre el Antiguo Régimen y una monarquía menos centralizada, más parlamentaria y mucho más democrática. Para los carlistas el rey tiene el poder por derecho divino, sin limitaciones constitucionales (Monarquía absoluta). Para los liberales o isabelinos el poder reside en la Nación, no en el rey (Soberanía nacional) y la ley fundamental que limita el poder del monarca y reconoce derechos.

El estallido de la primera guerra carlista, el 2 de octubre de 1833, no solo polarizó a España, sino también a las grandes potencias europeas, quienes tomaron partido apoyando cada uno a su heredero al trono predilecto. Mientras las potencias europeas más occidentales, como Francia, Inglaterra y Portugal, decidieron apoyar a los isabelinos, las potencias europeas más orientales, como Austria, Prusia y Rusia, se decantaron por apoyar al bando carlista.

Primera Guerra Carlista (1833-1840)

Comenzó con la muerte de Fernando VII y el ascenso de Isabel II (con solo 3 años) bajo la regencia de su madre María Cristina. Fue la más larga y sangrienta — en torno a 150.000 muertos, proporcionalmente una de las guerras más letales de la Europa del siglo. Los líderes carlistas fueron los generales Tomás de Zumalacárregui, Rafael Maroto, Ramón Cabrera, el «Tigre del Maestrazgo», y el propio Carlos María Isidro. Mientras los lideres liberales (isabelinos) fueron los generales Baldomero Espartero, Leopoldo O'Donnell y Ramón María Narváez. El genio militar carlista fue de Zumalacárregui, un guipuzcoano que convirtió partidas de voluntarios en un ejército capaz de humillar una y otra vez a los generales isabelinos en las montañas del norte.


El Primer Sitio de Bilbao fue un intento de los carlistas de conquistar la ciudad de Bilbao en 1835. Los carlistas buscaban controlar una ciudad grande para ganar más apoyo y prestigio. Sin embargo, los defensores de Bilbao, que apoyaban a la reina Isabel II, lograron mantener la ciudad bajo su control. La muerte de Zumalacárregui durante el sitio fue un golpe muy duro para la moral de las tropas carlistas.

La batalla de Mendigorría fue una batalla que se libró el 15 de julio de 1835, durante la primera guerra carlista. Tuvo lugar en los campos situados al sur de la localidad navarra de Mendigorría, cuya victoria fue para el bando liberal, que frenó el avance carlista hacia el sur.

La batalla de Luchana que tuvio lugar durante los días 1 al 25 de diciembre de 1836, el ejército isabelino al mando de Espartero, partiendo desde su base en Portugalete, consiguió arrollar a las fuerzas carlistas que asediaban Bilbao desde el 25 de octubre.

Siguieron años de desgaste, expediciones fallidas sobre Madrid y atrocidades en ambos bandos (los fusilamientos de prisioneros fueron moneda corriente), hasta que en 1839 el general carlista Maroto y el isabelino Espartero sellaron la paz en el Abrazo de Vergara: los oficiales carlistas conservarían sus grados y se prometía respetar los fueros. El Tigre del Maestrazgo, el general Cabrera, rechazó el abrazo y resistió en el este hasta 1840.

Segunda Guerra Carlista (1846-1849)

Fue un conflicto de menor intensidad, concentrado en Cataluña y el Maestrazgo. Se le llamó «guerra dels matiners» (de los madrugadores) porque las partidas carlistas atacaban al amanecer. Fue un conflicto menor centrado en Cataluña, mezclado con el malestar agrario. Fue el intento frustrado de casar a Isabel II con un príncipe carlista, Carlos Luis de Borbón y Braganza, hijo de Carlos María Isidro, y resolver así el pleito dinástico. El descontento por la moderación del régimen liberal.


La guerra se prolongó hasta el 26 y 27 de enero de 1849 en que ocurrió la acción del Pastoral, en la que fue derrotado y herido Cabrera, luego desterrado, y la guerra terminó sin grandes cambios territoriales.

 Tercera Guerra Carlista (1872-1876)

La última gran rebelión. Fue la más larga después de la primera, y se produjo en el contexto de la Primera República española (1873-1874). La guerra se desencadenó por la caída de D. Baldomero Espartero del gobierno y por la proclamación de Alfonso XII como rey, hijo de Isabel II. Los carlistas, liderados por Don Carlos de Borbón y Austria-Este, pretendiente carlista al trono de España bajo el nombre de Carlos VII, y nieto del primero, vieron en la caída de Isabel II una oportunidad para restaurar la legitimidad de su candidato al trono. La guerra se desarrolló principalmente en Navarra, donde los carlistas lograron establecer un reino independiente, pero fueron derrotados en la batalla de Viguera por las fuerzas del ejército liberal. Aprovechando el caos del Sexenio—, Carlos VII, levantó un auténtico Estado carlista en el norte, con capital en Estella, universidad y hasta sellos propios.


La batalla de Oroquieta (4 de mayo de 1872) fue un enfrentamiento entre carlistas y liberales durante la tercera guerra carlista. El pretendiente carlista Carlos VII fue derrotado por el general liberal Francisco Serrano y a punto estuvo de ser capturado, teniendo que huir del país.

La batalla de Lácar o sorpresa de Lácar fue una batalla que tuvo lugar durante la tercera guerra carlista. Teniendo los liberales tomado el pueblo de Lácar y otras localidades vecinas en el valle de Yerri (Navarra) la tarde del 3 de febrero de 1875 los carlistas asaltaron el pueblo por sorpresa, capitaneados por el propio pretendiente Don Carlos.

En la batalla de Treviño (1875) los liberales, ya con Alfonso XII como rey, comenzaron la contraofensiva.

La segunda batalla de Montejurra (17 de febrero de 1876), sería el enfrentamiento definitivo de la tercera guerra carlista, entre los carlistas al mando de Torcuato Mendiry y los alfonsinos al mando de Domingo Moriones y el general Serrano, resultando victorioso el bando alfonsino, que puso fin a la guerra.

La derrota de Don Carlos de Borbón y la muerte de Isabel II en 1884, marcaron el fin del carlismo y la restauración de la monarquía borbónica con Alfonso XII, consolidando el poder de la monarquía y poniendo fin a las Guerras Carlistas.



LA GUERRA DE LA CONFEDERACIÓN

La Guerra de la Confederación o Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana fue el enfrentamiento bélico desatado entre 1836 y 1837 entre la Confederación Perú-boliviana, contra la coalición formada por el Ejército Restaurador del Perú, el Ejército de Chile y por la Confederación Argentina. La Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana surgió debido al descontento popular y político hacia Andrés de Santa Cruz, quien había establecido una unión entre Perú y Bolivia como Protector. Este conflicto militar enfrentó a las fuerzas confederadas comandadas por Santa Cruz con tropas peruanas y chilenas que aspiraban a disolver la alianza. Las batallas claves incluyeron Paucarpata y Yungay, donde las tropas de Santa Cruz sufrieron derrotas decisivas.


La temprana consolidación de su régimen político e institucional en relación al resto de las repúblicas hispanoamericanas, permitió a Chile alcanzar una importante primacía comercial en el continente. Esta posición comenzó a ser amagada por la unificación de Perú y Bolivia en un Estado bajo la conducción del mariscal Andrés de Santa Cruz. La Confederación Perú-Boliviana fue creada en 1836 por Andrés de Santa Cruz, un destacado líder militar boliviano, quien, tras tomar el control de Bolivia, unió a dicho país con el sur del Perú. El proyecto de Santa Cruz se basaba en la creación de un Estado federal que incluyera tanto Bolivia como el sur de Perú. Sin embargo, su proyecto fue visto con recelo por los países vecinos, especialmente Chile, que temía el poderío que podía tener esta unión, y Argentina, que también veía con desconfianza el control de Santa Cruz sobre el territorio peruano. Santa Cruz utilizó una serie de medidas políticas y militares para consolidar su poder, lo que provocó el rechazo de diversas facciones en el Perú. La Confederación Perú-Boliviana estaba compuesta por tres departamentos: La Paz, Cuzco y Arequipa, los cuales fueron incorporados a la federación bajo el control de Santa Cruz. Esto generó una grave preocupación en Chile, ya que el poder militar de Santa Cruz amenazaba el equilibrio regional, especialmente tras las Guerras de Independencia y los recientes enfrentamientos con las potencias coloniales. El ministro del Interior chileno Diego Portales, que deseaba la hegemonía de Chile en el Pacífico, vio con preocupación el nacimiento de la confederación Perú-Boliviana. La decisión de declarar la guerra a la Confederación tenía muchos enemigos, ni el mismo presidente estaba convencido, pero para Portales era razón de supervivencia de Chile. 


El Ejército Confederado Perú-Boliviano (compuesto por bolivianos y peruanos), comandado por el Protector de la Confederación Perú-Boliviana Andrés de Santa Cruz,  por un lado. El Ejército Unido Restaurador (compuesto por chilenos y peruanos), comandado por Manuel Blanco Encalada (1836-1837) y Manuel Bulnes (1837-1839), y, por otro lado, la Confederación Argentina, comandada por Juan Manuel de Rosas.

La guerra comenzó formalmente en 1836, cuando las fuerzas chilenas y peruanas se aliaron contra la Confederación Perú-Boliviana. José de los Reyes y Ramón Freire fueron algunos de los líderes militares destacados de Chile durante este conflicto. En el lado de la Confederación, Santa Cruz logró algunas victorias iniciales, consolidando aún más su control sobre los territorios del sur del Perú. Sin embargo, la coalición de Chile y Perú no tardó en reagruparse y emprender una ofensiva.

La batalla más importante de la guerra fue la batalla de Yungay (20 de enero de 1839), en la que las fuerzas de la Confederación Perú-Boliviana fueron derrotadas de manera decisiva. Esta contienda puso fin a la breve pero conflictiva alianza entre Perú y Bolivia que había sido establecida por Andrés de Santa Cruz. El 20 de enero de 1839, las tropas restauradoras asaltaron las posiciones confederadas desde los cerros Pan de Azúcar y Punyán. A medida que el combate se intensificaba, Bulnes y Castilla tomaron decisiones estratégicas decisivas que influyeron en la derrota del Ejército Confederado.

La victoria del Ejército Restaurador significó el fin definitivo de la Confederación Perú-Boliviana y sentó las bases para un nuevo orden político en la región. Como resultado directo, Santa Cruz abandonó sus ambiciones políticas y militares, mientras que Bulnes consolidaba su posición como héroe nacional en Chile. La batalla marcó un punto de inflexión decisivo no solo en los conflictos regionales sino también en el equilibrio del poder político y militar en Sudamérica durante la primera mitad del siglo XIX.




LAS GUERRAS DEL OPIO

Las guerras del Opio o Guerras anglo-chinas fueron un conflicto bélico que enfrentó a China (Qing) y Reino Unido de Gran Bretaña. Primero entre 1839 y 1842 y, más tarde, entre 1856 y 1860. Estas guerras se originaron a raíz de la disputa comercial entre ambas potencias y el control del comercio del opio en China. China estaba intentando prohibir el consumo de drogas, particularmente del destructivo opio que generaba fuertes adicciones entre su población con las graves consecuencias sociales y económicas mientras que Gran Bretaña contrabandeaba el opio procedente de la India británica y lo introducía en China. Las Guerras del Opio constituyen uno de los episodios más decisivos y traumáticos de la historia moderna de China y de las relaciones internacionales del siglo XIX. Estos conflictos, ocurridos entre China y potencias occidentales —principalmente el Reino Unido— no fueron simples enfrentamientos militares, sino expresiones profundas del choque entre dos modelos civilizatorios, económicos y políticos radicalmente distintos: el imperio chino tradicional y las potencias industriales europeas. Estas guerras no solo marcaron un periodo de crisis para China, sino que también fueron un reflejo del surgimiento del imperialismo occidental y sus consecuencias en el ámbito global. Las repercusiones de estos eventos aún son estudiadas para entender el impacto a largo plazo en las relaciones entre Oriente y Occidente. Las Guerras del Opio marcaron el inicio del llamado “Siglo de la Humillación” china, un período caracterizado por la pérdida de soberanía, la imposición de tratados desiguales y la apertura forzada al comercio extranjero.

Los antecedentes de esta guerra hay que buscarlos en las rutas comerciales abiertas entre China y Occidente siglos antes. Con el paso del tiempo y con las tendencias aislacionistas de los emperadores chinos, la balanza comercial empezó a perjudicar mucho a los europeos. Una de las principales causas de las Guerras del Opio fue el desequilibrio en el comercio entre China y Reino Unido. Mientras que China exportaba grandes cantidades de seda, porcelana y té, el Reino Unido tenía una demanda cada vez mayor de productos chinos. Sin embargo, China se negaba a abrir sus puertas al comercio exterior y limitaba las importaciones, lo que generaba un déficit comercial para el Reino Unido. 


Las principales causas de las Guerras del Opio están relacionadas con el desequilibrio comercial entre China y los países occidentales. El comercio de opio, que era ilegal en China, se convirtió en una fuente de ingresos significativa para los comerciantes británicos, quienes contrabandeaban grandes cantidades de opio desde la India británica hacia China. Ante la creciente adicción y los problemas sociales que esto generaba, el gobierno chino intentó frenar el comercio de opio, confiscando y destruyendo grandes cantidades de esta droga.

La sustancia, el opio, que se solía fumar mezclada con tabaco, no era desconocida en China, ya que se cultivaba allí desde el siglo XV. Ante el aumento del consumo que se estaba produciendo, ya en 1729 el emperador Yongzheng prohibió su comercio. Esto no sentó nada bien a los británicos, ya que las ganancias generadas eran de un 400 %.   A pesar de esa prohibición, la droga continuó introduciéndose en el país, aunque fuera de forma ilegal por el contrabando auspiciado por los ingleses.

1839: La Prohibición del Opio

En marzo de 1839, Lin Zexu, un funcionario imperial, fue nombrado para abordar el problema del opio. Su enfoque en erradicar la adicción llevó a la confiscación de más de 1,000 toneladas de opio en Cantón. La respuesta británica ante esta prohibición fue vehemente, pues el comercio del opio era una importante fuente de ingresos para Gran Bretaña.

Primera Guerra del Opio:

La tensión creciente entre China y Gran Bretaña resultó en el estallido de la primera guerra del opio en 1839. Las causas de las Guerras del Opio se vincularon al deseo británico de mantener el lucrativo comercio del opio con China, incluso ante los intentos chinos de prohibir la droga.Este conflicto se debió, en gran parte, a las repercusiones de la prohibición y a la insistencia británica en continuar el comercio del opio. Las hostilidades iniciaron en junio de 1839, cuando Gran Bretaña decidió enviar fuerzas militares a la región, marcando el comienzo de una guerra que se extendería por tres años. Las tropas británicas, mejor armadas y entrenadas, lograron varias victorias, capturando ciudades costeras y bien defendidas, así como el importante puerto de Cantón. En 1842, tras una serie de derrotas chinas, el conflicto culminó con la firma del Tratado de Nankín.


El Tratado de Nankín, firmado en 1842, representó un punto de inflexión en las relaciones anglo-chinas. Este acuerdo tuvo múltiples consecuencias que impactarían la  historia de China. Gran Bretaña obtuvo la cesión de Hong Kong, dándole un control estratégico sobre el comercio en la región. El tratado obligó a China a abrir cinco puertos al comercio británico, eliminando tarifas aduaneras y permitiendo el libre comercio, incluyendo el opio. Se impuso una indemnización monetaria significativa a China, afectando aún más su economía y autoridad política.

Segunda Guerra del Opio:

La segunda guerra tuvo su inicio en 1856 y acabó en 1860, siendo más global al intervenir otras naciones como Francia. A pesar de los términos impuestos por el Tratado de Nankín, las tensiones entre China y las potencias occidentales continuaron aumentando, lo que eventualmente llevó a la segunda guerra del opio. El sentimiento de humillación de China dio lugar a varias escaramuzas; sin embargo, el estallido de la llamada Segunda Guerra del Opio tuvo una excusa bastante débil. Un terrible incidente con un barco registrado en Hong Kong provocó que los británicos volvieran a declarar la guerra. El barco fue abordado por funcionarios chinos y doce tripulantes (también chinos) fueron arrestados por piratería y contrabando. Los británicos decidieron atacar varias posiciones en el país asiático. Los franceses pronto se unieron a ellos, alegando el asesinato de un misionero en la región como justificación. El conflicto estalló nuevamente en 1856, impulsado por motivos como disputas comerciales y la insistencia británica en seguir comercializando el opio. La alianza anglo-francesa se formó en este periodo, motivada por la búsqueda de mayores concesiones y la expansión territorial en China. Las fuerzas británicas y francesas lograron entrar a Beijing, causando una devastación significativa en la capital china.

El Tratado de Tientsin de 1856 resultó en concesiones aún más amplias para las potencias occidentales y consolidó el comercio del opio en China.




LA UNIFICACIÓN ITALIANA

La unificación de Italia (Risorgimento) fue el proceso mediante el que los distintos Estados que existían en la península italiana acabaron formando un solo país. Tuvo lugar durante el siglo XIX, en un contexto histórico marcado por la aparición del Romanticismo y el nacionalismo, corrientes ideológicas que defendían el concepto de Estado-nación. Durante siglos, la península itálica estuvo fragmentada en diversos estados y territorios, gobernados por distintas dinastías y potencias extranjeras. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, se dio un movimiento de unificación que buscaba consolidar un único Estado italiano, con un gobierno centralizado y soberano.


La unificación italiana fue un proceso complejo que se desarrolló en varias etapas. En primer lugar, se caracterizó por una serie de movimientos revolucionarios y guerras de independencia que tuvieron lugar en distintas partes de Italia. Estas luchas estaban motivadas por el deseo de liberarse del dominio extranjero y de establecer un Estado italiano unificado. Posteriormente, se sucedieron una serie de negociaciones políticas y acuerdos diplomáticos que permitieron la unificación de los distintos territorios italianos bajo un único gobierno. Gracias a estos esfuerzos, en 1861 se proclamó el Reino de Italia, con Víctor Manuel II como rey.

Desde la caída del Imperio romano, Italia estuvo dividida entre distintas naciones. Algunas tuvieron momentos de gran esplendor, como la República de Venecia o la de Génova, pero siempre como países independientes. Al comenzar el proceso de unificación, en el siglo XIX, el Congreso de Viena había dividido la península itálica en siete Estados.


La unificación, conocida en Italia como el Resurgimiento (Risorgimento en italiano), cobró impulso cuando el conde de Cavour, ministro del Reino de Cerdeña, convenció al emperador francés Napoleón III de que ayudara a crear un solo Estado en la península. Este accedió, principalmente porque era una manera de debilitar al Imperio austriaco.

El resultado de este proceso fue la creación del Reino de Italia. Además del conde de Cavour, otros personajes destacaron por sus actuaciones, como el rey Víctor Manuel II, Giusseppe Garibaldi y Giuseppe Mazzini.

Con el paso del tiempo, algunos de esos Estados fueron gobernados por dinastías consideradas extranjeras, como los Borbones y los Habsburgo. La caída de Napoleón llevó a que las potencias europeas rediseñaran el mapa de Europa, quedando Italia dividida en diversos Estados:

Piamonte-Cerdeña (monarquía liberal. capital Turín).

Toscana, Parma y Módena (Estados aliados de Austria).

Estados Pontificios (en poder del papado).

Reino Lombardo-Véneto (parte del Imperio austriaco).

Reino de Nápoles y las Dos Sicilias (monarquía absoluta).

El resentimiento contra la ocupación napoleónica y el posterior retorno al imperio austríaco caló entre una parte de los intelectuales del norte itálico, principalmente lombardos y piamonteses. Alimentados también por el movimiento romántico y el recuerdo lejano del Imperio Romano, soñaban con materializar esas aspiraciones en una nueva Italia unida, heredera de las glorias del pasado. Contra todo pronóstico y jugando hábilmente sus cartas, el Reino de Cerdeña navegó entre las aguas tortuosas de la diplomacia europea y logró hacerse, uno tras otro, con casi todos los territorios itálicos: pero Italia tardaría mucho más en formarse y sería a menudo de un modo doloroso.


Risorgimento «Giovine Italia»

Durante el siglo XIX, algunos patriotas sintieron la necesidad de unir toda la península y  crear una única nación dando inicio a la fase histórica conocida como Risorgimento (Resurgimiento). Entre estos patriotas se encontraba Giuseppe Mazzini, fundador de la organización «Giovine Italia» (Joven Italia), una asociación política que tenía como objetivo transformar Italia en una república democrática unitaria, según los principios de libertad e independencia.

Primera Guerra de Independencia

1847: Se compuso el canto nacional de los italianos, más conocido como Inno di Mameli (Himno de Mameli) por el nombre del autor Goffredo Mameli, quien se hizo popular durante las guerras de independencia. (Todavía es el himno oficial del Estado italiano)

1848: estalló la Primera Guerra de Independencia, cuando, después de varias insurrecciones anti-hasburgas en las ciudades más importantes del dopo Lombardo-Véneto (Padua, Milán e Venecia), Carlo Alberto de Saboya se puso al mando de una coalición de estados italianos y le declaró la guerra a Austria, con la intención de conquistar el Reino Lombardo-Véneto. Aunque al principio resultó vencedor, Carlo Alberto fue derrotado y obligado a entregar el reino a su hijo Víctor Manuel II.

La batalla de Custoza fue un enfrentamiento militar ocurrido entre los días 24 y 25 de julio de 1848 entre los ejércitos del Imperio austríaco, dirigido por el mariscal Joseph Radetzky, y los del Reino de Cerdeña, encabezado por el rey Carlos Alberto de Piamonte, en el contexto de la primera guerra de Independencia italiana que se saldó con una victoria austriaca.

La batalla de Novara o batalla de Bicocca fue un enfrentamiento armado entre el Imperio austríaco y el Reino de Cerdeña. Se produjo entre el 22 y el 23 de marzo de 1849 y supuso una fuerte derrota para el ejército sardo.

1852: Camillo Benso Conde de Cavour se convirtió en el primer ministro del Reino de Cerdeña y empezó a planificar nuevas e innovadoras estrategias para unificar la península.

De hecho, Cavour se dio cuenta en seguida de que sin el apoyo de una potencia europea nunca habría sido posible vencer a los Hasburgo, así que, mediante una serie de maniobras diplomáticas, consiguió obtener el respaldo de la Francia de Napoleón III.

Segunda Guerra de Independencia (Expedición de los Mil)

1859: estalló la Segunda Guerra de Independencia: el Reino de Cerdeña, respaldado por Francia, consiguió hacerse con Lombardia, acontecimiento que también llevó como resultado a la anexión al Reino de Cerdeña de la Toscana, Parma, Módena y parte de la Emilia-Romaña, gobernada por el Estado Pontificio.

La batalla de Montebello se libró el 20 de mayo de 1859 en Montebello al norte de Italia. Fue el primer gran enfrentamiento de la Segunda Guerra de Independencia de Italia tras la invasión austriaca del Piamonte, entre las tropas austriacas, comandadas por el mariscal de campo Philipp von Stadion und Thannhausen, contra la caballería piamontesa y la infantería francesa, al mando del general Élie Frédéric Forey.

La batalla de Magenta se inició el 4 de junio de 1859, durante la segunda guerra de independencia italiana, acabando en una victoria sardo-francesa bajo el mando de Napoleón III y en la derrota de los austriacos, bajo el mando de Ferencz Gyulai.

La batalla de Solferino tuvo lugar el 24 de junio de 1859, en la localidad de Solferino en Italia. El ejército austriaco, al mando de Francisco José I, de unos 100 000 hombres, fue derrotado por los ejércitos de Napoleón III de Francia y del Reino de Cerdeña, comandado por Víctor Manuel II, con una fuerza aproximada de 118 600 hombres.

La Expedición de los Mil (también llamada expedición de los camisas rojas) es un famoso episodio del Risorgimento italiano que ocurrió en 1860. La expedición consistió en un contingente de poco más de mil hombres bajo el mando de Giuseppe Garibaldi y enviados por el Reino de Cerdeña.

1860: Giuseppe Garibaldi, un general, patriota y líder italiano, famoso tanto en Europa como en la América meridional por sus logros que hicieron que fuera conocido como “eroe dei due mondi” (héroe de los dos mundos), partió en barco con aproximadamente mil hombres a su cargo desde Quarto, en los alrededores de Génova, hasta Marsala, en Sicilia.

En 1860, Garibaldi lideró la Expedición de los Mil, un ejército de voluntarios que desembarcó en Sicilia con el objetivo de liberar el sur de Italia del dominio de los Borbones. Garibaldi y sus hombres lucharon valientemente y rápidamente tomaron control de Sicilia y luego avanzaron hacia el continente, tomando Nápoles y unificando el sur de Italia bajo el gobierno de Víctor Manuel II. Desde Sicilia, después de combatir contra el ejército borbónico, los Mil conquistaron toda la isla y empezaron a subir hacia al Norte, victoria tras victoria, hasta llegar a Nápoles. La campaña militar de Garibaldi fue una de las más exitosas de la historia italiana y fue un paso importante hacia la unificación total del país.

Esas mismas semanas, el rey Víctor Manuel II movió el ejército para conquistar las Marcas y Umbria, regiones controladas por el Estado Pontificio y, evitando el Lacio, bajo con los soldados hasta Campania.


1860 (26 de octubre): Víctor Manuel II se reunió con Giuseppe Garibaldi en Teano, cerca de Caserta, logrando juntar de este modo la península.

1861 (17 de marzo): Víctor Manuel II declaró el nacimiento del Reino de Italia y Turín como capital.  Víctor Manuel II asumió el título de rey de Italia el 17 de mayo de 1861.

El Reino de Cerdeña se convirtió en el Reino de Italia en marzo de 1861. Por el hecho de ser el primer rey de una Italia unida y por ser muy popular en la población, Víctor Manuel II fue apodado el "Padre de la Patria" (italiano: Padre della Patria).

Tercera Guerra de la Independencia

1866: Italia aún no estaba del todo unido y liberada… De hecho, aún faltaban el Lacio y el Véneto, pero este último fue liberado Vittorio Emanuele con la Tercera Guerra de Independencia. Roma estaba protegida por los franceses y Venecia todavía estaba bajo control austriaco. El conflicto fue paralelo a la guerra austro-prusiana. Víctor Manuel II logró establecer una alianza adecuada con Prusia luego de una de las batallas de los cuales Prusia salió vencedora, la nación se encargó de hacerle Austria le devolviera a Italia la ciudad de Venecia.

La batalla de Lissa se libró el 20 de julio de 1866 entre la armada austriaca y la armada italiana, cerca de la isla de Lissa (actual Vis), en el mar Adriático, en el marco de la guerra austro-prusiana. Fue una victoria decisiva de la fuerza austriaca frente a una escuadra italiana muy superior en número.

Incorporación de Roma. Con este proceso se logró concluir la unificación italiana pues con ello se incorporaban los Estados de la Iglesia principalmente la ciudad de Roma. Víctor Manuel II había tomado el compromiso con Napoleón III de mantener los dominios del Papa en la capital del catolicismo. Primeramente, Garibaldi intentó tomar la ciudad pero fue rechazado por el ejército sardo y luego, con la guerra franco-prusiana, Napoleón III retiró el ejército que mantenía en Roma. Entonces, Víctor Manuel II le ordenó a las tropas italianas ocupar la ciudad de Roma sin importar la resistencia que presentaba la guarnición papal o las protestas que hizo el mismo Sumo Pontífice.

1870: los bersaglieri (cuerpo de infantería del Ejército italiano) del rey llegaron a Roma, donde abrieron una brecha en la muralla y entraron a la ciudad (acontecimiento que se recordará la Breccia di Porta Pia), poniendo fin al poder del Papa. De hecho, a este último se le concedieron solo el Palacio Pontificio, los palacios del Vaticano y una indemnización anual en metálico.

La ciudad leonina, excluyendo el Vaticano, sede del papa, fue ocupada por soldados italianos el 21 de septiembre. Víctor Manuel se instaló en el Palacio del Quirinal. El 9 de octubre, un decreto real estableció la incorporación de la ciudad y la región de Lazio al Reino de Italia. Además, el gobierno tenía la intención de dar a Pío la soberanía sobre la Ciudad Leonina, pero el Papa aún no estaba de acuerdo porque no estaba dispuesto a renunciar a sus reclamos por un territorio más amplio.

1871: Roma se convierte en la capital del Reino de Italia. Víctor Manuel logró entonces instalarse en el Palacio del Quirinal y posteriormente declaró a Roma como la capital del Reino de Italia. El 13 de mayo de 1871 se aprobó la Ley de Garantías, que otorgaba al Papa amplias prerrogativas. Aunque los países católicos estaban satisfechos con esta medida, el Papa se negó a aceptarla y se consideró un “prisionero en el Vaticano”. Durante casi 60 años después de la Toma de Roma, el estatus del Papa se conoció como la “Cuestión romana”, asunto que se resolvió con la firma de los Pactos de Letrán en 1929.

La principal importancia de la unificación italiana fue que, por medio del proceso, se logró finalmente crear el Reino de Italia. Se logró además, anexar varios Estados al territorio y con ello se aumentó la extensión territorial. Italia, luego de la unificación, logró experimentar un importante desarrollo y crecimiento en cuanto a la economía y finalmente, se convirtió a Italia en una gran potencia política y militar a lo largo de Europa.


 

LA REBELIÓN TAIPING

La Rebelión Taiping (1850-1864) fue uno de los conflictos armados más devastadores de la historia de la humanidad. Se trató de una guerra civil, con grandes connotaciones religiosas y sociales, que enfrentó a la dinastía manchú Qing, gobernante de China desde 1644, contra el Reino Celestial de la Gran Paz (Taiping Tianguo), un Estado disidente liderado por Hong Xiuquan que llegó a controlar amplias regiones del sur y centro del país durante más de una década. Entre 1851 y 1864, Hong Xiuquan, un campesino y estudiante fracasado, se alzó contra el Imperio Qing con el objetivo de instaurar el Reino de Dios en nombre del cristianismo. La Rebelión de Taiping liderada por Hong Xiuquan golpeó la economía de los funcionarios, los notables y los terratenientes de la dinastía Qing , alteró las relaciones agrarias feudales, debilitó el poder imperial de la corte Qing, cambió la distribución del poder a finales de la dinastía Qing y sacudió la ideología feudal.


A mediados del siglo XIX, la dinastía Qing atravesaba una profunda decadencia. La derrota en la Primera Guerra del Opio (1839-1842) a manos de Gran Bretaña había revelado la debilidad militar del Imperio y obligado a China a abrir puertos al comercio extranjero mediante el Tratado de Nankín. Las importaciones masivas de opio arruinaban a familias enteras, el erario imperial se vaciaba y las autoridades locales aumentaban los impuestos para compensar. En las provincias del sur, especialmente en Guangdong y Guangxi, la pobreza campesina se agudizaba mientras la corrupción burocrática crecía. La población hakka —un grupo étnico chino con identidad propia— sufría además discriminación por parte de la mayoría Han local, lo que alimentaba un malestar adicional sobre el que prendería la chispa de la rebelión.

Hong Xiuquan era hijo de campesinos y maestro en un pequeño pueblo. Se consideraba a sí mismo como el "hermano menor de Jesús", haciendo una interpretación propia de la Biblia. Tras fracasar reprobar repetidamente los exámenes imperiales estuvo delirando por días y soñó que visitó el Cielo y descubrió que poseía una familia celestial. Después de eso, dijo que se le había encomendado la misión de limpiar China de la corrupción manchú, devolver el poder a los Han, restaurar la fe en el Emperador Supremo, su padre celestial, y en el Shenismo. Hong Xiuquan creía que Dios le había encargado instaurar el Reino de Dios en la Tierra. A partir de 1850 pasó a liderar la Rebelión Taiping contra el poder imperial manchú, estableciendo el llamado "Reino Celestial de la Gran Paz" en varias regiones del sur y centro de China, nombrándose a sí mismo "Rey Celestial". Estableció su capital en Nankín, provincia de Jiangsu, manteniendo su reino hasta 1864, cuando no pudo resistir la ofensiva de las tropas imperiales.


Hong Xiuquan inició su primera revuelta el 11 de enero de 1851, en Jintian (actual ciudad de Guiping), al este de la provincia de Guangxi. Esta acción, conocida como el Levantamiento de Jintian, movilizó a una fuerza de diez mil hombres al mando de Xiuquan, que lograron someter a las fuerzas imperiales en dicha ciudad. Este movimiento desencadenó el inicio formal de la Rebelión Taiping. Poco después, en agosto de 1851, se proclama el Reino Celestial de la Gran Paz, y Xiuquan sería el líder absoluto con el título de Rey Celestial (天王). En 1856 estalló el Incidente de Tianjing; el Taiping Tianguo pasó de su apogeo a la decadencia; él promovió a comandantes como Chen Yucheng y Li Xiucheng, y aprobó el Nuevo Tratado de Gobierno de Hong Rengan.

En la batalla de Ruizhou los rebeldes taiping fueron aplastados por el ejército imperial. Lo que había empezado como una pequeña revuelta local en el sur de China se transformó rápidamente en una rebelión a escala imperial que puso en evidencia la incapacidad de la administración Qing para controlar el país.

El Asedio de Tianjin por las tropas imperiales de la dinastía Qing en 1864. Las tropas imperiales consiguieron poner cerco a su capital, Tianjin, pero la resistencia de los rebeldes y el estallido de la segunda guerra del opio entre la China Qing e Inglaterra y Francia impidieron que el gobierno imperial pudiera sofocar la rebelión.

Hong Xiuquan se quitó la vida el 1 de junio de ese año mediante ingesta de veneno, siendo sucedido por Hong Tianguifu. Tras la ejecución de su hijo el 18 de noviembre, el Reino Celestial de la Gran Paz de Taiping que él mismo había instaurado fue destruido y disuelto.

Las estimaciones sobre el número de muertos oscilan entre 20 y 70 millones de personas, entre combates, hambrunas y epidemias, lo que convierte a este conflicto en el más letal de todo el siglo XIX y una de las guerras civiles más mortíferas registradas.




LA GUERRA DE CRIMEA

La Guerra de Crimea, librada entre 1853 y 1856, representa un conflicto de trascendencia histórica que marcó un punto de inflexión en la política europea y tuvo profundas consecuencias para el Imperio Ruso, el Imperio Otomano y el equilibrio de poder en el continente. La Guerra de Crimea es un dramático conflicto entre el Imperio Zarista y el Imperio Turco, apoyado por Francia e Inglaterra. Una guerra que frenó los deseos expansionistas de la Rusia Imperial hacia el Mediterráneo y Oriente Medio y que permitió sobrevivir al moribundo Imperio Turco. La Guerra de Crimea es también una guerra marcada por batallas sangrientas y por errores militares, como la famosa “Carga de la Brigada Ligera”, durante la Batalla de Balaclava, quizás el más famoso error militar de la historia moderna. Pero, además de eso, es el culmen de la última cruzada que pretendió recuperar los Santos Lugares. Más que una simple confrontación militar, la guerra fue el resultado de una compleja red de tensiones políticas, económicas y estratégicas que se habían ido acumulando durante décadas. El conflicto, aunque se desarrolló principalmente en la península de Crimea, se convirtió en un campo de batalla para las grandes potencias europeas, cada una con sus propios intereses y ambiciones.


Uno de los factores más importantes fue el declive del Imperio Otomano, conocido como el “hombre enfermo de Europa”. Durante siglos, el Imperio Otomano había sido un actor clave en la política europea, pero a mediados del siglo XIX, se encontraba en un estado de decadencia, debilitado por guerras internas, corrupción y la pérdida de influencia. El control de los Dardanelos (el estrecho que conecta el Mar Negro con el Mar Egeo). Además, la debilidad del Imperio Otomano facilitó la intervención de otras potencias, como Francia y Gran Bretaña, que buscaban proteger sus propios intereses comerciales y estratégicos en la región. Otro factor crucial fue el deseo de Rusia de expandir su influencia en el Mar Negro y proteger a las minorías ortodoxas que habitaban los territorios del Imperio Otomano. El zar Aleksandr II, lider de Rusia, consideraba que la protección de estas minorías era una obligación moral y estratégica, y veía en el control de los Dardanelos una forma de asegurar esa protección.


Crimea es una península ubicada en la costa septentrional del mar Negro, en Europa Oriental. Cruzando el mar Negro hacia occidente, está Rumania, mientras que hacia el sur, está Turquía. La península limita al noreste con el mar de Azov. El Imperio ruso conquistó la península en 1774 en la guerra turco-rusa y la incorporó al Kanato de Crimea, para ser integrada en el imperio en 1783.

Tradicionalmente el Imperio Ruso se consideraba sucesor del Imperio Bizantino, o Imperio Romano de Oriente, imperio que los zares rusos soñaban con restablecer algún día, avanzando para ello hacia el Mediterráneo y recuperando para la fe ortodoxa los Santos Lugares de Palestina y Jerusalén, que se hallaban desde la Edad Media en poder de los turcos. El Imperio Turco no había sabido adaptarse a la modernidad del siglo XIX y sus vastos territorios eran una codiciada presa para varias potencias, entre ellas Rusia, que bajo el zar Nicolás I tomó la decisión de declarar la guerra a los débiles turcos y capturar el estrecho del Bósforo, liberando también Grecia y los Balcanes.


En 1853 el zar Nicolás I exigió al Sultán turco que le cediera la protección sobre todos los ortodoxos que habitaban el Imperio Otomano. Obviamente el Sultán se negó a aceptar esta desmedida petición y con esta excusa estalló la guerra ruso-turca. Tras romperse las negociaciones el Sultán turco fue el primero en atacar a los ejércitos rusos en el frente del Danubio, pero los rusos eran tremendamente superiores en entrenamiento y armamento y destrozaron a los turcos, hundiendo su flota en la batalla de Sinop, el 30 de noviembre de 1853. Como resultado, Gran Bretaña y Francia exigieron que Rusia abandonara el territorio otomano en marzo de 1854 y enviaron flotas al Mar Negro a principios de 1854 para asegurar los puertos otomanos y las rutas comerciales. Cuando Rusia no pudo salir del territorio, Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Rusia. Finalmente, Rusia evacuó el territorio en el verano de 1854, pero solo después de que Austria amenazara con unirse a los aliados si Rusia no prestaba atención a las demandas.


El conflicto estalló oficialmente en octubre de 1853, cuando el Imperio Otomano declaró la guerra a Rusia. La Guerra de Crimea se caracterizó por una serie de batallas y asedios que pusieron a prueba la capacidad militar de las potencias involucradas. La campaña comenzó con una serie de enfrentamientos en el Cáucaso y el delta del Danubio, donde la superioridad rusa en entrenamiento y armamento resultó en victorias iniciales para las fuerzas rusas. La  guerra se desarrolló principalmente en la península de Crimea, donde las fuerzas aliadas y rusas libraron una serie de batallas sangrientas y prolongadas.

Con cerca de 1.000.000 de soldados de infantería, 250.000 de caballería y 750.000 reservistas, el Ejército Imperial Ruso era con mucho el mayor del mundo. El ejército otomano contaba con unos 220.000 soldados, reclutados mediante levas de la población musulmana; la población cristiana no podía alistarse en el Ejército y en vez de servir en él pagaba un impuesto especial de capitación. En los años previos la guerra de Crimea, los gastos militares británicos habían ido menguando constantemente. Aunque la Royal Navy seguía siendo la mejor Marina del mundo, el Ejército de Tierra no estaba listo para participar en una guerra: de los 153.000 soldados con los que contaba en la primavera de 1854, dos tercios se hallaban repartidos por las colonias del imperio. Por su parte, el Ejército de Tierra francés acababa de concluir dos decenios de combates en Argelia, en los que había participado en torno a un tercio de las unidades. En total, el Ejército de Tierra lo componían 350.000 soldados.

El 3 de julio de 1853. Rusia ocupa los principados danubianos. Rusia invadió el territorio otomano en Moldavia y Valaquia, Estados vasallos otomanos, para presionar al sultán a aceptar las exigencias rusas.

El 16 de octubre de 1853 El Imperio otomano declara la guerra a Rusia. Con las flotas británica y francesa en las cercanías y las tropas rusas aún en los principados, el gobierno otomano declaró la guerra a Rusia (4 de octubre según el calendario juliano, 16 de octubre según el gregoriano) y exigió la evacuación de Moldavia y Valaquia. Los combates comenzaron en el Danubio a finales de octubre.

El 30 de noviembre de 1853. Destrucción de la escuadra otomana en la batalla naval de Sinope. La escuadra del mar Negro del almirante Najímov destruyó una escuadra otomana fondeada en Sinope y mató a unos 3.000 marinos y soldados otomanos. La batalla endureció la opinión pública de Gran Bretaña y Francia contra Rusia. La pérdida de su flota dejaba a Turquía indefensa y permitía a los rusos desembarcar a placer en cualquier lugar de sus costas.

El 28 de marzo de 1854 Gran Bretaña y Francia declaran la guerra a Rusia. Después de que Rusia ignorara un ultimátum anglofrancés para evacuar los principados danubianos, Francia declaró la guerra el 27 de marzo de 1854 y Gran Bretaña el 28 de marzo. Las tropas aliadas empezaron a desembarcar en Galípoli y luego se trasladaron a Varna.

El 16 de agosto de 1854. Toma de Bomarsund. Una expedición naval y militar británica y francesa tomó la fortaleza rusa de Bomarsund, en las islas Åland. El asedio duró solo diez días antes de que la guarnición se rindiera. Los Aliados demolieron sistemáticamente todo lo que los rusos habían construido; fue el principal éxito aliado en el Báltico en 1854.

El 14 de septiembre de 1854. Desembarco aliado en Crimea. Unos 60.000 soldados británicos, franceses y otomanos desembarcaron sin oposición en la bahía de Calamita, al norte de Sebastopol, dando comienzo a la campaña de Crimea. Seis días después derrotaron a Ménshikov en el Almá.

El 25 de octubre de 1854. La batalla de Balaclava que enfrentó al imperio ruso contra británicos, turcos y franceses. La acción tuvo lugar en el curso del asedio de la plaza de Sebastopol por los aliados y en el intento de un ejército ruso de levantar el cerco y neutralizar la cabeza de playa que usaban los aliados para recibir abastecimientos. Durante la batalla de Balaclava, una orden mal interpretada lanzó 661 jinetes de la Brigada Ligera británica, liderados por el inefable Lord Cardigan, en dirección a la parte baja del valle contra los cañones de la artillería rusa. Contra toda lógica, los lanceros, dragones y húsares ingleses consiguieron romper las líneas enemigas. Cuando se dieron cuenta que las tropas del zar les ganaban en número —5 a 1— tuvieron que emprender una retirada desordenada y caótica colina arriba. Solo la mitad, unos 300 soldados, consiguieron sobrevivir a la batalla. Lo más curioso es que los rusos decidieron abandonar sus posiciones, motivo por el cual esta acción suicida de los británicos se convirtió en una victoria, creándose a partir de entonces el mito de la brigada ligera (Carga de la Brigada Ligera). El general y primer comandante en jefe británico durante la Guerra de Crimea FitzRoy Somerset, primer barón Raglan, fue culpado y criticado por este desastre.


El 5 de noviembre de 1854 La batalla de Inkermán concluyó con la victoria de los ejércitos británico y francés bajo el mando del General Pierre Bosquet contra el ejército ruso a las órdenes del general Aleksandr Ménshikov.

El 26 de enero de 1855 Cerdeña se une a los aliados. El primer ministro Camillo Cavour incorporó el Reino de Cerdeña a la alianza con Gran Bretaña y Francia. Entre 15.000 y 18.000 soldados sardos al mando del general Alfonso Ferrero di La Marmora sirvieron en Crimea.

El 17 de febrero de 1855 en la Batalla de Eupatoria, las tropas otomanas de Omer Pachá, con apoyo francés, rechazaron un ataque ruso contra el puerto de Eupatoria, en Crimea. Las bajas rusas fueron casi el doble que las de los defensores turcos. Los rusos sufrieron 168 muertos, 583 heridos y 18 desaparecidos. Las bajas turcas fueron 91 muertos y 286 heridos. Cuando la noticia de la derrota llegó a San Petersburgo, el zar Nicolás se sintió extremadamente decepcionado y entristecido y murió poco después, el 2 de marzo de 1855. Sucediendo a su padre, el zar Alejandro II destituyó a Khrulev y reemplazó al príncipe Alexander Menshikov como comandante en jefe de las fuerzas rusas para la guerra de Crimea. El general Mijaíl Gorchakov lo sustituyo.

El 18 de junio de 1855, Asalto fallido contra Malakoff y el Redán. Un asalto combinado, francés contra Malakoff y británico contra el Gran Redán, fue rechazado con grandes pérdidas. Lord Raglan murió diez días después. El asalto al reducto de Malakoff fue la operación militar más decisiva del asedio de Sebastopol. Dirigido por el general Patrice de Mac Mahon, el ataque francés se apoderó del centro neurálgico del sistema defensivo ruso. Si bien las tropas británicas no lograron tomar Gran Redan, los franceses atacaron el reducto con zapadores, trincheras e intensos bombardeos de artillería. La captura de Malakoff provocó la inmediata evacuación rusa de Sebastopol, poniendo fin a un asedio de 11 meses.

El 8 de septiembre de 1855. Caída de Sebastopol. El asedio de la gran base naval rusa de Sebastopol en la península de Crimea fue el principal objetivo militar aliado de la Guerra de Crimea. Las tropas francesas tomaron el reducto de Malakoff el 8 de septiembre de 1855. Esa noche, el ejército ruso voló sus defensas, hundió los barcos que le quedaban y se retiró al lado norte, poniendo fin al sitio de once meses.

El 28 de noviembre de 1855. Capitulación de Kars. Tras un asedio de cinco meses, la hambrienta guarnición otomana de Kars se rindió al general Muraviov. Durante la guerra de Crimea una guarnición otomana liderada por oficiales británicos, entre ellos el general William Fenwick Williams, mantuvo a los rusos a raya durante un asedio prolongado; pero después, cuando la guarnición fue devastada por el cólera y el suministro de alimentos se había agotado, la ciudad se rindió al general Mouravieff en noviembre de 1855. Fue el éxito más importante de Rusia en la guerra y una baza negociadora en las conversaciones de paz.



El 16 de enero de 1856. Rusia acepta el ultimátum austriaco Ante un ultimátum austriaco basado en los Cuatro Puntos y la amenaza de una guerra más amplia, el gobierno de Alejandro II aceptó las condiciones como base de negociación. En febrero de 1856 siguió un armisticio. Apoyado por Austria, Napoleon III de Francia presentó en octubre la propuesta de paz francesa, basada en los cuatro puntos de 1854, pero el zar la rechazó, convencido de que la agitación social francesa, suscitada por la prolongación del conflicto, obligaría a los enemigos a aceptar condiciones más favorables a los rusos. Ni la entrada en guerra de Suecia contra Rusia el 21 de noviembre ni las advertencias de su tío el rey Federico Guillermo IV de Prusia hicieron cambiar de parecer al zar. Cedió por fin el 16 de enero de 1856, después de que Austria amenazase con romper las relaciones diplomáticas con Rusia si seguía negándose a negociar.

El 30 de marzo de 1856. Firma del Tratado de París. El Congreso de París concluyó con un tratado que puso fin a la guerra, neutralizó el mar Negro, arrebató a Rusia el sur de Besarabia y garantizó la independencia y la integridad territorial del Imperio otomano.

Aunque el Tratado de Paris conllevó escasos cambios territoriales, marcó el fin del concierto europeo originado en el Congreso de Viena de 1815. Francia resurgió como gran potencia y Napoleón III parecía el árbitro de las disputas europeas. El fin de la Santa Alianza comportó un cambio en las relaciones diplomáticas que permitieron las unificaciones italiana y alemana. Aunque Rusia perdió escasos territorios como consecuencia de la guerra, sí menguó intensamente su influencia en Europa. En cuanto al Reino Unido, la guerra había dejado patente la desorganización del Ejército y la confusión entre las competencias civiles y las militares.





LA GUERRA DE ÁFRICA

La Guerra de África, Primera Guerra de Marruecos o Guerra Hispano-Marroquí fue un conflicto bélico que enfrentó a España con el sultanato de Marruecos entre 1859 y 1860, durante el período de los Gobiernos de la Unión Liberal del reinado de Isabel II. Este episodio tuvo una enorme relevancia en la historia española del siglo XIX, tanto por las implicaciones políticas internas como por su impacto en la política internacional. El enfrentamiento se produjo en un contexto de expansión colonial europea en el norte de África, donde potencias como Francia e Inglaterra ya habían avanzado en la consolidación de sus dominios. España, que había perdido gran parte de su imperio en América a comienzos del siglo, buscaba reafirmar su prestigio internacional y recuperar un papel relevante en el tablero mundial. La guerra finalizó con el Tratado de Wad-Ras, firmado el 26 de abril de 1860, que declaraba a España como vencedora e imponía a Marruecos una serie de cesiones e indemnizaciones.


El origen de los dominios españoles en el norte de África se remonta a la época de los Reyes Católicos. A partir de entonces, la situación de Melilla, conquistada en 1497, y más tarde de Ceuta, incorporada a la Corona en 1668, ambas en las puertas del Mediterráneo, proporcionaba a esas posesiones un valor considerable para España por cuanto constituían una cabeza de puente para la penetración hacia el interior. A comienzos del siglo XIX, tras perder la mayor parte de las colonias americanas, España dejó de ser un gran imperio ultramarino para convertirse en una potencia de segundo orden. Bajo el reinado de Isabel II, se quiso compensar esta situación con una política de prestigio, en forma de expediciones militares al Pacífico, a Cochinchina o a México. La más célebre de estas aventuras exteriores fue la guerra de África (1859-60), contra el vecino Marruecos. Este interés en el Magreb imitaba la política de Francia, que no hacía mucho que había ocupado el territorio argelino. Desde Madrid se temía que los franceses amenazaran los intereses hispanos en la zona y emparedaran la península entre los Pirineos y el Rif. Había que evitar que el área del estrecho de Gibraltar estuviera controlada por una potencia que no fuera España.


Entre los años 1843 y 1844 las ciudades de Ceuta y Melilla sufrieron una serie de ataques por parte de fuerzas marroquíes. En 1844 un agente consular español fue asesinado en Marruecos. El general Narvaez, presidente del gobierno español, protestó ante el sultán Muley Soleiman de forma tan enérgica que casi se llegó al borde de la guerra. Inglaterra medió en la disputa y logró que el sultán firmara en Tanger un acuerdo con España el 25 de agosto de 1844, que fue posteriormente ratificado por el Convenio de Larache el 6 de mayo de 1845, en el que, entre otros acuerdos, se fijaron los límites de la ciudad de Ceuta. A pesar de la firma del convenio, las ciudades de Ceuta y Melilla continuaron sufriendo constantes incursiones por parte de grupos marroquíes. A ello se unía el acoso a las tropas destacadas en distintos puntos, sobre todo en 1845, 1848 y 1854. El Imperio de Marruecos, por su parte, veía con desconfianza y resentimiento esta presencia europea en sus costas. Las poblaciones locales, especialmente las tribus rifeñas, protagonizaban frecuentes ataques contra los territorios españoles, saqueando tierras, robando ganado o asaltando convoyes.

Cuando en agosto de 1859 un grupo de rifeños atacó a un destacamento español que custodiaba las reparaciones en diversos fortines de Ceuta, Leopoldo O'Donnell, presidente del Gobierno en aquel momento, exigió al sultán de Marruecos un castigo ejemplar para los agresores. Sin embargo, esto no sucedió. Entonces el Gobierno español decidió invadir el sultanato de Marruecos con el pretexto del «ultraje inferido al pabellón español por las hordas salvajes» cercanas a Ceuta. Los auténticos motivos de la expedición colonial, aunque se dijo que se trataba de «rehacerse en sus fértiles comarcas de nuestras pérdidas coloniales» fueron de orden interno. El conflicto se desencadenó tras esta serie de ataques y hostilidades entre las tribus marroquíes cercanas a Ceuta y las fuerzas españolas acantonadas en esta plaza norteafricana. España utilizó estos incidentes fronterizos como justificación para lanzar una expedición militar contra Marruecos. Bajo el liderazgo del general O’Donnell, el ejército español se movilizó con una rapidez y una determinación que sorprendió a la opinión pública europea. La reacción popular fue unánime y todos los grupos políticos, incluso la mayoría de los miembros del Partido Democrático apoyaron sin fisuras la intervención.

La guerra, que duró cuatro meses, se inició en diciembre de 1859 cuando el Ejército español, desembarcado en Ceuta el mes anterior, comenzó la invasión del sultanato de Marruecos. El ejército expedicionario que partió de Algeciras estaba compuesto por unos 45 000 hombres, 3000 mulos y caballos y 78 piezas de artillería, apoyado por una escuadra de guerra formada por un navío de línea, dos fragatas de hélice y una de vela, dos corbetas, cuatro goletas, once vapores de ruedas y tres faluchos, además de nueve vapores y tres urcas que actuaron como transportes de tropas.

El desarrollo de la Guerra de África se caracterizó por una serie de campañas rápidas pero muy intensas. España movilizó un ejército moderno para la época, con unos 40.000 hombres bien armados y entrenados, que fueron trasladados desde la península hacia Ceuta y Tetuán. El mando supremo lo asumió el propio general Leopoldo O’Donnell, acompañado de destacados oficiales como Juan Prim y Ros de Olano.


La primera fase de la guerra consistió en asegurar las posiciones españolas alrededor de Ceuta y preparar el avance hacia el interior marroquí. Las tropas españolas, apoyadas por artillería pesada y una armada capaz de asegurar el suministro, lograron consolidar sus líneas y neutralizar los ataques de las tribus locales. Los combates fueron encarnizados, pero la disciplina militar española se impuso frente a la improvisación de las fuerzas marroquíes.

La batalla de la Sierra de Bullones fue el primer gran combate en el marco de la guerra de África, se libró el 9 de diciembre de 1859, cuando las fuerzas marroquíes de Muley-el-Abbas atacaron posiciones españolas. El general Juan Zavala de la Puente, comandante de la segunda división española, fue en auxilio de las posiciones españolas y consiguió repeler a los atacantes.

La batalla de los Castillejos se libró el 1 de enero de 1860 y tuvo lugar en los altos y en el valle de los Castillejos, situado a unos 4-5 kilómetros al sur de Ceuta. Las fuerzas moras tenían por objetivo impedir el avance de las tropas españolas en su camino hacia Tetuán y para ello, estaban posicionadas, en su mayoría, en los altos del valle. Las tropas españolas lograron desalojar de sus posiciones al enemigo, que se batió en retirada. El general Prim dio muestras de su valor con avances a pecho descubierto, en inferioridad numérica, en desventajosa posición y con embestidas cuerpo a cuerpo. Por los méritos contraídos en esta batalla, a Prim se le otorgó el título de Marqués de los Castillejos con Grandeza de España.

El punto culminante llegó con la batalla de Tetuán del 4 al 5 de febrero de 1860. Esta ciudad, situada cerca de la costa, era un objetivo estratégico porque servía de base logística y militar al ejército marroquí. Tras una semana de luchas, la victoria resultó para las tropas españolas, que consiguieron de esta forma el fin de los ataques a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, así como la captura de la Ciudad de Tetuán para la Reina Isabel II de España.

Tras la conquista de la ciudad de Tetuán, en febrero de 1860 la fuerza expedicionaria española al mando del general O’Donell decidió avanzar hacia Tánger, donde el 23 de marzo, las tropas dirigidas por los generales Echague, Ros de Olano y Prim, vencerían a los efectivos marroquíes en el valle de Wad-Ras, derrota militar que desarbolo a las irregulares fuerzas africanas, provocando la inmediata petición de conversaciones para concertar la paz, finalmente firmada en Tetuán el 26 de abril de 1860 mediante el tratado de Wad-Ras, que recogía el acuerdo entre España y el sultanato de Marruecos, representados por O’Donell y Muley el-Abbas, hermano del sultán, y que supondría para España la posibilidad de la ampliación de la plaza de Ceuta y la anexión de los territorios de Sidi Ifni.

La campaña, aunque breve, mostró la capacidad militar de España para organizar una expedición en ultramar y vencer en condiciones difíciles. Sin embargo, también puso de manifiesto los enormes costos humanos y materiales de una empresa de este tipo. Muchos soldados murieron no en combate, sino por enfermedades y falta de suministros adecuados.






LA GUERRA DE REFORMA

En la historia mexicana, se conoce como la Guerra de Reforma o la Guerra de los Tres Años a una guerra civil que enfrentó los liberales y los conservadores mexicanos. Estos eran los dos partidos más importantes de la nación. El conflicto se extendió entre 1858 y 1861 y, siendo muy típico de la época, tuvo variantes similares en otras naciones latinoamericanas. Confrontó al modelo de sociedad y de administración económica heredado de la época colonial, con los ideales de un capitalismo democrático moderno que esgrimían los sectores liberales, representados por el gobierno de Benito Juárez que se instauró luego de la derrota de los conservadores en la batalla de Calpulalpan. Durante la guerra coexistieron dos gobiernos, uno reconocido por los conservadores y liderado sucesivamente por los generales Félix Zuloaga y Miguel Miramón, y otro reconocido por los liberales y encabezado por Benito Juárez. La Guerra de Reforma costó la vida a miles de combatientes y no dejó un panorama claro respecto a su vencedor. Sin embargo, el ejército liberal venció al conservador y logró imponer a Juárez como presidente de la República.


Fue un enfrentamiento político y militar que surgió como resultado de la implementación de las Leyes de Reforma, las cuales buscaban realizar cambios radicales en la estructura política, social y religiosa del país.

Los antecedentes de la Guerra de Reforma deben rastrearse en el panorama posterior a la Revolución de Ayutla que puso fin al gobierno dictatorial de Antonio López de Santa Anna y que llevó a la promulgación de la Constitución de 1857 bajo el gobierno de Ignacio Comonfort. El presidente Comonfort se negó a la propuesta conservadora de revertir las leyes liberales y derogar la nueva Constitución. La Constitución de 1857 constituyó un hito en el proceso de modernización de México, ya que estableció derechos fundamentales y la separación de la Iglesia del gobierno. Una de las principales causas de la guerra fue la ruptura del pacto conservador-liberal, que se había establecido en la Constitución. Uno de los principales desencadenantes fue la oposición de los grupos conservadores, quienes se oponían a las reformas liberales y la separación de la iglesia y el Estado.


Los liberales, representados en gran medida por figuras como Benito Juárez, buscaban la creación de un Estado republicano que garantizara la libertad de pensamiento y la separación entre la Iglesia y el Estado. Juárez, quien llegó a ser presidente de México, simbolizaba la lucha por un país más justo y progresista. Por otro lado, los conservadores luchaban por mantener las antiguas estructuras de poder. Figuras como Félix Zuloaga y Miguel Miramón defendían la idea de un México donde la Iglesia Católica jugara un papel fundamental en la vida política y social. Su resistencia a las reformas era reflejo de un temor a perder lo que consideraban su derecho a gobernar y sus privilegios económicos.

Las reformas llevadas a cabo por los liberales, incluyendo las leyes Juárez, Lerdo e Iglesias, fueron fundamentales para la creación de un estado laico y la promoción de la igualdad ante la ley. La constitución fue un símbolo para los liberales y un objetivo a destruir para los conservadores, lo que contribuyó a una eventual ruptura en el orden político del país.


La situación alcanzó un punto crítico con la aceptación del Plan de Tacubaya en diciembre de 1857, que era un pronunciamiento militar que desafiaba la legitimidad de la constitución y del gobierno de Ignacio Comonfort, quien se encontraba en una posición inestable. Este plan denotaba la creación de un gobierno conservador, desconociendo las reformas liberales implementadas por Juárez y su grupo de seguidores.

La guerra de reforma comenzó de manera formal el 17 de diciembre de 1857, cuando una serie de conflictos armados estallaron en varias regiones del país. Este conflicto armado se caracterizó por diversas etapas, combates y confrontaciones significativas.

El 21 de enero de 1858, Juárez se convirtió en Presidente de los Estados Unidos Mexicanos por primera vez, tras el autogolpe de estado de Ignacio Comonfort, quien decidió aliarse al Plan de Tacubaya y dimitió.

A pesar de la inferioridad numérica en ocasiones, las fuerzas liberales lograron resistir gracias a un mejor liderazgo y reconocimiento internacional.

La Batalla de Celaya tuvo lugar el día 8 al 9 de marzo de 1858 en las inmediaciones de Celaya en el estado de Guanajuato, México, entre elementos del ejército liberal, al mando del general Anastasio Parrodi y elementos del ejército conservador comandados por el general Luis G. Osollo. La victoria correspondió al bando conservador, siendo esta la primera batalla de la guerra que comienza con una derrota liberal.

La Toma de Guadalajara de 1858 tuvo lugar desde el 14 de septiembre al 28 de octubre de 1858, fue el asedio de Guadalajara en el estado de Jalisco, México, en el contexto de la guerra entre los atacantes del general Santos Degollado y la guarnición conservadora al mando del general José María Blancarte. La victoria correspondió al bando liberal, rindiendo los conservadores la plaza.

La Batalla de Tacubaya tuvo lugar el 11 de abril de 1859 en las inmediaciones del antiguo pueblo de Tacubaya en la actual Ciudad de México entre elementos del ejército liberal, al mando del general Santos Degollado y elementos del ejército conservador comandados por el general Leonardo Márquez. La victoria correspondió al bando conservador, generando cuantiosas bajas en ambos bandos. Después de la batalla, el general Miramón le ordenó a Márquez fusilar a los jefes y oficiales liberales capturados en la derrota.

La Batalla de Loma Alta tuvo lugar el 24 de abril de 1860 en las inmediaciones de Loma Alta en el estado de Zacatecas, México, entre elementos del ejército liberal de la Guardia Nacional de San Luis Potosí y Zacatecas, al mando del general José López Uraga y elementos del ejército conservador comandados por el general Rómulo Díaz de la Vega.

La Batalla de Silao tuvo lugar el 10 de agosto de 1860 en las inmediaciones de Silao en el estado de Guanajuato, México, entre elementos del ejército liberal, al mando de los generales Jesús González Ortega e Ignacio Zaragoza con una fuerza de 8.000 hombres y elementos del ejército conservador comandados por el general Miguel Miramón que comandaba un ejército de 3.282. La batalla terminó como victoria liberal.

La Batalla de Calpulalpan tuvo lugar el 22 de diciembre de 1860 en las inmediaciones de la comunidad de Calpulalpan y San Miguel de la Victoria municipio de Jilotepec, en el Estado de México. Sería la última batalla de la Guerra de Reforma. El Ejercito conservador se jugó su última carta con su mejor general Miguel Miramón, quien además era el presidente de México conservador paralelo al gobierno de Juárez, al mando de ocho mil soldados. Las tropas del ejército liberal, al mando del general Jesús González Ortega con una fuerza de 11.000 hombres y 14 piezas de artillería. El ejército conservador quedó completamente destrozado. Miramón escapó y regresó a la Ciudad de México en busca de apoyo, pero fracasó. Perdida su causa, partió rumbo a Francia. Con la victoria de los liberales, se pavimentó el camino para la implementación de la reforma que buscaba fortalecer el estado laico y el bienestar social.

La guerra tuvo importantes consecuencias tanto a nivel político como social y económico. En primer lugar, consolidó el triunfo del bando liberal y la implementación de las Leyes de Reforma. Esto significó la separación definitiva entre la iglesia y el Estado, la abolición de los privilegios del clero y la expansión de la educación laica. El conflicto generó inestabilidad política y militar, lo que dificultó el desarrollo económico del país. Además, la guerra provocó la destrucción de infraestructuras y la pérdida de vidas humanas.




LA 2ª GUERRA FRANCO-MEXICANA

La segunda intervención francesa en México o segunda guerra franco-mexicana fue una invasión militar de la Segunda República Federal de México por parte del Segundo Imperio francés de Napoleón III que aconteció entre el 8 de diciembre de 1861 hasta el 19 de junio de 1867. La historia de México está marcada por diversos sucesos y conflictos que han moldeado su identidad como nación. Uno de los episodios más trascendentales fue la Intervención francesa y el establecimiento del Segundo Imperio en el país. Esta intervención, ocurrida en el siglo XIX, tuvo un impacto significativo en la política, la cultura y la sociedad mexicana, y dejó una huella duradera en la memoria colectiva del país.



La Intervención francesa en México fue un conflicto armado que tuvo lugar entre 1861 y 1867, durante el gobierno del presidente Benito Juárez. En ese momento, México se encontraba en una situación económica precaria y había suspendido el pago de la deuda externa. Esto fue aprovechado por Francia, que buscaba expandir su influencia en América y establecer un imperio en el continente. Bajo el pretexto de reclamar las deudas, las tropas francesas desembarcaron en Veracruz y avanzaron hacia la Ciudad de México.

La situación económica de Francia antes de la Revolución se caracterizó por la inestabilidad financiera y profundas desigualdades sociales. El país afrontaba una grave crisis fiscal, con altos niveles de endeudamiento debido al gasto excesivo de la monarquía y a la falta de reformas fiscales efectivas. Además, la aristocracia y el clero gozaban de privilegios fiscales, mientras que la mayoría de la población campesina y urbana soportaba la mayor parte de los impuestos.

El 17 de julio de 1861: El presidente Benito Juárez decreta una moratoria que suspende durante dos años el pago de todas las deudas públicas con las naciones extranjeras.


La invasión se produjo por la suspensión de los pagos hacia los acreedores extranjeros por el presidente Juárez, el 17 de julio de 1861, lo que enfureció a los principales acreedores de México: España, Francia y Gran Bretaña. Sin embargo, Napoleón III de Francia fue el impulsor, justificando la intervención militar alegando una política exterior amplia comprometida con el libre comercio. Napoleón III creó una coalición con España y Gran Bretaña en un momento en que los EE.UU. estaba involucrado en una guerra civil a gran escala "Guerra de Secesión norteamericana". Durante la Segunda intervención francesa en México, Los EE.UU. protestaron, pero no podían intervenir directamente hasta el fin de la guerra civil norteamericana en 1865. Los tres imperios europeos firmaron el Tratado de Londres el 31 de octubre, para unir sus esfuerzos para recibir los pagos adeudados por México. El 8 de diciembre la flota española y sus tropas estacionadas en Cuba arribaron al principal puerto del Golfo de México, Veracruz.


Las flotas británica, española y francesa llegaron a Veracruz, entre el 6 de enero y el 08 de enero 1862 con la intención de presionar a los mexicanos para cancelar sus deudas. La ciudad de Campeche se entregó a la flota francesa el 27 de febrero, y un ejército francés al mando del general Lorencez llegó el 5 de marzo. Cuando los españoles y los británicos se dieron cuenta de la ambición francesa por conquistar México, retiraron sus fuerzas el 9 de abril. En mayo, los franceses bloquearon Mazatlán por unos días. Las intenciones de Francia en realidad eran la extensión de su imperio hasta América. Por lo tanto, sus tropas empezaron el avance hacia la ciudad de México.

El ejército francés sufrió una derrota inicial en la Batalla de Puebla el 5 de mayo de 1862 contra las fuerzas mexicanas al mando del general Ignacio Zaragoza. Más tropas francesas llegarían el 21 de septiembre, y el General Achiles Bazaine obtendría más refuerzos el 16 de octubre. Las ciudades de Tampico, Tamaulipas, fueron ocupadas por los franceses el 23 de octubre, luego serian tomadas Xalapa y Veracruz pacíficamente el 12 de diciembre. El general Federico Forey al mando del ejército francés inicia el Sitio de Puebla (16 de marzo de 1863) con treinta mil hombres, de los cuales ocho mil eran mexicanos, al mando de Leonardo Márquez. En la defensa encabeza el ejército el general Jesús González Ortega, quien cuenta con veintidós mil hombres.

Al año siguiente las tropas invasoras tomaron Puebla y 10 de junio de 1864 entraron en la dudad de México. Un mes más tarde se proclamó la creación del Imperio. Para entonces, Juárez había salido de la capital rumbo al norte del país para poner a salvo su gobierno. Napoleon III, había decidido convertir Mexico en un Estado satélite, desde el cual contener la influencia anglosajona en América Latina. A la cabeza de este imperio estuvo Maximiliano de Habsburgo, quien antes de ser proclamado emperador de México había sido archiduque de Austria. Maximiliano era el hermano menor de Francisco José, el heredero del trono austrohúngaro. Pertenecía a la casa de Habsburgo, uno de los linajes reales más importantes de Europa. Napoleón III respaldó a un grupo de monarquistas conservadores, opositores del gobierno de Juárez, que buscaban establecer a una monarquía católica favorable a los intereses franceses. En octubre de 1863 una delegación mexicana le ofreció la corona y, tras solicitar garantías financieras y militares, Maximiliano aceptó en abril de 1864 y llegó a México en mayo de ese mismo año. Maximiliano llegó el 28 de mayo de 1864 al puerto de Veracruz.

Maximiliano gobernó con la alianza de sectores conservadores de la política mexicana y de la Iglesia católica, aunque tomó medidas liberales que lo enemistaron con estos. El Imperio de Maximiliano dependía de las tropas francesas para defenderse de la insurrección de los republicanos encabezados por Benito Juárez, quien seguía siendo reconocido por los liberales como presidente de la república y contaba con el apoyo de los Estados Unidos.

Maximiliano, sin embargo, tenía ideas políticas más cercanas al liberalismo moderado. Durante su gobierno mantuvo o confirmó varias medidas relacionadas con las Leyes de Reforma y defendió algunas políticas que disgustaron a los sectores conservadores y a la Iglesia. Maximiliano terminó aplicando una política liberal que lo distanció de quienes habían apoyado su llegada al trono.

Mientras el Imperio intentaba consolidarse, la resistencia republicana continuaba en diferentes regiones. La situación del Imperio comenzó a deteriorarse rápidamente cuando la Guerra de Secesión estadounidense terminó en 1865. Estados Unidos pudo entonces prestar mayor atención a los acontecimientos mexicanos y ejercer presión diplomática sobre Francia, mientras que la resistencia republicana seguía activa. La situación política de Francia en Europa obligó a retirar las tropas francesas de México, quedando Maximiliano en manos de los conservadores mexicanos quienes fueron poco a poco perdiendo terreno ante la ofensiva liberal con el presunto apoyo de los Estados Unidos, que habían superado ya su etapa de la guerra civil.

Maximiliano todavía tuvo la posibilidad de abandonar México, pero decidió permanecer y tratar de sostener el Imperio. Para 1867, las fuerzas republicanas habían recuperado buena parte del territorio. Generales como Mariano Escobedo y Porfirio Díaz desempeñaron papeles importantes en las campañas finales. Maximiliano terminó refugiándose en Querétaro junto con sus principales fuerzas y fue sometido a un sitio. El 15 de mayo de 1867 fue capturado y posteriormente sometido a juicio. El 19 de junio fue fusilado en el Cerro de las Campanas junto con los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía. Con su muerte terminó el Segundo Imperio y quedó restaurada la República.




LA GUERRA DE SECESIÓN

La Guerra de Secesión en Estados Unidos, también conocida como la Guerra Civil Americana, fue un conflicto civil armado que tuvo lugar entre 1861 y 1865. Fue una lucha interna entre los estados del Norte (la Unión) y los estados del Sur (la Confederación), principalmente por cuestiones relacionadas con la esclavitud y los derechos de los estados. La guerra de Secesión fue una guerra que se dio debido a las diferencias intransigentes que existían entre los estados libres y los esclavos con respecto al poder del gobierno nacional para prohibir la esclavitud en los territorios que aún no se habían convertido en estados. La guerra comenzó el 12 de abril de 1861, cuando las fuerzas confederadas atacaron el Fuerte Sumter en Carolina del Sur. Durante cuatro años, se libraron batallas en varios estados, muchas de ellas sangrientas y devastadoras. Algunos eventos importantes incluyen la Batalla de Gettysburg, en la que los confederados sufrieron una dura derrota, y la Proclamación de Emancipación de Abraham Lincoln, que liberó a todos los esclavos en los estados confederados.


La principal causa de la Guerra de Secesión fue la cuestión de la esclavitud. Mientras que los estados del Norte querían abolir la esclavitud y promover la industrialización, los estados del Sur dependían de la mano de obra esclava para sus plantaciones agrícolas. Otros temas como los derechos de los estados y la disputa sobre los impuestos también contribuyeron a la tensión entre las regiones.  Los estados norteños y sureños parecían naciones totalmente diferentes, teniendo una serie de diferencias que hacían que las relaciones fueran muy complicadas. Los sureños basaban su economía en la agricultura gracias a la esclavitud, mucho más pobre, con una economía de tipo feudal, exportaba algodón, suss plantaciones algodoneras utilizaban mayoritariamente mano de obra esclava, situación contraria a los ideales de la independencia norteamericana. Mientras que los norteños poseían una economía mucho más versátil basada en la unión entre agricultura e industria, industrializados, ricos, con una extensa red ferroviaria y tecnificación agrícola, que habían logrado entre otros avances, la recolección mecanizada del trigo mediante el invento de McCormick: la cegadora.


Desde el origen de la nación estadounidense había existido el problema del federalismo, en el que algunos estados consideraban que el gobierno debía tener mayor poder y otros pensaban que los estados debían tener una mayor autonomía.

Al llegar a la presidencia el candidato republicano y antiesclavista, Abraham Lincoln (electo el 6 de noviembre de 1860, asumió el 4 de marzo de 1861), trajo una gran problemática y es que muchos Estados del sur se negaron a ser dirigidos por una persona que consideraban totalmente antiesclavista y que por lo tanto solo velaba por los intereses de los norteños. Muchos Estados del sur iniciaron una secesión para separarse del resto de la nación, se produjo la división entre aquéllos estados que apoyaban la abolición de la esclavitud (los del norte) que eran 23, integrados por 22.000.000 de habitantes, y los que no deseaban hacerlo (los del sur) que eran 7 estados (Carolina del sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas). Estos últimos, se separaron de la Unión y formaron una Confederación, nombrando al demócrata sureño Jefferson Davis como presidente el 18 de febrero de 1861.


La guerra de Secesión inició el 12 de abril de 1861, cuando el ejército rebelde del sur abrió fuego contra Fort Sumter, en Carolina del Sur. Tras un bombardeo al fuerte, el batallón unionista al mando del mayor del ejército Robert Anderson se rindió. Pocas semanas después de iniciarse las hostilidades, cuatro estados del sur, Arkansas, Virginia, Tennessee y Carolina del Norte se unieron a la Confederación.  Esta situación hizo que Abraham Lincoln enlistara a miles de soldados para la guerra que ya estaba iniciada. Lincoln bloqueó a los estados confederados, considerándolos como estados en rebelión. Ordenó disponer de dinero para financiar la incorporación de tropas y suspendió el recurso de habeas corpus militar en el país.



Winfield Scott, comandante general del Ejército de Estados Unidos desarrolló el «Plan Anaconda» para sofocar la rebelión. El Plan Anaconda entró en vigor en 1862. El Plan instituyó un cerco de la Confederación por parte de la Unión, a través de un bloqueo naval, de control del río Misisipi y del río Tennessee, cercando y dividiendo totalmente la Confederación. Fue un bloqueo de los puertos de los estados sureños para sofocar su economía de manera que no pudieran financiar la guerra. El sur no pudo comerciar el algodón con los mercados internacionales, que era su principal producto de exportación, ya que los ricos hacendados no pagaban mano de obra pues usaban esclavos. Scott era demasiado mayor para dirigir las operaciones sobre el terreno, por lo que Lincoln nombró al general de división Irvin McDowell para asumir el mando, posteriormente fue sustituido por el general George B. McClellan.

El primer enfrentamiento terrestre organizado fue la escaramuza conocida como la batalla de Philippi el 3 de junio de1861, una victoria de la Unión. Sin embargo, el primer gran enfrentamiento fue la primera batalla de Bull Run (primera batalla de Manassas) el 21 de julio, ganada por los confederados, que acabó con las esperanzas de la Unión de lograr una resolución rápida del conflicto. Las bajas de la Unión fueron 481 muertos, 1011 heridos y 1216 desaparecidos o capturados. Las bajas confederadas fueron de 387 muertos, 1582 heridos y 13 desaparecidos.

McClellan lanzó su Campaña de la Península en marzo de 1862 con el objetivo de capturar Richmond, Virginia, la capital de la Confederación, y poner fin a la guerra rápidamente. Se enfrentó a las fuerzas del general Joseph E. Johnston, cuyas hábiles tácticas, combinadas con la indecisión de McClellan, frustraron la campaña.

Los sureños al mando de Robert E. Lee y Stonewall Jackson, que murió en combate, impidieron que los antiesclavistas penetraran en Richmond, su capital y obtuvieron al principio varios triunfos. Pero el norte, mucho más poderoso, bloqueó los puertos y tomó Nueva Orleáns, mientras otra escuadra, al mando de Ulises S. Grant se apoderaba de Memphis, navegando por el Mississippi.

El frente oriental también fue escenario de la batalla de Hampton Roads, en Virginia (8 y 9 de marzo), conocida asimismo como la batalla del Monitor y el Merrimac, el primer combate naval entre buques acorazados. Aunque el resultado fue inconcluyente, marcó un punto de inflexión en la historia de la guerra naval.

En el frente occidental, Ulysses S. Grant capturó Fort Henry (6 de febrero de 1862) y posteriormente Fort Donelson (16 de febrero), donde exigió una rendición incondicional, lo que le valió el apodo de «Grant de la Rendición Incondicional». Las victorias de Grant obligaron al general confederado Nathan Bedford Forrest a retirarse, dejando el centro de Tennessee bajo el control de la Unión y privando a la Confederación de suministros esenciales.

Grant también obtuvo la victoria en la batalla de Shiloh (6 y 7 de abril), en el condado de Hardin, Tennessee, donde el general confederado Albert Sidney Johnston murió en combate. La batalla de Shiloh (también conocida como batalla de Pittsburg Landing) fue el mayor enfrentamiento en el escenario oeste de la guerra civil estadounidense.

La batalla de Antietam (también conocida en la historiografía sudista como batalla de Sharpsburg) fue el primer gran enfrentamiento armado de la guerra civil estadounidense que se produjo en territorio norteño. La batalla tuvo lugar el 17 de septiembre de 1862, cerca de Sharpsburg, en el condado de Washington, Maryland, y en los alrededores del riachuelo Antietam. La batalla formó parte de la Campaña de Maryland y se trata de la más sangrienta de la historia de los Estados Unidos que se haya librado en un solo día, con casi 23 000 bajas. Fue una victoria estratégica de la Unión (aunque la batalla fue tácticamente inconclusa, los confederados abandonaron el campo de batalla). 

La Batalla de Fredericksburg, una de las principales batallas del Teatro del Este, tuvo lugar en y alrededor de Fredericksburg (Virginia), del 11 al 15 de diciembre de 1862, entre el ejército del Norte de Virginia del general confederado Robert E. Lee y el ejército del Potomac comandado por el mayor general de la Unión Ambrose E. Burnside. El ejército de la Unión sufrió terribles pérdidas en inútiles asaltos frontales contra los defensores confederados bien atrincherados y parapetados en las colinas de detrás de la ciudad, trayendo un temprano final y grave derrota para al ejército del Potomac.

El 1 de enero de 1863, Lincoln promulgó oficialmente la Proclamación de Emancipación, que, aunque solo liberaba a los esclavos de los estados en rebelión, también abrió el alistamiento en el ejército de la Unión a los afroamericanos libres del Norte. El primer regimiento de soldados afroamericanos ya se había organizado en septiembre de 1862, pero a partir de entonces el reclutamiento se generalizó, impulsado por figuras destacadas como Harriet Tubman y Frederick Douglass.

El general Joseph Hooker demostró ser un comandante competente hasta la batalla de Chancellorsville, en Virginia (del 30 de abril al 6 de mayo), donde el general Lee dividió sus fuerzas y obtuvo una victoria decisiva.

En el frente occidental de la guerra, Grant y William Tecumseh Sherman continuaron la Campaña de Vicksburg, iniciada el 29 de diciembre de 1862. El objetivo era capturar la ciudad de Vicksburg, que controlaba el último tramo del río Misisipi en poder de la Confederación, que culminó con la toma de Vicksburg el 4 de julio 1863.

A principios de julio de 1863, se dio la batalla de Gettysburg (del 1 al 3 de julio) en Pensilvania, el enfrentamiento más sangriento de la guerra, en el que murieron más de 50.000 personas en tan solo tres días, y es considerada el punto de inflexión de la guerra civil, junto con el sitio de Vicksburg, además de que marcó el inicio de la ofensiva de la Unión. El ejército de la Unión estaba comandado por el mayor general George Meade y los confederados por el estratega general Robert E. Lee. Fue una gran victoria para el ejército unionista y un hecho desastroso para la Confederación. Con esta guerra, los unionistas iniciaron su ofensiva hasta lograr la victoria. Fue la primera guerra seguida por la prensa y en la que se usaron trincheras.



La batalla de Chickamauga (del 18 al 20 de septiembre) puso fin al intento del mayor general unionista William Rosecrans de derrotar al Ejército Confederado de Tennessee, al mando del general confederado Braxton Bragg. Fue la batalla más costosa para ambos bandos en el frente occidental y la segunda con mayor número de bajas de toda la guerra, solo superada por Gettysburg. El 19 de noviembre, Lincoln pronunció su célebre Discurso de Gettysburg, con el que reafirmó el compromiso de la nación con la causa de la Unión. Sin embargo, la guerra se prolongó durante un año más.

El 9 de marzo de 1864, Grant fue nombrado teniente general y comandante en jefe del Ejército de los Estados Unidos e inició su Campaña Terrestre (también conocida como la Campaña de Wilderness, mayo-junio de 1864). Sherman inició el 15 de noviembre su Campaña de Savannah, más conocida como la Marcha hacia el Mar de Sherman. Aplicando una política de «tierra quemada», que consistía en destruir no solo las instalaciones militares, sino también las industrias, las granjas y las viviendas civiles, Sherman devastó Georgia entre el 15 de noviembre y el 21 de diciembre.



En febrero de 1865 Lee fue nombrado comandante general de todos los ejércitos confederados. El 1 de abril de 1865, Philip Sheridan derrotó al general Pickett en la batalla de Five Forks, en Virginia, apoderándose de una línea de suministro vital y obligando a Lee a abandonar Petersburg y Richmond ante el avance de las fuerzas de la Unión. Richmond fue ocupada los días 2 y 3 de abril por el XXV Cuerpo de Ejército de la Unión, integrado por tropas afroamericanas. Lee se retiró hacia Appomattox Station, donde pretendía reabastecer a su ejército y reanudar las operaciones militares, pero Grant lo rodeó y lo derrotó en Appomattox Court House. El 9 de abril de 1865 se rindió luego de perder la batalla de Appomattox en Virginia. El general Lee se dirigió al oeste para unirse a las tropas confederadas pero las fuerzas de Grant capturaron las tropas confederadas el 6 de abril en Sailor’s Creek.

El ejército de la Unión cercó al ejército confederado por lo que el general Lee pidió al general Grant convenir un alto al fuego. Luego de la rendición en Appomattox Court House, el general Lee pudo conservar su sable y su caballo, mientras que ordenó a las tropas que lo seguían que tomaran el camino que quisieran seguir.

El 14 de abril de 1865, Abraham Lincoln fue asesinado en Washington de un disparo en la cabeza y fue sucedido por Andrew Johnson. El 26 de abril el último general del ejército confederado se rindió. El 23 de junio de 1865, se firmó el alto el fuego definitivo que selló el final de la guerra y trajo finalmente la paz a Estados Unidos.

La guerra puso fin a la esclavitud en Estados Unidos, abolida mediante la Decimotercera Enmienda; destruyó el sistema de plantaciones y la economía agraria del Sur; impulsó una mayor industrialización del Norte; y le costó la vida a más de 650.000 personas. La Era de la Reconstrucción (1865-1877) reincorporó los estados en guerra a una Unión cohesionada, estableciendo los Estados Unidos de América tal como se han entendido comúnmente desde entonces.

La Guerra de Secesión tuvo un impacto duradero en los Estados Unidos. Una de las principales consecuencias fue la abolición de la esclavitud en todo el país, lo que marcó un hito importante en la lucha por los derechos civiles. Además, el conflicto reforzó la autoridad del gobierno federal y estableció precedentes legales importantes. La guerra también causó una inmensa pérdida de vidas y destrucción, y llevó a la reconstrucción de los estados del Sur.




LAS GUERRAS INDIAS

Las Guerras Indias Americanas, también conocidas como Guerras Fronterizas Americanas, y las Guerras Indias, fueron libradas por gobiernos y colonos europeos en Norteamérica, y más tarde por el gobierno de los Estados Unidos y los colonos americanos, contra varias tribus indias americanas. Estos conflictos ocurrieron en los Estados Unidos desde la época de los primeros asentamientos coloniales en el siglo XVII hasta finales del siglo XIX.

La historia de Norteamérica siempre ha estado muy unida a la de los nativos americanos, siendo el pueblo original de la región y el que más sufrió la colonización en esta zona del continente. La expansión territorial de los Estados Unidos durante los siglos XVIII y XIX, un proceso que dio lugar a numerosos conflictos conocidos como las guerras indias. Estas guerras no fueron un único enfrentamiento, sino una serie de conflictos entre el gobierno estadounidense y distintos pueblos indígenas como los sioux, cheyenes, apaches o los comanches.

El origen de estos conflictos se encuentra en la expansión hacia el oeste, impulsada por la idea del “Destino Manifiesto”, según la cual los estadounidenses tenían el derecho de ocupar todo el territorio del continente. Esto provocó la invasión de tierras indígenas, la ruptura de tratados y el desplazamiento forzoso de numerosas comunidades. Durante décadas, los pueblos indígenas resistieron mediante guerras, alianzas y estrategias de guerrilla. Algunos líderes destacados fueron Toro Sentado, Caballo Loco o Gerónimo, quienes se convirtieron en símbolos de la resistencia. Sin embargo, la superioridad militar y demográfica de Estados Unidos, junto con factores como las enfermedades y la destrucción de los recursos naturales, acabaron debilitando a los pueblos indígenas. Como resultado, la mayoría de ellos fueron confinados en reservas, perdiendo gran parte de sus territorios y su forma de vida tradicional, terminando lo que era la vida india real.

Desde los primeros asentamientos ingleses en Jamestown (1607) y Plymouth (1620), colonos europeos entraron en conflicto con pueblos indígenas por tierra, recursos y soberanía. A medida que el territorio colonial - y después americano - se expandía hacia el oeste, los conflictos se intensificaron. El gobierno de EE.UU. prosiguió políticas de expulsión forzada, incluyendo la Ley de Remoción de los Indios de 1830, que autorizó la deportación de tribus del sureste a tierras al oeste del Mississippi. La ideología del 'Destino Manifiesto' - la creencia de que la expansión americana por el continente era inevitable y divinamente ordenada - impulsó oleadas de colonización en territorios indígenas.

Guerras Seminoles

Las Guerras Seminole fueron tres guerras separadas que se libraron entre los Seminole y los colonos y militares estadounidenses. Los semínolas proporcionaron un refugio seguro a los esclavos, en el que el ejército estadounidense intervino en varias ocasiones. La Primera Guerra Seminole obligó a la tribu a desplazarse más al sur. La Segunda Guerra Seminole comenzó con la resistencia de los Seminole a los tratados y políticas que engañaron a los nativos americanos para que se trasladaran al oeste y abandonaran sus tierras. La Tercera Guerra Seminole (1855-1858) duró tres años y terminó con la emigración de los Seminole de Florida, mientras que algunos se quedaron atrás.


Guerras Cherokee

También conocidas como las Guerras Chickamauga, involucraron a una banda de Cherokee en el centro de Tennessee. Los involucrados se trasladaron a través de Indiana, Ohio, Kentucky, Georgie y Virginia para luchar por sus tierras. El conflicto entre los Chickamauga y los colonos estadounidenses continuó desde 1782 hasta 1794.

Guerras comanches

Los comanches estaban formados por grupos nómadas de personas que seguían a las manadas de búfalos, su principal fuente de alimento. Su naturaleza nómada los llevó a Texas, que era un estado independiente de México a partir de 1836. El presidente de Texas, Lamar, intentó el control de las llanuras de Texas por parte de los comanches. Los combates estallaron en el Linnville Raid y la Batalla de Plum Creek y terminaron con la expulsión de Comanche de Texas.

La Batalla de Plum Creek fue un enfrentamiento entre los aliados Tonkawa, la milicia y los Rangers de la República de Texas y un enorme grupo de guerra comanche bajo el mando del jefe Buffalo Hump, que tuvo lugar a lo largo de Plum Creek, cerca de Lockhart, Texas, el 12 de agosto de 1840, tras la Gran Incursión de 1840, cuando ese grupo de guerra comanche regresó al oeste de Texas.

Guerra de Colinas Negras (Black Hills)

La Guerra de Black Hills, o Gran Guerra Sioux, comenzó entre Estados Unidos y las tribus sioux y cheyenne en 1876. El oro, descubierto en Black Hills, era un recurso valioso que los colonos blancos querían tener en sus manos además de la tierra. Cuando se acercaron los colonos blancos, los sioux y cheyenne se negaron a ceder la tierra.

Uno de los episodios más conocidos de las Guerras Indias (Black Hills) es la derrota del general George Armstrong Custer en la batalla de Little Bighorn, en 1876. Custer era un oficial del ejército estadounidense que lideraba el 7º de Caballería. Su misión era enfrentarse a una gran coalición de tribus indígenas que se resistían a ser confinadas en reservas. Sin embargo, subestimó la fuerza de sus enemigos. En la batalla, las fuerzas indígenas, lideradas por figuras como Toro Sentado y Caballo Loco, lograron rodear y derrotar completamente a las tropas de Custer. Este enfrentamiento es conocido como la “última resistencia de Custer” y se convirtió en un símbolo tanto de la resistencia indígena como de los errores del ejército estadounidense. La guerra terminó en 1877 y Estados Unidos obligó a los nativos americanos a rendirse después de destruir sus campamentos y propiedades. Muchos de los que quedaron huyeron a Canadá.


Toro Sentado (Sitting Bull), el último gran jefe de los sioux, fue el líder de los lakotas aniquiló en una batalla legendaria al Séptimo de Caballería del general Custer, pero terminó recluido en una reserva y participando en el show de Buffalo Bill. Muere por el disparo de un policía indio de la reserva cuando iba a ser detenido.

Caballo Loco (Crazy Horse) era el jefe de los siux oglala, notable por el valor de sus guerreros en las batallas, indujo a su pueblo a una guerra contra los blancos para recuperar sus tierras. La presión del ejército estadounidense obligó a Caballo Loco a rendirse, siendo confinado en Fort Robinson. A las pocas semanas, el 5 de septiembre de 1877, murió asesinado a balazos.

Guerras apaches

Las Guerras Apache se refieren al período de conflicto entre los Estados Unidos y los Apache hasta la última de las incursiones de los Apache en 1924. El movimiento forzado de los Apache creó distancia de su fuente de alimento, el búfalo. Los colonos apaches asaltaron sus tierras y entraron en guerra con el ejército estadounidense hasta que se trasladaron a las reservas.


Los apaches fueron uno de los pueblos indígenas que más tiempo resistieron la expansión estadounidense. Habitaban en regiones del suroeste, especialmente en zonas que hoy pertenecen a Arizona, Nuevo México y parte de México. A diferencia de otras tribus, los apaches desarrollaron una estrategia de guerrilla muy efectiva, aprovechando su conocimiento del terreno para enfrentarse a las tropas estadounidenses. Uno de sus líderes más conocidos fue Gerónimo, quien se convirtió en un símbolo de la resistencia indígena. 

Jerónimo (Gerónimo) fue Jefe de la tribu apache chiricahua. Su esposa, sus hijos y su madre fueron asesinados en 1858. Desde entonces, Jerónimo atacó a mexicanos y colonos estadounidenses. En 1876, se intentó trasladar a los chiricahua a San Carlos (Nuevo México), lo que dio inicio a un período de diez años de escaramuzas contra las colonias de los blancos, alternando con períodos de paz en la reserva de San Carlos. En marzo de 1886, el general George Crook lo capturó y lo obligó a firmar un tratado por el cual los chiricahua serían trasladados a Florida. Sin embargo, dos días después escapó y prosiguió con sus ataques. Finalmente, en 1886, Gerónimo se rindió ante el ejército estadounidense, marcando el final de la resistencia apache organizada. Tras su derrota, muchos apaches fueron trasladados a reservas, donde vivieron en condiciones difíciles y con fuertes restricciones a su libertad.

Masacre de Sand Creek

Uno de los relatos de violencia más mortíferos ocurrió en 1864 cerca de Big Sandy Creek en territorio de Colorado. El coronel Chivington dirigió a los soldados para masacrar a cientos de cheyenne y arapaho. El Tratado de Fort Laramie reconoció formalmente las tierras de Cheyenne y Arapaho en Colorado y mantuvo relaciones pacíficas hasta la masacre. La mayoría de los muertos fueron ancianos, mujeres y niños.

Masacre de Wounded Knee

No hubo un final único para las Guerras Indias Americanas. El último gran conflicto armado fue la Masacre de Wounded Knee en 1890, cuando soldados americanos mataron a aproximadamente 250-300 hombres, mujeres y niños Lakota. Sin embargo, la resistencia armada continuó esporádicamente hasta principios del siglo XX.

Las Guerras Indias Americanas resultaron en la expropiación casi total de los pueblos indígenas de un continente entero y la destrucción de cientos de culturas, lenguas y modos de vida distintos. Reservas, internados y tratados rotos definieron la relación entre el gobierno de EE.UU. y las naciones nativas durante generaciones.